domingo, 14 de septiembre de 2014

Historias del pantano: Capítulo 03 - Lágrimas de amor

Junior: ¡Cómo mola esa historia, papá! 
PD: Aunque lo pasó mal, Dorothy aprendió a ver más allá. Usó todos sus sentidos y descubrió lo fantástico y peligroso que puede ser el pantano.
Calíope: Esa historia está muy bien pero yo me sé otra.
Junior: ¿Me la cuentas, mami? ¡Porfi!
Calíope: Está bien, te la contaré. Al igual que la historia que te ha contado tu padre, ocurrió hace muchos años...


En el pantano existe una entrada oculta a un mundo paralelo que pocos han descubierto, el de las hadas. Cuentan que el mundo de las hadas tiene numerosas entradas secretas y todas ellas vigiladas para que no entre ningún intruso. Se nombra una guardiana entre muchas candidatas y desde muy pequeña se le instruye para ello. Para que no se encuentren solas se les designa un unicornio. Desde muy pequeños les son entregados a las guardianas para que les ayuden ante cualquier adversidad. Entre ellas siempre se crea un vínculo muy fuerte y se convierten en seres inseparables. En aquellos años Kinele era la guardiana de la entrada oculta en el pantano junto a Wyther, su adorable unicornio. Su relación era intensa. Desde muy pequeños aprendieron juntos las técnicas para proteger la entrada. Kinele se sentía protegida y feliz junto a Wyther.




Pasaron 200 años, un tiempo insignificante para un hada. Los dos vigilaban la entrada secreta y aquí, en este pantano, vivían felices sin grandes problemas. Jamás se habían enfrentado a ningún enemigo y tras tantos años de tranquilidad veían poco probable que eso ocurriese. De vez en cuando viajaban a su mundo para saludar a sus amigos y otras veces recibían visitas en este lado. 


Su mejor amiga y guía espiritual vino un día a visitarlos. Kinele era una de sus mejores alumnas, siempre ansiosa por aprender. Aunque confiaba en Kinele sabía que era una hada muy noble y confiada y temía que algo malo le ocurriese. 

Bhanet: Buenos días, Kinele y Wyther.
Kinele: ¡Bhanet!
Bhanet: Espero no estar interrumpiendo algo importante.
Kinele: ¡Claro que no! Wyther y yo disfrutábamos del silencio del pantano mirando las llamas del fuego.
Bhanet: Interesante...
Kinele: Por favor, toma asiento junto el fuego. 


Hablaron durante horas ante la atenta mirada de Wyther, que a pesar de no poder hablar comprendía perfectamente lo que decían.

Bhanet: He visto hadas unidas a sus unicornios pero nunca una relación tan estrecha como la vuestra.
Kinele: Wyther es mío pero yo también le pertenezco. Nos sentimos unidos el uno al otro, tanto que no creo que podamos sobrevivir separados. El amor que siento por él es tan intenso que a veces siento que el pecho me explota. 
Bhanet: Eso es fantástico, Kinele. Wyther es un gran unicornio, noble y cariñoso. Juntos hacéis un gran equipo. Aún así debes andar con cuidado. Sé que llevo 200 años repitiéndome una y otra vez pero es mi obligación advertirte de los peligros que nos acechan. Están ahí, a la espera....buscando un momento de debilidad por nuestra parte.
Kinele: Es cierto, ¡te repites mucho! No te preocupes, estaremos atentos.


Al día siguiente Kinele salió en busca de conchas y caracolas. Siglos atrás las tierras del pantano estuvieron sumergidas bajo el mar y cuando este desapareció, dejó un rastro de conchas y caracolas que demuestran que todo esto había pertenecido al mar. Kinele adoraba las conchas y las caracolas. Le gustaba colorearlas con colores alegres. 


Se encontraba realizando esta tarea cuando encontró un cuerpo tirado en el suelo. Se asustó mucho ante el hallazgo y no dudó un instante en acercarse y ayudar. Descubrió que se trataba de una mujer de piel verde y muy bella. Portaba una capa negra larga y una corona con cuernos negros muy grandes. Con la ayuda de Wyther la llevó a su refugio. 



Kinele: ¿Que opinas, Wyther? No se despierta... ¿De dónde procederá? ¿Que le habrá ocurrido?
Violice: Ahhh....
Kinele: ¡Se está despertando!
Violice: Mi cabeza...¿Dónde estoy?
Kinele: Soy Kinele. Te encontramos inconsciente y no reaccionabas. He decidido traerte a mi guarida. ¿Que te ha ocurrido? ¿Quién eres?
Violice: Gracias...Me había perdido y no sabía a dónde ir. Me llamo Violice. Anduve durante horas hasta que perdí el conocimiento...menos mal que me has encontrado, Kinele. Gracias, te debo la vida.
Kinele: No ha sido nada. ¿Estás bien? Puedo pedir ayuda para que te curen heridas.
Violice: ¡No! No...estoy bien, tranquila. 


Kinele: ¿Que hacías por aquí sola? ¿De dónde eres?
Violice: Vivo en un pueblo lejos de aquí. Me gusta la naturaleza así que decidí salir a pasear y disfrutar del paisaje...sí, esto es muy secano pero es bello.
Kinele: ¡Yo también adoro la naturaleza! Has tenido suerte, amiga mía. ¿Que es eso?
Violice: Ah, ¿esto? Es mi cetro. Es que me gusta practicar la magia blanca para curar animales y hacer el bien. Creo que ya puedo ponerme en pie.


Kinele: Me caes bien, Violice. Que cetro más bonito, ¿y esa esfera que hace?
Violice: Es una esfera de poder. ¡Oh! ¿Es un caballo?


Kinele: ¡Un caballo! No, es un unicornio. ¿Ves ese cuerno que tiene? Además, no hay caballos azules. Se llama Wyther, mi gran amigo.
Violice: Es fantástico. Se ve tan majestuoso...

Violice se acercó a Wyther temblando. Se le salían los ojos de sus órbitas observando al unicornio. 


Kinele: Es guapo, ¿verdad?
Violice: Es más que eso. Ese cuerno que tiene es...maravilloso...
Kinele: Sí, es un cuerno especial. Es mágico. Muchos malvados andan buscando cuernos de unicornio para aumentar sus poderes.
Violice: Lo sé.
Kinele: ¿Lo sabes?


El rostro de Violice se transformó en una horrible cara. Sus labios eran grandes y sus ojos amarillos desprendían maldad. Murmuró unas palabras y de la esfera brillante que tenía su cetro salieron luces amarillas que alcanzaron el cuerno de Wyther. 

Kinele: ¿¡Que haces!? ¡Violice!

Wyther gritó dolorido y aunque intentó huir, nada pudo hacer para escapar de los poderes de la bruja.


Una extraña fuerza arrancó el cuerno a Wyther. El mágico animal gritó de dolor y abundante sangre emanó de la herida. El cuerno fue a parar a las manos de la bruja, que reía satisfecha por su éxito.

Bruja Violice: ¡Ja ja ja! ¡El cuerno es mío!
Kinele: ¡Noooooooo! ¡Wyther! 


Kinele corrió hacia su querido amigo. Lloraba preocupada por él, sabía que sin su cuerno, moriría. La bruja la observaba satisfecha. Le había costado un gran esfuerzo interpretar el papel, pero había valido la pena. Odiaba a las hadas y sus ridículos mundos. Con el cuerno, todas las entradas secretas que existían en el Playmundo quedarían al descubierto. Sus camaradas oscuros podrían entrar a sus anchas y conquistar sus tierras. Podrían matar a todas las hadas y esclavizar a los seres mágicos que allí vivían.

Bruja Violice: Mira que llegas a ser ingenua. Podría acabar con tu vida ahora mismo pero me resulta placentero verte sufrir. Pronto llorarás por algo más que un unicornio.
Kinele: ¡Asesina! ¡¿Por qué lo has hecho?!
Bruja Violice: Necesitaba el cuerno de un unicornio y tú eras el hada más ingenua y estúpida que he visto nunca. Sabía que podría engañarte fácilmente. 


La bruja se marchó con el cuerno entre carcajadas. Kinele no supo reaccionar. No podía ir tras ella, necesitaba cuidar de Wyther.

Kinele: No te mueras, Wyther...por favor...no puedo vivir sin ti... Te quiero...

Las lágrimas de Kinele resbalaron por sus mejillas hasta caer sobre las heridas del unicornio.


El cuerpo de Wyther se iluminó de tal forma que Kinele pensó que se había tragado el mismísimo sol. Su cuerpo cambió de forma y se transformó en el de un hada muy bello.

Kinele: ¡Wyther! ¿Que te ocurre?


Su pelo era azul como el cielo y su cuerpo fuerte y musculoso. Sus ojos eran verdes y su rostro angelical. Unas preciosas alas de hada lucían en su espalda. Kinele lo miraba sin comprender que estaba ocurriendo. Su querido unicornio había desaparecido y en su lugar tenía un hada, el más bello que había visto jamás.

Kinele: ¿Wyther?
Wyther: ¿Kinele? ¡Puedo hablar!
Kinele: ¿¡Quién eres tú!? ¿¡Dónde está Wyther!?


El hada se incorporó tocándose todo el cuerpo. Parecía estar emocionado. Miró a Kinele y unas lágrimas resbalaron por sus mejillas.

Wyther: Yo soy Wyther.
Kinele: ¿¡Qué!? ¡No me engañarás! ¡Esto es cosa de la bruja!
Wyther: No comprendo que es lo que me ha ocurrido, pero ahora soy un hada. Mi cuerpo ha cambiado...aunque no lo entiendo...
Kinele: No puedo creerte...
Wyther: Adoras ir a por conchas y caracolas. Tus mejores amigas son Alhora, Dayane y Catzuna. Llevamos toda la vida juntos, desde muy pequeños. Adoras las moras y las fresas pero no te gustan los melocotones. No soportas que te toquen el pelo ni que...
Kinele: ¿Wyther? ¿Eres tú?
Wyther: Así es...soy yo. Pensaba que moriría...que no volvería a verte nunca más. Veía una luz acerarse a mi...


Kinele: Wyther...¡Ahora eres un hada! Pero no comprendo a que es debido...
Wyther: No lo sé...pero es un milagro. Por fin puedo hablar y expresar con palabras lo que siento por ti. No sé cuanto durará esto pero necesito que lo sepas. Te amo, Kinele. Sabía que mi amor era imposible, que nunca me verías como algo más que una mascota...
Kinele: Wyther...tú no eras mi mascota, lo sabes. Eras mi amigo...y lo sigues siendo.


Wyther: ¡Kinele!
Kinele: ¡Wyther! Me da igual la forma que tengas, te quiero. No sabía que sentías eso por mi.
Wyther: Todos estos años he deseado confesarte mi amor, pero no sabía cómo confesarme...además, siendo un unicornio nuestro amor sería más bien una maldición...
Kinele: El amor nunca es una maldición, Wyther. Eres tú, estás vivo...es todo lo que me importa. No quiero que te mueras y aunque no te veía con los mismos ojos con los que me veías, siento algo que aumenta por momentos.


Bhanet: Socorro...

Bhanet caminaba a duras penas apoyándose en su cetro. 

Kinele: ¡Bhanet!
Wyther: ¡Está herida! 


Entre los dos acostaron a Bhanet en el suelo. Parecía estar malherida pero no mortalmente. 

Kinele: Bhanet, ¿que te ha ocurrido?
Bhanet: Una bruja, Kinele. Llevaba un cuerno de unicornio y era poderosa. Intenté retenerla pero me fue imposible y escapó.
Kinele: ¡Oh no! Es la misma que atacó a Wyther y le arrancó el cuerno...lo siento, fue culpa mía...
Bhanet: Kinele, ¡debías estar atenta! ¡Te lo advertí! 
Kinele: Lo siento...
Bhanet: ¡Oh no! ¡Wyther! ¿Está muerto? Los unicornios mueren sin sus cuernos...lo siento, Kinele.
Kinele: No, está bien...bueno, ha sufrido una transformación...mira.
Bhanet: ¡Por la Diosa! ¿Ese es Wyther?
Wyther: Sí, soy yo...aunque con este cuerpo. Confieso que no me desagrada...
Kinele: No comprendo cómo ha ocurrido pero está vivo...y me ama.


Bhanet: Yo sé que es lo que ha ocurrido. Kinele, tu amor a salvado la vida de Wyther. Quizás hayan sido tus lágrimas que han actuado como mensajeras de tu amor y le han permitido vivir, aunque esta vez para que podáis vivir vuestro amor con plenitud.
Kinele: ¡Oh, Bhanet! ¡Esto es tan maravilloso!
Bhanet: Me alegro por vosotros pero...debéis encontrar a la bruja. Con el cuerno podrá preparar un conjuro con el que todas nuestras entradas secretas quedarán expuestas a los seres malignos y oscuros.
Wyther: ¡No podemos permitírselo!
Kinele: ¡Y todo por mi culpa!
Bhanet: No es momento para lamentaciones, debéis actuar. Buscad esa bruja y recuperar el cuerno antes de que sea demasiado tarde.
Wyther: Si recuperamos el cuerno...¿volveré a ser unicornio?
Bhanet: No. me temo que ya no podrás recuperar tu cuerpo original.
Wyther: ¡Estupendo! Deseo permanecer con este cuerpo.
Bhanet: Yo guardaré tu cuerno en un lugar seguro cuando lo recuperéis. Ahora debéis encontrar a la bruja, ¡no perdáis más tiempo!
Kinele: ¿Estarás bien?
Bhanet: Me recuperaré, no os preocupéis. Toma, usa mi cetro. Te ayudará a derrotar a la bruja.


Wyther y Knele se pusieron en marcha. Aunque ambos estaban emocionados por las confesiones y cambios que habían sufrido, sabían que necesitaban encontrar a la bruja para salvar al mundo de las hadas. No sería fácil, pero debían intentarlo.


Continuará...



martes, 9 de septiembre de 2014

Historias del pantano: Capítulo 02 - Cuestión de fe

Dorothy caminaba exhausta. Acostumbrada a las comodidades de la gran ciudad, el pantano le estaba resultando un verdadero infierno. El maletín blanco que portaba con cada paso que daba le pesaba más. Lobo Negro caminaba decidido y casi sin mirar atrás. 

Dorothy: ¿Queda mucho? No puedo más...
Lobo Negro: Todavía quedar mucho.
Dorothy: ¿Podemos descansar un poco?
Lobo Negro: ¿Ahora? Ser peligroso, los espíritus malignos acecharnos...Debemos seguir hasta que los Dioses decirnos por dónde debemos ir.
Dorothy: Claro...


Lobo Negro se detuvo a observar a un buitre posado en una rama. 

Dorothy: ¿Que ocurre? ¿Es peligroso?
Lobo Negro: Los Dioses hablar a nosotros. ¿Lo ves?
Dorothy: Yo solo veo un buitre...
Lobo Negro: Hablan a través de los animales. 
Dorothy: Esto es una locura...



Siguieron caminando hasta que Dorothy se sentó en el suelo agotada. 

Dorothy: Lo siento, pero no puedo más...Me duelen las piernas y este calor...me está matando...
Lobo Negro: No saber que ser tan delicada...tan delicada como bella flor.
Dorothy: Gracias, Lobo Negro...sí, soy delicada...no cómo tú. Eres un hombre fuerte.
Lobo Negro: Descansaremos. No preocupar, yo conseguir agua y alimento.
Dorothy: Eso estaría muy bien...


Lobo Negro se sentó junto a ella. Su belleza le seguía pareciendo algo sobrenatural. Se ponía nervioso en su presencia y por eso andaba más rápido de lo necesario. Dorothy sentía una atracción fatal por Lobo Negro. Nunca imaginó que un hombre así podría gustarle. Siempre imaginó un hombre apuesto, bien vestido y con un puesto relevante en la sociedad. Aunque Lobo Negro no tenía nada que ver con sus preferencias, no podía dejar de pensar en él de esa forma. 

Lobo Negro: Tu mirada reflejar tristeza...
Dorothy: Estoy preocupada por mi tía...está muy enferma.
Lobo Negro: En tribu nuestro chamán ayudar. Los Dioses ayudar siempre. Gracias a ellos comunicar encontrarte. No estar triste, Dorothy.
Dorothy: Tus intenciones son buenas, Lobo Negro. Te lo agradezco pero lo único que puede salvar a mi tía son estas medicinas...y estoy tardando demasiado.
Lobo Negro: Confiar en mi, Dorothy. Todo salir bien.
Dorothy:  Ojalá pudiese ser tan optimista...


Lobo Negro puso la cabeza en el suelo y cerró los ojos. Se incorporó ante la asombrada mirada de Dorothy y le apresuró a esconderse.

Dorothy: ¿Que ocurre?
Lobo Negro: Venir alguien.
Dorothy: ¡Bien! Tenemos que pedir ayuda.
Lobo Negro: No precipitarte. Debemos escondernos y averiguar de quién tratarse.

Dorothy no se opuso y siguió las instrucciones de su nuevo amigo. Se escondieron tras unos matorrales y esperaron. Pronto aparecieron El Tuerto y su compinche Rubiales. Dorothy se tapó la boca con una mano cuando los vio aparecer.

Dorothy: ¡Son ellos! Esos son los tipos que nos atacaron...
Lobo Negro: Ellos conocer el terreno, ser peligrosos. Espíritus malignos guían su camino. Desean hacernos fracasar y que Lobo Negro y tu tía mueran...No hacer ruido, pronto pasarán. Deber alejarnos lentamente.



Caminaron hasta quedarse sin fuerzas. Los delicados zapatos de Dorothy se rajaron y rompieron con facilidad quedando inservibles. 

Lobo Negro: ¿Descansar de nuevo?
Dorothy: Sí...no soy capaz de dar un paso más...
Lobo Negro: Tranquila, yo traer comida y agua.
Dorothy: ¿De dónde? Aquí no hay nada...
Lobo Negro: ¡Estar lleno de comida!


Lobo Negro se fue y tras unos minutos eternos de espera, apareció con comida y agua. Unos pequeños frutos que sabían deliciosos y agua extraída de una planta.

Dorothy: Gracias...desde que mi padre murió nadie me había cuidado tanto.
Lobo Negro: Tu padre cuidarte desde otro lugar, aunque tú no poder verle.
Dorothy: Me gustaría tanto creer eso...
Lobo Negro: Un padre no abandonar nunca a su hija, aunque este morir.
Dorothy: ¿Tienes mujer e hijos?
Lobo Negro: No tener...aunque madre quiere buscar una para mi.
Dorothy: Con lo guapo y valiente que eres seguro que tendrás más de una candidata...
Lobo Negro: No gustar ninguna...


Dorothy: Yo tampoco tengo suerte con el amor...
Lobo Negro: Hombres blancos ser estúpidos. Yo no dejaría escapar mujer tan bella y dulce como tú...
Dorothy: Harás que me sonroje...
Lobo Negro: Tú gustarme, mucho.
Dorothy: ¡Lobo Negro! No puedes decir esas cosas así, como si nada....
Lobo Negro: Yo sentir algo especial...faltar la respiración y ponerme nervioso...
Dorothy: Esto que voy a decir no es propio de una señorita, pero me da igual...tú también me gustas, Lobo Negro.
Lobo Negro: ¡¿Hablar en serio?! ¡Yo ser feliz! 
Dorothy: Aunque comprenderás que algo entre nosotros es imposible...somos de mundos muy distintos, Lobo Negro. No funcionaría... además, debo volver para curar a mi tía y...

No supo que decir. Lo había perdido todo y no sabía muy bien a dónde ir. Podía quedarse con su tía, pero era una casa pequeña sin espacio para las dos. 


Dorothy se incorporó asustada. Una araña enorme apareció bajando unas rocas. Era marrón con manchas blancas y muchos pelos. 

Dorothy: ¡Dios mío! ¡Viene a por nosotros! ¡Socorro! ¡Ahhhhhhhhhh!
Lobo Negro: ¡Tranquila!
Dorothy: ¡Haz algo, te lo ruego!
Lobo Negro: Dorothy, ella no ser peligrosa. Los Dioses nos quieren comunicar el camino. Debemos ir en esa dirección.
Dorothy: Estoy cansada de esos dioses de los que hablas...
Lobo Negro: Confiar en ellos y nos ayudarán.



Lobo Negro se ofreció a llevar el maletín de Dorothy. Caminaron durante horas bajo el sol abrasador. Aquel tiempo les sirvió para conocerse mejor. Hablaron de muchos temas y resolvieron dudas que ambos tenían de los mundos de los que procedían. De este modo, Dorothy averiguó que Oso Blanco era su sobrino y que estaba muy enfermo. Aunque ambos estaban preocupados por sus familiares, rieron y se sintieron cómodos el uno con el otro. Aquella experiencia les estaba cambiando la vida.


Dorothy se detuvo a observar el paisaje. Por primera vez veía algo más que una tierra seca y hostil. Le pareció un lugar bonito que ocultaba secretos y tesoros ocultos para los que no sabían mirar con los ojos del alma. Se imaginaba viviendo en aquellas tierras junto a Lobo Negro y se sorprendió pensando que aquella idea no le disgustaba en absoluto.

Dorothy: Este lugar es precioso.


Una mofeta se les apareció y Lobo Negro aseguró que se trataba de otra señal de los Dioses. Siguieron caminando en esa dirección hablando animadamente.Una extraña sensación de optimismo se había apoderado de ellos.



Quizás por eso, Lobo Negro no estuvo atento a las señales que le advertían del peligro. El Tuerto y Rubiales aparecieron subidos en sus caballos y disparando al aire. Lobo Negro agarró con fuerza su hacha dispuesto a luchar por Oso Blanco y por Dorothy.

Dorohty: ¡Son ellos! ¡Nos han encontrado!
Lobo Negro: ¡No he estado atento! ¡Los Dioses nos han abandonado!
El Tuerto: ¡Bang! ¡Ya te tengo guapita!
Rubiales: ¡Sí, ya te tenemos! ¡Bang!


El Tuerto disparó alcanzando a Lobo Negro en la cabeza. Aunque solo le había rozado, quedó aturdido en el suelo y semiinconsciente.

Dorothy: ¡Lobo Negro! ¡Nooo! ¡Por favor, no le hagáis daño!
El Tuerto: ¡Sólo es un indio, mujer! Son salvajes y peligrosos. ¿Esa es la forma de agradecernos que te salvemos de ese salvaje?
Dorothy: ¡Eso no es así! Intentaba protegerme de vosotros.
El Tuerto: Yo cuidaré de ti, muñeca. 
Rubiales: Sí, él cuidará de ti.
Dorothy: ¡Vete al infierno!
El Tuerto: Mano dura es lo que necesitas. Ya te meteré en vereda. Las mujeres son como los caballos, hay que saber montarlos para que obedezcan. 


Rubiales bajó de su caballo apuntando a Lobo Negro, que intentaba abrir los ojos e incorporarse.

Rubiales: Aparta del salvaje, te puedes manchar de sangre.
Dorothy: ¡No lo haré!
Lobo Negro: Dorothy...cree en los Dioses, confiar en ellos...y...nos ayudarán...
Dorothy: Lobo Negro, ¡no sé cómo hacerlo!
Lobo Negro: Ellos enviarte, confía en ellos...
Rubiales: ¡Sabe hablar! Eso si que es raro...pero no le librará de la muerte.

Dorothy cerró los ojos y pidió ayuda. No sabía muy bien a que o quién se lo estaba pidiendo pero lo hizo con todas sus fuerzas.


Un búfalo apareció corriendo de la nada preparado para embestir a Rubiales, que estaba concentrado en asesinar a Lobo Negro. El animal embistió a Rubiales de tal forma que este salió disparado con tal violencia que se partió el cuello al caer al suelo.

Rubiales: ¡Ahhhhhhhhhhhh!




El caballo de Rubiales salió corriendo asustado y El Tuerto huyó del enfurecido búfalo. Dorothy no pudo evitar ponerse en pie y saltar de alegría. Ahora sí que creía en los Dioses de Lobo Negro.



Lobo Negro parecía encontrarse mejor, pero no tenía fuerzas para seguir caminando. Dorothy se puso a llorar temiendo por la vida de ambos. Ella no sabía seguir el rastro que los Dioses les indicaban.

Lobo Negro: Deber seguir tú sola...yo no tener fuerzas...
Dorothy: ¡No! No pienso abandonarte aquí solo, ¡ni loca! He conseguido que un búfalo nos ayude, podremos superar cualquier cosa...por favor, resiste...
Lobo Negro: Oso Blanco y tu tía necesitar tu ayuda...
Dorothy: Confío en los Dioses y sé que no te dejarán aquí solo.


El caballo asustado de Rubiales apareció más tranquilo y agachó la cabeza ante ellos. 

Dorothy: ¿Has visto? No debemos perder la fe en ellos.
Lobo Negro: No ser tan delicada como pensar, Dorothy.


En el poblado los recibieron como a héroes. Aunque muchos se sorprendieron al ver a Dorothy, supieron que se trataba de la ayuda que tanto habían pedido a los Dioses.



Chamán: Has cumplido con éxito tu misión, Lobo Negro. Solo espero que no sea demasiado tarde para Oso Blanco.


Dorothy se acercó a la tienda dónde estaba Oso Blanco tumbado. Supo que parte de esa medicina que tenía en su maletín debía ser para aquel niño inocente. Entró y se la suministró ante la atenta mirada de los demás.


Dorothy pasó allí la noche, en una de las tiendas. Lobo Negro le prometió salir temprano para ayudar a su tía. Todos se mostraron amables y agradecidos por ayudar a Oso Blanco. Comió y bebió todo lo que quiso y sintió un amor especial por aquella gente, sobretodo por Lobo Negro. Vivían en conexión con la naturaleza, en paz. Por la mañana Oso Blanco despertó sano, totalmente recuperado. Todos danzaron alrededor del fuego agradeciendo a los Dioses su ayuda.


Dorothy: Es hora de marcharnos...mi tía...
Lobo Negro: Todos hemos pedido ayuda a los Dioses. Ellos no permitir que le ocurra nada malo, se recuperará. 
Dorothy: No lo voy a poner en duda...
Lobo Negro: Entonces, ¿esa cara triste?
Dorothy: No quiero marcharme...no quiero estar lejos de ti. Lobo Negro, yo...
Lobo Negro: Dorothy, iremos a ayudar a tu tía y luego volver juntos, aquí. Mi espíritu ser tuyo para siempre.
Te amo de verdad...¿Que decir?
Dorothy: Lobo Negro...Sí, ¡sí quiero! Yo también te amo.

Se besaron ante el asombro de todos los presentes. Pensaron que se trataba de otra bendición de los Dioses, Lobo Negro ya tenía mujer. Siguieron danzando celebrando la nueva unión.


El chamán le dio la bienvenida a la tribu y animó a Dorothy asegurando que su tía se recuperaría. Así fue, su tía se recuperó. Aunque se sorprendió de la nueva vida que Dorothy había emprendido junto a Lobo Negro, no se opuso a su felicidad. De esa forma, muchas veces se visitaban y juntas intentaban cambiar la visión negativa que la gente tenía de los indios. Dorothy fue feliz, muy feliz.


Sin embargo, El Tuerto corrió un destino bien diferente...Se escondió del búfalo y lo despistó, pensando que había burlado la ira de los Dioses. Estaba muy asustado. La muerte de su compinche le había pillado por sorpresa.

El Tuerto: En cuanto salga de aquí me buscaré a otro...Rubiales era un poco tonto, la verdad. No entiendo de dónde salió ese búfalo...


Desconocía que varios lobos le estaban siguiendo el rastro.Toda la manada se excitó ante la idea de comida fácil y suculenta. Aunque no solían merodear por esa zona, se habían sentido atraídos hasta aquel lugar sin razón alguna. Lo encontraron agazapado en aquellas rocas y poco pudo hacer para protegerse. Gritó con todas sus fuerzas pidiendo ayuda sabiendo que en aquel apartado lugar nadie le podía oír. Disparó sin acertar ni un solo tiro y aunque se resistió, la manada acabó con la patética y delictiva vida de El Tuerto.