domingo, 6 de junio de 2021

Celos - Capítulo 15: Fiesta sorpresa

Capítulo 15: Fiesta sorpresa 

Sabrina no había dejado de correr en ningún momento. Cuando por fin llegó a la puerta de su casa, se detuvo y recuperó el aliento. Ya no pudo más y se puso a llorar. Por Bruno, por Filomena y por Anita, que por muy poco muere a causa del veneno. 


Antes de entrar en su casa, intentó relajarse. Tenía que disimular. No le apetecía que John y los niños le preguntasen. Tenía que llamar a Nerea y solucionar lo de Bruno. El cadáver seguía escondido en el armario.


Al abrir la puerta se encontró la casa a oscuras. Le pareció muy extraño. Entonces, escuchó ruidos sospechosos. Imaginó a la policía escondida en la oscuridad y saltando a por ella para arrestarla. La acusarían de asesinato y tendría que ingresar de nuevo en prisión. Empezó a sudar.

Sabrina: ¿Hola? ¿Hay alguien en casa?


Al encender las luces, se llevó un susto de muerte.

Todos: ¡Sorpresa! ¡Feliz cumpleaños!

John, los niños, Nerea, su padre, su hermana, Sus, Diamante, Duclack, Sebastián, la madre de John y todos los niños, la felicitaron y aplaudieron al mismo tiempo. Estaba en shock. No tenía cuerpo para fiestas pero disimuló. Le habían preparado una enorme mesa con todo tipo de dulces y pizzas. Una enorme tarta de cumpleaños resaltaba sobre todas las cosas. Globos, champagne y todo tipo de refrescos. Bajo las mesas, habían colocado multitud de regalos.

Sabrina: No lo esperaba, ¡muchas gracias! Es, es fantástico.


John y los niños fueron los primeros en felicitarla con un beso.

John: ¿Pensabas que olvidaría tu cumpleaños?
Sabrina: Gracias, cariño. Es maravilloso.
Anita: Felicidades, mami.
Walter: Muchas felicidades, mamá.


Anita: ¡Mira cuantos regalos! Ese lila es mío. Seguro que te encantará.
Walter: El mío es el amarillo.
Sabrina: Es demasiado. Muchas gracias a todos. Ha sido una sorpresa maravillosa. No esperaba algo así. ¿Lo has organizado tú solo, John?


John agarró a Sabrina y la apartó de los demás.

John: No, me ayudó Leticia. Por eso nos veías cuchicheando. 
Sabrina: Oh...
John: Los niños me han dicho lo ocurrido. La has despedido sin preguntarme, la acusas diciendo que el hijo que espera es mío y encima, le pegas.
Sabrina: Lo siento. Estaba confundida...
John: ¿Esa es la confianza que tienes en mi? ¿Crees que me liaría con otra?
Sabrina: Lo cierto es que no. Me han podido los celos.
John: Bueno, es tu cumpleaños y no quiero amargarte la fiesta, pero tenemos que hablar seriamente de esto.


Nerea se acercó hasta Sabrina. Agradeció que los interrumpiese. John se marchó con los niños y pudieron hablar a solas.

Nerea: Felicidades, Sabrina.
Sabrina: Gracias, pero ahora mi cumpleaños me importa un pimiento. Llevo todo el día llamándote y no me contestas.
Nerea: Lo siento, estaba ocupada.
Sabrina: Tengo un cadáver en el armario. ¿No te parece lo suficientemente importante para que dejes todo lo demás?
Nerea: Tienes razón. Luego lo hablamos. Ahora disfruta de tu cumpleaños.
Sabrina: Paso de mi cumpleaños...


Donna: ¡Hermanita! Muchas felicidades.
Duclack: ¡Felicidades!
Sus: Muchas felicidades. 
Sabrina: Gracias.
Nerea: Es una fiesta sorpresa maravillosa. No le falta de nada.


Donna: ¡Ni siquiera mis maravillosas galletas! Tenéis que probarlas. Las hago yo. La receta es secreta.
Nerea: Vaya, pensaba que las hacía Sabrina.
Donna: ¿Mi hermana? Sabrina es un desastre en la cocina. 
Sabrina: Ehh..
Nerea: Ah, entonces nos engañaste. 
Sabrina: Pues...
Sus: Las probamos el otro día. Están deliciosas.
Duclack: Sí...
Sabrina: Lo siento, chicas. Quería sorprenderos. En realidad es una receta de mi hermana.


La madre de John se acercó a Sabrina para felicitarla. No se llevaban bien. Cloti nunca dio el visto bueno a Sabrina, quería una clack mejor para su hijo. Para Sabrina, Cloti era una vieja estirada y entrometida que siempre le sacaba faltas.

Cloti: Felicidades, Sabrina.
Sabrina: Muchas gracias, Clotilda.
Cloti: Ese regalo de ahí es mío. Es un libro de cocina. A ver si aprendes de una puñetera vez a cocinar. Es una vergüenza que no sepas ni freír un huevo.
Sabrina: Oh, muchas gracias. Me irá muy bien para la mesa del escritorio, que cojea.


Sabrina quería hablar con Nerea, pero Cloti no la dejaba en paz. Vio a Nerea marcharse de la cocina.

Cloti: Para colmo despides a Leticia, que al menos ella sabía cocinar. Pobre hijo mío. Tendré que venir yo todos los días para preparar la comida, tanto a John como a los niños. 
Sabrina: Cerraré las puertas con llave. No la quiero en esta casa más tiempo del necesario, que para mi es ninguno.


John: Sabrina, tengo una sorpresa para ti.
Sabrina: ¿Más sorpresas?
John: Tengo un regalo muy especial para ti.


Le pidió que se diese la vuelta y aguardase a su aviso. 

Sabrina: ¿Ya?
John: No, espera.


John: Ya te puedes dar la vuelta.

Cuando se dio la vuelta, se encontró a una amiga del pasado de la que hacía mucho que no sabía nada. Por su mala cabeza, la amistad se deterioró y finalmente dejaron de hablarse. 

Sabrina: Valeria...
Valeria: Hola, Sabrina.
Sabrina: No puedo creer que estés aquí.
Valeria: Tu marido, que por cierto es un tío estupendo, me ha contado lo mucho que has cambiado y que me echas de menos. Sabes que estaba enfadada, que hay cosas que me dolieron mucho, pero estoy dispuesta a darle otra oportunidad a nuestra amistad.


Sabrina la abrazó emocionada. Jamás imaginó que pudiese recuperar la amistad con Valeria. 

Sabrina: Te he echado de menos. ¡Gracias John!
John:  Sabía que te gustaría.
Sabrina: Valeria, estás guapísima. ¿Cómo está Ximena?
Valeria: Bien, está en casa. Yo también te echaba de menos. Tenemos que hablar. Te veo distinta. Casada, con dos hijos y con una casa impresionante. Tienes hasta mascotas.
Sabrina: Sí...
Valeria: Has cambiado mucho.
Sabrina: Sí, mucho...


Valeria: Tu marido vino a verme y me contó que me echabas de menos, que habías cambiado. Pensé que era una ocasión ideal para reencontrarnos. 
Sabrina: No sabes la ilusión que me hace. Nos tenemos que poner al día.
Valeria: Sí, te tengo que contar las novedades. Xime y yo hemos adoptado un bebé.
Sabrina: ¿En serio?
Valeria: Sí, estamos muy emocionadas. Ya te lo presentaré. Se llama Oliver.


Cloti: ¡Hijo!
John: Dime, madre.
Cloti: No me gusta el champán. ¿No tienes un whisky o algo más fuerte?
John: Sí, creo que tengo una botella por ahí. Espera, que te la traigo.


Cloti: Sí, necesito algo más potente para aguantar esta fiesta.
John: Mira, aquí está.
Cloti: Lléname la copa hasta los topes.


John: Ahí lo tienes.
Cloti: Uff, sabe raro.
John: Es muy buen whisky. 
Cloti: Bah, pues te han timado. Esto sabe a agua.
John: Madre, ¿puedes dejar de quejarte? No quieres champagne, que si la fiesta no la soportas, que si el whisky sabe a agua...
Cloti: Vale vale, perdona. Ya me callo.
John: Gracias. Tengamos la fiesta en paz. Sé que no te gusta Sabrina, pero es su cumpleaños.


Sabrina: John, ¿dónde está Nerea?
John: Creo que está en el comedor.
Sabrina: ¿Qué hace ahí?
John: Ni idea.
Sabrina: Suegra querida, no sabía que le gustase el whisky.
Cloti: El whisky, no esto.
John: Mamá...
Cloti: Perdón.
Sabrina: Voy a ver por dónde anda Nerea.


Se dirigió a la sala de estar, pero allí no estaba. Le pareció extraño que no estuviese en la fiesta, con lo que le gustaba ser el centro de atención.

Sabrina: ¿Nerea?


Entonces la vio. Estaba sentada encima de su padre, besándose y metiéndose mano. La visión de su mejor amiga liándose con su padre, le revolvió el estómago. En ese momento entendió la razón por la que se ofrecía a quedarse con su padre.

Faustino: Qué buenorra estás. Quiero que repitamos lo que hicimos ayer. Quiero que me hagas eso que tanto me gusta.
Nerea: Sí, mi papito. Haré todo lo que quieras. Bésame, bésame y hazme tuya.


Se besaban y tocaban con pasión. Sabrina pensó en los niños, que podrían haberlos pillado así. La furia más intensa la invadió. 

Faustino: Mañana le dices a mi hija que me acompañas al médico. Iremos al hotel del otro día y pasaremos todo la mañana dándonos amor.
Nerea: ¡Sí! Llevaré juguetitos y disfraces. Yo haré de caperucita y tú de lobo feroz.


Sabrina: ¡Ya está bien!
Nerea: ¡Sabrina! No es lo que parece...
Faustino: Me estaba dando un masaje.
Sabrina: Sí, un masaje con final feliz, ¿no?
Nerea: Sabri, tienes que escucharme. Es que me mola tu padre. Tiene un algo que me vuelve loca. Pensaba decírtelo, pero sabía que no te lo tomarías bien.
Sabrina: ¡Pues tenías razón! Te has liado con mi padre, y encima, haciendo guarradas en mi propia casa y en la fiesta de mi cumpleaños. ¡Eres repugnante!
Nerea: ¿Perdona? ¿Y tú eres una santa? ¡Mira lo que le has hecho a Bruno?
Faustino: ¿Qué pasa con Bruno?


Sabrina le pegó un puñetazo en toda la cara. Nerea cayó al suelo dolorida.

Sabrina: Fuera de mi casa, mala amiga.
Nerea: Sabrina, podemos seguir siendo amigas. Que me acueste con tu padre no cambia nada...


La empujó a la calle y cerró la puerta de la cristalera que daba al exterior.

Faustino: ¡Déjala en paz! Tengo derecho a acostarme con quién me de la gana.
Sabrina: No con mis amigas.
Nerea: ¡Déjame entrar, Sabrina! Somos amigas.
Sabrina: Eso es lo que yo pensaba. Vete y no vuelvas por aquí.
Nerea: ¡Yo te ayudé con lo de Bruno! ¿Qué piensas hacer al respecto? ¡Necesitas mi ayuda!
Sabrina: No te necesito para nada. Ahora largo de mi casa.


Faustino: Has sido demasiado dura con ella. No puedes impedir nuestro amor.
Sabrina: Por favor, que podría ser tu hija.
Faustino: ¿Y? El amor no tiene edad.
Sabrina: ¿Sabes? No haces más que darme problemas. No aportas nada bueno a mi vida, todo lo contrario. Quiero que te marches de casa. Te dejaré algo de dinero y te largas de aquí. Vete a un hotel, con la gorrina de tu novia, pero que no os vea el pelo en esta casa nunca más.
Faustino: Soy tu padre, no puedes echarme.
Sabrina: Eres mi padre, pero nunca has ejercido como tal.


Mientras tanto, el armario en el que Bruno estaba metido, se abrió. El cuerpo dio un golpe contra el suelo quedando al descubierto. Era cuestión de tiempo que alguien lo encontrase.


Mientras tanto...

La ambulancia llegó en tiempo récord. Intentaron reanimar a Filomena hasta que al final solamente pudieron confirmar la hora de su muerte. Leticia se desmayó pero Tía Lidia consiguió permanecer calmada. Atendieron a Leticia, que empezó a sangrar. Había perdido al niño. Se la llevaron al hospital, para atenderla mejor. Tía Lidia firmó algunos papeles para la defunción de su hermana e intentó tranquilizar a su sobrina. Leticia pasaría la noche en observación. Le dio un beso en la frente y la dejó dormida, pues le habían dado calmantes. Salió del hospital y se fue a su casa. 


Fue hasta su habitación, en busca de la escopeta de su padre. Funcionaba perfectamente y tenía varios cartuchos guardados. 


Cerró los ojos y respiró profundamente, intentando encontrar la calma. Había perdido a su hermana, su sobrina estaba en el hospital y había perdido al bebé. Era demasiado para ella. Esa escopeta había permanecido en su casa durante muchos años y aunque ya pensaba que no la llegaría a utilizar, había llegado el momento de hacerlo. Abrió los ojos y cargó la escopeta.

Tía Lidia: Es hora de hacer justicia.


Continuará...


jueves, 3 de junio de 2021

Celos - Capítulo 14: Demasiado para su corazón

Capítulo 14: Demasiado para su corazón

Sabrina no consiguió dormir nada. Pasó una noche terrible, pensando en todo lo ocurrido. Llamó a Nerea por teléfono varias veces, pero no contestaba. Necesitaba hablar con ella sobre lo ocurrido y la estrategia a seguir para deshacerse de Bruno. John ya se había marchado, así que se levantó para desayunar algo. Encontró a Walter en el sofá de la salita de estar, jugando con la tablet.

Sabrina: Buenos días, Walter. ¿Dónde está tu hermana?

Walter: Está hablando con Leticia en la sala de descanso.

Sabrina las encontró abrazadas. No le gustó nada ver a su hija tan encariñada con Leticia. Aguardó sin ser vista para descubrir de que estaban hablando.

Leticia: Eres un niña muy especial, Anita.

 Anita: Lo sé. Leti, estoy contenta por ti. No entiendo que tú no lo estés.


Leticia: Es que las cosas no son fáciles. Tengo que contárselo a mi madre.
Anita: ¿No se lo has dicho?
Leticia: Todavía no. Temo su reacción. Estar embarazada no es cualquier cosa.
Sabrina: ¿¿Está embarazada??


Anita: Es algo bonito.
Leticia: Sí, pero a mi madre no le hará mucha gracia.
Anita: ¿Quién es el papá de tu bebé?
Leticia: No puedo decírtelo. Lo siento, no debería habértelo contado.
Anita: A mi me encanta que lo hayas hecho. Se lo podemos contar a mis padres a Walter y al abuelo.
Leticia: De momento prefiero que no lo sepan tus padres, sobre todo tu madre.


Sabrina fue hasta Leticia y le dio una bofetada. Luego la agarró del pelo y tiró con todas sus fuerzas.

Sabrina: ¡¡Maldita!! ¡¡Ya has conseguido lo que querías!!
Leticia: ¡Sabrina, por favor! ¡Me haces daño!
Anita: ¡Mamá, déjala! 
Sabrina: Querías atrapar a mi marido y lo has conseguido. ¡¡No te saldrás con la tuya!!
Leticia: ¡No estoy embarazada de tu marido! El padre es otra persona.
Sabrina: ¡Mentirosa! No te vas a salir con la tuya. Pienso ir a contárselo a tu madre, que sepa la clase de hija que tiene. Por supuesto, ese hijo nunca será reconocido por John. Te tocará abortar.
Leticia: ¡Estás loca! No es de John, tienes que creerme. 
Sabrina: Cuando vuelva, quiero que hayas desaparecido de esta casa. Esta despedida, ¿lo entiendes?
Leticia: Está bien, pero no me hagas daño...
Anita: ¡Mamá, por favor!


Sabrina: ¡Ahora mismo voy a contarle a tu madre la clase de hija que tiene!
Leticia: ¡No, por favor! ¡Ella no sabe nada!
Sabrina: ¡Pienso arruinarte la vida!
Anita: ¡Mamá, para!


Sabrina se arregló rápidamente y se fue. Leticia lloró desconsoladamente. Anita, Walter y Faustino intentaron consolarla. No querían que se marchara, pero Leticia estaba decidida.

Walter: Seguro que mi madre no hablaba en serio.
Leticia: Lo siento, pero creo que lo mejor es que me marche. No quiero causaros más problemas.
Faustino: Mi hija está como una cabra. Debería ser ella la que se marchase.
Anita: ¡Abuelo! Leti, espera a que venga papá. Él sabrá solucionarlo, es policía.
John: ¿Qué ocurre?


John acababa de llegar del trabajo. 

Leticia: Me marcho. Sabrina me ha despedido.
John: ¿Cómo?
Leticia: Estoy embarazada y piensa que el niño es tuyo.
John: ¿Eh? Lleva muchos días rara, pero no pensaba que la cosa llegaría a tanto.
Anita: Le ha pegado una torta y le ha tirado del pelo.
John: ¿Eso es verdad?
Leticia: Sí. Como comprenderás, no puedo quedarme. Pase que no me trate bien, pero que llegue a pegarme...
John: Lo siento, no tiene justificación. Comprendo que quieras marcharte, aunque me parta el alma. Justamente hoy, que llevamos mucho tiempo organizando este día. 
Leticia: Ha sido un placer ayudarte. Tú, los niños y Faustino me habéis tratado de maravilla. Os llevo en el corazón. Ahora tengo que irme. Sabrina ha ido a casa de mi tía a decirle a mi madre lo del embarazo. Espero que no lo haga, que se arrepienta.
John: La llamaré por teléfono. Lo siento, Leticia.
Leticia: No es culpa tuya.


Anita: Adiós, Leti.
Walter: Te echaremos de menos...
Faustino: Cuenta conmigo para lo que necesites.
John: Gracias por todo.
Leticia: A vosotros.

Leticia abrió la puerta y se marchó. Necesitaba llegar cuanto antes a casa de su tía e impedir que Sabrina le contase su secreto a su madre.


A Sabrina le llamaron muchas veces por teléfono. Vio que era John, pero estaba enfadada con él. Lo puso en silencio y llamó a la puerta de la tía de Leticia. Lidia tardó un par de minutos en abrir la puerta.

Tía Lidia: No quiero comprar nada. Estoy jubilada.
Sabrina: Perdone, no vengo vendiendo nada. Quiero hablar con Filomena. ¿Está en casa?
Tía Lidia: Ha salido un momento. No tardará.
Sabrina: Soy Sabrina, la jefa de Leticia. Ella trabajaba para mi.


Tía Lidia: ¿Trabajaba?
Sabrina: Sí, es largo de contar. Es por esa razón que vengo a hablar con su hermana. Necesito contarle lo ocurrido con tranquilidad.
Tía Lidia: Con lo buena que es mi sobrina, no entiendo que ha debido ocurrir. Pase, es mejor que la espere dentro.


Se sentaron a la mesa del comedor. Sabrina estaba muy nerviosa. No sabía cómo, pero estaba consiguiendo retener la rabia que hervía en su interior.

Tía Lidia: ¿Quiere tomar algo? 
Sabrina: No, gracias.
Tía Lidia: No despida a mi sobrina. Es buena chica. Quizás un poco inocente, pero eso no es un pecado. 
Sabrina: No es tan inocente como ustedes creen.


Tía Lidia: Conozco bien a mi sobrina. Despierta muchas envidias. Es guapa y eso no siempre es algo bueno.
Sabrina: No siento celos de su sobrina. Me creo mil veces más bella que ella. Tampoco voy robando maridos por ahí.
Tía Lidia: ¿Acusa a Leticia de robarle el marido?
Sabrina: Sí. Hasta que no lo ha conseguido, no ha parado.
Tía Lidia: Miente. 
Sabrina: No miento.
Tía Lidia: Quizás sea su marido el que siga a mi Leticia. ¿No lo ha pensado? Hay que tener muy poca vergüenza para presentarse aquí a decir barbaridades sobre mi sobrina. 


Filomena: Ya estoy aquí. El centro está abarrotado. Sabrina, ¿qué hace usted aquí?
Tía Lidia: Ha venido a decir mentiras sobre Leticia.
Filomena: ¿Mentiras? No entiendo...


Sabrina se levantó de la silla enfurecida y sin poder evitarlo, descargó toda su furia sobre Filomena. Le hablaba a gritos, totalmente enfurecida.

Sabrina: ¡Su hija está embarazada de mi marido!
Filomena: ¡Eso no puede ser verdad!
Tía Lidia: Será mejor que se marche de mi casa.
Sabrina: ¡Ella misma me lo ha confesado! Está embarazada. La muy cochina ha seducido a mi marido y ahora espera un hijo de él.
Filomena: No, eso no puede ser...


Sabrina: ¡Es una maldita depravada! Espero que aborte, y si no lo hace, me aseguraré que ese niño jamás tenga el cariño de su padre. ¿Lo entiende? ¡Menuda educación le han dado a su hija! Quizás sea usted igual que ella.
Tía Lidia: ¡Basta!

Filomena se tocó el pecho con una mano y con la otra se agarró a la pared.

Filomena: No puede ser, mi Leticia no puede estar embarazada de un hombre casado...
Sabrina: ¡Y tanto que lo está! Va de mosquita muerta pero es la peor escoria que he visto nunca. Que sepa que la he despedido fulminantemente. Ah, y no pienso pagarle el mes. ¡Por robamaridos!
Tía Lidia: ¡Quiero que se marche de esta casa!
Filomena: No me encuentro bien, hermana.


Filomena cayó al suelo inconsciente. Sabrina dejó de gritar y miró la escena sin saber muy bien lo que debía hacer.

Sabrina: Menos teatro, señora.
Tía Lidia: Filo, ¡Filo! ¡No respira! ¡Creo que le ha dado un ataque al corazón! ¡¡Filo!!


Sabrina se fue alejando lentamente. Miraba a Filomena en el suelo y su hermana llorando, llamándola sin cesar.

Tía Lidia: ¡Llame a un ambulancia! ¡Filo, contesta!


Sabrina agarró la puerta y se marchó corriendo. A causa del tremendo disgusto que le había causado, Filomena había sufrido un ataque al corazón. Ahora quería llegar a casa y olvidar lo ocurrido. No quería añadir otro muerto más a su conciencia. 


Leticia llegó minutos después. Encontró la puerta abierta y escuchó los gritos de su tía en el comedor.

Leticia: ¿Hola? ¿Tía Lidia?


Al entrar en el comedor, encontró a su madre en el suelo. Su tía había llamado a un ambulancia que ya estaba en camino. Leticia se agachó e intentó reanimar a su madre.

Tía Lidia: Es su corazón, sobrina. ¡Ay no, Filo! ¡No te mueras, hermanita!
Leticia: ¡Mamá! ¡Por favor, mamá! ¡No te mueras! ¡Mamá!


Continuará...


martes, 1 de junio de 2021

Celos - Capítulo 13: Esconde al muerto

Sabrina llamó a Nerea y le pidió que acudiese a su casa cuanto antes. Le dijo que entrase por la puerta lateral, para no llamar la atención. Nerea se presentó rápidamente. Llamó a la puerta y Sabrina le abrió de inmediato. 

Nerea: He venido lo antes que he podido. ¿Qué es eso tan urgente?
Sabrina: Necesito tu ayuda.
Nerea: ¿Qué ocurre?


Sabrina le enseñó a Bruno tumbado sobre el sofá.

Sabrina: Lo he envenenado. Por favor, ayúdame a reanimarlo.
Nerea: ¿¿Qué?? ¿Envenenado? Sabrina, ¡has perdido el juicio!
Sabrina: ¡Shhhh! No grites. Por favor, ayúdame a salvarlo.
Nerea: ¡Pero yo no soy médico! Tenemos que llamar a una ambulancia cuanto antes.
Sabrina: ¿Y que les digo? ¡Me meterán en la cárcel! No puedo volver allí...
Nerea: Está bien, deja que lo intente.


Nerea encendió su móvil y buscó un tutorial de reanimación. Era muy confuso y no le salía.

Nerea: ¡No me aclaro!
Sabrina: ¡Inténtalo otra vez!
Nerea: Sabrina...no tiene pulso.


Sabrina se puso a llorar. Había matado a Bruno. El chico le caía bien y a su juicio, no era merecedor de una muerte así.

Sabrina: Pobre chico, lo he matado...
Nerea: Sabrina, guarda la compostura. Tenemos que mantener la mente fría.
Sabrina: No sé cómo...
Nerea: Debemos actuar con rapidez. 
John: ¿Sabrina?



Sabrina: ¡Es John!
Nerea: Esto es un sofá cama, ¿no?
Sabrina: Sí.
Nerea: Vamos, escondamos a Bruno ahí.
Sabrina: ¡Corre, que ya viene!


Consiguieron esconder a Bruno cuando llegó al despacho.

John: Estás aquí. Hola, Nerea. No sabía que estabas en casa. ¿Qué hacéis? Estáis sudando.
Sabrina: Haciendo ejercicio.
Nerea: Sí, un nuevo movimiento que está de moda. Hace sudar muchísimo.
John: Ey, pues quiero probar.


Sabrina: Otro día, cariño. Estamos agotadas y ahora vamos a hablar de nuestras cosas.
John: Vale, pues otro día. Voy a correr un rato. Estaré aquí para la cena.
Sabrina: Muy bien, cariño.


Nerea: Sabrina, tenemos que buscar un lugar mejor dónde dejar el cadáver. 
Sabrina: Arriba tengo un armario vacío. 
Nerea: Lo escondemos ahí. Mientras tanto, pensaremos bien el siguiente paso.


Agarraron a Bruno y entre las dos, lo fueron subiendo por las escaleras. Sabrina se cercioró de que no había nadie cerca.

Nerea: ¿Todo bien?
Sabrina: Sí, creo que los niños están jugando a la consola.


Continuaron arrastrando a Bruno con gran esfuerzo. Les tocaba subirlo por las escaleras del último piso.

Nerea: Pesa mucho.
Sabrina: El chico estaba cachas. Menudo desperdicio.
Nerea: Agárralo bien fuerte, toca subirlo por las escaleras. 


Sabrina agarró a Bruno de los brazos y Nerea de los pies. Les estaba costando horrores subirlo por las escaleras.

Sabrina: No puedo más.
Nerea: Aguanta, ya casi estamos.
Sabrina: ¡Cuidado!


Sabrina no pudo más y Bruno cayó escaleras abajo. El cuerpo fue dando golpes con los peldaños hasta que aterrizó con la cabeza en el suelo. Un fuerte crujido en el cuello las sobrecogió. 

Sabrina: ¡Maldita sea!
Nerea: Por todos los clicks...


Sabrina bajó corriendo para ver el estropicio.

Sabrina: ¡Pesa demasiado! 
Nerea: Creo que se ha roto el cuello. Esto complica todavía más las cosas.
Sabrina: Mi hijo dice que su veneno no deja rastro. Si le hacen autopsia, no saldrá en los análisis. Pensarán que tuvo una caída y se rompió el cuello.
Nerea: No sé si será tan fácil. Por el momento, tenemos que seguir el plan. Esconder el muerto.


Con gran esfuerzo, lo metieron en el armario.

Sabrina: Cuidado, no quiero que se rompa nada más.
Nerea: Mete la pierna por arriba.
Sabrina: Me da pena, es una mala postura. 
Nerea: Ya da igual, está muerto.


Sabrina: John es policía, Nerea. Me descubrirá. No seré capaz de aguantar la compostura. 
Nerea: Deja de llorar. Tienes que disimular. Si te ven llorando y preocupada podría resultar sospechoso. John es policía, pero si no le damos motivos, no sospechará.
Sabrina: ¿Y qué hacemos con Bruno? No podemos dejar su cuerpo ahí.
Nerea: Mañana lo sacaremos, a última hora de la noche. Traeré mi coche y los llevaremos a una zona boscosa. Es lo único que se me ocurre.
Sabrina: Pero sabrán que hemos movido el cadáver. Vendrán aquí, para preguntar...
Nerea: Entonces lo enterraremos. Nadie sabrá jamás que fue de él. Por cierto, ¿has tirado todo el veneno?
Sabrina: ¡Oh no! La botella sigue ahí.
Nerea: ¡Tira inmediatamente esa botella! Si Leticia bebe y muere, resultará muy sospechoso.


Sabrina bajó corriendo y para su sorpresa, no encontró a Leticia bebiendo agua envenenada. Sin embargo, Anita tenía una copa repleta de esa misma agua. 

Sabrina: ¡Alto! ¡No bebas de esa copa!


Anita: Mamá, ¿qué ocurre?
Sabrina: ¿Has bebido?
Anita: Un sorbo.
Sabrina: ¡Maldita sea! ¡Si a ti no te gusta el agua con gas!
Anita: Ya, pero a Leticia no le apetecía beberse esta copa y me la iba a beber yo. No está tan mala.


Sabrina le quitó la copa a su hija y agarró la botella de la mesa. Fue hasta el fregadero y vació el contendido. Temía por la vida de su hija.

Leticia: ¿Qué ocurre?
Sabrina: ¡Mi hija es alérgica al agua con gas!
Leticia: ¿Qué? ¡No lo sabía!
Anita: Ni yo.


Sabrina: Tengo que ir a llevarla a urgencias.
Leticia: Lo siento, de verdad que no tenía ni idea.
Sabrina: Ahora eso no importa. Quédate con Walter. Tengo que llevarla al hospital cuanto antes.


Después de pasar dos horas en el hospital, volvieron a casa. Hicieron muchas pruebas a Anita, pero estaba perfectamente. No encontraron ningún rastro de veneno en la sangre. Eso la alivió pero no podía dejar de llorar por lo ocurrido. Quizás un sorbo de veneno no había sido suficiente para matarla y eso la salvó. Acostó a los niños y se fue a dormir. Se tumbó en su cama y se tapó. John estaba preparando la ropa del trabajo para el día siguiente.

John: Pues eso, que no tenía ni idea de que Anita era alérgica al agua con gas. Es una alergia muy rara, ¿no? En fin, lo que importa es que está bien. Lo siento por Leticia, pero en esta casa ya no entra más agua con gas.

Sabrina no tenía ganas de hablar. Pensaba en Anita, pero también en Bruno. En el piso de arriba, estaba su cuerpo metido en un armario.


John: Leticia estaba muy preocupada. Ha llamado varias veces para saber cómo se encontraba Anita. Menudo susto nos hemos llevado todos. Por cierto, ¿sabes algo de Bruno? 
Sabrina: ¿Bruno? ¿Qué Bruno?
John: Cariño, el profesor de Anita. Es que ha llamado su novia por teléfono, preguntando por él. Dice que no sabe dónde está. ¿Te dijo si se iba a algún sitio después de impartir clase a Anita?
Sabrina: No.

Sabrina se aguantó las ganas de llorar. Recordó las palabras de Nerea, no debía levantar sospechas.

Sabrina: Estará por ahí de botellón.
John: Sí, seguramente.


Sabrina: Hoy en día la gente se vuelve loca por ir de fiesta y emborracharse.
John: Tienes razón. Por desgracia, es mi pan de cada día. Sabrina, tienes que relajarte. Te noto tensa y preocupada.
Sabrina: No...estoy bien.


John se acostó a su lado y se tapó. Se giró para mirarla pero Sabrina evitaba su mirada.

John: Anita está bien, tranquila. No tienes culpa de nada.
Sabrina: Quizás sí. No soy una buena madre...
John: No digas tonterías. Eres una madre maravillosa. Te preocupas mucho por tus hijos, y por mi.
Sabrina: John...

Ya no pudo más y se puso a llorar. Le quería confesar lo ocurrido, pero era incapaz. Sabía que si le contaba la verdad, todo cambiaría para siempre.

John: No llores, todo está bien. Descansa, mi amor. Mañana verás las cosas de otra forma.


Continuará...