Después de un largo camino de obstáculos, consiguieron llegar a la cabaña. Sus caminaba lentamente, sin apenas fuerzas.
Sabrina: Un pequeño esfuerzo más, y llegamos.
Sus: Estoy al límite...
Sabrina: Vamos, no te puedes rendir ahora.
Sabrina la agarró para que se apoyase en ella. Sus agradeció su ayuda, pues era incapaz de seguir caminando.
Sus: Creo que he roto aguas...
Sabrina: ¡No me fastidies!
Entraron a la cabaña. Allí no había teléfono ni nadie que las pudiese ayudar. En el suelo había paja y una sábana vieja.
Sabrina: ¡Aquí no hay nada!
Sus: ¡Oh, no! ¡Necesito ir a un hospital!
Sabrina: Al menos te podrás tumbar y no estaremos a la intemperie.
Sus: No me sirve de mucho consuelo...
Sabrina: Vamos, que te ayudo a tumbarte.
Una vez tumbada, Sabrina la tapó con la vieja sábana.
Sabrina: Iré a pedir ayuda, ¿vale? Intenta tranquilizarte.
Sus: ¡No me dejes! Sabrina, ya no hay tiempo. Necesito que me ayudes a dar a luz...
Sabrina: ¿Yo? ¡Estás loca! Yo no tengo ni idea de cómo debo hacerlo. Necesitas un profesional.
Sabrina: Lo sé, pero tú eres lo único que tengo. Tendrás que ayudarme.
Sabrina: Prefiero ir a pedir ayuda.
Sus: Es demasiado tarde para eso. Por favor, tienes que ayudarme.
Sabrina: Está bien. ¿Qué hago?
Sus: No hay forma de conseguir agua ni toallas, así que tendrás que ayudarme tal cual...Asómate y dime cómo está la cosa.
Sabrina miró bajo la sábana y se asustó. El niño estaba a punto de salir.
Sabrina: ¡¡Ya viene!! ¡Por todos los clicks! ¡No sé lo que debo hacer!
Sus: ¡Ayúdale a salir!
Sabrina: Está bien...
Sus gritaba de dolor. Los gritos resonaban en las montañas y los pájaros salían volando asustados.
Sabrina: ¡Empuja! ¡Empuja!
Sus: ¡Ahhhhhhhhhh! ¡Grrrrrrrrr! ¡No puedooo!
Sabrina: ¡Sí que puedes! ¡Empuja! ¡Ya le veo la cabeza! ¡Sigue así!
Sus: ¡Ahhhhhhhhh!
Finalmente, dio a luz. El bebé empezó a llorar y Sabrina lo agarró con cariño.
Sabrina: ¡Es un niño!
Sus: ¡Mi niño!
Sabrina: Es hermoso y está sano. Enhorabuena, Sus.
Sus: Gracias, Sabrina.
No podía dejar de llorar. Había dado a luz ahí, en mitad del bosque, ayudada por su peor enemiga y a pesar de ello, todo había salido bien.
Sabrina le dio al niño y Sus lo abrazó.
Sus: Ya estás aquí, mi pequeño.
Sabrina: Enhorabuena, Sus.
Los gritos se habían escuchado por todas partes. Owen, que pasaba por allí con la moto, los escuchó. Fue hasta la cabaña y descubrió la escena.
Owen: ¡Está aquí!
Diamante y los niños entraron corriendo a la cabaña. Vieron a Sus con el niño en brazos y saltaron de alegría. Primero por encontrarla y luego por ver al recién nacido.
Diamante: ¡¡¡Suuus!!! ¡¡No puede ser!! ¡¡Has dado a luz!!
Sus: ¡Diamante, niños!
Diamante: ¡No puedo creerlo!
Los niños abrazaron a su madre y al bebé, que había dejado de llorar y miraba curioso a su alrededor.
Dante: ¡Es muy guapo!
Suselle: ¡Mi hermanito! ¡Yo soy tu hermana, Suselle!
Diamante: Es muy grande. ¿Estás bien?
Sus: Sí, gracias a la ayuda de Sabrina.
Diamante: ¿De Sabrina?
Sabrina estaba de pie en una de las esquinas de la casa. No se movía, sentía que molestaba y que no tenía que estar ahí.
Sus: Es una larga historia. Te presento a tu papá y tus hermanos.
Diamante: Hola, pequeño. Soy tu papá.
Sus: Te agarra del dedo.
Dante: Le enseñaré a montar en monopatín y jugar al fútbol. ¡Será un crack!
Mientras tanto...
Owen se dirigía hacia su moto. Agatha le acompañaba. Estaba muy agradecida por todo lo que había hecho por ellos.
Agatha: Estamos muy agradecidos por tu ayuda.
Owen: No ha sido nada. Lo importante es que tanto ella como el bebé, están bien.
Agatha: Sí. Ay, me emociono al pensarlo. Estaba muy preocupada.
Owen: Eso demuestra que tienes buen corazón.
Agatha: ¿Te marchas ya?
Owen: Sí, tengo que llegar al pueblo antes que anochezca. Estaréis bien. He llamado a la ambulancia y no tardará en llegar.
Agatha: ¿Volveré a verte?
Owen: Me iré de viaje, pero quizás nos podamos ver antes de mi partida. Ya nos llamaremos. Me voy, antes de que se haga más tarde.
Agatha: Owen...
Owen: ¿Sí?
Agatha: Lo he pensado mejor. Me voy contigo.
Owen: ¿Hablas en serio?
Agatha: Sí. Quiero empezar a vivir. Necesito arriesgar un poco y creo que tú eres ese tren que uno no debe dejar pasar en la vida.
Owen: ¡Estupendo! No sabes lo feliz que me hace tu decisión. Mañana te llamaré y empezaremos con los preparativos.
En ese momento, salió Sabrina de la cabaña. Quería alejarse. Quizás perderse en el bosque y desaparecer para siempre. Había defraudado a toda su familia. Estaba segura de que John jamás le perdonaría. Es cierto que había perdido la cabeza debido a la enfermedad, pero eso no la exculpaba de todas las cosas malas que había hecho.
Se puso a correr sin mirar atrás, llorando por ella pero feliz por haber ayudado a Sus. Al menos había hecho algo bueno en su vida.
John: ¡Sabrina!
Leticia: ¡Mira, está allí!
John: ¡Vamos, Rex! ¡Sabrina! ¡No huyas!
Leticia: Espero que no siga bajo los efectos de la enfermedad...
Sabrina se sorprendió al ver a John, Rex y Leticia. Rex se lanzó sobre ella y le lamió la cara.
Sabrina: ¡Hola, Rex!
John: Amor, estás bien.
Sabrina: John...
John la abrazó con lágrimas en los ojos.
John: Pensaba que te había perdido para siempre.
Sabrina: Tranquilo, estoy bien. He recuperado la cordura...al menos eso creo.
John: Te hemos buscado por todas partes. Por suerte, las cámaras de seguridad el hospital captaron el momento en el que te metías en la caravana de Diamante y Sus.
Sabrina: John, lo siento tanto...he sido una inconsciente. He vuelto a meter la pata hasta el fondo. ¿Podrás perdonarme algún día?
John: Estás viva, eso es lo único que me importa. Veo que estás muy arrepentida y eso lo valoro, mi amor. Ahora tenemos que volver al hospital cuanto antes. Tienes que recuperarte. ¿Prometes portarte bien?
Sabrina: Puedes estar seguro de ello. Haré lo que sea para recuperar tu confianza y la de los niños.
Continuará...




















