viernes, 3 de noviembre de 2017

Halloween 2017: Capítulo 03:Si me tocas la nariz, te cuento un chiste

Capítulo 03

Si me tocas la nariz, te cuento un chiste

Ya es medianoche. El frío es más intenso y no hay muchas personas en la calle. Se ven clicks disfrazados pero lejos de la solitaria calle en la que está situada la tienda de Calabazo. El silencio se rompe cuando alguien pisa unas hojas secas caídas en el suelo. Se trata de Nancy, que camina ocultándose en las sombras. Tenía planes, pero esa noche ha decidido anteponer sus prioridades. No  ha ido a casa de su hermana ni tampoco con sus amigos ocupas. Desea robar El abrazo de la tierra, el libro que tanto le ha fascinado. Estaba acostumbrada a conseguir todo aquello que deseaba así que ha decidido robar el libro esa misma noche. "Luego tendré tiempo para ir a casa de mi hermana e irme con mis amigos" piensa intentando tranquilizarse.


Lo cierto es que está nerviosa. Calabazo había conseguido asustarla con su forma de hablar y de mirar. La autoridad con la que las echó de la tienda la sobrecogió, pero no piensa rendirse tan fácilmente. Ansía leer ese libro, descubrir quién es Agnes y su historia. Pocas veces un libro le había atrapado de aquella manera. "A decir verdad, nunca me he sentido tan atraída por un libro...y eso que solamente he podido leer unas líneas..." piensa entusiasmada.

Un ruido la alerta y su corazón se acelera bruscamente. Una rata corre por la calle en dirección las alcantarillas.

Nancy: Maldita rata.


Un cuervo la observa desde la rama de un árbol cercano. Piensa en espantarlo, le pone nerviosa, pero no desea llamar la atención así que lo ignora. 


Aparentemente la tienda está cerrada, aunque de su interior emana una luz verde muy siniestra. Se asoma y permanece en silencio. Cuando está segura de que no hay nadie en su interior, fuerza la puerta de entrada.


Calabazo: Vaya, parece que tenemos una visita inesperada. 

Sonríe maliciosamente y desaparece sin dejar rastro. Nancy no lo puede ver, pero está ahí, escondido.


La tienda tiene un aspecto macabro, mucho más que a plena luz del día. Nancy recuerda a los niños saliendo a toda pastilla de la tienda junto a su madre. En esos momentos le gustaría ser uno de esos niños. "Seguramente están comiendo dulces y protegidos por sus padres". Intenta concentrarse y respira profundamente. Su objetivo es el libro y no se irá de la tienda sin llevárselo.  


Por fin llega al pasillo dónde se encuentra el libro. Lo localiza en el mismo lugar, sobre el cofre rojo. 

¡¡Huye!! ¡No lo hagas!

Mira de un lado para otro en busca de la procedencia de esas voces. No hay nadie en la tienda pero juraría haber escuchado algo.

Payaso: Si me tocas la nariz, te cuento un chiste.

Casi le da un infarto. Propina una patada al payaso de juguete e intenta tranquilizarse. "Se activa si detecta movimiento" piensa enfadada. 

Nancy: Maldito payaso.


¡¡Ahhhhhhh!! ¡¡Socorro!! ¡No lo hagas!

Ignora las voces, que gritan y se lamentan. 

Nancy: Son los objetos, que tienen sonidos. Menuda majadería.


Se acerca ansiosa al libro. Por fin podrá leerlo y será suyo, completamente suyo. No puede evitar leer unas líneas cuando lo tiene en sus manos.

"Agnes corría a través del bosque notando que huía de la última estela de paz y de amor que podía latir en su vida, percibiendo que se adentraba en un terreno desconocido y pantanoso en el que no existía senda. Apartaba las plantas que ocultaban el camino que tenía que recorrer para alcanzar su cabaña creyendo que, en realidad, impelía con sus trémulas manos los brazos de seres horribles que deseaban apresarla"

Nancy: Quiero leerlo desde el principio, me fascina. Te vienes conmigo a casa.


Esqueleto: Este libro es sagrado.

Retrocede al escuchar la voz procedente del esqueleto que custodia el libro.

Nancy: ¡Menudo susto! Parece de verdad...
Esqueleto: Su lectura es exclusiva para unos pocos elegidos. Tú no eres uno de ellos. Has ignorado las advertencias por lo que tu alma quedará presa para la eternidad.


Los ojos del esqueleto se iluminan y una potente luz amarilla sale de ellos. Hasta ese momento había pensado que se trataba de un truco barato para asustar, pero ya no está segura de eso. Decide que es el momento de huir, aquel lugar esconde algo malvado. "Coraline tenía razón" se dice asustada.


Dos rayos amarillos brillantes como el fuego salen disparados hasta penetrar en el cuerpo de Nancy. Se retuerce en el suelo de dolor. Su cuerpo se ilumina como una bombilla y no puede moverse.


Nancy no entiende lo que está ocurriendo. Su cuerpo ya no es el mismo. No puede moverse, y aunque puede pensar y hablar, su voz solamente puede ser escuchada por seres paranormales y clicks con facultades especiales.

Nancy: ¡¿Qué me está pasando?! ¡Socorro!
Calabazo: Vaya, ¡tenemos un nuevo objeto en la tienda!
Nancy: ¡¡Tú!! Ayúdame, ¡no puedo moverme! 
Calabazo: Nancy, Nancy, Nancy...


Nancy:¿Qué me has hecho? ¡Socorroooo! Por favor, no puedo moverme...
Calabazo: Por supuesto que no, ¡las baritas mágicas de juguete no pueden moverse!
Nancy: ¡Ayuda! ¡Por favor, prometo que me marcharé y no volveré a molestarte nunca más!
Calabazo: Robarme, a mi...pobre incauta. Vamos, Nancy...deberías pensar en positivo. Has podido leer unas cuantas líneas del libro, ¡eres una privilegiada!  ¡Jajajajajaja!
Nancy: ¡Nooo! ¡Socorro!


En ese momento se percata de todos los gritos. Proceden de todos los objetos de la tienda. Se lamentan, piden ayuda y gritan atormentados. Al igual que ella, sus almas están condenadas para siempre en aquellos siniestros objetos.


Hotel Stanley
Londres, 1845

Las niñas corrían a toda prisa, alejándose de aquel espíritu maligno. Cuando Mina vio a la mujer de la limpieza, su corazón dio un vuelco. Por fin podría pedir ayuda. La mujer era bella. Vestía con ropa sencilla y un delantal blanco. Era pelirroja pero a penas se distinguía por el pañuelo que cubría su cabello.

Mina: ¡Señora!
Regan: ¡No, Mina! ¡Esa mujer no nos ayudará!
Mina: ¡Pero necesitamos que nos ayuden!
Mina: ¡Ya lo he intentado y no quiere!

La mujer las vio acercarse y dejó sus tareas de limpieza.  Su rostro no era precisamente de amabilidad.


Mina: ¡Señora, tiene que ayudarnos!
Eleonor: Estoy trabajando. Fuera de aquí.
Mina: ¡No lo entiende! ¡Un espíritu maligno nos está persiguiendo!
Eleonor: Por favor, dejarme trabajar. Yo no quiero saber nada de espíritus malignos. 
Mina: Hay un niño en peligro, ¿verdad, Regan?
Eleonor: Ese no es mi problema. Quiero que me dejéis en paz, ¡¡dejarme trabajar tranquila!!


Regan: Te lo dije, ella no nos ayudará.
Mina: Pero...
Eleonor: ¡Fuera, dejarme en paz de una vez por todas! 
Regan: ¡Corre, Mina!


Las niñas corrieron hasta llegar a otro pasadizo secreto. Tras caminar unos minutos, Regan abrió una compuerta y salieron.

Regan: Es aquí, vamos.
Mina: ¿Dónde estamos?


Era una estancia grande, con muchos objetos extraños. Mina no tardó en descubrir una gran jaula de madera situada al fondo de la sala. 


En su interior estaba el niño que había visto horas antes en recepción. Abría y cerraba los ojos sin fijar la vista en ningún lugar en concreto. Parecía estar mareado.

Mina: ¡Ahí está! ¿Qué le pasa?
Regan: Creo que le han golpeado y no se encuentra bien.
Mina: Pobrecito. ¡Tenemos que sacarlo de ahí!
Regan: ¡Shhhhh!


Mina: ¿Qué ocurre?
Regan: Mira.

En esa misma estancia había un hombre acostado sobre una cama. En una de sus manos sujetaba unas llaves.

Mina: Conozco a ese hombre. Lo vi cuando entramos en el hotel. No me gusta nada.
Regan: Es malo. 
Mina: Sabía que no era bueno. Regan, tenemos que llamar a mis padres...
Regan: No podemos hacer eso. Si no actuamos ahora, matará al niño. Tenemos que quitarle las llaves.
Mina: ¿Cómo?
Regan: Sin que se despierte.


Caminaron poco a poco hasta llegar a la cama. El hombre roncaba y respiraba muy fuerte. Su enorme barriga se movía al ritmo de su respiración.


Mina: Hazlo tú, a mi me da miedo...
Regan: Está bien, pero eres una princesa miedica. 

Alargó la mano para coger las llaves. Las tenía bien sujetas y no parecía dispuesto a soltarlas fácilmente.

Regan: No las suelta.


Mina: ¡El bolso y el maletín de mis padres!

Sobre unas maderas Mina descubrió el bolso y el maletín de sus padres.


Regan tiró con fuerza de las llaves pero el hombre se despertó al momento. Corrieron a esconderse detrás de uno de los respaldos de la cama. El hombre miraba extrañado a su alrededor con cara soñolienta. 

Michael: ¿Hay alguien ahí? ¿Padre?
Mina: Nos ha descubierto...ahora nos matará a nosotras también.
Regan: ¡Shhhh, puede escucharnos! 


Michael se levantó a regañadientes. Decidió ir a ver al prisionero y de paso, comer alguna cosa. Estaba hambriento. Caminó perezoso sin percatarse de la presencia de las niñas, que permanecían escondidas.


Regan: Esa muñeca es mía.

Regan señaló una muñeca de trapo situada junto a otras pertenencias.

Mina: ¿Que hacen las cosas de mis padres aquí?
Regan: Son ladrones.
Mina: ¿Son? ¿Hay más?


Michael: ¡Eh, niño! ¡Despierta!
Niño: Yo...no...
Michael: Te he dado un golpe demasiado fuerte y te has quedado tonto. Mejor, menos resistencia opondrás cuando acabe contigo.

Dejó las llaves de la jaula sobre la mesa.


Edward: ¡Michael! ¿Se puede saber que demonios has hecho?
Michael: ¡Padre! Al fin acudes en mi ayuda.
Edward: No me digas que tienes algo que ver con la desaparición de ese niño.
Michael: Pues...sí. Entré a limpiar las "chimeneas" de todas las habitaciones, como me ordenaste. En todas pude entrar sin problemas, los huéspedes duermen plácidamente, menos en una. Este niño me descubrió y salió corriendo para decírselo a su padre. Por suerte lo atrapé a tiempo. 


Edward comenzó a golpear con los puños a su hijo en la cabeza. Este se protegía como podía de la lluvia de golpes recibida.

Edward: ¡Inútil! ¡Lo has vuelto a hacer!
Michael: ¡Padre, no me pegue!
Edward: ¡Te dije que no más muertes! Esto puede acabar con la poca reputación del hotel y nos quedaremos sin ganancias. Tienes que robar, pero no secuestrar o matar, ¡inútil! 


Edward se acercó hasta la jaula. El niño parecía estar más despejado y se puso de pie. 

Niño: Tiene que ayudarme, señor.
Edward: No te preocupes, pronto te sacaremos de aquí.
Niño: Ese hombre es malo.
Edward: ¿Malo? Yo diría que es tonto de remate.


Cogió uno de los cuchillos que había sobre la mesa y agarró a su hijo del brazo. Se alejaron un poco de la jaula y le habló en voz baja.

Edward: Toma este cuchillo. Hazlo rápido y por favor, que no sufra. La última vez no lo hiciste muy bien.
Michael: Lo sé, padre.Ella me sigue atormentado...puedo verla.
Edward: ¡Qué cruz tengo contigo! No debes temer a los muertos. Los vivos son los que tienen que preocuparte. La policía está registrando el hotel en busca del niño desaparecido y su padre está poniendo todo patas arriba. Te has llevado los bolsos, maletines y maletas de los clientes, por lo que buscan también a un ladrón. Deberías haber cogido solamente algunas joyas y dinero suelto. 
Michael: Lo siento, padre. No lo volveré a hacer más.
Edward: Eso no lo dudes. Debemos ser precavidos. Es el momento de proponer a Theo que queremos comprarle el hotel. No hay mal que por bien no venga. Todo esto del niño perjudica al prestigio del hotel y nos costará remontarlo, pero Theo no tendrá más remedio que venderlo por un precio mucho más bajo.


Michael: Mira, padre. 

Fueron hasta un cofre de madera y lo abrieron. En su interior había monedas y joyas.

Edward: Creo que será suficiente para poder iniciar una nueva vida. Por fin este hotel será nuestro.
Michael: ¡Yo seré el recepcionista!
Edward: Eso ya lo veremos. 

Mina y Regan fueron hasta la mesa para coger las llaves.


El niño lloraba con un llanto desgarrador. Mientras Regan cogía las llaves, Mina intentaba animarle.

Mina: No llores. Nosotras te sacaremos de aquí.


Abrieron la jaula y el niño observó sin moverse. Estaba muy asustado y casi no era capaz de moverse.

Mina: ¡Date prisa!

El niño salió rápidamente aunque temblaba sin parar y no podía dejar de llorar.


La puerta de la jaula se cerró dando un fuerte golpe. Edward y su hijo se dieron la vuelta sorprendidos.

Edward: ¡Que se escapa!
Michael: ¡No os mováis de ahí!
Mina: ¡Socorroooo!
Regan: ¡Auxilio!


Edward agarró al niño, que se resistía dando patadas y pegando golpes.

Edward: ¡No te resistas!
Michael: ¡Malditas!
Mina: ¡Socorro! ¡Madre, padre!
Edward: ¡Ayúdame, imbécil!


Eleonor: ¡Deja en paz a las niñas!

Eleonor apareció dando escobazos. Pilló por sorpresa a Michael, que cayó al suelo tapándose la cabeza con las manos.

Eleonor: ¡Asesinos! ¡Os pienso denunciar a la policía! 


Mina: ¡Tenga cuidado, tiene un cuchillo!
Edward: ¡¿Cómo nos has encontrado?!
Eleonor: He escuchado sus gritos.


El niño aprovechó el descuido de su secuestrador y escapó. Corrió hasta uno de los pasadizos y desapareció.

Eleonor: ¡Corre y pude ayuda!


Eleonor ya no contaba con el factor sorpresa. Padre e hijo la acorralaron. Michael agarró el cuchillo con fuerza y se lo enseñó a Eleonor, que lo miraba aterrada.

Edward: No tendrías que haber metido tus narices en asuntos que no te incumben. 
Eleonor: Por favor, debéis detener toda esta locura.
Edward: Debemos acabar con tu vida, Eleonor. Eres una testigo importante que podría declarar en nuestra contra. Los niños son fácilmente manipulables. Tú eres la asesina y ladrona y nosotros los rescatadores. Te matamos en defensa propia...
Eleonor: Sois repugnantes.
Mina: ¡No le hagáis daño! ¡Por favor, dejarla en paz!
Michael: Lo siento, Eleonor...no es nada personal.


Continuará...

lunes, 30 de octubre de 2017

Halloween 2017: Capítulo 02: El rostro de la maldad

Capítulo 02

El rostro de la maldad
Hotel Stanley
Londres, 1845

El hotel Stanley había sido un hotel de referencia en Londres. Sus huéspedes eran clicks adinerados, famosos artistas, personalidades selectas y familias de alta cuna. Aquella fama y prestigio desapareció cuando uno de sus huéspedes murió en el hotel. Hugh Crain era un prestigioso doctor que solía alojarse en el hotel con asiduidad. En una de aquellas ocasiones, la policía irrumpió en el hotel buscándole por el asesinato de varias mujeres y niños. Lo encontraron en una de las habitaciones, apunto de asesinar a la encargada de la limpieza. Crain se resistió por lo que lo abatieron allí mismo y murió. Desde ese día, se cree que el espíritu maligno del doctor sigue en el hotel, con ansias de venganza y atormentando a sus huéspedes. El miedo corrió como la pólvora por toda la ciudad y la cantidad de huéspedes bajó de forma alarmante. A pesar de todo,el hotel conseguía mantener sus puertas abiertas. El perfil del cliente bajó, y se aceptaba cualquier huésped que pudiese pagar su estancia.

Theo era la dueña y al mismo tiempo recepcionista del Stanley. Rubia, ojos azules, delgada y de piel muy blanca. Había luchado mucho por mantener el hotel a flote y no estaba dispuesta a rendirse. Fue capaz de adaptarse a las circunstancias y de renunciar a una vida acomodada por el mantenimiento del negocio familiar. Cuando escuchó la campanita sonar, dejó el libro que estaba leyendo y dedicó la mejor de sus sonrisas a sus nuevos clientes.

Theo: Bienvenidos al hotel Stanley.
Grace: Gracias.


Grace, Jonathan y la pequeña Mina observaron la recepción. Les pareció limpia y elegante. Grace era una mujer muy bella, aunque sus ojos transmitían una profunda y desgarrada tristeza. De pelo castaño y largo, ojos marrones y de piel blanca. Vestía con un vestido blanco que se ajustaba a su espléndida figura. Mina tenía los mismos rasgos que su madre. Era una niña alegre e inteligente. Vestía de blanco, al igual que sus padres. Jonathan era un hombre elegante, de pelo negro, barba, gafas y delgado.

Jonathan: No está mal, querida. Pasaremos aquí la noche. Estoy agotado y deseo descansar.
Grace: Sí, a mi también me vale.

Mina observaba la recepción con fascinación. Parecía un lugar misterioso y eso le llamaba profundamente la atención.


Theo: ¿Desean alguna habitación? Nuestras suites están disponibles y son muy confortables. Tenemos servicio de habitaciones y nuestra carta es muy extensa con manjares exquisitos.

No deseaba perder nuevos clientes, así que intentaba por todos los medios que se quedasen.


La pequeña Mina vio a un hombre gordo, con un largo bigote y muy elegante junto a un niño de pelo oscuro y muy guapo. Estaban sentados en recepción y en seguida se sintió atraída por aquel niño desconocido. 


Se acercó hasta él y le saludó de una forma muy animada.

Mina: Hola, me llamo Mina. ¿Cómo te llamas?

El niño giró la cara y miró a su padre ignorando por completo a la pobre Mina. Se indignó al momento y en seguida lo odió. Había sido amable y él la había tratado muy mal.

Mina: Idiota.


Tras insultarle, volvió junto a sus padres.

Mina: Mamá, ese niño es un maleducado.
Theo: ¿Me podría facilitar su nombre, caballero?
Jonathan: Jonathan Harker.


Grace: Que sean dos habitaciones. Una para nosotros y otra para Mina.
Jonathan: ¿¡Dos!? Con una tenemos suficiente.
Grace: Mina es mayor y tiene que dormir en su propia habitación.
Jonathan: Grace, no deberíamos tirar el dinero de esa forma...deberías entenderlo de una vez por todas.
Grace: Estamos hablando de nuestra pequeña y sus necesidades.


Jonathan: Está bien, que sean dos habitaciones.
Mina: ¡Yupiiii! ¡Una habitación para mi sola!

Mina saltaba feliz. Después del disgusto con el niño maleducado, aquello le había devuelto la ilusión.


Theo llamó a un hombre que acudió al instante.

Theo: Edward, lleva a nuestros nuevos huéspedes a las habitaciones 1408 y 666.
Edward: Sí señora.

Era un hombre mayor, prácticamente calvo. Vestía completamente de negro. Agarró las llaves y se dirigió a los nuevos clientes.

Edward: Edward Myers, para servirles. Por favor, sean tan amables de seguirme. 


Edward llevaba consigo un candelabro con tres velas. Comenzó a caminar y se metió por un pasillo. Ellos lo siguieron de cerca. 


Antes de marcharse con sus padres, Mina se detuvo un momento para mirar de nuevo al niño maleducado. Le sacó la lengua y luego le insultó.

Mina: Tonto.


Caminaron por varios pasillos en los que habían muchas puertas enumeradas. 

Grace: Es un hotel muy grande.
Edward: Así es, señora.
Jonathan: Aquí es fácil perderse.
Edward: No se preocupen, disponen de mi ayuda para moverse por el hotel. Es por aquí, síganme.


Mina sentía que alguien la estaba mirando. Se giró y vio a una niña rubia observándole en el marco de una puerta. La quiso saludar pero desapareció y no le dio tiempo.


Edward: Esta es la 1408. 

Llegaron a la puerta de una de las habitaciones. Mientras Edward introducía la llave en la herradura, Mina notó una presencia. 


Asustada, se giró para comprobar si había alguien tras ella. No veía a nadie, pero estaba segura de que los estaban siguiendo.


Un hombre alto, fornido y con rostro poco amigable apareció caminando hacia ellos. Su sombrero de copa era viejo y su ropa había conocido mejores tiempos. La limpieza no parecía una de sus virtudes. Mina se asustó tanto que salió corriendo junto a sus padres.



Edward se giró al escuchar ruidos. Vio al hombre y se disculpó con ellos, pues quería hablar con él.

Se acercó al hombre, que lo miraba serio.

Edward: Michael, no deberías estar aquí. ¿Quieres espantar a todos los huéspedes? ¿Ya has deshollinado todas las chimeneas? Te dije que debías hacerlo en todas las habitaciones.
Michael: Me faltan unas cuantas. Tenemos un pequeño problema en una de ellas...
Edward: Regresa a tu alcoba cuanto antes. Luego iré a verte y te ayudaré a resolver el problema.
Edward: De acuerdo.

Edward miró a Grace dedicándole una mirada lasciva. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Aquel hombre le repugnaba.


Finalmente entraron en la habitación. Mina saltaba feliz por todo el cuarto. Era una habitación preciosa, con una lujosa cama presidiendo la estancia. 

Mina: ¡Me encanta, mamá!
Grace: Es perfecta para mi niña.
Edward: ¿Y bien? 
Jonathan: Nos alojaremos en la 666. 
Edward: Como deseen...
Jonathan: Vamos, querida.


Se disponían a marcharse, pero Grace se dio la vuelta.

Grace: Mina, disfruta de esta habitación.
Mina: Lo haré, mamá.
Grace: Buenas noches, Mina.
Mina: Buenas noches, mamá.


Mina se sintió triste. Aunque deseaba dormir en aquella maravillosa habitación, separarse de sus padres le dolió. No soportaba estar lejos de ellos. Aunque su padre era un hombre serio, que pocas veces le sonreía, sabía que la quería mucho. Recordaba aquellas tardes de juegos que pasaban juntos y sentía que quería volver a ser más pequeña para que le dedicase más tiempo. Ya no jugaba con ella y siempre estaba fuera de casa. Su madre sin embargo siempre le sonreía y la trataba con mucho amor.


Una vez sola en su habitación, se animó. Debía aprovecharse de aquella situación y disfrutar. Se sentía una princesa en su palacio.

Mina: Eso es lo que soy, una princesa. No dejaré que un niño maleducado me arruine la noche. ¡Esta es mi habitación!


Se tumbó en la cama. Descubrió que era muy confortable y que allí podría dormir mejor que en su propia casa. Llevaba tiempo sin poder dormir y aquella cama era su billete al mundo de los sueños. Se imaginó que era una princesa a la que todo el mundo quería y respetaba.

Mina: Mina, la princesa más bella del Playmundo y la más buena.


Jugó un rato hasta que la llama de la vela se apagó. Estaba dispuesta a dormir cuando algo la sobresaltó. No estaba sola en la habitación. Se esforzó en mirar en la oscuridad, pero no conseguía ver nada sospechoso.

Mina: ¿Hay alguien ahí? ¡Voy armada!

Mentía, pero esperaba que aquello que estuviese oculto en la oscuridad se marchase asustado.


Regan: Soy Regan McNeil, a su servicio princesa Mina.
Mina: ¡Eres la niña de antes!
Regan: Sí, la misma. ¿Te llamas Mina?
Mina: Ese es mi nombre. No soy princesa...
Regan: Lo sé, pero te he visto jugar y me ha parecido divertido. A mi también me gustaría ser una princesa.
Mina: ¿Que haces en mi habitación?
Regan: Quería conocerte y...necesito tu ayuda. Siento no haberte saludado antes. ¿Quieres ser mi amiga?
Mina: ¡Sí! No tengo amigos...Excepto a mi madre, que es mi mejor amiga pero...es mi madre.
Regan: Claro, ella no puede jugar contigo. Yo no sé dónde está mi madre...Hace mucho que no la veo.
Mina: ¿Cómo has entrado? La puerta está cerrada...


Regan: Este hotel tiene muchos pasadizos secretos. Me puedo desplazar a mi antojo sin ser descubierta.
Mina: ¡Eso es la repera! Oye, ¿y para que necesitas mi ayuda?
Regan: Un niño está en apuros y necesita nuestra ayuda. Además, es muy guapo. Moreno, con unos ojos...
Mina: ¡Lo he visto! No pienso ayudarle en nada. Le saludé en recepción y me giró la cara. Es tonto, maleducado y muy idiota.


Regan: Entiendo que estés molesta, pero si no actuamos morirá.
Mina: ¿Morirá? Es una broma, ¿verdad?
Regan: ¡No estoy bromeando! Esto es muy serio. Un hombre malvado lo matará si no le ayudamos...
Mina: Puedo buscar a mis padres y que llamen a la policía...
Regan: No puedes meterlos en esto. Además, no hay tiempo para eso...debemos actuar cuanto antes.


Regan fue hasta un sofá y lo corrió a un lado. Escondido tras él, había una pequeña compuerta.

Regan: ¿Me ayudarás? Ahora somos amigas y las amigas se ayudan cuando lo necesitan. Ven, iremos por los pasadizos secretos.
Mina: Vale, te ayudaré...pero tengo que regresar pronto a la habitación. Mis padres se podrían preocupar.
Regan: No se preocuparán, te lo prometo.


Regan desapareció tras esa compuerta oculta. En el interior de aquel pasadizo estaba muy oscuro. Un viento helado salía de su interior produciendo un ruido siniestro y escalofriante.

Mina: Tengo miedo...
Regan: No temas, recuerda que eres un princesa.
Mina: No soy ninguna princesa...


Una vez en el interior, caminaron lentamente. A veces entraba luz por algunas grietas que daban a otras estancias ocultas. Podían escuchar voces procedentes de las habitaciones por las que pasaba aquel pasadizo oculto. Había mucho polvo, bichos y telarañas.


Un ruido cercano alertó a Mina, que se agarró a Regan asustada.

Mina: ¿Eso que es?
Regan: Es un ratón, no temas.
Mina: Quiero regresar a mi habitación...
Regan: No tengas miedo, Mina. 


Se vieron invadidas por telarañas y Mina gritaba de asco y miedo. Una araña de grandes proporciones parecía dispuesta a defender su territorio. Mina gritó al verla y se sacudió la telaraña de la ropa lo más rápido que pudo.


Cuando ya pensaba que no podría ocurrir nada más horrible que aquello, una rata enorme pasó justo a su lado.

Mina: ¡Una rata! ¡Socorro!
Regan: Tranquila...da miedo, pero no nos hará ningún daño.


Mina: Deseo volver a mi habitación, Regan...
Regan: Mira, ya se va. Venga, debemos seguir adelante.


Llegaron al final del pasillo. A simple vista no parecía haber salida, pero Regan tocó una palanca y la pared se movió.


Empujaron un armario y salieron a la cocina. No había nadie y todo estaba en orden. Mina sintió un gran alivio cuando salieron del pasadizo. Estaba harta de bichos y suciedad.

Mina: ¿Dónde estamos?
Regan: Es la puerta secreta de la cocina. Ahora tenemos que buscar otro pasadizo secreto.
Mina: ¿Otro? No me gustan esos pasadizos...
Regan: Debemos ser valientes. Si nos rendimos, el niño morirá.
Mina: Está bien...Mira, manzanas...hace tanto que no como manzanas. 
Regan: Y yo.


Llegaron a una salita de estar. Regan le pidió silencio a Mina y se acercó a hurtadillas hasta el umbral de una puerta. Asomó la cabeza con sigilo para comprobar que estuviesen solas.

Regan: ¡Oh, no!


La cara de Regan era de puro terror. Miró a su amiga nerviosa y la agarró de los hombros.

Regan: Está ahí.
Mina: ¿El niño en peligro?
Regan: No, Hugh Crain.
Mina: ¿Quién es ese?
Regan: El espíritu de un hombre malvado. Es un asesino despiadado que mató a muchas personas...
Mina: ¿¡Un espíritu!? No...no qui-iero se-seguir jugando. Me da mu-mucho miedo...
Regan: Pasaremos sin que nos vea. Debemos ser muy sigilosas.
Mina: Tengo miedo...
Regan: No podemos rendirnos ahora, estamos muy cerca de salvar al niño.


Regan pasó a gatas hasta llegar a una mesa en el centro de la sala. Se escondió allí y le indicó a Mina que hiciese lo mismo. Mina negó con la cabeza pero Regan le insistió.

Regan: Vamos...no es tan difícil. No tengas miedo...


Se armó de valor y entró en aquella sala. No pudo evitar mirar al espíritu maligno. Su aspecto era terrorífico. Sus ojos estaban inyectados en sangre. Sus dientes podridos y su piel putrefacta. Pelo gris y muy alto.Vestía con ropa vieja, que en otros tiempos habría sido elegante. Se quedó totalmente paralizada. El miedo más profundo invadió cada uno de sus músculos. Hugh Crain la vio. Hasta ese momento había estado quieto, con la mirada perdida en un rincón de la sala. Movía los labios murmurando algo imperceptible. Mina lo perturbó y reaccionó al momento.


Hugh Crain: ¡Túuu, maldita mocosa! ¡Te atormentaré durante el resto de la eternidad!
Regan: ¡Mina, muévete! ¡Nos ha visto!
Mina: No...no pu-puedo moverme...


Hugh Crain: ¡Esa maldita escapó con vida! ¡Necesito saciar mi sed de venganza!
Regan: ¡Mina! ¡Correeee!
Mina: So-socorro...


El espíritu maligno saltó con gran facilidad desde su esquina hasta colocarse sobre la mesa. Sonreía mostrando su oscura y retorcida boca. Era el rostro de la maldad.

Hugh Crain: ¡Sufriréis conmigo por toda la eternidad!
Regan: ¡Corre, Mina!


Continuará...