jueves, 14 de octubre de 2021

Halloween 2021: Capítulo 01: American Diner

 Capítulo 01

American Diner


Ya está aquí nuestra fiesta preferida del año, Halloween. Los seres de la noche salen de sus escondites para dejarse ver y aterrorizar a los mortales. Es una noche mágica en la que todas tus pesadillas, se pueden hacer realidad. Nos encontramos en las afueras de la mansión de Calabazo. Como todos los años, su hogar está en un estado deplorable. Ventanas rotas y tapiadas, humedades, malas hierbas, montañas de hojas en la entrada y cortinas desgarradas.

Algunos animales se pasean por el porche y los alrededores desconocedores de lo que en su interior alberga. Ratas, arañas y cuervos son algunos de ellos. Calabazo los respeta, son animales despreciados por la sociedad a los que nadie quiere tener cerca.


¡La puerta de su mansión está abierta! Es el momento de entrar y saludar a nuestro más querido y temido cuentacuentos. Ya es de noche y llega el momento de que nos cuente la historia. 


Aquí fuera empieza a hacer frío y aunque su casa no es el lugar más seguro del mundo, seguro que en su interior entraremos en calor.


Esto está lleno de polvo, ¡achís! Vaya, no tiene encendida la chimenea y ni rastro de Calabazo. ¿Dónde nos contará la historia de terror de este año?


Subiremos las escaleras al primer piso, seguramente nos esté esperando allí. No puedo evitar temblar. Se escuchan ruidos y susurros en las paredes. Tengo miedo, no me avergüenza reconocerlo. Solamente espero poder sobrevivir a esta noche y descubrir la historia de este año. ¿Calabazo? ¿Hola? ¿Estás ahí?


Tampoco está por aquí. ¿Dónde se habrá metido? Esperad, aquí hay una nota...

"Estoy en el restaurante del km 666, al lado de la gasolinera. Os estaré esperando".

Nos tocará desplazarnos a ese restaurante. ¿Allí nos contará la historia? En seguida lo averiguaremos. 



Ahí está el letrero luminoso del restaurante. Parece que está inspirado en los típicos restaurantes americanos de antaño.


Me parece que Calabazo está sentado a la barra. Creo verlo por la ventana, pero no estoy totalmente seguro. Un momento...se acerca alguien al restaurante.


Es una pareja. Los dos son guapos. Ella es rubia, pelo corto y ojos verdes. Viste muy bien, sí señor. Lleva un pañuelo blanco al cuello y un bolso a juego. Pantalones rosas y blusa azul con mangas rosas. Él va más casual. Pantalón tejano oscuro, jersey negro y chaleco azul marino. Lleva un gorro negro de lana, que ya aprieta el frío. Es guapo, con esa barbita de tres días, rasgos muy varoniles y ojos negros como la noche.


Se disponen a entrar al restaurante. Seguramente para cenar. Yo me comería ahora mismo una buena porción de tarta de chocolate y un buen batido de fresa. 


¡Él es todo un caballero! Le abre la puerta y deja que ella entre primero. Ya no quedan clicks así. 

Steve: Las damas primero.
Carol: Muchas gracias, caballero.


Steve: Mira, un gato negro. ¡Mal augurio! 
Carol: Pobre gato. Solamente por ser negro, tiene que aguantar un montón de prejuicios.
Steve: Con lo que molan los gatos.


¡Ya estamos en el interior del restaurante! Vaya, la decoración vintage es un puntazo. Hay una mujer rubia de pelo corto que los observa entrar. Parece que es la cocinera, o quizás camarera. No tiene cara de muchos amigos. Hay otro hombre en la barra. Es un señor con cara de desgana y poco agraciado. Viste elegante y va peinado con kilos de gomina. También es un trabajador del restaurante. Este parece que se ocupa de atender en la barra.

Carol: Buenas noches.

Son maleducados, pues no le han devuelto el saludo.

Steve: La educación ante todo...¡Una máquina de música!


Es cierto, ahí tienen una máquina antigua de música. Puedes elegir una canción si le metes una moneda. Suena la canción y emite luces parpadeantes de colores. Steve tiene ganas de probarla. Ha metido una moneda. Suena una canción que no había escuchado nunca.

Steve: ¿La recuerdas?
Carol:¡Oh, es la canción que ponían por la radio cuando nos conocimos!


Steve: ¿Me concede este baile, señorita?
Carol: ¡Steve! Nos están mirando...
Steve: Les estamos haciendo un favor. Tienen cara de amargados y esto les dará de lo que hablar durante mucho tiempo.

Sí, los miran, pero no parece que les haga demasiada gracia que se pongan a bailar ahí, llamando tanto la atención. El restaurante está tan tranquilo...


Ya han tomado asiento. Parecen sillones muy cómodos.

Carol: No mires. ¿Has visto a ese que está en la mesa? Está sentado a la barra.
Steve: ¿Quién?
Carol: ¡Steve! Te he dicho que no te gires. Me da muy mal royo. Tiene pinta de asesino o ser maligno de película mala de miedo.

Sí, es un ser maligno, un poco de respeto. Se trata de nuestro Calabazo. Está sentado a la barra, de espaldas a ellos.

Steve: Es la noche de Halloween. Es un buen disfraz. No logro verle la cara.


Carol: Da bastante grima. 
Steve: No te preocupes, aquí estoy yo para protegerte.
Carol: Sé protegerme muy bien yo solita, no te preocupes campeón. Ya sabes que a mi no me impresiona casi nada. Esas tonterías de fantasmas, monstruos o brujas no me dan ningún miedo. 
Steve: ¿Y los payasos?


La mujer rubia se dirige a ellos con una jarra de café en la mano.

Amanda: Buenas noches, chicos. ¿Café?
Carol: Sí, por favor.
Steve: Yo también quiero. 
Amanda: ¿Deseáis comer alguna cosa?
Steve: Quiero...la hamburguesa especial de la casa y unas patatas fritas.
Amanda: ¿Y usted?
Carol: Tomaré lo mismo.
Amanda: Anotado.


Carol: Caramba, ese café está muy fuerte.
Steve: A mi me gusta así. Carol, te preguntaba por los payasos. Me dijiste que te daban miedo.
Carol: Sí, cuando era una niña. Ahora siento total indiferencia. Los payasos no me hacen reír ni llorar.
Steve: Pues a mi no me gustan nada. No es que me asuste al ver uno, pero siento rechazo.
Carol: Bah, solamente son hombres disfrazados.


Calabazo: ¿Seguro que no temen a los payasos? 

¡Calabazo les habla! No se ha girado para mirarles a la cara. Sigue de frente a la barra.

Steve: ¿Disculpe?


Morgan: Aquí tiene su plato, señor Calabazo.
Calabazo: Oh, gracias Morgan. Huele que alimenta.

¿Qué es lo que contiene ese plato? No tiene muy buen aspecto. Parecen espaguetis, pero se mueven...

Calabazo: Os propongo un reto.
Carol: ¿Un reto?


Menudo susto se han pegado cuando Calabazo se ha girado. Steve ha querido disimular el susto, pero sin éxito.

Steve: Buena máscara, amigo.
Calabazo: Os cuento una historia de terror. Si no os aterroriza, os pago la cena.
Carol: No nos asustamos fácilmente. ¿Está seguro que desea retarnos? 
Steve: ¿Y si nos asustamos? ¿Qué gana usted?
Calabazo: Vuestras almas.
Steve: Bah, eso es una tontería. ¿No prefiere que le paguemos la cena? Eso sería más equitativo. 
Calabazo: Prefiero vuestras almas. Tengo amigos que pagarían lo que fuese por ellas.
Carol: Steve, a lo mejor deberíamos pasar de esto.
Steve: ¿Crees de verdad que nos jugamos el alma? Si perdemos no pasaría nada, pero si ganamos, nos paga la cena. No veo el problema.
Carol: Está bien, aceptamos el reto. Le advierto que no nos asustamos con facilidad. 


Calabazo: Y yo les advierto que no podrán engañarme. Sabré si se han asustado de verdad. Están a tiempo para renunciar al reto.
Steve: No no, ahora no intente convencernos para que dejemos el juego. Hemos aceptado y no hay vuelta atrás.
Carol: Empiece con esa historia terrorífica.
Calabazo: Era una noche de Halloween como esta, oscura y misteriosa. Un grupo de amigos...


Continuará...


martes, 7 de septiembre de 2021

Vacaciones en Galicia - Capítulo 03: La boina perdida

Capítulo 03: La boina perdida

Agnes: ¡Detente!

 La aparición de Agnes y Lúa me sorprendió y alivió al mismo tiempo. Temí por ellas. Se habían expuesto y ese ser las podía atacar, pero ellas no tenían miedo.

Lúa: Ya es suficiente, Aleixo.


El esqueleto dorado se detuvo y con cara de arrepentimiento, se acercó a ellas. Bajó la cabeza, avergonzado. Debo reconocer que mi confusión en ese momento era total. Las dos estaban visiblemente enfadadas.

Aleixo: Lo siento...
Agnes: No deberías tratar así a la gente. Ya te lo hemos dicho muchas veces, Aleixo. Está bien que defiendas tu tesoro, pero hasta cierto límite, carallo.
Lúa: No debes atacar a la gente de esa forma. Deberías saber comportarte.
Aleixo: ¡Pero él quiso robar mi tesoro!


Diamante: No sabía que te lo tomarías tan mal. Pensaba que eras un monstruo sin cerebro.
Aleixo: Vaya, muchas gracias.
Diamante: Tú tampoco te has quedado corto. Querías secuestrar a Sus.
Agnes: ¡Pero qué mal! No me gusta nada lo que estoy escuchando, chicos. Debéis pediros perdón.


Alexio: ¿Yo? ¡Empezó él!
Diamante: ¡No sabía que pudieses pensar!
Agnes: Por favor, tenéis que zanjar este asunto ahora mismo.
Sus: Venga, chicos. Olvidemos lo ocurrido.


No fue fácil, pero hicieron las paces. A pesar de todo, aquel ser tan extraño no nos hacía mucha gracia. Se había tranquilizado y no parecía tener ganas de atacar a nadie, pero su aspecto tan terrorífico nos seguía impactando. Agnes y Lúa le invitaron a pasear con nosotros. Fuimos a una playa solitaria que pocos conocían. Pasear por aquel lugar era fascinante.


Dante: ¡Me flipa este sitio!
Agnes: A lúa y a mi nos gusta venir cuando el trabajo nos lo permite.
Suselle: Es una suerte poder venir cuando te apetece.
Agnes: No nos queda cerca de casa, pero cuando podemos, nos escapamos y pasamos el día por aquí.


Suselle: Agnes, en la zona dónde vivimos también hay bosques bonitos y cosas por ver. Si te vienes a vivir allí, te lo enseñaría.
Sus: Suselle, no seas pesada...
Agnes: Cuando os visite, me los enseñas.
Suselle: Vale. Espero que sea pronto.


Sus: Lúa, os veo muy bien.
Lúa: Sí, estamos mejor que nunca. Creo que Agnes no puede ser más feliz. Tenemos problemas, como todo el mundo, pero los sobrellevamos muy bien.
Sus: Tenéis suerte de teneros la una a la otra.
Lúa: Sí, no sé lo que haría sin ella.


Aleixo: Diamante, en esta zona murieron muchos marineros.
Diamante: ¿Aquí?
Aleixo: Sí. Yo tengo la capacidad de ver a los muertos. Ahora mismo te están saludando. Por aquí veo algunos espíritus pirata. Me dicen si pueden tocarte.


Diamante: ¡Suuuus!

A Diamante esos temas le aterrorizan. Se pegó a mi como una lapa, alejándose lo más posible de Aleixo. Llegamos a la zona alta de una montaña para ver el paisaje. Era espectacular. Hacía fresquito, pero no me molestaba. Abrigué un poquito a Bosco, para que no se resfriase. 


Después nos llevaron al bosque encantado. Era un lugar mágico, con un castillo en ruinas y una maravillosa naturaleza en la que perderte.



Agnes: Se cuentan muchas leyendas de este bosque.
Lúa: No es un bosque que nos quede cerca, pero solemos venir de vez en cuando. Aquí se respira una tranquilidad especial.


Suselle: Seguro que en este bosque viven hadas, gnomos y unicornios.


Sus: Es un bosque totalmente distinto a cualquier otro que haya visto nunca. Me invade una sensación de paz interior.
Lúa: Yo también la siento. Es una sensación agradable. Eso sí, algunos rincones de este bosque son peligrosos, o al menos eso es lo que dicen. Nosotras solemos evitar lo más profundo del bosque.


Dante: ¿Y qué es lo que hay en lo más profundo del bosque?
Agnes: No lo sabemos con seguridad. Si te adentras, la sensación que te invade es de auténtico terror.
Dante: ¡A lo mejor hay gigantes y brujas!


Aleixo: Yo sé lo que hay.
Diamante: ¿El qué?
Aleixo: Espíritus antiguos de seres malvados. Se esconden entre la vegetación a la espera de que algún insensato se adentre en sus dominios. Atrapan a sus víctimas, los torturan y se alimentan de sus almas.


Diamante: Eso es...horrible.
Aleixo: Aunque no hay que adentrarse tanto para encontrar uno de esos seres. Justo a tu lado, se encuentra el espíritu de una mujer que cocinaba hombres vivos. Se está relamiendo los labios mientras te mira... 


Diamante corrió hacia mi, espantado. Le pedí a Aleixo que dejara de contar esas historias. Estaba asustando a mi marido y a los niños.

Aleixo: En realidad si esos espíritus no están en lo más profundo del bosque, no tienen la capacidad de atacar.


El camino nos llevó de nuevo a la costa. Decidimos sentarnos para observar el paisaje. Es curioso, pero todos nos quedamos en silencio. Miré a Agnes de reojo y descubrí que tenía los ojos cerrados mientras el viento movía su cabello suavemente. 


Fue un momento de relajación del que disfrutamos todos, incluso Dante. Me habría gustado atrapar ese momento y poder revivirlo siempre que lo necesitara. 

Diamante: Este lugar es fantástico.


Aleixo: El espíritu de un pirata muerto que está a tu lado está de acuerdo contigo.

Diamante miró asustado a su alrededor. No tengo claro si Aleixo veía en realidad esos espíritus o lo decía para fastidiarle.


Agnes: ¿Os apetece ir a cenar? Conozco un restaurante fabuloso.
Lúa: Las zamburiñas están de rechupete, no tienen competencia. 
Diamante: ¡Yo quiero ir! ¿Tienen pulpo?
Agnes: Sí, lo preparan muy rico.
Diamante: ¡Vamos ahora mismo!


Aunque el día empezó mal por el encontronazo con Aleixo, al final terminó muy bien. Eso sí, me enfadé un poco cuando descubrí a Diamante mirando a una runner pasar junto a nosotros. 

Agnes: ¿A qué esto es precioso?
Diamante: Y tanto que lo es.


Sus: ¡Diamante! Mira al frente que vas a tropezar y todavía vamos a tener un disgusto.
Diamante: Pero si estoy mirando al frente.
Sus: Ya, claro...


Al día siguiente Agnes y Lúa se quedaron con los niños. Diamante y yo salimos de paseo por el bosque. Estuvimos caminando un buen rato en silencio. Aquel día estaba un poco tristona. Se terminaban las vacaciones. Me habría quedado una semana más en aquel lugar. Pensar en todas las responsabilidades que me esperaban en casa me desanimaba.


Diamante se giró para hablarme, pero algo en mi le sorprendió.

Sus: ¿Qué ocurre?
Diamante: ¿Dónde está tu boina?


Me toqué la cabeza y me percaté que no la tenía puesta. Había salido con ella de casa, por lo que era seguro que se me había caído por el camino. Aquello me terminó de desanimar todavía más. Aquella  boina me la regaló mi madre cuando visitamos juntas Paris. La vi en el escaparate de una tienda y me enamoré. Entramos y me la regaló.

Sus: Diamante, no quiero perderla. Me la regaló mi madre...
Diamante: No te preocupes, la recuperaremos. 


Diamante sabía lo importante que es la boina para mi, así que me ayudó a buscarla. Puso mucho empeño. Rastreó toda la zona sin descanso.

Sus: Diamante, ten cuidado. Esas rocas están muy empinadas.
Diamante: Desde aquí arriba tengo mejor perspectiva. 


Cuando ya estaba perdiendo la esperanza, la encontró.

Diamante: ¡La veo! No está muy lejos de aquí.
Sus: ¡Bieeeen!


Caminamos unos metros y allí estaba, perdida en una zona con mucha vegetación.


La agarré y sacudí las hiervas que se habían pegado a ella. Me la puse feliz y abracé a Diamante.

Sus: Gracias, cariño.
Diamante: ¿Estás más animada?
Sus: Sí. Siento haber estado tan callada. Han sido unas vacaciones maravillosas y debo quedarme con eso. 


Dimos un paseo romántico por los rincones más bonitos de aquel bosque. Diamante me daba de la mano mientras corríamos riendo como niños. Nos besamos, jugamos y nos dejamos llevar por la pasión. Agradecí aquellos momentos de intimidad con Diamante.






Una preciosa forma de terminar las vacaciones. Tengo claro que volveré, pues esta tierra me ha cautivado y me llevo un cachito de ella en mi corazón.


FIN