domingo, 18 de junio de 2023

La gran aventura: Capítulo 14: Hasta siempre, amigos

Dina vivía sola, con su querido gato. Aquella tarde de otoño, como prácticamente todas las tardes, se dedicaba a escribir su novela. Llevaba años escribiendo, haciendo fotos y publicando sus historias en su blog. No se ganaba la vida con ello, aunque siempre había soñado con poder hacerlo. Su trabajo como secretaria en una empresa de limpiezas era lo que le daba el sustento para vivir y pagar las facturas. 

Dina: No sé si debería haberlo hecho...

Había escrito un final a su novela, algo inesperado, casi sin pensarlo. Algo en su interior había pulsado un interruptor que le había llevado a hacerlo. Amaba a cada uno de sus personajes, sin excepción. Era un final extraño, pues su protagonista, Sus, había muerto. Ella era su alter ego, la adoraba. Aunque en si vida personal no había avanzado lo esperado por la sociedad, Sus había seguido esas pautas de la manera más plena y feliz. ¿Había llegado el momento de ponerle fin a ese mundo imaginario?



Miraba la pantalla de su ordenador portátil, pensando en ello. Había homenajeado a muchos de los personajes que ya no salían en sus novelas, para al menos que todo el mundo comprobase que seguían vivos, que seguían con sus vidas. Sus había alcanzado la felicidad, junto a sus tres hijos, su marido, su familia y amigos. Era un final trágico y repentino, pero quizás mejor que el que muchos podrían soñar. Dina tenía a Marian, su más leal lectora y seguidora. Marian era una extraordinaria escritora con una imaginación desbordante y una forma de escribir maravillosa, única y personal. Ella le había permitido incluir personajes de su universo para que apareciesen en su novela, como son Agnes o Nesi. Se sentía muy afortunada por todo ello. Sin duda, Marian merecía triunfar como escritora, lo merecía más que nadie. Mina, su compañera de historias, con la que había escrito numerosos capítulos y a la que adoraba, ya casi no podía escribir. Sabía muy bien que deseaba seguir escribiendo, que adoraba el mundo que compartían, pero las circunstancias no la dejarían volver por el momento, quizás por un periodo de tiempo muy largo. Todos aquellos que con lo que compartía su mundo habían seguido su camino, unidos como siempre por una amistad verdadera e irrompible. Era el momento de parar, sabía que había llegado el momento.


 Se secó las lágrimas de los ojos y suspiró. Miró por la ventana. Empezaba a hacer frío y las hojas de los árboles caían inundando las calles. Estaba oscureciendo y los coches circulaban con las luces encendidas. Estaba triste por el final tan inesperado de Sus y todos sus personajes  y le costaba aguantarse las ganas de llorar. Tocaron al timbre.

Dina: ¡Voy!


Cuando llegó a la cocina, encontró a su querido gato comiendo. Se llamaba Pandy, pues era blanco y con manchas negras, como un panda. Por eso el panda de Sus se llamaba Pandy.

Dina: Hola, Pandy.
Pandy: Miaoooooo.


Volvieron a tocar al timbre. Se dirigió hacia la puerta lo más rápido que pudo, consciente de que estaba distraída y llevaban demasiado tiempo esperando.


Mina: ¡Sorpresa!
Dina: ¡Mina! Qué sorpresa, por favor pasa.
Mina: Estaba empezando a pensar que no estabas en casa.
Dina: Perdona, hoy estoy algo despistada.


Mina se sentó en una de las sillas de la cocina y cogió a Pandy en brazos. El gato agradeció sus caricias restregando su carita sobre su regazo.

Mina: Vengo a despedirme.
Dina: ¿Te vas ya para Landucía?
Mina: Sí, mi tren sale en una hora.
Dina: Estoy feliz por ti. Sé que es un cambio muy grande en tu vida, pero es a mejor y eso es lo importante.
Mina: ¿Has terminado La gran aventura?
Dina: Sí. 
Mina: Estoy segura que te ha quedado muy bien.
Dina: No lo sé...


Mina: ¿Estás segura de querer terminar la novela? Siempre la puedes mejorar, mira a Marian.
Dina: No estoy segura, pero siento que debe ser así.


Mina: ¿No echarás de menos a tus personajes?
Dina: Sí, a todos ellos. Sus, Wen, Pandy, Lilu, Wenda, Calabazo...a todos. Aunque ya no escriba sobre ellos, siempre los llevaré en mi corazón.
Mina: Me entristece mucho, Dina.
Dina: A mi también.


Mina abrazó a Dina emocionada.

Mina: Me siento afortunada por haber podido vivir contigo ese mundo mágico. Creo que pocos han conseguido vivir algo tan maravilloso en sus vidas.
Dina: Yo también lo siento así. No me arrepiento de cada segundo dedicado a nuestra maravillosa novela.


Dina escribió fin en la novela y le dio a publicar. Cerró el portátil y se quedó mirándolo pensativa. Sabía que una magia muy poderosa se escondía en su interior. La notaba apegada a su alma, a su corazón. Quizás algún día conseguiría que volviese a resurgir. 


Mina: ¿Nos vamos? Todavía tenemos que llegar a la estación y quiero llegar con tiempo.
Dina: Sí, vamos.


Se aseguró que Pandy estuviese cómodo y tranquilo, y abrió la puerta para salir de casa.

Dina: Pandy, sé bueno.


Miró por última vez su casa, antes de cerrar la puerta. El fin escrito en su novela le dolía, pero la decisión ya estaba tomada. Debía cerrar los ojos a esa vida inventada, a esa realidad que tanto le gustaba y dejarla atrás. 


Cerró la puerta y se marchó. Había terminado un maravilloso episodio de su vida, una novela que le había acompañado durante años, haciéndole feliz. Seguiría pensando en sus personajes, en el triste final de Sus, en cómo lo habrían superado todos los que la querían. Quedan muchas preguntas en el aire que quizás algún día, obtengan su respuesta. Hasta siempre, amigos.


FIN


sábado, 17 de junio de 2023

La gran aventura: Capítulo 13: Ojos poderosos

Después de la celebración del cumpleaños, fueron prácticamente todos a la feria. Alejandra había recibido muchos regalos y todos habían comido, bebido y bailado hasta el último momento. 

Alejandra: ¡Hemos llegado a la feria! No vamos a ir todos en grupo ya que cada uno tendrá sus propios intereses, pero si os parece, no podríamos ver dentro de una hora en esta misma zona.
Nora: Si conseguimos algún peluche, prometemos regalárselo a los niños.
Suselle: ¡Qué bien, gracias!


Sus: Hay muchísima gente.
Duclack: Parece que está todo el mundo aquí.
Alejandra: Pasadlo bien, chicos. Nos vemos en una hora.
Dante: ¡Hasta luego!


Los niños salieron disparados tras los trenes.

Duclack:¡No corráis! 
Sus: ¡No os gastéis todo el dinero!
Diamante: Yo creo que vendrán a pedirnos más.
Sebastián: Puedes estar seguro de ello. Mar, tranquila, te lo pasarás bien con nosotros. Quiere ir con su hermana.
Diamante: Puedes jugar con Bosco, Mar.
Mar: ¡Osco!


Nesi: No sé si quiero permanecer en un lugar así, Agnes. Hay demasiada gente y el ruido me molesta.
Agnes: Lo comprendo, yo tampoco estoy del todo cómoda, pero seguro que lo pasamos bien.
Lúa: Si os parece bien, iremos a comprar dulces y pasearemos observando las atracciones. Si os agobiáis, nos marchamos.
Nesi: Gracias, Lúa. Me parece bien.


Frida: Sus, ¿te montas conmigo en alguna atracción? Así nos divertimos juntas y de paso, charlamos de forma más íntima.
Sus: Yo, es que...


Diamante: Lo siento, pero se va a montar conmigo. A mi me hace mucha ilusión montarme con mi mujer en las atracciones y que nuestro hijo nos vea. Bosco adora a su madre y yo también, Sus es maravillosa. ¿SABES QUE ES MI ESPOSA? ¡LLEVAMOS MUCHO TIEMPO CASADOS!
Frida: Ah, claro...tienes razón, no había caído en eso.
Diamante: Gracias por tu comprensión, Frida. Si quieres, luego me puedo montar yo contigo en todas las atracciones y hablamos de forma más íntima.
Frida: Creo que me está llamando Gema. Hasta luego...


Frida salió disparada junto a Gema, que hacía cola para comprar un helado.

Frida: Menudo corte, tía.
Gema: Te lo tienes bien merecido, por meterte en medio de una relación.
Frida: ¿Y no crees que ha sido machista? Ella a lo mejor deseaba estar conmigo y ese cavernícola no le deja.
Gema: Yo creo todo lo contrario, amiga. 
Sus: Diamante, nunca te había visto así.
Diamante: He pensado que te gustaría que la espantase.
Sus: Gracias, amor. 


Frida: La pobre está sometida a la presión patriarcal de esta sociedad. Pide a gritos ser liberada, se lo noto.
Gema: Tienes mucha imaginación, amiga. Anda, vamos a pedirnos un helado, a ver si te relajas un poquito.


Duclack y Sebastián se quedaron junto a Mar en un puesto de dulces. Mientras, Sus y Diamante caminaban entre la gente llevando a Bosco consigo.

Diamante: ¡Mira, allí está Agatha!
Sus: También están Payaso Demonio, Calíope y Pepota.
Diamante: Pepota me sigue dando malas vibraciones.
Sus: Ha cambiado y ahora es muy maja.
Diamante: No sé yo.


Una de las atracciones de la feria era la mansión del terror. Lo que nadie sabía es que era la mansión de un ser malvado. En su interior, escondido en la oscuridad y observando por la ventana, se encontraba el señor Grey junto a Sombra. Aunque exponerse de esa forma no era la forma habitual de actuar del demonio, en esa ocasión había hecho una excepción. Sombra le había hablado de ese lugar y que los niños estarían ahí. Además, podría conseguir todos los niños que le diese la gana.

Señor Grey: He de reconocer que ha sido una buena idea.
Sombra: Gracias, mi señor.
Señor Grey: Quiero venganza. Nadie se mete conmigo y sale indemne.
Sombra: ¡Esa es la madre, mi señor!
Señor Grey: ¿La mujer de la boina blanca? Es bella. La atraeré aquí. No dejes que nadie más entre. 


Sombra: A sus órdenes, mi señor.
Señor Gray: Vamos, entra en mi morada, indefensa humana...

Sus se sentía irremediablemente atraída. Deseaba entrar en la mansión.

Sus: Diamante, quiero entrar en la mansión del terror.
Diamante: ¿Ahí? No creo que sea conveniente para Bosco...le puede dar mucho miedo...
Sus: Y a ti también, ¿verdad? Entraré sola, no te preocupes.
Diamante: ¿Sola? Pero, Sus...


Sus no prestaba atención a las palabras de Diamante. El portero, un señor vestido con un extraño traje y un sombrero de copa, la dejó entrar sin problemas.

Payaso Demonio: Oiga, ¿ella puede pasar y nosotros no?
Pepota: ¡Quiero la hoja de reclamaciones!
Calíope: ¿Puedo convertirlo en rata?
Payaso Demonio: Será mejor que no, brujita mía.


Sus: No entiendo muy bien que estoy haciendo aquí...

Caminaba por la mansión si entender hacia dónde se dirigía.


En el exterior, los niños vieron la mansión. En seguida reconocieron que se trataba de la misma que encontraron en el bosque.

Suselle: ¡Es la mansión de ese monstruo!
Diamante: ¿Queréis entrar?
Pradito: ¡No! ¡Debemos alejarnos de ella!
Diamante: Da miedo, pero tampoco es para tanto...
Dante: Papá, que no es broma. Debemos irnos ya.
Diamante: Pues tendréis que esperar a vuestra madre.


Suselle: ¿Dónde está mamá?
Diamante: Ha sido más valiente que todos nosotros y ha entrado sola.
Dante: ¿Está dentro? ¡Tenemos que ayudarla!
Pradito: ¡Ese demonio vive ahí! Debemos ayudarla.
Diamante: Este juego que tenéis es muy raro. Si queréis entrar no hace falta que os inventéis todo eso, yo os dejo.


Dante: ¡Tú no lo entiendes! ¡Vamos!
Pradito: ¡Tenemos que ayudarla!
Suselle: ¡Esperadme! 

Los tres salieron corriendo al interior de la mansión. Diamante los miraba sin entender nada. El hombre trajeado de colores los dejó entrar sin problemas.

Payaso Demonio: ¡Esto es discriminación a los seres infernales!
Calíope: ¡Las brujas también tenemos derecho a divertirnos!
Pepota: Conviértelo en rata.
Payaso Demonio: No, será mejor dejarlo estar...


Agnes, Lúa y Nesi paseaban tranquilamente entre las atracciones. Agnes sabía que Nesi, al igual que ella, estaba haciendo un gran esfuerzo por estar ahí. No estaban acostumbradas a estar entre tanta gente. Aunque para sorpresa de Lúa, ambas parecían relajadas. La alegría y buenas vibraciones que allí se respiraba les transmitía una sensación muy agradable.

Nesi: No es posible...
Agnes: ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que nos marchemos?
Nesi: Es esa mansión de ahí, Agnes.
Agnes: ¿La mansión del terror? Sí, se ve escalofriante.


Nesi salió corriendo en dirección a la mansión. Agnes y Lúa la siguieron sin entender nada. Cuando Nesi vio a Diamante, se le acercó muy alterada.

Nesi: ¿Dónde están los niños?
Diamante: Están en la mansión del terror. Sus también está dentro.
Nesi: ¡Oh, no! ¡Tengo que ayudarles!
Diamante: Ya me contaréis a que clase de juego estáis jugando, no lo entiendo.


Agnes: ¡Nesi!
Lúa: Parece que quiere entrar en esa atracción.
Agnes: No es propio de ella...

El hombre de la entrada se interpuso para que Nesi no pudiese entrar, pero no estaba dispuesta a dejarse amedrentar. 


Lo empujó a un lado y este cayó al suelo sorprendido. 

Diamante: Pues sí que tiene ganas de entrar...
Payaso Demonio: ¡Esa también a entrado!
Pepota: Así deberíamos haberlo hecho nosotros, dando empujones. Conviértelo en rata.
Calíope: Será un placer.


Sus: ¿Quién es usted?
Sombra: Mi identidad no es relevante. Ahora perteneces a mi amo, en cuerpo y alma.
Sus: No comprendo nada...


Suselle: ¡Mamá!

El señor Gray se interpuso entre los niños y Sus. Estaba desorientada y confundida.

Señor Gray: Ahora ella me pertenece.
Dante: ¡Déjala en paz!
Señor Gray: No soy un demonio cualquiera ni alguien al que podáis vapulear y salir indemnes. Vuestra rebeldía tiene consecuencias.
Pradito: Ella no te ha hecho nada.
Señor Gray: La amáis, y eso lo puedo usar en mi beneficio. Ella morirá si no os rendís.
Sus: Niños...
Suselle: ¡Mami!
Dante: ¡No le hagas daño!


Sus cayó al suelo sin apenas fuerza. Los niños acudieron en su ayuda, pero no era capaz de levantarse.

Suselle: ¡Mamá!
Dante: ¡Por favor, no le hagas daño!
Pradito: ¡Sus, levanta!


Sus quedó tendida en el suelo, inconsciente.

Dante: Mamá, despierta...

Los tres empezaron a llorar. Sabían que el monstruo la estaba matando de alguna forma que desconocían.

Suselle: ¡Haremos lo que pidas!
Pradito: ¡Sí, pero déjala en paz!
Señor Gray: Me alegra que entréis en razón.


Los llevó a la cocina y dejó a Sus con Sombra. Los tres lloraban de tristeza y miedo.

Suselle: ¿Se pondrá bien mi madre?
Señor Gray: Todo depende de cómo termine el día. Su salvación depende de vuestro destino.
Dante: Lo que sea, pero haz que se ponga buena.


Nesi encontró a Sus en el suelo. De pie, junto a ella, estaba Sombra. Al ver a Nesi enfureció. Había conseguido reconciliarse con su amo y sabía que ella era capaz de destruirlo todo.

Sombra: ¡Tú! Vete por dónde has venido.
Nesi: Eso es lo que a ti te gustaría pero no pienso hacerlo. 


Tomó el pulso a Sus y detectó que latía muy lento.

Nesi: ¿Qué le has hecho?
Sombra: Nada, ha sido mi amo.
Nesi: Está siendo atacada por una magia muy poderosa. 


Sombra: La puedes dar por muerta.
Nesi: ¿Dónde están los niños?
Sombra: Mi señor los tiene, es demasiado tarde para ellos.
Nesi: Eres despreciable, un ser sin alma y corazón. No deberías seguir existiendo pues no aportas nada bueno a la humanidad.

Nesi fijó sus hipnotizantes ojos sobre Sombra, que quedó petrificado de terror. Jamás le habían mirado de esa manera. Sus ojos penetraron hasta lo más profundo de su ser, desnudado cada rincón oscuro de su alma.


Notaba que su cuerpo cambiaba, que su alma putrefacta se deshacía como un helado ante el sol más abrasador. No podía moverse y no era capaz de expresar el ardiente dolor que manaba de su cuerpo. Los ojos de Nesi lo aplastaban sin piedad, reduciendo su alma a cenizas. Intentaba gritar, pedir ayuda, pero no era capaz ni de parpadear.


Sombra cayó fulminado al suelo como un saco de patatas. Nesi dejó de fijar sus ojos en él y descansó. Jamás había hecho algo así y tampoco entendía cómo había sucedido, pero tenía claro que había librado a la humanidad de un ser malvado. Había acabado con la vida de Sombra, pero también había averiguado dónde se encontraban los niños y la forma de llegar a ellos.


No tardó en encontrarlos, asustados en un rincón de la cocina de la mansión. El demonio se sorprendió al verla y enfureció maldiciendo a Sombra por haberle permitido entrar.

Señor Gray: Los lacayos de ahora no son como los de antes. No son nada efectivos. Me temo que tendré que prescindir definitivamente de él.
Nesi: No te preocupes, ya me he ocupado yo.
Señor Gray: ¿Has vuelto para morir?
Nesi: No, he vuelto para acabar contigo.
Señor Gray: Soy muy poderoso, no puedes hacerme ningún daño.
Nesi: Pues vamos a comprobarlo.


El demonio se vio sorprendido por la poderosa mirada de Nesi. Su fuerza lo lanzó al suelo y el dolor más intenso que jamás había sufrido se apoderó de su cuerpo.

Señor Gray: ¡No es posible! ¡¿Quién eres tú?!
Nesi: ¡Soy Nesi, demonio!
Señor Gray: ¡Ahhhhhh!


Quedó tendido en el suelo, aparentemente sin vida. Nesi supo que muy posiblemente la mansión desapareciese para regresar a la dimensión a la que pertenecía, así que no se paró a comprobar si realmente estaba muerto.

Pradito: ¿Está muerto? 
Nesi: No lo sé, pero estoy segura que jamás volverá a hacernos daño. Debemos salir de aquí cuanto antes, esta mansión volverá a desaparecer en cualquier momento.
Suselle: ¡Debemos ir a por mamá!


Transportaron a Sus a la sala principal de la mansión, para intentar reanimarla. Nesi le tomó el pulso y fue entonces cuando se percató de que su corazón ya no latía.

Dante: ¿Se pondrá bien?
Nesi: Dante...

Intentó reanimarla de todas las formas, pero de nada sirvió. No sabía cómo decirles que su madre había muerto. 

Suselle: ¿Qué le pasa?
Nesi: Lo siento, no tiene pulso.
Dante: ¿Eso que significa?
Suselle: No puede morirse, mi mamá no se puede morir...
Dante: ¿Muerta? ¡Anda ya! Mamá, despierta, ¡mamá!
Nesi: Lo siento, chicos. Vuestra madre ha fallecido...
Suselle: ¡No, mamá!


Continuará



sábado, 10 de junio de 2023

La gran aventura: Capítulo 12: La feria

Era una de las ferias más grandes que se organizaban en la región. No faltaban las atracciones más emblemáticas y deseadas por los niños. Puestos de dulces y comida rápida para aquellos que prefiriesen darse un capricho y juegos de azar y habilidad para conseguir diversos premios. Todo el mundo acudía a esta enorme feria para pasar el día. Entre ellos, John y Rose, pero al contrario que los demás, ellos para trabajar. Patrullaban la zona para asegurarse que todo estuviese en orden.

Rose: Si no fuese por la dieta, me comería una manzana de esas con caramelo.
John: Date el capricho, Rose.
Rose: ¿Te imaginas deteniendo a un delincuente mientras me estoy comiendo una manzana de esas?
John: Seguro que más de uno se dejaría detener sin oponer resistencia.
Rose: ¡Jajaja! No sé yo.
John: Me preocupa los secuestros de los niños.
Rose: Sí, es por eso que debemos estar atentos a cualquier individuo sospechoso. 


Se formaban colas de personas esperando su turno para comprarse un dulce. 

    Luna: Quiero un batido de fresa y limón, gracias.
Hilary: ¿Tienen churros integrales?
Vendedor: ¿Eh?


Kim: ¿Me conseguirás el peluche del gatito? Me haría mucha ilusión. Seguro que Ariadna se muere de la envidia.
Renzo: Ya me he gastado 10 cleuros y no he conseguido tirar todas las latas...
Kim: Vamos Renzo, me hace mucha ilu...
Renzo: Vaaaale.
Kim: ¡Te quiero!
Jorgito: Ariadna, ¿te subes conmigo en la noria?
Ariadna: Qué pesado...No, montarse en atracciones es cosa de niños.
Jorgito: Ah, es verdad...lo decía de broma...


Pepota: ¡Me gusta esta mansión del terror!
Payaso Demonio: ¡Y a mi!
Calíope: Deberíamos entrar.
Pepota: Oye, dame tres entradas para la mansión del terror.
Vendedor: Lo siento, todavía permanecemos cerrados.


Pirateclick: Debería divertirme, pero me aburro.
Hércules: ¿Vamos a isla tortuga? Podríamos ir a la cantina y beber ron hasta perder el conocimiento.
Pirateclick: ¡Buen plan!


Aunque algunos no disfrutaban en la feria, muchos otros sí. Vicrogo y Félix se habían montado en las naves, una atracciones giratoria con luces y muy rápida.

Félix: ¡Vicente, no te sueltes! 
Vicrogo: ¡No me siento capaz!
Félix: ¡Debes agarrarte con fuerza para no caer! 
Vicrogo: ¡Me da miedo, Félix! ¡No puedo!
Félix: ¡Hazlo por mi! ¡No te rindas, por favor!
Wen: ¡Mira a Vicrogo y Félix! Parece que Vicrogo lo está pasando mal.
Estrella: ¡Vamos, Vicrogo! ¡Mucha fuerza!
Wen: ¡Estamos contigo!


Estrella: ¿Crees que está bien?
Wen: No está bien, pero espero que sepa que puede contar con todos nosotros. Lo queremos muchísimo.
Briana: ¡Yo ero montá!
Estrella: Lo siento, Briana. Eres demasiado pequeña para montarte en estas atracciones.
Briana: Jo...
Wen: Venga, a ver si puedo conseguirte un peluche.
Wenda: Chidi, tu madre no nos quita el ojo de encima...
Chidi: Lo sé. Al menos va hablando con tu madre y nos deja un poco a nuestro aire.
Wenda: ¿Cuándo le dirás que nos vamos a casar?
Chidi: Nunca encuentro el momento... 


Lilu: ¡Vamos, cari!

Duque había pagado tres cleuros por participar en un juego de puntería. Si derribaba las latas, conseguiría un premio.

Duque: ¿Quieres el peluche gigante!
Lilu: ¡Adoro ese pulpo enorme!
Duque: Será tuyo.
Alexia: Si no lo consigues lo intento yo. Tengo buena puntería.
Mary: Ay, pues yo quiero otro peluche de esos. ¿Me conseguirías uno para mi?
Alexia: Pues claro.
Lulú: ¡Yo quiero otro!
Roberto: Pues yo no quiero ninguno. Prefiero la máquina de coser portátil. 
Ambrosio: ¡Yo con unos churros me conformo!


Ximena y Valeria se habían montado en la noria junto al señor Agripino. 

Ximena: Al señor Agripino le da miedo las alturas.
Valeria: Pues es un buen momento para superar sus miedos.
Ximena: Dice que no lo soporta.
Valeria: Pues que se esconda. Ahora quiero besarte.
Ximena: Oh, Val...bésame. 


Leticia: Desde aquí arriba se puede ver toda la ciudad. Es precioso.
Bruno: Tú si que eres bonita.
Leticia: Me voy a poner colorada...
Bruno: Te amo.
Leticia: Y yo a ti.
Bruno: Leticia, casémonos. 
Leticia: ¿¡Qué!?
Bruno: Sí, no tiene sentido esperar más. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. ¿Quieres casarte conmigo?
Leticia: ¡Sí, quiero!


Hafida necesitaba alejarse un poco de la rutina. Decidió cogerse unos días y viajar desde Egipto a Wensuland. Se llevó consigo a Swity, un mono que consideraba su mejor amigo.

Hafida: Necesitaba desconectar, Swity. Estos días me están viniendo muy bien para reorganizar mi mente. Estaba muy agobiada con los niños y todas las obligaciones. 


Hafida: Nunca había montado en algo así, me gusta muchísimo. 
Swity: ¡Oh oh oh! (¡Y a mi! Esto es más alto que una palmera).


Sinéad: Este protector solar es impresionante, Eros.
Eros: Leonard los ha perfeccionado mucho. 
Sinéad: Mi padre se ha convertido en todo un científico. Gracias a él podemos disfrutar de un día en la feria. La noria me parece una atracción muy entrañable.
Eros: Aunque desde aquí huele maravillosamente. Estos humanos desprenden un olor delicioso.
Sinéad: Sí...¡Mira, allí está la señora Hermenegilda con sus nietos!
Eros: ¡Oh no! Que no nos vea, hoy no tengo paciencia para escuchar su parloteo. 
Sinéad: Yo tampoco. No te preocupes, la despistaremos.


Junior: ¡Yuhuuuuu! ¡Qué divertido!
Leticia: ¡No te muevas tanto, Junior! Ten cuidado no te vayas a caer.
Junior: ¡Es como si estuviese volando!


Ben también se había subido a la noria con una chica llamada Kim (no es la novia de Renzo). La había conocido días atrás y se gustaban. Todo iba bien hasta que Ben vio a Hafida, su ex. Verla le recordó todo lo que vivió con ella y se deprimió un poco.

Kim: ¿Estás bien?
Ben: Sí, no te preocupes.
Kim: Te has puesto triste al ver a esa mujer y su mono.
Ben: Viejos recuerdos.
Kim: Ahhh... (parece que siente todavía algo por ella. En cuanto bajemos de la noria le pongo una excusa y me voy. Paso de estas movidas raras).


Leandra: Desde la muerte de papá no había vuelto a sonreír. Gracias amor.
Ricardo: Debes empezar a hacerlo, cariño. Mira las niñas, lo felices que se ven. Nos necesitan y debemos estar fuertes para ellas.
Leandra: Lo sé. Prometo que lo intentaré.


La caseta dónde vendían las fichas para la noria estaba a tope. La gente hacía cola pacientemente esperando su turno. Fatumata, Othello, sus hermanos y sus hijos llegaron al fin a la ventanilla de venta. 

Othello: Deme seis fichas.
Karim: ¡Quiero subir ya!
Othello: Paciencia.
Fatumata: Compra cinco, yo no pienso subir en esa cosa. Tened cuidado, por favor. Estas máquinas me dan miedo.
Vendedor: Es totalmente seguro, señora.
Fatumata: Es seguro hasta que no lo es.


Paula se había montado en el tío vivo. Donna, la hermana de Sabrina, también disfrutaba de esta atracción.

Paula: ¡Molaaaaaaa!
Donna: ¡Boby, mírame!
Boby: ¡Te veo mi amor!


La feria disponía de dos trenecitos que te podían transportar de un lado al otro por muy poco precio. Rojillo y su mujer Carmen habían montado en el trenecito rojo mientras disfrutaban de un batido de frutos rojos.

Carmen: ¡Mira, por ahí va tu madre y Onofre!
Rojillo: ¡Madre!
Herminia: ¡Hola! Mira Onofre, ¿no montamos en uno de esos?
Onofre: Vale, pero en el tren rojo no, prefiero el otro.
Vicenta: Yo no que me mareo.


En el tren multicolor, Mercedes Clická y su cámara/ayudante/novio, estaban disfrutando del paseo. Mercedes estaba enfadada. Paco se había dejado a propósito la cámara de vídeo en casa. A Mercedes le gustaba llevarla siempre encima por si ocurría algo y podía conseguir una suculenta exclusiva.

Paco: ¡Pero nos merecemos descansar!
Mercedes: Un periodista nunca descansa. Estamos en una feria, ¿y si se cae una atracción? ¡Podríamos cubrir la noticia en primicia!
Paco: Pues usaremos el móvil.
Mercedes: Los móviles son para periodistas de segunda. Me has decepcionado.
Paco: Solamente quiero que te relajes. Venga, inténtalo. 
Mercedes: Está bien, pero que sea la última vez que te dejas la cámara en casa.


Chino Juan: Peldona, ¿con quién debo hablal pala complal la felia?
Feriante: ¿Comprar la feria completa?
Chino Juan: Sí, la quielo toda. Soy emplesalio y me gusta tenel mucho negocios que den beneficios.


Adolfina: Nos merecemos este descanso, Rita. Los niños dan mucho trabajo y las mansiones en las que servimos hay mucho por hacer.
Rita: Así es. Aunque nos tratan de maravilla, necesitamos desconectar.
Adolfina: ¿Te apetecen unas patatas con mucho ketchup?
Rita: Sí, hoy me atrevo a hacer locuras.
Adolfina: Y quizás una coca click, o una fantaclick.
Rita: ¡Seeeh!


Era un día agradable para todos, o al menos para casi todos. Fune y Pinhead estaban muy nerviosos. Llevaban consigo a las niñas secuestradas y el maletín con los diamantes. Habían conseguido salir del bosque gracias al alboroto y sonido producido por la feria. 


Temían que Katy y los demás los encontrasen. La vida de esas dos niñas era lo más importante para ellos. 

Pinhead: ¡Mira! ¡Dos maderos!
Fune: Son John y Rose. No me hace mucha gracia tratar con la pasma, pero no nos queda otra. Tenemos que dejar a estas dos niñas en buen recaudo.


Pinhead: ¡Agentes!
John: Vaya vaya, Fune y Pinhead. ¿Estáis tramando alguna nueva fechoría? 
Fune: Todo lo contrario.
Rose: Me extraña que hayáis venido a una feria a montaros en la noria.
Pinhead: Hemos encontrado a estas dos niñas. Unos tipos las habían secuestrado en el bosque.
John: ¿Qué?


Rose: ¡Es la niña influencer desaparecida!
Tamara: ¡Quiero volver a casa! ¡Prometo que seré buena!
Rose: Tranquila, ya estáis a salvo.
John: ¿Eres Gabriela?
Gabriela: Sí...yo también quiero volver a casa.
John: Estáis a salvo, tranquila.

Fune le susurró a Pinhead en el oído...

Fune: Ya hemos cumplido. Las niñas están a salvo. Nada nos impide salir de aquí a toda pastilla con los diamantes. 
Pinhead: Con la pasta que sacaremos seremos ricos.


Mientras Rose y John tranquilizaban a las niñas, aprovecharon para escabullirse. Se alejaron entre la gente sin que se percataran.

Tamara: Ellos nos salvaron.
Rose: Me resulta sorprendente, pero me alegra. ¿Estáis bien?
Tamara: Sí...aunque lo que más deseo ahora es...
Rose: ¿Volver a casa? ¿Comer?
Tamara: No, recupera mi móvil. Hace muchas horas que no subo contenido y mis followers estarán muy preocupados. ¡Estoy totalmente desconectada de las redes! 
Rose: Oh...


John: Chicos, gracias por...
Rose: ¿Dónde están?
John: Se han ido.
Rose: Bueno, lo importante es que las niñas están a salvo.


Tamara: ¡Esos son los hombres malos! 
John. ¿Quienes? Tranquila, no os ocurrirá nada malo.
Tamara: Los que van en esa furgoneta negra. La mujer y ese hombre con barba.
Rose: Tranquilas, nosotros nos ocupamos.


Katy Whisky conducían lentamente, buscando a las niñas entre la gente. Fueron sorprendidos por John y Rose, que les apuntaban con sus armas.

John: ¡Abajo!
Katy: ¡Maldición!

Al bajar, les ordenaron que mantuviesen los brazos en alto y sin hacer ningún movimiento brusco. 

Katy: Agentes, ¿a qué viene todo esto? No hemos hecho nada malo.
Whisky: Venimos a montarnos en las atracciones de la feria.

Cuando vieron a Tamara y Gabriela, supieron que su carrera delictiva había terminado.

John: Ni un solo movimiento en falso o disparamos.


Rose los registró y seguido los esposaron. Resignados, sabían que pasarían los próximos años de su vida entre rejas.


Continuará...