martes, 9 de septiembre de 2014

Historias del pantano: Capítulo 02 - Cuestión de fe

Dorothy caminaba exhausta. Acostumbrada a las comodidades de la gran ciudad, el pantano le estaba resultando un verdadero infierno. El maletín blanco que portaba con cada paso que daba le pesaba más. Lobo Negro caminaba decidido y casi sin mirar atrás. 

Dorothy: ¿Queda mucho? No puedo más...
Lobo Negro: Todavía quedar mucho.
Dorothy: ¿Podemos descansar un poco?
Lobo Negro: ¿Ahora? Ser peligroso, los espíritus malignos acecharnos...Debemos seguir hasta que los Dioses decirnos por dónde debemos ir.
Dorothy: Claro...


Lobo Negro se detuvo a observar a un buitre posado en una rama. 

Dorothy: ¿Que ocurre? ¿Es peligroso?
Lobo Negro: Los Dioses hablar a nosotros. ¿Lo ves?
Dorothy: Yo solo veo un buitre...
Lobo Negro: Hablan a través de los animales. 
Dorothy: Esto es una locura...



Siguieron caminando hasta que Dorothy se sentó en el suelo agotada. 

Dorothy: Lo siento, pero no puedo más...Me duelen las piernas y este calor...me está matando...
Lobo Negro: No saber que ser tan delicada...tan delicada como bella flor.
Dorothy: Gracias, Lobo Negro...sí, soy delicada...no cómo tú. Eres un hombre fuerte.
Lobo Negro: Descansaremos. No preocupar, yo conseguir agua y alimento.
Dorothy: Eso estaría muy bien...


Lobo Negro se sentó junto a ella. Su belleza le seguía pareciendo algo sobrenatural. Se ponía nervioso en su presencia y por eso andaba más rápido de lo necesario. Dorothy sentía una atracción fatal por Lobo Negro. Nunca imaginó que un hombre así podría gustarle. Siempre imaginó un hombre apuesto, bien vestido y con un puesto relevante en la sociedad. Aunque Lobo Negro no tenía nada que ver con sus preferencias, no podía dejar de pensar en él de esa forma. 

Lobo Negro: Tu mirada reflejar tristeza...
Dorothy: Estoy preocupada por mi tía...está muy enferma.
Lobo Negro: En tribu nuestro chamán ayudar. Los Dioses ayudar siempre. Gracias a ellos comunicar encontrarte. No estar triste, Dorothy.
Dorothy: Tus intenciones son buenas, Lobo Negro. Te lo agradezco pero lo único que puede salvar a mi tía son estas medicinas...y estoy tardando demasiado.
Lobo Negro: Confiar en mi, Dorothy. Todo salir bien.
Dorothy:  Ojalá pudiese ser tan optimista...


Lobo Negro puso la cabeza en el suelo y cerró los ojos. Se incorporó ante la asombrada mirada de Dorothy y le apresuró a esconderse.

Dorothy: ¿Que ocurre?
Lobo Negro: Venir alguien.
Dorothy: ¡Bien! Tenemos que pedir ayuda.
Lobo Negro: No precipitarte. Debemos escondernos y averiguar de quién tratarse.

Dorothy no se opuso y siguió las instrucciones de su nuevo amigo. Se escondieron tras unos matorrales y esperaron. Pronto aparecieron El Tuerto y su compinche Rubiales. Dorothy se tapó la boca con una mano cuando los vio aparecer.

Dorothy: ¡Son ellos! Esos son los tipos que nos atacaron...
Lobo Negro: Ellos conocer el terreno, ser peligrosos. Espíritus malignos guían su camino. Desean hacernos fracasar y que Lobo Negro y tu tía mueran...No hacer ruido, pronto pasarán. Deber alejarnos lentamente.



Caminaron hasta quedarse sin fuerzas. Los delicados zapatos de Dorothy se rajaron y rompieron con facilidad quedando inservibles. 

Lobo Negro: ¿Descansar de nuevo?
Dorothy: Sí...no soy capaz de dar un paso más...
Lobo Negro: Tranquila, yo traer comida y agua.
Dorothy: ¿De dónde? Aquí no hay nada...
Lobo Negro: ¡Estar lleno de comida!


Lobo Negro se fue y tras unos minutos eternos de espera, apareció con comida y agua. Unos pequeños frutos que sabían deliciosos y agua extraída de una planta.

Dorothy: Gracias...desde que mi padre murió nadie me había cuidado tanto.
Lobo Negro: Tu padre cuidarte desde otro lugar, aunque tú no poder verle.
Dorothy: Me gustaría tanto creer eso...
Lobo Negro: Un padre no abandonar nunca a su hija, aunque este morir.
Dorothy: ¿Tienes mujer e hijos?
Lobo Negro: No tener...aunque madre quiere buscar una para mi.
Dorothy: Con lo guapo y valiente que eres seguro que tendrás más de una candidata...
Lobo Negro: No gustar ninguna...


Dorothy: Yo tampoco tengo suerte con el amor...
Lobo Negro: Hombres blancos ser estúpidos. Yo no dejaría escapar mujer tan bella y dulce como tú...
Dorothy: Harás que me sonroje...
Lobo Negro: Tú gustarme, mucho.
Dorothy: ¡Lobo Negro! No puedes decir esas cosas así, como si nada....
Lobo Negro: Yo sentir algo especial...faltar la respiración y ponerme nervioso...
Dorothy: Esto que voy a decir no es propio de una señorita, pero me da igual...tú también me gustas, Lobo Negro.
Lobo Negro: ¡¿Hablar en serio?! ¡Yo ser feliz! 
Dorothy: Aunque comprenderás que algo entre nosotros es imposible...somos de mundos muy distintos, Lobo Negro. No funcionaría... además, debo volver para curar a mi tía y...

No supo que decir. Lo había perdido todo y no sabía muy bien a dónde ir. Podía quedarse con su tía, pero era una casa pequeña sin espacio para las dos. 


Dorothy se incorporó asustada. Una araña enorme apareció bajando unas rocas. Era marrón con manchas blancas y muchos pelos. 

Dorothy: ¡Dios mío! ¡Viene a por nosotros! ¡Socorro! ¡Ahhhhhhhhhh!
Lobo Negro: ¡Tranquila!
Dorothy: ¡Haz algo, te lo ruego!
Lobo Negro: Dorothy, ella no ser peligrosa. Los Dioses nos quieren comunicar el camino. Debemos ir en esa dirección.
Dorothy: Estoy cansada de esos dioses de los que hablas...
Lobo Negro: Confiar en ellos y nos ayudarán.



Lobo Negro se ofreció a llevar el maletín de Dorothy. Caminaron durante horas bajo el sol abrasador. Aquel tiempo les sirvió para conocerse mejor. Hablaron de muchos temas y resolvieron dudas que ambos tenían de los mundos de los que procedían. De este modo, Dorothy averiguó que Oso Blanco era su sobrino y que estaba muy enfermo. Aunque ambos estaban preocupados por sus familiares, rieron y se sintieron cómodos el uno con el otro. Aquella experiencia les estaba cambiando la vida.


Dorothy se detuvo a observar el paisaje. Por primera vez veía algo más que una tierra seca y hostil. Le pareció un lugar bonito que ocultaba secretos y tesoros ocultos para los que no sabían mirar con los ojos del alma. Se imaginaba viviendo en aquellas tierras junto a Lobo Negro y se sorprendió pensando que aquella idea no le disgustaba en absoluto.

Dorothy: Este lugar es precioso.


Una mofeta se les apareció y Lobo Negro aseguró que se trataba de otra señal de los Dioses. Siguieron caminando en esa dirección hablando animadamente.Una extraña sensación de optimismo se había apoderado de ellos.



Quizás por eso, Lobo Negro no estuvo atento a las señales que le advertían del peligro. El Tuerto y Rubiales aparecieron subidos en sus caballos y disparando al aire. Lobo Negro agarró con fuerza su hacha dispuesto a luchar por Oso Blanco y por Dorothy.

Dorohty: ¡Son ellos! ¡Nos han encontrado!
Lobo Negro: ¡No he estado atento! ¡Los Dioses nos han abandonado!
El Tuerto: ¡Bang! ¡Ya te tengo guapita!
Rubiales: ¡Sí, ya te tenemos! ¡Bang!


El Tuerto disparó alcanzando a Lobo Negro en la cabeza. Aunque solo le había rozado, quedó aturdido en el suelo y semiinconsciente.

Dorothy: ¡Lobo Negro! ¡Nooo! ¡Por favor, no le hagáis daño!
El Tuerto: ¡Sólo es un indio, mujer! Son salvajes y peligrosos. ¿Esa es la forma de agradecernos que te salvemos de ese salvaje?
Dorothy: ¡Eso no es así! Intentaba protegerme de vosotros.
El Tuerto: Yo cuidaré de ti, muñeca. 
Rubiales: Sí, él cuidará de ti.
Dorothy: ¡Vete al infierno!
El Tuerto: Mano dura es lo que necesitas. Ya te meteré en vereda. Las mujeres son como los caballos, hay que saber montarlos para que obedezcan. 


Rubiales bajó de su caballo apuntando a Lobo Negro, que intentaba abrir los ojos e incorporarse.

Rubiales: Aparta del salvaje, te puedes manchar de sangre.
Dorothy: ¡No lo haré!
Lobo Negro: Dorothy...cree en los Dioses, confiar en ellos...y...nos ayudarán...
Dorothy: Lobo Negro, ¡no sé cómo hacerlo!
Lobo Negro: Ellos enviarte, confía en ellos...
Rubiales: ¡Sabe hablar! Eso si que es raro...pero no le librará de la muerte.

Dorothy cerró los ojos y pidió ayuda. No sabía muy bien a que o quién se lo estaba pidiendo pero lo hizo con todas sus fuerzas.


Un búfalo apareció corriendo de la nada preparado para embestir a Rubiales, que estaba concentrado en asesinar a Lobo Negro. El animal embistió a Rubiales de tal forma que este salió disparado con tal violencia que se partió el cuello al caer al suelo.

Rubiales: ¡Ahhhhhhhhhhhh!




El caballo de Rubiales salió corriendo asustado y El Tuerto huyó del enfurecido búfalo. Dorothy no pudo evitar ponerse en pie y saltar de alegría. Ahora sí que creía en los Dioses de Lobo Negro.



Lobo Negro parecía encontrarse mejor, pero no tenía fuerzas para seguir caminando. Dorothy se puso a llorar temiendo por la vida de ambos. Ella no sabía seguir el rastro que los Dioses les indicaban.

Lobo Negro: Deber seguir tú sola...yo no tener fuerzas...
Dorothy: ¡No! No pienso abandonarte aquí solo, ¡ni loca! He conseguido que un búfalo nos ayude, podremos superar cualquier cosa...por favor, resiste...
Lobo Negro: Oso Blanco y tu tía necesitar tu ayuda...
Dorothy: Confío en los Dioses y sé que no te dejarán aquí solo.


El caballo asustado de Rubiales apareció más tranquilo y agachó la cabeza ante ellos. 

Dorothy: ¿Has visto? No debemos perder la fe en ellos.
Lobo Negro: No ser tan delicada como pensar, Dorothy.


En el poblado los recibieron como a héroes. Aunque muchos se sorprendieron al ver a Dorothy, supieron que se trataba de la ayuda que tanto habían pedido a los Dioses.



Chamán: Has cumplido con éxito tu misión, Lobo Negro. Solo espero que no sea demasiado tarde para Oso Blanco.


Dorothy se acercó a la tienda dónde estaba Oso Blanco tumbado. Supo que parte de esa medicina que tenía en su maletín debía ser para aquel niño inocente. Entró y se la suministró ante la atenta mirada de los demás.


Dorothy pasó allí la noche, en una de las tiendas. Lobo Negro le prometió salir temprano para ayudar a su tía. Todos se mostraron amables y agradecidos por ayudar a Oso Blanco. Comió y bebió todo lo que quiso y sintió un amor especial por aquella gente, sobretodo por Lobo Negro. Vivían en conexión con la naturaleza, en paz. Por la mañana Oso Blanco despertó sano, totalmente recuperado. Todos danzaron alrededor del fuego agradeciendo a los Dioses su ayuda.


Dorothy: Es hora de marcharnos...mi tía...
Lobo Negro: Todos hemos pedido ayuda a los Dioses. Ellos no permitir que le ocurra nada malo, se recuperará. 
Dorothy: No lo voy a poner en duda...
Lobo Negro: Entonces, ¿esa cara triste?
Dorothy: No quiero marcharme...no quiero estar lejos de ti. Lobo Negro, yo...
Lobo Negro: Dorothy, iremos a ayudar a tu tía y luego volver juntos, aquí. Mi espíritu ser tuyo para siempre.
Te amo de verdad...¿Que decir?
Dorothy: Lobo Negro...Sí, ¡sí quiero! Yo también te amo.

Se besaron ante el asombro de todos los presentes. Pensaron que se trataba de otra bendición de los Dioses, Lobo Negro ya tenía mujer. Siguieron danzando celebrando la nueva unión.


El chamán le dio la bienvenida a la tribu y animó a Dorothy asegurando que su tía se recuperaría. Así fue, su tía se recuperó. Aunque se sorprendió de la nueva vida que Dorothy había emprendido junto a Lobo Negro, no se opuso a su felicidad. De esa forma, muchas veces se visitaban y juntas intentaban cambiar la visión negativa que la gente tenía de los indios. Dorothy fue feliz, muy feliz.


Sin embargo, El Tuerto corrió un destino bien diferente...Se escondió del búfalo y lo despistó, pensando que había burlado la ira de los Dioses. Estaba muy asustado. La muerte de su compinche le había pillado por sorpresa.

El Tuerto: En cuanto salga de aquí me buscaré a otro...Rubiales era un poco tonto, la verdad. No entiendo de dónde salió ese búfalo...


Desconocía que varios lobos le estaban siguiendo el rastro.Toda la manada se excitó ante la idea de comida fácil y suculenta. Aunque no solían merodear por esa zona, se habían sentido atraídos hasta aquel lugar sin razón alguna. Lo encontraron agazapado en aquellas rocas y poco pudo hacer para protegerse. Gritó con todas sus fuerzas pidiendo ayuda sabiendo que en aquel apartado lugar nadie le podía oír. Disparó sin acertar ni un solo tiro y aunque se resistió, la manada acabó con la patética y delictiva vida de El Tuerto. 




miércoles, 3 de septiembre de 2014

Historias del Pantano: Capítulo 1 - Los Dioses me envían


Junior corría por las inhóspitas tierras del Pantano junto a Hurto, su perro. Aunque se lo estaba pasando bien, echaba de menos a sus amigos. Los había invitado, pero no obtuvieron permiso de sus padres. Desde los acontecimientos del año pasado nadie quería estar allí. Secuestradores, caníbales, zombies, dinosaurios, piratas, animales salvajes, seres del más allá,...nadie ponía en duda que aquel lugar era peligroso. A pesar de los esfuerzos por cambiar aquello, PD tuvo que reconocer que el pantano no era un lugar seguro para los clicks normales. 


PD y su mujer, la bruja Clíope, eran seres mágicos, acostumbrados a situaciones y seres peligrosos y extraños. Allí vivían y eran felices, aunque tenían asumido que ningún amigo iría a verles...excepto Vicrogo. Era consciente del peligro, pero le apasionaba aquel lugar tan fantástico. Además, junto a PD y Calíope sabía que nada malo le podía ocurrir.


Estaban acampados en una zona cercana al agua. Allí se disponían a pasar la noche juntos disfrutando de unos días de vacaciones. Vicrogo y PD hablaban animadamente sentados ante una mesa mientras Calíope practicaba algunos conjuros frente al fuego.

Junior: Papi, yo quiero que venga Jorgito o Renzo...
PD: Hijo, sabes que eso no es posible. Este lugar no es seguro para ellos...
Junior: Pero a nosotros no nos está ocurriendo nada...
PD: Nosotros somos seres mágicos, hijo mío.
Junior: ¡Jooo! Pero si aquí no pasa nada...


Calíope: ¡Los clicks normales son unos enclenques! Junior, no necesitas amigos normales para pasarlo bien. Este lugar está plagado de seres mágicos con los que jugar.
Vicrogo: ...
Calíope: Perdona Vicrogo, ya sabes que no lo digo por ti.
Vicrogo: Lo sé, no te preocupes.
Junior: Yo no veo a ningún ser mágico...
Calíope: No estás atento, debes aprender a ver a través de los sentidos. 


Junior: A mi me gustaría jugar aquí con mis amigos...
Vicrogo: Puedes jugar con Hurto y todos nosotros, ¡lo podemos pasar muy bien!
Junior: Pero echo de menos a mis amigos...
PD: Para que comprendas mejor lo mágico y especial que es nuestro pantano, te contaré una historia.
Junior: ¡Bien, una historia de las tuyas!
PD: Pero esta es una historia real, Junior. Ocurrió hace mucho, mucho tiempo...


Una tribu de indios vivía feliz en estas tierras. Respetaban el entorno así que nunca tenían problemas con los seres mágicos que en aquellos años habitaban el pantano. Un día uno de ellos cayó enfermo. A pesar de los cuidados del Chamán y su familia, su salud empeoraba día tras día. Su madre, Luna de Otoño estaba muy triste y preocupada por su único hijo. 

Luna de Otoño: Que los malos espíritus no se lleven a mi pequeño, por favor. Dioses, ayudad a mi pobre hijo...


Su marido, Ojo de fuego la intentaba consolar. Se sentía impotente. Había seguido las instrucciones del chamán de la tribu y de nada había servido. 

Luna de Otoño: No está mejorando...¡no podré vivir sin nuestro pequeño! ¡Los Dioses nos están castigando!
Ojo de Fuego: No debes pensar así, Luna. Confía en los Dioses, ellos son sabios.

El hermano de Luna, Lobo Negro, los observaba emocionado. Temía por la salud de su sobrino, al que apreciaba y quería mucho. 


Mientras Ojo de Fuego consolaba a su hermana, entró para hablar con su sobrino. Estaba despierto pero saltaba a la vista que estaba empeorando.

Oso Blanco: ¡Lobo Negro! ¿Que ocurre ahí fuera? Escucho a mi madre llorar...
Lobo Negro: No debes preocuparte, todo está bien. Recuerda que cuando te recuperes iremos a nadar juntos. Te presentaré a algunos blancos, ya sabes que algunos de ellos son buenos. Si te portas bien te enseñaré su idioma.
Oso Blanco: Voy a morir, ¿no es cierto? No puedes engañarme...
Lobo Negro: Juro por todos los Dioses que encontraré la forma de curarte. No te vas a morir, sobrino.
Oso Blanco: No quiero morir...
Lobo Negro: No morirás, te lo prometo.


Lobo Negro habló con el Chamán y le pidió que se comunicase con los Dioses. Estaba dispuesto a hacer lo que fuese necesario para salvar a su sobrino. El chamán se acercó al fuego y tomó un líquido verde de un cuenco. Después se puso a susurrar palabras que nadie entendía y levantó los brazos hacia el cielo.

Chamán: Los Dioses me están hablando. Dicen que existe una posibilidad de salvar a Oso Blanco. Deberás emprender un viaje, tú solo. Deja que los Dioses te guíen y nunca pierdas la fe y ellos te ayudarán a encontrar la cura a la enfermedad de tu sobrino.


Lobo Negro se marchó ante los ánimos de toda la tribu. Su hermana se despidió llorando preocupada por su hijo pero también por su hermano. Prometieron adorar a los Dioses para que no lo abandonasen en su largo y peligroso camino.


Lobo Negro caminó, atento a las señales que los Dioses le podían enviar. Un extraño y solitario búfalo lo observaba a lo lejos cuando llevaba horas caminando. Era muy grande y por un momento Lobo Negro temió por su vida, pero pronto supo que se trataba de los Dioses, que le mostraban el camino a seguir.


De esta forma caminó durante horas, siguiendo las señales que los Dioses le mostraban. Pensaba en Oso Blanco y caminaba más rápido sabiendo que el tiempo estaba en su contra.



No muy lejos de allí, Dorothy Gales viajaba en el interior de una diligencia tirada por dos caballos grises. A sus 22 años, su vida había sufrido un drástico cambio. Su padre falleció muy joven hacía ya muchos años así que vivía junto a su madre en una lujosa mansión en Londres. Allí fue feliz hasta que el negocio familiar se fue a la quiebra. No tardaron en aparecer deudas y perdieron su mansión y prácticamente todo su dinero. Se mudó a una pequeña casa y a los meses su madre falleció en un accidente laboral. Dorothy ya no sabía lo que hacer, solo le quedaba su tía Kelly pero vivía muy lejos. Cuando viajaba a Londres para visitarla, pasaban fantásticos momentos en su compañía. Era una mujer alegre y optimista que adoraba a su sobrina. Una mañana le llegó un mensaje urgente de ella. Estaba gravemente enferma y necesitaba un medicamento para recuperarse, pero no tenía dinero suficiente para comprarlo así que envió el mensaje a su sobrina para que le ayudase. Dorothy no lo dudó un instante y aunque la medicina era cara, la compró. Se gastó prácticamente todo lo que tenía pero no estaba dispuesta a perder a la única persona que le importaba en el Playmundo. Aunque el pueblo dónde vivía su tía estaba en el pantano y era un lugar peligroso, nada le impediría llevar ese medicamento a su querida tía.


Dorothy: Pronto estaré contigo, tía Kelly...

Dorothy miraba por la ventanilla de la diligencia. El paisaje era inhóspito. El sol abrasador caía sobre aquellas secas y peligrosas tierras. El cochero era un hombre seco y poco hablador, pero eso no le disgustó. No le apetecía hablar con nadie ni forzar una sonrisa. Se le pasó por la cabeza que el cochero fuese un delincuente y le robase en mitad de la nada...allí nadie le podría ayudar...

Dorothy: Bah, no pienses esas tonterías...

Lo cierto era que aquel hombre le había dado un repaso con su mirada. Dorothy llevaba un vestido moderno, con zapatos y bolso a juego. Siempre le había gustado la moda y las últimas tendencias. Quizás tendría que haberse vestido con algo menos llamativo...pero ni loca se pensaba cambiar de ropa en aquel lugar y con ese hombre cerca.


Mientras Dorothy luchaba contra sus miedos, dos hombres observaban desde lo alto de una colina a la diligencia pasar. Eran dos bandoleros buscados por la ley. Famosos por sembrar el terror allá por dónde iban. El Tuerto y su fiel amigo Rubiales llevaban años cometiendo delitos y librándose de la ley.

El Tuerto: ¿Has visto eso, Rubiales? ¡Dinero sobre ruedas!
Rubiales: Tengo sed y hambre, ¡me comería una vaca entera, con cuernos y todo!
El Tuerto: ¡Pues estamos de suerte! ¡Vamos allá!


Montados en sus caballos, alcanzaron sin gran esfuerzo a la diligencia. El cochero los vio venir y asustado intento librarse de ellos.

Cochero: ¡Zeñora, agárreze fuerte!
Dorothy: ¿Que ocurre? ¡No me haga daño, por favor!
Cochero: ¡Pero que carajo dice! ¡Por ahí vienen bandidoz!
Dorothy: ¡Oh Dios mío! ¡Haga algo!
Cochero: ¡¡Y que ze pienza que eztoy haciendo!!



El Tuerto: ¡Detente y no morirás!
Cochero: ¡Y un cuerno! ¡No pienzo parar!
El Tuerto: ¡Has firmado tu sentencia a muerte!
Cochero: ¡Ezo eztá por ver!


El Tuerto vio a Dorothy sentada en el interior de la diligencia y sus ojos se abrieron como platos. La boca se le hizo agua pensando en ella.  La quería para él, y debía ser de inmediato. Saltó de su caballo y se lanzó sobre el cochero, que perdió el control de los caballos.

El Tuerto: ¡¡Vas a morir!!
Cochero: ¡Y un cuerno! ¡Conmigo no podráz!


En el forcejeo el cochero y El Tuerto cayeron de la diligencia al suelo mientras esta seguía avanzando descontrolada. Dorothy se asomó por la ventanilla y comprobó que se alejaba de los delincuentes y el cochero. Los caballos seguían corriendo desbocados y asustados.

Dorothy: ¡Esto no me puede estar ocurriendo! 


El Tuerto disparó al cochero que cayó al suelo inconsciente. La herida era muy grabe y no tardaría en morir sin asistencia médica.  Le quitaron todo lo que tenía valor y lo abandonaron a su suerte.

El Tuerto: Maldito cochero, ¡tú te lo has buscado! 
Rubiales: ¡Tenemos que ir tras la diligencia!
El Tuerto: ¡Vamos, no debe estar lejos!


Los caballos hicieron un giro brusco y consiguieron librarse de la diligencia alejándose rápidamente. Dorothy gritó cuando vio que volcaría sin remedio. Cerró los ojos y tras dar unos cuantos golpes contra el suelo, la diligencia se volcó dejando a Dorothy inconsciente en su interior. 



Lobo Negro seguía el camino mostrado por los Dioses. Deseaba encontrar la cura para su sobrino, pero estaba perdiendo la esperanza. Cuando se disponía a reponer fuerzas refugiado bajo unos árboles, encontró la diligencia volcada. En un primer momento no supo que hacer, pero cuando vio al Águila posada sobre la diligencia, supo que había llegado a su destino. Después de mirar fijamente a Lobo Negro, el águila salió volando y desapareció.



Rápidamente entró en la diligencia y encontró a Dorothy en su interior. Su corazón dio un vuelco, pues jamás había visto una mujer tan bella. Su pelo rojo como el fuego, sus labios, su rostro angelical y sus curvas femeninas le cautivaron. La sacó de la diligencia y la tumbó sobre el suelo. 

Lobo Negro: Ser mujer muy bella...No entender bien, ¿ser ella la cura para Oso Blanco? Mujer, despierta. ¿Hola?
Dorothy: Oh, me duele todo el cuerpo...

Dorothy abrió los ojos lentamente, aturdida y muy confusa. Al ver a Lobo Negro con su hacha sobre ella, pegó un gritó que puso en alerta al indio. Se alejó de ella agarrando su hacha con fuerza. Dorothy se alejó arrastrándose.

Dorothy: ¡No me mates! ¡Por favor, no quiero morir!
Lobo Negro: ¿Matar? ¿Yo?
Dorothy: ¡Hablas mi idioma! Te lo ruego...deja que me marche...
Lobo Negro: Yo no querer hacerte daño, mujer.




Se acercó hasta ella y le ofreció ayuda para levantarse. Dorothy lo miró desconfiada. 

Dorothy: ¿Quién eres tú y que quieres de mi?
Lobo Negro: Mi nombre ser Lobo Negro. ¿Los Dioses te envían? Me han guiado hasta ti.
Dorothy: Sí...me envían los Dioses...No puedes hacerme daño, ellos se enfadarían, ¿entiendes?
Lobo Negro: No temer, yo proteger.
Dorothy: Mira, hay unos tipos muy desagradables que me han atacado...es posible que hayan matado al cochero...pobre, y yo pensando mal de él...Debes llevarme a un lugar seguro.
Lobo Negro: Los malos espíritus quieren impedir que salve a Oso Blanco, ¿verdad?
Dorothy: Pues...claro, odian los osos. ¡Debes ayudarme!
Lobo Negro: No preocupar, yo llevar a un lugar seguro en el que puedas cumplir misión. Oso Blanco estar muy enfermo y no tener mucho tiempo.


Dorothy decidió seguir la corriente al indio y que le llevase a un lugar seguro. No se fiaba de él y temía hacerlo enfadar. Agarró su maleta para llevársela consigo. Lobo Negro la miró extrañado.

Lobo Negro: No poder llevar eso, retrasar nuestro paso...
Dorothy: Pero...está bien. Me llevaré mi bolso y este maletín. 


Lobo Negro comenzó a caminar y ella le seguía. El indio caminaba muy rápido y le costaba seguir el ritmo. 

Dorothy: ¿Ese lugar está muy lejos? Necesito una medio de transporte para ir a ver a mi tía.
Lobo Negro: Deber caminar mucho pero confiar en mi. ¿Cual ser tu nombre?
Dorothy: Me llamo Dorothy. ¿Cómo es que sabes hablar mi idioma?
Lobo Negro: Yo tener amigos blancos. No todos los rostros pálidos ser malos.
Dorothy: Es bueno saber que piensas así...


El Tuerto y Rubiales localizaron la diligencia. Encontraron la maleta de Dorothy pero allí no había más que ropa y enseres de mujer. 

El Tuerto: ¡Maldita sea! Rubiales, esa mujer es una auténtica belleza. Jamás había visto nada igual...debe ser mía.
Rubiales: Y seguro que se ha llevado todas las cosas de valor...
El Tuerto: No debe andar lejos. Una mujer como ella no sabe moverse por estas tierras. Debemos darnos prisa, no me gustaría que un cuerpo tan bello como ese se convierta en comida para animales salvajes. 



Continuará...

domingo, 3 de agosto de 2014

El verano de...Sabrina y John

El verano de Sabrina no está siendo tal y como ella quería. John trabaja todo el verano así que no se pueden ir de vacaciones. A pesar de ello, John intenta que su novia pase un verano lo más intenso posible. Los dos son marchosos, les encanta salir de fiesta por las noches a las discotecas más famosas. Bailan juntos las canciones de moda que más les gusta hasta quedarse sin fuerzas. Aunque John solo tiene ojos para Sabrina, no sucede lo mismo al contrario.

John: Cariño, voy a por bebidas, ¿que quieres?
Sabrina: Un San Francisco.
John: Ahora vuelvo. Ten cuidado, que aquí hay mucho salido y tú estás preciosa.
Sabrina: No te preocupes, cariño.


Un chico rubio, muy guapo y con cuerpo de gimnasio estaba apoyado en una pared escuchando música mientras bebía de una copa. Le pareció tan sexy que no pudo evitar acercarse hasta él para insinuarse.

Sabrina: Hola, guapo.
Chico: Hola preciosa.
Sabrina: Me preguntaba que hacía un chico tan guapo solo en un lugar como este.
Chico: Mi novia está ahí, pero si quieres te paso mi número y quedamos en privado...
Sabrina: Me gusta jugar, pero no soy de esas...

Sabrina le acarició la cara y le guiñó un ojo.

Chico: Vamos, muñeca...queda conmigo. 
Sabrina: ¿Para qué?
Chica: ¿Eh? ¡Que hace esa!


La novia del chico saltó desde el podium como alma que lleva el diablo y se abalanzó sobre Sabrina. Ella, que no esperaba el ataque, se vio sorprendida. Le agarró de su larga y rubia coleta y le estiró del pelo con fuerza.

Chica: ¡Ese es mi novio!
Sabrina: ¡Ahhhhh! ¡Socorro!
Chico: ¡Pelea, pelea de tías!
John: ¡Sabrina! ¡Suelte inmediatamente a mi novia! ¡Soy policía!
Chica: ¡Estaba ligando con mi novio!
Sabrina: ¡Mentirosa!

John nunca dudaba de Sabrina, así que no se creía las cosas que la gente decía de ella. En aquella ocasión John habló con los responsables de la discoteca y echaron a la agresora.


La madre de John no soporta a Sabrina. Nunca ha visto con buenos ojos su relación. No quiere para su hijo una mujer como ella, así que no pierde ocasión para intentar meter cizaña. Un viernes noche, John invitó a su madre a cenar en su casa. Sabrina quiso encargarse de la cena, así que puso todo su empeño para que todo saliese perfecto. Una vez sentados en la mesa, la tensión era más que evidente. 

Cloti: ¡Puaj! ¿Que se supone que es esto?
Sabrina: Crema de calabaza. He seguido una receta de Internet.
Cloti: Te habrás equivocado en algún ingrediente...
Sabrina: Pues no.

Sabrina se llevó una cucharada a la boca y al saborear la crema, tuvo ganas de vomitar. 

Cloti: Lo tuyo no es la cocina, está realmente malo...ni para los perros, los pobres podrían morir intoxicados.
John: ¡Mamá!
Cloti: Lo siento, hijo. Si le digo que está bueno nunca aprenderá a cocinar...
Sabrina: Yo sé cocinar. Además, a mi me gusta.

Se llevó otra cucharada a la boca y tragó haciendo un gran esfuerzo.

Sabrina: Está bueno, ¿verdad cariño?
John: Sí...pero creo que estoy empachado...traeré algo de embutido.



Mientras John estaba en la cocina, Cloti aprovechó para atacar de nuevo a Sabrina.

Cloti: ¿Pretendes envenenarme?
Sabrina: No está tan malo. Será usted, que tiene un paladar muy exquisito...
Cloti: Reconoce que no sabes cocinar y que nunca aprenderás. No limpias la casa ni sabes hacer las tareas. Mi John lo tiene que hacer todo. Eso no es normal.
Sabrina: Voy aprendiendo. Además, nos amamos. Eso es lo único que importa.
Cloti: ¿Amor? No seas ridícula. Eres solo un capricho. Pronto se dará cuenta la clase de mujer que eres y te dejará. ¡Si no vales ni para trabajar!
Sabrina: Señora. váyase al cuerno. No es más que una vieja estirada y amargada. Pues acostúmbrese a mi cara, John y yo estaremos juntos para toda la vida.
Cloti: ¡Descarada! Niñata impertinente, ¿cómo te atreves a hablarme así?
Sabrina: La próxima vez que venga a visitarnos le haré una cena a su medida, ¿le gusta la comida de perros o prefiere mataratas?
Cloti: Conmigo no podrás, soy más vieja y lista que tú.
Sabrina: Más vieja, eso está claroAdemás, mi hermana me ha conseguido un nuevo trabajo, para que se entere.
Cloti: No durarás ni un día.
Sabrina: Eso ya lo veremos, querida suegra...¿te puedo llamar mamá?
Cloti: Ni se te ocurra. No juegues conmigo, no sabes quién soy yo y lo loca que me puedo volver por mi hijo. 


El lunes, Sabrina comenzó su primer día de trabajo. Consistía en promocionar una nueva tienda de animales. Para ello, se tenía que disfrazar de cocodrilo. Una enorme careta que dejaba al descubierto su cara y llamaba mucho la atención. Cuando descubrió de lo que se trataba quiso huir, pero recordó las palabras de su suegra y se aguantó. Rezó para que no pasase ningún conocido y se puso a repartir panfletos publicitarios de la tienda. La gente la miraba curiosa. Muchos se reían al ver las pintas que llevaba.

Sabrina: ¡Mundo animaal! ¡La nueva tienda de animales ya está abierta! 
Mujer: ¡Jajajajajaja!
Victoria: Mira, ¡que pintas! ¡Jajajaja!
Christie: Que graciosa.
Sabrina: ¡Aprovechen la oferta de apertura con un 50% de descuento en algunos de nuestros productos!

Todo el mundo la miraba, y prácticamente todos se reían. Para Sabrina aquella situación no podía ser más humillante. Deseaba salir corriendo y esconderse para siempre bajo las sábanas de su cama. Ya no pudo reprimir su enfado por aquella situación.

Sabrina: Tome señora, una promoción por si quiere visitar la tienda y comprar algo.
Mujer: ¡Que graciosa estás!
Sabrina: ¿Y usted se ha mirado al espejo? ¡Váyase al cuerno!
Mujer: ¡Ohh, que descarada!
Sabrina: ¡Ehh, que miras tú!
Hombre: Que poca educación.
Sabrina: ¡Viento fresco, cara mono!


Para empeorar aquella situación, uno de los temores de Sabrina se hizo realidad. Alexia y Hilary, dos de sus peores enemigas paseaban justamente por aquella calle. Cuando vieron a Sabrina, no pudieron evitar sonreír.

Hilary: ¿Has visto eso? ¡Es Sabrina! ¡Oh my god! Pero que pintas.
Alexia: ¿Va disfrazada de dragón?
Hilary: Oye, pues le sienta bien, ¡jajajaja!
Alexia: ¡Jajajaja! Bueno, al menos significa que trabaja y va por el buen camino.
Sabrina: ¡Se están riendo de mi! ¡EHHHH! ¡¿Queréis un descuento?! ¡En esta tienda venden comida para perras! ¡APROVECHAD QUE OS VEO CON HAMBRE!
Alexia: Parece que no a cambiado nada...
Hilary: Vamos, que esta está grazy.


Alec era el dueño de la tienda. Donna le había pedido como un favor personal que contratase a su hermana, que estaba sin trabajo. Se llevaba muy bien con Donna así que la contrató.

Alec: ¡Aquí está mi cocodrila! ¡Jojojo! Hola Sabrina, ¿cómo lo llevas? 
Sabrina: ¿Que cómo lo llevo?
Alec: ¿Quieres beber algo? Debes estar pasando mucho calor con eso en la cabeza. ¿Has repartido muchos panfletos?


Se quitó la enorme careta y se la puso al hombre de tal forma que no podía ver nada.

Sabrina: ¡No se preocupe que yo misma me iré a beber algo! ¡PÓNGASE USTED ESE RIDÍCULO DISFRAZ!
Alec: ¡Eh! Pero, ¿que ocurre? ¿Sabrina? ¿Que pasa? ¡No veo nada!
Sabrina: Reparta usted mismo esos panfletos, ¡renuncio!
Alec: ¡Sabrina! ¡Vuelve!
Sabrina: ¡Hasta nunca!