Lara había recibido la llamada de su querida amiga Coco. Era guardabosques y estaba muy preocupada por la desaparición de los osos en aquel bosque. Lara se subió a su quad y sin pensárselo dos veces quedó con ella. No le disgustaba pasear por aquel inmenso bosque y le apetecía saludar a Coco.
Coco la estaba esperando y cuando la vio llegar levantó la mano para saludar. Se abrazaron con cariño durante un largo rato. Hacía mucho tiempo que no se veían a causa de los numerosos viajes que Lara tenía que hacer.
Se sentaron en una enorme raíz y Coco le explicó lo que estaba sucediendo. La población de osos estaba desapareciendo considerablemente.
Coco: He encontrado huesos de osos y creo que alguien los está cazando.
Lara: Eso está prohibido y está penado con la ley.
Coco: Lo sé, pero no soy capaz de encontrar quienes son los culpables. Pensé que tú me podrías ayudar...
Lara: No te preocupes, te ayudaré. Me daré un paseo por el bosque e investigaré que está ocurriendo.
Coco: Te lo agradezco muchísimo, Lara. Espero que encuentres alguna pista.
Volvió a subir a su quad y fue en busca de pistas que aclarasen la causa de la desaparición de los osos. Sabía que existía un mercado negro de venta de piel de oso y también de osos vivos. Le parecía despreciable que un click pudiese maltratar o matar un animal por dinero o placer.
Investigó varias zonas sin éxito. Temía volver junto a Coco sin ninguna novedad. No se rindió fácilmente y siguió con su búsqueda. Subió a una de las zonas altas del bosque para tener una visión más general pero no encontró nada fuera de lo habitual.
Después de mucho investigar, encontró unos huesos. Los examinó y llegó a la conclusión de que se trataban de huesos de oso. Siguió buscando por esa misma zona y encontró más huesos dispersos.
Lara: Malditos asesinos.
No estaba dispuesta a marcharse sin encontrar la causa de la muerte de esos animales. Cuando encontró unos huesos en una zona húmeda y muy escondida, escuchó ruidos extraños.
Se aproximó con sigilo al lugar donde procedían los ruidos. Le pareció escuchar un rugido y el sonido de un coche al encenderse. Al asomarse para averiguar que estaba ocurriendo, sus sospechas se confirmaron. Dos cazadores habían atrapado a un oso y se disponían a llevarse al animal en su coche.
Lara: Lo que me suponía. Malditos bastardos...
Roman: ¡Es un buen ejemplar!
Edefesio: ¡Nos darán mucha pasta!
Roman: Que pena que lo quieran vivo..con esta piel se podría hacer un abrigo de los buenos.
Edefesio: Y una alfombra, quedaría de fábula en el comedor de mi casa.
Roman: Bueno, no perdamos más tiempo. Tenemos que llevarlo al garaje cuanto antes. Si alguien nos pilla haciendo esto...
Los dos cazadores se marcharon con su coche. Estaban muy contentos. Esa pobre osa valía mucho dinero. Lara los observó un momento. Estaba sorprendida por la actitud de esos hombres.
Lara: Y pensar que pertenezco a su misma especie...
Fue hasta su quad y los persiguió dejando una distancia de seguridad. Los hombres no conducían con tranquilidad. Apretaban el acelerador temerosos de ser descubiertos.
En una zona rocosa con montañas se sintieron más tranquilos y redujeron la velocidad. Lara prefirió seguirles desde lo alto de las montañas para no ser descubierta.
Uno de los hombres sacó su rifle y apuntó a unos pájaros que cuidaban su nido.
Edefesio: ¡Me voy a cargar a esos pájaros!
Roman: ¡No eres capaz de darle, no te las des de buen tirador!
Edefesio: ¡Te lo demostraré!
Disparó dos veces y ninguna acertó su objetivo. Los pájaros se asustaron pero luego volvieron a su nido.
Roman: ¡Que malo eres!
Edefesio: Con el movimiento del coche no hay quién le de a nada. Cuando pasemos por la zona de los ciervos te detienes y me cargó a un par de ellos. ¡Nadie pone en duda mi profesionalidad!
Roman: Hecho.
Lara no podía permitir que eso ocurriera, así que se puso en acción.
Aceleró al máximo y dio alcance al vehículo de los asesinos. Uno de ellos al percatarse de la presencia de Lara, sacó su rifle. Supo que debía ser rápida si no quería ser alcanzada por las balas.
Edefesio: ¡¿Quién es esa?!
Roman: ¡No lo sé!
Edefesio: ¡Acabaré con ella!
Roman: ¿A que esperas? ¡Dispara!
Edefesio: ¡Ya voy! ¡Esta vez acertaré!
Disparó varias veces pero falló. Lara saltó desde el quad al vehículo y agarrando con fuerza de Edefesio consiguió tirarle del coche en marcha.
Edefesio: ¡Ahhhhh!
Consiguió colocarse frente a Roman y amenazándole con sus dos pistolas le ordenó que detuviese el coche. Asustado no lo dudó y obedeció a Lara. Bajó del coche con las manos en alto mientras Lara le apuntaba con sus armas.
Lara: ¿Está vivo el oso?
Roman: Sí, sólo está dormido...lo llevábamos al veterinario...
Lara: No me mientas. Sé que lo queríais vender. ¿Cuantos osos habéis matado?
Roman: Ninguno...
Lara: ¡Sigues mintiendo!
Roman: Está bien, unos cuantos. Oye, podemos ir a medias, ¿que me dices? Ganarás mucha pasta.
Lara: Ni lo sueñes.
Lara le propinó un golpe con la culata de una de sus pistolas y el hombre cayó al suelo inconsciente.
Lara: Así estás mucho mejor, en silencio.
Lara subió a los dos delincuentes inconscientes al coche y los transportó hasta el lugar donde se encontraba Coco. Le contó todo lo que había descubierto. Se mostró muy agradecida pero al mismo tiempo entristecida por los osos que murieron a manos de esos dos salvajes.
Coco: Pobres animales, ¡eran seres inocentes! ...Espero que estos dos pasen una buena temporada en la cárcel...
Lara: Puedes estar segura de ello.
Coco: Gracias, Lara.
Coco: Mira, Lara. Encontré este osezno perdido en el bosque...estaba buscando a su madre. ¿De verdad que está viva?
Lara: Sí, le han inyectado dardos somníferos. Pronto despertará.
Coco: Será mejor que nos escondamos. Aunque nos quedaremos para observar el reencuentro entre madre e hijo.
Cuando la madre osa despertó, miró a su hijo preocupada. Se acercó hasta él y lo lamió asegurándose de que estaba bien. El osezno saltaba feliz junto a su madre.
Coco: Me estoy emocionando.
Lara: Es un momento precioso.
Finalmente madre e hijo se marcharon alejándose de ellas hasta desaparecer. Al menos habían conseguido salvar a aquella osa y su cría.
Gracias a Lara, la tranquilidad volvió a reinar en el bosque. Después de despedirse de Coco, se marchó a la comisaría más cercana para entregar a las autoridades a los dos delincuentes.
FIN












































