viernes, 9 de septiembre de 2022

Historias del barrio - Capítulo 11: La gran inauguración

Llegó el día de la gran inauguración. Muchos clientes deseosos de entrar en el local formaban cola impacientes. Lupita era la encargada de cobrar las entradas. Vestía como un hada, con sus alas y su pelo dorado con coletas. Caitlyn contrató también a un vigilante. Debido a los últimos acontecimientos, decidió que era mejor invertir en seguridad. 


Lupita: Usted tiene invitación, puede pasar.

Brenda: Gracias.


Un hombre que se tambaleaba, seguramente debido al consumo de sustancias prohibidas, quiso entrar al local. El guardia de seguridad se lo impidió. Era un hombre fuerte, de gimnasio. Alto e imponente. Su rostro era el de un hombre duro. Su peinado en punta ayudaba a que su aspecto fuese más intimidante. 

Jordi: ¡Alto ahí! No puede pasar.
Chungo: ¡Quiero pasar! ¡Yo puedo ir a dónde quiera!
Jordi: Aquí no. Será mejor que se marche, caballero.
Chungo: ¡Déjame entrar, musculitos!


Jordi: He dicho que se marche, caballero.
Chungo: ¡Pues me voy!
Jordi: ¡Debería ir a dormir la mona!
Chungo: ¡Será posible el musculitos! ¡Vete al cuerno!


Zac y Jaguar servían las copas con gran simpatía y profesionalidad. Las clientas y los clientes estaban muy satisfechos. Además, eran tan guapos que todo el mundo quería ir a la barra a pedir copas. 

Zac: ¡Marchando dos bebidas! 


Duque había decidido ir a la inauguración. Le había comentado Diamante que pensaba ir con Sus y que seguramente les acompañaría Lilu. A Duque le hacía ilusión coincidir con ella, aunque solamente fuese para cruzar sus miradas. 


Valeria le pidió a Ximena ir al flamenco rosa. Estaba convencida que salir un rato la distraería. Estaba demasiado obsesionada con la desaparición de el señor Agripino. 

Valeria: Venga, tómate el agua con gas. Te sentará bien. Luego podemos ir a bailar.
Ximena: No me apetece...
Valeria: Tienes que animarte, cariño. 


Rose y John habían acudido a la inauguración para investigar. Se habían vestido de calle para pasar desapercibidos. Estaban seguros de que el asesino de Paca, haría acto de presencia. Si no fuese así, esperaban encontrar pistas que los llevase a encontrar al asesino.

John: Tenemos que estar atentos a cualquier sospechoso.
Rose: El problema es que todos me parecen sospechosos.


Había mucha gente bailando y disfrutando de la noche. Artemisa bailaba con su hermana Cassandra. Las dos necesitaban despejar sus mentes y pasar un rato divertido.

Cassandra: ¡Mueve el esqueleto, hermanita! Esta noche, vamos a quemar la ciudad.
Artemisa: ¡Esta canción me encanta!


Lúa y Agnes también disfrutaban de la noche. Estaban bailando juntas, en la pista de baile.

Agnes: ¿No ponen ninguna muñeira?
Lúa: No creo, Agnes. Ponen música moderna.
Agnes: Pues alguna canción gallegiña podrían poner. 


Nino estaba sentado a la mesa que había junto a la cabina del DJ. Estaba algo triste. Desde que lo dejara con su novio, todos los días le parecían igual. Se dio cuenta que no lo echaba de menos, que no lo amaba, pero que estar tanto tiempo solo le deprimía. Sentía que había fracasado en el amor.


Mientras tanto, Caitlyn se terminaba de arreglar para su espectáculo. Estaba nerviosa, pero muy contenta por poder hacer realidad su sueño y el de Paca. Anabel estaba junto a ella, ayudándole para estar perfecta.

Anabel: ¡Está siendo todo un éxito! Hay mucha gente y ni te imaginas la cola en la calle.
Caitlyn: Temía que no viniese nadie. Estoy muy emocionada.
Anabel: No es para menos. 


Caitlyn: Creo que me voy a poner este vestido plateado. Le gustaba mucho a Paca.
Anabel: Es precioso. Seguro que estará saltando de alegría en el cielo.
Caitlyn: Espero que esté orgullosa de todo lo que hemos conseguido.


Bryan: ¿Se puede?
Caitlyn: ¡Bryan! Estás guapísimo.
Anabel: ¡La elegancia personificada!
Bryan: Muchas gracias.


Bryan se acercó hasta Caitlyn y la besó.

Bryan: Estás preciosa.
Caitlyn: Todavía no me he puesto el vestido.
Bryan: Pues así ya me parece que estás espectacular.


Ben: ¿Anabel?
Anabel: ¡Amor! ¿No te has puesto guapo para la ocasión?
Ben: No me gusta vestirme de etiqueta.
Anabel: ¡Pero es una ocasión especial, Ben!


Ben: Quizás ha sido un error venir. Mejor te espero en mi casa.
Anabel: ¡Espera un momento! No te enfades. Para mi estás guapo de todas las maneras. 
Ben: No quiero incomodarte, Anabel.
Anabel: Tonterías. A mi no me incomodas. Ve a tomarte algo a la barra, luego me paso a verte.
Ben: Está bien.


Josué no estaba dispuesto a perderse la gran inauguración del flamenco rosa. Para que su madre no sospechase, cenó con ella, leyeron la biblia juntos y se acostó a una hora prudencial. Esperó a que su madre se fuese a dormir y se levantó sin hacer ruido. Se arregló y salió por la ventana de su cuarto. Tenía la necesidad de acudir a la fiesta, de averiguar lo que allí ocurriría. Necesitaba liberarse.

Lupita: Ya puedes pasar, guapo.
Josué: ¡Gracias!
Lupita: Recuerda que tienes una consumición gratis con tu entrada.
Lupita: ¡Siguiente!
Lilu: ¡Nosotras!


Josué estaba muy nervioso. Había desobedecido por primera vez a su madre. A sus veinte años, jamás se había atrevido a hacer algo que la disgustara. Su intención era regresar sin que ella se percatase de nada. Aunque desconocía que su madre sospechaba que algo estaba tramando. Isidora conocía muy bien a su hijo. 


Lo siguió ocultándose entre los coches y los árboles de la ciudad. No entendía que su hijo saliese a la calle de esa forma, saltando por la ventana y a esas horas. Cuando lo vio entrar en el flamenco rosa, casi se cae de espaldas.

Isidora: Hijo mío, estás entrando en la casa del pecado. No puedo creerlo. Mi hijo ahí dentro, eso no puedo consentirlo. 


La fiesta seguía su curso. Todo el mundo bailaba, bebía y reía. Alexia había acudido a la inauguración junto a Mary y Hilary. Después de hablar largo y tendido sobre las últimas novedades sobre sus vidas, fueron a la pista de baile. No pretendían bailar, pero les apetecía escuchar música y ver lo que allí se cocía. Alexia abrió los ojos como platos cuando vio a John.

Alexia: ¿Has visto a ese? ¡Está buenísimo!
Mary: Creo que es John, el marido de Sabrina.
Alexia: Vaya, está pillado.
Mary: No, está solo. Sabrina se marchó y lo dejó para siempre. Hace ya unos años que no se sabe nada de ella.
Alexia: No entiendo que deje a un hombre así. ¡Está impresionante!
Mary: ¿Tú no tenías un medio novio?
Alexia: Tenía. No deja de mirarme.


John miraba a Alexia sin cesar. Desde el momento que la vio, no podía quitarle la vista de encima. Sabía que estaba trabajando, pero sentía mucha atracción por ella. Tenía un pinganillo en la oreja con el que se comunicaba con Rose. Se habían separado para vigilar más estancias del local.

Rose: John, ¿todo bien? ¿John?
John: Sí, todo bien. 
Rose: ¿Estás bien?
John: Sí, estoy bien. He visto a una clack espectacular.
Rose: ¡John! Estamos trabajando, concéntrate. 


John: Lo siento, estaré más pendiente.
Rose: Te llevaré de fiesta cuando terminemos esta misión, pero ahora tenemos que estar atentos. El asesino puede aparecer en cualquier momento.
John: ¡Oh, vaya!
Rose: ¿Ocurre algo?
John: Esa clack que te digo, viene hacia aquí.
Rose: Deshazte de ella.


John: No quiero ser maleducado, Rose.
Alexia: ¿Disculpa?
John: Perdona, estaba cantando.
Alexia: Quizás te parezca un atrevimiento por mi parte, pero he sentido la necesidad de venir a saludarte. Me llamo Alexia.
John: Hola, Alexia. Yo soy John. ¿Y cómo es que tienes esa necesidad?
Rose: John, no le sigas el juego.
Alexia: Cuando algo me gusta, me lanzo. Soy así, muy directa. 
Rose: De eso ya nos hemos percatado...
John: Me alegra que seas directa. Yo también deseaba saludarte.
Alexia: Me he dado cuenta por tu forma de mirarme.
Rose: ¡John, deshazte de esa pesada!


Josué se pidió un agua con gas y subió a la sala de baile. Allí la música sonaba a todo volumen y la gente bailaba sin parar. Bebió un sorbo de su bebida y miró a un hombre solitario sentado en una de las mesas de la sala. Le pareció bellísimo. Su pelo castaño, su mirada penetrante, sus músculos apretados en su camiseta blanca y sus sensuales labios. Calculó que tendría unos treinta años o alguno más.  Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando el hombre lo miró.


Isidora había tenido que pagar la entrada. De nada le sirvieron sus protestas. Argumentó que pretendía entrar a por su hijo y salir inmediatamente, pero Lupita y sobre todo el portero, le habían dejado las cosas claras. Se dio por vencida y pagó para poder entrar. Le repugnaba entrar en un lugar así, pero debía rescatar a su hijo de las garras del demonio.

Isidora: ¿Dónde se habrá metido? Lo pienso castigar de por vida. A este lo pienso encauzar de nuevo por el buen camino.


Pam estaba bebiendo su consumición en una mesa junto a la barra. Estaba sola. Llevaba tiempo triste y desanimada. Aunque había quedado allí con Sus para pasarlo bien, no estaba de ánimos. Decidió que lo mejor era sentarse y beber. No quería amargarle la noche a nadie. 

Ben: ¡Pam!

A Pam le cambió el semblante cuando vio a Ben caminar hacia ella. No podía imaginar que Ben iría a un lugar tan moderno.

Pam: ¿Ben?


Ben: ¿Puedo sentarme?
Pam: Pues claro, menuda pregunta. ¿Qué demonios haces aquí?
Ben: No lo sé.
Pam: Yo tampoco.

Los dos se echaron a reír a carcajadas. Eso dio paso a una conversación que cambió la deriva de la noche. Ahora realmente se lo estaban pasando bien.


Lulú: ¡Sisteeeer!
Lilu: ¿Qué pasa, nena? No grites así que no estoy sorda, cari.
Lulú: Si te digo a quién he visto, te caes muerta en la bañera.
Lilu: ¿A Bradley Cooper?
Lulú: No.
Lilu: ¿Chris Hemsworth?
Lulú: No, mucho mejor.
Lilu: ¿Mejor?


Lulú: ¡A Duque!
Lilu: ¡Duque!
Duque: Hola, chicas. Lilu, estás preciosa.
Lilu: Gracias. No sabía que te gustaba salir de fiesta.
Duque: Quizás hay muchas cosas sobre mi que todavía no sabes.
Lulú: Os dejo, me voy a pedir otra copa a la barra.


Lilu: Pensaba que lo sabía todo sobre ti.
Duque: Pues ya ves que no.
Lilu: Vaya, pues siento curiosidad por esas cosas que no sé sobre ti.
Duque: ¿Quieres saber otra?
Lilu: Vale...si quieres.
Duque: Todavía te sigo amando. Nunca he conseguido olvidarte, Lilu.
Lilu: Duque...


Josué y Nino no podían dejar de hablar. Habían conectado desde el primer momento. Se gustaban y las chispas saltaban entre ellos. Hacía años que Nino no sentía un flechazo directo al corazón. Josué estudiaba cada una de las partes del cuerpo de Nino. Sentía fascinación y mucha atracción.

Nino: ¿Y has venido solo?
Josué: Sí, y tampoco me puedo quedar mucho rato.
Nino: ¡Pero si la noche acaba de empezar! No puedes irte, lo mejor está por venir.
Josué: Me gustaría, pero...
Nino: Dicen que las actuaciones de este lugar son lo más.
Josué: Vale, me quedaré un poco más.
Nino: ¿Sabes que eres muy guapo?
Josué: ¿Sí? Tú también lo eres. 


Bryan ayudaba a Caitlyn con el vestido. Le subía la cremallera del vestido, situada en la espalda, mientras le besaba en el cuello.

Bryan: Eres preciosa. Te deseo.
Caitlyn: Bryan, ahora no es el momento.
Bryan: Lo sé...


Isidora seguía buscando a su hijo. Había tanta gente que era como buscar una aguja en el pajar. Estaba agobiada. La música y la gente saltando y gritando por todas partes le ponía de los nervios. 

Isidora: ¡¿Dónde estará este desvergonzado?! 


Lucía: Bryan.

La que fue novia de Bryan, estaba en el despacho de Caitlyn.


Bryan y Caitlyn se sobresaltaron al verla. Vestía con el uniforme blanco del trabajo. Tenía los ojos llorosos.

Bryan: ¿Lucía? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado?
Lucía: Yo también me alegro de verte. He pagado mi entrada y una tal Anabel me ha dicho que estabas aquí. Hola, Cailtyn.
Caitlyn: Hola...
Bryan: ¿A qué has venido?
Lucía: Quiero arreglar las cosas entre nosotros. No rompas lo que tenemos, Bryan.


Bryan se acercó a ella y le tocó en el hombro.

Bryan: Sabes que lo nuestro no estaba funcionando. No podemos seguir manteniendo esta mentira. Siento que estés así, pero lo superarás.
Lucía: No quiero renunciar a ti. Sé que todavía me amas.
Bryan: No sigas, Lucía. Será mejor que te marches.


Lucía: ¿Piensas dejarme ahora que estoy embarazada?
Bryan: ¿Embarazada?
Lucía: Así es. Vamos a tener un niño. No puedes dejarme ahora.
Bryan: Yo...


Bryan miró Caitlyn, que observaba atenta lo que estaba ocurriendo. Sus lágrimas caían por sus mejillas llevándose consigo el maquillaje.

Caitlyn: Será mejor que te marches con ella.
Bryan: Caitlyn, vamos a hablar.
Caitlyn: Tienes un hijo con ella, el que yo jamás te podré dar. Será mejor que te marches, Bryan.
Lucía: Amor, ven conmigo. No puedes mirar para otro lado. Somos tu familia.


Caitlyn: Hazle caso.
Bryan: Caitlyn, por favor.
Cailtyn: ¡Vete!


Continuará...













 

sábado, 3 de septiembre de 2022

Historias del barrio - Capítulo 10: El interrogatorio

Caitlyn estaba organizando las cosas para la inauguración cuando Chelo la interrumpió. La vio alterada, pero no sabía si estaba preocupada o emocionada.

Chelo: Está aquí la policía.

Caitlyn: ¿Quieren hablar conmigo?

Chelo: Con todos. Dicen que si les podemos atender, que nos quieren hacer unas preguntas.

Caitlyn: Lo que sea para ayudar en la búsqueda del asesino de Paca. 

 

Rose y John decidieron interrogarlos por separado. De esa forma podrían averiguar si sus declaraciones coincidían y no estaban confabulados los unos con los otros. La primera en ser interrogada fue Caitlyn. Llevó a los agentes a las mesas del bar musical y se sentó frente a ellos.

Rose: ¿De qué conocía a Paca?

Caitlyn: Era mi amiga. Nos conocimos en un bolo. Las dos actuábamos en un garito de mala muerte. No pagaban mucho, pero nos lo pasábamos bien. Desde el primer día nos hicimos amigas.

John: ¿Tenía usted algún conflicto con ella? ¿Quizás problemas con el negocio? 

Caitlyn: Ninguno. Ambas estábamos interesadas en que este negocio funcionase. Jamás me peleé con ella en serio. Era enamoradiza y a veces se lanzaba pensando que era correspondida. Yo siempre intentaba que no se declarase tan rápido, que esperase, pero era muy impulsiva.

Rose: ¿Cree que alguno de esos hombres es el responsable de su muerte? ¿Tenía enemigos?

Caitlyn: No lo creo. Todos esos hombres desaparecieron hace tiempo. Paca no caía bien a todo el mundo, eso es una realidad. Por su forma de vestir, por su personalidad, por ser diferente. Me preguntan si tenía enemigos, es posible, pero ella quizás ni fuese consciente de ello.

Llegó el turno de Chelo. Cuando empezaron las preguntas, John y Rose prácticamente la descartaron como sospechosa. Chelo parecía enterarse de todo y aunque al principio le prestaron mucha atención, empezaron a cansarse ante tal avalancha de palabras.

Chelo: La vecina de la esquina, la señora Anastasia, la miraba mal. Veía como cotilleaba mirando por la ventana y cómo se llevaba las manos a la boca cuando Paca pasaba por su puerta. El señor Román también la criticaba todo el tiempo. Es el dueño de la librería. No estaba de acuerdo con la apertura de este local. El churrero tiene mucho genio y el otro día se puso a criticarla. Yo la defendí y lo dejé con un palmo de narices. Ah, también la señora Isidora, esa mujer es muy mala, una...

Rose: Creo que ya tenemos suficiente información, Muchas gracias.



John: Capitán Bryan, del crucero Panama. ¿Qué le trae hasta aquí? Está muy lejos de su tripulación.
Bryan: Caitlyn. Ella trabajó en mi barco durante unos años. He venido a hacerle una visita junto a mi hijo.
John: ¿Tan bien se llevan? Pasa mucho tiempo con ella, según algunas fuentes.
Bryan:  La amo, pero hasta hace poco tiempo no quería verlo. Ella también me ama, así que esa es la razón por la que nos llevamos tan bien.
Rose: ¿No estaba usted saliendo con otra clack?
Bryan: No veo la relación con la muerte de Paca.
Rose: ¿Paca se le insinuó alguna vez? Nos cuentan que era enamoradiza. Se lanzó como siempre hace y usted la rechazó. Quizás lo importunó y quiso deshacerse de ella.
Bryan: ¡Eso es ridículo! Es cierto que Paca me piropeaba mucho, pero sabía muy bien que yo y Caitlyn nos amamos. 
Rose: ¿Dónde estaba el día que asesinaron a Paca?
Bryan: Con mi hijo. Estábamos en el hotel, durmiendo.
John: Lo comprobaremos. 


Chumina: ¡Ha debido ser uno de los vecinos! Paca salía mucho a pasear por la zona y a promocionar el local. Nos odian por ser diferentes. Nos consideran monstruos, aberraciones. No me lo invento, muchos de ellos me lo han dicho a la cara. 
Rose: ¿Tiene algún nombre en concreto?
Chumina: No, pero estoy segura de que ha sido alguno de ellos. Paca también despertaba envidias, por guapa y por su personalidad arrolladora. 
John: ¿Es cierto que estaba usted disgustada por la conducta de Paca? No ensayaba con usted lo suficiente y se estaba cansando de su pasotismo.
Chumina: Era muy loca cuando quería. Yo soy más disciplinada con mis espectáculos y ella se deja llevar a lo que salga.
John: ¿Era Paca una molestia para usted? ¿Prefería actuar sola?
Chumina: En absoluto. Aunque me volvía loca, Paca era mi mejor amiga. Actuar con ella, aunque era un caos, me hacía inmensamente feliz. Dejen de buscar culpables dónde no los hay. El asesino está ahí fuera.


Anabel: No la conocía mucho. Llevo aquí poco tiempo. Me parecía una chica estupenda. Era divertida y siempre estaba bromeando. Me gustaba estar con ella. Le encantaba mi forma de vestir y decía que tengo mucho estilo.
John: Según cuenta Caitlyn, a usted la considera su mejor amiga.
Anabel: Sí, desde hace muchos años.
Rose: Aunque para ella Paca era especial y también dice que era su mejor amiga. ¿Sentía celos de su amistad?
Anabel: Claro que no. Caitlyn puede tener más amigas, faltaría más. Además, no siempre puedo estar junto a ella y me gusta que tenga más personas con las que relacionarse. 
Rose: ¿Dónde estaba la noche en la que asesinaron a Paca?
Anabel: Estaba en el flamenco rosa, junto a Caitlyn y los demás. Escuché gritos y salí a ver lo que ocurría, y encontré a Paca en el suelo. Caitlyn y Chumina intentaban reanimarla sin éxito. 


Al día siguiente...

En el banco siempre se formaban colas. Para ser atendido había que pedir cita previa por la página, la aplicación o por teléfono. La página estaba colapsada, la aplicación te daba hora para varias semanas y el teléfono nunca lo cogían. Muchos se presentaban, se sentaban y esperaban pacientemente (o no), su turno. Olivia Porter se había cansado de intentarlo por teléfono. Tras esperar una hora, su número apareció en pantalla. Ella no se percató, alguien la avisó de que le tocaba. Se acercó a la ventanilla decidida a cantarle las cuarenta, pero cuando vio la cara de mala ostia del hombre, se cortó.

Olivia: Que se me ha terminado la cartilla.
Banquero: Para la renovación de la cartilla tendría que pedir cita con su gestor.
Olivia: No hay forma de contactar con mi gestor.
Banquero: Señora, ahí tiene las indicaciones. Mediante la página oficial de Internet, por la aplicación o por teléfono.
Olivia: No tengo Internet, no tengo móvil moderno y no me cogen el teléfono aunque llame mil veces al día. Una vez me lo cogieron, y era un robot.


Banquero: Se lo haré, pero de todas formas, hoy no se hacen estas cosas. Para renovar la cartilla tiene que venir usted un jueves.
Olivia:  Pues menuda tontería. Antes me la hacían en un momento.
Banquero: Ahora las cosas funcionan de otra manera. Tome, la cartilla renovada. La próxima vez, pida cita.
Olivia: Al cuerno.


En la sala de espera estaba sentada Agnes. Miraba su teléfono móvil intentando que la espera fuese más amena. Leía una novela y contestaba mensajes de whatsaclick. La señora Hermenegilda estaba sentada a su lado. Se había llevado a su nieto, que más que un niño parecía un huracán .Agnes intentaba concentrarse en la novela, pero Hermenegilda parloteaba sin parar.

Hermenegilda: Y claro, trabajando los dos, me tengo que quedar al niño. Mi hijo llega tarde a casa y su mujer se va del trabajo a bailes del zumbao. Será por eso que la veo tan zumbada últimamente. Yo no entiendo de bailes modernos, pero bailar como un zumbao no me parece ni medio normal. Encima yo me quedo con mi nieto, que no es que me importe, pero es su madre y en vez de zumbar por ahí lo que debería hacer es cuidar a su hijo, que no lo he parido yo. 
Agnes: Claro...


Hermenegilda: ¡Estate quieto, Pedrito! Es que encima el niño es hiperreactivo, no para. Eso dicho por los médicos. Les he dicho que le pidan una paga, pero nada, que dicen que por eso no dan nada.
Agnes: ¿Se refiere a hiperactivo? 
Hermenegilda: Eso he dicho.
Pedrito: ¡Quiero dinero pa comprar gominolas!
Hermenegilda: Gominolas no que se te caen los dientes.
Pedrito: ¡Mejor, así viene el ratoncito Pérez! ¡Quiero dineroooooo!
Agnes: Puffff.
Hermenegilda: ¡Calla de una vez, Pedrito! Espera que la abuela termine las gestiones en el banco.


Pedrito: ¡Abu, quiero dineros pa comprar gominolas y cromos! ¡Quiero cromos!
Hermenegilda: ¡Siéntate, leches! Este niño no para. Como no te portes bien, ni gominolas ni cromos ni leches que valgan. 
Pedrito: ¡Quiero los cromos de la selección! ¡Me falta Clickstiano Ronaldo y Clickonel Messi!
Hermenegilda: Si te mantienes en silencio durante un buen rato, te los compro. 
Pedrito: ¡Vale! 
Agnes: Ser máis lista que un allo.
Hermenegilda: ¿Se parece a un gallo? Ahora que lo dices lo parece. Mi nieto muy agraciado no es. Cuando sea mayor, creo que no se comerá una rosca. 
Agnes: No, quería decir que es usted muy lista. La estrategia de que guarde silencio está muy bien.
Hermenegilda: Ah, pues no te creas. Este crío no sabe estar callado.


Isidora esperaba su turno sentada tras Agnes y junto a Gallofa. Estaba muy malhumorada. Le desesperaba la espera y los gritos insoportables de Pedrito. Tenía ganas de decirle cuatro cosas bien dichas a Hermenegilda y su nieto.

Isidora: Menudo niño más maleducado. Si yo fuese su abuela, le daría dos buenos azotes para que aprendiese a respetar.
Gallofa: Señora, es solamente un niño.
Isidora: ¿Y? Yo solamente soy una mujer. No tengo que aguantar gritos y comportamientos incívicos de los hijos de los demás. Debería amaestrar a esa pequeña bestia gritona. 
Gallofa: Es un poco pesado, pero...
Isidora: Pues si no le molesta, se lo lleva usted a su casa para disfrutar de sus gritos y protestas insoportables.
Banquero: ¡Número BCW234RGJL!


Gallofa: ¡Me toca! ¡Voy!
Isidora: Vaya, atienden antes a este zarrapastroso que a mi, que estaba antes. El mundo se va al infierno.
Banquero: ¡Número BCW234RGJL!
Gallofa: ¡Voy!


Caitlyn y Anabel entraron en el banco. Al ver a tanta gente esperando se desmoralizaron. Necesitaba actualizar las cuentas del negocio. Sacó el número de la máquina que había en la entrada.

Anabel: ¿Qué número tienes?
Caitlyn: El CST456DLD.
Anabel: Ah, ¿y eso que es lo que significa?
Caitlyn: Ni idea. Tocará esperar a que aparezca en pantalla. Vaya, la señora esa tan desagradable está allí.
Anabel: ¿Aquella de allá?


Caitlyn: Sí. Me ha dejado claro que me odia, a mi y a todos los que somos diferentes.
Anabel: Tiene cara de amargada.
Caitlyn: Su cara es el reflejo de su alma.
Anabel: No sé cómo habéis podido abrir el local en un lugar con vecinos así. Esa mujer me da mucha grima. 
Caitlyn: No podemos permitir que personas así nos quiten la libertad.


Anabel: ¿Crees que algún vecino ha sido capaz de matar a Paca?
Caitlyn: No lo sé. El odio que nos procesan es muy intenso, pero no sé si hasta el punto de matar. Esa mujer si pudiese matar con la mirada, ya estaríamos muertas.


Gallofa: Vengo a cobrar un cheque.
Banquero: ¿Está a su nombre?
Gallofa: Sí.
Banquero: Deme su documento nacional de identidad. 


Gallofa: Tome.
Banquero: Todo correcto. Por esta vez se lo he hecho, pero recuerde que el día de cobrar los cheques son los martes de once a doce.


Chino Juan: Hola. Venil a inglesal dinelo.
Banquero: Puede hacer el ingreso por el cajero. ¡Siguiente!
Chino Juan: Sel mucho dinelo.


Banquero: Caballero, para eso están los cajeros. Si desea ingresar desde la caja, deberá pedir cita previa.
Chino Juan: ¿No es posible inglesal ahola?
Banquero: Le he dicho que no, caballero. Será mejor que se aparte para que siga trabajando.


Chino Juan llevaba consigo un maletín metálico. Lo abrió delante del banquero y le enseñó el contenido. La cantidad de billetes que ese maletín contenía era asombroso.

Chino Juan: ¿Cómo metel todo esto pol cajelo?
Banquero: ¡Disculpe, caballero! Me había expresado mal. Hoy se pueden hacer ingresos en caja, para eso estamos. Deme el maletín, por favor. 


Chino Juan: Me dijelon que me dan legalos pol inglesal dinelo en cuenta.
Banquero: Así es. Un televisor de última generación y un robot de cocina.


Llegó el turno de Agnes, que aliviada por librarse de la señora Hermenegilda se levantó corriendo. 

Agnes: Me ha llegado un aviso sobre un impago. Yo lo tengo todo al día y no sé que es lo que podría ser.
Banquero: Puede mirarlo a través de la aplicación. 
Agnes: ¿No me lo puede mirar usted?
Banquero: Pues deme su DNI. A ver...


Agnes: Gracias.

El banquero consultaba el ordenador con muy mala cara. Tras un rato sin saber lo que ocurría, Agnes le preguntó.

Agnes: ¿E logo? ¿Sale algo en su ordenador?
Banquero: Paciencia, señorita. Ya, ahora me sale. Se trataba del pago de un alquiler. Ya está solventado. Su casero tenía problemas con hacienda, pero por lo que veo aquí, está ya solucionado.
Agnes: Menos mal. Yo siempre pago al alquiler sin falta, no entendía el problema. 


Llegó el turno de la señora Hermenegilda. Le pidió a su nieto que se esperase sentado mientras la atendían, pero no le hizo caso. Se levantó y se puso a saltar por las sillas. Cuando llegó justo al lado de Isidora, le sacó burla. Isidora lo ignoraba, pero el niño no dejaba de sacarle la lengua y de gritarle tonterías.

Hermenegilda: ¡Pedrito, estate quieto!
Pedrito: ¡Buuuuuh! Señora, tiene cara de caracola.
Isidora: ...
Pedrito: Parece una bruja, señora. ¿Dónde tiene la escoba voladora?
Isidora: ...


Pedrito: ¡Buuuuh! Bruja piruja, ¿a que no me pillas? 
Isidora: Te voy a dar un azote en todo el culo que no te vas a poder sentar en toda tu vida. ¡Largo!

Pedrito se asustó y salió corriendo junto a su abuela. Isidora sonrió satisfecha. 


Caitlyn y Anabel seguían esperando su turno. Isidora las miraba de reojo, analizando su forma de vestir y comportarse. Sentía un profundo desprecio por ellas. 

Isidora: Espero que venga a pedir la cuenta en el banco y se marche a otra parte. Aquí no queremos gente así. Tenemos hijos por los que preocuparnos. 


Hermenegilda: Pero señor banquero, no lo entiendo. De toda la vida he sacado dinero por la ventanilla.
Banquero: Ahora están los cajeros, señora.
Hermenegilda: ¡Yo no sé utilizar esos aparatos!
Banquero: Pues aprenda o llame algún hijo para que se lo haga.
Hermenegilda: ¿Usted no me podría ayudar?
Banquero: No puedo abandonar mi puesto de trabajo, señora.
Hermenegilda: Necesito sacar dineros para ir a la compra.


Banquero: Yo no puedo hacer nada, señora. Pídale a alguno de sus hijos que le saque el dinero o aprenda. Nunca es tarde para aprender.
Hermenegilda: ¡Pero yo quiero mi dinero! ¡Es mi dinero el que tienen ustedes guardado! ¡Exijo que me lo den ahora mismo o llamo a la policía! El hijo de mi amiga Fernanda es policía.
Banquero: Llame a quién quiera.


Caitlyn: Disculpe, señora. Si quiere, yo le puedo ayudar. 
Hermenegilda: ¿Haría usted eso por mi? El besugo ese no piensa mover el culo por una mujer mayor que tiene una pensión muy bajita.
Caitlyn: Claro que sí, le ayudaremos.
Anabel: Cada vez lo ponen más difícil. Es complicado para nosotras que somos jóvenes, cuanto más para las personas mayores.
Hermenegilda: Ay sí, hija.


Caitlyn: Meta la cartilla por esa rendija. 
Hermenegilda: ¡Se la ha tragado!
Caitlyn: Luego se la devuelve. Mire, se está actualizando.
Hermenegilda: Seguro que se han cobrado el agua, el gas, la luz, la contribución, los muertos, la basura y la manta que me compré a plazos en un viaje de la imserso. 
Caitlyn: Vale, ponga la cantidad de dinero que quiere sacar y luego el pin. Yo miraré para otro lado. Siempre vigile que nadie se percate de su número secreto. No se fie de nadie.
Hermenegilda: Ay sí, hay gente muy mala por ahí. A Herminia le robaron el otro día.


El cajero sacó el dinero que quería y le devolvió la cartilla. Hermenegilda le dio las gracias a Caitlyn y Anabel. 

Hermenegilda: Sois dos ángeles.
Caitlyn: No ha sido nada. Recuerde tener cuidado cuando saca dinero del cajero y si es posible, ir acompañada.


Hermenegilda: Gracias, hermosa. Siempre me llevo a alguien. Hoy voy con mi nieto. Por cierto, ¿dónde se habrá metido? Este niño del demonio. ¡Pedrito, nos vamos! ¡Deja de tirar papeles al suelo!
Pedrito: Abu, esa señora es mala.
Hermenegilda: El malo eres tú, que no paras quieto. Me tienes hasta el moño. Vamos, que tenemos que ir a la frutería, la carnicería y la droguería. 
Pedrito: ¿Me darás dinero para comprar cromos?
Hermenegilda: Venga, como te has portado bien, te daré cinco cleuros.
Pedrito: ¡Eres la mejor abu!


Llamaron por teléfono y el banquero se puso a hablar largo y tendido. Los clientes estaban ya cansados de esperar. Algunos se marchaban desesperados por la larga espera.

Banquero: Ajá, sí sí. Por supuesto. Efectivamente. Está claro. Evidentemente. No hay duda. 


Ximena entró en el banco. Seguía buscando a su oso por todas partes. Empezó a preguntar a todos los presentes por el señor Agripino, pero nadie lo había visto.


Ximena: ¿A visto al señor Agripino?
Isidora: ¿Hablas de tu oso de peluche? ¿Es que tiene pilas y se ha ido caminando solo?
Ximena: No tiene pilas, pero puede caminar solo. Creo que lo han secuestrado. Alguien se lo llevó de la tienda.
Isidora: Pues cómprate otro. Hay muchos osos de peluche a la venta. No entiendo el revuelo. 
Ximena: El señor Agripino es único.
Isidora: Háztelo mirar, hija mía. 


Llegó el turno de Isidora. El banquero la atendió sin protestar y un poco asustado. Sabía del carácter de esa mujer y la influencia que tenía en el ayuntamiento y la asociación de vecinos.

Isidora: Quiero los mismos regalos que le habéis dado a ese chino.
Banquero: Son regalos por ingresar una gran cantidad de dinero.


Isidora: Pues toma, 50 cleuros. Con eso hay más que suficiente. No me gustaría llevar una queja al ayuntamiento sobre tu trato y la política del banco a las personas mayores como yo...
Banquero: Sí sí, no hay problema. Con los 50 cleuros ya es suficiente.


Isidora se marchó no sin antes lanzar una mirada asesina a Caitlyn. Esta la ignoró y sonrió a Anabel haciéndose la tonta.

Caitlyn: Pues que buena tarde se ha quedado.
Anabel: Sí, una tarde preciosa.
Isidora: Degeneradas...


Caitlyn hizo algunas gestiones y actualizó las cuentas del local. Necesitaba tenerlo todo en regla para que no hubiese ningún tipo de problema. Anabel estaba junto a ella, esperando a que su amiga terminase las gestiones. No pudo evitar mirar a la calle para ver dónde estaba Isidora.


Un escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando la vio allí fuera, mirándolas fijamente. 

Anabel: Esa mujer nos sigue mirando. Me da mucho miedo, Caitlyn.
Caitlyn: No le hagas caso. Es lo que quiere, meternos el miedo en el cuerpo.
Anabel: Tendrías que explicarle a la policía lo de esta mujer. Me da muy mala espina. Capaz que tenga algo que ver con lo que le ocurrió a Paca...


Caitlyn: Dejemos a la policía hacer su trabajo, Anabel. No quiero acusar a nadie de algo tan horrible.
Anabel: Sí, quizás tengas razón. Hazme el favor de tener cuidado con ella.
Caitlyn: Lo tendré, no te preocupes.
Banquero: Esto ya está, chicas. Todo actualizado.
Caitlyn: Gracias.


Cuando ya fue atendida, se disponían a salir del banco. Anabel miraba todo el tiempo al exterior. Veía al nieto de la señora Hermenegilda dando golpes al cristal y a ella regañándolo una y otra vez, pero ni rastro de Isidora.

Anabel: Creo que se ha ido.
Caitlyn: Al final se ha debido de cansar. Debe ser todo un trabajo tedioso estar todo el día de mala leche.


Al salir, se encontraron con ella y su hijo. Anabel pegó un brinco del susto. Caitlyn la miró y pudo percibir su odio en su cara.

Caitlyn: Señora, déjenos en paz.
Isidora: ¿Me hablas a mi? Será maleducada. Yo miro dónde me da la gana. Si quiero mirarla, lo haré. Se cree la dueña del barrio.
Caitlyn: Puede mirar, pero ya le adelanto que no me gustan las mujeres, y menos las bruja amargadas como usted.
Isidora: ¡Cómo se atreve!
Caitlyn: Disculpe, tengo cosas más importantes que hacer que perder el tiempo con alguien tan despreciable como usted. Vamos, Anabel. 


Continuará...