lunes, 13 de abril de 2020

Estado de alarma - Capítulo 04 - Los Pérez 2ª Parte

Estado de alarma

Capítulo 04

Los Pérez 2ª Parte

Chidi se estaba bañando y de paso, relajando un poco. Salir a hacer la compra siempre suponía mucha tensión. Cuidar las distancias con otros clicks, la mascarilla, los guantes, encontrar todo lo que quería comprar...era toda una odisea. 



Escuchó que la puerta se abría y entró Wenda. Se quitó la ropa y le sonrió.

Chidi: ¡Wenda!
Wenda: ¿Hay sitio para mi en la bañera?
Chidi: ¿Y si nos pillan?
Wenda: Es verdad. ¿Prefieres que me marche?
Chidi: Correremos el riesgo.


Se metió en la bañera con Chidi y juntos, disfrutaron de un relajante y apasionante baño.


Mientras, Wen tocaba el piano en su habitación. Era un piano pequeño, de cuando era niño. Estrella estaba tumbada en la cama, escuchando como tocaba. Gallofa estaba sentado en el suelo, pues había moqueta.

Gallofa: Es una suerte saber tocar el piano...

No pudo evitar ponerse a llorar. La canción de Titanic siempre le había emocionado mucho. Estrella no quería que su gran amigo Gallofa se quedase solo durante el confinamiento. Wen accedió para que se quedara con ellos el tiempo que fuese necesario.

Wen: Está desafinado.
Gallofa: Pues suena muy bien.
Estrella: Gallofa, no llores.


Gallofa: No puedo evitarlo. Esa canción me emociona mucho. Ay, y miro esta habitación tan bonita. Está repleta de recuerdos y se nota que fuiste un niño feliz. Yo sin embargo...no tuve infancia, ni familia.
Wen: Ahora nosotros somos tu familia, Gallofa.
Estrella: Claro que sí.
Gallofa: Gracias...


Estrella: Yo tampoco tuve una infancia feliz. Mis hermanos eran unos desalmados. Por suerte hace mucho que no sé nada de ellos.
Gallofa: ¿Seguirán en la cárcel?
Estrella: Seguro que sí.
Wen: Se pasan más tiempo dentro que fuera.


Estrella: Ay, estoy cansada.
Wen: Túmbate y descansa, cariño.
Gallofa: ¿Te traigo algo?
Estrella: No, estoy bien.


Ben llevó a Pam a la biblioteca personal de Ernesto. Se quedó atónita mirando todos los libros.

Pam: ¡Por mis muelas! ¡Cuantos libros!
Ben: Ernesto es un gran lector. No sabía que te emocionase tanto leer.
Pam: Es una de mis grandes pasiones. ¿Puedo echar un vistazo?
Ben: Por supuesto. Ernesto dice que puedes coger un libro, si te apetece.
Pam: Guay...


Se subió a la escalinata y buscó un libro que le interesase. 

Ben: ¿Te interesa alguno?
Pam: ¡Me interesan muchos! Tiene Los Pilares del Playmundo, Crónicas Clickeras, La Dama de la Noche, Circe: Historia de una Reina,...¡Tiene Más allá del viento!


Pam agarró ese libro y bajó de las escalerillas muy emocionada.

Pam: ¡Tenía muchas ganas de leerla!
Ben: No la conozco. ¿Está bien?
Pam: Dicen que sí. 
Ben: ¿De qué trata?
Pam: Va sobre una chica que regresa a su poblado después de ir en busca de una planta para salvar la vida de su hermana. Cuando regresa a su poblado, se encuentra con todo arrasado por las llamas. Intenta averiguar que es lo que está sucediendo y...


Chidi se vistió y fue a terminar asuntos pendientes del trabajo mediante el ordenador. Wenda se estaba terminando de vestir cuando aparecieron Lilu y Lulú.

Lilu: ¡Surprise!
Wenda: ¿Qué ocurre?
Lulú: Ha llegado el momento de cambiarte el look.
Wenda: ¿Ahora?
Lilu: Vamos tita, ha llegado el momento.


Wenda: No quiero el pelo de colorines chillones, por favor.
Lulú: Vale.
Wenda: Ni que me rapéis. 
Lilu: Vaaaale.


Lulú: Déjate llevar.
Wenda: ¡Me dais mucho miedo!
Lilu: ¿Nosotras? Si somos unas santas.

Le empezaron a lavar la cabeza. Wenda se dejó llevar con inseguridad.


Wenda: ¿Y ahora?
Lulú: Prepárate para el cambio. Sister, trae el tinte y el neceser con todo.
Lilu: ¡Voy!
Lulú: Te vamos a dejar divina.
Wenda: Tengo miedo...


Wen, Estrella y Gallofa seguían en la habitación, charlando tranquilamente. Escucharon unos golpes en la ventana. Wen pensó que debía ser un pájaro, pues estaban en una tercera planta. Volvió a escuchar los golpes y miró. Se trataba de Sinéad.

Wen: ¡Sinéad! 

Abrió la ventana para dejarle entrar.

Sinéad: ¡Hola! Espero no interrumpir, pero quería saber que tal estabas.
Wen: Pasa, por favor. ¡Qué alegría!
Sinéad: Vengo con Eros.


Gallofa se puso a gritar, muy asustado.

Gallofa: ¡Ahhhhh!
Wen: Gallofa, es una amiga, no temas.
Gallofa: ¿Eres la vampiresa? He escuchado historias sobre ti, pero pensaba que se las inventaban.
Estrella: Sinéad es muy buena, no tengas miedo.
Eros: ¡Ey, amigos clicks!
Wen: ¡Hola, Eros!


Eros: Con la pandemia que está azotando al playmundo estábamos preocupados por vosotros.
Estrella: ¿A vosotros no os afecta?
Sinéad: No, estas enfermedades no nos afectan.
Gallofa: Menuda suerte.
Sinéad: ¿Estáis bien?
Wen:Sí, por el momento todos estamos bien. Confinados en casa.
Sinéad: Debe ser desesperante. Al menos la tierra lo está agradeciendo. Hay muchísima menos contaminación. El aire es mucho más puro.
Estrella: ¿Dónde habéis estado todos estos meses?


Se sentaron juntos sobre la moqueta para charlar.

Eros: Hemos viajado mucho. Fuimos a ver a unos amigos que tenían problemas y después nos refugiamos en un bosque precioso de Canadá.
Sinéad: Sí, es uno de nuestros lugares preferidos. También estuvimos en Lacnischa durante un tiempo.
Estrella: Me gustaría conocer ese lugar.
Sinéad: Algún día os llevaremos. Aunque hay que ir muy abrigado.


Llegó la noche y Chidi se acostó. Dormía junto a Wenda en su habitación. Había prometido a su madre que la llamaría. Mediante Skype, pudieron verse y hablar un rato.

Olivia: Deberías estar aquí, con tu familia. Estamos muy preocupados por ti, hijo.
Chidi: Estoy bien, madre. No debes preocuparte y por favor, no salgáis de casa bajo ningún concepto. Deja que Martin se ocupe de todo.
Olivia: ¿Tu hermano? Le digo que traiga leche y se presenta con cervezas. A comprar voy yo. 
Chidi: No lo hagas, mamá. ¿No entiendes lo peligroso que es?
Olivia: ¿Quieres que tu madre desayune cerveza con galletas? Tu hermano será un manitas, pero no sabe comprar. El padre Gabriel me llama mucho por teléfono. Es que no hay misa, ¿sabes? Lo nunca visto. El otro día la policía nos obligó a desalojar la iglesia. ¡Ni que fuésemos criminales!
Chidi: Mamá, por favor. Por una vez en tu vida, hazme caso. No quiero que os ocurra nada malo.
Olivia: Está bien, hijo. Nos quedaremos en casa.


Cuando Chidi se despidió de su madre, apareció Wenda. Se quedó con la boca abierta, totalmente sorprendido. Wenda había cambiado de look. Desde hacía ya muchos años acostumbraba a llevarlo recogido en un moño, sin teñir. Semanas atrás cambió el moño por una coleta y ahora, lo tenía suelto. Aunque ese no era el único cambio. Se lo había teñido de negro. Era un negro intenso, precioso. En seguida le vino a la mente todas esas fotos antiguas de Wenda, en las que se la veía luciendo un precioso pelo negro. Había rejuvenecido. El parecido con Sus era más que evidente.


Chidi: Wenda...
Wenda: ¿Te gusta? 
Chidi: Pues...
Wenda: ¿No te gusta?
Chidi: Pues claro que me gusta. Amor mío, estás alucinante.
Wenda: ¿De verdad? ¿No estoy ridícula?


Chidi: ¿Bromeas? Estás preciosa.
Wenda: Dicen mis sobrinas que soy clavada a Sus.
Chidi: La gente pensará que sois hermanas.
Wenda: Me siento bien con el cambio.
Chidi: A mi me gustas de todas las formas posible. Lo importante es que te guste a ti.
Wenda: Sí, creo que me gusta.


Chidi: ¿Vienes a la cama o te vas a hablar con tu hermana? La he visto bastante deprimida.
Wenda: Ya he hablado con ella. Ha tenido un pequeño problema, pero creo que he conseguido animarla.
Chidi: Eso está muy bien.
Wenda: Ahora al que tengo que animar es a ti.
Chidi: ¿A mi? ¿Y cómo pretendes hacerlo?
Wenda: De esta forma.

Se lanzaron a la cama y se besaron. A pesar de todo lo que estaba ocurriendo, Wenda se sentía muy afortunada.


Pam y Ben dormían en la habitación de invitados. Ben odiaba dormir ahí, pues una enorme cuadro de Ernesto (mucho más joven y sin silla de ruedas) parecía observar todo lo que hacía. El cuadro estaba colgado en la pared, sobre la cama. 

Ben: Estoy deseando volver a mi cabaña, con mis animales.
Pam: ¿En serio?

Pam cerró el libro "Más allá del viento" y lo dejó en la mesita.

Ben: Muy en serio. Por algo huí de esta vida. En mi cabaña me siento libre. Además, quiero dormir sin sentirme observado.
Pam: ¿Lo dices por el cuadro? La verdad es que impone. En realidad, Ernesto impone. A pesar de estar en silla de ruedas, me intimida. 
Ben: Pues si te casas con su hija, intimida mucho más, créeme. 


Pam: Yo me podría acostumbrar a una vida así. Mi piso es diminuto y en un lugar horrible. No puedo pegar ojo por los gritos de los vecinos y las peleas. Esto es la gloria.
Ben: En mi cabaña, tampoco hay de eso. Se está muy tranquilo, sin vecinos, si no contamos con los animales del bosque, y sin peleas.
Pam: Sí, tu cabaña es un paraíso. Es maravilloso vivir en plena naturaleza.
Ben: Tengo una idea. ¡Ven a vivir conmigo!
Pam: ¿Hablas en serio? No lo digas por decir, que estas cosas a mi me afectan.
Ben: Lo digo muy en serio.
Pam: Pero...a lo mejor te molesto. Soy gritona y convivir conmigo es una locura. Ni mi madre me soporta.
Ben: Me da igual. Quiero que vivas conmigo.


Pam se tumbó sobre Ben y le besó. 

Ben: ¿Estás llorando?
Pam: No, yo no lloro. Algo se me ha metido en el ojo.
Ben: Ya...entonces, ¿es un sí?
Pam: Un sí como un camión de grande. Te voy a hacer pasar la mejor noche de tu vida, prepárate.
Ben: Pam, un momento...es que...el cuadro de Ernesto nos está mirando...
Pam: Al cuerno el cuadro. Si quiere mirar, que mire. A lo mejor sale corriendo cuando vea las cosas que pienso hacerte.
Ben: ¡Pam! ¡Uoooooh! Vaaaaale...tú ganas.


Continuará 

viernes, 10 de abril de 2020

Estado de alarma - Capítulo 03 - Los Pérez 1ª Parte

Estado de alarma

Capítulo 03 

Los Pérez 1ª Parte

Wenda miraba a través de la valla de la mansión. Observa la calle, casi desierta. Estaba esperando a que Chidi volviese de hacer la compra. Estaban confinados en la mansión junto a toda la familia (exceptuando a Sus, Diamante y los niños). Chidi se había ofrecido a encargarse de la compra. "Así aprovecho para llevar comida a un albergue en el que soy voluntario", había dicho cuando deliberaban sobre quién debía ser el encargado. Chidi es joven y sano, pero eso no quitaba que Wenda se preocupase por él. Se angustiaba mucho cuando salía a hacer la compra. Wenda ofreció su coche para dicha tarea, tenía un buen maletero. El de Wen era muy pequeño y el de Lilu todavía más.

Sabrina llevaba mucho tiempo paseando a Elvis, su perro. Wenda estaba tan preocupada por Chidi que ni se fijó en ella.

Sabrina: ¿Me voy a quedar en casa todo el día metida? ¡Y un jamón! Vamos, Elvis, que todavía nos queda un buen paseito hasta la panadería.


Wenda nunca imaginó que tendría que estar confinada con tanta gente. Estar con su familia no le suponía ningún problema, pero con ellos se habían quedado algunas personas más. Una de ellas era Pam, la novia de Ben. No la quería en la casa, pero Wen había insistido en que su padre tenía que estar con ellos, para más tranquilidad. A Wenda no le pareció mal, pero lo que no imaginaba es que su novia se acoplaría. "Sin Pam, no voy a ningún sitio", advirtió Ben cuando apareció con ella. Llevaban ya casi un mes de convivencia y aunque Pam no había dado muchos problemas, Wenda no la soportaba. Eran incompatibles. 

Pam se asomó por la valla y gritó de malas maneras a Sabrina.

Pam: ¡Ey, petarda! ¡Eres una desconsiderada!
Sabrina: ¿Perdona? (¿Y esta quién es? ¡Está en la casa de los padres de Sus!).
Pam: Llevas mil horas paseando al perro. ¡No estás cumpliendo con el confinamiento! Yo también quiero salir a la calle, no te fastidia. ¡Vuelve a tu casa, irresponsable! ¡Si todos nos comportamos como tú, esto no acabará nunca!


Sabrina: ¡Métete en tus propios asuntos! ¿¡Quién te has creído que eres!? ¡No veo tu placa por ningún lado!
Pam: ¿Placa? ¡Te voy a dar un tortazo que no te hará falta ninguna placa!
Sabrina: Mi marido es policía, chunga. Hago lo que me sale del higo.
Pam: ¿¡Qué!? ¡¡Serás hija de tu madre!!
Sabrina: ¡Vete al cuerno! Vamos, Elvis. Sigamos con nuestro paseo.
Pam: ¡Vuelve aquí si tienes lo que hay que tener!
Ben: Amor, ya es suficiente...


Ben: Intenta tranquilizarte, cariño.
Pam: ¿La has visto? ¡Menuda jeta tiene!
Ben: No vale la pena perder los nervios de esa forma.
Pam: Tienes razón. Lo siento, me han perdido las formas...Estoy algo desquiciada. 
Ben: Entra en casa y tómate una birra de la nevera. Ahora voy.
Pam: Buena idea.


Wenda: ¡Ben! Controla a tu novieta. 
Ben: Lo siento...
Wenda: Esta es una casa respetable. No vamos por ahí dando gritos ni llamando la atención.
Ben: Tienes razón, disculpa. No volverá a ocurrir.
Wenda: Eso espero. No me importa que estés con nosotros en casa, pero lo de tu novia tiene tela. Tiene más cara que espalda.
Ben: Si tanto te molesta nos marchamos y asunto resuelto.


Wenda se dio la vuelta y miró otra vez a la calle.

Wenda: No seas ridículo. No quiero que te marches. Solamente quiero que la controles un poco. Tiene mucho temperamento.
Ben: Lo haré. ¿Todavía no se sabe nada de tu novio?
Wenda: Estoy preocupada. Hace más de dos horas que se marchó.
Ben: Estará bien. Seguro que está entretenido en el albergue.


Susanne, la madre de Wenda, estaba paseando por el jardín. Tenían la suerte de contar con un vallado alrededor de la casa. Disponían de un jardín, fuente, bancos y hasta zona para aparcar los vehículos. Salía todos los días a caminar y de paso, respirar aire puro. Vio a Ben y se detuvo para hablar con él.

Susanne: ¿No ha vuelto Chidi?
Ben: No, todavía no. 
Susanne: Se habrá entretenido en el albergue, el otro día pasó lo mismo.
Ben: Wenda está preocupada.
Susanne: Iré a hablar con ella.


Ben: Está muy enamorada de ese chico.
Susanne: Algo me dice que le preocupan más cosas.
Ben: ¿Usted cree?
Susanne: Estoy segura de ello. 


Susanne: No tardará en regresar, hija.
Wenda: No puedo evitar preocuparme. Con todo lo que está pasando...
Susanne: Sé que no he estado a tu lado durante muchos años, pero eres mi hija y te conozco. Algo más te preocupa, ¿verdad?
Wenda: Sí, no es solamente que Chidi tenga que salir y le pase algo malo. También me preocupa Sus, Diamante y los niños. Duclack y Pradito, Sebastián...Sé que están a salvo en su casa, pero...me gustaría tenerlos a todos aquí.
Susanne: Están bien, no debes preocuparte tanto.
Wenda: Además...me preocupa Duclón. Sé que debe estar lejos, pensando en otra clack o en alta mar, de aventuras en un barco, pero...temo que enferme a causa de esta enfermedad, madre.
Susanne: He podido conocer un poco a ese hombre, durante estos años. Es un click fuerte, seguro que estará bien.


Wenda: ¡Por ahí viene Chidi!

Chidi apareció conduciendo el coche de Wenda. El maletero estaba cargado de bolsas con comida y artículos de primera necesidad.

Susanne: Hay que abrirle la verja. 


Wenda abrió la verja y Chidi pasó con el coche. Llevaba puesta la mascarilla. Saludó a Wenda con la mano y ella hizo lo mismo.


Ann salió de la casa para ayudar con la compra. Wenda corrió para saludar a Chidi, pero este le hizo un gesto con la mano para que se detuviese.

Chidi: No te acerques demasiado, cariño. Antes quiero ducharme.
Wenda: Oh, es verdad. Has tardado mucho.
Chidi: He estado llevando suministros al albergue. En estos momentos necesitan más ayuda que nunca.


Wenda: Llevaré algunas bolsas adentro. 
Chidi: No, deja que lo haga yo.
Ann: Yo me encargo, no se preocupe, señora.
Wenda: Me siento inútil.
Chidi: Es por tu bien.


Leandra: ¿Ayudo en algo?

Leandra (la hermana de Wenda), estaba en una de las terrazas mirando el móvil. Saludó a Chidi con la mano.

Chidi: No es necesario.
Wenda: Hermana, ¿quieres dejar ya el maldito teléfono?
Leandra: Que sí, ya lo dejo.


Leandra llevaba semanas entrando en una aplicación para ligar. Ver a su hermana con Chidi despertó en ella una envidia descontrolada. Quería sentirse deseada, a ser posible por un joven. Entró solamente por probar, pero terminó hablando con un click muy guapo y joven del que se terminó enganchando. Hablaba con él todo el tiempo que le era posible. Decía estar enamorado de ella y quería quedar, pero Leandra no había aceptado. Amaba a su marido y en el fondo, sabía que todo aquello era un error.

Clicksexy: Me gustaría poder estar ahí contigo. Darte todo mi amor y mi cariño.
Leandra: No me digas esas cosas que me sofoco. Me gustaría, pero no puedo...y no es sólo por el confinamiento. Ya sabes que estoy casada.
Clicksexy: Estás casada, pero sigues hablando conmigo. Cuando pase esto, quedaremos.
Leandra: Eso ya lo veremos, casanova.
Clicksexy: Eres mi mamita sexy.
Leandra: ¿Mamita sexy?


Loro: ¡Mamita sexy! ¡MAMITA SEXY!
Leandra: ¡Eh! Shhhh, ¡calla!
Loro: ¡MAMITA SEXY!


Clicksexy: ¿Quién es ese?
Leandra: Un loro. No me llames así, no me gusta.
Clicksexy: Perdona, bella mía. ¿Te podría pedir un favor? Me cuesta mucho pedirte esto, pero eres la mujer a la que amo y la única que me podría ayudar.
Leandra: Claro, pide por esa boquita.
Clicksexy: No tengo dinero para pagar el alquiler de este mes...si no pago, me tendré que ir a la calle. ¿Podrías prestarme 1.000 euros?
Leandra: Maldita sea, soy idiota. 
Clicksexy: Ya te los devolvería poco a poco.
Leandra: ¿Tú que te has pensado? ¿Que soy Coficlick?

Borró su perfil y desinstaló la aplicación en el acto. 

Leandra: Esto me pasa por hacer el tonto.

Intentó reprimir las lágrimas, pero no pudo. Ese chico solamente quería sacarle dinero.


En la cocina, Ann desinfectaba toda la comida. Era un proceso lento y laborioso, por lo que le llevaría bastante tiempo. 

Chidi: ¿Te ayudo?
Ann: No se preocupe, ya puedo yo sola.


Chidi: Esto es una pesadilla.
Ann: No sé hasta cuando estaremos así...
Chidi: Todavía nos queda un largo camino por delante. En la televisión, los políticos hablan de un mes más para las medidas más drásticas. Aunque si te soy sincero, no creo en los políticos. La única que me despierta algo de confianza es Natalia Morey.
Ann: Se tiran los trastos los unos a los otros. Robador insultando a Natalia, Belmonte criticando a SAM...¡Deberían hacer algo y dejar de criticar!
Chidi: Yo por eso soy apolítico. 


Sharon (la madre de Willy), estaba preparando una paella. Le gustaba mucho cocinar y el confinamiento había revivido sus dotes culinarias. Wenda se acercó para oler el delicioso aroma que desprendía la paella.

Wenda: ¡Esto tiene una pinta deliciosa!
Sharon: Gracias, cuñada. Es de marisco, aunque yo le añado alcachofas y pimiento rojo.
Wenda: Mi hermano siempre hablaba de lo bien que cocinabas. 
Sharon: Al menos él no ha tenido que vivir esto...pero daría mi vida por volverlo a ver.
Wenda: Y yo. Le echo de menos...


Chidi fue a toda velocidad al cuarto de baño.

Wenda: ¡Chidi!
Chidi: ¡Me voy a duchar! Quiero quitarme la ropa cuanto antes y meterla en la lavadora. ¡Ahora nos vemos!


Wenda se asomó al jardín. Al menos hacía un día estupendo y se podía estar fuera.


Al salir, encontró a Willy sentado en las escaleras de acceso al jardín. Estaba frente a un portátil, hablando con su mejor amigo, Renzo.

Willy: Es que no me puedo olvidar de ese momento, tío. Nos tocamos las manos y ella...
Wenda: Hola, Willy.
Willy: ¡Tita!
Wenda: Huy, ¿ese es Renzo?
Willy: Sí.
Renzo: ¡Hola!
Wenda: Hola, guapo. ¿Cómo estás? ¿Y tu papá?
Renzo: Estamos bien, aquí en casa sin poder salir.
Wenda: Dale recuerdos a tu padre de mi parte.
Renzo: Se los daré.


Willy: Perdona, no sabía que estaba ahí.
Renzo: ¿Habrá escuchado lo que decías de Emma? Justo me estabas contando que estabais tonteando.
Willy: No creo que me haya escuchado. Pues como te decía, si no llega a ser por su abuela, a lo mejor me habría lanzado...no sé.
Renzo: Cuando esto pase, te tienes que lanzar. Yo creo que le molas. Por cierto, ¿has visto las tareas que nos ha mandado Don Pimpón?
Willy: Sí, ya las he terminado.
Renzo: ¿En serio? ¡Yo ni he empezado! Me da una pereza...


Wenda vio a Chorizo paseando por el jardín. Lilu se lo solía llevar a casa para que lo cuidara, pues muchas veces le era imposible hacerse cargo. 

Wenda: ¡Choricito!


Chorizo se acercó a ella y se dejó querer. Wenda lo acariciaba con suavidad.

Wenda: Estás cada día más hermoso, Chorizo. 


Chiluca y su hermana Cayetana paseaban tranquilamente bajo el sol. Apenas notaban el confinamiento. Lo único que de verdad había cambiado para ellas es que estaban juntas. Lilu y Lulú no podían verse todo lo que quisieran, así que ellas tampoco se veían demasiado.


Lilu: Osvaldo se está portando muy bien conmigo.
Lulú: He visto la foto que colgó en Instaclick, que está sin camiseta.
Lilu: Ay, en esa foto está impresionante. 
Lulú: ¿Todavía sigue con esa tal Cristina?
Lilu: Sí...
Lulú: Es una suertuda. Por cierto, he visto que Hilary está pasando el confinamiento en el palacio de Alexia.
Lilu: Ya, lo he visto. Esa es más basta que un potaje de tornillos. Pobre Alexia, aguantar a esa petarda...Si esa es más de campo que una boina. No pinta nada en ese palacio.


Lulú: Pues nos hacemos un selfie y los subimos a Insta. Que vea que estamos mega guapas y se muera de la envidia.
Lilu: ¡Sehhh! ¿Viste la foto que subió a su insta? Se cree guapa y es más hortera que un polo de chorizo.
Lulú: Es más simple que el plano de un botijo.
Lilu: Sonríe.
Lulú: ¡Me encanta! Salimos divinas.


Wenda: Hola, niñas. ¿Todo bien?
Lulú: Sí, tomando el sol un ratito.
Lilu: Entonces, ¿te hacemos el cambio de look?
Wenda: Mejor que lo dejemos para más adelante, niñas.
Lilu: Vamos, tita, anímate. Te dejaremos megaimpresionante.
Lulú: Tienes que confiar en nosotras, tita Wenda.
Wenda: No sé, vosotras tenéis mucho peligro...


En otra de las terrazas, el abuelo Ernesto jugaba al póquer. Se pasaba horas jugando junto a Eddy (ex de Sus y amigo de la familia), Ricardo (el padre de Lilu y Lulú) e Ismelda (su cuidadora y confidente). Se sentaban a la mesa redonda que presidía la terraza. Era grande, con mucho espacio para jugar y colocar bebidas y comida.

Eddy: Siempre gana usted, Don Ernesto.
Ernesto: Hasta que deje de hacerlo.
Eddy: Tiene mucha suerte.
Ernesto: A quién lucha y suda, la suerte le ayuda, buen amigo.


Eddy: Pues espero que me ayude. Me gustaría tomarme otra cervecita. ¿Dónde está la criada?
Ismelda: Se llama Ann, no criada.
Eddy: Ah, pues la criada Ann.
Ricardo: ¿Estás impedido? Puedes ir tu mismo a buscar la cervecita.
Eddy: Hombre, para algo está la criada. ¿No?
Ismelda: Y para algo tiene usted piernas, ¿no?
Ernesto: Escalera de color.


Eddy: ¡Maldita sea! Pareja de dos.


Ricardo: Doble pareja.


Ismelda: Pareja de ases. Felicidades, Ernesto. Has ganado otra vez.
Ernesto: Gracias, Ismelda. Eddy, ya que vas a la cocina a por una cerveza, ¿me podrías traer una copa de vino?
Eddy: Por supuesto...
Ricardo: A mi una botella de agua con gas.
Ismelda: Y para mi un batido de cacao, por favor.
Ricardo: Con limón, si puede ser.
Eddy: Vaya, al final soy yo la chacha. 


Continuará...