jueves, 9 de enero de 2014

Hafida: Capítulo 11 - Agresión

Makin llevaba una maleta y parecía tener intenciones de quedarse. Hafida no supo que decir y Makin aprovechó para meterse en la habitación. Entró con paso firme, decidido. Estaba deseoso de estar con Hafida, pero no imaginaba que Simbat estuviese con ella en la habitación. 

Makin: Simbat, ¿que haces en la habitación de Hafida?
Simbat: Hola, Makin. ¿Que haces aquí?
Hafida: Eso mismo me pregunto...no hacía falta que hicieses un viaje tan largo...
Makin: Deseaba hablar contigo, verte. ¿Que hace él en tu habitación?
Hafida: Es mi amigo, ¿recuerdas?


Makin: Desearía hablar contigo a solas...si es posible. 
Hafida: Claro que sí, y más después de haber hecho una viaje tan largo. Simbat, déjanos solos, por favor.
Simbat: Iré a tomarme un té al bar.


Makin: Simbat...es bueno que Hafida tenga amigos tan...atentos.
Simbat: Sí, le rodean muchos buitres y alguien debe velar por su seguridad. Hafida, si me necesitas estaré en el bar.
Hafida: Descuida.

Los dos hombres se miraron cara a cara. Aunque Makin no sabía a ciencia cierta lo que estaba ocurriendo, era celoso y cualquier hombre que rodeara a Hafida lo consideraba un posible enemigo.


Cuando Simbat se fue, Makin tomó asiento. Hafida se sentó en la cama frente a él. Estaba nerviosa. Intuía que Makin no se había dado por vencido con su propuesta de matrimonio. Su mirada era la de un hombre dominado por el deseo y la lujuria. Analizaba cada centímetro del cuerpo de Hafida y eso la intimidaba. No quería decirle que amaba a Simbat, necesitaba tiempo para organizarlo todo y pensar bien las cosas. Hablar con Jessenia a solas y explicarle lo que sentía por el hombre al que ella amaba.

Makin: ¿Que piensas? Estás muy seria.
Hafida: No es nada...es solo que me sorprende verte aquí. 
Makin: Estaba preocupado por ti y tu tío. ¿Cómo se encuentra?
Hafida: Bien. Mañana le darán el alta y regresaremos a casa. No sé si tu viaje ha merecido la pena...
Makin: Solo por verte, ha merecido la pena. Hafida, sigo esperando una respuesta. ¿No deseas casarte conmigo? 
Hafida: Makin...eres un hombre muy apuesto y guapo, pero... no te amo y no creo que lo haga nunca.
Makin: Eso puede cambiar. Mis padres se casaron sin estar enamorados y fíjate ahora, están enamorados y felizmente casados.


Hafida: Me ofreciste un trato, casarme contigo a cambio de la vida de mi tío...esa no es forma de enamorar a nadie. 
Makin: Fue idea de mi padre, ya sabes como es. No había mala intención en sus palabras. 
Hafida: No lo sé, pero no me gustó. Me sentí presionada...y no fue justo. Esperaba vuestra ayuda y no esa proposición tan...desagradable.
Makin: ¿Casarte conmigo es desagradable? Con esa proposición quisimos abrirte los ojos. Solo era un pequeño ejemplo de la gran vida que te esperaba si aceptabas el matrimonio. Has malinterpretado las cosas...Hafida, cásate conmigo, te lo ruego. No te faltará nada en la vida, vivirás como una Reina.
Hafida: No puedo, lo siento...estoy enamorada de otro hombre...


Makin se levantó de la silla visiblemente enfadado...

Makin: ¿Todavía sigues enamorada de ese viejo? Claro, él salvó a tu tío y le devuelves el favor casándote con él, ¡no puedes estar hablando en serio!
Hafida: Makin, estás sacando conclusiones precipitadas. Lo siento, pero debes aceptar que no te amo y que mi corazón pertenece a otro hombre.
Makin: ¡Debí imaginarlo! Te has dejado embelesar por ese viejo verde, ¡yo soy un hombre de verdad! ¡El macho que necesitas en tu vida! Ese hombre es solo un viejo acabado.
Hafida: ¡No digas más tonterías! Te estás confundiendo. Con cada palabra que pronuncias consigues ofenderme más. Quiero que te marches inmediatamente de mi habitación. 
Makin: ¡Nadie juega conmigo! Eres una mujer y tienes que ser mía, solo mía, ¡me perteneces! Te crees una mujer moderna, de esas que tratan a los hombres como a perros callejeros, ¡tú no eres nadie para rechazarme!
Hafida: ¡Quiero que me dejes en paz! ¡Fuera!


Makin se tiró sobre Hafida y le sujetó los brazos. Intentaba besarle pero ella se resistía. Le golpeaba en la cara y los brazos, pero Makin era un hombre fuerte.

Makin: ¡Te enseñaré quién manda aquí! ¡Yo soy el hombre!
Hafida: ¡No me toques! ¡No te atrevas a tocarme! ¡Socorro!


Chelo, que tenía que limpiar una de las habitaciones contiguas a la de Hafida escuchó los gritos de auxilio de Hafida. Entró en la habitación alertada por los gritos y vio lo que estaba ocurriendo.

Chelo: ¡Deje en paz a la señorita!
Hafida: ¡Socorro! ¡Ayúdeme!
Makin: ¡No te resistas!
Chelo: ¡Le ayudaré! 


Chelo buscó un objeto contundente en la habitación y se decidió por un jarrón con flores. Golpeó con todas sus fuerzas a Makin en la cabeza y este cayó al suelo aturdido.

Chelo: ¡Que la dejes en paz!
Makin: ¡Ahhh!


Makin: Maldita...¡Pagarás por esto! Mi cabeza...
Chelo: ¡Se lo advertí!
Hafida: Gracias, señora. Le debo la vida...
Chelo: Tranquila chiquita, ya estás a salvo.


Idalia: ¿¡Que ocurre aquí!?
Pamela: ¡Es la vieja esa otra vez!
Makin: ¡Esa mujer me agredió! ¡Me golpeó con ese jarrón en la cabeza! ¡Pienso denunciar a este hotel!
Chelo: ¡Estaba abusando de esta señorita!
Hafida: ¡Ella solo pretendía ayudarme! ¡Ese hombre me estaba forzando!
Idalia: ¡Calmémonos todos!
Pamela: Idalia, esa vieja da muchos problemas....creo que está loca.


Makin se puso en pie y  fue hasta Chelo. Pretendía golpearle, pero Idalia le agarró por la espalda. Hafida se interpuso entre ellos para impedir que agrediera a Chelo.

Makin: ¡Te voy a enseñar a respetar a un hombre! ¡No huyas!
Idalia: ¡Basta!
Hafida: ¡No la tocarás!
Chelo: ¡Que alguien llame a la policía!
Idalia: ¡Señor Makin! 


Idalia: Ya puede llevarse todas sus pertenencias. No es bienvenido en este hotel. Quiero que se vaya inmediatamente y que no vuelva jamás, de lo contrario llamaré a la policía.
Makin: ¡Esto es inaudito! En mi país los hombres son respetados por las mujeres, ¡pienso denunciarles!
Idalia: No sé en que país vivirá usted, pero aquí los hombres y las mujeres tenemos los mismos derechos. Regrese a su país y déjenos a los demás vivir en paz y armonía. Vaya a comisaría, le animo a que nos denuncie, pero ya puede rezar para que no seamos nostras las que le denunciemos por unos cuantos delitos que le podrían llevar directamente a la cárcel. Machista prehistórico, fuera de mi hotel, ¡ya!


Makin: Me he quedado con tu cara, mujer. Esto me lo pagarás bien caro. 
Idalia: No amenace a mi empleada.
Makin: Hafida...para mi estás muerta.
Hafida: ¡Pues estás hablando con un fantasma! ¡No quiero volver a verte nunca más! Ni se to ocurra hacerle daño a esta mujer o seré yo la que te lo haga pagar bien caro.


Idalia: ¿Se encuentran bien?
Chelo: Estoy temblando...
Hafida: Siento lo ocurrido...no sabía que Makin fuese así...
Idalia: No se preocupe por eso ahora. ¿Quiere que le acompañe a comisaría? 
Hafida: Estoy bien...
Chelo: Ese hombre está loco, ¡tengo la piel de gallina!


Pamela: Ya estoy cansada de esta mujer. 
Chelo: ¿De mí?
Pamela: Así es, no se sorprenda. Chelo, no hace más que dar problemas. Está despedida.
Chelo: ¿¡Qué!? ¡No tiene motivos! 
Hafida: Eso es totalmente injusto. ¡Ella me ayudó!
Pamela: ¿No hablo con claridad? Creo que hablamos el mismo idioma, ¡estás despedida!


Chelo: ¡No puede hacer eso! Se lo ruego, necesito este trabajo...
Pamela: Esto no es una ONG. Quiero que deje el uniforme en recepción y se marche de inmediato. 
Chelo: ¡No tiene corazón! ¡Bruja!
Idalia: Chelo, tranquilícese. 


Idalia: Pamela, tengo que hablar contigo.
Pamela: ¿De que se trata?
Idalia: Reconozco que Chelo es una mujer especial y que nos trae más de un dolor de cabeza. Ahora bien, es una extraordinaria trabajadora. Los clientes la adoran y avalan su sentido del humor y simpatía. Todos sus compañeros la quieren y admiran y ahora, por si todo eso fuese poco, se pone en peligro para ayudar a una chica en apuros. Arriesgó su vida al enfrentarse a un hombre de Cro-Magnon. Tienes razón, hoy una trabajadora perderá su puesto de trabajo, pero no será Chelo. Pamela, estás despedida.


Pamela: Debes estar de broma. El señor Ernesto me eligió a mi, en persona. Le gusto y no puedes echarme.
Idalia: Te equivocas. Puedo echarte cuando me venga en gana. Eres una pésima trabajadora y como persona no vales nada. Además, me han informado que acosaste a uno de nuestros clientes, te metiste en su habitación y te desnudaste.
Pamela: ¡Mentira!
Hafida: ¡Verdad! Fui testigo de ello...
Idalia: Fuera de este hotel...a no ser que quieras pagar una de las habitaciones. 
Pamela: ¡Hablaré con Ernesto!
Idalia: Puedes ir si lo deseas pero tengo su visto bueno. Protesta todo lo que quieras, pero que sea lejos de aquí.
Chelo:¡Toma ya! ¡Largo de aquí lagarta!
Pamela:¡Grrrrrr! 


Pamela: ¡Pues me voy encantada! De todas formas, este hotel es insignificante para mi. Merezco un puesto de trabajo mejor y más valorado. Chao.
Chelo: Señorita Idalia, muchas gracias. 
Idalia: No tiene que darme las gracias. Supongo que han sido demasiadas emociones en un mismo día. Váyase a casa y descanse. 
Chelo: Es muy amable, gracias. ¡Es usted una santa!


Pamela se dirigió a recepción. Allí estaba Christine recogiendo la llave de la habitación de Makin. Este estaba hablando con ella cuando Pamela los interrumpió.

Christine: No se preocupe, la reserva está anulada y el dinero se le devolverá...
Pamela: ¡¡Tú!! ¡Chivata!
Christine: Estoy atendiendo a un cliente, Pamela.
Pamela: ¡Te fuiste de la lengua! Por tu culpa estoy en la calle, ¡chivata!
Christine: ¿Has terminado? Disculpa, estoy trabajando.
Hakim: Señorita, veo que está usted tan alterada como yo...
Pamela: ¡Sí, me han despedido! Me siento humillada.


Hakim: ¿Le gustaría acompañarme? Me voy a un hotel mejor que este y desearía compañía femenina...y si es de una mujer tan bella como usted, sería todo un placer.
Pamela: Comprendo...sí, me apetece. A este hotel le falta categoría y el servicio es pésimo. 
Hakim: Perfecto.
Christine: Esta mujer es lo más denigrante que he visto en mi vida...


Simbat y Ben acudieron en seguida cuando escucharon a dos empleadas hablar sobre lo ocurrido.

Simbat: ¡Hafida! Mi amor, ¿cómo estás?
Hafida: Estoy bien, tranquilo. Chelo me ayudó cuando Makin intentaba...
Simbat: ¡¿Dónde está?! No se irá de rositas, ¡Se va a enterar de quién soy yo!
Hafida: Se ha ido. No es necesario, en serio. Estoy bien.
Ben: ¡Hafida! 


Ben: Dime que estás bien, por favor.
Hafida: Estoy bien,de verdad. Makin intentó que le besara y se lanzó sobre mi, pero luché con todas mis fuerzas. Chelo, esta mujer tan amable, me ayudó. Le dio un buen jarronazo en la cabeza.
Ben: Debes denunciar a ese miserable. Esto es demasiado grabe.
Hafida: Mañana regreso a mi país, no deseo tener más problemas.


Simbat: ¡Da igual! No voy a consentir que te haga daño y que todo quede en nada. 
Chelo: ¡Bien hablado! A mi me amenazó. Aseguró que se había quedado con mi cara y me lo haría pagar muy caro...


Hafida: No deseo tener problemas con Makin, recuerda quién es su padre. Quiero regresar a casa y no tener que enfrentarme a su padre y todos sus hombres. De todas formas se fue con el rabo entre las piernas. Le he dejado claro que no le quiero y no creo que me vuelva a molestar más.
Simbat: Hafida...
Hafida: Promete que no harás nada. No deseo que te enfrentes a él...es el hermano de Jessenia...bastante daño le haremos cuando sepa lo nuestro...


Ben: Chelo, deseo felicitarla por tan valiente acción. Es usted una dama sorprendente.
Chelo: ¡Oh! No ha sido nada...no podía quedarme de brazos cruzados. Yo creo que todo hijo de buen cristiano habría hecho lo mismo.
Ben: No esté usted tan segura.


Chelo: Aunque ahora tengo miedo...ese hombre es tan violento y me amenazó...
Ben: No debería salir sola a la calle. Podría acompañarle a casa, si me lo permite.
Chelo: Viene mi hija conmigo. Agradezco su preocupación, es todo un caballero.Necesito dormir, estoy agotada.
Ben: Intente descansar. Es usted toda una heroína.


Continuará...

domingo, 5 de enero de 2014

Cabalgata de los Reyes Magos Playmobil


Sus y Diamante prepararon a Dante y Suselle para acudir a su primera cabalgata de Reyes magos. Hacía frío así que los abrigaron y se llevaron los carricoches de los domingos. Uno que les regaló Mary para Suselle y otro que les regaló Wenda. Antes de salir fueron en busca de Sinéad. Sus le había propuesto salir a ver la cabalgata y pasear por las calles de la ciudad. Eros no pudo acompañarles y se fue a solucionar asuntos personales. En realidad estaba buscando a Pinhead y Fune. Sinéad necesitaba olvidar lo ocurrido y distraerse. Llevaban ya varios días buscando a la pareja de delincuentes sin éxito.

Sinéad: Cuantos niños.
Sus: Están todos muy nerviosos. Que recuerdos...yo de pequeña esperaba este día con mucha ilusión.
Diamante: ¡Y yo! Recuerdo mi primer barco pirata, la espada de madera o aquel oso de peluche con el que jugué horas y horas.
Sus: ¿A ti no te regalaban por Reyes?
Sinéad: Pues...no. No hemos sido muy seguidores de estas costumbres...



PD: Ya queda poco para que pasen sus majestades.
PD Junior: ¡Viva! Madre, ¿tirarán caramelos?
Calíope: Claro que sí, pero ten cuidado. No te acerques a las ruedas de los vehículos que es peligroso. Estoy un poco mareada con tanto color y alegría...
Vicrogo: Anímate Calíope, ¡es un día muy especial!


Ximena: ¿Falta mucho? El señor Agripino está muy nervioso, ¡se ha pedido una novia!
Valeria: Con la borrachera que cogió el otro día...no sé yo si los Reyes le traerán regalos...
Vicenta: Yo he pedido una motosierra para destrozar el osito de las narices.
Ximena: ¡Valeria! Tu madre dice cosas feas, ¡me hará lloraar! Jooo, ¿no puede ser amable?
Vicenta: Estoy hasta el moño del oso, eso es todo. No sé que habrá visto mi hija en esta loca...esto debe ser un castigo del de arriba por alguno de mis pecados...que pena que el padre Benito se haya marchado...necesito confesar que odio a ese oso y que disfrutaría haciéndole cosas horribles.  
Valeria: ¡Mamá! Deja de meter cizaña, siempre estás igual. Me estoy empezando a enfadar de verdad.


John: ¡Sabrina! Has venido. Pensaba que odiabas estas celebraciones.
Sabrina: Vengo exclusivamente para verte. No me traen buenos recuerdos...yo nunca tenía regalos.
Donna: Yo tampoco, pero soy más positiva. Ahora nos podemos regalar.
Sabrina: No es lo mismo...Que pena que tengas que trabajar hoy...
John: No llegaré tarde esta noche. ¿No estás nerviosa? Mañana te daré tu regalo.
Sabrina: No puedo mentirte, estoy muy nerviosa...aunque también por lo del trabajo en la pizzería.
Donna: ¿Cuando empiezas?
Sabrina: El martes...
John: Cariño, esta vez no me puedes fallar.  Lo del supermercado no se puede repetir. El dueño es amigo mío y le pedí que te contratase como favor. Le hablé maravillas sobre ti, no me hagas quedar mal.
Sabrina: No lo haré, mi amor.


Duclack estaba con Wen, Pandy, Estrella, Mary y su primo Roberto. Cuando vio a Sus, Sinéad y Diamante acercarse los llamó alzando la mano.

Duclack: ¡Estamos aquí!
Sus: ¡Hola! ¡Están allí!



Wen: ¡Sinéad! ¿Cómo estás?
Sinéad: Estoy bien. ¿Y tú?
Wen: Genial. Oye...¿habéis encontrado a....? Ya sabes...

Sinéad supo que se refería a Fune y Pinhead. Le habló en voz baja para que los demás no escuchasen su respuesta.

Sinéad: No...hemos buscado pero nada. Encontramos a los padres de Pinhead, pero ellos no saben nada. Se han escondido muy bien y ya no sabemos dónde buscar...
Wen: Os podría ayudar.
Sinéad: No, esto lo tenemos que solucionar nosotros solos. No quiero que te metas...es peligroso.
Wen: Sinéad, os podría ser de utilidad. Yo puedo buscar durante el día.
Sinéad: Gracias Wen, pero no debes preocuparte. Nosotros nos ocuparemos.


Mary: ¡Sinéad! Mira, te presento a mi primo. Roberto, ella es Sinéad.
Roberto: Hola, encantado.
Sinéad: Lo mismo digo.
Roberto: ¿Preparada para atrapar caramelos?
Sinéad: Ah, pues no...es que no me gustan.
Mary: ¿Tampoco?
Wen: Es que son muy pegajosos, ¿verdad? A mi tampoco me gustan.
Sinéad: Sí, es por eso...


Estrella: ¡Sinéad! Hola, tenía ganas de verte. ¿Dónde está Eros?
Sinéad: Estaba muy ocupado y no ha podido venir.
Estrella: ¡Que pena! Es todo tan bonito. Aquí se respira magia, ilusión de niños y mayores. Yo nunca me pierdo la cabalgata. ¡Mañana los regalos! ¡Que nerviosa estoy!


Duclack: Hola Suselle, que guapa estás.
Suselle: Apa nena.
Sus: Lleva todo el día jugando y dando guerra y ahora está reventada.


Sabrina: Mírales, con sus maravillosas vidas. Sus con dos hijos ya, casada...
Donna: Parecen tan felices. Son una familia maravillosa.
Sabrina: Tan maravillosa que no son capaces de saludarme. Que les den a todos viento fresco. Yo les salvé la vida, ¡a todos!


Donna: ¡Hermana! No te comportes de ese modo, te lo ruego. Esa actitud vengativa ha sido la que te ha provocado tantos problemas. No vuelvas a caer en los mismos errores, por favor.
Sabrina: Pero no me saludan...y se creen mejores. Yo tendré que trabajar en una vulgar pizzería y a ellos les va todo tan bien, ¡me da rabia!
Donna: Hermana, en primer lugar les debes dar tiempo. Te reconozco que has hecho cosas buenas, que has salvado muchas vidas pero les debes dar tiempo si de verdad quieres que sean tus amigos. Por otro lado ellos no son mejores que nadie, ¿comprendes? No tienes nada que envidiar. Tendrás un trabajo y tienes el novio perfecto. Yo daría mi brazo derecho por uno igual....y además, eres guapísima y tienes una hermana que vale su peso en oro.
Sabrina: Hermana mía, lo siento. Tienes razón. Intentaré cambiar de actitud....


Lilu: ¡Ya estoy aquí! ¡No me lo digaaas! ¡Silencio!

Lilu corría hacia Sinéad. Ella la miraba sorprendida. No sabía a que venía tanto alboroto y se asustó. Por un momento pensó que sabía cual era su verdadera identidad. Entró en la mente de Lilu y averiguó que no debía preocuparse por nada, era inofensiva.

Lilu: Con esa piel de porcelana, eres la cari. ¡La vecina mágica de mis primos! ¡OMG!
Sinéad: Supongo que esa soy yo...¿Quién eres?

Lo preguntó por ser amable. Sabía que se llamaba Lilu, que era prima de Sus y Wen, le gustaba el color rosa y estaba enamorada del hombre que le acompañaba.

Lilu: ¡Soy Liluuuu! Mi prima me habla mucho de ti. Nena, ¡que cutis! Ese pelo, ¿vas a la pelu de Nino?
Sinéad: No...¿Quién es Nino? ¿El que estaba en la fiesta de fin de año?
Wen: Sí, es un peluquero...aunque para ella es un dios...no le hagas caso, es una pija terminal y muy pesada.
Lilu: Mi primo no tiene clase y me tiene envidia. Si me vuelves a llamar pesada acabarás peor que el edredón de Espinete.
Sinéad: ¿Quién es Espinete?
Wen: Tienes menos repertorio que Karina.
Lilu: ¡Lo tienes más negro que la habitación de Drácula!
Wen: Te pierdes más que el alambre del pan Bimbo.
Lilu: ¡Trabajas menos que el chapista del coche fantástico!
Wen: ¡Trabajas menos que el peluquero de Ronaldo!
Lilu: ¡Trabajas menos que el forense del equipo A! 
Wen: ...
Lilu: ¡Te gané! Encantada de conocerte cari. Te presento a mi hombre, Duque.
Sinéad: Es un placer.
Duque: El placer es mío, señorita. 



John: Por favor, todo el mundo atrás. Está a punto de pasar la cabalgata y debemos dejarles espacio.

Todo el mundo se preparaba para el gran momento. Los niños se morían de las ganas. Carmelo llevó a su hijo Renzo y Sharon a Willy. Con ellos estaba también Jorgito, se habían hecho buenos amigos.




Ximena: ¡Que nerviosa estoy! ¿Que dices señor Agripino? ¡Claro que sí! Cogeremos muchos caramelos. No sé si tendrán de fresa...
Vicenta: Que pena que los huesos no me permitan coger los caramelos como antes. Me llevaba unas buenas bolsas. Herminia no conseguía tantos como yo, aunque Hermenegilda sí. De todas formas, para los cuatro dientes que tengo...no los puedo masticar bien.
Valeria: ¿Quieres hora con el dentista?
Vicenta: ¡No quiero! No me gusta que me hurguen en la boca.


Diamante: ¡Están a punto de pasar los Reyes Magos! Dante, sonríe para que vean que eres simpático y te traigan buenos  regalos. 
Dante: ¡Yo eno, papi! Mana e mala.
Suselle: ¡Yo ena! ¡Muaaaaaaaa! ¡Yo enaa! ¡Muaaaa! Mamii, yo enaa, ¡muaaaaaa!
Sus: No os peleéis, ¡que van a pasar los Reyes! Ya veréis que divertido.


Corriendo y esquivando policías, apareció Hermenegilda. Estaba esperando que pasara la cabalgata en la acera de enfrente cuando vio entre el público a Sinéad. Aunque había escogido una buena zona para agarrar caramelos (llevaba dos horas esperando con una gran bolsa), no dudó en dejar el sitio e ir hasta Sinéad.

Rose: ¡Señora! ¡No puede hacer eso!
Hermenegilda: ¡Pues lo estoy haciendo! ¡Pálida millonaria!
Sinéad: ¡No puede ser!


Duclack: Por allí vienen, ¡parece un ángel!
Mary: ¡Me encanta su vestido!
Sabrina: No me dejan ver, ¡lo hacen para fastidiarme!
Donna: Sabrina, no seas mal pensada...


Hermenegilda: ...me ven como una anciana desvalida e incluso me regalan sus caramelos. Muchos los guardo para Halloween, cuando vienen los niños les doy unos cuantos. Otros me los guardo. Por la mañana cuando me doy la pateada me meto uno de menta en la boca y salgo a la calle. Por las mañanas ando una hora, es muy sano. El médico me recomendó caminar y lo hago por las mañanas. Aunque llevo unos días sin ir que tengo las piernas que no me responden bien. Recuerdo que le decía a mi primer marido que me aporreara las piernas, a ver si me reaccionaban. Mi amiga Fernanda me acompaña. Un día le dije, ay Fernanda, ya nos podría salir un buen macho que nos quitara estos males. Ella dice que ya nadie se fija en viejas como nosotras y tiene razón, aunque la que tuvo retuvo.
Sinéad: Claro, además la belleza interior es más importante que la exterior...
Estrella: ¿Esa mujer no se calla nunca?
Sinéad: No...socorro...
Hermenegilda: El hijo de mi amiga Fernanda el otro día nos metió en la infonfástica del aparato. Ya sabes, Edefesio. El que sabe de aparatos del isternet. Si mujer, que está tan gordo que las camisetas no pueden disimular su barrigota. Una de sus piernas es más grande que todo mi cuerpo. ¿Todavía no te acuerdas? El que me sube las bolsas de la compra y apesta a sudor porque suda una cosa mala, ¡el que no tiene novia!
Sinéad: ¡Que sí! Digo...que lo recuerdo...
Hermenegilda: Pues nos metió en la infonfástica de su aparato. Los hombres escribían palabras por ahí, y Fernanda y yo le decíamos a Edefesio que escribiese por nosotras. A ver si nos salía un novio rico y con casa en Benidorm, pero hija, todos querían enseñaros su...
Sínead: ¡Ya vienen los Reyes!
Estrella: Que pesada...


Así fue como disfrutaron de la gran cabalgata de los Reyes Magos. Pasaron ángeles y muchísimos músicos. Dante y Suselle gritaban entusiasmados junto a todos los niños que estaba presenciando la cabalgata.




Pasaron ponis tirando de carritos repletos de regalos. Hadas, elfos pajes y todo tipo de personajes lanzaban caramelos a los asistentes.


También pasaron camellos con cestas de regalos y pajes subidos a majestuosos caballos. Los niños gritaban al verlos pasar.






Los Reyes Magos pasaron subidos a un enorme camión adornado con regalos y figuritas navideñas. Los pajes tocaban las trompetas y lanzaban caramelos. Melchor, Gaspar y Baltasar saludaban a todo el mundo y sonreían. Esa noche tendrían mucho trabajo. Miles de niños y adultos dormirían nerviosos sabiendo que al despertar por la mañana, tendrían sus deseados regalos.





FIN