Suselle: Es que mi abuelo está malito.
Suselle explicaba a Agnes y Lúa lo mal que lo estaban pasando por la enfermedad de su abuelo. Agnes abrazó a Suselle con cariño.
Agnes: Seguro que con vuestro cariño, se sentirá mucho mejor.
Lúa: Tiene suerte de tener unos bisnietos tan buenos como vosotros.
Diamante: Se preocupan mucho por su abuelo.
Dante: Papá, ¿puedo ir a jugar con Eva y Pradito?
Diamante: ¿Ahora? Es un poco tarde, hijo.
Dante: Estaré pronto en casa...
Diamante: ¿Te gusta tu amiga?
Dante: ¡Papá! No es eso...
Diamante: Muy bien, pero tienes que estar en casa para la cena o tu madre me mata.
Dante: Lo prometo.
Eva: ¿Te han dejado?
Dante: Sí, ya nos podemos ir.
Eva: ¿Y Pradito?
Dante: Nos la encontraremos por el camino.
Empezaron a caminar juntos. Dante se sentía muy bien junto a Eva y se planteó si en realidad le gustaba. Las palabras de su padre le habían hecho reflexionar.
Eva: ¿Porqué me miras así?
Dante: ¿Eh? No, nada. Es que estaba pensando en ese lugar secreto que me quieres enseñar.
Eva: ¡Es una pasada! Es algo peligroso, pero no creo que seas un cagado.
Dante: ¡Pues claro que no lo soy!
Eva: ¡Guay!
Dante: ¡Mira, por allí viene Pradito con sus padres y su hermana! ¡Pradito!
Pradito: ¡Hola, Dante! ¡Hola, Eva!
Eva: ¡Holaaa! ¿Te vienes con nosotros?
Pradito: Sí, puedo estar un rato.
Duclack: ¿Dónde váis?
Eva: A un sitio muy guapo que conozco.
Duclack: ¿Está lejos?
Eva: No, está en el barrio. Es mi lugar secreto, no te lo puedo decir.
Duclack: Bueno, pero no os alejéis demasiado. Pradito, te quiero de vuelta para la cena. Dante, tú también tienes que estar en tu casa para esa hora.
Dante: Descuida, Duclack.
Sebastián: Antes de nada, despídete de Mar.
Mar: ¡Tata!
Pradito: ¡Hermanita! Luego nos vemos, dame un beso.
Eva: Qué suerte tener hermanos.
Sebastián: Andad con cuidado, niños.
Eva, Pradito y Dante se marcharon. Eva los guiaba hacia ese lugar que tanto le gustaba.
Eva: Tu hermana es muy mona.
Pradito: Sí, es el bebé más guapo del mundo.
Dante: Además es muy lista.
Eva: Chicos, os encantará al lugar al que os llevo.
Pradito: ¿Tan chulo es?
Eva: Ya lo verás.
Ximena: ¡Perdonad!
Ximena interrumpió la conversación entre Agnes y Suselle. Estaba visiblemente alterada.
Agnes: ¿Te encuentras bien?
Ximena: ¡Estoy buscando a Agripino! Es un oso.
Suselle: ¿Un oso de verdad?
Ximena: No, es de peluche.
Agnes: ¡Allí! Hace un rato he visto uno caminando en esa dirección.
Ximena: ¡Señor Agripino! ¡Muchas gracias!
Ximena arrancó a correr en la dirección que Agnes le había indicado. Estaba deseosa de encontrarse con el señor Agripino. Un enorme oso estaba de espaldas a ella.
Ximena:¡Señor Agripino!
Oso: ¿Eh? ¿Qué ocurre ahí?
El oso se dio media vuelta. Se trataba de un hombre disfrazado de oso. Estaba promocionando una tienda de miel y productos naturales de la zona.
Ximena: ¡Usted no es el señor Agripino!
Oso: ¿Quién?
Jorgito se quitó la cabeza de oso del que estaba disfrazado. Era su primer día de trabajo. Necesitaba ganar dinero para comprarse un nuevo monopatín. Ximena se puso a llorar decepcionada.
Ximena: ¡No eres el señor Agripino! ¡Buaaaaa!
Jorgito: No, yo me llamo Jorgito.
Valeria: ¡Ximena!
Valeria abrazó a Ximena y esta se puso a llorar en su hombro.
Valeria: Tranquila, lo encontraremos.
Ben paseaba con su nueva novia. Anabel le agarraba de la mano muy contenta. Le gustaba Ben y le hacía sentir la clack más bella del playmundo.
Ben: Por allí van Duclack, Sebastián y Mar.
Anabel: ¿Quiénes son?
Ben: Para mi son prácticamente familia. Duclack es la mejor amiga de mi hija.
Duclack: ¡Hola, Ben!
Ben: ¿Un paseo en familia?
Duclack: Así es.
Ben: Mar está preciosa. ¿Dónde está Pradito?
Duclack: Con Dante y una amiguita.
Anabel: Ejem...
Ben: Oh sí, perdona. Os presento a mi novia, Anabel.
Duclack: Un placer.
Anabel: El placer es mío. Sois una familia muy entrañable.
Suselle: ¡Abuelo!
Dante: Mi pequeña nieta. ¿Dónde vas?
Suselle: Me voy con Agnes y Lúa de paseo. Agnes se quiere mirar un cinturón y yo me voy a comprar unas cajitas sorpresa de esos muñecos que me gustan. Ay, y me van a invitar a comer una napolitana de chocolate muy rica.
Agnes: Lo vamos a pasar bien.
Ben: Se os ve estupendas, chicas. Siempre tan guapetonas.
Ben: Yo estoy con Anabel, mi novia.
Suselle: Tengo que irme. Hasta luego, abuelito.
Agnes y Lúa: ¡Hasta luego!
Anabel: Vaya, a tu nieta no le caigo bien...
Ben: Todavía no me perdona lo de Pam, mi ex.
Mientras tanto...
Eva: Es por aquí.
Pradito: ¿Hay que entrar en este sitio?
Eva: No, hay que escalar.
Dante: ¿Escalar?
Eva: Seguidme.
IMPORTANTE: ESTO NO LO DEBE HACER NINGÚN NIÑO, ES PELIGROSO.
Subieron a unos contenedores que estaban junto a la pared. Luego sobre unos cajeros automáticos para finalmente, subir a una cornisa del edificio el flamenco rosa.
Dante: ¡Esto está muy alto! Si nos caemos...
Eva: No seas cagado. Yo lo hago casi todos los días y nunca me he caído.
Pradito: Mi madre es pirata, así que a mi esto no me da miedo.
Dante: Ni a mi...
Eva: Tenemos que ir rodeando el edificio. Por ahí atrás nos podremos agarrar a una ventana y subir a la cornisa de arriba.
Dante: ¿Hay que subir más?
Eva: ¡Mucho más!
Seguían subiendo por las cornisas y aumentado el peligro al caer.
Pradito: Impresiona mirar abajo.
Eva: Ya casi estamos. Nos falta la última cornisa.
Pegó un brinco y se agarró a la cornisa con dificultad.
Eva: Vamos, ya hemos llegado.
Subieron a lo más alto del edificio. Desde allí, las vistas eran espectaculares. Era ya de noche, por lo que las luces de la ciudad brillaban por todas partes como estrellas caídas a la tierra.
Eva: ¡Este es mi lugar secreto!
Pradito: Es precioso.
Dante: ¡Mola mucho! Mirad, allí se ve el colegio.
Pradito: ¡Mi casa está allá!
Se sentaron con los pies colgando al vacío.
Eva: Yo siempre pido un deseo y lo lanzo al cielo.
Pradito: ¿Cómo?
Eva: Imagino que lo agarro con la mano y lo tiro para arriba. El deseo se cumple, pues estamos en lo más alto.
Dante: ¿A ti se te cumplen?
Eva: Algunas veces. Depende si el deseo vuela bien alto.
Tras un rato pidiendo deseos y jugándose la vida al borde de la cornisa, decidieron que era hora de marcharse. Ya era muy tarde y sus padres los estarían buscando. Cuando se marchaban. Dante escuchó piar. Miró hacia atrás y vio un mochuelo a punto de caer del edificio. Estaba agarrado en una pequeña cornisa. Se había caído de su nido.
Intentó llamar a Pradito y Eva, pero ellas se habían alejado demasiado. Decidió que tenía que salvarle la vida.
Dante: Ya voy, pajarito.
Poniendo en serio riesgo su vida, estiró su brazo para intentar alcanzarlo.
Dante: Aguanta pequeño, ya casi te tengo.
Por fin lo pudo agarrar. Se sentó y lo puso sobre sus rodillas. El pajarito no dejaba de piar. Parecía estar contento.
Dante: Ha ido por poco. Tienes que tener más cuidado.
Lo volvió a dejar en el nido y el pájaro se acurrucó a la espera de que regresase su mamá.
Dante: Tu mamá estará a punto de llegar, no te preocupes.
Dante miró abajo. No veía a Pradito ni a Eva bajando.
Dante: Estarán por el otro lado del edificio. No hay nadie por la calle. Ay sí, por ahí va una mujer con barba.
Paca Laca: Estos tacones me tienen muertita. Tengo los pies destrozados. Menudo día. He repartido muchos flyers, seguro que vendrá mucha gente. Ay, espero que venga el chulazo es calvito.
Alguien perseguía a Paca entre la sombras. Escuchó unos pasos y se dio la vuelta.
Paca Laca: ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?
Paca Laca: ¿Qué haces con eso? ¡Un momento, por favor!
Paca Laca cayó al suelo debido al golpe. Murió en el acto. El atacante se alejó a toda prisa sin ser visto, o al menos eso creía. Dante lo vio todo desde lo alto del edificio. Había sido testigo de un asesinato.
Continuará...


































