lunes, 9 de diciembre de 2013

El camping: Capítulo 4 - La escapada

Cuando Pinhead y Fune entraron al camerino, Mirelli se les echó encima. Estaba rabioso y muy enfadado. Ya había recibido dos llamadas de dos directivos y organizadores muy importantes del evento quejándose de la actuación de Pinhead y Fune.

Mirelli: ¡Me habéis dejado en ridículo! Desgraciados, ¡me habéis engañado! Por vuestra culpa mi profesionalidad está en duda, ¡no quiero volveros a veros nunca más!
Jason: ¡Ey, tío! Te pueden gustar más o menos, pero han salido al escenario y lo han hecho lo mejor que han podido. Merecen un respeto, aunque no te gusten.



Cuando la gran Carmen Clickores y su marido Rojillo entraron al camerino, dejaron de discutir. La cantante, famosa en todo el Playmundo había llegado para actuar a continuación.

Mirelli: ¡Carmen Clickores! Disculpe el alboroto, estaba discutiendo asuntos profesionales con mis artistas.
Carmen: No se preocupen, sigan a lo suyo. Cariño, voy a salir. Dame la estampita de la Virgen de la Clackarena, sin ella no salgo nunca al escenario.


Carmen se había traído a su guitarrista y una vocalista que tocaba la pandereta y hacía los coros. Cuando Carmen salió al escenario, la indignación que había sentido el público a causa de la actuación de Fune y Pinhead se desvaneció.

Carmen: Es un placer estar esta noche con todos ustedes. Espero que disfruten con mi arte y consiga hacerles pasar un rato agradable. Comenzaré con mi nuevo éxito, “clavelito olvidado” de mi último álbum “Pasión por la copla”. Va por ustedes.

Carmen:

Ese clavelitoooo, triste y solitariooooo.
Solitario y tristeeeee, está el clavelitoooo.
Sus pétalos caen marchitadooooos,
Marchitados caen sus pétaloooos.
Ese clavelitoooo que rechazaste en mis manooooos,
Olvidado y desgraciado se marchita en el suelooooo.



Mientras en el camerino, los ánimos se estaban caldeando…

Ashley: ¿Cómo que no vamos a cobrar?
Jason: ¡Eso no es lo que usted dijo!
Pinhead: ¡Quiero mi pasta!
Mirelli: ¡Haya paz, chicos! He tenido que invertir dinero para promocionaros y que podáis actuar esta noche aquí, así que por el momento no cobraréis, ¡para recoger hay que sembrar!
Ashley: ¡Pero tenemos que pagar nuestras facturas! Usted prometió que nos pagarían muy bien, ¡esas fueron sus palabras!
Fune: ¡Quiero mi dinero! Si no nos paga pienso deleitar a ese público con un asesinato en directo.




Pinhead estaba furioso. La gente los habían maltratado y abucheado. El sobre esfuerzo que hizo para subir al escenario y pasar tanta vergüenza no podía quedar en nada. Se merecía ese dinero, ¡él no tenía la culpa de que a la gente no le gustase su voz! Dominado por la ira, arremetió contra Mirelli. Le empujó de tal forma que cayó de espaldas en el escenario. Carmen Clickores gritó sorprendida y el público observó atónito la escena.

Pinhead: ¡Quiero mi dinero, sabandija!
Carmen: ¡Ahhh! ¡Socorro!
Mirelli: ¡Ahhhhhhh!


Mirelli: ¡Que alguien me ayude!
Pinhead: ¡Quiero mi dinero!
Carmen: ¡Seguridad!


Público: ¡Peleaaa! ¡Bueee!
Mirelli: ¡Mi nariz! ¡Me la has roto!
Pinhead: ¡No será lo único que te rompa si no nos pagas!


Fune: ¡Eh tú!
Justin: ¿Hablas conmigo?
Fune: ¡No me gusta tu cara! ¡Odio las caras de los niños pijos! ¡Toma esto!

Fune le propinó un puñetazo y Justin gritó asustado.

Justin: ¡Ayyy! ¡Mi delicado rostro! ¡Te caerá una buena denuncia!
Fune: Pero mientras me lo pasaré de muerte contigo.


Loreto: ¿Te crees mejor que yo? ¡Te odio! ¡No eres más que una mojigata! 
Ashley: ¿¡Que haces!?
Loreto: ¡Quiero que dejes el grupo!
Ashley: ¡Estás loca!

Loreto le tiraba del pelo y le arañaba. Ashley intentaba protegerse lo mejor que podía. Estaba tan sorprendida que no sabía como reaccionar.


El escenario se convirtió en un ring. Todos se golpeaban. Mirelli se estaba llevando una buena paliza por parte de Pinhead. Jason protegía a Minerva de la locura desatada. Carmen pedía auxilio y su marido acudió en su ayuda.

Rojillo: ¡Ya voy mi amor!
Carmen: ¡Socorro!
Mirelli: ¡Os pagaré, os pagaré! ¡No me pegues más!



De pronto, la policía entró en el recinto. John y Rose, dos agentes de policía que iban tras el rastro de Pinhead y Fune, corrían dirección al escenario.

John: ¡Alto, policía!
Pinhead: ¡La pasma! ¡Es ese poli tan pesado!
Rose: ¡Pongan las manos en alto!
Fune: ¡Maldita sea!


Pinhead: Ey tú, Jason. Toma, esta es vuestra parte de la pasta. Esa sabandija al final nos ha dado el dinero. Encárgate de repartir el resto con los demás.
Jason: Gracias, colega.
Pinhead: Hago esto por ti, por habernos defendido antes.


Jason: ¿Os persigue la pasma?
Pinhead: Sí, no sé cómo conseguiremos escapar de esta...
Jason: No sé por qué os buscan, pero me caéis bien. Tomad, son las llaves de mi coche. Es uno rojo aparcado ahí fuera. 
Pinhead: Gracias...
Jason: Venga, ¡no perdáis más tiempo!
Fune: Esto no lo olvidaremos nunca, amigo.


Fune y Pinhead salieron corriendo. Gracias a Jason tenían una posibilidad de escapar.

Fune: ¿A dónde vamos?
Pinhead: Vamos al camping, nos llevaremos una caravana. Necesitamos tener un lugar dónde dormir. Robaremos en la tienda del pringao ese, así tendremos provisiones para un tiempo.
Fune: ¡Vale!


Cuando llegaron al camping, encontraron la tienda cerrada. Forzaron la puerta con facilidad y entraron en su interior. Encontraron todo tipo de alimentos y muchos de ellos no perecederos. 



Pinhead: ¡En la caja hay pasta! Docientos cleuros, ¡estamos de suerte!
Fune: ¡Ahora a por provisiones!

Cargaron el coche con latas de sardinas, mermeladas, batidos, chocolatinas, embutidos, bebidas y frutas.



Fune se puso al volante y acercó el coche de Jason hasta la caravana que habían alquilado a Jade. Ximena, Meygan y Valeria intentaban razonar con ellos.

Pinhead: ¡Más, un poquito más! ¡Perfecto!
Ximena: ¿Que hacen?


Valeria: ¡Están robando! Esta caravana es de Jade. Está destrozando las plantas, ¡deténgase ahora mismo!
Pinhead: ¡Piérdete!
Valeria: ¡Son unos ladrones!


Valeria intentó reducir a Pinhead. Le agarró fuertemente para movilizar lo. 

Pinhead: ¡Déjame en paz!
Ximena: ¡Ahhhh! ¡Haga algo señor Agripino!
Meygan: ¡He llamado a la policía!
Valeria: ¡No te irás de rositas!


De pronto, Ximena pegó un grito de terror. Fune le puso un cuchillo en el cuello y amenazó con hacerle daño si no los dejaban marchar. Valeria levantó las manos en señal de rendición.

Ximena: ¡Buaaaaaa!
Fune: Si hace un movimiento en falso, me la cargo.
Valeria: Está bien, por favor...no le hagáis daño.
Pinhead: Ella se vendrá con nosotros.
Valeria: ¡No! Por favor, dejaremos que os vayáis pero dejad libre a Ximena....
Fune: Es nuestro seguro de vida, guapa.
Valeria: ¡Llevarme a mi!
Pinhead: No, tú eres más inteligente y podrías intentar detenernos.


Cuando arrancaron el coche, Ximena asomó la cabeza por una de las ventanillas traseras. Valeria corría tras ellos llorando, pero no consiguió darles alcance.

Ximena: ¡Valeriaaa! ¡No quiero ir con ellos! ¡Socorro!
Valeria: ¡Ximenaaaaaa!


La policía llegó al camping. Acordonaron la zona y tomaron declaración a todos los testigos. Valeria  estaba muy nerviosa. Meygan le agarraba la mano para intentar tranquilizarla. 

John: No se preocupe, encontraremos a su amiga.
Valeria: No es mi amiga, ¡es mi novia!
Meygan: Discúlpela, señor agente. Está muy afectada...
John: No hay nada que disculpar. Comprendo su situación, pero debe tranquilizarse. Solo intento ayudarle. 



Valeria: Por favor, encuentre a Ximena. Ella lo es todo para mi. La amo y si  le ocurriese algo...no podría seguir viviendo...
Meygan: Vamos Val, no te pongas en lo peor.
John: Atraparé a esos dos delincuentes aunque sea lo último que haga. No se preocupe, encontraremos a su novia.


Rose: ¿Le prestó su coche a dos delincuentes? ¿Sabe que eso es un delito?
Jason: ¿Delincuentes? No lo sabía. Eran compañeros de profesión, no imaginaba que fuesen delincuentes.
Rose: No juegue conmigo, me está mintiendo.
Jason: ¿Eso cree? Siento que tenga ese concepto sobre mí...usted me parece una gran profesional, la agente de policía más sexy que he visto en toda mi vida.
Rose: ...



Mirelli: ¡Ese salvaje me a destrozado la cara! Me duele todo el cuerpo, ¡quiero que lo encuentren!
Agente: Señor,tranquilícese. Limítese a responder a mis preguntas. ¿Representaba a esos dos delincuentes?
Mirelli: ¡Eso que importa!
Carla: Mira que se lo advertí. Primero tenía que escucharles actuar antes de contratar...
Mirelli: ¡Fue idea tuya! ¡Tú me los presentaste!
Agente: ¡Haga el favor de responder! Si sigue gritando de esa forma tendremos que seguir esta conversación en comisaría. Dígame, ¿es cierto que se negaba a pagar a sus representados? Todos han declarado que les pretendía timar. Usted ya ha estado en la cárcel por ese mismo delito...
Mirelli: ¡Mentira! ¡Eso es mentira!



Jade: Ay...mi espalda...¿Cuando llega esa ambulancia?
Agente: En cualquier momento, intente relajarse.
Jade: ¿Relajarme? ¡Me he pasado un día atrapada en un volcán! Una lunática me empujó dentro y gracias que caí sobre unas ramas lo estoy contando. ¡¡Encima me robaron mis joyas y mi caravana!!


Murfi: Injustisia, mucha. Man robao en mi tienda, ¡to mi género! ¡Otro negosio se va a la ruina! ¡Toy ya hasta las narises!


A las horas, encontraron a Ximena en un parque. Estaba balanceando a Don Agripino en un columpio mientras se comía un bocadillo de sardinas. Declaró a los agentes que la abandonaron allí pero que le dejaron que se preparara un bocadillo de sardinas, ya que tenía mucha hambre y era la hora de cenar. Dijo que no le hicieron ningún daño y que aunque pasó miedo, al dejarle en un parque, se lo pasó bien paseándose en los columpios con su oso de peluche. Desde hace ya dos semanas nada se sabe de Pinhead y Fune. Sospechan que se encuentran escondidos en algún bosque. La policía sigue su rastro y asegura que pronto darán con ellos.

FIN

domingo, 8 de diciembre de 2013

Mi nueva amiga: 2 ª Parte

Sineád entró en casa con timidez. Me hacía gracia que fuese tan cortada como yo. Bajo la luz de las bombillas me parecía todavía más pálida. Cuando entramos al comedor, todos se la quedaron mirando. Diamante la miró de arriba a bajo.

Diamante: ¿Quién es, Sus?
Sus: Es Sinéad. Nos hemos encontrado en el rellano. La señora Hermenegilda no la dejaba en paz. Me ha acompañado a comprar churros.
Wen: Pobre. La señora Hermenegilda habla demasiado.
Sus: Sinéad te presento a Wen, mi hermano; a Diamante, mi marido; Duclack, mi mejor amiga; y Vicrogo, mi mejor amigo. Por muy poquito no conoces a Mary, otra de mis mejores amigas.
Sinéad: Encantada de conoceros. 
Diamante: Para nosotros también es un placer.
Wen: Sí, estamos encantados de conocerte.



Sus: Sinéad se ha trasladado a vivir aquí. Es la causante del alboroto y los ruidos que llevamos escuchando hace horas.
Diamante: ¡Los nuevos vecinos! Es extraño que trasladéis las cosas por la noche.
Wen: ¿Por qué hacéis la mudanza por la noche? 
Sinéad: Por el día nos ha sido totalmente imposible.
Vicrogo: Podríais habernos pedido ayuda. Solemos pasar aquí mucho tiempo.
Sinéad: Eres muy amable, pero tampoco fue tan costoso.
Duclack: Pues seguro que nos veremos muchas veces. Es estupendo que hayáis trasladado aquí. 


Sinéad: Nosotros estamos entusiasmados.
Diamante: Toma asiento, Sinéad. ¿Cuantos años tienes?
Sinéad: Pues...tengo veintidós años.
Vicrogo: Tu voz hace creer que eres más joven.
Sinéad: ¿De veras? Gracias, nunca me lo habían dicho. Ese árbol de Navidad es precioso.
Diamante: Gracias. Hoy mismo lo hemos colocado.
Sus: ¡Uy, los churros! Se enfriarán. Ahora vuelvo. 


Me caía bien Sinéad. Deseaba saber más cosas sobre ella, pero suponía que tendría tiempo para hablar con ella y conocerla mejor. Saqué mi gran olla azul y preparé chocolate caliente. El dulce olor a chocolate invadió la cocina. Sinéad parecía estar muy delgada. La invitaría a una buena taza de chocolate con churros.  Pensé en la pareja de Sinéad, ¿sería su novio o su marido? ¿Sería tan pálido como ella? Me asusté a mi misma con esos pensamientos, ¡me estaba pareciendo a la señora Hermenegilda! Dejé de preguntarme cosas inmediatamente. Mientras se calentaba el chocolate fui a ponerme algo más cómodo.


Cuando el chocolate estuvo listo, preparé una taza para cada uno y salí con una bandeja. Sinéad parecía estar cómoda hablando con los demás.

Sus: He hecho chocolate, por eso he tardado más.

Todos miraron la taza de chocolate con ojos ansiosos. Vicrogo se relamió los labios, Wen sonrió, Diamante abrió los ojos como platos y Duclack se levantó para ayudarme con la bandeja.  Sin embargo, a Sinéad no apreció entusiasmarle la idea. Me sentí un poco mal. A lo mejor le daba vergüenza comer con gente que no conocía de nada o el chocolate no le gustaba...me arrepentí por no haberle preguntado antes.


Sinéad: Te lo agradezco muchísimo Sus, pero no me gusta el chocolate...
Vicrogo: ¡No te gusta el chocolate! ¿Cómo es posible que no te guste el chocolate?
Sinéad: No lo sé...soy bastante delicada con las comidas.
Vicrogo: No te preocupes, me lo comeré yo. Aquí no se desaprovecha la comida. 
Duclack: Es cierto.

Todos nos sentamos alrededor de la mesa. Aunque Sinéad tomó asiento con nosotros, solo miraba.

Sus: Lo siento, debería haberte preguntado antes...


Sinéad: No pasa nada. 
Wen: Mi hermana se parece cada día más a nuestra madre. Nos hace comer queramos o no.
Sus: Yo no me parezco a mamá.
Vicrogo: ¡Oh! Estos churros están de vicio. Sus, felicidades por el chocolate.
Sus: ¿Os gusta?
Vicrogo: ¿Se puede repetir?
Duclack: Esa es una buena respuesta a tu pregunta. Que rico. Lo que se está perdiendo Mary.
Sus: Con lo que le gusta a ella el chocolate.


Wen: Pues aquí viviréis muy bien, ya lo verás.
Sinéad: Nos gusta mucho esta zona. Yo soy más de vivir rodeada de naturaleza, pero mi pareja deseaba cambiar. 
Diamante: Lo bueno de esta zona es los numerosos parques y que el bosque no queda muy lejos. Además, las vistas son preciosas.
Sinéad: Es cierto.


Me di cuenta que Sinéad miraba el chocolate como si se tratase de veneno. Me sentía tan mal, la pobre odiaba el chocolate; estaba muy claro. 


Vicrogo: Sinéad, al menos cómete un churro.
Sinéad: Tampoco me gustan...
Vicrogo: ¡Increíble!


Llamaron a la puerta. Pensé en que podría ser Mary, Lilu y su primo. Fui a abrir la puerta y me encontré a la señora Hermenegilda. Llevaba una bandeja con dulces. Sus famosas rosquillas de anís no podían faltar, ¡las odiaba! Siempre se las terminaba dando a los pájaros...se me ponían duras como piedras.

Hermenegilda: Sabía que estabais reunidos. No me preguntes cómo. Ya sabes que yo lo sé todo. Traigo rosquillas y dulces de anís. Me han dicho que el anís es bueno para la circulación.
Sus: ¡Oh, gracias! No tendría que haberse molestado...
Hermenegilda: ¿Molestia? Si cocinar me relaja. Hago tanta comida que luego no sé que hacer con ella.

Sin pedir permiso se metió en mi casa. Aunque no era mala mujer, era muy pesada.


Me dio la bandeja y se sentó a la mesa, en mi silla. Me quedé de pie como una tonta sin saber muy bien que hacer. Todos la saludaron al verla entrar. Sinéad puso cara de terror. 

Hermenegilda: Mirad, os he traído rosquillas. Las he hecho yo. Mañana os traeré cocido. No sé si toca...creo que no, toca garbanzos con cordero. Igualmente os traeré una gran olla para que vuestros hijos Dantesco y Susela coman también.
Sus: Se llaman Dante y Suselle. Todavía son muy pequeños para comer eso pero se lo agradezco.
Hermenegilda: ¿Cómo crees que estoy tan fuerte? ¡Desde bien pequeña mis padres (Dios los tenga en su gloria) me dieron bien de comer! ¡Anda! Enciende la estufa, que hace frío. Una ya no está para estos trotes.


Wen: ¿Quieres rosquillas , Sinéad?
Sinéad: No gracias, no me gustan. 
Vicrogo: Pero, ¿a ti que te gusta comer, chiquilla?
Sinéad: Pues...



Hermenegilda: Le gustarán los cocidos que hago yo. 
Sinéad: No señora, no como carne.
Sus: ¿Eres vegetariana? ¡Que bien! Conozco muchas recetas riquísimas. Si quieres un día te invito a comer.
Sinéad: Muchas gracias, pero será mejor que me marche. Se me ha hecho muy tarde y Eros estará preocupado por mí...
Vicrogo: ¿Eros? Que nombre tan mitológico.
Duclack: Me encanta ese nombre.
Sinéad: No es su verdadero nombre, pero no quiere que se lo revele a nadie...es tan especial..
Wen: Se nota que estás muy enamorada. Te brillan los ojos cuando hablas de él.
Sinéad: Sí, es cierto.


Hermenegilda: ¡Que suerte tienes chiquilla! A una ya ni la miran.
Sinéad: Estoy segura de que muchos se detendrán a a mirarla.
Vicrogo: Que pena que tengas que marcharte. Tu compañía nos resulta muy grata.
Sinéad: Nos veremos pronto. Además, me gustaría invitaros una tarde a casa.
Hermenegilda: ¿A mí también?
Sinéad: Sí puede...
Hermenegilda: Gracias, mañana si puedo. Llevaré torrijas y pudin.
Sinéad: Mañana os espero a las siete de la tarde en mi casa. Vivo en el décimo primera. Hasta mañana.


Wen acompañó a Sinéad a la puerta. Me dio la sensación de que podrían ser buenos amigos. 

Wen: Ha sido un placer conocerte, Sinéad.
Sinéad: Para mi también.
Wen: Es una pena que se apunte la pesada de Hermenegilda...
Sinéad: Otro día os invitaré sin que ella se entere.
Hermenegilda: ¡Os estoy escuchando! Otra cosa no, pero el oído lo tengo muy fino.
Wen: Por eso lo decíamos, para gastarle una broma...
Hermenegilda: Lo sé, si soy el alma de este edificio.
Sinéad: Hasta mañana, Wen.




Cuando todos se fueron, Diamante y yo nos disponíamos a acostarnos. Fui a ver cómo estaban los niños. Los dos dormían profundamente, al igual que Pandy. 


El viento azotaba las ventanas con fuerza. Los árboles y los toldos de los edificios se movían  y los papeles y hojas en la calle danzaban al compás que el viento imponía.

Diamante: Vamos Sus, ven ya a la cama. Hoy hace un frío que congela la sangre.


Mientras preparaba mi lado de la cama, le pregunté a Diamante que le parecía la nueva vecina.

Diamante: Parece simpática. Es extremadamente pálida, ¿te has dado cuenta?
Sus: Sí, comparada con nosotros...que tenemos esta piel morena. A mi me cae bien. Es tímida. Siento que la he puesto en un compromiso con el chocolate y los churros...


Diamante: Suponías que le gustaría. El chocolate y los churros, la carne y las rosquillas...por el momento sabemos que todo eso no le gusta.
Sus: Es delicada con la comida. Está delgada, pero es muy guapa. ¿Has visto que ojazos tiene? Y ese pelo...parece una chica de una película de esas fantásticas, con seres mágicos.
Diamante: Y su forma de vestir. Es muy elegante.
Sus: Siento curiosidad, ¿cómo será su casa? ¿Que nos preparará para cenar?


Diamante: Seguro que algo muy rico.
Sus: Que frío tengo...
Diamante: ¿Tienes frío?
Sus: A ver si entro en calor.
Diamante: Deja que me ocupe de eso...
Sus: ¡Diamante! ¡Jajajajaja!



Dos días después...

La cena en casa de Sinéad y Eros fue un tanto especial. A los pobres se les quemó la comida y tras un accidente (a Sinéad se le cayó al suelo la cena), fueron a comprar comida al MC Donalds. Pensaron en mi y me trajeron patatas y ensalda. Aunque pueda parecer un desastre, no fue así.  La comida estaba riquísima y juntos todo sabía mejor. Fueron unos buenos anfitriones, muy amables y atentos. Aunque la señora Hermenegilda cocinó al ver el desastre que habían causado en la cocina, nos dimos por satisfechos con la comida del MC Donalds. La casa de Sinéad y Eros era preciosa. Además, los adornos y el árbol de Navidad eran espectaculares. Lo único que empañó la noche fueron los comentarios y preguntas fuera de lugar de la señora Hermenegilda. 

Aquella tare/noche me encontraba limpiando la casa. Había pasado el día en la tienda y aproveché que no estaba Diamante para poner orden en casa. Quitaba el polvo escuchando música en mi móvil iphone. Al ritmo de la música quitaba el polvo con energía y buen humor. Pandy jugaba con su ovillo preferido de lana en su cesta y los niños dormían en su cunita. Diamante se había ido con Wen y Duque con el barco a pasar unos días en alta mar.

Sus: Clickas del amoooor, 
sentimientos apasionados del corazóooon, 
Sensaciones al descubierto por amoooor,
clickas del amooor,
clickas del amoooor.



Llamaron al timbre y fui a abrir. Esperaba encontrarme con Duclack, pero en su lugar apareció Sinéad. Me alegré al verla. 

Sinéad: Hola Sus, ¿cómo estás? ¿Es mal momento?
Sus: Hola, Sinéad. No lo es, pasa. Estaba terminando de limpiar.


Cuando entró, vio a Pandy y se le iluminaron los ojos.

Sus: No conoces a Pandy. Es uno más de la familia. Pandy, ella es Sinéad.
Pandy: ####### (¡Te conozco! Eres la vampiresa de aquel castillo...)
Sinéad: Hola Pandy, es un placer conocerte.
Pandy: ######## (Me salvaste cuando estaba perdido por tu castillo...tenía miedo y me protegiste)


Sinéad cogió en brazos a Pandy y se sentó con él junto a la chimenea. Le daba su ovillo y Pandy lo mordía juguetón. Sinéad se reía al verle mover las patitas y morder el ovillo.

Sinéad: Es precioso.
Sus: Parece que le has caído muy bien.
Sinéad: Él también me cae bien. Seremos grandes amigos, ¿verdad, Pandy?



Me senté a su lado. Pareciá estar encantada con Pandy y viceversa.

Sinéad: Sus, el motivo de mi visita es para pedirte disculpas por la cena del otro día. Siento que todo saliese de esa forma...fue un auténtico desastre. No os merecíais esa comida tan...simple.
Sus: ¡Sinéad! No debes disculparte por nada. Es más, valoramos mucho el esfuerzo y empeño que pusisteis en la preparación de la cena y en ir a buscar comida al MC Donalds como último recurso. Además, nos habéis abierto las puertas de vuestra casa con todo el cariño. No fue ningún desastre para nosotros, estuvimos muy a gusto.
Sinéad: Eres muy amable, pero no era precisamente esa la cena que tenía en mente...pero es un alivio saber que no fue incómodo y desagradable para vosotros.



Había quedado con Duclack para ir con los niños al centro comercial a ver a Papa Noel. Llegó en esos momentos. Por su ropa supe que había venido en moto. Estaba radiante y se la veía feliz.

Duclack: ¡Sinéad! No he tenido oportunidad de agradecerte que nos invitaseis a cenar en vuestra casa. Tienes un piso precioso, con una decoración de ensueño.
Sinéad: Gracias, Duclack.
Sus: Además, Eros es muy guapo. Hacéis una pareja perfecta.
Sinéad: Gracias...por favor, cambiemos de tema que en seguida me ruborizo. 
Sus: No te preocupes, cambiamos de tema. Ven, te voy a presentar a mis dos corazones.


Duclack: Por cierto, te voy a proponer una cosa. A ver que te parece.
Sinéad: ¿El qué?
Duclack: Ahora te lo digo.


Fuimos a mi dormitorio y le presenté a Sinéad a Dante y Suselle. Los miró con ternura y al sonreír, le vi los colmillos. Me sorprendió que fuesen tan largos. No quise darle más importancia.


Sinéad: Son dos niños muy hermosos, dos angelitos. Tienen rasgos de los padres.Que tiernos se ven durmiendo.
Duclack: Podría estar horas mirando como duermen.
Sus: Sí, es mi hobby preferido.


Duclack: Sinéad, ¿tienes algún plan para fin de año?
Sinéad: Pues...no.
Duclack: Vamos a ir todos a una fiesta espectacular que van a montar en un hotel, ¿te apuntas?
Sinéad: Es que yo no soy mucho de ir a ese tipo de acontecimientos ni de fiestas. Prefiero la tranquilidad de casa o pasear entre los árboles.
Duclack: Será una ocasión especial, ¡anímate! Yo tampoco soy de ir a fiestas, pero estaremos todos y los pasaremos muy bien.
Sinéad: ¿En un hotel?
Sus: Sí. Mi abuelo es propietario de una cadena de hoteles en Wensuland. 
Sinéad: ¿Tu abuelo me podría aconsejar para abrir un hotel? Es que estoy barajando la posibilidad de montar uno. Me parece un negocio interesante pero no sé muy bien a quién preguntar.
Sus: ¡Sí! Mi abuelo te podría aconsejar e incluso ayudar a con el negocio.
Sinéad: Bueno...viniendo de vosotras no puedo declinar la invitación.
Duclack: ¡Genial! ¡Lo pasaremos muy bien!
Sus: ¡Será estupendo!
Dante: ¡Buaaaaaaaaaaaaaaaa!
Suselle: ¿Eh? ¡Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!



Continuará...