jueves, 12 de marzo de 2020

¡Oh, Chidi de mi corazón! - Capítulo 03: Hallelujah

Olivia dejó a Chidi con su padre y su hermano y se llevó a Wenda fuera. Le quería enseñar sus macetas y la gran cantidad de flores que tenía plantadas en ellas.

 Olivia: ¿Te gustan las flores?
Wenda: Mucho. En la terraza de mi casa tengo bastantes. Me relajan.
Olivia: A mi también. Las plantas y los gatos.
Wenda: Sí, he visto que tiene muchos. Se ven muy sanos.
Olivia: Son una preciosa creación de nuestro señor y me encargo de su bienestar.Los pobrecitos se morirían de hambre sin mi ayuda.


Una bolsa de basura a un lado de las escaleras quitó todo el encanto del momento.

Olivia: Este es Job, mi gato favorito.
Wenda: Tiene un nombre bíblico. 
Olivia: Así es. Todos los gatos tienen su nombre bíblico, aunque son tantos que a veces los confundo.


Olivia: Estos son claveles y aquí tengo rosas.
Wenda: Son espectaculares.

Las macetas eran viejas y estaban destartaladas, pero las flores lucían con todo su esplendor.

Olivia: Los narcisos me apasionan.
Wenda: Y a mi. También tiene lavanda. ¡Mmm, huele de maravilla!
Olivia: Sí, huele a las mil maravillas.


Wenda: ¿Y este grandullón?

De una caseta roja con el tejado de madera, salió un perro bastante grande. Era completamente negro y tenía un semblante serio y atento.

Olivia: Es Moisés. Es un buen perro y protege la casa de ladrones e indeseables. Lo tenemos desde que era un cachorrito.
Wenda: Hola, precioso.
Moisés: ¡Guau guau GUAU!

Wenda se apartó asustada. No parecía un perro muy amigable y su ladrido era tan fuerte que le pitaron los oídos. 

Olivia: No te preocupes, es su forma de saludar. No muerde.
Wenda: Ya...


Olivia: Esta zona la usa mi Martin para guardar sus cosas. Es un manitas, si un día necesitas que te arregle un coche, una moto o lo que sea, se lo dices. Cuando algo se rompe en casa, no llamo a ningún técnico.

Aquella zona impactó muchísimo a Wenda. Varias motos habían sido invadidas por malas hiervas. Parecían pedir ayuda con sus faros y sus ruedas sobresaliendo entre la maleza. Ordenadores destartalados y todo tipo de aparatos corrían la misma suerte. Wenda se preguntó que sentido tenía guardar todo eso a la intemperie. 


Olivia: Mira, nuestro rincón favorito. Aquí hacemos barbacoas.

Se trataba de una simple barbacoa de metal. 

Wenda: Seguro que os salen deliciosas.
Olivia: Muy ricas. Esta barbacoa la encontró mi Martin en la basura y fíjate, está perfecta. La usamos cada domingo, después de la misa. Mi Orlando hace maravillas con ella. Las chuletas le salen deliciosas. Un día de estos, os venís y las pruebas.
Wenda: Será un placer.


Olivia: Wenda, necesito saber que es lo que sientes por mi hijo. Entiende que quiero lo mejor para él y me preocupa su felicidad.
Wenda: Lo entiendo. Te seré totalmente sincera. Estaba resignada a no ser amada. He estado casada y muy enamorada durante muchos años, con el que es el padre de mis dos hijos. Ese amor se acabó y pasados unos años, me volví a enamorar. Amaba a ese clack con locura. Nos casamos pero hace cosa de un año, se marchó. Me dejó, no por otra ni por no amarme, eso es al menos lo que me dijo. Se marchó y por lo visto, para siempre. Me pidió que rehiciese mi vida, que me olvidase de él. 
Olivia: ¿Y ya no has sabido nada más de él?
Wenda: Absolutamente nada. Fue un palo muy duro para mi, pero también para su hija, que la siento también como si fuese mía. Gracias a ella, una clack fuerte y muy cariñosa y a mis hijos, lo superé. Ya no creía en el amor, Olivia. Me he refugiado en mis hijos y mis nietos, que lo son todo para mi. Entonces, cuando menos lo esperaba, apareció Chidi. No te mentiré, me gustó desde la primera vez que lo vi, pero ni por asomo pretendía nada con él. Soy más mayor y eso para mi era un impedimento. Además de mi baja autoestima en esos momentos...pero Chidi se fijó en mi. Lo rechacé varias veces, pero él seguía insistiendo. Decidí quedar con él, dejarme llevar. Me enamoré perdidamente de él. No solamente por su extraordinario físico, si no por su corazón. Tenemos muchas cosas en común y nos entendemos a la perfección.


Olivia: Entiendo.
Wenda: Nos amamos de verdad. No lo planeé ni lo imaginé, simplemente ocurrió. Chidi me ha devuelto las ganas de vivir la vida al máximo. Me siento más joven que nunca y tengo muchas ganas de hacer cosas con él. Pensar en perderle me parte el corazón. 
Olivia: Veo que le amas de verdad. El señor os ha bendecido con este amor. Tendréis que superar muchos prejuicios y barreras, no todo el mundo es capaz de entender el amor.
Wenda: Lo sé, pero me da igual.
Olivia: Me gustas. Sé que harás feliz a mi hijo.


Orlando: Siento interrumpiros, chicas. Es hora de ir a la iglesia.
Olivia: ¡Es cierto! Hablando con Wenda se me fue el santo al cielo.
Orlando: Te traigo el bolso.
Olivia: ¡Perfecto! Venga, no quiero llegar tarde.
Wenda: ¿Os esperamos aquí?
Olivia: De eso nada. Os venís con nosotros. Te presentaré al padre Gabriel y a toda la congregación.
Wenda: ...

Wenda miró a Chidi suplicante. 

Chidi: Lo sé...Te compensaré por esto.
Wenda: Sabes que soy creyente y me gusta ir a la iglesia, pero es que no me siento con fuerzas para conocer a toda una congregación...
Chidi: ¿Quieres que me invente algo y nos quedamos? Aunque me gustaría ir contigo y presentarte a mi gente...
Wenda: Vale, iré. Ahora que le estoy cayendo bien a tu madre no lo quiero estropear. De todas formas a mi me gusta mucho ir a la iglesia. Suelo ir los domingos con mi padre.


Chidi: Me muero por besarte.
Wenda: No digas eso, que nos escuchará tu madre...
Chidi: Has despertado mi lado más salvaje. ¡Grrr, te deseoo!
Wenda: ¡Chidi! Jajajaja, para...


Llegaron a una plaza muy grande en la que estaba situada la iglesia. Había mucha gente caminando hacia ella. Wenda conoció a la novia de Martin, el hermano de Chidi. Se llamaba Loretta. Era una chica espectacular, de tez oscura y pelo negro y largo. Tenía aspecto de modelo, con un vestido rosa muy exuberante y tacones. Al saludarla, Loretta se mostró seca con ella. La miró de arriba a bajo y con cara de asco, se giró.


Wenda: Creo que la novia de tu hermano me ha lanzado una maldición con la mirada.
Chidi: Tiene una personalidad muy especial. No le hagas mucho caso.
Wenda: Lo intentaré, pero creo que no le caigo bien. Cariño, hay mucha gente...me siento fuera de lugar.
Chidi: Es la casa del señor, aquí todos son bienvenidos. No te preocupes que son buena gente.


Chidi: Conozco a toda esta gente, es mi comunidad. Elisa y Eric son buena gente. Tienen tres hijos y a penas llegan a final de mes. Les ayudo con el material escolar de sus hijos y no sabes lo mucho que lo agradecen. Los niños me adornan y siempre me regalan dibujos preciosos.


Wenda: Eres muy bueno, Chidi.
Chidi: No creo que lo sea. Solamente hago lo que todos deberíamos hacer. Ayudarnos los unos a los otros debería ser lo más normal del mundo. Colaboro con el padre Gabriel para ayudar a toda la comunidad. De nada sirve venir a orar y pedir por ti si no eres capaz de ayudar a los demás. Ellos me ayudan también siempre que pueden.
Wenda: Eso es precioso.


Padre Gabriel: ¡Hermanos, estamos a punto de empezar! Los que deseen quedarse, pueden ir pasando.


Olivia: Acelera el paso, Orlando. No quiero llegar tarde.
Orlando: Vamos bien de tiempo, no te preocupes.
Olivia: Me siento tan gozosa de ir a la iglesia con toda la familia al completo.
Chidi: Hacía tiempo que no lo hacíamos, mamá.
Olivia: Es triste perder una costumbre tan sana e importante. Ahora que tienes a Wenda en tu vida, te la puedes traer y asistir juntos a la iglesia. Podría venirse a los talleres sociales que organizamos y a la recogida de alimentos.
Chidi: ¡Una gran idea, mamá!
Wenda: Sí, estaría bien...


Olivia: Por ahí va Meygan. Pobre, desde que perdió a su madre la veo muy perdida. Deberíamos ir a visitarla más a menudo. ¡Oh, ahí está el padre Gabriel!


Wenda: Es muy joven.
Chidi: Sí, tiene mi edad. Era mi mejor amigo de la infancia.
Wenda:Vaya, quiso meterse a cura.
Chidi: Sí, de toda la vida. Nuestros juegos siempre trataban temas de la biblia. Algunas veces jugábamos a Noé y el arca, otras a ser Moisés o David y Goliat.
Wenda: Me habría gustado veros jugando a esas cosas.
Chidi: No seguíamos al pie de la letra lo que dice la biblia, seguro que te echarías las manos a la cabeza jajaja.


Padre Gabriel: ¡Olivia!
Olivia: Padre, tengo una sorpresa para usted.
Padre Gabriel: ¿Una sorpresa? ¿No será otra tarta de manzana? ¡Son deliciosas!
Olivia: No, algo mejor.


Chidi: Hola,Gabriel.
Padre Gabriel: ¡Chidi, amigo mío! Qué alegría verte. Hacía tiempo que no te dejabas caer por aquí.
Chidi: Entre el trabajo y el voluntariado no tengo mucho tiempo. Te veo muy bien.
Padre Gabriel: Tú si que estás bien. Tienes un aspecto estupendo.
Chidi: Gracias. ¿Sigue en pie lo del internado?
Padre Gabriel: Sí, para la semana que viene. Iremos unos cuantos para mejorar las instalaciones. ¿Podremos contar contigo?
Chidi: Por supuesto.
Padre Gabriel: Sabía que no me fallarías.


Chidi: Quiero presentarte a mi novia, Wenda.
Padre Gabriel: ¡Tu novia! Eso si que es una sorpresa. Wenda, es un placer conocerte.
Wenda: Lo mismo digo, padre. Chidi me habla muy bien de usted y es muy querido por todos.
Padre Gabriel: Chidi es un hombre extraordinario y me alegra que haya encontrado el amor. Wenda, este es tu hogar desde ahora. Puedes contar conmigo y toda la comunidad para lo que sea.
Wenda: Es usted muy amable. Lo mismo digo. Si en algo puedo ayudar, no tiene más que decírmelo. 
Padre Gabriel: Por favor, pasad y tomad asiento.
Chidi: Gabriel, puedo hablar un momento a solas contigo.
Padre Gabriel: Por supuesto.


Chidi habló un par de minutos con Gabriel y se reunió con Wenda. Una vez dentro, tomaron asiento. Wenda se sentó al lado de Chidi. Junto al cura, habían dos chicas de color (todos son de color), con micrófonos en la mano. La iglesia era muy pequeña, pero bonita. Era acogedora y te hacía sentir en paz. El olor a cera y perfumes se mezclaba en el ambiente y a Wenda le resultó agradable.

Padre Gabriel: Hermanas y hermanos, bienvenidos otro día más a la casa del señor. ¡Hallelujah!
Todos: ¡Hallelujah!
Padre Gabriel: En este lugar sagrado, nuestro señor nos protege. ¡Alabemos al señor!


¡Te damos las gracias por tu amor y compresión, señor!
¡Hallelujah!
¡Gracias por amarnos tanto, señor!
¡Hallelujah!
¡Hallelujah! ¡Hallelujah!
Cantantes: ¡Ohhhhh SeñooOOOOooooOOooor!


Somos pecadores, hermanos. Imperfectos. A pesar de todo, ¡podemos hacer el bien! ¡Podemos ser mejores clicks! ¡PODEMOS LUCHAR CONTRA EL MAL Y EL PECADO!
¡Allelujah!
Cantantes: ¡Ohhhhh señoooOOOoooOOOooor!


Colosenses 3:5 dice que hagamos morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia y bla bla bla bla
Wenda: No había visto una cura dar misa de esa forma. Si hasta cantan y tocan la pandereta.
Chidi: Esta es nuestra forma de hacer las cosas. A todo le ponemos mucha pasión.
Wenda: Estoy sorprendida. Me gusta.


Olivia: Hay que ver los buenos discursos que da el padre Gabriel. Somos unos privilegiados.
Orlando: Grrrrr...
Olivia. ¿Eh? ¡Orlando! No te duermas...
Orlando: Perdón...
Olivia: Encima roncando, ¡compórtate!
Orlando: Tendría que haber dormido la siesta...


Cantantes: ¡VivaAAAaaAaA! ¡Allelujah, cada uno con la suyAaaAAAAaaaa! ¡Viva el amor, fuera el pecadoooOOoooo!
Wenda: Menudo vozarrón tienen.


Padre Gabriel: ¡Si seguimos la senda del amor de nuestro señor seremos recompensados! ¡Abrid vuestros corazones, hermanas y hermanos! ¡La palabra del señor es nuestra luz!

Todos se pusieron a cantar. Wenda se quedó petrificada, no se lo esperaba. Algunos se habían traído instrumentos de casa y los tocaban mientras entonaban la canción. Chidi se la sabía y cantaba a pleno pulmón. No sabía que cantaba tan bien. Salía un chorro de voz de su boca tan poderoso que lo miraba fascinada.

Wenda: Ay mi Chidi, ¡canta de maravilla!

Todos: ¡Si abres la biblia te encontrarás, bellas historias,ya lo verás! ¡Lalarala laralaaaa!


Chidi: Aaaaaaaaabreee la bibliiIIIIIIiiIiIIiIiIiIaaaAAAAAAAAAAAA.
Wenda: ¡Chidi! Cantas muy bien.
Chidi: Venga, canta conmigo.
Wenda: No me se la letra, lo siento...y me da vergüenza. 


Chidi: Es fácil, ya lo verás.
Wenda: Vale, allá voy.


Wenda: ¡OooooOOooOoh abre laaaAAAaAAaA BibliaaaAaaa..ajam, ay, me ahogo...
Padre Gabriel: Es una día marcado por las bendiciones, hermanos. Quiero contaros cosas buenas, bendiciones a personas que se lo merecen. 


Padre Gabriel: La hermana Ingrid organizó una recolecta para ayudar a los más necesitados. Creo que todos los presentes asistimos a aquella fantástica reunión. Disfrutamos de buena compañía y comimos los deliciosos dulces de Ingrid, pero lo mejor es que con todo lo que se recaudó, ¡hemos conseguido ayudar a muchísimas personas! Gracias a su buena voluntad, muchos tendrán comida en sus despensas por largo tiempo. ¡Gracias, hermana Ingrid! ¡Gracias, señor!
Todos: ¡Hallelujah!


Padre Gabriel: La hermana Prudence, está curada.
Todos: ¡Hallelujah!
Padre Gabriel: Hermana, has superado esa enfermedad con éxito. Gracias a los médicos, pero también a nuestro señor, ahora está sana. Nuestro señor escucha nuestras plegarias.


Padre Gabriel: Chidi, otro de nuestros hermanos. Diría que uno de los más queridos por todos. Su ayuda ha sido determinante para eliminar la violencia de nuestras calles, escolarizar a muchos niños y que muchas familias no pasen hambre. Con ese gran corazón que te caracteriza, has ayudado a mucha gente. Aunque tengo más buenas noticias. Puedes levantarte, Chidi.


Chidi se levantó y se puso frente a todos los asistentes. Olivia lo miraba sorprendida, no entendía que es lo que estaba haciendo.Wenda se ruborizó un poco, pues Chidi la miraba sonriente y todos posaban su mirada en ella.

Chidi: Sois mi familia. No me refiero exclusivamente a mis padres, mi hermano y mi futura cuñada. Hablo de todos los que estáis aquí. Os considero parte de mi familia. Por eso, quiero hacer esto ante todos vosotros y compartir mi felicidad. Estoy enamorado y tengo novia. Está aquí sentada y se llama Wenda.
Olivia: Por todos los santos, esto tampoco era necesario...
Orlando: Una declaración de amor en público. Es bonito. Ya sabes que nuestro hijo hace las cosas a lo grande.
Olivia: Sí, pero tampoco me apetecía que lo anunciara de esta forma, a bombo y platillo. Huy, ¿que está haciendo? Ay no, no puede ser...
Orlando: Se pone de rodillas...


Wenda: Chidi...

Sacó unos anillos dorados y le enseñó uno de ellos a Wenda. No podía creer lo que estaba ocurriendo. Al principio se puso colorada, intimidada por todas las miradas, pero luego, cuando Chidi se puso de rodillas y le enseñó el anillo, todo lo que le rodeaba desapareció.

Chidi: Sé que no llevamos mucho tiempo juntos y que a lo mejor te parecerá una locura, pero quiero hacerlo. Estoy tan seguro de tu amor, de lo que siento por ti, que no quiero esperar ni un minuto más. Wenda Pérez, ¿quieres casarte conmigo?
Wenda: Yo...yo...
Chidi:...
Wenda: ¡Por supuesto que quiero! ¡Síiiii!


Le puso el anillo y la cogió en brazos. Se besaron y todos estallaron en aplausos y gritos de alegría. Las cantantes empezaron a cantar y pronto todo el mundo se unió a ellas.

Chidi: ¡Te amo, Wenda Pérez!
Wenda: ¡Y yo a ti, Chidi!


Todo el mundo cantaba y bailaba, incluso el padre Gabriel, a excepción de Olivia, que contemplaba perpleja la escena. No es que no se alegrase por ellos, pero le habría gustado que las cosas hubiesen ido de forma más pausada. Acababa de conocer a Wenda y ya se iba a casar con su hijo.


Orlando: ¿No te alegras por nuestro hijo?
Olivia: Claro que sí, pero es que estoy en shock. Dame tiempo, tengo que digerir la noticia.

Mientras tanto, todos seguían celebrando la gran noticia.


Continuará...

lunes, 2 de marzo de 2020

Las aventuras de Lucy Brown: Capítulo 03 - Sin piedad

Después de horas de viaje en caballo, Clay y Jesse volvían a casa. Unos tipos se habían adelantado y los puestos de trabajo por los que habían viajado ya estaban cubiertos. De nada les sirvió protestar. Era la ley del más fuerte y en este caso, del más rápido. Decidieron volver a casa y olvidar el asunto.


Jesse acompañó a Clay a casa y de paso, saludar a Lucy y Nina. Llegaron a la granja y bajaron de sus caballos. A Clay le sorprendió que sus hijas no fuesen a recibirlos. Las llamó pero no recibió respuesta.

Clay: Es extraño...
Jesse: Quizás hayan ido al pueblo o estén por el río.


Clay: Algo no marcha bien, Jesse.
Jesse: Te preocupas en exceso, amigo mío.
Clay: Voy a ver si todo está en orden en la casa.
Jesse: Yo echaré un vistazo por los alrededores. Seguro que están por aquí.


Clay entró en la casa y Jesse cruzó el puente a pie. Llamó a Lucy y escuchó su eco resonar en las montañas. Buitres revoloteaban alrededor, al acecho.


Escuchó a alguien acercarse y pensó que ya las había encontrado. Para su sorpresa, se trataba de un jinete montado en un siniestro caballo negro. El jinete se acercaba a él sin pronunciar una sola palabra.

Jesse: ¿Quién es usted?


Esas fueron sus últimas palabras. El jinete lo mató en segundos, sin que le diese tiempo a reaccionar. Su cuerpo cayó al suelo al momento. Se creó un charco de sangre a su alrededor. El jinete siguió su camino hacia la casa sin inmutarse. 


Clay salió de la casa muy preocupado. Encontró el grillete del preso en el suelo junto al hacha. Estaba seguro de que algo horrible había ocurrido. 

Clay: ¡Jesse, mira esto! ¿Jesse?


El cuerpo de su amigo estaba tirado sobre el puente. Al verle ahí en el suelo y rodeado de sangre, salió corriendo en su ayuda.

Clay: ¡Jesse! ¡Maldición!


Su amigo tenía una profunda herida en la cabeza. Alguien le había golpeado con un objeto muy afilado.

Clay: ¡No te mueras, amigo!

Lo zarandeó e intentó reanimarlo sin éxito. Estaba demasiado preocupado por Jesse, intentando salvarle la vida que no se percató de lo que le rodeaba.


Aquel jinete misterioso se acercó hasta Clay sin que este se percatase de su presencia. Pensó en sus hijas y eso le ayudó a reaccionar, aunque demasiado tarde. Pudo ver el rostro de aquel hombre cuando alzaba su arma contra él. No pudo hacer más que gritar e intentar parar el golpe con la mano. El jinete lo mató sin contemplaciones.


Se alejó de los cuerpos sin vida de Clay y Jesse y buscó huellas. Encontró el rastro de las ruedas de un carro y las huellas del hombre que estaba buscando.


No hacía demasiado tiempo que se había marchado. Si se daba prisa, no tardaría en darle alcance.


Minutos más tarde...

James Mc Cowen y su ayudante John Walker se dirigían a la granja de los Brown. El que decía ser el novio de Lucy coincidía con la descripción de un preso fugado y muy peligroso. Era muy extraño que Clay nunca le hubiese hablado de él, pues tenían muy buena relación.

John: Jefe, ¿cree que se trata de Bill el sanguinario?
James: No lo sé, pero desearía que no. Ese delincuente es un asesino sin escrúpulos y no quiero que le ocurra nada a Lucy y su hermana.
John: Pero si se trata de Bill el sanguinario significará que no es su novio y usted tendrá vía libre...aunque a lo mejor es su novio de verdad y ella sabe que es un asesino. ¡A lo mejor es su cómplice y ella es también una asesina! Lo que no entiendo que tiene que ver Nina en todo esto...¿será también una asesina? ¿Pueden las niñas ser asesinas?
James: Hazme un favor y cierra el pico, merluzo. Deja descansar ese guisante que tienes por cerebro o te patearé el trasero.
John: Sí, señor...


Llegaron a la granja y descubrieron a gran cantidad de buitres alrededor de la casa. Estaban comiendo algo, pero eran tantos que no podían ver de que se trataba. 

John: ¡Águilas, jefe!
James: ¡Son buitres, merluzo!Maldita sea, ¡esto no pinta bien!


Ahuyentaron a los buitres. Aunque opusieron resistencia, con un par de disparos se disiparon. Algunos se posaron en el tejado de la vivienda y otros hicieron lo mismo en unas rocas cercanas. Esperaban el momento para poder seguir comiendo.

James: ¡¡Son Clay y Jesse!! 
John: ¡Están malheridos, jefe!


James: Clay está muerto.¡Ese maldito asesino!
John: Jefe, Jesse también...voy a vomitar...¡Se han comido sus ojos!
James: ¡El asesino puede seguir en la casa! Debemos socorrer a Lucy y su hermana.


Con sigilo se acercaron a la puerta de entrada de la vivienda. Estaba medio abierta. En el suelo del porche encontraron el grillete de Bill.

James: Mira, es un grillete...
John: Seguro que pertenece a Bill el sanguinario...aunque podría ser de Lucy o Nina. Mi teoría es que ellas pueden ser también unas asesinas. Es terrible, que unas hijas asesinen a su padre de esa forma...
James: ¡Shhh! Deja de decir tonterías, merluzo. Concéntrate. A la de tres, entramos en la casa.


John: Estoy aterrorizado, jefe...
James: Por todos los indios del Playmundo, John. Concéntrate. Sangre fría.
John: Vale...

James contó hasta tres y entraron con sus revólveres en la mano.


Allí no había nadie. Salieron por la puerta trasera y miraron alrededor.

James: Falta el carro y el caballo de Lucy.
John: ¿Cree que se las ha llevado?
James: Estoy completamente seguro. Las ha secuestrado.


Tocó las huellas del carro en la tierra.

James: Han ido por allí. También hay huellas más recientes de caballo...
John: ¿Eso que significa?
James: No lo sé...


Encontró la ropa de preso de Bill tirada a un lado.

James: Mira, esta es su ropa. No necesitamos más pruebas. Ese despreciable asesino ha matado a Clay y Jesse y también ha secuestrado a Lucy y Nina. Quién sabe lo que es capaz de hacer con ellas...
John: ¡Algo tenemos que hacer!
James: A por los caballos. Tenemos que darle alcance antes de que les ocurra algo malo.


Subieron a sus caballos y siguieron las huellas a toda velocidad.

James: ¡Lucy, yo te salvaré!
John: ¡Y yo también!


Mientras tanto...

Lucy llevaba el carro mientras Bill le apuntaba con su arma. Nina miraba ausente el paisaje y canturreaba una canción. Pecas tiraba del carro sin prácticamente hacer esfuerzo.

Bill: Es un buen caballo.
Lucy: Sí, es el mejor. ¿A dónde vamos?
Bill: Ha un lugar seguro. 
Lucy: Te ruego que dejes libre a mi hermana y me lleves a mi.
Bill: No puedo hacer eso, Lucy. De verdad que lo siento, pero no tenéis más remedio que venir conmigo.
Lucy: Cuando mi padre se entere, te hará pagar todo lo que nos estás haciendo. 
Bill: Cuando llegue el momento, me preocuparé de ello.
Lucy: Ya viste que el sheriff es un gran amigo mío. Deja que nos vayamos y le pediremos que no sea muy severo contigo.


Bill: Para decir tonterías es mejor que no hables.
Lucy: Es verdad, son tonterías. Yo misma te lo haré pagar. No necesito a un hombre que me defienda.
Bill: Eso me gusta más.
Lucy: No te gustará cuando te aplaste la cabeza contra el suelo.
Bill: Tiemblo de terror.
Lucy: ¡Idiota!
Nina: ¡Has dicho una palabrota! ¡Se lo diré a papá!
Lucy: Las palabrotas en momentos como este están permitidas.
Nina: ¿Sí? Caca, culo, pipi, tonto...
Lucy: ¡Nina! Permitidas solamente para los adultos.
Nina: ¡Eso es injusto!


Bill: ¿No puedes hacer que tu caballo corra más rápido?
Lucy: ¿Más rápido? Quizás deberías ir caminando y dejarnos en paz. Pecas no es tu caballo y no le obligo a correr más de lo necesario.
Bill: Escucha atentamente. Si esa cosa que me persigue nos alcanza, te arrepentirás. No tiene compasión y no nos perdonará la vida. Si quieres vivir, haz que tu caballo corra más rápido.
Lucy: ¿Quién te persigue?
Bill: Un ser salido de la peor de tus pesadillas.


Continuará...