miércoles, 1 de abril de 2020

Estado de alarma - Capítulo 02: Profesores, Leticia, Nino y Merche

Estado de alarma

Capítulo 02

Profesores, Leticia, Nino y Merche


Evelino era un hombre solitario. Cuando se declaró el estado de alarma, al igual que todo el mundo, se tuvo que quedar en casa. Eso no le supuso un gran trauma, pues vivía solo en su casa (de propiedad), y no era dado a tener muchas relaciones sociales. Tenía un amigo con el que hablaba alguna vez por teléfono y poco más. Su madre era la persona con la que más contacto tenía, pero se veían muy poco. Profesor de matemáticas en un instituto, tampoco era el profesor más querido ni preferido de los alumnos. Le llamaban Don Pimpón y a él le molestaba profundamente, pero nada podía hacer para impedirlo. Sus compañeros le apreciaban, pues era un click responsable, siempre amable y atento. No era dado a tener largas conversaciones ni salía con sus compañeros por ahí (lo intentaba evitar a toca costa). Tenía manías y costumbres muy particulares que siempre sorprendía a los demás. A sus 47 años seguía soltero, pero enamorado.

El despertador del móvil lo despertó de un dulce sueño. Lo apagó y cerró los ojos con la esperanza de poder seguir soñando con ella. En su sueño, Irene y él estaban en una isla, desnudos en la orilla de la playa. Estaban solos y el agua no estaba fría. El sol calentaba sus cuerpos mientras daban vueltas entre besos y abrazos. Aunque lo intentó, ya había perdido la oportunidad de seguir soñando.

Don Pimpón: Maldición.

Irene era su compañera de trabajo. El primer día que la vio se enamoró de ella. Era encantadora, simpática, inteligente y muy bella. Nunca se había atrevido a declararle sus sentimientos, pues se creía un fracasado que no tenía ninguna oportunidad con ella. Además estaba ese tal Narciso. Un chico joven y guapo que estaba interesado en ella."Es el chico perfecto", le había escuchado decir a Irene. A ella también le gustan los pepinillos en la pizza, igual que a mi, se decía pensativo. Recordaba aquel día en la pizzería. Pensaba que estaba surgiendo algo especial entre ellos.


Se había quedado dormido con el portátil encendido y todos los apuntes del trabajo sobre la cama. Se sentó y miró a su alrededor.

Don Pimpón: Es hora de levantarte, Evelino. 

Miró el móvil. Tenía muchas llamadas perdidas de su madre. Con el estado de alarma, le llamaba constantemente. 


Se estiró y se quedó pensativo. "Es el chico perfecto". Esas palabras pronunciadas por Irene se le repetían una y otra vez. Se desconcentraba cuando estaba trabajando y se sorprendía muchas veces resoplando al recordad la frase.


Don Pimpón: Qué tonto he sido. No debería fijarme en otra chica nunca más. Me tengo que sacar la oposición, ese debe ser mi objetivo. Lo demás me tiene que dar igual.

Hizo la cama con tranquilidad. Es verdad que nadie vendría a verle, pero odiaba las camas deshechas. Además, le gustaba que no quedara arrugas en la cubierta ni descuadrada.

Don Pimpón: ¡Perfecta!


Fue hasta la cocina y abrió la nevera. Una cebolla y una botella de agua con gas era lo único que había en su interior. Pensó en alguna combinación de estos dos productos para hacer de comer, pero no encontró ninguna.

Don Pimpón: Tendré que salir a comprar.

No le gustaba salir a comprar. Cuando lo hacía, le descuadraba el horario de tareas que se había impuesto.


Rosquillas todavía le quedaban. Para él era sagrado. Un café largo americano y una rosquilla para desayunar. Luego al lavabo pasados cinco minutos y como nuevo. Se preparó el café y agarró una rosquilla.

Don Pimpón: Encenderé la televisión, a ver como va el tema del clickvirus.


Llegó al comedor y tomó asiento en su sillón preferido. Encendió la tele y dio su primer bocado a la rosquilla.

Don Pimpón: Deliciosa.

Primero el bocado a la rosquilla y luego, un sorbo de café. Seguía ese procedimiento hasta terminar por completo el desayuno. En la televisión salía una reportera muy conocida, Mercedes Clická. Evelino solía decir ante los demás que no sabía quién era y que él no seguía los programas basura que presentaba, pero había sido un gran fan de Gran Click Hermano. Mercedes estaba a pie de calle, con un micrófono en la mano. Llevaba una mascarilla que le tapaba la boca y la nariz.

Mercedes Clická: Seguimos en la calle, compañeros. Me encuentro en la calle Princesa Alexia. Estamos siendo testigos de un terrible suceso. Un ciudadano ha caído al suelo, por lo visto, enfermo del clickvirus. Como ya saben todos nuestros espectadores, este virus desmonta a los clicks y si no se coge a tiempo el desenlace puede ser mortal.
Don Pimpón: ¡Córchlis!


Mercedes Clická: En todos los años de profesión nunca había visto nada parecido. De momento, el gobierno mantiene el estado de alarma, pero no se descarta que se endurezcan más las medidas.
Don Pimpón: ¿¡Más!?


Mercedes Clická: Me debo a ustedes, queridos espectadores, por eso estoy aquí, al pie del cañón. La información es de vital importancia y yo pienso encargarme de que todos ustedes sepan lo que está ocurriendo. 


Mercedes Clická: Mientras tanto, los sanitarios están intentando recomponer a ese pobre click. He de decir que la ambulancia llegó al momento. Los vecinos de la zona llamaron a urgencias cuando se percataron de lo que estaba ocurriendo.


Mercedes clická: Vamos a preguntar a los pocos ciudadanos que salen a la calle. Queremos saber cómo están viviendo esta situación. ¡Allí hay un ciudadano paseando a su perro!


Mercedes Clická: Disculpe, ¿me permite un par de preguntas?
Nino: Claro, Merche.
Mercedes Clická: ¡Nino! Perdonen ustedes, pero es mi peluquero. ¡Ay, cuanto te echo de menos! Dime, ¿cómo estás llevando el confinamiento?
Nino: Lo mejor que puedo. Salgo para pasear a mi perrita y para hacer la compra semanal, pero el resto del tiempo lo paso en casa, como debe ser en una situación así.
Mercedes Clická: ¿Crees que esto afectará a tu negocio?
Nino: Indudablemente. Aunque me reinvento, Merche. Estoy haciendo directos para enseñar trucos de peluquería y por el momento, mi canal está siendo todo un éxito.


Mercedes Clická: Gracias, Nino. Los sanitarios se llevan al pobre click desmontado. Este clickvirus es terrible. Parece que se lo van a llevar desmontado en la camilla.


Don Pimpón: Un momento...esa que está ahí...¿Es Irene? ¡Es Irene! ¿Se encontrará bien?


El corazón le dio un vuelco. Irene estaba esperando poder pasar. La ambulancia le impedía el paso hasta su casa. Llevaba dos bolsas repletas de alimentos.


Se había dicho mil veces que debía olvidarse de ella, pero no era capaz. Verla ahí, en la calle, vulnerable ante un virus tan mortal, le hizo mandar esos pensamientos al infierno. Estaba en un grupo de profesores de whatsaclick, así que entró para encontrar su número de teléfono y llamarla cuanto antes. Cuando lo metieron en el grupo, dijo hola y desde entonces, no volvió a decir nada. No solía entrar y tenía configurado su móvil para que no se descargasen fotos ni vídeos de los grupos. Llamó a Irene, pero no cogía el teléfono.


Irene: Esto es terrible. Tengo que volver a casa cuanto antes.

Los sanitarios subían la camilla con el click desmontado en ella. No parecía que se fuese a recuperar fácilmente.


Duclack, Sebastián, Pradito y Tinger salieron al balcón cuando escucharon ruido. Al ver la escena, Duclack agarró a Pradito para que no pudiese ver nada.

Pradito: Ay, no me dejas ver.
Duclack: No quiero que veas estas cosas, cariño.
Sebastián: Sí, será mejor que entremos en casa. Es hora de hacer más tortitas.
Pradito: ¡Yupi!


La ambulancia se fue a toda velocidad calle abajo. Mercedes Clická seguía informando con su inseparable cámara, Paco. Llevaban ya varios años casados y tres hijos en común.


Irene llegó por fin a casa. Su compañera de trabajo y de piso la estaba esperando en la puerta del garaje. Irene era la encargada de ir a por la compra.

Olga: ¡Irene! ¡Has tardado mucho!
Irene: ¿Lo has visto?
Olga: Sí, terrible.


Irene: Salir es toda una odisea.
Olga: Pasa, que por ahí viene alguien.

En esos momentos pasaba Sabrina. Llevaba dos horas paseando a Elvis, su perro. Ella se pasaba el confinamiento por el arco del triunfo. 


Muy cerca vivía Leticia con su madre y su hermano, Bisbi. Se había asomado a la ventana para ver lo que estaba ocurriendo en la calle. No pudo evitar derramar unas lágrimas al ver a ese click desmontado en el suelo.

Leticia: Madre, esto es horrible...
Filomena: Haz el favor de cerrar la ventana. El virus puede entrar con el viento.
Leticia: Dicen que no se contagia de esa forma.
Filomena: Ay hija mía, sigues siendo muy inocente. Cierra de una vez, anda.


Leticia se sentó en el sofá junto a su madre. Filomena había prohibido encender la tele. Solamente podían escuchar la radio y ver películas en VHS.

Filomena: ¿Estás llorando?
Leticia: Sí. Ese pobre click, ahí en el suelo...me recuerda mucho a...
Filomena: No me hables otra vez de ese. Hace ya mucho que murió, hija mía. Tienes que aprender a pasar página.
Leticia: Es que murió así, en el suelo. Me salvó la vida, madre. Se llevó una bala que debería haber sido para mi.
Filomena: Eso antes de de secuestrarte, robar en casa de los señores, atacar a la policía, secuestrar una ambulancia...¡Menudo elemento era!
Leticia: Lo sé...
Filomena: Si no llega a ser por eso, todavía estaríamos trabajando para Sus y Diamante. Ahora ninguna de las dos tenemos trabajo y con esto que está ocurriendo, no parece que podamos acceder a ninguno en mucho tiempo. No tengo ni idea de cómo vamos a pagar las facturas este mes.


Leticia: Lo sé. No puedo evitar echarle de menos, madre. Ojalá pudiese olvidarle.
Filomena: Yo te ayudaré, hija. Ahora deja de pensar en cosas tristes y vamos a ver Titanic en VHS. Prepararé unas galletas e infusión. Dile a tu hermano que baje, que está arriba jugando.


Bisbi estaba asomado a la ventana.

Bisbi: Como pille al virus ese le voy a dar una patada que ni el Chino Juan. ¡Ven a por mi, virus! ¡No eres capaz de ir a por mi!
Leticia: Hermano, vamos a merendar y ver una peli. ¿Te apuntas?
Bisbi: ¿Qué peli?
Leticia: Titanic...
Bisbi: ¡Otra vez! Prefiero ver alguna del oeste.
Leticia: Vale, por mi no hay problema. Se lo diremos a mamá.


Una vez en el interior del garaje.

Olga: Te suena el móvil, Irene.
Irene: Lo sé, lleva un rato sonando. Luego lo miraré. Por cierto, no queda pasta ni click cola cero.
Olga: ¡No fastidies! La gente arrasa con todo...


Una vez desinfectada, Irene guardó la compra en la despensa y se fue a trabajar (a su cuarto). Tenía muchas cosas que hacer. Miles de tareas que organizar, corregir y mandar. Se estaba volviendo completamente loca. La forma de contactar con los alumnos era deficiente y a veces se convertía en toda una odisea entenderse con ellos. Le dolía la cabeza (más de una vez había llegado a pensar que estaba contagiada con el virus, pero era evidente que no se trataba de eso) de tanto mirar la pantalla del móvil y el ordenador.


Echaba de menos su vida. Su trabajo, por muy estresante que fuese en ocasiones, le encantaba. Adoraba salir con sus compañeros, pasear e ir a correr por la ciudad. Aunque sus alumnos a veces eran unos trastos, se preocupaba por ellos. Deseaba volver a la normalidad, no temer por su vida ni por la de los demás.

Irene: Este es el último que corrijo por hoy, no puedo más. A ver...este es de Jorgito. Pufff, menudo desastre. Como de costumbre, no se esfuerza. Este y Manolete están aflojando demasiado.


Olga: ¡Irene! ¿Que tal vas? ¿Todavía currando?
Irene: Sí, pero lo dejo ya.
Olga: Tienes cara de cansada. Te terminará doliendo la cabeza.
Irene: Ya me duele.
Olga: No me acordé de decirte que llamó Evelino preguntando por ti.
Irene: ¿Evelino?


Olga: Sí, estaba preocupado por ti. Te vio en la tele.
Irene: ¿En la tele? No entiendo.
Olga: Por lo visto has salido en directo en las noticias, cuando se estaban llevando a ese que estaba desmontado.
Irene: ¿En serio?
Olga: Dice que te ha llamado varias veces al móvil. "No deseo molestar", ha dicho con esa forma particular que tiene de hablar. Le he dicho que le llamarás.
Irene: Es un gesto muy bonito el que se haya preocupado por mi.


Olga: En vez de una llamada, que sea un skype.
Irene: No sé...
Olga: ¡Y hacéis cibersexo! 
Irene: ¡Jajajaja!
Olga: ¡Hablo en serio! Yo llevo toda la semana haciéndolo con ese que conocí en la disco. Tiene su morbo. Con mi novio también lo he hecho un par de veces y es muy divertido. Tienes que probarlo.
Irene: No pienso hacer eso ni loca, pero le llamaré por skype.
Olga: Está por tus huesos. 
Irene: Anda ya.
Olga: Bebe de tus manos. Eso lo noto yo. Ay, ¿sabes algo del floristo devora pasteles?
Irene: Sí, me llama todos los días y hablamos un rato. Es muy agradable.
Olga: Menudo éxito tienes, compañera.


Cuando Irene le comentó a Evelino de verse por skype, se puso muy nervioso.  Pensó que el mejor lugar para verse era la cocina. La luz parecía más adecuada. No le dio tiempo a vestirse del todo. Se puso su jersey favorito y su chaqueta, pero no pudo quitarse el pijama de la parte de abajo. Se peinó y se quedó de pie frente al ordenador, esperando la llamada. Cuando sonó, su corazón latió con mucha fuerza. Cogió aire y aceptó la llamada.

Don Pimpón: ¡Irene!
Irene: ¡Evelino! Vaya, qué bien te veo. Siempre vas impecable.
Don Pimpón: Sí, ya sabes, me gusta cuidarme. Te he visto en la televisión. (maldición, no le he dicho que ella también está impecable).
Irene: Eso me ha dicho Olga. Ha sido justo cuando he ido a hacer la compra. Es espantoso, lo de ese click desmontado.
Don Pimpón: Sí, una verdadera tragedia...¡Estás impecable! (Ay, no sé si era buen momento para decirlo).


Irene: Gracias, Evelino. 
Evelino: ¿Te encuentras bien?
Irene: Sí, perfectamente. Con miedo por lo que está pasando, pero bien. ¿Y tú?
Evelino: Bien. Aquí en casa, solo.
Irene: Siento que estés solo. Estaría bien poder vernos y que vengas a casa a comer pizza.
Evelino: Con pepinillo.
Irene: ¡Exacto!


Evelino: Estoy deseando repetir pizza contigo.
Irene: Lo haremos. En cuanto esto pase, repetimos. Aunque podríamos ir a tu casa, así me la enseñas.
Evelino: Eso estaría muy bien.
Irene: Te tomo la palabra.
Evelino:  ¿Que tal con Olga?
Irene: Muy bien. Con ella no me aburro. Me hace reír con sus locuras y no me siento sola. También me llaman muchos amigos y familiares. 
Evelino: A mi me llama mi madre. Es una mujer adorable y la quiero, pero se hace extremadamente pesada.
Irene: ¡Jajajaja! Las madres son así.


Evelino: El trabajo también se hace extremadamente pesado. Algunos alumnos han conseguido colmar mi paciencia. 
Irene: Es que es muy complejo trabajar en estas circunstancias. Huy, me llaman por teléfono. Un segundo...
Evelino: Descuida.
Irene: Hola, Narciso.
Evelino: ...
Irene: Sí, ahora estoy usando el skype con un compañero de trabajo pero en cuanto termine, te llamo.
Evelino: ...
Irene: Vale, hasta luego. Perdona, era un amigo.


Evelino: Veo que estás muy solicitada. 
Irene: Es Narciso, aquel chico que conocimos cuando le compramos flores a Rosarito.
Evelino: ¿Narciso? (Hazte un poco el tonto, Evelino). ¡Ah, ahora lo recuerdo! 
Irene: Ahora somos amigos. 
Evelino: Ya veo. Bueno, será mejor que te deje (no soporto que hablen todos los días... al final se acabará enamorando de él...). Me estoy saltando el horario que me he impuesto. Ahora debería estar corrigiendo trabajos.
Irene: Ah, vale...
Evelino: Me alegra saber que estás bien.
Irene: A mi también. Tenemos que hablar más veces, si te parece bien.
Evelino: (¡Sí, Sííííííííííííííííííííí!) Sí, estaría bien. ¿Te llamo mañana a la misma hora?
Irene: ¡Genial! Pues hasta mañana. ¡Adiós!
Evelino: ¡Adiós!

Lo de Narciso había sido todo un golpe. Sabía que la llamaba todos los días y que se estaba ganando su confianza. Aunque ella misma le había propuesto hablar más veces y no estaba dispuesto a dejar escapar esa oportunidad. "Quizás tenga una oportunidad con ella", pensó mientras apagaba el ordenador.


Continuará

viernes, 27 de marzo de 2020

Estado de alarma - Capítulo 01: Sus, Duclack y los niños

Estado de alarma

Capítulo 01

Sus, Duclack y los niños

Hasta que lo decretaron, Sus no sabía lo que significaba estado de alarma. En su vida había vivido una situación así. En un principio, cuando se empezaron a escuchar casos de Clickvirus en otros países, no creyó que la situación fuese a derivar en una pandemia. Llevaba dos semanas encerrada en casa, sin poder salir. Estaba embarazada y eso la convertía en click de factor en riesgo. Ágatha era la que salía a hacer la compra. 

Estaba tumbada en su cama, pensando. Había intentado dormir la siesta, pero no podía dejar de pensar. Estaba muy preocupada por sus padres, sus abuelos y la gente que quería. Sabía que todos estaban bien y que cumplían el confinamiento, pero eso no la tranquilizaba. Otra cosa que le preocupaba era dar a a luz en esos momentos. Los hospitales estaban colapsados y le aterrorizaba entrar en uno, contagiarse y dar a luz a un clickito en tremendas circunstancias. "Ahora mismo no quiero que salgas, pequeño", decía mientras se tocaba la barriga. "Espera un poco más, por favor". 


Ágatha llamó a la puerta y entró. Traía la merienda para Sus. La pandemia pilló a Ágatha en circunstancias personales un poco complicadas, por lo que Sus y Diamante le pidieron que se quedara con ellos en casa. Para Sus fue una bendición. En su estado y con los niños, los pandas y Diamante todo el día en casa, se habría vuelto loca.

Ágatha: Le traigo la merienda, señora.
Sus: Gracias, Ágatha.


Le puso sobre la cama la bandeja. Una taza de chocolate caliente y un muffin de mora y chocolate. Ágatha era una gran cocinera.

Sus: No tengo mucha hambre.
Ágatha: Si es su muffin preferido.
Sus: Lo sé, pero no tengo mucho apetito.


El delicioso olor de la muffin penetró en sus fosas nasales con suavidad. El apetito se le despertó al instante. 

Ágatha: ¿Quiere que me lo lleve?
Sus: No, me lo comeré.
Ágatha: Tiene que animarse, señora.Todo esto pasará.
Sus: Me cuesta ser positiva. El miedo me invade, Ágatha. Mis abuelos son muy mayores, y mi padres no son precisamente niños. Tampoco quiero dar a luz ahora...no quiero salir de casa y ni mucho menos ir a un hospital. No es buen momento para traer un clickito al mundo, no se lo merece.
Ágatha: Se preocupa demasiado, señora.
Sus: Ay, Ágatha, tienes que tutearme, te lo he dicho mil veces.
Ágatha: Lo siento...me cuesta.
Sus: Lo sé, no te preocupes. Mmmm, está delicioso. Ágatha, es una bendición tenerte en casa.
Ágatha: Soy afortunada. Me siento muy querida en esta casa y aquí me siento segura. 


Fue a llevarle la merienda a Diamante. Estaba viendo otro programa de coches. Estaban analizando los nuevos coches de gama alta que habían salido al mercado. Se encontraba en la habitación del piano, sentado ante la televisión en su sofá azul.


Ágatha le trajo su merienda. Una copa y una botella con el mejor ron (según Diamante).

Ágatha: Su merienda, señor.
Diamante: ¡Mi ron! Gracias, maja. ¿Hay cochinillo?
Ágatha: Sí, lo he metido al horno. En cuanto lo tenga listo, se lo subo.
Diamante: ¡Gracias!


Ágatha: Señor, me preocupa la señora.
Diamante: ¿Qué señora?
Ágatha: Su mujer, Sus.
Diamante: ¡Ahhh! ¿Le ocurre algo?
Ágatha: La encuentro con el ánimo muy bajo.
Diamante: ¿Sabes si le preocupa algo?


Ágatha: Es esto del clickvirus y el estado de alarma. No lo está llevando muy bien. He intentado animarla, pero no creo que lo haya conseguido. Quizás usted sepa la forma de hacerlo.
Diamante: Mi Sus. Yo también estoy agobiado de estar metido todo el día en casa. ¡Echo en falta salir a navegar! Ahora iré a verla. Gracias por tu preocupación.
Ágatha: Voy a ver como va el cochinillo.


Diamante fue a ver a Sus. Seguía tumbada sobre la cama. No quedaba ni rastro del muffin y el chocolate.

Diamante: Hola, cariño.
Sus: Hola.


Se sentó junto a ella. Sus lo miró. Se la veía muy preocupada.

Diamante: ¿Estás bien?
Sus: Estoy cansada de estar preocupada, Diamante. Tengo ganas de meter la cabeza bajo la almohada y dormir hasta que todo esto pase.
Diamante: Deja de preocuparte. Así no consigues nada. Todo va bien. Estamos todos a salvo en casa y el embarazo sigue su curso sin ningún problema. ¡Alegra esa cara!
Sus: Mi Diamante. Siempre consigues sacarme una sonrisa. Tienes razón.
Diamante: Siempre la tengo. Por algo soy el pirata más inteligente del mundo.


Sus se abrazó a Diamante. Siempre conseguía animarla. En eso, era un experto. Diamante es un pirata alegre y optimista.

Sus: Te quiero.
Diamante: Y yo a ti. Todo esto pasará. Ahora tenemos que ser fuertes y valientes. Deberías hablar con Duclack por Skype. A ver que tal lo está llevando ella.
Sus: ¡Síii! Hemos quedado en hablar dentro de un rato.


Diamante: Mientras tanto, os cantaré una canción pirata. A ti y al bebé.
Sus: ¡Oh! ¡Canta la del pirata de agua dulce! El bebé da pataditas cuando la cantas.


Suselle jugaba en su cuarto con sus juguetes. Tenía esparcidas por el suelo un montón de muñecas y complementos. La historia de amor entre el oso amoroso y la barbie veterinaria estaba dando mucho de si. Eran varias las muñecas que estaban en contra de su relación. Al final, la barbie se había marchado en su coche a un país muy lejano para evitar que hicieran daño al oso amoroso.


Suselle: ¡¡¡No te marches, barbie veterinaria!!!
¡¡Te quiero, pero nuestro amor es imposible!! ¡¡Muaaaa!!


Dante jugaba al Fortclicke en su ordenador. Jugaba con Karim, que también estaba conectado desde su casa.

Dante: ¡Construyo un puente aquí y subo hasta lo más alto! ¡Cuidado, Karim!
Karim: ¡Me han matado!
Dante: ¡Oh, no! ¡A mi también!


¡¡Danteeeeee!!

Dante: Alguien me llama desde la calle.
Karim: ¡Será el clickvirus que ya sabe hablar!
 ¡Jajajaja!
Dante: Creo que es Pradito. ¡Luego me conecto otra vez, tío!
Karim: ¡Vale, tío! ¡Hasta luego!


Dante salió al balcón y vio a Pradito asomada a una ventana de su casa.

Pradito: ¡Danteeee!


Dante: ¡¡Pradito!!
Pradito: ¡Holaaaa! ¿Qué haces?
Dante: Estaba jugando al Fortclicke.
Pradito: ¡Pasa de ese aburrimiento y conéctate por Skype! ¡Dile a Suselle que también se conecte!
Dante: ¡Vale, ahora se lo digo!


Pradito: ¡Dile que le tengo que pasar fotos de la historia que estamos haciendo!
Dante: ¡Valeee!


Pradito: ¡Yo me conecto ya!
Dante: ¡Vale, ahora nos conectamos nosotros!


Pradito: ¡Hasta ahora!
Dante: ¡Hasta ahora!


Dante corrió hasta la habitación de Suselle.

Suselle: Sin ella, me volveré a los bosques y viviré allí para siempre, rascándome la espalda en los árboles. ¡Oh, mundo cruel!
Dante: ¡Suselle!
Suselle: ¿Qué pasa?
Dante: Es Pradito. Ha dicho de conectarnos por Skype ahora.
Suselle: ¡Yupiii!


De esa forma, los tres podían estar en contacto sin necesidad de salir de casa. Pradito se sentó en su cama y encendió el ordenador portátil. 

Pradito: ¡Holaaa!
Suselle: ¡Pradito!¿Cómo estás? ¡Te tengo que contar! Al final el oso amoroso se va al bosque a rascarse la espalda contra los árboles y barbie veterinaria se ha ido con su coche.
Pradito: ¿¿Qué?? ¡Quiero que me lo cuentes todo! Mi barbie pirata ha escapado de los Mr Potatos y está buscando a tu barbie veterinaria.


Suselle: ¡Se podrían encontrar!
Pradito! ¡Síii! Y juntas podrían ir en busca del oso amoroso y del Ken rapero.
Suselle: ¡Vale! Podrían refugiarse los cuatro juntos en el bosque.


Dante: Y luego llega mi Pokémon y se los carga a todos.
Suselle: ¡Eso no vale!
Dante: Tiene que vengarse, por no invitarle a la boda de la princesa Disney y el Pinypon.
Pradito: Es que le rompió el corazón a Barbie futbolista. La dejó tirada en el altar y eso no se hace.
Dante: Mi pokémon prefiere a tu barbie pirata.
Pradito: Ella quiere a Ken rapero.


Suselle: ¿Cuando podremos jugar juntos? Te echo de menos, Pradito.
Pradito: Y yo a vosotros. Con mis padres me lo paso bien, siempre estamos haciendo cosas y no me aburro, pero os echo de menos.
Dante: Yo me agobio aquí todo el día. Tengo ganas de jugar al fútbol y salir por la calle. Aunque mola no ir al cole.
Suselle: Yo echo en falta ir al colegio. Me acuerdo mucho de todos los profes...
Pradito: Y yo.
Suselle: Ojalá pase pronto todo esto y podamos volver a las clases y salir a jugar.


Ágatha echaba de menos a su familia, en especial a su novio. Aunque le gustaba estar en casa de Sus y Diamante, preferiría estar junto a ellos. Vivían lejos, en un país muy golpeado por el clickvirus.


Se sentó un rato, para intentar reponerse. No quería llorar delante de los demás. Sabía del desánimo de Sus y no quería que se sintiese peor.

Ágatha: Torno presto con te. Quando tutto questo sarà finito, tornerò a casa. So che starai bene. Dio ti protegge.

Dijo en voz baja, pensando en su novio.


Diamante se asomó a la calle por la puerta principal. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando vio el panorama. No había un alma en la calle. Alguna paloma volando de un lado para otro, sorprendida ante tanta soledad.

Diamante: Esto da miedo.


Cerró la puerta sobrecogido. 

Diamante: ¿Y si está todo el mundo muerto y somos los únicos supervivientes? ¡Es horrible!


Se dirigió al comedor. Sus estaba frente al portátil. Se había sentado a la mesa del comedor.

Diamante: Sus, no hay un alma en la calle. Nunca había visto algo así.
Sus: Menos mal que la gente se está comportando. Todos deberíamos quedarnos en casa. ¿Te has enterado de lo de Sabrina? Alexia me ha dicho que la vio por la calle paseando al perro y que la policía la paró. Por lo visto llevaba un par de horas paseando. Es una descerebrada.
Diamante: No me sorprende. Sabrina nunca acata las normas.


Dante bajaba las escaleras a toda prisa.

Diamante: ¡Eh! ¿A dónde vas con esas prisas?
Dante: ¡Hay una pelea de gatos en la calle!
Diamante: ¿Y? Sabes que no puedes salir.
Dante: Pero puedo mirar por la ventana.


Dante se asomó por una de las ventanas. Dos gatos estaban enzarzados en una pelea brutal.

Dante: ¡Pelea, pelea!


Diamante: No te asomes tanto que como salten, te arañarán la cara.
Dante: ¡Menuda pelea, papá! ¡Qué pena no tener el móvil!


Sus: ¡¡Dante!! ¡¡Cierra la ventana!!
Dante: Estoy mirando, nada más.
Sus: ¡He dicho que la cierres!


Sus fue como una loca a cerrarla.

Dante: Mamá, pero si no pasa nada.
Sus: ¡Me da miedo! Te asomas por las ventanas de arriba o por el balcón.
Dante: ¡Pero si no pasa nada! 
Sus: ¡A callar! He dicho que no te asomas y punto.


Dante: ¡Qué exagerada! ¡Pues me voy arriba! ¡He dejado a Pradito y Suselle hablando por Skype!
Sus: Me da igual ser exagerada. No quiero que os pase nada.
Diamante: Tranquila, que el clickvirus no entra por la ventana. Tienes que relajarte, cariño.
Sus: Lo siento...


En casa de Duclack...

Duclack: Hola, Pradito. ¿Hablas con Suselle y Dante?
Paradito: Sí, pero ya nos despedimos.
Duclack: Pues me tumbaré un ratito contigo.
Pradito: ¡Vale!


Duclack: ¡Hola, chicos!
Suselle: ¡Hola, Duclack!
Dante: ¡Hola! ¿Cómo estás? Mi madre está un poco paranoica. 
Suselle: No digas eso.
Dante: Es que no quiere ni que me asome a la ventana. ¡Solamente quería ver una pelea de gatos!
Duclack: Os quiere proteger.
Pradito: ¿Luego seguimos hablando?
Suselle: Después de cenar te llamo.


Pradito cerró sesión y apagó el ordenador. Se tumbó con su madre y se abrazó a ella.

Duclack: ¿Has terminado todos los deberes?
Pradito: Sí, tengo toda la tarde libre.
Duclack: Podríamos preparar la cena los tres juntos.


Sebastián: Me gusta la idea.
Paradito: ¡Papá! Ven, túmbate con nosotras.
Sebastián: Hazme un hueco, cariño.


Pradito: ¿Cuando podremos salir a la calle?
Sebastián: Cuando sea seguro. Por el bien de todos, debemos permanecer en casa. No te preocupes, esto no durará siempre. Pronto podremos salir a la calle, ya lo verás.
Duclack: ¿Que es lo primero que haréis cuando podamos salir? Yo dar un paseo con mi barco.
Pradito: ¡Ir al cole!
Sebastián: ¡Yo iré a correr por el bosque!
Pradito: ¡Ir a una heladería! ¡Quiero una copa de helado!
Duclack: ¡Ver a todos mis amigos!
Paradito: ¡Ver a Suselle y Dante!


Diamante se había tumbado en el sofá de la salita de estar. Estaba muy aburrido. Se estaba cómodo junto a la estufa, por lo que pronto se quedó dormido. Pandy cuidaba a Pinky. Le daba besitos y le traía todo lo que ella necesitaba.


Pinky: #### (Estoy bien, osito mío).
Pandy: #### (¿No necesitas algo más? ¿Un poco de bambú? ¿Algo para morder?).
Pinky: ### (No, estoy de maravilla. Noto que nuestros hijitos también lo están).
Pandy: ##### (Estoy deseando poder verlos).


Sus se conectó al skype.

Sus: Huy, me habla Eddy.
Eddy: ¡Hola,Sus!
Sus: Paso de contestarle. ¿No se puede bloquear? Anda, está conectada Agnes. Luego le preguntaré. Me han dicho que ya no está con Artemisa.
Eddy: ¡Sus, no me ignores!


Duclack se sentó en su cama. Pradito y Sebastián se fueron a jugar un rato al ajedrez.

Duclack: Ahí está Sus. Anda, hay mucha gente conectada. ¡El que se quería casar conmigo! Espero que no me hable, el otro día me llamó a las tantas de la noche. ¡Hola, Sus!


Sus: ¡Duclack! ¿Cómo estás?
Duclack: Sinceramente, no muy animada. Estoy cansada de todo esto. No poder salir de casa para nada es desesperante. Echo en falta navegar, el viento en mi cara, el sol...
Sus: Yo me siento igual que tú.
Duclack: Estando embarazada, soy click de riesgo. Bueno, tendremos que ser pacientes. Debo reconocer que con Sebastián se hace más llevadero. Pradito se está portando muy bien y hacemos muchas cosas juntas.
Sus: Diamante también se está portando genial conmigo. Los niños muy bien. Dante es un poco más trasto, pero lo lleva mucho mejor de lo que podría imaginar. Ágatha es un encanto, me ayuda mucho. ¿Te has enterado de lo de Sabrina?
Duclack: Huy, no.
Duclack: Casi la detienen. Si no llega a ser por John, estaría entre rejas.
Duclack: ¿En serio? Cuenta, cuenta...


Continuará...