lunes, 14 de marzo de 2022

Las Navidades pasadas - Capítulo 02: Padre al rescate

Capítulo 02

Padre al rescate 

Sus y Diamante tenían por costumbre ver una película por las tardes, antes de cenar. Solían verla en la habitación del piano, dónde Suselle lo tocaba varias veces por semana. Allí tenían una enorme televisión de las más modernas y un cómodo sofá azul. Además, era la habitación preferida de Diamante. Allí guardaba sus tesoros, veía la tele y se  reunía con sus amigos. Bosco jugaba en su parque de juegos, vigilado por sus padres. 


Sus: Esta persecución en coche es eterna, Diamante.

Diamante: Mola muchísimo, está muy emocionante.

Sus: Es que todavía no se han parado a hablar.

Diamante: Quién quiere hablar cuando puedes conducir un coche así.

Sus: Todavía no entiendo la razón por la que le están persiguiendo.

Diamante: Luego se sabrá.

Sus: Pues como sigan así, terminará la película y no nos enteraremos.


Diamante: Esta película me la recomendó Dante, que la fue a ver al cine con sus amigos.
Sus: Sí, me encaja que le guste. La próxima la elijo yo...


Agatha entró en la habitación con el teléfono fijo de la casa.

Agatha: Siento interrumpir, pero tienes una llamada.
Sus: ¿Quién es?


Agatha: Es Duclack, parece preocupada.
Sus: Gracias, Agatha.
Agatha: Voy a seguir con la cena.


Sus puso el altavoz para que Diamante pudiese participar en la conversación.

Sus: Hola, Duclack. He puesto el altavoz para que Diamante pueda escuchar. 
Duclack: Hola, chicos.
Sus: ¿Qué ocurre? ¿Va todo bien?
Duclack: La verdad es que no. Tengo el clickvirus.
Sus: ¿¡Qué!? ¿Estás bien?
Duclack: No muy bien, pero sobreviviré. De momento, Pradito y Sebastián están bien, pero tienen que hacer cuarentena.
Sus: Lo siento, debe ser horrible.
Diamante: ¿Hay algo que podamos hacer por ti?
Sus: Sí, cualquier cosa.
Duclack: Lo cierto es que sí. Ya no puedo ir a la reunión pirata que se celebra en isla Tortuga, y me gustaría que Diamante fuese en mi lugar. El problema es que quizás no puedas celebrar las navidades en casa.


Diamante aceptó ayudar a su capitana de buena gana. Era una reunión muy importante. Le acompañarían todos sus compañeros pirata. Sería complicado volver para Navidad, así que se despidió sabiendo que no podría estar con su familia.

Diamante: Siento tener que irme así, de repente.
Sus: Lo entiendo. Te echaremos de menos. Las Navidades sin ti no serán igual.
Dante: ¿No podemos ir contigo?
Diamante: Isla Tortuga no es lugar para niños.
Suselle: Ten mucho cuidado, papá.


Diamante: No estés triste, Sus.
Sus: No puedo evitarlo. Mi abuelo enfermo, Duclack con el virus, mi hermano aislado por la nieve junto a Estrella y ahora tú te marchas.
Diamante: Este año todo es diferente. No debes preocuparte. Ya lo celebraremos cuando vuelva.
Sus: Vale, haremos algo cuando vuelvas. Te quiero.
Diamante: Y yo a ti.


Diamante abrazó a Sus y a los niños. Bosco se agarró a la pierna de su padre.

Diamante: Cuidad de vuestra madre.
Dante: Descuida, papá.


Duque se despidió de Sus. Todos los piratas habían acudido para recoger a Diamante e irse juntos para el puerto.

Duque: Puedes estar tranquila, yo cuidaré de Diamante. Volveremos lo antes posible.
Sus: Gracias, Duque. Cuidaros mucho. Isla Tortuga es un lugar peligroso.
Duque: Estaremos bien.


Al día siguiente...

Fui se llevaba a Pinky y los pequeños a China. Pinky deseaba presentar a su familia a los pandas y de paso, estar un tiempo con ellos. Echaba en falta a su familia y amigos. Pandy entendió que quisiera marcharse y aunque los echaría de menos, no quería dejar sola a Sus. 

Fui: Es hora de irnos.
Pinky: ##### (Pandy...).
Pandy: ##### (Pinky, mi amor...).


Sus: ¿Cuánto tiempo pasaréis en China?
Fui: Pensamos pasar allí una buena temporada. Tranquila, haremos vídeollamadas para que se puedan ver.
Sus: Es una gran idea.


Pandy: ######## (Os echaré de menos. Siento no poder ir con vosotros...).
Pinky: #### (Entiendo que no quieras dejar sola a Sus, no te preocupes. Oh, Pandy. Espero que puedas venir algún día. Mi hogar es maravilloso. Vivimos muchísimos osos panda junto a otros animales. Te gustaría vivir allí).
Pandy: #### (Estoy seguro. Por favor, no os olvidéis de mi).
Pinky: ##### (Eso es imposible. No te olvidaremos).


Lui: Vamos, Pinky. ¡Hasta pronto!
Sus: ¡Hasta pronto!
Pinky: #### (¡Te quiero, Pandy!).
Pandy: ##### (¡Y yo a ti!).


Cuando la puerta se cerró, Pandy se puso a llorar desconsoladamente. Sus lo acariciaba con lágrimas en los ojos. Le dolía en el alma ver a su amigo así.

Pandy:#### (¡Los echaré mucho de menos!).


Sus: Pandy, debes ir con ellos.
Pandy: ### (Sus...no puedo dejarte).
Sus: Ellos son tu familia. Yo también lo soy, pero ahora tienes una responsabilidad con esos pequeños y con Pinky. Debes ir dónde estén ellos. No te preocupes por mi, estaré bien. Si aquello te gusta mucho, no te preocupes, iré a verte siempre que pueda. Anda, debes irte con ellos.


Pandy lamió la cara de Sus y corrió a la puerta. El corazón de Sus se rompió en mil pedazos cuando Pandy salió por la puerta.


De pronto, Pandy se dio la vuelta y se quedó mirando a Sus. Los dos se dijeron muchas cosas con la mirada. Jamás se rompería el vínculo que los unía.

Sus: Hasta pronto, mi pequeño Pandy.
Pandy: ##### (Hasta pronto, Sus).


Pandy subió al coche junto a sus hijos y Pinky. Se armó un revuelo de alegría. Las crías saltaban sobre su padre y Fui no podía parar de reír de felicidad. Vio a Sus en la puerta y con un gesto, le hizo ver que todo estaría bien. Sus cerró la puerta y se quebró en un llanto.


Después de cenar, Sus se sentó en el sofá del comedor para leer. Se puso cerca de la chimenea, para entrar en calor. Intentaba concentrarse y leer, pero no podía dejar de pensar en todos los problemas que le atormentaban. La enfermedad de su abuelo le preocupaba muchísimo. Su madre y su tía no se separaban de él. Ambas habían decidido no celebrar las navidades ese año y centrarse en él. Duclack estaba enferma, por suerte Pradito y Sebastián no, pero eso podía cambiar en cualquier momento. A pesar de que su estado no era preocupante, era consciente de lo mal que lo estaba pasando. Ese año, no podrían estar juntas en Navidad. 


Pandy se había marchado, quizás para no volver más. Aunque sabía que era lo correcto, le dolía en el alma estar separada de él. Diamante lejos, en su viaje a isla tortuga. Necesitaba abrazarlo y sentir su piel. Wen y Estrella atrapados en la nieve, en la casa de las montañas. Estaban bien, pero celebrarían las fiestas solos, junto a Briana. Por último estaban Agnes y Lúa. Habían quedado en que pasarían unos días cerca, para estar juntos. Suselle estaba entusiasmada por volver a ver a Agnes, pero al final tampoco pudieron ir. Al menos, tenía a sus hijos. Suselle, Dante y Bosco pasarían las Navidades con ella. A pesar de todo, haría todo lo posible para que los pasasen en grande.


Mientras Sus pensaba en todo eso, mirando el libro que no leía, los niños escribían postales navideñas.

Suselle: He terminado la postal para Pradito. Ahora me pongo con la de Agnes.
Dante: Yo le estoy haciendo un dibujo a Willy. Seguro que flipará cuando lo vea.
Bosco: ¡Gaga!
Dante: Bosco, estás manchando el cuento de babas.
Bosco: ¡Gaaaa!


Suselle: Da igual, es su libro. ¿Verdad, Bosco?
Bosco: ¡Mío! ¡Ga!
Dante: Lo está arrugando.
Suselle: Es que se emociona al ver los dibujos.
Bosco: ¡GaaaaAAAAaaaaAAAA!


Sus: Bosco, no es necesario que grites tanto.
Dante: Me va a dejar sordo el enano.
Suselle: Cuando sea mayor, será cantante.
Sus: Sí, de ópera. 
Agatha: Sus, yo me marcho ya. He dejado en la nevera la comida para mañana.


Sus la acompañó a la puerta. Agatha se marchaba unos días para pasar las fiestas junto a su hermana.

Agatha: No me siento bien dejándote así.
Sus: Estoy bien, de verdad. Te mereces descansar. Es Navidad y tienes que estar junto a tu hermana.
Agatha: ¿Prometes llamarme si ocurre cualquier cosa?
Sus: Lo haré.


Agatha: Todo saldrá bien, no te preocupes. Intenta pasar unas buenas Navidades. 
Sus: Lo intentaré.
Agatha: Antes de irme...me he tomado la libertad de llamar a tu padre.
Sus: ¿A mi padre?
Agatha: Quería asegurarme de que se pasaría a visitaros y comprobar que estáis bien.
Sus: Agatha, no era necesario.
Agatha: Yo creo que sí. Me preocupo por ti y por los niños.


Se abrió la puerta de la calle y entró su padre.

Ben: ¡Tachán!
Sus: ¡Papá! ¿Qué haces aquí?
Ben: Padre al rescate. No pienso permitir que pases las fiestas sola.


Ben abrazó a su hija y esta sonrió feliz.

Sus: Papá, no quiero estropear tus planes. Quizás tengas cosas que hacer junto a Pam.
Ben: Por eso me la he traído conmigo. Pasaremos las fiestas aquí, con vosotros.
Sus: ¿Cómo?


Pam: ¡Ey, Sus! ¡Feliz Navidad! No sabes lo que me mola tu choza.
Sus: Hola...
Pam: ¡Lo vamos a pasar en grande!
Ben: Estoy seguro de ello.
Pam: ¿Dónde están los pequeñajos?
Sus: En el comedor...


Ben: ¿Dónde están mis nietos?
Dante: ¡Abuelo!
Suselle: ¡Has venido! ¡Hola Pam!
Ben: Vamos a pasar las Navidades juntos.
Dante: ¡Yupiii!
Pam: Va a ser la caña. Ostras, cómo molan esos dibujos. Sois unos artistas.
Ben: ¡Mi pequeño Bosco! ¡Ven con tu abuelo!
Bosco: ¡Abuuuuu!


Continuará

miércoles, 2 de marzo de 2022

Las Navidades pasadas - Capítulo 01: Una mala noticia

Capítulo 01

Una mala noticia

Ernesto disfrutaba de una tarde de lectura en su alcoba. Le gustaba elegir un libro de su biblioteca personal y pasar la tarde leyendo. Era su lugar preferido de la casa. Sentado en su silla de ruedas en un ambiente relajado y escuchando su radio favorita de música clásica. 



Ismelda interrumpió la lectura de Ernesto para despedirse. Por ese día, había terminado su jornada laboral. Se llevaban muy bien, ella era para Ernesto una más de la familia.


Cuando Ismelda se marchó, volvió a sumergirse en la lectura. Aquella novela le estaba entusiasmando. Un militar que volvía de la guerra con un montón de traumas encima, debía adaptarse a la vida rural de su pueblo natal. La chica a la que amaba le había esperado pacientemente pero antes de su llegada, sus padres la obligaron a casarse con un millonario afincado en el pueblo.

Ernesto: Abandona a ese cretino y vuelve con él, es un héroe.  


De pronto, se sintió indispuesto. Un extraño dolor recorrió su cuerpo. No supo determinar de dónde procedía. Se tocó la frente para comprobar si tenía fiebre, pero no supo detectarla. Movió la silla y se dispuso a salir de su alcoba. Pediría ayuda de inmediato. Debía ir al médico. El dolor iba en aumento.


Una punzada de dolor le atravesó la cabeza. Gritó sorprendido y se cayó de la silla al suelo. El suelo estaba enmoquetado, por lo que no se hizo daño al caer. Se tocó la cabeza y se mordió la lengua para intentar aguantar mejor el dolor. Por suerte, quedó inconsciente segundos después.


Pasada media hora, Ann le llevaba a Ernesto su té negro. Lo acompañaba con unas galletas de chocolate que preparaba ella misma. Llamó a la puerta, pero no recibió respuesta. Insistió varias veces hasta que decidió abrirla sin permiso.


Gritó asustada cuando se encontró a Ernesto en el suelo. Se le cayó la bandeja al suelo y corrió a socorrerlo sin pensárselo dos veces.

Ann: ¡Don Ernesto! ¡Don Ernesto!


Ernesto estuvo ingresado un mes en el hospital. Los doctores recomendaron ingresarlo en una residencia, para que profesionales lo pudiesen atender las 24 horas. Wenda se negó en rotundo. Su padre debía volver a casa, con los suyos. Una vez estuvo de vuelta en casa, la doctora de la familia se reunió con sus hijas y su mujer. Ya tenía los resultados de la pruebas que le habían hecho y no eran precisamente muy esperanzadoras. El lugar elegido para la reunión fue el comedor de la mansión. Ricardo y Chidi asistieron para dar apoyo a sus parejas.

Sonia: Siento ser portadora de malas noticias. Los resultados no son buenos y a Ernesto no le queda mucho tiempo de vida.
Susanne: No es posible...
Sonia: Lo siento.
Susanne: ¿No hay nada que podamos hacer?
Wenda: Sí, algún tratamiento experimental.
Sonia: No, lo siento. Hemos encontrado la medicación que le controlará la enfermedad y por lo tanto, le proporcionará una mejor calidad de vida el tiempo que viva.


Leandra: ¿Cuánto tiempo le queda?
Sonia: No lo sé con seguridad. Es posible que con el tratamiento pueda vivir más tiempo, pero no creo que supere el año.
Susanne: Un año...


Wenda: ¿Y si buscamos ayuda en algún hospital extranjero? Me han dicho que en el Hospital de Housclick tienen tratamientos muy innovadores. 
Sonia: Le voy a ser sincera. No deberían marear tanto a su padre. Cuanto más le molesten, más sufrirá. Esos tratamientos son muy caros y en la situación actual de Ernesto, dudo que sirvan de mucho. Quizás tras gastar muchísimo dinero y a base de cansar a su padre, consigan que sobreviva algunas semanas más, pero no sé si esas semanas merecerán realmente la pena. Mi consejo es que disfruten al máximo el tiempo de vida que le quede, sin marearle y exponerle a tratamientos dolorosos. Es una opinión, ustedes deben hacer lo que consideren más oportuno.


Aquellas palabras habían destrozado a todos los presentes. La angustia se apoderó de ellos. 

Susanne: Siempre pensé que sería yo la primera en marcharse...

Susanne lloraba desolada. Amaba a su marido, a pesar del tiempo que estuvieron separados.


Ricardo: ¿Quieres que mande preparar una tila?
Leandra: No, gracias. Creo que prefiero un whisky con hielo. 
Ricardo: Yo mismo te lo prepararé. Amor, superaremos esto juntos.
Leandra: Debemos decírselo a las niñas. Con lo que quieren a su abuelo...


Wenda lloraba en el hombro de Chidi. Él le acariciaba el pelo y le besaba la cabeza con lágrimas en los ojos. No soportaba ver llorar a Wenda de esa forma.

Chidi: Lo siento, mi amor.
Wenda: No quiero que mi padre se muera, Chidi. No quiero perderle...
Chidi: Lo sé. Ahora está aquí, con nosotros. Debemos ser fuertes por él.
Wenda: No sé cómo...


Wenda se llevó a Chidi a la primera planta de la mansión. Allí estaba el despacho en el que su abuelo se reunía con personajes importantes e influyentes. Disponía de chimenea, así que Chidi la encendió. Se sentaron en un sofá y Wenda lloró durante un rato mientras Chidi le agarraba la mano.

Chidi: Me gusta esta sala. Es acogedora. 
Wenda: Tengo tantos recuerdos vividos aquí junto a mi padre. De pequeña, le traía cada sábado un dibujo a este despacho. Él lo colgaba en la pared y se quedaba ahí durante toda la semana. Lo llamaba, el dibujo de la semana. Para mi era un orgullo ver mis dibujos decorando este despacho tan importante para mi padre.


Chidi: Estáis muy unidos.

Wenda se levantó y se acercó a la chimenea. Miraba fijamente las llamas.

Wenda: No puedo imaginar mi vida sin él.


Ernesto debía permanecer en cama un tiempo, al menos hasta que consiguiese mejorar un poco su movilidad. Sus  dos hijas y su mujer fueron a verle a su alcoba.

Wenda: Hola, papá. ¿Cómo te encuentras?
Ernesto: Estoy perfectamente. No entiendo que tenga que estar en cama.
Leandra: Es por tu bien, papá. Pronto podrás salir a pasear.
Ernesto: Eso espero. Tengo cosas importantes que debo hacer.
Susanne: Todo eso puede esperar. No te quejes que estás muy bien atendido.


Ernesto: Venga, ayúdame a levantarme.
Wenda: Papá, debes estar en cama. Deja que nosotras nos ocupemos de todo.
Ernesto: Lo siento, es que me desespero.
Leandra: Un poco de paciencia. Pronto estarás bien.


Los nietos de Ernesto también le visitaron. Wen, Sus, Lilu, Lulú y Willy.

Ernesto: Tiene uno que ponerse malo para ver a todos sus nietos juntos.
Sus: Abuelo, ¿estás bien?
Ernesto: Pues claro que sí, pequeña. No debéis preocuparos por mi.
Wen: Queremos que te recuperes, abuelo. Sabes lo mucho que te queremos.
Lilu: Abu, vendremos a verte todos los días.
Willy: Te pondrás bien.
Ernesto: Tengo unos nietos maravillosos.


Sus abrazó a Ernesto con lágrimas en los ojos.

Ernesto: Pero bueno, no os quiero ver llorar. ¡Estoy bien! Venga, tenéis que salir por ahí y seguir con vuestras vidas. Vuestro abuelo está viejo, pero todavía tiene cuerda para rato.


Sus se marchó a su cuarto de soltera. Se tumbó en la cama y abrazó a uno de sus viejos peluches. Vivir aquello le parecía una pesadilla. No sabía cómo afrontar una situación así.


Suselle: ¿Mami?
Sus: Oh, hola Suselle. Estaba descansando en mi cama de soltera.
Suselle: Tu cuarto es precioso, mamá.
Sus: Ven, siéntate en la cama conmigo.


Se sentó junto a su madre. Sus le agarró la mano y le sonrió, aunque no podía disimular su tristeza.

Suselle: ¿Estás triste?
Sus: Sí, un poquito. 
Suselle: ¿Es por el abuelo? Se pondrá bien, mamá. Dice papá que es muy fuerte.
Sus: Sí, papá tiene razón. Ahora necesita nuestro cariño para que se recupere cuanto antes.


Diamante: ¡Estáis aquí! Os estábamos buscando.
Dante: ¿Reunión de chicas?
Bosco: ¡Hola!
Sus: ¡Mi bebé! Venid aquí.


Diamante se sentó en una silla frente al tocador. Miró la decoración de la habitación de Sus. El azul en toda su gama de variedades dominaba el color del cuarto.

Diamante: Siempre te gustó el azul, cariño.
Sus: En especial el azul marino. Mi color preferido desde niña.
Suselle: El mío es el azul celeste.
Dante: Pues a mi me gusta el rojo.


Suselle: Mamá está triste.
Sus: Estoy bien, de verdad.
Dante: ¿El abuelo se pondrá bueno?
Suselle: ¡Pues claro!
Sus: Está muy enfermo, pero le ayudaremos a ponerse bien.


Diamante se sentó en la cama junto a su familia.

Diamante: El abuelo es un hombre muy fuerte. Cuando conocí a vuestra madre, me daba mucho miedo. Era conocido por su fuerte carácter. Siempre me ha parecido un click muy fuerte y valiente. Conseguirá recuperarse.


Mientras tanto, Wen estaba con Estrella y Briana en su habitación. Tocaba una canción con su pequeño piano. Briana miraba fascinada a su padre sentada sobre sus piernas. Estrella estaba junto a ellos, observando la escena con ternura. Cuando la canción terminó, Briana y Estrella aplaudieron. 

Estrella: Ha sido precioso.
Briana: ¡Bonito!
Wen: Me alegra que os haya gustado. Mi abuelo siempre me pedía que le tocase esta canción. Es su preferida.


Wen se tumbó en el suelo y resopló. No podía dejar de pensar en su abuelo. 

Estrella: No estás solo, Wen. Briana y yo estamos contigo. 
Wen: Si no fuese por vosotras, creo que me volvería loco.


Todos los amigos de Willy quisieron apoyarle en un momento tan duro de su vida. Se reunieron en una de las terrazas de la mansión. Renzo no se apartaba de Willy. Le tocaba el hombro y le daba la mano. Emma tampoco quería estar lejos de él. Llevaba todo el día a su lado, pendiente de lo que pudiese necesitar.

Willy: Os agradezco todo esto, chicos.
Emma: No tienes que agradecernos nada, Willy.
Renzo: Sabes que eres como un hermano para mi, y a un hermano no se le deja solo.
Kim: Para eso están los amigos.


Jorgito: Luego iremos al parque y así te distraes. Te enseñaré lo que soy capaz de hacer con el monopatín. He ensayado un nuevo movimiento que lo vas a flipar.


Azur: Qué bonitas las vistas de esta terraza.
Junior: Sí, esta casa es una pasada.
Azur: Creo que mi casa es más pequeña que esta terraza. Me da mucha pena Willy. Se nota que está muy unido a su abuelo.
Junior: Sí, lo quiere mucho. Yo no valgo para animar, me siento torpe y no sé lo que decir. Si hablo seguro que meto la pata.


Ariadna estaba apoyada en la pared, junto al fuego a tierra. Luna intentaba hablar con ella, pero en seguida se percató de que eran incompatibles. A pesar de ello, siguió hablando.

Luna: Sé lo que significa estar enfermo y también que los demás se preocupen por ti. Conozco poco a Willy y ya le tengo cariño. Espero que su abuelo se pueda recuperar pronto.
Ariadna: No entiendo tanto revuelo. 
Luna: ¿A qué te refieres?
Ariadna: Pues que su abuelo es muy mayor, ¿no? Los viejos se mueren, no van a vivir eternamente. Ya ha vivido su vida, no se puede quejar.


Luna la fulminó con la mirada y la dejó sola.

Ariadna: ¿Qué he dicho? Oye, que no digo que no me de pena, pero...así es la vida.


Emma: Willy, ¿te apetece salir? Yo creo que la idea de Jorgito es muy buena.
Kim: A mi también me parece buena idea. 
Willy: No estoy muy animado...


Renzo: ¿Piensas perderte el espectáculo que Jorgito nos tiene preparado?
Manolete: Yo he visto sus ensayos y es alucinante lo que hace con el monopatín.
Junior: Hace una pirueta en el aire que te mueres. Eh, quiero decir de morirse de lo bien que lo hace, pero no muerte de verdad, si no de...
Kim: Te hemos entendido, Junior.
Willy: Está bien, vamos.

Sus amigos habían conseguido sacarle una sonrisa. 


Duclack tampoco quiso dejar sola a su mejor amiga. Fue junto a Pradito y Sebastián a ver a Ernesto y animar a Sus y Wen. Se sentaron en el sofá, frente la chimenea.

Sus: Gracias por venir, Duclack.
Duclack: No pienso dejarte sola, Sus. Puedes contar conmigo para lo que sea. Debes pensar en positivo. Tu abuelo sigue vivo y parece fuerte. De momento, eso es lo que cuenta.


Sus: Tienes razón, tengo que pensar de esa forma. De nada sirve deprimirme y llorar por las esquinas.
Duclack: Tienes todo el derecho a hacerlo, pero no dejes que esa angustia te invada por completo.
Sus: Gracias, Duclack.


Continuará...