miércoles, 26 de mayo de 2021

Celos - Capítulo 10: El barco

Capítulo 10: El barco

Una chica con un pequeño bolso rosa y gorra roja, preguntó quienes iban a subir al barco. Era la encargada de cobrar el billete y guiar a los pasajeros. Llevaba dos coletas y unas enromes gafas de color rosa.

Josefa: Por favor, pónganse en fila india. El billete cuesta 15 cleuros por persona y 10 para grupos mayores de cinco.
John: Somos siete.
Josefa: Entonces son 10 por barba.


Sus: ¡Ya viene el barco!
Duclack: ¡Qué bonito!
Josefa: Iré cobrando los billetes.
Diamante: ¿Hay rebaja para calvos?
Josefa: Me temo que no, caballero.
Diamante: Cachis.


Era un barco de recreo muy espacioso. Los navegantes podían pasear por toda la cubierta, subir en la parte más alta del barco si se deseaba o sentarse en su interior, en uno de sus cómodos sofás.


El barco se fue acercando lentamente al puerto.

Sebastián: Mira, lo conduce un click famobil.
Duclack: De esos ya se ven muy pocos.
Sabrina: Menudo rollazo no poder mover las muñecas.
Diamante: Ni te puedes poner pendientes...
Sus: Pero tienen su encanto.


Josefa dio paso libre al barco y empezaron a subir. Leticia fue la primera. Estaba entusiasmada.

Sabrina: Mírala, tiene que ser la primera.
Sus: ¿Qué más da?
Sabrina: Pues que es una ansiosa. No sé que pinta aquí, si somos todos parejas.


Fueron subiendo poco a poco. 

Leticia: ¡Es una pasada!
John: Nunca había subido a un barco como este.
Leticia: Huy, da un poco de impresión.
John: ¿Estás bien?
Leticia: Sí, no te preocupes.
Sabrina: Grrrr.


Leticia fue hasta la popa y miró asombrada al horizonte. John la acompañó mientras que Sabrina los observaba enrabiada. 

John: ¿Ves aquella isleta de allá?
Leticia: Sí.
John: Es isla deseo. Dice la leyenda que si pides un deseo estando en ella, se hace realidad.
Leticia: ¿El barco se detendrá en ella?
Sabrina: Espero que no. No me apetece perder el tiempo en tonterías.


John: ¿Has visto el crucero?
Leticia: No...

John se acercó más a ella, para indicarle. Sabrina apretó los puños.

John: Justo al lado de la isla.
Leticia:¡Ahora lo veo! ¡Es enorme!
John: Sí, es precioso.
Sabrina: Bueno, ya está. Deja a Leticia a su aire.


Mientras tanto, en la heladería...

Luna vio el barco de recreo y los ojos se le iluminaron.

Luna: ¡Mira ese barco!
Junior: Parece que se puede subir.
Luna: ¿Subimos?
Junior: ¿Ahora? Es que...
Luna: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, Junior. ¡Vamos a la aventura!


Junior se animó al ver a Luna tan decidida. El barco estaba a punto de partir, así que le tocó correr para que no se marchara sin ellos.

Junior: ¡Un momento!
Josefa: No corras, os esperamos.
Junior: ¡Gracias!
Luna: ¡Genial!


Sebastián: No me importaría trabajar en un barco de estos.
Duclack: Debe ser bonito. Te tengo que llevar de aventura en mi barco pirata. 
Sebastián: Me gustaría. Tengo una idea en mente para una novela. Trataría sobre unos piratas que buscan un tesoro y me vendría genial para documentarme.


Una vez todos a bordo, Josefa los reunió en la parte más alta del barco.

Josefa: Bienvenidos al Costa Click. Me llamo Josefa. Espero que disfruten de nuestro paseo por toda la zona costera. Son libres de pasear libremente por nuestro barco. En breves momentos, serviremos marisco gratis para todos ustedes. Mejillones, almejas, gambas y todo tipo de marisco acompañados de vino blanco Wensulando. Pueden comer y repetir lo que les plazca. Si lo desean, pueden comer en el interior o aquí, al aire libre.


Josefa: Pueden contar conmigo para cualquier cosa. Disponemos de baño si lo necesitan en la planta inferior. ¡Les deseo un buen viaje! 


Sabrina y los demás entraron en la sala interior del barco. Allí tomaron asientos alrededor de una mesa. Todos pudieron sentarse a excepción de Leticia, que se había quedado sin sitio.

Sabrina: Vaya, no hay sitio para ti. Tendrás que buscar en otro lado.
John: Ya le cedo yo mi asiento.
Sabrina: Ni hablar. Somos pareja y ella va sola.


Josefa: No se preocupen, tengo sillas guardadas. Tome, señorita.
Leticia: Muchas gracias, Josefa.
Sabrina: Nada, que no me libro de ella...
Josefa: Para eso estamos, para servir. Cualquier cosa, me avisan. Ahora les traigo el marisco y el vino.


Leticia: Esto es fabuloso. Nos tratan como a reyes.
Sabrina: Sí, pero estos viajes son ideales para parejas. Viajar sin pareja me parece un poco patético, y más de sujeta velas.
Sus: Yo no pienso así. No es necesario tener pareja para hacer cosas diferentes. Tampoco me parece mal ser el soltero de un grupo.
Sabrina: No, si yo no digo que esté mal, pero resulta algo...penoso.
Leticia: Yo pienso que más penoso es quedarse en casa.


Sabrina: Claro que sí, bonita, tienes que ser positiva. Haces bien con no deprimirte. Tienes que salir, aunque sea con parejas felices y con hijos.
Sus: Lo importante es ser feliz. Tener pareja no es necesariamente la clave de la felicidad.
Sebastián: La felicidad reside en uno mismo.
Sabrina: Sí, feliz pero sola como la una.


Josefa: Aquí os dejo los mejillones.
Sabrina: ¡Menuda bandeja!
Diamante: ¡Ñaaam! ¡Me pienso poner hasta las cejas!
Duclack: ¡Mmmm! ¡Están deliciosas!


Sus: Mirad, más marisco.
John: No puede estar más bueno.
Sus: Diamante, vas a reventar.
Diamante: No, tranquila. Todavía me queda espacio para más.
Leticia: Esto es el paraíso.


Todos disfrutaron de la comida. Luna y Junior comieron en el exterior. 

Junior: ¿Dicen que aquí hay lavabo? 
Luna: Sí, en la parte de abajo.
Junior: Pues mi estómago está protestando, ay. Tengo que ir, ahora vengo. 


Una vez que terminaron de comer, pasearon por el barco admirando los alrededores. La fresca brisa marina junto al sonido de las olas relajó a todo el mundo (excepto a Sabrina).


Diamante: ¡Sus, vamos a hacer un Titanic!
Sus: ¡Vale! Agárrame bien, que no me quiero caer.
Diamante: Tranquila, tu valiente pirata no te dejará caer.
Sus: Lo sé. En tus brazos me siento muy segura.


Sebastián: Eres la clack más hermosa de este barco.
Duclack: ¿Solamente de este barco?
Sebastián: No, de todo el Playmundo. Aunque Pradito y Mar empatan contigo en cuanto a belleza.
Sebastián: Te amo.
Sebastián: Y yo a ti.


Junior: Estás muy pensativa.
Luna: Lo siento. Estaba pensando en mi novio. Creo que está con otra.
Junior: ¿Estás segura?
Luna: Se comporta de una forma muy extraña...
Junior: No tenemos suerte en el amor.
Luna: Bueno, es mejor haber amado y perdido, que no haber amado nunca. 

Leticia escuchó la conversación y no pudo evitar sentirse mal. 


Junior: Es una gran verdad. Pienso en Azur, en lo que la amo, pero si mi destino no está junto a ella, lo aceptaré.
Luna: No nos pongamos tristes por eso. Estamos en un barco, navegando por un lugar muy bonito y hemos comido lo que nos ha dado la gana. Tengo un nuevo amigo genial y hace un día precioso. Son muchos motivos para estar feliz. 
Junior: Tienes razón. 


John: ¿Estás bien? 
Sabrina: Sí...
John: No es una respuesta muy convincente.
Sabrina: Es por Leticia. Se pega demasiado a ti.
John: ¡Estás celosa!
Sabrina: ¿Yo? Para nada. Simplemente te informo de algo que está pasando y de lo que tú no te estás dando cuenta.
John: Cariño, ahora te ha dado por Leticia.
Sabrina: Me doy cuenta de las cosas.
John: Cuando te enfadas, te pones preciosa.
Sabrina: Anda ya...


John la abrazó. Luego la besó. Sabrina no pudo evitar sonreír.

John: Pero cuando ríes, te pones todavía más hermosa. No te reyes con eso, Sabrina. Yo solamente tengo ojitos para ti y créeme, Leticia no está interesada en mi. Está pasando un mal momento y necesita todo nuestro apoyo. Sabes cómo soy, que me gusta ayudar a la gente. Leticia es buena chica.
Sabrina: Os veo cuchichear a mis espaldas.
John: No tienes nada de lo que preocuparte. Hablamos de cosas sin importancia...
Sabrina: Ya...



Pasaron junto al crucero Panama. Los tripulantes del enorme barco les saludaron y ellos les devolvieron el saludo.

Duclack: ¡En uno de esos tenemos que subir algún día, Sebastián!
Diamante: Capitana, podríamos hacernos con un barco así para piratear.
Sus: Estaríais más cómodos, pero creo que no sería lo mismo.


Sabrina: John, quiero irme de crucero.
John: Y yo, pero de momento no podemos.
Sabrina: Sería genial. Nerea ha ido ya un par de veces y nosotros ninguna. Dice que es lo mejor del mundo.
John: Ya, tu amiga dice muchas cosas. El otro día dijo que nos montaríamos en su yate, y ni se ha presentado.
Sabrina: Me ha dicho que tienen que hacerle una pequeña reparación. Además, luego se pasará a ver cómo está mi padre.
John: ¿Está enfermo?
Sabrina: Sí. Es que ayer estaba algo indispuesto, imagino de tanto beber cervezas. Como Nerea no puede venir, se ofreció para echarle un vistazo. Es muy buena amiga, no deberías hablar mal de ella.
John: Lo mismo digo de Leticia. 


Sabrina: ¡Nos saluda el capitán del crucero! ¡Holaaa!
Sus: Ay, creo que se llama igual que el barco que se hundió hace años. Murió mucha gente...
Diamante: Lo llamaron así en honor de aquel barco. El Capitán creo que es el mismo.


Junior: Mis amigos Kim, Ema y Renzo viajaban en aquel que se hundió.
Luna: Debió ser terrible. Sobrevivir a algo así te debe cambiar la vida.
Junior: A mi me encanta cuando me cuentan todo lo que vivieron aquel día.


El crucero se alejó mar adentro.

Sabrina: Algún día, subiré en uno de esos.



John: Mira, Leticia. Esa es isla Deseo.
Leticia: Anda, pero si tienen chiringuito.
John: A pesar de lo pequeña que es, tiene de todo.
Sabrina: Incluso tiene un tobogán. 
John: Algún día podemos organizar una escapada.


John se acercó a Leticia y le enseñó una pequeña cueva junto a la isla. Se pegó mucho a ella, intentando indicarle el lugar.

John: ¿Lo ves?
Sabrina: Yo sí que lo veo...
Leticia: ¡Ah, sí!
John: En esa cueva, los piratas escondían sus tesoros. Es muy profunda y según cuenta la leyenda, en su interior esconde un tesoro pirata. Muchos se han aventurado a entrar en ella, y algunos, no han vuelto. Por eso ahora su entrada está prohibida. 


Sebastián: John, ¿puedes venir un momento? Tenemos dudas sobre aquella zona del puerto.
John: Sí, voy. Ahora vengo y os sigo contando.


Sabrina se quedó a solas con Leticia. Esta, miraba absorta el mar. Al barco le seguían peces de colores muy llamativos.

Leticia: Mira estos peces, Sabrina.


Sabrina no respondió. Miraba fijamente la espalda de Leticia. Su pelo rubio moviéndose con el viento. Por un momento, pensó que se caería. Se estaba asomando demasiado para ver los peces. Entonces, una idea apareció en su mente. Si le daba un pequeño empujón, caería al agua. Un accidente por imprudencia. Se asomó demasiado para ver los peces y cayó. 


Por fin se libraría de ella. A lo mejor se la llevaba la corriente mar adentro o le atacaba un tiburón. La imagen de Leticia siendo atacada por un tiburón enorme y arrastrada al fondo del mar le entusiasmó. Miró a su alrededor, se aseguró de que nadie las miraba y la empujó.


Fue fácil. Leticia ya estaba inclinada y no opuso ninguna resistencia. Intentó agarrarse a la barandilla, pero no lo consiguió. Quiso gritar, pero el agua se la tragó.


Continuará...

miércoles, 19 de mayo de 2021

Celos - Capítulo 09: Te invito a un helado

Capítulo 09: Te invito a un helado

Junior corría con los ojos llorosos, sin mirar por dónde iba. Sin querer, tropezó con una chica que caminaba con muletas. La golpeó en el hombro y esta perdió el equilibrio. Junior vio como por su culpa, la chica iba caer al agua.


La agarró justo a tiempo y evitó la caída.

Junior: ¡Te tengo!
Chica: ¡Ayuda!


Cuando la chica se repuso del susto, Junior se disculpó.

Junior: Perdona, no miraba por dónde iba.

Era una chica wensulana de pelo largo y negro, con dos coletas y gorra azul. A Junior le pareció muy guapa, pero sus ojos llorosos no le dejaban ver con claridad.

Luna: Disculpas aceptadas. Al menos has conseguido que no caiga al agua. Debe estar fría. 
Junior: Hoy no tengo un buen día, disculpa.
Luna: Vaya, siento escuchar eso.


Junior se sentó mirando al mar.

Junior: Es una porquería de día. Me tendría que haber quedado en la cama.
Luna: Yo tampoco tengo un buen día. ¿Puedo sentarme a tu lado?

Junior movió los hombros, incapaz de pronunciar una palabra. Se estaba aguantando las ganas de llorar.


Luna: Pues yo estoy enferma. Hace años que arrastro una enfermedad que no me deja en paz. He pasado largas temporadas en el hospital y cuando por fin me dan el alta, la enfermedad vuelve a aparecer. Ahora camino con muletas, no me importa, puedo caminar, que es lo que importa, pero me aterroriza volver al hospital. 
Junior: Lo siento...
Luna: Además, mi novio está raro. Creo que me va a dejar. A lo mejor se ha cansado de mi enfermedad, no lo sé. Mi madre está histérica y no me deja sola ni un minuto, así que he decido salir a pasear. Ay, ya me siento mejor. Contar las penas viene muy bien, aunque sea a un desconocido. Dime, ¿a que se debe que tengas un día tan horrible?
Junior: Después de lo que me has contado, lo mío parece una tontería...
Luna: Seguro que no lo es. Por cierto, me llamo Luna.
Junior: Yo soy Junior.
Luna: Me mola tu pelo. Es un verde fluorescente que me encanta. Oye, te invito a un helado. ¿Te apetece?
Junior: ¿Un helado? Bueno...


Entraron en la heladería. Era famosa por la gran cantidad de sabores que tenían.

Luna: ¿Ese de que sabor es?
Heladero: Menta blanca y chocolate negro.
Luna: ¿Y ese?
Heladero: Coco y caramelo.
Luna: ¿Y ese?


Heladero: De pitufo.
Luna: Pues quiero un cucurucho de tres bolas de esos tres sabores.
Heladero: Marchando. ¿Y tú?
Junior: Yo igual pero de pistacho, menta y lima limón. 
Heladero: Perfecto.


La heladería disponía de una pequeña terraza con mesas. Subieron y se sentaron disfrutando de las vistas.

Luna: Quién diría que me iba a tomar un helado con un chico al que acabo de conocer. Al menos mi día ha dado un cambio radical y ahora no me parece que sea tan malo. Oh, has sonreído.
Junior: Gracias a ti mi día tampoco es tan malo. Gracias por el helado.
Luna: En esta heladería están riquísimos.


Junior: Te tengo que presentar a mis amigos. Te caerán genial.
Luna: Me encantaría. Yo también te tengo que presentar a mi amiga. Solamente tengo una amiga, pero vale por mil. Por cierto, al final no me has contado lo que te ocurre.
Junior: Es por una chica. Pensaba que podría haber algo entre nosotros. Es especial para mi. Hoy me he enterado que tiene novio...
Luna: Menudo mazazo. Lo siento, Junior. Bah, ella se lo pierde.


Mientras tanto, Sabrina, Sus, Duclack y los demás, llegaron al puerto. Los niños estaban entusiasmados.

Suselle: ¡Qué bonito es esto!
Dante: Es la caña.
Pradito: Yo quiero ver barcos pirata.
Anita: Esto me gusta, pero me gustaría ir al zoo. Está aquí al lado.


Pradito: ¡Mirad aquel barco!
Walter: ¡Qué chulada!
Leticia: ¡No os acerquéis mucho al agua!


Pradito: No hay ningún barco pirata...
Dante: Habrán salido a piratear. 
Pradito: Jo, yo quería ver alguno...
Walter: Estos también son bonitos.


Suselle: ¡Una gaviota! Hola, bonita.
Leticia: ¡Cuidado que te puede picar!
Suselle: Con lo bonita que es seguro que no pica.
Adolfina: Las apariencias engañan, Suselle.
Walter: Son agresivas en época de cría.
Anita: ¡Yo quiero ir al zoo! Paula nos espera allí.
Leticia: ¿No prefieres subir al barco de recreo?
Anita: No, prefiero ir a ver los leones.


Sus: ¡Qué bonito está el puerto!
Duclack: Esto antes era una comisaría. Ahora es una heladería.
Sus: Sí, y han pintado la fachada rosa.
Sebastián: Dicen que aquí preparan unos helados de chuparse los dedos.


Sabrina: Sí, los helados están muy buenos, pero nos os pidáis ninguno. Tenemos que subir al barco con el estómago vacío. Sirven marisco gratis y tenemos que aprovechar la ocasión para ponernos las botas.


John: ¿Dónde tenéis amarrado vuestro barco pirata?
Diamante: En un puerto de Clisandia.
John: Algún día me gustaría poder verlo. Nunca he subido en uno.
Diamante: Se lo diré a mi capitana y organizamos una visita.


Sus: Mira, Diamante. Tienen helados de todos los sabores. Algunos no los había visto nunca.
Diamante: A mi me gustan los de antes. Un frigo pie o un drácula.
Duclack: ¡Oh, sí! A mi me encantaba el twister.
Sus: ¡Y a mi! El miko bruja o miko lápiz me fascinaban.
Diamante: El miko dedo o el cohete de cola.
Sabrina: A mi me gustaban mucho los calipo. No miréis más, que ahora no podemos llenarnos con un helado.


Suselle: Mami, ¿podemos ir al zoo?
Sus: ¿Al zoo?
Suselle: Sí, está aquí al lado.
Diamante: Pero si vamos a subir a un barco y navegar. 
Dante: Es que dice Anita que mola mucho. En ese zoo no maltratan a los animales.
Anita: Nos podrían llevar Leticia y Adolfina.
Sabrina: ¡Buena idea! Por mi sí, niños. (Así me libro un rato de los niños y de esa petarda).
Sus: Está bien...
Duclack: ¿Estás segura que prefieres el zoo a subir al barco?
Pradito: Sí, también me apetece ver animales.
John: Adolfina, ¿podría usted encargarse de los niños? Sé que a Leticia le hace especial ilusión subir al barco.
Adolfina: No es problema. Si estos niños son unos soles.


Leticia: Ay, no. No me parece bien dejarla sola con todos los niños.
Adolfina: No es molestia, Leticia. Ve y disfruta, te vendrá bien distraerte un poco.
Leticia: Se lo agradezco, pero es mejor que la acompañe. No me sentiría bien...
Adolfina: Puedes estar tranquila. Estaremos muy bien, ¿verdad. niños? Venga, nos vamos al zoo.


Los niños siguieron a Adolfina. Estaban entusiasmados con la idea de ir al zoo.

Anita: ¡Me haré fotos con los monos!
Suselle: ¡Yo quiero ver los pingüinos! Son tan adorables.
Dante: Espero que los leones no estén durmiendo. Siempre que voy están escondidos.
Pradito: Yo quiero ver los elefantes. Le voy a pedir uno a Papa Noel este año.
Walter: ¿Y cómo lo meterás en casa?
Pradito: Le diré a mi padre que construya una puerta gigante para él. 


John se acercó a Leticia. No se sentía cómoda dejando a Adolfina sola con los niños.

John: Leticia, tienes que relajarte. Adolfina es una profesional y los niños estarán muy bien con ella.
Leticia: Es que...
John: Sé que te hace ilusión subir al barco. Venga, anímate. Así te olvidas un poco de los problemas.
Leticia: Muchas gracias, John.


Sabrina observaba la escena apretando las manos. John agarraba a Leticia de los hombros y ella le sonreía. 

Sabrina: No hay forma de librarse de esta roba maridos. La odio, ¡la odio a muerte! Está coqueteando con mi marido y en toda mi cara. Esto no quedará así.


Continuará...



lunes, 17 de mayo de 2021

Celos - Capítulo 08: Tía Lidia

Capítulo 08: Tía Lidia


Sabrina estaba celosa y enfadada. Leticia estaba cada vez más integrada en la familia. John la adoraba y los niños también. Incluso su padre se había encaprichado de ella. Empezaba a sentir que perdía el control. Dio una patada contra la pared y gritó de dolor. Luego agarró un jarrón y lo estrelló contra el suelo. Se sentó sobre su cama e intentó tranquilizarse. De pronto, una idea muy loca apareció en su mente. Se levantó de la cama y fue hasta el cuarto de Walter. El veneno seguía sobre la mesa de estudio.


Agarró la botella y miró su contenido con mucho interés.

Sabrina: Mira por dónde, me vas a venir muy bien. Se va a enterar esa petarda.



 Se encontró con Walter, que ya había vuelto del paseo con sus amigos. Cuando vio a su madre con el veneno, pensó en lo que le había dicho Morgana.

Walter: ¿Dónde vas con el veneno?
Sabrina: Lo voy a tirar por el retrete. No vuelvas a trastear con cosas tan peligrosas. ¿Entendido?
Walter: Sí, mamá.


Sabrina: ¿Lo has pasado bien?
Walter: Sí. Mamá, ¿tiramos juntos el veneno al retrete?
Sabrina: ¿Juntos? No es necesario. Venga, vete a tu cuarto a jugar a la consola. Mamá tiene cosas que hacer.
Walter: Está bien...


Mientras tanto...

Filomena tenía una hermana un año mayor que ella. Se llamaba Lidia y vivía en una buena casa en el centro de Wensuland. Era una casa muy grande, pero antigua.  Lidia conservaba el papel de las paredes con flores de colores y estampados chillones. Los muebles eran viejos, pero de gran calidad y muy bonitos. Vivía sola. Nunca se había casado y odiaba a los hombres más que cualquier otra cosa en el mundo. Adoraba a su sobrina, aunque con su hermana no se llevaba del todo bien. Cuando Filomena, Bisbi y Leticia se quedaron sin vivienda, ella los acogió. Filomena no deseaba pedirle ayuda a su hermana,  pues era muy orgullosa, pero no tuvo más remedio. Lidia los acogió sin pensárselo dos veces y recriminó a su hermana que no lo hubiese hecho antes. 



Pasaba mucho tiempo cosiendo. Tenía una pequeña máquina de coser con la que hacía gran variedad de prendas que solía regalar a los más allegados. Aquel día, estaba cosiendo una bufanda para Leticia mientras veía la televisión. Era una mujer solitaria. Pertenecía a un club de lectura y solía salir todas las mañanas para desayunar en su cafetería preferida, pero poco más. Convivir con su hermana y sus sobrinos alegró sus días. 


Leticia y Filomena entraron en casa. Leticia estaba muy enfadada con su madre, que no paraba de recriminarle su comportamiento.

Leticia: Por favor, madre. Ya estoy cansada de que se meta en mi vida.
Filomena: Soy tu madre, tengo todo el derecho del mundo a hacerlo.


Leticia: Pues a mi no me gusta. Soy una clack adulta...
Filomena: Hija, que estamos hablando de cosas muy serias. La señora Sabrina está muy enfadada y si no te comportas, te echará del trabajo.


Leticia: ¿Si no me comporto? Creo que mi comportamiento es ejemplar.
Filomena: No me hagas hablar, Leticia. Deja de coquetear con ese hombre.
Leticia: Oh...yo...
Filomena: Me decepcionas, hija. Por favor, recupera la cordura. Deja a ese hombre en paz, conserva tu trabajo. Lo necesitamos. No podemos abusar de la hospitalidad de mi hermana eternamente.


Leticia enmudeció. No entendía como era posible que Sabrina se hubiese enterado. Le dio mucho coraje que se lo hubiese contado a su madre antes de hablarlo con ella. Entraron en el comedor y Lidia las saludó.

Tía Lidia: ¿Otra vez enfadadas?
Filomena: Nada importante, hermana.
Tía Lidia: Sobrina, tienes mala cara. Acércate, cariño.


Leticia: Estoy bien, tía Lidia. Es que estoy muy cansada.
Tía Lidia: En ese trabajo te explotan. Mira, te estoy terminando la bufanda.
Leticia: ¡Qué ilusión! Está quedando preciosa.
Tía Lidia: Ahora viene el calor, pero ya verás como me lo agradecerás en invierno. Es calentita y muy suave. 


Leticia se sentó en el sofá. Estaba preocupada y cansada. No quería tener más problemas con Sabrina y detestaba que su madre estuviese al corriente sobre su vida sentimental. Filomena fue hasta ella y le habló en voz baja.

Filomena: Usa la cabeza, hija. Yo no te he educado para que te comportes de esa manera. Aléjate de ese hombre. 
Leticia: Me enamoré, madre. Aunque no tiene que preocuparse, no volveré a acercarme a él.
Filomena: Eso espero. Y de esto ni una palabra a tu tía. Ya sabes cómo es ella. 
Leticia: Lo sé...


Filomena se fue a la cocina y Lidia se acercó a su sobrina.

Tía Lidia: Tienes mala cara, sobrina.
Leticia: No se preocupe, tía. Estoy bien.
Tía Lidia: Soy vieja, pero no tonta. Sé cuando mi sobrina está mal.


Se sentó junto a ella y le cogió la mano.

Tía Lidia: ¿Se trata de un hombre?
Leticia: Prefiero no hablar de ello...
Tía Lidia: Cariño, te lo he dicho mil veces. Los hombres no traen nada bueno. Te prometen la luna, pero una vez metido, se olvidan de lo prometido. Haz caso a tu tía. Aléjate de ellos. No quiero que te lo hagan pasar mal. Yo vivo estupendamente sola.
Leticia: No es tan fácil, tía Lidia.


Días más tarde...

Llegó el fin de semana. Azur y Junior quedaron para pasear por el puerto. Hacía un día estupendo. El sol brillaba en un cielo azul sin ninguna nube a la vista. Los pescadores salían a faenar en sus pequeñas embarcaciones. 


Los pelícanos descansaban en las rocas, disfrutando del sol. Las gaviotas revoloteaban alrededor, buscando comida. 


Los propietarios de las embarcaciones amarradas en el puerto, aprovechaban el buen tiempo para salir. Mientras, la heladería del puerto vendía helados sin parar. 


Junior y Azur caminaban tranquilamente junto a la heladería. Azur le quería presentar alguien muy especial a Junior. 

Azur: Mira, qué suerte tienen esos. Tienen su propio barco.
Junior: Sí, pueden ir dónde les apetezca. 


Azur: Aunque nosotros también podemos ir dónde queramos. No necesitamos un barco.
Junior: Pues también es verdad. Al final, son caprichos de pijos.
Azur: Sí. En realidad, no somos tan materialistas. 

   

Se sentaron junto al mar, observando el horizonte. Junior no podía estar más feliz. Azur estaba resplandeciente. Sus ojos azules iluminaban su rostro. No podía dejar de mirarla cuando ella se distraía. Él, que siempre había renegado de las relaciones y le daba asco cuando sus amigos se morían por una chica, había caído en las redes del amor.

Azur: Junior, no sabes lo mucho que te agradezco lo que hiciste por mi en el trabajo. Ahora mi jefe me trata de otra forma.
Junior: No tienes que agradecerme nada, Azur. No soporto que te traten mal. 
Azur: Eres un amigo de verdad.

Azur: ¡Mira, por ahí viene Ulises! 

Un chico muy atractivo y con cuerpo de gimnasio, se acercaba a ellos montado en una moto acuática. Su pelo largo y negro se movía con el viento.

Azur: ¡Ulises, estamos aquí!

Llegó al puerto y apagó el motor de la moto. Saltó a tierra firme y besó a Azur en los labios. Junior palideció (todavía más de lo que estaba). ¡Se habían besado! Estaba confundido.

Ulises: Princesa mía. Estás preciosa.

Azur: Estás empapado. Mira, te quiero presentar a un amigo. Se llama Junior. ¿Recuerdas que te hablé de él?

Ulises: ¡Junior! Pues claro que me acuerdo. Defendiste a mi chica del cretino de su jefe. Te debo una, colega.

Junior: No fue nada...

Ulises: Me mola que mi novia tenga amigos como tú.

Esa palabra resonó con fuerza en su mente y se le clavó en el corazón. Novia, había dicho novia. No podía creerlo, Azur tenía novio. Se sentía ridículo. Tenía ganas de tirar al agua Ulises. Empujarle y salir corriendo, pero disimuló. 

Junior: Creo que he de irme.

Ulises: ¿Ya? No hombre, vente con nosotros a tomarte algo.

Junior: En serio, tengo prisa.

Azur: Junior, ¿estás bien?

Junior: Estoy bien. Es que he recordado que el lunes tengo examen y no he estudiado nada.

Azur: Junior, quédate aunque sea un ratito.

Junior: No, lo siento. Un placer, Ulises.

Azur: ¡Junior, espera!

Junior salió corriendo. Cuando se alejó lo suficiente, se puso a llorar. 

Junior: ¡Soy tonto! Pensar que una chica así se fijaría en mi. ¡He hecho el ridículo!


Continuará