miércoles, 3 de septiembre de 2014

Historias del Pantano: Capítulo 1 - Los Dioses me envían


Junior corría por las inhóspitas tierras del Pantano junto a Hurto, su perro. Aunque se lo estaba pasando bien, echaba de menos a sus amigos. Los había invitado, pero no obtuvieron permiso de sus padres. Desde los acontecimientos del año pasado nadie quería estar allí. Secuestradores, caníbales, zombies, dinosaurios, piratas, animales salvajes, seres del más allá,...nadie ponía en duda que aquel lugar era peligroso. A pesar de los esfuerzos por cambiar aquello, PD tuvo que reconocer que el pantano no era un lugar seguro para los clicks normales. 


PD y su mujer, la bruja Clíope, eran seres mágicos, acostumbrados a situaciones y seres peligrosos y extraños. Allí vivían y eran felices, aunque tenían asumido que ningún amigo iría a verles...excepto Vicrogo. Era consciente del peligro, pero le apasionaba aquel lugar tan fantástico. Además, junto a PD y Calíope sabía que nada malo le podía ocurrir.


Estaban acampados en una zona cercana al agua. Allí se disponían a pasar la noche juntos disfrutando de unos días de vacaciones. Vicrogo y PD hablaban animadamente sentados ante una mesa mientras Calíope practicaba algunos conjuros frente al fuego.

Junior: Papi, yo quiero que venga Jorgito o Renzo...
PD: Hijo, sabes que eso no es posible. Este lugar no es seguro para ellos...
Junior: Pero a nosotros no nos está ocurriendo nada...
PD: Nosotros somos seres mágicos, hijo mío.
Junior: ¡Jooo! Pero si aquí no pasa nada...


Calíope: ¡Los clicks normales son unos enclenques! Junior, no necesitas amigos normales para pasarlo bien. Este lugar está plagado de seres mágicos con los que jugar.
Vicrogo: ...
Calíope: Perdona Vicrogo, ya sabes que no lo digo por ti.
Vicrogo: Lo sé, no te preocupes.
Junior: Yo no veo a ningún ser mágico...
Calíope: No estás atento, debes aprender a ver a través de los sentidos. 


Junior: A mi me gustaría jugar aquí con mis amigos...
Vicrogo: Puedes jugar con Hurto y todos nosotros, ¡lo podemos pasar muy bien!
Junior: Pero echo de menos a mis amigos...
PD: Para que comprendas mejor lo mágico y especial que es nuestro pantano, te contaré una historia.
Junior: ¡Bien, una historia de las tuyas!
PD: Pero esta es una historia real, Junior. Ocurrió hace mucho, mucho tiempo...


Una tribu de indios vivía feliz en estas tierras. Respetaban el entorno así que nunca tenían problemas con los seres mágicos que en aquellos años habitaban el pantano. Un día uno de ellos cayó enfermo. A pesar de los cuidados del Chamán y su familia, su salud empeoraba día tras día. Su madre, Luna de Otoño estaba muy triste y preocupada por su único hijo. 

Luna de Otoño: Que los malos espíritus no se lleven a mi pequeño, por favor. Dioses, ayudad a mi pobre hijo...


Su marido, Ojo de fuego la intentaba consolar. Se sentía impotente. Había seguido las instrucciones del chamán de la tribu y de nada había servido. 

Luna de Otoño: No está mejorando...¡no podré vivir sin nuestro pequeño! ¡Los Dioses nos están castigando!
Ojo de Fuego: No debes pensar así, Luna. Confía en los Dioses, ellos son sabios.

El hermano de Luna, Lobo Negro, los observaba emocionado. Temía por la salud de su sobrino, al que apreciaba y quería mucho. 


Mientras Ojo de Fuego consolaba a su hermana, entró para hablar con su sobrino. Estaba despierto pero saltaba a la vista que estaba empeorando.

Oso Blanco: ¡Lobo Negro! ¿Que ocurre ahí fuera? Escucho a mi madre llorar...
Lobo Negro: No debes preocuparte, todo está bien. Recuerda que cuando te recuperes iremos a nadar juntos. Te presentaré a algunos blancos, ya sabes que algunos de ellos son buenos. Si te portas bien te enseñaré su idioma.
Oso Blanco: Voy a morir, ¿no es cierto? No puedes engañarme...
Lobo Negro: Juro por todos los Dioses que encontraré la forma de curarte. No te vas a morir, sobrino.
Oso Blanco: No quiero morir...
Lobo Negro: No morirás, te lo prometo.


Lobo Negro habló con el Chamán y le pidió que se comunicase con los Dioses. Estaba dispuesto a hacer lo que fuese necesario para salvar a su sobrino. El chamán se acercó al fuego y tomó un líquido verde de un cuenco. Después se puso a susurrar palabras que nadie entendía y levantó los brazos hacia el cielo.

Chamán: Los Dioses me están hablando. Dicen que existe una posibilidad de salvar a Oso Blanco. Deberás emprender un viaje, tú solo. Deja que los Dioses te guíen y nunca pierdas la fe y ellos te ayudarán a encontrar la cura a la enfermedad de tu sobrino.


Lobo Negro se marchó ante los ánimos de toda la tribu. Su hermana se despidió llorando preocupada por su hijo pero también por su hermano. Prometieron adorar a los Dioses para que no lo abandonasen en su largo y peligroso camino.


Lobo Negro caminó, atento a las señales que los Dioses le podían enviar. Un extraño y solitario búfalo lo observaba a lo lejos cuando llevaba horas caminando. Era muy grande y por un momento Lobo Negro temió por su vida, pero pronto supo que se trataba de los Dioses, que le mostraban el camino a seguir.


De esta forma caminó durante horas, siguiendo las señales que los Dioses le mostraban. Pensaba en Oso Blanco y caminaba más rápido sabiendo que el tiempo estaba en su contra.



No muy lejos de allí, Dorothy Gales viajaba en el interior de una diligencia tirada por dos caballos grises. A sus 22 años, su vida había sufrido un drástico cambio. Su padre falleció muy joven hacía ya muchos años así que vivía junto a su madre en una lujosa mansión en Londres. Allí fue feliz hasta que el negocio familiar se fue a la quiebra. No tardaron en aparecer deudas y perdieron su mansión y prácticamente todo su dinero. Se mudó a una pequeña casa y a los meses su madre falleció en un accidente laboral. Dorothy ya no sabía lo que hacer, solo le quedaba su tía Kelly pero vivía muy lejos. Cuando viajaba a Londres para visitarla, pasaban fantásticos momentos en su compañía. Era una mujer alegre y optimista que adoraba a su sobrina. Una mañana le llegó un mensaje urgente de ella. Estaba gravemente enferma y necesitaba un medicamento para recuperarse, pero no tenía dinero suficiente para comprarlo así que envió el mensaje a su sobrina para que le ayudase. Dorothy no lo dudó un instante y aunque la medicina era cara, la compró. Se gastó prácticamente todo lo que tenía pero no estaba dispuesta a perder a la única persona que le importaba en el Playmundo. Aunque el pueblo dónde vivía su tía estaba en el pantano y era un lugar peligroso, nada le impediría llevar ese medicamento a su querida tía.


Dorothy: Pronto estaré contigo, tía Kelly...

Dorothy miraba por la ventanilla de la diligencia. El paisaje era inhóspito. El sol abrasador caía sobre aquellas secas y peligrosas tierras. El cochero era un hombre seco y poco hablador, pero eso no le disgustó. No le apetecía hablar con nadie ni forzar una sonrisa. Se le pasó por la cabeza que el cochero fuese un delincuente y le robase en mitad de la nada...allí nadie le podría ayudar...

Dorothy: Bah, no pienses esas tonterías...

Lo cierto era que aquel hombre le había dado un repaso con su mirada. Dorothy llevaba un vestido moderno, con zapatos y bolso a juego. Siempre le había gustado la moda y las últimas tendencias. Quizás tendría que haberse vestido con algo menos llamativo...pero ni loca se pensaba cambiar de ropa en aquel lugar y con ese hombre cerca.


Mientras Dorothy luchaba contra sus miedos, dos hombres observaban desde lo alto de una colina a la diligencia pasar. Eran dos bandoleros buscados por la ley. Famosos por sembrar el terror allá por dónde iban. El Tuerto y su fiel amigo Rubiales llevaban años cometiendo delitos y librándose de la ley.

El Tuerto: ¿Has visto eso, Rubiales? ¡Dinero sobre ruedas!
Rubiales: Tengo sed y hambre, ¡me comería una vaca entera, con cuernos y todo!
El Tuerto: ¡Pues estamos de suerte! ¡Vamos allá!


Montados en sus caballos, alcanzaron sin gran esfuerzo a la diligencia. El cochero los vio venir y asustado intento librarse de ellos.

Cochero: ¡Zeñora, agárreze fuerte!
Dorothy: ¿Que ocurre? ¡No me haga daño, por favor!
Cochero: ¡Pero que carajo dice! ¡Por ahí vienen bandidoz!
Dorothy: ¡Oh Dios mío! ¡Haga algo!
Cochero: ¡¡Y que ze pienza que eztoy haciendo!!



El Tuerto: ¡Detente y no morirás!
Cochero: ¡Y un cuerno! ¡No pienzo parar!
El Tuerto: ¡Has firmado tu sentencia a muerte!
Cochero: ¡Ezo eztá por ver!


El Tuerto vio a Dorothy sentada en el interior de la diligencia y sus ojos se abrieron como platos. La boca se le hizo agua pensando en ella.  La quería para él, y debía ser de inmediato. Saltó de su caballo y se lanzó sobre el cochero, que perdió el control de los caballos.

El Tuerto: ¡¡Vas a morir!!
Cochero: ¡Y un cuerno! ¡Conmigo no podráz!


En el forcejeo el cochero y El Tuerto cayeron de la diligencia al suelo mientras esta seguía avanzando descontrolada. Dorothy se asomó por la ventanilla y comprobó que se alejaba de los delincuentes y el cochero. Los caballos seguían corriendo desbocados y asustados.

Dorothy: ¡Esto no me puede estar ocurriendo! 


El Tuerto disparó al cochero que cayó al suelo inconsciente. La herida era muy grabe y no tardaría en morir sin asistencia médica.  Le quitaron todo lo que tenía valor y lo abandonaron a su suerte.

El Tuerto: Maldito cochero, ¡tú te lo has buscado! 
Rubiales: ¡Tenemos que ir tras la diligencia!
El Tuerto: ¡Vamos, no debe estar lejos!


Los caballos hicieron un giro brusco y consiguieron librarse de la diligencia alejándose rápidamente. Dorothy gritó cuando vio que volcaría sin remedio. Cerró los ojos y tras dar unos cuantos golpes contra el suelo, la diligencia se volcó dejando a Dorothy inconsciente en su interior. 



Lobo Negro seguía el camino mostrado por los Dioses. Deseaba encontrar la cura para su sobrino, pero estaba perdiendo la esperanza. Cuando se disponía a reponer fuerzas refugiado bajo unos árboles, encontró la diligencia volcada. En un primer momento no supo que hacer, pero cuando vio al Águila posada sobre la diligencia, supo que había llegado a su destino. Después de mirar fijamente a Lobo Negro, el águila salió volando y desapareció.



Rápidamente entró en la diligencia y encontró a Dorothy en su interior. Su corazón dio un vuelco, pues jamás había visto una mujer tan bella. Su pelo rojo como el fuego, sus labios, su rostro angelical y sus curvas femeninas le cautivaron. La sacó de la diligencia y la tumbó sobre el suelo. 

Lobo Negro: Ser mujer muy bella...No entender bien, ¿ser ella la cura para Oso Blanco? Mujer, despierta. ¿Hola?
Dorothy: Oh, me duele todo el cuerpo...

Dorothy abrió los ojos lentamente, aturdida y muy confusa. Al ver a Lobo Negro con su hacha sobre ella, pegó un gritó que puso en alerta al indio. Se alejó de ella agarrando su hacha con fuerza. Dorothy se alejó arrastrándose.

Dorothy: ¡No me mates! ¡Por favor, no quiero morir!
Lobo Negro: ¿Matar? ¿Yo?
Dorothy: ¡Hablas mi idioma! Te lo ruego...deja que me marche...
Lobo Negro: Yo no querer hacerte daño, mujer.




Se acercó hasta ella y le ofreció ayuda para levantarse. Dorothy lo miró desconfiada. 

Dorothy: ¿Quién eres tú y que quieres de mi?
Lobo Negro: Mi nombre ser Lobo Negro. ¿Los Dioses te envían? Me han guiado hasta ti.
Dorothy: Sí...me envían los Dioses...No puedes hacerme daño, ellos se enfadarían, ¿entiendes?
Lobo Negro: No temer, yo proteger.
Dorothy: Mira, hay unos tipos muy desagradables que me han atacado...es posible que hayan matado al cochero...pobre, y yo pensando mal de él...Debes llevarme a un lugar seguro.
Lobo Negro: Los malos espíritus quieren impedir que salve a Oso Blanco, ¿verdad?
Dorothy: Pues...claro, odian los osos. ¡Debes ayudarme!
Lobo Negro: No preocupar, yo llevar a un lugar seguro en el que puedas cumplir misión. Oso Blanco estar muy enfermo y no tener mucho tiempo.


Dorothy decidió seguir la corriente al indio y que le llevase a un lugar seguro. No se fiaba de él y temía hacerlo enfadar. Agarró su maleta para llevársela consigo. Lobo Negro la miró extrañado.

Lobo Negro: No poder llevar eso, retrasar nuestro paso...
Dorothy: Pero...está bien. Me llevaré mi bolso y este maletín. 


Lobo Negro comenzó a caminar y ella le seguía. El indio caminaba muy rápido y le costaba seguir el ritmo. 

Dorothy: ¿Ese lugar está muy lejos? Necesito una medio de transporte para ir a ver a mi tía.
Lobo Negro: Deber caminar mucho pero confiar en mi. ¿Cual ser tu nombre?
Dorothy: Me llamo Dorothy. ¿Cómo es que sabes hablar mi idioma?
Lobo Negro: Yo tener amigos blancos. No todos los rostros pálidos ser malos.
Dorothy: Es bueno saber que piensas así...


El Tuerto y Rubiales localizaron la diligencia. Encontraron la maleta de Dorothy pero allí no había más que ropa y enseres de mujer. 

El Tuerto: ¡Maldita sea! Rubiales, esa mujer es una auténtica belleza. Jamás había visto nada igual...debe ser mía.
Rubiales: Y seguro que se ha llevado todas las cosas de valor...
El Tuerto: No debe andar lejos. Una mujer como ella no sabe moverse por estas tierras. Debemos darnos prisa, no me gustaría que un cuerpo tan bello como ese se convierta en comida para animales salvajes. 



Continuará...

domingo, 3 de agosto de 2014

El verano de...Sabrina y John

El verano de Sabrina no está siendo tal y como ella quería. John trabaja todo el verano así que no se pueden ir de vacaciones. A pesar de ello, John intenta que su novia pase un verano lo más intenso posible. Los dos son marchosos, les encanta salir de fiesta por las noches a las discotecas más famosas. Bailan juntos las canciones de moda que más les gusta hasta quedarse sin fuerzas. Aunque John solo tiene ojos para Sabrina, no sucede lo mismo al contrario.

John: Cariño, voy a por bebidas, ¿que quieres?
Sabrina: Un San Francisco.
John: Ahora vuelvo. Ten cuidado, que aquí hay mucho salido y tú estás preciosa.
Sabrina: No te preocupes, cariño.


Un chico rubio, muy guapo y con cuerpo de gimnasio estaba apoyado en una pared escuchando música mientras bebía de una copa. Le pareció tan sexy que no pudo evitar acercarse hasta él para insinuarse.

Sabrina: Hola, guapo.
Chico: Hola preciosa.
Sabrina: Me preguntaba que hacía un chico tan guapo solo en un lugar como este.
Chico: Mi novia está ahí, pero si quieres te paso mi número y quedamos en privado...
Sabrina: Me gusta jugar, pero no soy de esas...

Sabrina le acarició la cara y le guiñó un ojo.

Chico: Vamos, muñeca...queda conmigo. 
Sabrina: ¿Para qué?
Chica: ¿Eh? ¡Que hace esa!


La novia del chico saltó desde el podium como alma que lleva el diablo y se abalanzó sobre Sabrina. Ella, que no esperaba el ataque, se vio sorprendida. Le agarró de su larga y rubia coleta y le estiró del pelo con fuerza.

Chica: ¡Ese es mi novio!
Sabrina: ¡Ahhhhh! ¡Socorro!
Chico: ¡Pelea, pelea de tías!
John: ¡Sabrina! ¡Suelte inmediatamente a mi novia! ¡Soy policía!
Chica: ¡Estaba ligando con mi novio!
Sabrina: ¡Mentirosa!

John nunca dudaba de Sabrina, así que no se creía las cosas que la gente decía de ella. En aquella ocasión John habló con los responsables de la discoteca y echaron a la agresora.


La madre de John no soporta a Sabrina. Nunca ha visto con buenos ojos su relación. No quiere para su hijo una mujer como ella, así que no pierde ocasión para intentar meter cizaña. Un viernes noche, John invitó a su madre a cenar en su casa. Sabrina quiso encargarse de la cena, así que puso todo su empeño para que todo saliese perfecto. Una vez sentados en la mesa, la tensión era más que evidente. 

Cloti: ¡Puaj! ¿Que se supone que es esto?
Sabrina: Crema de calabaza. He seguido una receta de Internet.
Cloti: Te habrás equivocado en algún ingrediente...
Sabrina: Pues no.

Sabrina se llevó una cucharada a la boca y al saborear la crema, tuvo ganas de vomitar. 

Cloti: Lo tuyo no es la cocina, está realmente malo...ni para los perros, los pobres podrían morir intoxicados.
John: ¡Mamá!
Cloti: Lo siento, hijo. Si le digo que está bueno nunca aprenderá a cocinar...
Sabrina: Yo sé cocinar. Además, a mi me gusta.

Se llevó otra cucharada a la boca y tragó haciendo un gran esfuerzo.

Sabrina: Está bueno, ¿verdad cariño?
John: Sí...pero creo que estoy empachado...traeré algo de embutido.



Mientras John estaba en la cocina, Cloti aprovechó para atacar de nuevo a Sabrina.

Cloti: ¿Pretendes envenenarme?
Sabrina: No está tan malo. Será usted, que tiene un paladar muy exquisito...
Cloti: Reconoce que no sabes cocinar y que nunca aprenderás. No limpias la casa ni sabes hacer las tareas. Mi John lo tiene que hacer todo. Eso no es normal.
Sabrina: Voy aprendiendo. Además, nos amamos. Eso es lo único que importa.
Cloti: ¿Amor? No seas ridícula. Eres solo un capricho. Pronto se dará cuenta la clase de mujer que eres y te dejará. ¡Si no vales ni para trabajar!
Sabrina: Señora. váyase al cuerno. No es más que una vieja estirada y amargada. Pues acostúmbrese a mi cara, John y yo estaremos juntos para toda la vida.
Cloti: ¡Descarada! Niñata impertinente, ¿cómo te atreves a hablarme así?
Sabrina: La próxima vez que venga a visitarnos le haré una cena a su medida, ¿le gusta la comida de perros o prefiere mataratas?
Cloti: Conmigo no podrás, soy más vieja y lista que tú.
Sabrina: Más vieja, eso está claroAdemás, mi hermana me ha conseguido un nuevo trabajo, para que se entere.
Cloti: No durarás ni un día.
Sabrina: Eso ya lo veremos, querida suegra...¿te puedo llamar mamá?
Cloti: Ni se te ocurra. No juegues conmigo, no sabes quién soy yo y lo loca que me puedo volver por mi hijo. 


El lunes, Sabrina comenzó su primer día de trabajo. Consistía en promocionar una nueva tienda de animales. Para ello, se tenía que disfrazar de cocodrilo. Una enorme careta que dejaba al descubierto su cara y llamaba mucho la atención. Cuando descubrió de lo que se trataba quiso huir, pero recordó las palabras de su suegra y se aguantó. Rezó para que no pasase ningún conocido y se puso a repartir panfletos publicitarios de la tienda. La gente la miraba curiosa. Muchos se reían al ver las pintas que llevaba.

Sabrina: ¡Mundo animaal! ¡La nueva tienda de animales ya está abierta! 
Mujer: ¡Jajajajajaja!
Victoria: Mira, ¡que pintas! ¡Jajajaja!
Christie: Que graciosa.
Sabrina: ¡Aprovechen la oferta de apertura con un 50% de descuento en algunos de nuestros productos!

Todo el mundo la miraba, y prácticamente todos se reían. Para Sabrina aquella situación no podía ser más humillante. Deseaba salir corriendo y esconderse para siempre bajo las sábanas de su cama. Ya no pudo reprimir su enfado por aquella situación.

Sabrina: Tome señora, una promoción por si quiere visitar la tienda y comprar algo.
Mujer: ¡Que graciosa estás!
Sabrina: ¿Y usted se ha mirado al espejo? ¡Váyase al cuerno!
Mujer: ¡Ohh, que descarada!
Sabrina: ¡Ehh, que miras tú!
Hombre: Que poca educación.
Sabrina: ¡Viento fresco, cara mono!


Para empeorar aquella situación, uno de los temores de Sabrina se hizo realidad. Alexia y Hilary, dos de sus peores enemigas paseaban justamente por aquella calle. Cuando vieron a Sabrina, no pudieron evitar sonreír.

Hilary: ¿Has visto eso? ¡Es Sabrina! ¡Oh my god! Pero que pintas.
Alexia: ¿Va disfrazada de dragón?
Hilary: Oye, pues le sienta bien, ¡jajajaja!
Alexia: ¡Jajajaja! Bueno, al menos significa que trabaja y va por el buen camino.
Sabrina: ¡Se están riendo de mi! ¡EHHHH! ¡¿Queréis un descuento?! ¡En esta tienda venden comida para perras! ¡APROVECHAD QUE OS VEO CON HAMBRE!
Alexia: Parece que no a cambiado nada...
Hilary: Vamos, que esta está grazy.


Alec era el dueño de la tienda. Donna le había pedido como un favor personal que contratase a su hermana, que estaba sin trabajo. Se llevaba muy bien con Donna así que la contrató.

Alec: ¡Aquí está mi cocodrila! ¡Jojojo! Hola Sabrina, ¿cómo lo llevas? 
Sabrina: ¿Que cómo lo llevo?
Alec: ¿Quieres beber algo? Debes estar pasando mucho calor con eso en la cabeza. ¿Has repartido muchos panfletos?


Se quitó la enorme careta y se la puso al hombre de tal forma que no podía ver nada.

Sabrina: ¡No se preocupe que yo misma me iré a beber algo! ¡PÓNGASE USTED ESE RIDÍCULO DISFRAZ!
Alec: ¡Eh! Pero, ¿que ocurre? ¿Sabrina? ¿Que pasa? ¡No veo nada!
Sabrina: Reparta usted mismo esos panfletos, ¡renuncio!
Alec: ¡Sabrina! ¡Vuelve!
Sabrina: ¡Hasta nunca!


martes, 29 de julio de 2014

El verano de...Wenda, Duclón y Ernesto

Ernesto, el abuelo de Sus, Lilu, Lulú, Willy y Wen está de vacaciones. Le acompaña su querida hija Wenda y el padre de Duclack, Duclón.  Han decidido viajar hasta una paradisíaca isla cerca de Hábù. Allí se han hospedado en un hotel de lujo con todo tipo de comodidades. Ernesto contrató los servicios de dos bellas clacks para que lo mimasen durante toda su estancia en la isla. Mientras que una le hace un placentero masaje en los hombros, la otra le abanica. Disfruta de estos momentos bebiéndose un caipiriña.

Ernesto: ¡Oh! Por cosas así vale la pena vivir.
Chica: ¿Le abanico más fuerte, guapo?
Ernesto: No es necesario, preciosa. ¡Ohhhh! Ahí me duele, ahí.
Chica2: Tiene un pequeño nudo. No se preocupe, quedará como nuevo. Dígame, un hombre como usted, tan guapo, ¿no está casado?
Ernesto: Tengo mujer, y hace poco que reapareció en mi vida. Aunque la amo...necesito tiempo para encajar las cosas y averiguar si realmente es sincera conmigo.

Wenda observaba a su padre con esas chicas y se ponía de los nervios. Odiaba que se comportase de esa forma, filtreando  con clacks que podrían ser sus nietas. No se fiaba de ellas. Temía que alguna fuese una caza fortunas, como Uma.

Wenda: ¡Cuanto más viejo más pellejo! Papá, nos vamos de paseo a ver el faro, ¡venga!
Ernesto: ¿Ahora? ¡Al cuerno el faro! Yo me quedo aquí con estas dos bellezas.
Wenda: ¡He dicho que nos vamos al faro! 


En aquel faro, Duclón y Wenda observaban el horizonte. 

Duclón: Le dije a Ben que no le podía acompañar en su viaje...Me preguntó si había quedado con una clack, pero no tuve valor de confesarle que eras tú.
Wenda: Duclón, no estás haciendo nada malo. Somo amigos, ¿es que no podemos disfrutar de unas vacaciones juntos?
Duclón: Sí,  pero Ben es mi mejor amigo y...esto lo puede interpretar como una traición...Espero que no lo vea de esa forma, me dolería perder su amistad.
Wenda: Ben es primitivo, es posible que se enfade. Mejor no le digamos nada de esto. De todas formas no creo que sea pecado que seamos amigos.


Bajaron a la playa, cerca del faro. Wenda tumbó su cabeza sobre las piernas de Duclón, que observaba el paisaje un poco nervioso.

Wenda: Lo cierto es que eres muy especial para mi, Duclón. Me estás ayudando mucho más de lo que imaginas.
Duclón: Para mi también eres muy especial...siempre lo has sido. Recuerdo cuando Ben nos presentó. Aquella melena morena y larga, tu rostro angelical...
Wenda: A mi también me causaste buena impresión, aunque disimulé. Me impresionó conocer a un pirata.
Ernesto: ¡Eyy! ¡Wenda! No me dejes aquí arriba! 
Duclón: Tu padre sigue en el faro, ¿le ayudo a bajar?
Wenda: No, deja que el aire fresco le alivie el calor que arrastra. Le vendrá bien estar un ratito solo refrescándose.
Ernesto: ¡Quiero volver con mis chicas! ¡Wendaaaa! ¡Vuelve ahora mismo!


Corretearon por la orilla de la playa y descubrieron una cueva oculta bajo el faro. Se acercaron hasta ella y entraron. Parecía un lugar mágico, con una luz especial.

Wenda: ¡Que lugar más bonito!
Duclón: No más bonito que tú.
Wenda: Me siento como una adolescente. Estoy nerviosa y el corazón me late acelerado.
Duclón: Yo también me siento así. Wenda, desearía tanto besarte...
Wenda: Yo también lo deseo tanto...
Ernesto: ¡Wendaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Me estoy cabreando! 
Wenda: Será mejor que volvamos, no quiero enfadar a mi padre más de lo necesario.
Duclón: Sí, será lo mejor.


domingo, 27 de julio de 2014

El verano de...Ben

Ben no es un hombre de ir a la playa a tomar el sol, prefiere vivir aventuras. Aunque para él nunca es mal momento para seducir a bellas clacks. Siempre que puede, intenta ligar con las clacks que a sus ojos son las más bellas e interesantes. A pesar de ser un hombre maduro, las mujeres lo suelen encontrar interesante. 

Ben: Disculpa, preciosa. Solo quiero regalarte esta flor como muestra de mi más absoluta fascinación por tu belleza.


Su mejor amigo es Duclón (el padre de Duclack). Juntos suelen salir a hacer senderismo por los bosques más frondosos y bonitos de Wensuland y Clisandia. Ben siempre le propone a su amigo que le acompañe en sus aventuras y Duclón lo hace siempre que puede.

Duclón: Menos mal que me he puesto estas zapatillas deportivas, las otras ya me habrían hecho daño. ¿Cuando pararemos a comer algo?
Ben: ¿Tienes hambre?
Duclón: Sí, bastante...
Ben: Ahora llegaremos a una posada en la que sirven la mejor cerveza y los bocadillos más deliciosos que existen.
Duclón: ¿A que esperamos? ¡Aligera el paso! Estoy deseando llegar.


Para vivir sus mejores aventuras, Ben siempre se lleva consigo su preciado camión. Preparado para superar cualquier obstáculo en el camino y con toda clase de accesorios necesarios para sobrevivir a los peligros, es perfecto para cualquier aventura. 

Ben: ¡Vamos Duclón! Tenemos una aventura nueva que vivir, ¡estoy ansioso!
Duclón: Lo siento amigo mío, esta vez no te podré acompañar...
Ben: ¡Vaya! ¿Puedo saber cual es la razón?
Duclón: Me han invitado a pasar unas semanas en una isla paradisíaca...
Ben: ¡Me alegro por ti! ¿Una mujer?
Duclón: Pues...
Ben: Conozco esa mirada. Se trata de una mujer. Pues no seré yo quién se interponga en tu camino, disfruta viejo amigo. Nos volveremos a ver al regreso. 
Duclón: Adiós, Ben. Cuídate, que ya tienes una edad...
Ben: No te preocupes, estaré bien. 


sábado, 26 de julio de 2014

El verano de...Sus y Diamante

Sus y Diamante están pasando el verano juntos, con sus hijos y Pandy. Sus a cerrado su juguetería y Diamante ya no se irá de piratería durante las vacaciones. Salen de paseo por las zonas más bonitas de la ciudad y visitan museos, parques y centros comerciales. Diamante deja su ropa de pirata en el armario para vestirse de domingo, con corbata y zapatos a juego. Sus se viste más fresquita para soportar el calor usando un top blanco de tirantes y una falda corta azul. Tirando de los carricoches, pasean con Suselle y Dante. Pandy también disfruta de los paseos y cuando se cansa, se sienta junto alguno de los niños para descansar.


Aunque el plan les gusta, necesitan alejarse de la rutina. En el yate del abuelo de Sus, han decidido pasar unas semanas en alta mar, los cinco solos. Mientras que Diamante conduce el yate hacia lugares de gran belleza, su familia disfruta del viaje.

Suselle: ¡Mira mami! ¡Un pez gigante!
Sus: Es un delfín, cariño.
Dante: ¡Yo quero uno!
Sus: Eso no puede ser, se moriría. Los delfines son más felices si son libres. Además, ¿dónde lo meteríamos?
Dante: En la bañera.
Suselle: ¡Porfa mami! Un delfín pequeñito, ¡porfiii!
Sus: Buscaremos uno de peluche.


Se han llevado todo lo necesario para pasar dos semanas sin necesidad de pisar tierra firme. Sus preparó una deliciosa comida para todos. Los niños ya podían comer sólido, así que les preparó unas tortillas de queso. Para Diamante una hamburguesa y unas salchichas con salsa barbacoa. Para ella se preparó una ensalada con espárragos trigueros y salsa césar. Pandy tenía bambú fresco del que más le gustaba.

Dante: No quero más.
Diamante: Te lo tienes que comer todo o no crecerás. Si quieres ser tan guapo y fuerte como yo, debes comer más.
Dante: Dame más, mami.
Sus: Toma, abre la boca. ¿Ves? Si está buenísimo.
Pandy: #### (Oye, podríamos ir un rato a tierra firme...¡Tanto movimiento me está revolviendo el estómago!)
Sus: Mira a Pandy, creo que tiene calor.
Diamante: Luego me lo llevaré al agua, para que se refresque.
Pandy: #### (¡No! Que no sé nadar...)



El interior del lujoso yate cuenta con todas las comodidades. Mientras que Sus y Diamante descansan en sus camas, disfrutando del fresquito que entraba por las ventanillas, los niños y Pandy jugaban con los juguetes.

Sus: Diamante, ¿cómo estarán Wen y Duclack? Estaban tan desanimados...
Diamante: Estarán bien. Te lo dije antes de desembarcar, que está prohibido pensar cosas tristes. Debes concentrarte en nosotros. 
Sus: Tienes razón, lo intentaré.
Diamante: A mi me preocupa también la gran aventura que me espera cuando lleguemos a casa. Duclack lo tiene todo preparado para partir cuando terminen las vacaciones. 
Sus: Es cierto. Me pongo nerviosa al pensar cual será su reacción cuando descubra el regalo que le hemos preparado. ¡Han sido meses de trabajo!
Diamante: Conociendo a mi capitana, creo que le gustará.
Sus: Se lo merece y espero que le anime. Además,  ¡le hacía mucha falta!
Diamante: Sí. Que ganas de ver su cara de sorpresa.
Sus: Diamante, soy tan feliz. Te quiero mucho.
Diamante: Yo también te amo, mi Sus.