miércoles, 9 de abril de 2014

Hafida: Capítulo 16 - Somos libres

Raushanna había pedido a Sabba que fuese a buscar un jarrón para colocar unas flores. Se dirigió a uno de los patios interiores de la vivienda. Estaba deseando descansar, llevaba un día duro de trabajo. Aunque la señora se portaba bien con ella, Zayd era otro cantar. Le gritaba y ordenaba sin la más mínima consideración. Makin había seguido el ejemplo de su padre y no se reprimía en absoluto. Raushanna y Jessenia sin embargo la trataban como una más de la familia.


Se acercó hasta los jarrones que tenían guardados junto a otras cosas. Vio uno verde que le pareció perfecto. Cuando se disponía a cogerlo, escuchó ruidos. Pensó que podría ser un escorpión y se asustó.


Se percató que los sonidos provenían de una gran caja de madera. Entre las maderas dos ojos la observaban desde el interior. Tuvo miedo. Se alejó poco a poco para no alterar al ser que la observaba.

Sabba: Espero que no pueda escapar de esa caja...


Swity: ¡Oh oh oh! (¡Socorro me han secuestrado! ¡No tengas miedo!)

Swity golpeaba las maderas desesperado. Cuanto más nervioso se ponía, más asustaba a Sabba.

Simbat: ¿Sabba? ¿Que te ocurre?


Agarró a Simbat por los brazos aliviada. Ya no se atrevía a coger el jarrón.

Sabba: Disculpe mi nerviosismo. La señora me ha pedido que le lleve un jarrón para colocar unas flores pero me da miedo acercarme ahí. En esa caja hay un animal, probablemente muy peligro. Grita y me observa por los huecos de esa caja. 
Simbat: No te preocupes, parece que está encerrado.
Sabba: ¿Podría llevar usted mismo el jarrón a la cocina? 
Simbat: Está bien, lo llevaré. Vete tranquila, Sabba.
Sabba: Gracias señor. Me hace un gran favor.


Cuando Sabba se fue, Simbat se acercó a la caja. Tenía curiosidad por saber que animal se encontraba allí atrapado.

Swity: ¡Oh oh oh! (¡Simbat, soy yo! ¡Ayuda!)
Simbat: Esos gritos...¿Swity?


Abrió la trampilla para que pudiese salir. Estaba oscuro en su interior y por un momento dudó que se tratase de Swity. Esas dudas se disiparon en cuanto Swity salió disparado hacia él y se agarró a su cuello. Estaba más delgado y débil.

Simbat: ¡Swity!
Swity: ¡Oh oh oh! (¡Cuanto me alegro de verte!)
Simbat: Pero, ¿que haces tú aquí? ¿Dónde está Hafida?



Swity: ¡Oh oh oh! (¡La han secuestrado! ¡Tienes que ayudarla!)
Simbat: Esto no me gusta nada...ella no permitiría que te capturasen. Ese mal nacido de Zayd le debe haber hecho algo...tengo que averiguarlo de inmediato. Tranquilo Swity, no permitiré que nada malo te ocurra. 


Mientras, Hafida, Denise, Indulala y Pamela llegaron a los camellos que Jessenia les había conseguido. Estaban agotadas y desmoralizadas. La muerte de Nazira y que atraparan a Jessenia había sido un duro golpe.

Pamela: ¡Ahí están los dichosos bichos! Nunca imaginé que me alegraría tanto de ver un animal de estos...
Hafida: No perdamos mucho tiempo, debemos alejarnos de esta zona. Sé que Zayd domina toda esta zona y tiene hombres por todas partes.

Subieron a los camellos y se alejaron a toda prisa de aquella zona.



Simbat fue en busca de Jessenia. La encontró llorando en su alcoba. Estaba tumbada boca abajo en la cama. Intuyó que algo debía saber sobre el paradero de Hafida. Sentía lástima por ella. Aunque no la amaba, siempre habían sido amigos. No deseaba verla llorar de esa manera. Retiró las cortinas y entró. 



Simbat: Jessenia, ¿que te ocurre?
Jessenia: ¡Soy mala clack! ¡Merezco la muerte!
Simbat: ¿Que estás diciendo? Eso no es verdad...
Jessenia: Simbat...
Simbat: Jessenia, debes decirme que está ocurriendo. Estoy preocupado por Hafida. He encontrado a Swity encerrado en uno de los patios de la casa. Sé que algo está ocurriendo.


Jessenia se levantó de la cama y acarició el rostro a Simbat. Seguía llorando pero se tranquilizó un poco.

Jessenia: Mi amor por ti me cegó. Lo siento...sé que amas a Hafida.
Simbat: Jessenia...¿Sabes dónde está Hafida?
Jessenia: Todo esto es por mi culpa...
Simbat: ¡No es momento de culparse! Por favor, cuéntame que está pasando.


Jessenia: Nazira está muerta.
Simbat: ¿Nazira? ¡No es posible!
Jessenia: Mi hermano la mató. Fue cuando nos perseguía junto a los hombres de mi padre.
Simbat: ¡Explícate! 


Jessenia: Me enteré por casualidad que mi padre y mi hermano secuestraron a Hafida. Por lo visto tienen negocios muy turbios...venden clacks a jeques y millonarios sin escrúpulos. 
Simbat: Eso es...
Jessenia: Lo sé, es horrible. Cuando me enteré fui a recatarla. Estaba encerrada junto a más clacks, entre ellas Nazira y la estúpida de Pamela. Las liberé y huimos. Dispararon a Nazira y decidí quedarme con ella en sus últimos segundos de vida y ellas escaparon. No muy lejos dejé unos camellos que pude conseguir para ellas. Aunque Nazira murió...y mi padre no parará hasta dar con ellas.
Simbat: ¿Cómo está Hafida?
Jessenia: Estaba bien, pero no sé si podrá escapar...


Simbat: ¡Tendrías que haberme informado!
Jessenia: He llegado hace un momento. Lo siento...¡soy una clack horrible! Por mi culpa mi mejor amiga está en peligro...
Simbat: Jessenia, la culpa es de tu padre. Amenazó con matar a Hafida y mi padre si no me casaba contigo...


Jessenia: Lo sé, me lo dijo Hafida.¡Soy una estúpida! Me siento ridícula...¡Odio a mi padre! ¡Lo odio!
Simbat: Dime, ¿dónde dejaste los camellos?
Jessenia: En la zona alta, junto a la gran montaña.
Simbat: Debo ir. Hablaré con Hasine y mi padre, ellos me ayudarán.
Jessenia: No te dejarán salir de aquí.
Simbat: Le pediré ayuda a tu madre. Jessenia, puedes venir con nosotros. Escapa de esta locura.
Jessenia: No dejaré sola a mi madre...se moriría sin mi. 
Simbat: Ten cuidado con tu padre...no le habrá gustado que ayudaras a Hafida...
Jessenia: Lo sé...


Jessenia: ¡Ten cuidado Simbat!
Simbat: Lo tendré, no te preocupes. Vamos, Swity. Hafida nos necesita.
Swity: ¡Oh oh oh! (¡Se han metido con el mono equivocado!)
Jessenia: Adiós...


Se volvió a tumbar en la cama y se puso a llorar de nuevo. Pensaba que su vida era un desastre y que las cosas no podían ir a peor...pero se equivocaba. Dos hombres de su padre entraron en su alcoba y se la llevaron arrastras. 


La llevaron ante la presencia de su padre y su hermano. Zayd desgarró la ropa de Jessenia hasta convertirla en jirones. Los dos hombres agarraron a Jessenia de los brazos y la colocaron de espalda a su padre. Makin observaba la escena satisfecho. Quería que su padre castigara a su hermana por su traición.

Jessenia: ¡No, padre! ¡Por favor, no me hagas daño!

Zayd agarró un látigo. Sentía repulsión por su hija. Le había traicionado, sangre de su sangre. Se lo había dado todo. Había satisfecho cada uno de sus caprichos y ella se lo había pagado de esa forma.

Zayd: Sabes que debes ser castigada. Siento un gran desprecio por ti, hija mía. Has traicionado tu propia familia. Las clacks necesitáis que os recuerden quién es el que manda.
Makin: Te arrepentirás por haber ayudado a Hafida y esas mujeres.

Jessenia: ¡Te lo suplico, padre! 
Zayd: Grita todo lo que quieras. 
Jessenia: ¡Te odio!
Zayd: ¿Todavía te sigues revelando?
Makin: Pide a gritos que seas duro con ella, padre.


Su padre comenzó a flagelar sin compasión a su propia hija. La delicada piel de Jessenia se rasgaba con cada latigazo. Sus gritos de dolor e impotencia se escuchaban por toda la casa. Los hombres que la sujetaban lo hacían con más fuerza para que no se pudiese escapar. Jessenia gritaba con cada latigazo. La heridas pronto comenzaron a sangrar.

Jessenia: ¡Piedad, por favor!
Zayd: ¡Calla, mujer!


Makin: Padre.
Zayd: ¿Que ocurre? No me digas que no quieres que siga...pensaba que eras más fuerte, hijo mío.
Makin: No es eso, padre. Creo que merece unos cuantos más, para que aprenda. Me acaban de informar que han visto unas mujeres subidas en camellos alejándose de aquí. Deben ser ellas. No están lejos, padre.
Zayd: ¡Excelente noticia! Hijo mío, ve a por ellas. Recuerda que vivas valen mucho más que muertas pero...si no te queda alternativa, tendrás que eliminarlas. 
Makin: Así será, padre.


Makin se marchó apresurado en busca de Hafida. Zayd levantó el látigo dispuesto a seguir torturando a su hija cuando apareció Raushanna. Corría a la ayuda de su hija.

Raushanna: ¡Detente! 
Zayd: ¡No te interpongas, mujer!


Se interpuso entre el látigo y su hija. Zayd la observaba atónito. Pocas veces había demostrado el valor para enfrentarse a él.

Raushanna: ¡Es tu hija, Zayd!
Zayd: ¡Debe aprender!
Raushanna: ¡Eres tú el que debe aprender! Deberías sentirte avergonzado, ¡maltratar así a tu hija!
Zayd: ¡Aparta!


Raushanna: No lo haré. Tendrás que pasar sobre mi cadáver para llegar hasta ella. Déjala en paz. 
Zayd: ¡Has perdido la cabeza, Raushanna! ¡Yo soy el hombre de la casa! ¡Harás lo que yo te diga!
Raushanna: Eso se acabó. No permitiré que vuelvas a hacer daño a nuestra hija nunca más. Hoy he descubierto por fin cuales son esos asuntos que tanto te has esforzado en esconderme. Sabías que no estaría de acuerdo. Has comerciado con clacks...¡Incluso pretendías vender a Hafida!
Zayd: ¿¡Cómo te has enterado!? ¡Jessenia te lo dijo! 
Raushanna: ¿Eso importa? Eres despreciable. He aguantado durante muchos años tus malos tratos pero ya no puedo más. 
Zayd: Está bien, mujer. Te castigaré a ti también.


Alzó su látigo y golpeó la cara de Raushanna. Los hombres que observaban la discusión dejaron de ejercer fuerza sobre Jessenia y esta se soltó. Raushanna cayó al suelo dolorida y Jessenia la cubrió con su cuerpo. Lloraba desesperada al ver a su madre así.

Jessenia: ¡Le has pegado! ¡Maldito! ¡Eres escoria! ¡Deja a madre en paz y haz lo que quieras conmigo! 
Zayd: ¡Sois tal para cual! Recibiréis las dos vuestro castigo.


Raushanna se levantó y tranquilizó a su hija.

Jessenia: Madre...
Raushanna: Estoy bien, hija. Sangras mucho...necesitas atención médica. 
Jessenia: Me duele mucho...
Raushanna: Te pondrás bien, hija mía. ¡Tú! Aparta tu látigo. Tus días están contados.
Zayd: ¿Me amenazas? ¡No me hagas reír!


Raushanna: ¡Es una realidad! Nadie toca a mi pequeña. Hija mía, no llores más.
Jessenia: Madre...
Zayd: ¡Esto es intolerable! ¡Exijo que me respetéis como es debido!

Sabba entró en la estancia. Andaba con paso lento pero decidido. Tenía miedo, pero sabía que estaba haciendo lo correcto.

Zayd: ¡¿Que haces aquí?! ¡Fuera de aquí si no quieres ser azotada!
Sabba: Debo hablar con la señora.
Raushanna: Puedes hablar, Sabba.
Sabba: He hecho lo que me pidió. No han tardado en llegar y están a punto de entrar.
Raushanna: Gracias, Sabba. No temas, este miserable no te tocará un pelo.


Zayd: ¿De que está hablando?
Raushanna: Habla de la policía. Le dije que los llamara. He recopilado pruebas, esposo. Te voy a denunciar a las autoridades para que te metan en la cárcel el resto de tus días. 
Zayd: Eso...no puede ser verdad...tú jamás harías algo así...
Raushanna: Despierta, querido esposo. Sabía que tus negocios no eran del todo legales...pero matar, secuestrar, amenazar y traficar con clacks es inadmisible. No lo permitiré. Además, has maltratado a tu propia hija...y a mi, en muchas ocasiones. Te voy a denunciar y te juro por lo más sagrado que te pudrirás entre rejas. 
Zayd: ¡Desgraciada! ¡Yo iré a la cárcel pero tú morirás!

Sabba agarraba a Jessenia con suavidad. Estaba débil y las heridas eran grabes.

Jessenia: No, madre...
Sabba: No se preocupe,  todo está bien.


Levantó el látigo con furia. Los dos hombres de Zayd se disponían a sacar sus armas pero se detuvieron cuando Raushanna sacó una pistola que tenía guardada en sus ropajes.

Raushanna: No te atreverás, Zayd. Vosotros dos, si fuerais inteligentes os marcharíais de aquí inmediatamente. La policía está a punto de irrumpir y seréis acusados de cómplices. 

Se pusieron a sudar, dudando de lo que debían hacer.

Zayd: No se irán. Son dos de mis mejores hombres. Lucharán a mi lado y darán la vida por mi si es necesario.
Raushanna: ¿Estás seguro? Si se quedan irán a la cárcel...y bien sabido es que las cárceles de este país no son precisamente hoteles de cinco estrellas. 


Zayd: ¡No permitiré que una mujer acabe conmigo! 

Levantó de nuevo el látigo y Raushanna disparó su arma. La bala dio en el hombro de Zayd, que soltó el látigo sorprendido y cayó para atrás. Sus dos hombres huyeron a toda prisa sin la menor intención de socorrerlo.

Zayd: ¡Ahhhh!



Zayd: Me has herido...Jamás pensé que serías capaz de algo así. ¡Soy tu marido! Ahh, me duele...Raushanna, por favor...ayúdame...yo te quiero.
Raushanna: Esas tretas ya no funcionan conmigo. Podría haberte disparado en la cabeza, bastante piadosa he sido ya.
Zayd: Lo perderás todo...nuestras pertenencias y esta casa son fruto de mis negocios ilegales...recapacita, mujer.
Raushanna: Hemos ganado la libertad, Zayd. Somos libres de tu tiranía. 

La policía arrestó a Zayd y lo acusó de numerosos delitos. Lo esposaron y se lo llevaron hasta el furgón policial ante la mirada de Raushanna, Jessenia y Sabba.

Zayd: ¡Es todo falso! ¡Soy inocente! ¡Suéltenme!
Jessenia: Somos libres, madre...
Raushanna: Se terminó. Vamos, necesitas asistencia médica.



Continuará...

miércoles, 2 de abril de 2014

Sed de sangre: Capítulo 5 - Distante

Estrella llevaba días desanimada. Desde que sospechaba que algo extraño estaba ocurriendo entre Wen y Sinéad, su vida se había convertido en un infierno. No dejaba de darle vueltas, intentando encontrarle sentido. Por un lado se culpaba. Sentirse inferior a los demás es algo que no podía evitar.  La madre de Wen la aceptó en la familia pero sabía que no era lo que quería para su hijo. Aunque amaba a Wen, sentía que no encajaba con la refinada vida de su novio. Eran todos muy amables con ella, pero no podía evitar sentirse así. Siempre había temido que Wen la abandonase por otra clack, y ese momento lo sentía muy cercano. A pesar de los ánimos de Lilu y Lulú, no conseguía levantar cabeza. Necesitaba averiguar que estaba ocurriendo. No entendía que Wen se hubiese obsesionado con los vampiros y Sinéad era algo siniestra… No podía dejar de pensar en las palabras de Sinéad "...a pesar de los mitos que circulan por ahí, nosotros estamos vivos. Es cierto que no nos late el corazón pero no por ello no sentimos lo mismo que un humano..." ¿Se estaría volviendo loca pensando en semejante barbaridad? Nunca había creído en la existencia real de los vampiros. Quizás Sinéad solo estuviese bromeando. Fue a ver a Wen a su mansión. Aunque las cosas no fuesen bien, todavía seguían siendo novios.  Abrió la verja y entró.



                   


Wen estaba sentado en un banco a la entrada de su casa. Tenía el ordenador colocado sobre las piernas y tecleaba y leía sin despegar la vista de la pantalla.

Estrella: Hola, Wen.
Wen: ¡Estrella!

Cerró la pantalla del portátil con rapidez. Ese gesto no hizo más que preocupar más a Estrella. Su comportamiento era incuestionable mente sospechoso.

Estrella: ¿Qué haces?
Wen: Nada, mirando el correo…No te esperaba. ¿No habías quedado con Vicrogo?
Estrella: Sí, pero tuvo una urgencia en el Zooparque y no ha podido quedar.
Wen: Vaya… Bueno, me alegro que estés aquí. ¿Quieres ir al cine?
Estrella: Vale, me apetece. Hay una sobre una niña que roba libros que dicen que está muy bien.



Wenda llamó a su hijo con un grito. Tenía que mover macetas que pesaban mucho y ella no era capaz de hacerlo sin hacerse daño.

Wenda: Hijo, ayúdame a mover estas macetas. Yo sola no puedo. Hola Estrellita. Estaba tan liada con las plantas que no me he percatado que estabas ahí.
Estrella: No se preocupe.
Wenda: Vamos Wen, que será solo un momento. 
Wen: Está bien. Ahora vengo.
Estrella: Tranquilo. Aquí te espero.

Wen fue hacia su madre y ella le indicó que maceta tenía que mover.

Wenda: Esta que está medio pocha la pones aquí, que le dará más el sol. ¡No, espera! Aquí…aunque puede que el viento le azote demasiado si la colocamos en esta parte…
Wen: Mamá, decídete de una vez…esto pesa.




Sabía que no estaba bien, que se trataba de la intimidad de Wen, pero necesitaba saber que es lo que le ocultaba. Imaginaba conversaciones con Sinéad, en las que se confesaban su amor. Con rapidez levantó la pantalla del portátil. Sintió un gran alivio cuando descubrió que no se trataba de una conversación privada entre ellos. Wen le quería ocultar que seguía un blog llamado “Vampiros en la actualidad”. Narraba supuestos ataques de vampiros en la actualidad. Explicaba que algunos atacaban en fiestas o concentraciones multitudinarias, mientras que otros lo hacían introduciéndose en los hogares de sus víctimas. Muertes sin explicación, desapariciones, pérdidas de memoria…Seguía obsesionado con los vampiros. Podía comprender su repentina obsesión con el tema, ella misma se había obsesionado a veces con grupos musicales o actores de cine, pero no que le quisiera ocultar a toda costa su pasión por los vampiros.

Wenda: Ya está. ¿Ves como no era para tanto?





Estrella dejó el ordenador en su sitio y disimuló mirando las nubes.

Wen: Que pesada es. Todas las semanas me hace cambiar las macetas de posición.  ¿Te aburres, cariño?
Estrella: No, estaba mirando esas nubes. Se prevé una noche lluviosa.
Wen: ¡No lo recordaba!
Estrella: ¿Qué ocurre?
Wen: He quedado con Sinéad para revisar unas cosas del hotel. Vendrá dentro de un rato. No podremos ir al cine…le tengo que dar algunos datos para que se los pase a Eros.
Estrella: ¿Os llevará mucho tiempo? 
Wen: Sí...
Estrella: Bueno, no importa…
Wen: No pongas esa cara. Cuando terminemos, ella se tendrá que ir al hotel. Podremos ver una peli en mi habitación, si te apetece y no se hace muy tarde…
Estrella: Déjalo, otro día será.
Wen: Cariño, quédate con nosotros.
Estrella: No me apetece…quizás vaya a ver a Mary. 
Wen: Como quieras. Ahora vuelvo, voy a preparar los archivos. Hay muchos datos que debemos repasar.
Estrella: Ya, claro. No te preocupes, yo me voy ya.
Wen: Nos vemos mañana, cariño.




 Sinéad llegó justo cuando Wen entró en casa. Estrella la vio venir y no pudo evitar sentirse muy incómoda. Había visto en ella una amiga y ahora se sentía defraudada. Ella era más guapa, lista, culta y elegante. No podía competir con una belleza tan…sobrenatural. La idea de que Sinéad era una vampiresa le seguía rondando la cabeza. Sabía que era una idea ridícula y que la podían tachar de loca, pero todo parecía encajar...




Sinéad podía leer su mente, saber lo que pensaba Estrella sobre ella, pero no lo hizo. Ya le estaba complicando demasiado la vida y se sentía culpable por sus sentimientos hacia Wen. Ella no podía controlar los caprichos de su corazón, por mucho que lo intentase. También temía perder a Eros, pero le costaba dejar de pensar en Wen. Se sentó junto a ella con una sonrisa forzada.

Sinéad: Hola, Estrella.
Estrella: Hola.
Sinéad: Tengo ganas de ver las fotos que hiciste en el bosque. ¿Cuándo las tendrás listas?
Estrella: No lo sé…
Sinéad: Seguro que serán de gran belleza. ¿Te encuentras bien? Pareces triste…
Estrella: No es nada…
Sinéad: Estrella, puedes contar conmigo para lo que necesites. Si tienes algún problema y puedo servirte de ayuda, no dudes en acudir a mí.
Estrella: Parece que va a llover...Wen te estará esperando en su cuarto. Dice que tenéis asuntos pendientes del hotel que atender…

No sabía cómo decirle que ella era su problema. Desde que entró en su vida, Wen ya no era el mismo. No quería ser injusta con Sinéad, pero es lo que sentía. Deseaba con toda su alma que todo se resolviese y que solo fuesen paranoias suyas. Realmente no le caía mal y sentía que tenían muchas cosas en común.


Wen se asomó desde una de las ventanas de su habitación. Estaba situada en la tercera planta de la mansión, así que gritó alto para hacerse oír.

Wen: ¡Sinéad!
Sinéad: ¡Wen!
Wen: Sube, ¡lo tengo todo listo!
Sinéad: ¡Voy!
Wen: ¡Estrella, no te vayas! ¡Quédate con nosotros!
Estrella: ¡No, gracias!
Sinéad:  ¿No deseas estar con nosotros?
Estrella: Creo que me aburriré…
Sinéad: Te comprendo. Yo también me aburro en exceso con estos temas laborales. No creo que me entere mucho, suerte que cuento con Eros, Wen  y Sus para organizar todo.




Duclack había quedado con Diamante y Sus para ir a dar un paseo con los niños. Quedaron en la gran mansión. Pensó que sería buen momento para saludar a Wen…lo echaba de menos. Hacía semanas que no se veían. Wenda la saludó cariñosamente y Duclack le devolvió el saludo.

Wenda: ¡Duclack! Pero que guapa estás, ¡cada día más bonita! Wen está en su alcoba con su nueva amiga. Estrella está junto a la fuente. Parece algo tristona últimamente...
Duclack: Hablaré con ella. ¿No han llegado todavía Diamante y Sus con los niños?
Wenda: Todavía no. Pasa y sírvete algo para beber.
Duclack: Gracias.



Estrella se encontraba mirando fijamente el chorro de una pequeña fuente. Duclack se acercó hasta ella. Saltaba a la vista que algo le ocurría.

Duclack: ¿Estrella?

No contestó pero al acercarse más, reaccionó.

Estrella: Duclack, hola…
Duclack: ¿Estás bien?
Estrella: Estoy cansada de mentir. No, no estoy bien…
Duclack: ¿Qué te ocurre? ¿Quieres que hablemos? 
Estrella: Me gustaría contarte algo muy personal…
Duclack: Vamos dentro, estaremos más tranquilas. 



Tomaron asiento en el sofá de la salita de estar. Tenían la chimenea encendida justo en frente. El crepitar de la leña al arder era el único sonido que se escuchaba. Estrella rompió el hielo y contó todo lo que le preocupaba. Duclack escuchó atenta sin interrumpir. Aunque estaba sorprendida, no podía negar que ella misma intuía que algo extraño le ocurría a Wen.

Estrella: ...y cuando pensaba que iríamos juntos al cine, aparece otra vez Sinéad.
Duclack: Puede que te estés confundiendo, Estrella. Wen te ama con locura. Son muy amigos y eso puede dar lugar a confusiones...
Estrella: Tú no viste como se revolcaban por la hierba... Sinéad dijo "será mejor olvidar lo que nos ocurre, aunque me hace feliz que sientas lo mismo que yo, todo esto es una mala idea". Wen dijo "por lo menos podemos ser amigos". ¿Es que sienten algo especial el uno por el otro? Además, sé que Wen me está ocultando cosas...
Duclack: Estrella, pero si de verdad se referían a algo sentimental, hablan de que es una mala idea y que es mejor que sean solo amigos.
Estrella: Pero siente algo por ella...y me oculta cosas, Duclack. Nunca puede quedar conmigo...y siempre está con ella. Además está distante.


Duclack: A decir verdad, yo también lo noto algo distante. Antes quedábamos para salir con las motos o pescar, pero desde que conoció a Sinéad nos vemos muy poco. Es comprensible que te sientas así. Deberías hablar con él.
Estrella: Hablé con él hace unos días y me dijo que no ocurría nada. Sé que me miente. ¡Ah! y otra cosa...no quiere que me entere que está obsesionado con los vampiros.
Duclack: ¿Vampiros?
Estrella: Sí. Siempre está leyendo cosas del tema y cuando aparezco se pone nervioso y apaga el ordenador. Sinéad es muy buena y cariñosa. Es una clack muy guapa y viste muy bien pero no podemos negar que es algo siniestra...nunca sale por el día y no la hemos visto comer nunca. 
Duclack: ¿Insinúas que es una vampiresa?
Estrella: No...ya sé que es una tontería...no merece que especulemos con ella. Es que todo me parece tan extraño...No me hagas caso. 
Duclack: Reconozco que Sinéad es peculiar pero eso es exagerar...Sabes que eso no es posible.
Estrella: Lo sé. Por favor, no digas nada de esto a nadie, te lo ruego.
Duclack: No te preocupes, no diré nada. 



Sus y Diamante entraron en la casa empujando los carricoches. Dante dormía pero Suselle no dejaba de llorar. 

Suselle: ¡Buaaaaaaaaa!
Sus: Lo sé, cariño. Ahora te tomo, no te preocupes. Ea, ea, mi niña.
Diamante: Mira Dante, durmiendo tan pancho.
Sus:  Le gusta mucho dormir, como su papá. ¡Hola chicas!


Estrella: Por favor, no le digas nada a Sus...no puedo arriesgarme a que hable con Wen.
Duclack: No diré nada a nadie, tranquila.
Estrella: Gracias por escucharme, Duclack. Eres una amiga de verdad.
Duclack: Aunque Wen está raro, no te calientes mucho la cabeza. Creo que son muy buenos amigos y ya está. Con respecto a que Sinéad es un vampiro...será mejor que olvides el tema.
Estrella: Sí, tienes razón. Gracias, Duclack.


Sus: Hola chicas. Siento el retraso, Duclack. En el último momento Dante se hizo caquita y Suselle vomitó la leche sobre la chaqueta de Diamante. 
Diamante: Es más difícil criar hijos que abordar un barco. 
Duclack: Lo comprendo, no os preocupéis.  
Sus: Hola, Estrella. ¿Te vienes con nosotros de paseo?
Estrella: Vale. Llamaré a Mary para que se venga con nosotros.
Dante: ¡Tita Mary!
Sus: Uy, ha sido escuchar su nombre y abrir los ojos como platos.
Diamante: Mi niño es un conquistador, como su padre.


La noche siguiente, Sus hablaba con Eros y Sinéad de algunos asuntos del hotel. Sinéad simulaba escuchar. Le aburría soberanamente la conversación y aunque agradecía la ayuda de Sus, pensaba en otras cosas. Estaba un poco preocupada por Estrella. La había encontrado seria y seca. Temía que se percatase por sus sentimientos por Wen y que por su culpa provocase una ruptura.

Sus: ...¿No es fabuloso?
Eros: ¿Shiny?
Sinéad: ¿Que pasa?
Eros: Tierra llamando a Shiny, ¿no estabas escuchando?
Sinéad: Sí...es solo que...
Sus: Te agobias, es que son muchas cosas. Decía que los datos no pueden ser más positivos.


Sus: Mira, tenemos todas las habitaciones ocupadas. Hay reservas para el mes que entra y nos han contratado para organizar varios eventos. Uno de ellos es la comunión de una de las nietas de Doña Hermenegilda...pero no te preocupes, no tienes que estar presente, yo me ocuparé de todo.
Sinéad: No sabes como te lo agradezco, Sus. Es que no me siento capacitada para ocuparme de todo esto y...siento decir que me aburre demasiado. Sé que no tiene sentido...te preguntarás que para que me he quedado con la cadena de hoteles si no me interesa...
Sus: Es una inversión, tampoco me parece tan extraño. El negocio va bien y tienes gente que se encarga de ello. Yo estoy encantada de poder ayudar. Además, Eros pone mucho de su parte.


Eros: Me gustaría ayudar más, pero tengo asuntos pendientes y no puedo dedicarle a esto todo el tiempo que me gustaría.

Eros seguía buscando a Pinhead y Fune. Aunque parecía que se los hubiese tragado la tierra, no se rendiría.

Sus: No os preocupéis. Las cosas van bien, es lo importante. Mi madre me sustituye por las tardes en la juguetería. Trabajar aquí me gusta. Aunque siento que solo sean un par de horas...con los niños es imposible.
Sinéad: Sus, bastante haces por nosotros. Te agradezco de corazón toda tu ayuda. Por supuesto, serás bien recompensada. 


Sus se marchó a casa. Eros miraba a Sinéad con cariño.

Eros: Pronto serás mi esposa...es un sueño que jamás pensé que se cumpliría. No puedo creer que se haga realidad. 
Sinéad: Yo tampoco...
Eros: ¿Se lo has dicho a los demás?
Sinéad: Todavía no. Más adelante lo anunciaremos como es debido.
Eros: Shiny, quiero que sea una boda perfecta. ¿Has pensado dónde la podríamos celebrar?
Sinéad: No...aunque me gustaría que fuese en un entorno natural...rodeada de mi querida naturaleza. A lo largo de todos estos años ella ha sido una gran amiga y un apoyo en los momentos más difíciles. 
Eros: Es una gran idea, Shiny. Estoy deseando que llegue ese día...seré el ser más feliz del Playmundo. Debo irme. Sigo con la búsqueda de esos dos delincuentes. Esta vez iré más al norte. Es posible que se escondan por allí.
Sinéad: Ten cuidado, por favor.
Eros: Lo tendré. Nos veremos antes que amanezca.


La chef Yiu vio a Sinéad y la saludó. Era una mujer amable y educada. A Sinéad le causaba buenas sensaciones.

Yiu: Señorita Sinéad, ¿ha cenado ya? He preparado rollitos de queso con verduras, delicias de manzana y calamares con tomate. 
Sinéad: Eres muy amable Yiu, pero ya he cenado. 
Yiu: Desearía que me diese su opinión sobre los platos que cocino. Tengo algunas ideas que me gustaría compartir con usted.
Sinéad: Puedes tutearme si lo deseas. Soy muy especial con los alimentos...no sé si mi criterio sería el más adecuado...


Mujer: ¡Tienen que hacer algo!

Una mujer gritaba a Laia, la recepcionista. Esta intentaba calmar a la mujer pero estaba fuera de sí. Sinéad se acercó hasta el mostrador para averiguar que estaba ocurriendo.

Laia: Señora, debe tranquilizarse. Ahora mismo intentaré solucionar el problema...
Sinéad: ¿Que ocurre?


Laia: Alguien está montando escándalo en la habitación contigua a la de esta señora. Es extraño ya que los clientes que se alojan en esa habitación se han ido de excursión.
Antonia: ¡¿Insinúa que me lo estoy inventando?! ¡Que desfachatez!  Encima la atención al cliente es lamentable.
Sinéad: Cálmese. Yo misma iré a averiguar que es lo que está ocurriendo. Por favor, le ruego que no pierda la educación, podemos entendernos sin gritar.
Antonia: ¡Soy Antonia Lacarrá! Hija del empresario Guillermo Lacarrá. Me pongo como me da la gana.

Unas ganas infernales de abalanzarse sobre la mujer y morderle en el cuello se apoderaron de ella. Era una mujer superficial y sin la menor empatía por los demás. Recordó que la idea era que el negocio funcionase, así que se reprimió.

Sinéad: Ruego que disculpe las molestias, señora Lacarrá. Ahora mismo nos encargamos del asunto. La casa le invita a una botella de buen champán para compensar las molestias.
Antonia: ...Está bien, quedan disculpadas. Espero que solucionen el problema inmediatamente. 


Sinéad se llevó una copia maestra de las llaves y fue a ver quién estaba montando escándalo y molestando a los huéspedes. Al abrir la puerta descubrió algo que la entristeció. Leo estaba sentado sobre la cama rodeado de montones de botellas de cerveza. Cantaba y gritaba imitando los videoclíps que ponían en la televisión. La tenía a todo volumen así que cantaba a gritos para hacerse escuchar.

Leo: ¡QUIERO SER UN CAMIÓOON, LLEVAR COSAS PESADAS Y VIAJAR SIN PARAAAAR! ¡LALALA LA LA LAAAAAAAAAAAA!
Sinéad: ¡Leo! ¿¡Que estás haciendo!?


Leo: ¡SINÉAD! ¡VAMOS, CANTA CONMIGO! ¡VAMOOS!

Enfurecida, Sinéad miró la televisión. Con su mirada quiso bajar el volumen pero no controló bien sus poderes y la televisión pegó un pequeño estruendo y dejó de funcionar. Leo miró sorprendido la televisión sin entender lo que sucedía.

Leo: ¡Maldita sea, hip! ¡SE HA ROTO! ¡NECESITO ESCUCHAR MÚSICA!
Sinéad: ¡Basta, Leo! Pensaba que lo habías dejado.
Leo: No vale hip, la pena, ¡SOY UN FRACASADO! ¡SOY ESCORIA!
Sinéad: Eso no es verdad...
Leo: Una clienta me ha dicho que me vio, hip, cuando era un vagabundo. Me humilló...dijo que no quería que bip, un fracasado le llevase las maletas. ¡Soy escoria!


Sinéad: No debes hacer caso, ella es la fracasada.
Leo: La bebida hip. es lo único que me ayuda a sentirme hip, mejor.

Era un buen hombre y no permitiría que tirase la toalla. Lo hipnotizó mirándole fijamente a los ojos.

Sinéad: Tienes ganas de vomitar. Ya no necesitas el alcohol, te produce nauseas y no te gusta. Lo considerarás un veneno y bajo ningún concepto beberás. La lectura y tu perrito Trasto serán tu refugio cuando te sientas mal, ¿lo has entendido?
Leo: Sí... 


Sinéad llamó a una de las limpiadoras. Celeste se presentó en la habitación en cuanto le llegó el aviso.

Celeste: ¡Que desastre! Que guarros que son algunos...
Sinéad: Celeste, te pido discreción. Pide un taxi para Leo y que se vaya a casa. Ha bebido más de la cuenta...tiene problemas grabes.
Celeste: ¿Leo? No lo sabía...
Sinéad: Limpia la habitación antes de que lleguen los huéspedes. 
Celeste: Lo haré.
Sinéad: Por favor...no digas nada de esto a nadie. Leo lo está pasando mal y esto solo ha sido un error que estoy dispuesta a perdonar.
Celeste:  No diré nada sobre esto.
Sinéad: Gracias.
Celeste: Por cierto. Unos clientes reclaman que alguien acuda a su habitación...no sé si se quejarán también por el ruido...
Sinéad: Yo me encargo. Gracias, Celeste. 


Cuando Siéad se fue, Celeste se quedó mirando a Leo sorprendida. Después de salir del cuarto de baño se tumbó en la cama boca abajo y se puso a lloriquear. Celeste se sentía atraída por Leo desde el primer dái que lo vio y verlo en aquella situación le rompía el alma.

Celeste: Leo, ¿estás bien?
Leo: No pienso hip, beber nunca más. Solo pensarlo me dan arcadas...He tocado fondo, Celeste...
Celeste: Voy a llamar a un taxi y te llevarán a casa. Siento que estés tan mal...


Jedrek y Martyna aguardaban impacientes en una de las habitaciones del hotel. Las pistas los llevaron hasta ese hotel y averiguaron que Sinéad era la propietaria. Prepararon un plan para atrapar a la vampiresa. Sinéad entró en la habitación mentalizada para escuchar más quejas y gritos. Cuando vio a Jedrek y Martyna aparentemente tranquilos, se relajó.

Martyna: Disculpe que le molestemos, pero tenemos un problema con esta habitación.
Sinéad: ¿De que se trata?


Pinhead aguardaba tras la puerta con una jeringuilla cargada de sangre de muerto. Según Jedrek la sangre de una persona fallecida era veneno para los vampiros. Fune se escondió en el cuarto de baño para no ser vista.


Sinéad: ¿Y bien? ¿Cual es el problema?

Martyna no hablaba y Sinéad sospechó que algo extraño estaba tramando. Se introdujo en su mente y se percató que estaba intentando no pensar. Eso la sorprendió e intentó romper los muros que había construido para proteger sus pensamientos. Vio una jeringuilla, temor por ser descubierta, dinero, fama y cámaras de televisión. De pronto notó la presencia de más individuos en la habitación.


Vio la terrorífica cara de Pinhead en la mente de Martyna. Su rostro, con tatuajes y esa sonrisa maléfica la miraba fijamente. Se dio media vuelta pero la aguja de la jeringuilla ya había traspasado su blanca piel. La sangre muerta se extendió por si cuerpo rápidamente. 

Pinhead: ¡Ya eres mía! 


Inmediatamente se encontró mal. Se apoyó como pudo sobre la cama intentando hacer frente a sus atacantes. La debilidad se apoderó de su cuerpo y le costaba mantenerse en pie.

Sinéad: ¿Que me habéis hecho?
Martyna: Es sangre de un muerto. Sabemos que eso debilita a los vampiros.
Fune: O los mata...
Sinéad: ¿Que es lo que queréis de mi?
Jedrek: Eres nuestra salvación, vampiresa. No te mataremos, no te preocupes.



Quiso llamar a su padre, pedir ayuda, pero las fuerzas la abandonaron definitivamente. Cayó al suelo inconsciente bajo la mirada atenta de sus atacantes.

Martyna: ¿Seguro que es una vampiresa? Sería un error fatal si es humana...
Jedrek: ¡Salta a la vista! ¿Dónde has visto una clack igual?
Martyna: No puedo creerlo...una vampiresa de verdad...
Fune: Os dijimos que era verdad. 
Jedrek: ¡Esto nos hará ganar mucho dinero!


Continuará...