martes, 25 de febrero de 2025

Halloween 2024 - Capítulo 04: El desguace

Llegar hasta aquel lugar no era fácil. La carretera de acceso era complicada de localizar debido a la vegetación y el deterioro del asfalto. Pocos se aventuraban a conducir por esa carretera. El desguace había vivido tiempos mejores. La crisis económica había golpeado fuertemente al negocio, por lo que tuvo que cerrar las puertas y llevaba años cerrado. Allí se amontonaban montañas de vehículos de todas las marcas y años. Todos ellos fueron comprados con alegría por sus propietarios y ahora permanecían amontonados como chatarra en aquel lugar alejado de la civilización.

Julia: ¿Es aquí?

Victoria conducía con extrema precaución por aquel terreno. Pronto se encontraron con un gran grupo de mujeres bebiendo y hablando animadamente. Gracias a varios bidones con fuego se podían calentar y de paso, iluminaban todo el desguace de vehículos, que era bastante grande.

Victoria: Así es, ya hemos llegado a la fiesta.

Carolina: ¡Por fin!

Mike: ¡Soltadme!

Arlet: ¿No entiendes que tu voz me molesta? ¡Cállate! 

  


Julia: Esto es un desguace...me imaginaba un lugar más acogedor.
Victoria: Estos lugares irradian mucho poder, Julia. Son lugares fascinantes, cargados de energía.
Carolina: Te gustará, ya lo verás.


Julia: Hay muchas chicas.
Arlet: Nuestras hermanas.
Julia: ¿Hermanas?
Carolina: Somos hermanas. Todas tenemos el mismo propósito.
Mike: ¡Estáis locas!
Arlet: Si sigues rebuznando tendré que sellarte la boca.


Julia: Me da un poco de vergüenza. 
Carolina: En cuanto las conozcas, se te pasará en seguida. 
Julia: Han encendido fogatas.
Victoria: El fuego purifica.


Julia: ¿Esa quién es?
Victoria: Es Gina, la organizadora de estas fiestas y la actual representante de nuestra fe en la tierra. Este año una de nosotras la substituirá. ¡Gina!


Una mujer de pelo negro largo que le tapaba parte del rostro se acercó a ellas. Vestía con vaqueros azules y una camiseta gris anudada por la cintura. Estaba bebiendo de una botella de cerveza.

Gina: ¡Hola, chicas! Os estábamos esperando. Victoria, estás espectacular.
Victoria: Mira quién fue hablar, con ese impresionante cuerpazo que tienes. Te echaba de menos.
Gina: Y yo a ti. Vaya, ella debe ser la nueva.


Arlet: Efectivamente. Julia, ella es Gina. Gina, te presento a Julia, nuestra nueva amiga.
Gina: Eres guapísima, Julia.
Julia: Gracias...
Gina: Por favor, siéntete cómoda con nosotras. Desde ahora formas parte de nuestra familia. Ya verás, te sentirás muy bien.
Julia: Muchas gracias, Gina.


Gina: Ven conmigo, quiero presentarte a las demás. 

Se acercaron hasta la la pequeña hoguera y todas se reunieron alrededor. Julia se puso muy nerviosa, todas las miradas se posaban en ella. La examinaban con detenimiento y en silencio.

Gina: Chicas, os presento a una nueva hermana. Se llama Julia y viene dispuesta a querernos y dejarse querer.


De repente, todas estallaron en aplausos y silbidos. Julia enrojeció sorprendida. 

Julia: Muchas gracias, sois muy amables.
Gina: Es el momento de disfrutar de la fiesta. Hoy es un día muy importante de celebración. 


Desde ese momento, Julia no dejó de bailar y saltar. La música sonaba a todo volumen desde unos altavoces. De vez en cuando, alguna se ponía a entonar canticos extraños pero que a Julia le parecían preciosos. Todas se mostraron muy cariñosas con ella y se sintió una más del grupo.


Danzaban alrededor de la hoguera, riendo y bebiendo sin parar. Julia no podía dejar de reír y se sentía tan plena que sintió que en aquel preciso momento, era la mujer más feliz del mundo. Nunca se había sentido tan bien. 


Gina: ¡Querida luna, querido sol! ¡Oscuridad y luz! ¡Aceptad nuestro amor! ¡Bendecid nuestras almas aquí y en el más allá! 
Carolina: ¡Danos fuerza para seguir sirviéndoos!
Arlet: ¡Aceptad nuestros sacrificios!
Vitoria: ¡Purificad nuestros cuerpos!


Gina entregó a todas las presentes una antorcha y se alejaron de la hoguera. Esperaron junto a las montañas de coches abandonados a que algo ocurriese. De pronto, dos mujeres aparecieron tras una hilera de coches. Una vestía con un vestido blanco, con una capa dorada. Su pelo rubio casi blanco resplandecía. La otra vestía totalmente de negro, con un vestido largo. Pelo negro que le llegaba hasta la cintura y mirada inquietante. Ambas caminaban juntas hacia el fuego. Portaban antorchas y miraban fijamente al frente. 


Julia las observaba atónita. Parecían dos seres salidos de un mundo mágico y misterioso. Se pellizcó para asegurarse de que todo lo que estaba viviendo era real. Victoria la miró sonriente y Julia le devolvió la sonrisa.


La mujer de negro y la de blanco se colocaron junto al fuego. Todas guardaron silencio mientras esperaban que las mujeres iniciasen el ritual.

Hemera: Hermanas, bienvenidas a nuestro nuevo ritual. Yo, como representante de la luz, os muestro mi agradecimiento por vuestro amor y respeto.
Nix: Yo, como representante de la noche, también os agradezco vuestro apoyo y fidelidad. Todas buscamos el equilibrio, la paz, la unión y la justicia.


Hemera: Cada celebración es especial y muy mágica. Purificamos nuestras almas y libramos al mundo de la maldad. Como cada año, necesitamos encontrar una nueva representante de nuestra fe en la tierra. Una de vosotras será la elegida. 


Nix: La elegida tendrá un papel fundamental en nuestra lucha. Un año más, celebramos estos sacrificios en honor a nuestros espíritus. Purificaremos nuestras almas y eliminaremos la maldad mediante nuestras sagradas armas.


Ambas: ¡Que empiece el ritual!


A la media hora...

Cameron: ¿Está muerto?
Juancho: Creo que respira...

Cameron era un hombre guapo, deportista y muy ligón. Su lista de conquistas y corazones rotos era interminable. Juancho era un informático adicto a las aplicaciones de citas. No era excesivamente guapo, pero era resultón.

Kevin: Será mejor que nos escondamos...

Kevin tenía el pelo rosa y unas enormes gafas. Estaba muy nervioso mirando de un lado para el otro. Mike estaba recobrando el conocimiento. Tardó un poco en recordar lo sucedido.


Cameron: Ey tío, ¿estás bien?
Mike: ¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois vosotros?
Cameron: No hay tiempo para explicaciones. Ya han matado a los demás.
Mike: ¿Matado? No entiendo nada...


Juancho: Escucho ruidos...

Cameron: Esas tías locas nos han secuestrado. A mi una loca que conocí en el gimnasio.
Juancho: A mi una que conocí por una aplicación.
Kevin: En mi caso fue mi hermana gemela. Desde que entró en esta secta, me odia.
Mike: A mi unas locas que encontré en la carretera.
Cameron: Estamos atrapados en este desguace. No hay salida. Un grupo enorme de locas nos están cazando. 
Kevin: Tienen todo tipo de armas.
Mike: ¡No me fastidies!


Arlet: ¡Te fastidio!

Arlet se lanzó sobre Cameron y le golpeó con su maza en la espalda. Este gritó dolorido y cayó al suelo.


Juancho: ¡Corred!
Mike: ¡Esto es una locura!
Kevin: ¡Corre y no mires atrás!


Victoria tenía su ballesta preparada. Vio a los objetivos huyendo y la adrenalina recorrió todo su cuerpo.

Victoria: ¡No sabía que la basura sabía correr!


Bajó de un saltó desde uno de los coches amontonados hasta la tierra. Cameron se había repuesto y corría tras sus compañeros, pero Victoria apuntó con su ballesta y disparó. La flecha se clavó en su espalda y atravesó su cuerpo hasta salir por el pecho.

Arlet: ¡Buen tiro!
Victoria: Gracias. Tu golpe de mazo también ha estado bien.
Arlet: ¡Me siento tan viva y revitalizada!
Victoria: Yo también. Vamos a buscar a los demás. No deben estar muy lejos. 


Mike, Juancho y Kevin se habían escondido tras una enorme montaña de vehículos amontonados. Se asomaban cautos para ver si aparecía alguna de sus captoras.

Juancho: Se han cargado a Cameron. Él era el que mejor forma física tenía.
Kevin: Tenemos que salir de aquí.
Mike: Debe haber alguna forma.
Juancho: Lo hemos intentado, pero nada. Antes éramos treinta. 
Mike: ¿Ha tantos han matado?


Un enorme estruendo dejó casi sordo a Mike. Miró a su lado y vio como Juancho se caía al suelo. Una mujer muy atractiva y elegante le había disparado con una escopeta.

Margarita: ¡Punto para mi!
Mike: ¡Larguémonos de aquí!
Margarita: ¡No huyáis! Tengo más balas y las pienso usar.
Kevin: ¡Corre!


Consiguieron zafarse de ella y se escondieron tras un viejo y destartalado coche repartidor de pan. Por un momento, Mike viajó a su infancia, cuando se paraba el panadero frente a su casa del pueblo y su madre le compraba caracolas de chocolate. Deseó con todas sus fuerzas volver a esa etapa feliz de su vida. Los pasos de una mujer rubia de cara extraña con dos enormes hachas le devolvió a la realidad.

Kevin: Estamos acabados...
Mike: Por ahí viene otra.


Kevin: Deberíamos escondernos dentro de uno de estos coches. Tardarían mucho en encontraros. 
Mike: Tardarían, pero nos encontrarían. Debemos pensar algo rápido.

Carolina llevaba sus dos dagas en las manos, preparada para darles uso. Ellos no se habían percatado de su presencia.


Se abalanzó sobre Kevin, y colocó las dagas en su garganta.

Mike: ¡Estás loca de atar!
Carolina: Siento el poder en mi cuerpo. ¡Uno menos!


Mike huyó en cuanto Carolina hizo uso de sus dagas. No quiso quedarse a ver el espectáculo. Era el último superviviente y si no encontraba una forma de escapar, el siguiente en morir.

Mike: ¡Tengo que pensar algo! No puedo morir así...


Julia: Hola, Mike.

Julia elevó su hacha en dirección a Mike. Este cayó al suelo sorprendido y levantó los brazos asustado. 

Mike: ¡No por favor!


Continuará...

miércoles, 22 de enero de 2025

Halloween 2024 - Capítulo 03: La caja de mimbre

Huyeron despavoridas. Mike, agarrando bien su hacha, las miró complacido. No pudo evitar sonreír al verlas correr hacia el bosque.

Victoria: ¡Corred, chicas!
Julia: ¡Sabía que no debíamos parar!
Arlet: ¡Calla!
Mike: Me lo voy a pasar muy bien.


Corrieron sin mirar atrás entre los majestuosos árboles del oscuro bosque. No sabían hacia dónde ir pues no conocían la zona y no se veía prácticamente nada.

Arlet: ¿Hacia dónde vamos?
Carolina: ¡No veo nada!
Victoria: Corred y no hagáis ruido.


Mike: ¡Os encontraré, conejitas!

Mike respiró profundamente. Adoraba el olor a humedad de aquel bosque.

Mike: Hoy es mi día de suerte.


Se detuvieron junto a un enorme pino y guardaron silencio. Parecía que por el momento, habían conseguido escapar.

Julia: No puedo más...
Arlet: ¿Qué narices vamos a hacer? Estamos en mitad de la nada.
Victoria: Debemos regresar al coche.
Carolina: ¿Te has vuelto loca?
Victoria: Si seguimos corriendo como pollos sin cabeza, nos atrapará. No tenemos forma de defendernos. En el coche tenemos cosas para hacerle frente.
Julia: Tienes razón.


Victoria: No perdamos más tiempo, chicas.
Carolina: ¿Y cómo encontramos el camino a la carretera?
Victoria: Aquellas farolas. Si damos con la carretera, encontraremos el coche.


Consiguieron llegar a la carretera y finalmente, al coche.

Arlet: ¡Vamos, Carol!
Carolina: Ya voy...me falta el aliento...
Victoria: Julia, ayúdame a sacar la caja del coche.
Julia: Sí.


Sacaron una enorme  y pesada caja de mimbre del maletero. La abrieron a toda prisa y miraron su contenido aliviadas.

Victoria: No me digáis que no os hace ilusión tener todo esto a nuestra disposición.
Arlet: Más que cualquier otra cosa.
Julia: Creo que el móvil tiene algo de cobertura.
Carolina: Al cuerno la cobertura. Agarra tu arma.


Cada una de ellas sacó un arma del interior de la caja. Arlet sacó una maza medieval metálica. Sus afiladas puntas dejaban constancia de que era un arma peligrosa. Victoria portaba una enorme ballesta. Julia un afilado pico y Carolina dos puñales.

Julia: ¿Creéis que será suficiente para defendernos?
Victoria: ¿Bromeas? Ese no sabe con quién se ha metido. 
Arlet: Estoy deseando usar mi maza. Parte cráneos como su fuesen huevos.
Carolina: Espero que sea capaz de encontrarnos. No me apetece ponerme a buscarle por el bosque.


Mike: Vaya, estáis aquí. Qué fácil me lo habéis puesto, nenas.

Estaban de espaldas, por lo que Mike no podía ver sus armas. Sonrieron complacidas al escuchar su voz.

Victoria: Por fin nos encuentras. Eres un asesino de pacotilla.
Mike: ¿Disculpa? ¡Vuelve a repetir eso!


Se dieron la vuelta y le enseñaron sus armas. Mike se quedó mudo y paralizado.

Victoria: Vale, te lo repetiré una vez más, pero por favor, intenta abrir bien tus oídos. Eres un asesino de pacotilla.
Carolina: Un asesino ridículo. 
Arlet: Sí, y muy típico. ¿Un hacha? ¿En serio? ¡Es un arma muy cutre!
Victoria: No es nada original, Mike. ¿Y esa forma de vestir? ¡No das miedo!
Carolina: ¡Así viste el cateto de mi pueblo! ¿Y que me decís de sus frases? ¡¡Os encontraré, conejitas!! ¡Me troncho de risa!
Victoria: ¿Y con gafas de sol? ¿Vas de guay? Das verdadero asco. Una vergüenza para cualquier asesino que se precie. Ah, y no vuelvas a llamarnos nenas.
Mike: Pe...pero...¿Quiénes sois? 
Victoria: Somos tu peor pesadilla. Te has equivocado de chicas. No deberías tomar atajos ni parar coches de desconocidos. Podrías dar con unas psicópatas de verdad. No, pero de verdad, no estamos hablando de un aficionado ridículo como tú. 
Arlet: Corre si quieres vivir...conejito.


Mike empezó a correr hacia el bosque. Victoria apuntó con su ballesta y le disparó. La flecha rozó su cuerpo pero no le dio.

Victoria: ¡Cachis! Estoy desentrenada.
Arlet: Vamos a por ese pardillo. Llegaremos tarde a la fiesta.


Mike se escondió tras un árbol. Estaba sudando y temblando. No entendía que había ocurrido. Arlet pasó muy cerca, pero no le vio.

Mike: Esto solamente me puede pasar a mi...


Carolina: ¡Está aquí!
Mike: ¡Maldita sea!


Salió de su escondite se alejó de ellas. Victoria seguía disparando flechas pero no conseguía alcanzarle. Mike, nervioso y asustado, perdió el hacha en su huida.

Victoria: ¡No doy una!
Arlet: ¡Te encontraremos, conejito! ¡Jajajaja! La frase es ridícula, no me digas que no.
Mike: ¡Socorro!
Arlet: ¿Piensas que las ardillas te ayudarán? ¡Aquí no hay nadie! Eso te lo tenemos que reconocer, es una buena ubicación.


Mike se escondió tras un pequeño pino. No vio que Julia, le había encontrado. Ella no sabía si atacarle por sorpresa o pedirle que se rindiera. 


Cuando Mike la vio, se tiró al suelo levantando los brazos. Julia alzó el pico para atacarle.

Mike: ¡Por favor! No me hagas daño. Estaba de broma. Yo no soy un asesino. Gasto bromas a la gente...
Julia: ¿Me tomas por tonta?
Mike: Te lo digo de verdad. Por favor, no quería haceros daño. Tienes que creerme. 
Julia: No te creo.
Mike: No pareces una asesina. Eres distinta a ellas. Por favor, deja que me vaya.


Julia bajó el pico y dudó.

Mike: Matar está mal. Tú no eres así. Deja que me vaya. Ellas no sabrán que me has dejado ir y podrás tener tu conciencia tranquila.
Julia: ¿No eres un asesino?
Mike: Te lo juro.


Carolina: Julia, ¿has visto algo?
Julia: Eh...no. Por aquí no está.
Carolina: Vale. Pues sigue buscando. Hace un frío de narices y me están atacando los bichos.


Mike: Gracias...
Julia: Vete. Espero que no me hayas mentido.
Mike: No lo he hecho. Eres buena tía. 
Julia: Corre, antes que te encuentren.


Victoria pasaba muy cerca de él, así que se tiró al suelo arrastrándose entre la maleza.

Mike: Tengo que llegar a la furgo...


Tras arrastrarse unos metros, se topó con unos pies. Miró hacia arriba y se encontró a Arlet con su maza.

Arlet: ¿Vas a alguna parte?


Le golpeó en la cabeza y lo dejó inconsciente en el suelo. Avisó a las demás y acudieron rápidamente.

Victoria: ¡Lo has pillado!
Arlet: Sí, se estaba arrastrando como una rata.
Carolina: Como lo que es.
Victoria: No compares a las ratas con esto.
Carolina: Es verdad, lo siento.
Julia: ¿Y ahora?
Victoria: Nos largamos de aquí.


Tras revisar el coche, comprobaron que Mike había desconectado la batería a propósito. Aliviadas arrancaron el coche y saltaron de alegría.

Victoria: ¡Nos vamos, chicas!
Julia: ¿Y qué vamos a hacer con él?
Arlet: Nos lo llevamos a la fiesta.
Carolina: Así no seremos las únicas que vamos sin chico.


Lo encadenaron y lo encerraron en el maletero. Mike se despertó dolorido. Intentaba zafarse de las cadenas sin éxito.

Mike: ¿Dónde estoy?
Arlet: Estás de suerte, ¡te vienes de fiesta!


Victoria aceleró y salieron pitando de aquel lugar. Puso la música a toda potencia y empezaron a cantar y bailar. Julia se tapó los oídos molesta, pero al verlas tan felices, se unió a la fiesta cantando junto a ellas.

Victoria: ¡Así me gusta, Julia!


Continuará...