domingo, 17 de febrero de 2019

Mi vida ahora - Capítulo 03: Mi hermana, amigas y una mancha de té

Capítulo 03: Mi hermana, amigas y una mancha de té

Silvia salió a toda prisa de la cafetería. Había aparcado el coche lejos de aquella zona e iba con el tiempo justo. En ese momento, Casandra subía las escaleras que daban acceso a la terraza de la cafetería. No se conocían, pero Silvia la saludó amablemente.

Silvia: ¡Buenos días!
Casandra: Buenos días.


Silvia: Esta es la mejor cafetería del Playmundo. ¡Dígaselo a sus amigas!
Casandra: Oh, eso haré.
Silvia: ¡Adiosiño!

Casandra se quedó algo descolocada. Pensó que se trataba de una clienta muy satisfecha y se alegró por su hermana y Agnes. Eso significaba que el negocio había arrancado muy bien.


Artemisa: ¡Agnes!
Agnes: ¿Qué pasa, Artemisiña?
Artemisa: ¡Alguien viene! ¡Nuestro primer cliente!
Agnes: ¡Por fin!


Cuando Casandra entró en la cafetería, las dos gritaron emocionadas.

Casandra: ¡Buenos días! 
Artemisa: ¡Hermana!
Agnes: ¡Casandra!
Casandra: Esa soy yo. Me acaban de decir que esta es la mejor cafetería del Playmundo. Por lo que veo no soy vuestra primera clienta.
Agnes: ¡Oh, esa era Silvia!
Artemisa: La dueña y nuestra jefa, además de amiga.
Casandra: ¡Con razón!


Casandra: Me gusta muchísimo el estilo y la decoración de la cafetería. Es realmente cuca y elegante. ¡Huele a gloria bendita!
Agnes: ¡Nos alegra que te guste!
Artemisa: Toma asiento, hermana. Serás nuestra primera clienta.
Casandra: ¡Fabuloso!


Casandra tomó asiento en uno de los bancos azules, en la mesa más alejada de la puerta. Dejó su enorme bolso azul, repleto de muchos enseres personales, sobre una de las sillas.

Casandra: Son muy cómodos estos bancos.
Artemisa: ¿Verdad?
Agnes: Dime, ¿que te gustaría desayunar?
Casandra: Pues me gustaría tomar un café con leche de soja y azúcar moreno.
Artemisa: ¿Y algo de comer?
Casandra: Sí, una rosquilla de chocolate. De esas grandes que he visto en la barra.
Agnes: ¡Marchando!


Una vez servida, Casandra le dio un sorbo al café con leche. Cerró los ojos de puro placer.

Casandra: ¡Está delicioso! Le noto un pequeño sabor de fondo a canela.
Artemisa: Agnes sabe que adoras la canela y le ha querido dar este toque.
Casandra: ¡Mmmm! La rosquilla está riquísima. 
Artemisa: Me alegra que te guste. ¿Has quedado con Gabriel?
Casandra: Sí, para comer.
Artemisa: Veo que la cosa va bien.
Casandra: Me gusta mucho, pero no quiero precipitarme. De momento estoy encantada, es un click maravilloso.


La puerta de la cafetería se abrió y entraron tres nuevas clientas. Agnes saltó de alegría al ver a sus queridas amigas. Hacía mucho que no las veía. Desde la tragedia del crucero, se habían visto solamente una vez. Asunción y Piedad no iban solas, pues su prima Brígida las acompañaba. Desde la muerte de su hermana Justina, era ella la que suplía su puesto. Era rubia, pero el contraste con el moreno de sus primas quedaba bien sobre el escenario. Las tres vestían con el traje de sus actuaciones, por lo que estaban muy elegantes.

Agnes: ¡Asunción, Piedad!
Asunción: ¡Agnes, preciosa mía!


Se abrazaron emocionadas y Agnes no pudo evitar soltar algunas lágrimas. Recordó lo sucedido en el crucero y la terrible muerte de Justina. Agnes las invitó a sentarse y les tomó nota. Pidieron tres tés y unas palmeras integrales para no engordar.

Brígida: Asu, no me engañaste en absoluto. Agnes es una rapaza preciosa.
Agnes: Oh, vosotras sí que sois preciosas.
Asunción: Te lo dije, Bri. Además, canta como los ángeles. 
Piedad: Nuestra madre está deseando que vengas a vernos al pueblo. Está como loca por conoceros. A ti y a Artemisa.


Agnes: Yo también tengo muchas ganas de conocerla.
Asunción: Actuamos en una local gay de la zona. Tienes que venir a vernos, Agnes.
Piedad: Hacemos un homenaje a nuestra Justi.
Agnes: No me lo perdería por nada del mundo.


Agnes dejó a las Playgirls desayunando tranquilas y se fue a la barra junto a Artemisa. Sacaron algunos dulces del horno y prepararon algunas bandejas. Cuando Casandra y las chicas se marcharon, entró otro cliente. Se trataba de un chico negro, con pelo a lo afro, con muchos collares largos y pulseras de oro y vestido con un chándal rosa.


Tomó asiento en la misma mesa que Casandra había elegido para desayunar. Agnes ya la había limpiado, por lo que fue directamente a tomarle nota. Estaba triste, eso lo percibió al instante. Parecía estar preocupado y tenía la mirada perdida. Se acercó y le habló con amabilidad.

Agnes: Buenos días. ¿Qué desea tomar?
Chris: ¿Tenéis algo para la tristeza? Mi vida es un asco. 
Agnes: Huy, siento que su vida sea así.
Chris: Mi novia y yo tenemos que escondernos como si estuviésemos cometiendo un delito...maldita bruja.
Agnes: Vaya, es normal que se sienta así. Pues creo que tengo algo que le puede venir muy bien. Se trata de nuestra infusión de lavanda, naranja y un toque de chocolate. 
Chris: Vale, esa misma. 
Agnes: Le recomiendo nuestros buñuelos rellenos de chocolate. Los preparamos especialmente para los carnavales.
Chris: Vale, los probaré.


Agnes: Espero que después de desayunar, se encuentre mucho mejor y con una perspectiva de su vida mucho más positiva. Ahora mismo se lo traigo todo.
Chris: Gracias.


Una mujer muy bien vestida entró en el local. Llevaba un vestido azul ajustado, muy elegante. Un sombrero del mismo color con dos rosas rojas y un bolso de mano blanco. Era una mujer de mediana edad, con el pelo totalmente blanco y muy maquillada. Artemisa estaba limpiando la mesa en la que habían estado las Playgirls y cuando terminó, la mujer se sentó.

Agnes: ¿Será esa la crítica que dijo Silvia?


Artemisa: Buenos días.
Mujer: Buenos días. Desearía tomar un té.
Artemisa: Por supuesto. Le traigo la carta.
Mujer:No es necesario. Me gustaría tomar un té verde, si es posible.
Artemisa: Por supuesto. ¿Desea algo para acompañar?
Mujer: Sí, algo dulce pero que no lleve chocolate. Aborrezco el chocolate.
Artemisa: ¿Le apetece una porción de tarta de queso?
Mujer: Sí, me gusta mucho el queso.


Artemisa fue hasta la barra. Agnes estaba colocando las tazas limpias en la estantería.

Artemisa: Agnes, será mejor que te ocupes tú de esa clienta.
Agnes: E logo?
Artemisa: Esa debe ser la crítica que nos dijo Silvia. No quiero meter la pata, Agnes...
Agnes: Artemisiña, lo harás muy bien. Debes confiar más en ti misma. 
Artemisa: No sé...
Agnes: Lo harás bien, no te preocupes.


Agnes le llevó a Chris su pedido. Seguía triste, mirando al infinito.

Agnes: Aquí tiene su desayuno.
Chris: Puedes tutearme. Me llamo,Chris.
Agnes: Yo me llamo Agnes. Un placer, Chris.


Chris probó uno de los buñuelos y miró a Agnes sorprendido.

Chris: ¡Esto es la caña! Está flipante, Agnes.
Agnes: Me alegra que te guste.
Chris: ¡Mmmm, y la infusión! Tiene un sabor diferente.
Agnes: Y lo mejor es que te vendrá bien.


Chris: Buah, está que te cagas de bueno.
Agnes: Oh, espero que no lo digas de forma literal. Disfruta del desayuno.
Chris: Gracias, guapa.


Artemisa le llevaba en una bandeja el té a la mujer elegante. Estaba nerviosa y le temblaban las manos. Perdió el equilibrio y cayó para adelante.


El té verde se derramó sobre el vestido de la mujer. Esta gritó sorprendida. Estaba caliente, por lo que le quemaba. Artemisa se dio un pequeño golpe en el brazo, pero nada importante.


Se reincorporó rápidamente y fue a ayudar a la mujer. Sacó un trapo e intentó secarle el vestido. La mujer miraba sorprendida la escena.

Artemisa: Lo siento, lo siento mucho. ¿Se ha quemado? Por la Diosa, espero que no...
Mujer: No, el traje es grueso y no ha calado tanto, pero he sentido el calor...
Artemisa: Le pagaré la tintorería.
Agnes: ¿Se encuentra bien?
Mujer: Sí, aunque mi vestido no puede decir lo mismo.
Artemisa: Lo siento...
Mujer: Usted se ha dado un golpe en el brazo. ¿Se ha hecho daño?
Artemisa: No, no ha sido nada...
Agnes: Artemisiña, ¿estás bien?
Artemisa: Voy a por otro trapo...


Artemisa se apoyó al lado de la barra y se puso a llorar. Agnes la abrazó por la espalda.

Artemisa: Te dije que tenías que ir tú...soy un desastre.
Agnes: Artemisiña, solamente has perdido el equilibrio. Ha sido un accidente, nada más.
Artemisa:Se podría haber quemado...
Agnes: Pero no ha sido así. No te martirices, cariño.


Artemisa no se sintió con fuerzas para atender a la mujer, por lo que Agnes se encargó de ella. Le trajo su té verde y la porción de tarta de queso. La mujer sonrió y Agnes le correspondió.

Agnes: Sentimos lo ocurrido. Para intentar compensarle, le invitamos al desayuno.
Mujer: No se preocupen, ha sido un accidente y afortunadamente no me he quemado. 
Agnes: Ya, pero su vestido...
Mujer: Es un vestido, nada más. Lo que de verdad me preocupa es su compañera, parece muy afectada.
Agnes: Sí...le sabe muy mal lo ocurrido.
Mujer: Eso dice mucho de ella. Que no se preocupe, estoy bien y pienso desayunar tranquilamente, Esto tiene muy buena pinta.
Agnes: Es usted muy amable. Ahora mismo se lo digo.


Chris se levantó y fue a pagar. Artemisa le esperaba en la caja registradora. 

Chris: Pienso venir más veces. He flipado con lo bueno que está todo.
Artemisa: Muchas gracias.
Chris:¿Cuanto es?
Artemisa: La infusión y la bebida...1, 99 cleuros.
Chris. ¿Nada más?
Artemisa: Oferta de inauguración.
Chris: Flipante.


Chris pagó y se acercó a Agnes. 

Chris: Esa infusión es milagrosa, me siento mucho mejor. ¡Y los buñuelos están de muerte!
Agnes: Me alegro que estés mejor y que todo haya sido de tu gusto, Chris.
Chris: Volveré y traeré a mi churri. Este sitio le encantará.
Agnes: Aquí os esperaremos.


La mujer elegante terminó su desayuno. La mancha de té en su vestido se había secado y prácticamente no se notaba. Artemisa la esperaba en la caja, nerviosa por lo que pudiese decirle.

Mujer: ¿Cuanto es?
Artemisa: Nada, invita la casa.
Mujer: De eso nada. Chica, ha sido un accidente. ¡Nadie ha muerto por tu tropiezo! Toma, os dejo una pequeña propina. El té verde estaba delicioso y la tarta de queso exquisita.
Artemisa: Muchas gracias, señora.
Mujer: Puedes llamarme Isabel. Mañana volveré a la misma hora. Creo que aquí desayunaré todos los días.


La mujer se fue y se quedaron solas.

Agnes: Artemisa, ¿que te ha dicho?


Artemisa: Espero que su critica en el periódico sea igual de positiva que todo lo que me ha dicho. Está encantada y dice que vendrá todos los días a desayunar. ¡Y nos ha dado 10 cleuros de propina!
Agnes: ¡Es mucha propina! A pesar de todo, las cosas han salido bien. ¿Estás más animada?
Artemisa: Sí, estoy mucho mejor.
Agnes: Ahora que no hay nadie, desayunaremos nosotras.


Continuará...

martes, 12 de febrero de 2019

Mi vida ahora - Capítulo 02: Contratadas

Capítulo 02: Contratadas 

Agnes y Artemisa esperaban la llegada de Silvia, amiga de Agnes y propietaria de "Wensus Cafe Tea Room". Silvia había decidido apostar por la gran profesionalidad de la pareja y las había contratado para llevar la nueva cafetería. Hasta ese momento las tenía contratadas en otra cafetería, puesto que tenía dos, pero había decidido que estarían mejor en esta. Agnes había demostrado ser una gran profesional. Artemisa se reincorporó tiempo después, y aunque todavía estaba algo verde, trabajaba muy bien. 

El edificio lo compró a muy buen precio, pues era muy antiguo y necesitaba restauración. Silvia lo reformó respetando su arquitectura y resaltando las partes más bonitas del edificio. Fachada azul, ventanas y marcos en salmón y con una gran terraza para los clientes. Era elegante y llevaba tiempo creando expectación entre los viandantes.

Agnes: Mira, por ahí viene Silvia.
Silvia: ¡Chicas!
Artemisa: ¡Hola!

Silvia era una mujer elegante, siempre cuidando hasta el último detalle de su imagen. Le gustaba cuidarse y parecer más joven. A sus cuarenta y cinco años, aparentaba muchos menos. Vestía de blanco, su color favorito y caminaba casi corriendo, visiblemente emocionada.



Silvia: ¡Por fin llegó el día!
Artemisa: Yo estoy muy nerviosa.
Silvia: Al carallo los nervios. Saldrá todo perfecto, estoy convencida.
Agnes: Llevamos más de dos horas preparando todo. Está todo listo para abrir.
Silvia: Vamos dentro, chicas.


Artemisa: Estoy deseando que lleguen los primeros clientes y romper el hielo.
Agnes: Sí, la espera se hace eterna.
Silvia: ¡Mirad que fachada tan bonita! 


Una vez dentro, Silvia examinó la cafetería con detalle. Quería que la inauguración fuese perfecta.

Agnes: ¿Te gusta?
Silvia: ¡Está perfecto!

La exposición de dulces y tartas era espectacular. Gran variedad de tés, cafés y chocolates. Las mesas y sillas blancas y los bancos azules le daban al interior un aspecto muy acogedor. 


Silvia entró en la barra, hablando sin parar.

Silvia: ¡Sois unas artistazas! Sabía que podía confiar en vosotras.
Artemisa: Es Agnes quién se ha encargado prácticamente de todo. Yo me he limitado a seguir sus órdenes.
Agnes: No te quites mérito, Artemisiña. 


Silvia: Recordad la oferta de inauguración. 1,99 cleuros por la bebida y cualquier dulce de nuestra selección. Agnes, confío en ti para que valores a cada cliente y sepas que té y pasta necesita. Quiero que nos distingamos de nuestros competidores por el trato personalizado. 
Agnes: Silvia, ¿es que no te vas a quedar con nosotras?
Silvia: Imposible, me tengo que encargar de abrir la cafetería del centro. Lo haréis bien, no me necesitáis para nada. 



Silvia: La máquina registradora es vieja, pero funciona perfectamente. Tened cuidado con los billetes falsos de 20 cleuros, hay muchos rondando por ahí. 
Artemisa: Vale.
Silvia: Otra cosa. Quizás aparezca una crítica que trabaja en el diario de Wensuland. Es una mujer muy exigente, que escribe columnas muy destructivas sobre cafeterías y restaurantes de la ciudad. 
Agnes: ¿Y cómo la reconoceremos?
Silvia: No lo sé, pero estad atentas por si aparece alguien con aspecto sospechoso.


Filomena y su hija Leticia se dirigían en coche a la vivienda de Sus y Diamante. Conducía Leticia y su madre era la copiloto. El coche, verde y ya muy antiguo era de la madre, pero Filomena tenía pensado regalare el coche a su hija por su cumpleaños. Estaba impoluto, sin ningún rasguño.

Filomena: Es aquella casa de allí, hija. Aparca cuando puedas.
Leticia: Sí, madre.
Filomena: Parece un buen barrio. Mira que casas tan grandes.
Leticia: Debe ser gente de dinero. ¡Mira que cafetería, madre! 
Filomena: Y esa mansión rosa. Da gusto ver edificaciones así. En el pueblo no tenemos estas cosas. 


Leticia:¿Aparco ahí?
Filomena: Sí, frente a esa mansión. 

Grrrckkk

Filomena: ¡Cuidado con las marchas! ¿Sabes lo que cuesta arreglar la palanca de marchas?
Leticia: Perdón.
Filomena: Aparca ya. No me gusta llegar tarde.


Leticia aparcó frente a la casa de Duclack. Hacía un día estupendo a pesar del frío. Había mucha gente por la calle, caminando de un lado para otro.


Leticia: ¿Tienen dos hijos? 
Filomena: Sí, y uno que viene en camino. Necesitamos el trabajo, Leticia. Tenemos que causar buena impresión. Intenta ser amable y no hables mucho, deja que sea yo la que lleve el grueso de la conversación.
Leticia: Lo que usted diga, madre. 


Filomena era una mujer delgada, que vestía siempre de negro. Tenía el pelo canoso, siempre recogido con un moño y pocas arrugas en el rostro. Leticia prefería vestir con colores alegres. El rosa era su color preferido. De pelo rubio y largo, ojos azules y una sonrisa agradable.

Rita: ¡Filo!


Rita las saludaba desde la entrada de la casa de Duclack. Llegaba de acompañar a Pradito a hacer unas compras en la papelería.

Filomena: ¡Rita! 


Se saludaron con un beso y un abrazo. Entre las dos existía una gran amistad.

Rita: ¿Vais a la entrevista de trabajo?
Filomena: Así es. Por lo que veo, trabajas justo al lado.
Rita: Sí, Duclack y Sus son grandes amigas y viven muy cerca la una de la otra. Yo creo que os caerá bien, es buena clack.
Leticia: Estoy un poco nerviosa.
Rita: No lo estés, ya verás como todo irá bien.


Filomena: Dime, ¿son niños problemáticos?
Rita: No, aunque Dante es un poco trasto. Suselle es más aplicada.

Leticia se alejaba con sigilo de su madre y Rita. Oculto tas una farola, había visto a su novio. Su madre se había opuesto a la relación y no lo quería ver ni en pintura, pero ellos se veían a escondidas. Filomena consideraba a Chris una mala influencia para su hija. Había estado en prisión dos veces y sabía que trapicheaba con mala gente. Para empeorar más la situación,  lo había sorprendido en casa, en la habitación de su hija tal y como su madre lo trajo al mundo. Aquel día se armó una bien gorda. Aunque Leticia era mayor de edad, si quería llevarse bien con su madre y no tener problemas, era mejor que llevasen la relación en secreto.


Leticia: ¡Chris! ¿Qué haces aquí?
Chris: He venido a desearte suerte. Me dijiste que estabas muy nerviosa.
Leticia: ¡Eres un cielo! Por algo te quiero tanto. Aunque no tendrías que haber venido,¡mi madre te podría ver!
Chris: Tenía que arriesgarme. Mucha suerte, mi terrón de azúcar.
Leticia: Te amo, chocolate mío.


Filomena: ¡Leticia! ¿Se puede saber que narices haces hablando con una farola?
Leticia: Perdone, madre. Estaba ensayando frases para la entrevista.
Rita: Eso no hace falta, ya verás que son clicks con los que te sentirás muy bien.
Filomena: Venga, que al final llegamos tarde.


Leticia y su madre caminaron hasta la entrada de la casa. Filomena estaba muy tranquila, pero Leticia temblaba de los nervios.

Filomena: Tendrías que haberte tomado una tila.
Leticia: Es que luego me dan ganas de ir al lavabo.
Filomena: Pues vas y punto. Eres un manojo de nervios, hija.


Mientras, Sus y Diamante esperaban su llegada. Sus abrazaba a Pandy, que se estiraba y se dejaba querer. Diamante los miraba divertido.

Diamante: Ey Pandy, que es mi esposa, no la tuya.
Pandy: #### (¡Yo la vi primero!)


Diamante se acercó a la ventana y observó el exterior.

Diamante: Creo que ya están aquí.
Sus: ¿¡Ya!? Son puntuales. Ay, estoy nerviosa...
Diamante: Una de ellas se parece a la señorita rottenmeier.
Sus: Ops...


¡Ding dong!

Sus: ¡Qué nervios!
Diamante: Abre tú, Sus. 
Sus: Vale. ¡Vooy!


Sus abrió la puerta y se sorprendió al ver a Filomena. Le impactó que vistiese toda de negro. Era un vestido bonito, pero quizás algo anticuado. Llevaba un periódico en la mano.

Filomena: Hola, soy Filomena Montes de Oca y ella es mi hija Leticia. Venimos por la entrevista de trabajo.
Sus: Sí, es aquí. Yo soy Sus y él es mi marido, Diamante. Por favor, pasen.


Filomena: Muy amables.
Leticia: ¡Hola, soy Leticia! Mis amigos me llaman Leti.

Filomena fulminó a su hija con la mirada. Al ver su reacción, reculó. Su madre le había dicho que no fuese tan efusiva y se dejase de tantas confianzas.

Sus: ¡Hola, Leti! Es un placer. Yo soy Sus y él es mi marido, Diamante.
Diamante: Ey, que pasa. 


Filomena: Tome, he recogido el periódico. Estaba en la puerta.
Diamante: Oh, gracias.
Leticia: Tienen una casa preciosa.
Sus: Gracias.
Filomena: ¡Oh! ¿Tienen un oso como mascota? ¿Muerde?
Diamante: Es inofensivo.
Pandy: ##### (Pues quizás empiece a morder a partir de ahora)


Leticia: ¡¡Un panda!! ¡¡Adoro los pandas!! ¿Puedo tocarlo?
Sus: Claro, a Pandy le encanta que le acaricien.
Leticia: Hola, guapo. ¡Eres muy suave!
Pandy: ##### (Seeeeh, soy la caña)

Filomena se acercó a su hija y le habló susurrando.

Filomena: Leticia, ¡recuerda lo que te he dicho! Nada de confianzas.
Leticia: Vale...


Diamante: Pasen y tomen asiento junto a la estufa.
Filomena: Gracias. Hace buen día pero sigue haciendo frío.
Sus: En el sofá podremos hablar tranquilamente.


Las tres clacks se sentaron y Diamante se quedó de pie.

Diamante: ¿Quieren tomar algo? ¿Ron? ¿Una cerveza? ¿Vino?
Leticia: Oh, una copa de vi...

Su madre la volvió a fulminar con la mirada.

Filomena: Agua para las dos, muchas gracias.
Diamante: Ahora mismo la traigo.


Sus: Me alegra mucho de conocerlas. Rita me ha hablado muy bien de vosotras.
Filomena: Hemos trabajado juntas y conoce nuestra profesionalidad. Al igual que ella, nos gusta hacer bien nuestro trabajo.
Leticia: Yo adoro a los niños. ¿Tienen dos?
Sus: Suselle y Dante. Estoy muy orgullosa de los dos, pero que va a decir una madre, ¿verdad? También estoy embarazada del que será nuestro tercer hijo.
Filomena: Enhorabuena. 


Diamante trajo el agua y comenzó la entrevista. 

Filomena: Fui profesora durante años hasta que lo dejé para dedicarme a esto, por lo que llevo casi toda la vida en este sector. Trabajé en la casa de los señores Summer durante muchos años. Tras fallecer la señora, vendieron la propiedad y los hijos prescindieron de nuestros servicios. Después trabajé junto a Leticia en una casa de un matrimonio y sus hijos. Dos años estupendos, hasta que se separaron.Vendieron la vivienda y la señora se marchó al extranjero. Nuestras referencias son buenas, lo puede comprobar en nuestro currículo. 
Sus: Ya veo.
Leticia: Yo me encargo de todas las labores del hogar, incluso de cocinar. También distraigo a los niños. Les ayudo a bañarse, juego con ellos y les cuento cuentos para dormir.
Filomena: Yo superviso el trabajo a realizar. Organizo las comidas creando menús diarios saludables para toda la familia. También me encargo de supervisar los deberes, dar clases de repaso a los niños y ayudarles en todo cuanto sea posible. Todos los niños que he supervisado, han superado con grandes notas su etapa escolar.
Sus: ¡Woow! Eso es fantástico. Dante necesita ayuda y nosotros no tenemos los conocimientos necesarios para hacerlo.


Suselle y Dante llegaron en ese momento del colegio. Habían pasado por la cafetería para saludar a Agnes y Artemisa. Su intención era ir a merendar cuando les fuese posible. 

Suselle: ¡Mami, ya está abierta la cafetería de Agnes! Huy, ¿esas quienes son?
Dante: Esa parece una bruja...
Sus: Venid, niños.


Sus: Os presento a Filomena y su hija, Leticia. Si a ellas les parece bien, me ayudarán en casa con las tareas y además, os ayudarán con los estudios.
Leticia:¡Hola, es un placer conoceros!
Dante: ¡Yo soy Dante! Un placer conocerte, Leticia.
Leticia: Puedes llamarme Leti. Mis amigos me llaman Leti.


Leticia se levantó y saludó a Suselle. Ella la miraba con recelo.

Leticia: Hola, Suselle. Espero que podamos ser buenas amigas.
Suselle: Bueno...


Leticia: Dante, ¿sabías que eres muy guapo?
Dante: Gracias...tú también eres muy guapa.

Dante estaba totalmente embobado con Leticia. Su pelo rubio rozó su cara y su perfume le cautivó.

Dante: Hue-hueles bien...
Leticia: ¿Te gusta? Me lo ha regalado mi no...amigo.


Filomena: Niños, será un placer ayudaros con los estudios y a mejorar vuestra alimentación. Conmigo, no sabréis lo que es un suspenso. Con disciplina y determinación, no hay nada que se resista.
Dante: Buah...


Sus les enseñó la casa. Empezó por la cocina. 

Filomena: Una buena cocina. Es amplia y con buena iluminación. Me gusta la decoración y los muebles.
Leticia: Aquí se debe cocinar de miedo. Me gusta la combinación azul y blanco.
Dante: El azul es mi color preferido.
Suselle: Gracias por informarnos, Dante...
Dante: Se lo decía a ella, no a ti.


Sus: Este es el cuarto de baño.
Filomena: También muy amplio.
Leticia: Si me quedo aquí a trabajar, haremos una guerra de espuma.
Dante: ¡Mola!
Suselle: Yo paso, luego me pican los ojos...


Sus: Esta es la sala del piano que usamos como sala de estar, aunque es el refugio de Diamante. Aquí es dónde se pone a ver el fútbol y juega a la videoconsola. Ese es el piano de Suselle. Va a clases de piano los martes y los jueves.
Filomena: ¡Oh, eso es fantástico! Estaré encantada de disfrutar con sus avances en el piano, jovencita. 
Dante: Yo voy a fútbol. Juego muy bien. Mi equipo se llama los Trogloditas verdes. 
Leticia: ¡Mola! A mi me gusta el fútbol, ya me enseñarás.
Dante: ¡Vale!


Sus: Este es mi dormitorio.
Leticia: ¡Es muy elegante!
Filomena: Tienen una casa preciosa.


Sus: La habitación de Suselle. Hace poco que cambiemos los muebles. Se encaprichó con la cama castillo.
Leticia: ¡Es una pasada! El rosa es mi color favorito.
Suselle: Ah...
Leticia: Menuda casa de muñecas tienes, y cuantos libros y juguetes.
Dante: Mi habitación es mejor, ya lo verás.


Leticia se sentó en una de las camas.

Leticia: ¿Tienes dos camas?
Suselle: Ahí duerme mi mejor amiga, Pradito.
Leticia: ¡Qué bien! Oye, pues os podría contar cuentos. Ni te imaginas la cantidad de cuentos mágicos que sé. 


Suselle: No hace falta, me los cuenta mi madre.

Suselle se alejó siguiendo los pasos de su madre y Filomena. Leticia miró a Dante sorprendida.

Leticia: Vaya, parece que no le caigo muy bien...
Dante: Es tonta, no le hagas caso.
Leticia: Dante, no hables así de ella...es tu hermana.
Dante: Es mi hermana, pero es tonta de remate. 


Sus: Y este es el cuarto de Dante. Muy a su estilo. También con su cama castillo. 
Filomena: Son habitaciones muy alegres. Veo que esta alcoba tiene un balcón.
Sus: Sí, las vistas son estupendas.
Leticia: Dante, tu habitación es la caña. ¡Me flipa!
Dante: Ya, es megaguapa. Te tengo que enseñar todos mis juguetes. ¡Ah! He superado a Karim en las puntuaciones en el juego Fortclicke.
Leticia: Eres la caña.

Dante se puso colorado.


Salieron al balcón y pudieron disfrutar de las vistas.

Sus: Podemos ver el bosque por allá y la ciudad por aquí.
Leticia: ¡Allí vivo yo!
Filomena: Unas vistas espectaculares, aunque no soy amante de las alturas y padezco de acrofobia. 


Sus: Entonces, ¿les gustaría trabajar para nosotros? 
Filomena: Si no tienen inconveniente, estaríamos encantadas.
Sus: ¡Viva! ¡Es fabuloso!

Sus abrazó a Filomena emocionada. 

Filomena: Mañana mismo podríamos empezar.
Sus: Estupendo. De verdad que estoy desesperada.
Leticia: ¡Voy a trabajar aquí!
Dante: ¡Yupiii!
Suselle: ... 


Filomena y Leticia se marcharon felices. Ya tenían trabajo y les había caído bien la familia.

Leticia: Lo hemos conseguido, madre.
Filomena: Te has pasado con las confianzas, hija. Por un momento he pensado que no nos contratarían. Tienes que aprender a controlarte.
Leticia: Lo intentaré...


Llegaron al coche y Filomena le pidió las llaves a su hija.

Filomena: Para la vuelta conduciré yo. 
Leticia: Madre, déjeme conducir...por favor.
Filomena: Mañana. Ahora quiero pasarme por la tienda y comprar algunas cosas.  ¡No me lo puedo creer!
Leticia: ¿El qué?
Filomena: ¡El delincuente ese! ¡Te está rondando!


Filomena vio a Chris escondido tras el coche. 

Chris: Yo...solamente pasaba por aquí...
Filomena: ¿Me toma por tonta? ¡Aléjese de mi hija!
Leticia: Madre, por favor...


Filomena agarró a Chris de uno de sus enormes y largos collares de oro.

Chris: Señora, por favor...
Filomena: ¡¡Llamaré a la policía!!
Leticia: Madre, es un buen chico, por favor...
Filomena:¡Es un delincuente y un degenerado!


Leticia: Chris, será mejor que te marches...

Chris se zafó de ella y salió corriendo.

Filomena: ¡Vete y no vuelvas!


Se giró y miró a su hija muy seriamente.

Filomena: ¿Lo estás viendo otra vez?
Leticia: No, ya no estamos juntos...
Filomena: ¿Crees que me chupo el dedo?
Leticia: ¿Y si lo veo? ¡Soy mayor de edad!
Filomena: Lo eres, pero yo soy tu madre y quiero lo mejor para ti.
Leticia: Chris es bueno, madre.
Filomena: No quiero que te hagan daño, hija. Eres libre de hacer lo que quieras, pero no puedo quedarme de brazos cruzados mientras tiras tu vida por la borda. 
Leticia: Madre, Chris ya está rehabilitado. 
Filomena: No eres capaz de ver la realidad, Leticia. Dejemos el tema, por favor. Ya hablaremos de esto en otro momento. 


Mientras Sus y Diamante hablaban con los niños. 

Sus: ¿Y bien?
Diamante: Son majas, ¿no?
Dante: Filomena parece una bruja...
Sus: ¡Dante!
Dante: Pero Leti es la caña.
Suselle: ¡Pues a mi no me gusta!
Sus: ¿No? Pero si es muy simpática.
Suselle: ¡Yo no necesito que nadie me cuide! ¡Ya os tengo a vosotros!
Diamante: Suselle, mamá necesita ayuda, no puede con todo...
Suselle: ¡Yo no quiero estar con esa! ¡Quiero estar con vosotros! A mi los cuentos me los contáis vosotros, no esa...
Sus: Pero...


Suselle: ¡Me vais a abandonar con unas desconocidas! ¡Os odio!
Sus: Sus...
Diamante: Déjala, ya se le pasará...
Dante: Bah, es una dramática. 
Sus: No pensaba que se pondría así...


Continuará...