miércoles, 19 de mayo de 2021

Celos - Capítulo 09: Te invito a un helado

Capítulo 09: Te invito a un helado

Junior corría con los ojos llorosos, sin mirar por dónde iba. Sin querer, tropezó con una chica que caminaba con muletas. La golpeó en el hombro y esta perdió el equilibrio. Junior vio como por su culpa, la chica iba caer al agua.


La agarró justo a tiempo y evitó la caída.

Junior: ¡Te tengo!
Chica: ¡Ayuda!


Cuando la chica se repuso del susto, Junior se disculpó.

Junior: Perdona, no miraba por dónde iba.

Era una chica wensulana de pelo largo y negro, con dos coletas y gorra azul. A Junior le pareció muy guapa, pero sus ojos llorosos no le dejaban ver con claridad.

Luna: Disculpas aceptadas. Al menos has conseguido que no caiga al agua. Debe estar fría. 
Junior: Hoy no tengo un buen día, disculpa.
Luna: Vaya, siento escuchar eso.


Junior se sentó mirando al mar.

Junior: Es una porquería de día. Me tendría que haber quedado en la cama.
Luna: Yo tampoco tengo un buen día. ¿Puedo sentarme a tu lado?

Junior movió los hombros, incapaz de pronunciar una palabra. Se estaba aguantando las ganas de llorar.


Luna: Pues yo estoy enferma. Hace años que arrastro una enfermedad que no me deja en paz. He pasado largas temporadas en el hospital y cuando por fin me dan el alta, la enfermedad vuelve a aparecer. Ahora camino con muletas, no me importa, puedo caminar, que es lo que importa, pero me aterroriza volver al hospital. 
Junior: Lo siento...
Luna: Además, mi novio está raro. Creo que me va a dejar. A lo mejor se ha cansado de mi enfermedad, no lo sé. Mi madre está histérica y no me deja sola ni un minuto, así que he decido salir a pasear. Ay, ya me siento mejor. Contar las penas viene muy bien, aunque sea a un desconocido. Dime, ¿a que se debe que tengas un día tan horrible?
Junior: Después de lo que me has contado, lo mío parece una tontería...
Luna: Seguro que no lo es. Por cierto, me llamo Luna.
Junior: Yo soy Junior.
Luna: Me mola tu pelo. Es un verde fluorescente que me encanta. Oye, te invito a un helado. ¿Te apetece?
Junior: ¿Un helado? Bueno...


Entraron en la heladería. Era famosa por la gran cantidad de sabores que tenían.

Luna: ¿Ese de que sabor es?
Heladero: Menta blanca y chocolate negro.
Luna: ¿Y ese?
Heladero: Coco y caramelo.
Luna: ¿Y ese?


Heladero: De pitufo.
Luna: Pues quiero un cucurucho de tres bolas de esos tres sabores.
Heladero: Marchando. ¿Y tú?
Junior: Yo igual pero de pistacho, menta y lima limón. 
Heladero: Perfecto.


La heladería disponía de una pequeña terraza con mesas. Subieron y se sentaron disfrutando de las vistas.

Luna: Quién diría que me iba a tomar un helado con un chico al que acabo de conocer. Al menos mi día ha dado un cambio radical y ahora no me parece que sea tan malo. Oh, has sonreído.
Junior: Gracias a ti mi día tampoco es tan malo. Gracias por el helado.
Luna: En esta heladería están riquísimos.


Junior: Te tengo que presentar a mis amigos. Te caerán genial.
Luna: Me encantaría. Yo también te tengo que presentar a mi amiga. Solamente tengo una amiga, pero vale por mil. Por cierto, al final no me has contado lo que te ocurre.
Junior: Es por una chica. Pensaba que podría haber algo entre nosotros. Es especial para mi. Hoy me he enterado que tiene novio...
Luna: Menudo mazazo. Lo siento, Junior. Bah, ella se lo pierde.


Mientras tanto, Sabrina, Sus, Duclack y los demás, llegaron al puerto. Los niños estaban entusiasmados.

Suselle: ¡Qué bonito es esto!
Dante: Es la caña.
Pradito: Yo quiero ver barcos pirata.
Anita: Esto me gusta, pero me gustaría ir al zoo. Está aquí al lado.


Pradito: ¡Mirad aquel barco!
Walter: ¡Qué chulada!
Leticia: ¡No os acerquéis mucho al agua!


Pradito: No hay ningún barco pirata...
Dante: Habrán salido a piratear. 
Pradito: Jo, yo quería ver alguno...
Walter: Estos también son bonitos.


Suselle: ¡Una gaviota! Hola, bonita.
Leticia: ¡Cuidado que te puede picar!
Suselle: Con lo bonita que es seguro que no pica.
Adolfina: Las apariencias engañan, Suselle.
Walter: Son agresivas en época de cría.
Anita: ¡Yo quiero ir al zoo! Paula nos espera allí.
Leticia: ¿No prefieres subir al barco de recreo?
Anita: No, prefiero ir a ver los leones.


Sus: ¡Qué bonito está el puerto!
Duclack: Esto antes era una comisaría. Ahora es una heladería.
Sus: Sí, y han pintado la fachada rosa.
Sebastián: Dicen que aquí preparan unos helados de chuparse los dedos.


Sabrina: Sí, los helados están muy buenos, pero nos os pidáis ninguno. Tenemos que subir al barco con el estómago vacío. Sirven marisco gratis y tenemos que aprovechar la ocasión para ponernos las botas.


John: ¿Dónde tenéis amarrado vuestro barco pirata?
Diamante: En un puerto de Clisandia.
John: Algún día me gustaría poder verlo. Nunca he subido en uno.
Diamante: Se lo diré a mi capitana y organizamos una visita.


Sus: Mira, Diamante. Tienen helados de todos los sabores. Algunos no los había visto nunca.
Diamante: A mi me gustan los de antes. Un frigo pie o un drácula.
Duclack: ¡Oh, sí! A mi me encantaba el twister.
Sus: ¡Y a mi! El miko bruja o miko lápiz me fascinaban.
Diamante: El miko dedo o el cohete de cola.
Sabrina: A mi me gustaban mucho los calipo. No miréis más, que ahora no podemos llenarnos con un helado.


Suselle: Mami, ¿podemos ir al zoo?
Sus: ¿Al zoo?
Suselle: Sí, está aquí al lado.
Diamante: Pero si vamos a subir a un barco y navegar. 
Dante: Es que dice Anita que mola mucho. En ese zoo no maltratan a los animales.
Anita: Nos podrían llevar Leticia y Adolfina.
Sabrina: ¡Buena idea! Por mi sí, niños. (Así me libro un rato de los niños y de esa petarda).
Sus: Está bien...
Duclack: ¿Estás segura que prefieres el zoo a subir al barco?
Pradito: Sí, también me apetece ver animales.
John: Adolfina, ¿podría usted encargarse de los niños? Sé que a Leticia le hace especial ilusión subir al barco.
Adolfina: No es problema. Si estos niños son unos soles.


Leticia: Ay, no. No me parece bien dejarla sola con todos los niños.
Adolfina: No es molestia, Leticia. Ve y disfruta, te vendrá bien distraerte un poco.
Leticia: Se lo agradezco, pero es mejor que la acompañe. No me sentiría bien...
Adolfina: Puedes estar tranquila. Estaremos muy bien, ¿verdad. niños? Venga, nos vamos al zoo.


Los niños siguieron a Adolfina. Estaban entusiasmados con la idea de ir al zoo.

Anita: ¡Me haré fotos con los monos!
Suselle: ¡Yo quiero ver los pingüinos! Son tan adorables.
Dante: Espero que los leones no estén durmiendo. Siempre que voy están escondidos.
Pradito: Yo quiero ver los elefantes. Le voy a pedir uno a Papa Noel este año.
Walter: ¿Y cómo lo meterás en casa?
Pradito: Le diré a mi padre que construya una puerta gigante para él. 


John se acercó a Leticia. No se sentía cómoda dejando a Adolfina sola con los niños.

John: Leticia, tienes que relajarte. Adolfina es una profesional y los niños estarán muy bien con ella.
Leticia: Es que...
John: Sé que te hace ilusión subir al barco. Venga, anímate. Así te olvidas un poco de los problemas.
Leticia: Muchas gracias, John.


Sabrina observaba la escena apretando las manos. John agarraba a Leticia de los hombros y ella le sonreía. 

Sabrina: No hay forma de librarse de esta roba maridos. La odio, ¡la odio a muerte! Está coqueteando con mi marido y en toda mi cara. Esto no quedará así.


Continuará...



lunes, 17 de mayo de 2021

Celos - Capítulo 08: Tía Lidia

Capítulo 08: Tía Lidia


Sabrina estaba celosa y enfadada. Leticia estaba cada vez más integrada en la familia. John la adoraba y los niños también. Incluso su padre se había encaprichado de ella. Empezaba a sentir que perdía el control. Dio una patada contra la pared y gritó de dolor. Luego agarró un jarrón y lo estrelló contra el suelo. Se sentó sobre su cama e intentó tranquilizarse. De pronto, una idea muy loca apareció en su mente. Se levantó de la cama y fue hasta el cuarto de Walter. El veneno seguía sobre la mesa de estudio.


Agarró la botella y miró su contenido con mucho interés.

Sabrina: Mira por dónde, me vas a venir muy bien. Se va a enterar esa petarda.



 Se encontró con Walter, que ya había vuelto del paseo con sus amigos. Cuando vio a su madre con el veneno, pensó en lo que le había dicho Morgana.

Walter: ¿Dónde vas con el veneno?
Sabrina: Lo voy a tirar por el retrete. No vuelvas a trastear con cosas tan peligrosas. ¿Entendido?
Walter: Sí, mamá.


Sabrina: ¿Lo has pasado bien?
Walter: Sí. Mamá, ¿tiramos juntos el veneno al retrete?
Sabrina: ¿Juntos? No es necesario. Venga, vete a tu cuarto a jugar a la consola. Mamá tiene cosas que hacer.
Walter: Está bien...


Mientras tanto...

Filomena tenía una hermana un año mayor que ella. Se llamaba Lidia y vivía en una buena casa en el centro de Wensuland. Era una casa muy grande, pero antigua.  Lidia conservaba el papel de las paredes con flores de colores y estampados chillones. Los muebles eran viejos, pero de gran calidad y muy bonitos. Vivía sola. Nunca se había casado y odiaba a los hombres más que cualquier otra cosa en el mundo. Adoraba a su sobrina, aunque con su hermana no se llevaba del todo bien. Cuando Filomena, Bisbi y Leticia se quedaron sin vivienda, ella los acogió. Filomena no deseaba pedirle ayuda a su hermana,  pues era muy orgullosa, pero no tuvo más remedio. Lidia los acogió sin pensárselo dos veces y recriminó a su hermana que no lo hubiese hecho antes. 



Pasaba mucho tiempo cosiendo. Tenía una pequeña máquina de coser con la que hacía gran variedad de prendas que solía regalar a los más allegados. Aquel día, estaba cosiendo una bufanda para Leticia mientras veía la televisión. Era una mujer solitaria. Pertenecía a un club de lectura y solía salir todas las mañanas para desayunar en su cafetería preferida, pero poco más. Convivir con su hermana y sus sobrinos alegró sus días. 


Leticia y Filomena entraron en casa. Leticia estaba muy enfadada con su madre, que no paraba de recriminarle su comportamiento.

Leticia: Por favor, madre. Ya estoy cansada de que se meta en mi vida.
Filomena: Soy tu madre, tengo todo el derecho del mundo a hacerlo.


Leticia: Pues a mi no me gusta. Soy una clack adulta...
Filomena: Hija, que estamos hablando de cosas muy serias. La señora Sabrina está muy enfadada y si no te comportas, te echará del trabajo.


Leticia: ¿Si no me comporto? Creo que mi comportamiento es ejemplar.
Filomena: No me hagas hablar, Leticia. Deja de coquetear con ese hombre.
Leticia: Oh...yo...
Filomena: Me decepcionas, hija. Por favor, recupera la cordura. Deja a ese hombre en paz, conserva tu trabajo. Lo necesitamos. No podemos abusar de la hospitalidad de mi hermana eternamente.


Leticia enmudeció. No entendía como era posible que Sabrina se hubiese enterado. Le dio mucho coraje que se lo hubiese contado a su madre antes de hablarlo con ella. Entraron en el comedor y Lidia las saludó.

Tía Lidia: ¿Otra vez enfadadas?
Filomena: Nada importante, hermana.
Tía Lidia: Sobrina, tienes mala cara. Acércate, cariño.


Leticia: Estoy bien, tía Lidia. Es que estoy muy cansada.
Tía Lidia: En ese trabajo te explotan. Mira, te estoy terminando la bufanda.
Leticia: ¡Qué ilusión! Está quedando preciosa.
Tía Lidia: Ahora viene el calor, pero ya verás como me lo agradecerás en invierno. Es calentita y muy suave. 


Leticia se sentó en el sofá. Estaba preocupada y cansada. No quería tener más problemas con Sabrina y detestaba que su madre estuviese al corriente sobre su vida sentimental. Filomena fue hasta ella y le habló en voz baja.

Filomena: Usa la cabeza, hija. Yo no te he educado para que te comportes de esa manera. Aléjate de ese hombre. 
Leticia: Me enamoré, madre. Aunque no tiene que preocuparse, no volveré a acercarme a él.
Filomena: Eso espero. Y de esto ni una palabra a tu tía. Ya sabes cómo es ella. 
Leticia: Lo sé...


Filomena se fue a la cocina y Lidia se acercó a su sobrina.

Tía Lidia: Tienes mala cara, sobrina.
Leticia: No se preocupe, tía. Estoy bien.
Tía Lidia: Soy vieja, pero no tonta. Sé cuando mi sobrina está mal.


Se sentó junto a ella y le cogió la mano.

Tía Lidia: ¿Se trata de un hombre?
Leticia: Prefiero no hablar de ello...
Tía Lidia: Cariño, te lo he dicho mil veces. Los hombres no traen nada bueno. Te prometen la luna, pero una vez metido, se olvidan de lo prometido. Haz caso a tu tía. Aléjate de ellos. No quiero que te lo hagan pasar mal. Yo vivo estupendamente sola.
Leticia: No es tan fácil, tía Lidia.


Días más tarde...

Llegó el fin de semana. Azur y Junior quedaron para pasear por el puerto. Hacía un día estupendo. El sol brillaba en un cielo azul sin ninguna nube a la vista. Los pescadores salían a faenar en sus pequeñas embarcaciones. 


Los pelícanos descansaban en las rocas, disfrutando del sol. Las gaviotas revoloteaban alrededor, buscando comida. 


Los propietarios de las embarcaciones amarradas en el puerto, aprovechaban el buen tiempo para salir. Mientras, la heladería del puerto vendía helados sin parar. 


Junior y Azur caminaban tranquilamente junto a la heladería. Azur le quería presentar alguien muy especial a Junior. 

Azur: Mira, qué suerte tienen esos. Tienen su propio barco.
Junior: Sí, pueden ir dónde les apetezca. 


Azur: Aunque nosotros también podemos ir dónde queramos. No necesitamos un barco.
Junior: Pues también es verdad. Al final, son caprichos de pijos.
Azur: Sí. En realidad, no somos tan materialistas. 

   

Se sentaron junto al mar, observando el horizonte. Junior no podía estar más feliz. Azur estaba resplandeciente. Sus ojos azules iluminaban su rostro. No podía dejar de mirarla cuando ella se distraía. Él, que siempre había renegado de las relaciones y le daba asco cuando sus amigos se morían por una chica, había caído en las redes del amor.

Azur: Junior, no sabes lo mucho que te agradezco lo que hiciste por mi en el trabajo. Ahora mi jefe me trata de otra forma.
Junior: No tienes que agradecerme nada, Azur. No soporto que te traten mal. 
Azur: Eres un amigo de verdad.

Azur: ¡Mira, por ahí viene Ulises! 

Un chico muy atractivo y con cuerpo de gimnasio, se acercaba a ellos montado en una moto acuática. Su pelo largo y negro se movía con el viento.

Azur: ¡Ulises, estamos aquí!

Llegó al puerto y apagó el motor de la moto. Saltó a tierra firme y besó a Azur en los labios. Junior palideció (todavía más de lo que estaba). ¡Se habían besado! Estaba confundido.

Ulises: Princesa mía. Estás preciosa.

Azur: Estás empapado. Mira, te quiero presentar a un amigo. Se llama Junior. ¿Recuerdas que te hablé de él?

Ulises: ¡Junior! Pues claro que me acuerdo. Defendiste a mi chica del cretino de su jefe. Te debo una, colega.

Junior: No fue nada...

Ulises: Me mola que mi novia tenga amigos como tú.

Esa palabra resonó con fuerza en su mente y se le clavó en el corazón. Novia, había dicho novia. No podía creerlo, Azur tenía novio. Se sentía ridículo. Tenía ganas de tirar al agua Ulises. Empujarle y salir corriendo, pero disimuló. 

Junior: Creo que he de irme.

Ulises: ¿Ya? No hombre, vente con nosotros a tomarte algo.

Junior: En serio, tengo prisa.

Azur: Junior, ¿estás bien?

Junior: Estoy bien. Es que he recordado que el lunes tengo examen y no he estudiado nada.

Azur: Junior, quédate aunque sea un ratito.

Junior: No, lo siento. Un placer, Ulises.

Azur: ¡Junior, espera!

Junior salió corriendo. Cuando se alejó lo suficiente, se puso a llorar. 

Junior: ¡Soy tonto! Pensar que una chica así se fijaría en mi. ¡He hecho el ridículo!


Continuará

viernes, 30 de abril de 2021

Celos - Capítulo 07: La magia de Morgana


Capítulo 07: La magia de Morgana 

Las cadenas de televisión más importantes habían dejado de llamar a Mercedes Clická. Salvo algunos reportajes, llevaba tiempo sin aparecer en televisión. Estaba desesperada. Sus supuestos amigos famosos le habían dado de lado, por lo que se tuvo que reinventar. Tenía un canal de clicktube en el que hacía pequeños reportajes y entrevistas. Gracias a eso y a las marcas que pagaban para que sus productos apareciesen en dichos vídeos, conseguía tirar para adelante. Acudió a La magia de Morgana para pedirle ayuda. Necesitaba averiguar si la volverían a llamar. 

Morgana: Ahora lo veo.
Mercedes: ¿Sí? ¿Puedes ver si vuelvo a la televisión?


Estaban sentadas frente a una pequeña mesa de madera. Sobre un pequeño cojín azul marino reposaba la bola de cristal. Morgana movía sus manos sobre ella, pero sin llegar a tocarla. Mercedes observaba atenta. 

Morgana: Sí, veo algo sobre eso. Un hombre poderoso te llamará para ofrecerte trabajo en televisión.
Mercedes: ¡Viva! ¿Quién es ese hombre? ¿Me ofrecerá un puesto de presentadora?


Morgana: No puedo ver con tanta precisión, lo siento. Te veo al pie del cañón. Quizás más como reportera, pero no logro ver más allá. Ten paciencia, llegará en cualquier momento.
 Mercedes: Bueno, no me importa si vuelvo como reportera. Lo importante es volver.  Tengo que conseguir un programa como el que tiene Ana Rosa Clicktana. Ya que estamos, ¿ves algo más sobre mi? ¿Algo sobre el amor? Paco y yo no estamos pasando por un buen momento.


Morgana: Vuestra relación sufrirá nuevas turbulencias. Hay amor por su parte, mucho amor. Sin embargo, a ti no te veo muy convencida...
Mercedes: Vaya, has dado en el clavo. Así es. Le amo, pero nuestra relación está estancada. Siento que me aburre y me limita.
Morgana: Os veo juntos, pero antes pasaréis largas jornadas separados.


Morgana acompañó a Mercedes a recepción. Le pidió cita para la semana siguiente y Morgana la apuntó para un viernes, a la misma hora. Mercedes le pagó 30 cleuros de la consulta.

Morgana: No desesperes, Merche. Pronto volverás a trabajar.
Mercedes: Eso espero. Necesito volver a la tele.
Morgana: Nos vemos la semana que viene. 


Cuando Mercedes abrió la puerta para salir, Paula la empujó de malas formas y entró. 

Mercedes: ¡Niña, sin empujar!
Paula: ¡Quiero ñam ñam que ñam ñam me adivines el futuro!

Hablaba con la boca llena. Masticaba las patatas con tanta energía que lanzaba perdigones por todas partes.

Morgana: ¡Chica, aquí no se puede entrar de esa forma!
Paula: ¿No voy bien vestida?
Morgana: No me refiero a tu forma de vestir. No se puede entrar comiendo ni empujando a los demás.


Paula: Espera, que me las como rápido. Mientras, ñam ñam, me predices el futuro. ¿Seré Influencer?
Morgana: Debes salir de mi tienda, lo siento. No trabajo de esta forma.
Paula: Pero...
Morgana: Atenderé a los que entren en mi tienda con respeto.
Paula: ¡Pues vaya una pelma!


Dante y Paula salieron, pues seguían comiendo patatas. Los demás, se quedaron en la tienda, sin saber muy bien lo que debían decir.

Morgana: Bienvenidos a La magia de Morgana. Siento ser así de estricta, pero me gusta que se dirijan a mi con respeto. Vuestra amiga ha sido muy maleducada. 
Suselle: No se preocupe, lo entendemos.
Pradito: Paula es así de bruta.
Anita: ¿Nos puede predecir el futuro?
Morgana: Esta no es mi forma de trabajar pero haré una excepción por vosotros. Os puedo decir que tenéis un futuro muy prometedor por delante. Sois buenos estudiantes. ¿Tú cómo te llamas?
Anita: Anita.
Morgana: Tienes que esforzarte más. Si lo haces, sacarás el curso para adelante. Un momento...¿Cómo te llamas?
Walter: ¿Yo? Walter...


Morgana agarró las manos de Walter y le miró las palmas muy preocupada. Intentó disimular, para no asustarlo.

Walter: ¿Ocurre algo?
Morgana: No te asustes, pequeño. Veo en ti algo confuso que no sé interpretar. Veneno.
Walter: ¿Veneno?
Morgana: Sí, esa palabra aparece en forma de advertencia. No sé lo que pueda significar, pero me siento en la obligación de advertirte. 
Walter: Yo no creo en estas cosas...
Morgana: Eso da igual, pequeño. Aparece un nombre...Le...
Walter: Será mejor que nos marchemos ya, es tarde.


Morgana: ¿Quién es Leticia?
Walter: ¿Conoce a mi niñera?
Morgana: No sé quién es, pero es ella la que necesita tu ayuda.
Walter: Lo siento, pero no me creo nada de esto.
Morgana: Aunque no creas, abre bien los ojos. Quizás tu niñera necesite tu ayuda.


En casa de Sabrina...

Los invitados ya se marchaban. Nerea se fue despidiéndose de todos con un beso rápido al aire y sin mucha efusión. Sabrina y John acompañaron a los demás a la puerta.

Sus: Muchas gracias por todo, Sabrina. 
Sabrina: No ha sido nada. Espero que volváis muchas más veces.
Duclack: Tienes una casa preciosa. Esta cocina me encanta.
Sabrina: Muchas gracias.


Cuando los invitados se marcharon. Sabrina besó a John en los labios y le explicó lo que había pensado hacer el próximo fin de semana.

Sabrina: Hemos pensado en ir al puerto. Montarnos en ese barco en el que sirven marisco y vino mientras te pasean.
John: Estaría bien.
Sabrina: Nerea me ha dicho que si Paul puede, nos invitan a su yate.
John: Pinta bien. Nos llevaremos a Leticia, que está un poco decaída. 
Sabrina: ¿A esa? Es un plan familiar, cariño. 
John: Leticia es como de la familia. Además, cuidará de los niños mientras nosotros nos relajamos.


Leticia pasó junto a ellos.

Leticia: Ya me voy. Me arreglo antes de que venga mi madre, que está al caer. He dejado la cena en la nevera.
John: Gracias, Leticia.
Leticia: ¿Los niños no han vuelto?
John: Todavía no.
Leticia: El pudding de chocolate está en la nevera, por si les apetece cuando vuelvan.
Sabrina: Que sí, pesada. 


John se marchó a su despacho y en esos momentos, llamaron a la puerta. Sabrina abrió y se encontró a Filomena, la madre de Leticia. Iba a buscarla todos los días en su coche. Era una madre muy protectora y muy estricta, por lo que había podido comprobar. 

Filomena: Buenas tardes. 
Sabrina: Pase, que su hija todavía no está preparada. 
Filomena: Muy amable.


Sabrina: Ya que la tengo aquí, me gustaría comentarle un cosa.
Filomena: Usted dirá.
Sabrina: Es sobre su hija.
Filomena: ¿Qué ocurre? ¿No están contentos con ella?
Sabrina: Mi marido lo está, pero yo no.
Filomena: ¿No le gusta su forma de trabajar? Es cuestión de hablarlo. Seguro que se puede solucionar.
Sabrina: Pues eso espero. Su hija se pasa el día coqueteando con mi marido.
Filomena: No puedo creerle. Mi hija es muy respetuosa y jamás haría una cosa así.
Sabrina: ¿Y todo lo que montó en casa de Sus y Diamante? No es tan respetuosa como usted cree. La veo  cuchicheando con mi marido a mis espaldas. Le guiña un ojo cuando cree que no la veo, se maquilla y se pone a limpiar de forma provocativa delante de él. Mi marido me quiere, pero es un click. Ya sabe, los clicks no son como nosotras, que no nos dejamos llevar por impulsos primitivos. Me preocupa mucho. 
Filomena: Quizás se trate de un malentendido...


Sabrina: No soy la única que se ha percatado de ello. Mi mejor amiga también se ha dado cuenta. Como comprenderá, no estoy contenta. Mire, esto se lo digo a usted en confianza. Seguro que lo podemos arreglar sin tener que llegar a mayores. No me gustaría despedirla. Sé de vuestra situación precaria. Hable con ella y aconséjele que se aleje de mi marido inmediatamente. Si veo que se comporta, no la despediré. 
Filomena: Descuide, hablaré con ella.
Sabrina: Tenemos dos hijos y no quiero que nadie destruya esta familia. Mi marido es fiel y bueno, pero si su hija le sigue pinchando, no sé lo que pueda ocurrir. 


Leticia:  ¡Ya estás aquí! Perdona, me he entretenido doblando ropa. 
Filomena: Vamos, que se hace tarde.

Leticia detectó en el tono de voz de su madre, que algo le ocurría. Se preocupó, pues presentía que estaba enfadada por algo que había hecho.

Leticia: Adiós, Sabrina.
Sabrina: Chao.


Leticia: ¿Ocurre algo?
Filomena: Me tienes contenta.
Leticia: Siento haberte hecho esperar. Quería dejar toda la ropa doblada.
Filomena: No te hagas la tonta. Parece mentira que con la educación que te he dado, te comportes de esa forma.
Leticia: No entiendo nada.
Filomena: En casa lo hablamos.


Continuará...