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lunes, 11 de noviembre de 2013

La guerra de SAM: Capítulo 4: Resurrección


La oscuridad más absoluta reinaba en aquel lugar. Aquellos que lo habían construido llevaban siglos muertos y los que ahora vivían, desconocían de su existencia. La oscuridad y el olvido convivían con insectos nocturnos y ratas que caminaban a sus anchas sintiéndose los dueños del lugar. Recorrían los esqueletos de antiguos guerreros y personalidades importantes de tiempos memorables sin la menor consideración. Cada rincón de aquel lugar olía a muerte.



Selena había servido al Reino de Wensuland hasta el fin de sus días. Sus conocimientos y su magia habían sido muy útiles en los oscuros días de batalla contra las fuerzas del mal. Enamorada de un gran hechicero llamado Pez, vivió una vida intensa repleta de aventuras y emociones. La muerte llegó un día como a todo ser mortal y se la llevó. Despedida por todos los que la conocían, fue enterrada con todos los honores. Había pasado mucho tiempo desde aquello y su cuerpo seguía en el mismo lugar dónde decidieron que debía descansar eternamente. Tumbada en su tumba de aquel panteón, pasaban los largos siglos sin que nadie se acordase de ella.  

Del cuerpo sin vida de Selena comenzó a salir una resplandeciente luz que iluminó aquel tétrico lugar. Su piel resurgió de la nada y recuperó todo el resplandor de su juventud. 




Abrió los ojos desorientada. Le envolvía la oscuridad más absoluta y sintió miedo. Pensaba que estaba en su casa, pero pronto descubrió que estaba en un ataúd y que aquel lugar no era precisamente su dulce hogar. Abrió el ataúd y se incorporó.

Selena: ¿Hola?


Recordó que se había encontrado muy mal antes de quedarse dormida. Llevaba tiempo con dolores muy intensos por todo el cuerpo y le costaba mucho caminar. Tosía continuamente y aunque el Rey Adam hacía todo lo posible para calmar sus dolores, muy poco se podía hacer. A sus noventa y cinco años de vida, tenía asumido que la llama de su vela se estaba apagando. Recordó pensar en Pez, en que se podría reunir con él cuando pasase al otro lado. 

Selena: ¿Alguien puede ayudarme?

Temía que aquello fuese el cielo…o el infierno. Tenía muchos enemigos que la recibirían con los brazos abiertos. Unos ratones subieron valientes por sus pies y uno de ellos le propinó un bocado. Selena gritó aterrorizada.

Selena: ¡Fuera, bestia inmunda! ¡Dejadme en paz! ¿Alguien puede ayudarme? ¡Socorro!



Cubiertos de telaraña encontró su puñal y su querida capa blanca. Se puso la capa y empuñó su puñal preparada para cualquier imprevisto. Tenía mucho miedo y no comprendía que le estaba ocurriendo.




Anduvo por aquel lugar y dedujo dónde se encontraba. Ella misma había visitado aquel lugar muchas veces. Allí descansaban muchos de sus seres queridos y acudía con asiduidad para rezar por sus almas.

Selena: Me han dado por muerta… ¡Es terrible! No entiendo cómo han podido cometer un error así…Debo salir de aquí, este lugar me da escalofríos…está distinto, es como si hubiesen pasado años sin entrar aquí…



Se sentía extraña. El persistente dolor en sus piernas, la tos, el brazo izquierdo…nada le dolía. Hacía años que no se sentía con tanta vitalidad. Decidió usar su magia para salir de aquel lugar. Se concentró y fue entonces cuando descubrió que su magia estaba dormida. Recordó cuando en su adolescencia, su maestro Anwar le enseñaba a controlar su magia y frustrada nunca conseguía lo que se proponía. Le llevó años aprender a utilizar su poder. En esos momentos se sentía igual. Agarró un palo del suelo y tras varios minutos de concentración, consiguió encender un fuego. Estaba sudando y le dolía la cabeza…

Selena: ¿Qué me ocurre? A duras penas puedo encender un simple fuego…

Observó a su alrededor. La única salida estaba derruida. Cientos de escombros impedían que se pudiese salir por ahí. Pensó en salir por el techo, así que buscó algo para poder llegar. 





Agarró dos cofres y los colocó uno sobre el otro. Usando su débil magia, comenzó a partir la dura piedra del techo. Sabía que aquel lugar se encontraba bajo tierra, así que estaba segura de que conseguiría salir por ahí. El techo comenzó a desquebrajarse poco a poco.



La vida en la ciudad transcurría con normalidad. La avenida Evelyn estaba siempre muy concurrida. Los ciudadanos caminaban de un lado para otro cumpliendo con sus obligaciones diarias. 



Selena consiguió abrir un gran agujero en el techo que daba en mitad de la carretera.  Se asomó y a punto estuvo de desmayarse al ver lo que le rodeaba. No reconocía absolutamente nada. La gente se arremolinaba a su alrededor, observando atónita.

Mujer: ¿De dónde sale esa?
Hombre: ¡Ha salido de ese agujero!

La gente vestía con ropajes extraños. Animales enormes dormían cerca de dónde ella estaba mientras que otros se movían a gran velocidad. Unos eran muy grandes y otros más pequeños. Todo aquello era demasiado para ella…

Hombre: ¡Llamaré a la policía!
Mujer: ¡Esto va directo al clicktube!
Hombre: ¡Voy a grabar! Mis amigos no darán crédito.



Selena salió del agujero y miró a su alrededor. La gente la miraba como si hubiesen visto un fantasma. Temía por su vida, algunos le apuntaban con unas armas extrañas que emitían luces mágicas. Se acercaban a ella cada vez más.

Selena: ¡No soy peligrosa! ¡No me hagan daño! ¿Que clase de armas son esas? ¿Dónde está el Rey?
Hombre: ¡Está chalada! ¡Me parto!
Mujer: ¡Dios mío! ¿De qué va vestida?
Mujer2: ¡Que ridícula!
Hombre: Debe ser una cámara oculta…
Hombre: Sonríe, guapa. Esto va al faceclick ahora mismo. Perdona, ¿me puedo hacer una foto contigo?



La gente examinaba el agujero por dónde había salido Selena.

Mujer: ¿Se podrá bajar ahí?
Hombre: ¿Hola?
Mujer: Esto es peligroso, ¡se podría caer un niño ahí abajo!
Hombre: En mitad de la carretera, un peligro para la circulación.


Lucrezia: Hola soy Lucrezia, periodista.
Selena: No comprendo nada...¿Son magos?
Lucrezia: …esto es algún tipo de protesta ecologista, ¿cierto?
Selena: No protesto…solo estoy confundida…¿Que día es hoy?
Lucrezia: ¿Día? Estamos a lunes once de noviembre del 2013, ¿se encuentra bien?
Selena: Oh…Dios mío, no puede ser…han pasado muchos años, ¿qué hago aquí? Yo solo me quedé dormida...
Lucrezia: ¿Llamo una ambulancia? ¿Que hacía ahí abajo?
Selena: Ya comprendo lo que ocurre…¡Dios mío! ¡Debo irme!
Lucrezia: ¡Oiga! ¡Ehh!



Continuará...