miércoles, 24 de noviembre de 2021

Halloween 2021- Capítulo 05: Nariz de payaso

Capítulo 05

Nariz de payaso

Dos de nuestros protagonistas habían perdido sus vidas y sus almas. No consiguieron superar a sus contrincantes en aquel terrorífico juego. Jane y George lucharon con todas sus fuerzas, pero sin inteligencia. Ahora, era el turno de Axel. Entró en la jaula furioso, apretando los puños con fuerza.

Bárbara: ¡Bienvenido a nuestro juego, Axel! Eres nuestro tercer concursante. Atención, es expresidiario. Su carácter violento y conflictivo le ha llevado a la cárcel. A pesar de todo, no recapacita y sigue siendo igual de insensato. Un cabeza chorlito de manual. 
Axel: ¿Es esto un challenge de alguna red social? ¡No estoy para tonterías!
Bárbara: Este juego no es ninguna tontería. Te toca enfrentarte a un contrincante, que en estos momentos está sentado en nuestras gradas. Diré un número al azar y te deberás enfrentar a él.
Axel: ¿Un combate de boxeo?
Bárbara: Algo así.


Axel: A mi nadie me obliga a pelear, ¿lo pillas? Abre esta jaula  y déjame salir. Tengo que encontrar a mi novia.
Bárbara: Tu novia está de barro hasta arriba.
Axel: ¿Dónde está? ¡Espero que no le hayáis hecho daño!
Bárbara: Yo no la he tocado ni un pelo. 

Axel se aproximó a Bárbara con intención de intimidarla. Ella le enseñó los colmillos.

Bárbara: Será mejor que guardes tus fuerzas para tu contrincante.
Axel: ¿Qué eres?
Bárbara: La presentadora, querido. 


Axel: ¿Qué es todo esto?
Bárbara: Deberá salir a la pista el poseedor del número...¡43!


Se abrió la puerta de la jaula, y entró un caballero con armadura oscura. Portaba un escudo, un hacha y una espada. Era alto y musculoso, pero le faltaba la cabeza.

Bárbara: ¡El caballero sin cabeza! Según cuenta la leyenda, perdió la cabeza durante una batalla. Lleva muchos años luchando y cortando cabezas. Cree que de esa forma, encontrará una que le pueda venir bien. ¿Será tu cabeza la gran afortunada? Si no deseas averiguarlo, ¡debes luchar! Dicen que a pesar de no tener cabeza, le sigue doliendo.
Axel: Esto no puede ser verdad...


Bárbara ofreció a Axel un hacha idéntico al que tenía el caballero.

Bárbara: El caballero sin cabeza no desea luchar contigo si no estás armado. Ya sabes, la ética de los caballeros. Axel, utiliza la cabeza y no la pierdas.
Axel: No podrá vencerme.


A pesar de faltarle la cabeza, el caballero se movía con agilidad. Parecía estar muy fuerte, cosa que sorprendía a Axel. No se dejó intimidar. Recordó las múltiples peleas en las que había participado. En casi todas, había salido airoso. 

Axel: Te agradezco el detalle del hacha, amigo. No por ello voy a ser piadoso contigo.

El caballero no tenía cabeza, por lo que no pudo responderle.


Dio comienzo el enfrentamiento. Ambos utilizaban sus hachas con destreza. Axel conseguía detener todos los golpes del caballero. Esquivaba los golpes y contratacaba, pero sin alcanzar a su rival. 

Axel: Eres bueno, caballero del infierno.


Axel utilizaba los barrotes para impulsarse y desorientar a su enemigo. Pudo darle un par de patadas que consiguieron desestabilizarlo. Aprovechaba para golpearle, pero siempre lo esquivaba. 

Axel: ¡No pienso rendirme!


No había utilizado nunca un hacha, pero se le estaba dando bastante bien. Si el caballero hubiese podido sudar, seguro que le habría caído más de una gota. 

Axel: ¡Ya te tengo!

A pesar de su esfuerzo, Axel cometió el mismo error que sus amigos. Se dejó llevar por sus impulsos, utilizando la fuerza sin pensar.


Ese error marcó su destino. Finalmente, el caballero sin cabeza logró lanzarlo al suelo. Axel perdió el hacha y quedó a merced de aquel siniestro ser. Lo único que pudo hacer es gritar antes de que le cortase la cabeza. El caballero se marchó abandonando el cuerpo decapitado de Axel. Al parecer, su cabeza tampoco le servía para nada. 


Bárbara: ¡Es el turno de Candy! ¡Ella es nuestra cuarta y última jugadora de la noche! Pasa, no seas tímida.

Candy temblaba asustada. Había llorado mucho mientras la tenían encerrada. Cuando aquellos payasos la acorralaron, perdió el conocimiento. Al despertar, se encontró en un lugar oscuro. Gritó y pidió ayuda sin ningún éxito. Pasado un tiempo, los payasos la sacaron y la metieron en la jaula.

Bárbara: Renunció a su vida por un cantamañanas. Lo conocéis, se trata de George. La llevó por el mal camino, dejando atrás todo aquello que le importaba. Se alejó de su familia y empezó a hacer cosas solamente por contentar a su novio. Debería haber hecho caso a su intuición. No tiene personalidad y se deja arrastrar por los demás. Sus malas decisiones han provocado que sea la cuarta jugadora de esta noche. ¡Bienvenida!


Candy salió corriendo e intentó salir de allí. Golpeaba los barrotes y pedía ayuda al público presente. Todos reían al verla tan desesperada. La ansiedad se apoderó de ella, provocando más llantos descontrolados.

Candy: ¡Tenéis que ayudarme! ¡Sois unos monstruos!

Aquellas palabras hacían reír más a los presentes.


Bárbara: No todo está perdido, Candy. Te enfrentarás a uno de nosotros. Si consigues vencer a tu contrincante, salvarás tu vida y tu alma. Si pierdes, será tu final. ¿Lo has entendido?
Candy: ¿Por qué me hacen esto? ¡Yo no les he hecho nada!
Bárbara: Créeme, no es nada personal. ¡El número seleccionado es el 666!


La puerta de la jaula se abrió y entró una payasa. Su aspecto era alegre y colorido. Pelo rojo con dos coletas y la cara pintada como la suelen llevar los payasos. Lucía una enorme nariz roja. Su sonrisa era siniestra y su mirada provocaba escalofríos. Llevaba consigo un cuchillo y lo movía de un lado para el otro.

Bárbara: ¡Blasa la payasa! No te podría haber tocado una contrincante más sádica y retorcida. Que su aspecto no te lleve al engaño, Blasa es letal. Ganar no es suficiente para ella. Le gusta recrearse y hacer sufrir a su rival. Es ágil y diestra con el cuchillo, debes tener mucho cuidado. Hará todo lo posible para salvar su nariz y ganar el juego. ¿Estás preparada?


Candy se quedó paralizada. No sabía lo que debía hacer. Nunca había hecho daño ni a una mosca y no se veía capaz de enfrentarse a Blasa. 

Blasa: ¿No quieres jugar conmigo?

La payasa se reía mientras corría alrededor de Candy. Estaba tan asustada que creía que iba a perder el conocimiento en cualquier momento.


Blasa se acercó a los barrotes y miró divertida al público.

Blasa: Visto que esta chica no mueve un dedo, empezaré yo. ¿Os parece bien, amigos?

El público silbaba y aplaudía emocionado. Estaba deseoso por ver a Blasa la payasa en acción. 


Se dio la vuelta y miró a Candy fijamente. Le enseñó su enorme cuchillo y le sonrió. 

Blasa: Vamos a jugar a un juego muy divertido. Ya verás, lo vamos a pasar muy bien.

Candy reaccionó y corrió alejándose de ella.


Blasa la perseguía sin prisa. Corría alegremente mientras saludaba con la mano al público. Sabía perfectamente que Candy no tenía escapatoria.

Blasa: Algo me dice que este enfrentamiento será muy corto.
Candy: ¡Socorro!


Blasa se lanzó a por Candy, pero ella la esquivó sin resultar herida.

Blasa: ¡Maldita sea!


Candy se agarró a los barrotes e intentó trepara por ellos para escapar. 

Candy: ¡Necesito ayuda! ¡Socorro!
Blasa: Eres realmente patética. La peor contrincante de la historia de este juego. 


Blasa agarró a Candy por las piernas y la tiró al suelo.  

Blasa: ¡Ha llegado tu hora!

Candy se negó a rendirse de esa forma. No estaba dispuesta a morir a manos de una lunática disfrazada de payasa. 


Se levantó y corrió de nuevo hasta los barrotes. Esta vez llegó a la parte más alta de la jaula y allí, encontró unas lanzas. Adornaban la parte exterior de la jaula junto a un escudo. Agarró una y la arrancó de los barrotes. 


Blasa se sorprendió ante el cambio de actitud de Candy. El público aplaudía que las cosas se pusiesen más emocionantes.

Blasa: Vaya, veo que no eres tan mojigata como pensaba.


Candy le tiró la lanza y esta alcanzó a Blasa en el torso. Dejó caer el cuchillo al suelo y tocó la lanza que atravesaba su cuerpo.

Blasa: No es posible...


Candy: He vencido. Ahora, dejadme marchar.
Blasa: Maldita humana...

Blasa agarró la lanza y cerró los ojos. 

Blasa: No has vencido.


Sacó la lanza con facilidad y se la mostró feliz al público. Candy no podía creerlo. De su herida manaba algodón del que suelen estar rellenos los peluches. Blasa no era de carne y hueso.

Blasa: Me has estropeado el traje. ¡Estoy muy cabreada! 
Candy: No es posible...


Candy agarró el cuchillo y corrió desesperada. Debía encontrar la forma de vencerla. Blasa la perseguía enfurecida. 

Blasa: ¡No huyas, cobarde!

En ese momento, recordó lo que Bárbara había dicho en la presentación de Blasa. "Hará todo lo posible para salvar su nariz y ganar el juego". ¿Salvar su nariz? ¿Era ese su punto débil?


Candy se dio la vuelta decidida. Con el cuchillo pinchó la nariz roja y enorme de Blasa. Esta no pudo reaccionar a tiempo y su nariz se desinfló como un globo.

Blasa: ¡No puede ser!


Su nariz se desinflaba haciendo un sonido muy estridente. Se tiró al suelo entre convulsiones y gritos. 

Blasa: ¡¡No puede ser!! ¡Ahhhhhh! 


Blasa se quedó inmóvil en el suelo. Candy se acercó a ella con precaución. Su cabeza y manos eran de plástico y su cuerpo de trapo y algodón. Se había convertido en un muñeco sin vida.

Candy: He vencido...


Bárbara: Sí, has vencido. Enhorabuena, Candy. Debo reconocer que no apostaba ni un euro por ti.
Candy: ¿Y ahora qué? ¿Puedo marcharme?

La puerta de la jaula estaba abierta. 

Bárbara: Lo prometido es deuda. 


Candy no se lo pensó dos veces. Salió corriendo por la puerta sin mirar atrás. El público contemplaba la escena en silencio.

Bárbara: Vaya, parece que tiene prisa.


Bárbara llamó a Jaimito, que había visto el espectáculo sentado en las gradas. Entró en la jaula y se acercó hasta ella.

Bárbara: Ya sabes lo que tienes que hacer, Jaimito.
Jaimito: Sí, señora.


Obedeciendo sus órdenes, Jaimito fue tras Candy. Era bajito, pero muy rápido.


Bárbara: No sé a dónde cree que va. Le perdonamos la vida, pero nadie ha dicho que se pueda marchar. En fin, Jaimito se encargará de ella. Querido público, aquí termina nuestro juego anual de Halloween. Espero que les haya gustado. Ya saben, el año que viene más y mejor. ¡Hasta el próximo Halloween!


Continuará...

 

lunes, 15 de noviembre de 2021

Halloween 2021 - Capítulo 04: Comienza el espectáculo

Capítulo 04

Comienza el espectáculo 

Nuestros queridos protagonistas habían sido capturados. Desconocían lo que el destino les tenía preparado. En la pista central del circo, una mujer vestida de negro, con sombrero de copa verde y una enorme capa, esperaba a que el público tomara asiento. Llevaba un micrófono en la mano y miraba alrededor emocionada. Dos enormes colmillos relucían ante la mirada de todos cuando sonreía. Llevaba un año esperando ese momento. Se llamaba Bárbara y era la encargada de dirigir y presentar el juego de aquel año.

Bárbara: ¡Tomen asiento, camaradas! El espectáculo está a punto de comenzar. Soy Bárbara, la encargada de presentar el juego de esta noche.


Todos los asistentes guardaron silencio, atentos a todas y cada una de las palabras que pronunciaba. No se trataba de un público convencional. Los asistentes a aquel espectáculo eran seres llegados de los rincones más oscuros y siniestros del mundo y el más allá. Brujas, demonios, fantasmas, muertos vivientes, vampiros, monstruos...todos ellos acudieron aquella noche al circo para disfrutar de una noche muy especial.

Bárbara: Comienza el juego de este año con cuatro concursantes que deberán luchar por su vida. Este año hemos seleccionado a cuatro individuos muy interesantes. Estoy segura que harán las delicias de todos los presentes. 


El público gritaba emocionado. Las momias se agitaban nerviosas y las brujas reían a carcajada limpia. Todos deseaban ser seleccionados para el enfrentamiento.


Bárbara: Cada uno de ustedes tiene un número entregado al azar.  Quién resulte seleccionado, tendrá el placer de participar activamente en el juego y por consiguiente, llevarse consigo el alma del humano al que se enfrente. Si pierde, caso improbable, dejará de existir para siempre. 


Bárbara: Sin más preámbulos, vamos a empezar el juego de esta noche. ¡Mucha suerte, queridos y despreciables amigos!


Una jaula rodeó la pista central del circo. Era alta, lo suficiente para que los mortales no pudiesen escapar del enfrentamiento. 

Bárbara: Aquí tenemos nuestro primer jugador de esta noche.


En el centro de la pista, habían colocado uno de los muñecos que atacaron a nuestros protagonistas. No tenía rostro ni brazos, pero lucía unos enormes cuernos dorados.

Bárbara: Con todos ustedes...


El muñeco se abrió por la mitad y de su interior salió George. Estaba desorientado y muy enfadado.

Bárbara: ¡George! Este repugnante ser humano es de la peor calaña. 
George: ¿Dónde estoy?
Bárbara: Un macarra de corazón, insensible y egoísta. Se aprovecha de los demás y su familia no lo soporta. George va al gimnasio todos los días. ¡Mirad lo cachas que está!


George: ¿¡Qué narices es esto?! ¡¿Es una broma?!
Bárbara: ¿Una broma? ¡Esto va en serio!

Todos los seres reían y aplaudían entusiasmados. George miraba alrededor sorprendido. Se estaba empezado a enfadar de verdad. 


Forcejeó con las rejas, pero de nada le sirvió. 

George: ¡Esto no tiene gracia! Vale ya con la bromita. ¿Es una fiesta de frikis? ¡Odio los frikis!


Bárbara: Eres el primer concursante de esta noche, George. ¿Cómo te sientes?
George: ¿Concursante? No entiendo nada. Será mejor que me dejes salir antes de que me ponga a repartir tortas a diestro y siniestro.
Bárbara: ¡Perfecto! Es justo lo que queremos, que te pongas a dar tortas. George, ahora te enfrentarás a uno de los seres que nos acompañan en esta maravillosa noche. Si ganas, te perdonaremos la vida, pero si pierdes...será el final para ti y tu alma ya no te pertenecerá.
George: Está bien, te seguiré el juego. Me enfrentaré a quién sea, pero advierto que no me responsabilizo de lo que le pueda ocurrir. Entreno todos los días y me encanta repartir tortas.
Bárbara: ¡Estupendo! Voy a decir un número al azar. ¡El 38! ¡Mucha suerte!


Bárbara salió de la jaula a toda prisa. No quería perderse ni un solo momento del enfrentamiento. George no tenía miedo. Era un hombre seguro de si mismo. Se creía invencible. 


Una de las dos puertas de la jaula se abrió. Una extraña mujer entró. Su cara era pálida y sus labios rojos. Los ojos parecían diamantes brillantes y a su alrededor tenía tatuados dibujos con formas en distintos colores. Su pelo era largo y dorado, recogido en una trenza. Lucía un vestido fucsia y un cinto en el que portaba un puñal dorado. George sonrió al verla entrar. No le intimidaba y estaba seguro de poder vencerla en un enfrentamiento.

Bárbara: ¡Misha la devoradora! Ella portaba el número 38. Sin duda, se trata de una contrincante muy dura. Esos labios rojos esconden unos colmillos muy afilados. Es despiadada y no tiene corazón. Valora su larga y dorada melena sobre todas las cosas. Su mirada es hipnotizadora. 


George: ¡Menudas pintas! ¿En serio me tengo que enfrentar a ella? ¡Es ridículo! Jamás me ha vencido una mujer y te aseguro que tú no serás la primera. Venga, ven aquí. 

Misha lo observaba fijamente. George se movía de un lado para el otro, como un luchador de boxeo.


Dando saltos cual canguro, se acercó a ella y le propinó un puñetazo en toda la cara. Misha cayó al suelo y quedó tendida boca abajo.

George: ¡De un solo puñetazo! ¡Estaba chupado!


Se puso a corretear alrededor de la pista, golpeándose el pecho como un gorila. Misha se sentó y agarró su puñal del cinto. Los asistentes aplaudían y George se sentía como una estrella.

George: ¡Así es, pringados! ¡Nadie puede conmigo!


Misha le lanzó el puñal y este le arrancó el brazo izquierdo de cuajo. George miró atónito su brazo en el suelo. El público gritaba y silbaba sorprendido.

George: ¡Ahhhh! ¡Me has arrancado el brazo!

Misha sonrió y se relamió los labios.


George agarró el puñal y amenazó a Misha.

George: ¡Estás loca! ¡Voy a acabar contigo! ¡Me has arrancado el brazo!

Sentía mucho dolor, pero no pensaba rendirse. Había subestimado a su contrincante, pero ahora sabía que no debía bajar la guardia. Se lanzó a por ella con el puñal en la mano.


Misha lo miró a los ojos. George se detuvo y empezó a dolerle la cabeza. Se estaba mareando y no podía sostenerse en pie. Ella lo observaba divertida. Abrió más los ojos y el dolor de cabeza de George aumentó.

George: ¡Mi cabeza!

Cayó al suelo inconsciente y Misha se proclamó vencedora. Había ganado el enfrentamiento, pero también el alma y la vida de George. Se lo llevó y nunca más se volvió a saber de él. 




Bárbara: ¡Enhorabuena, Misha la devoradora! ¡Vamos con nuestro siguiente concursante! ¡Jane! ¡Bienvenida! Antipática y caprichosa. Es irresponsable y se toma la vida como una broma. Su familia no la soporta y no quieren saber nada de ella. No seas tímida, pasa y deja que te vean. 
Jane: ¿Quién es usted? 


Jane entró en la jaula. Estaba confundida. No podía dejar de mirar a todos aquellos seres que gritaban y aplaudían desde las gradas. 

Jane: ¿Dónde está mi novio? ¡Axel!
Bárbara: Lo siento, pero tu novio no está aquí. Eres la segunda concursante de esta noche, querida.
Jane: ¡Quiero salir de aquí! ¡Axel!
Bárbara: ¿Salir? ¡Esto acaba de empezar!


Jane: No sé de que va esta movida, pero me vas a dejar salir ahora mismo. Te lo estoy pidiendo por las buenas. Déjame salir.
Bárbara: Me temo que eso es imposible. Ahora tendrás que enfrentarte a uno de estos terroríficos seres que nos acompañan esta noche. Si vences, podrás salir de esta jaula. Si pierdes, lo perderás todo.
Jane: ¡Estáis todos locos! ¡Pienso llamar a la policía!
Bárbara: La policía no puede salvarte, Jane.
Jane: ¡Socorro!


Bárbara: Querido público, voy a decir un número al azar. Mucha suerte a todos. 
Jane: ¡Esto debe ser una broma! ¡Quiero salir de aquí!
Bárbara: ¡Número siete! ¡A la pista!


Se abrió la jaula y un payaso metió a rastras una momia. La dejó en mitad de la pista y se marchó. Estaba manchada de una extraña sustancia verde viscosa. Sus vendas estaban desgastadas por el paso del tiempo. Estaba totalmente inmóvil. 

Jane: ¿Y esto?
Bárbara: ¡La momia del faraón oscuro! Es una de las momias más poderosas de la historia. Sus vendas son muy importantes para ella. Sobrevive gracias a que protegen su oscuro esqueleto del paso del tiempo. La arena, el barro y la tierra son sus armas más temidas. ¡Suerte y que gane el mejor!


Jane observó la momia detenidamente. No parecía estar viva. Seguía inmóvil en mitad de la pista, sin hacer el más mínimo movimiento. No le parecía un contrincante peligroso. Se acercó hasta ella y la empujó. La momia cayó al suelo sin mostrar un atisbo de vida. Jane se subió encima y saltó sobre ella sin el menor temor.

Jane: ¡Menuda birria de contrincante! ¡Ya he ganado! ¡Ahora quiero salir de aquí!


La momia se incorporó de inmediato ante la sorpresa de Jane. El público gritaba eufórico. Las vendas se partieron y dejaron ver un oscuro y tenebroso esqueleto. Sus huesos eran negros y aunque a penas tenía músculos, pudo ver su sonrisa malvada en su rostro. 

Jane: Esto no lo esperaba...
Bárbara: ¡No tendrías que haberle atacado de esa forma!
Jane: No eres más que un esqueleto. Puedo contigo.


El esqueleto se movía lentamente. Daba pasos con dificultad pero con decisión. Aunque su aspecto le imponía, se movía con torpeza y no le pareció una amenaza. 

Jane: Me das pena, monstruito. Con una patada te voy a desmontar entero.

El esqueleto levantó los brazos y pronunció unas palabras que Jane no comprendió.


Bajo los los pies de Jane, el suelo se convirtió en barro. Quedó atrapada y con cada movimiento que daba, más se hundía.

Jane: ¿¡Qué es esto!?¡Socorro!
Bárbara: ¡Ha caído en su trampa! ¡Ya no tiene escapatoria! 
Jane: ¡Maldito bicho! ¡Suéltame! 


Jane estaba muy nerviosa. Se movía con brusquedad por lo que se hundía mucho más rápido. El barro le llegaba a la cintura pero no dejaba de moverse. Luchaba contra el barro y alargaba los brazos intentando agarrase a tierra firme.

Jane: ¡Ayuda! ¡Tienen que ayudarme!

El esqueleto sonría con malicia. Los gritos histéricos de Jane le animaban todavía más. 


Jane siguió luchando contra el barro, dando manotazos en todas direcciones. No lograba salir ni alcanzar algo sólido a lo que agarrarse. El barro la engulló hasta el cuello y lo único que pudo hacer era gritar. 

Jane: ¡Maldita momia! ¡Ahhhhh!

Finalmente, Jane desapareció bajo el barro. La momia, había ganado el enfrentamiento.


Continuará...