lunes, 23 de marzo de 2020

¡Oh, Chidi de mi corazón! - Capítulo 04: Noche de pasión

Olivia preparó café y pastas para merendar. Era una costumbre que llevaba haciendo años. Llegaba de la iglesia y merendaba junto a su marido. Loretta tenía un compromiso, por lo que no pudo estar en la merienda. Se sentaron todos a la mesa. Olivia disfrutaba jugando con los colores a la hora de preparar la mesa. Las tazas eran verdes y los platos y cubiertos blancos. El mantel también era verde y el tapete de ganchillo blanco.

Olivia: Estos dulces los preparo yo.
Wenda: Están deliciosos.
Olivia: Gracias. 
Martin: No me puedo creer que os vayáis a casar.
Olivia: Ni yo.


Wenda: Para mi también ha sido una sorpresa. 
Chidi: Quería que mi petición fuese inolvidable. No se me ocurre una mejor forma que hacerlo así, ante mi gente y en la iglesia.
Olivia: A mi me habría gustado que me consultaras antes de dar este paso. No es por nada, pero me habría gustado darte mi bendición. Me he enterado al mismo tiempo que los vecinos...
Chidi: Quería que fuese una sorpresa.
Olivia: No pasa nada, cariño. Estoy feliz por vosotros. Wenda, ¿cómo se lo tomará tu familia?
Wenda: Les sorprenderá, pero seguro que lo aceptarán y se alegrarán por mi.


Olivia: Una relación es cosa de dos, los demás solamente somos meros espectadores, pero que la familia os apoye es importante. Me gustaría conocer a tus hijos y tus nietos, Wenda.
Wenda: Será un placer presentaros a toda la familia.
Chidi: Ya habrá tiempo para eso, mamá.


Wenda: Los podríamos invitar a pasar unos días en casa. Hay sitio de sobra para todos.
Chidi: Me parece bien. Todavía me tiemblan las piernas. No sabes lo nervioso que me puse cuando me arrodillé para pedirte matrimonio. Temía que dijeses que no...
Wenda: Ni loca habría dicho que no. No había pensado en ello, pero en cuanto me lo propusiste, lo tuve claro.


¡Riiing, riiiiing, riiiiing!

Wenda: Me llaman al móvil. Es sus.Salgo fuera para hablar con ella.
Chidi: Vale.


Martin: Yo voy a salir para ver una cosa de la moto. Ahora vuelvo.
Olivia: Dale a Moisés las sobras del potaje, que están en esa bolsa. El animalito tiene que tener hambre.
Martin: ¡Vale!


En el exterior, Wenda hablaba con Sus por vídeollamada. 

Sus: ¿Qué? 
Wenda: Que nos vamos a casar...
Sus: ¿Hablas en serio?
Wenda: ¡Síii! Estoy tan feliz, hija. Me lo pidió en la iglesia, delante de todo el mundo. Fue tan bonito y romántico.
Sus: Pero mamá, ¡hace muy poco que os conocéis! 
Wenda: ¿Y? Nos amamos. 
Sus: Pero...
Wenda: No hay peros que valgan. Sé que te choca, pero necesito que me apoyes, hija mía. Es joven, pero me ama. ¿No puedo ser feliz?
Sus: No es eso, mamá. Sabes que quiero que seas feliz y Chidi me parece un gran chico, pero...
Wenda: Otra vez con el pero. 
Sus: Lo siento, no te enfades. Estoy impactada, deja que me haga a la idea. Claro que quiero que seas feliz. 
Wenda: Gracias, cariño. No digas nada por ahí, deja que lo haga yo.
Sus: Vale. Mamá, tienes que volver a casa. ¿No ves las noticias?
Wenda: No, ¿qué ocurre?
Sus: El Clickvirus. Hay que quedarse confinado en casa durante 15 días.
Wenda: ¿Clickvirus?
Sus: Sí. No es una tontería. Hazme el favor de volver...


Martin: Wenda, ¿tienes un momento?
Wenda: Me reclaman, cariño. Luego te llamo. Martin, saluda a mi hija.
Martin: ¡Eyyy!
Sus: Mamá...qué vergüenza..Hola...
Wenda: Luego hablamos, cariño. Dime, ¿qué ocurre?
Martin: Mi moto. 


Wenda: Ah, esta es tu moto.
Martin: Así es. Yo mismo la he tuneado. El tubo de escape hace un ruido que lo flipas. Los manillares y los faros son también sello de la casa.
Wenda: Ah, está muy bien...
Martin: Sabía que te gustaría. Venga, que te doy la vuelta que te prometí.


Wenda: Oh, no...mejor otro día.
Martin: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.Venga, no te arrepentirás. Todas las chicas que suben a mi moto, quieren repetir. No montarás una más potente y cañera en tu vida.
Wenda: Te lo agradezco, pero no soy muy amante de la velocidad y después de la merienda no creo que sea una buena idea. Además...me da algo de miedo.
Martin: Chorradas. Monta conmigo y déjate llevar. Prometo que no te pasará nada.
Wenda: Está bien... 


Le dio un casco que estaba firmado por Loretta. "Propiedad de Loretta, la novia de Martin", se podía leer en un lado. Wenda se lo puso con dificultad. Sentía que le faltaba el aire y ya se estaba agobiando, pero reprimió el impulso de quitárselo.

Martin: ¡Agárrate!
Wenda: No corras muchoooo...¡Ahhhh!

Martin arrancó y la moto salió disparada. El estruendo del tubo de escape era ensordecedor.

Martin: Agárrate bien a mi cintura, con fuerza. Puedes apretar, no te cortes.
Wenda: ¡Por favor, no corras tanto! ¡Por la virgen de la clickarena!


Martin: ¡Todas las titis se vuelven locas cuando las saco de paseo!
Wenda: ¡Ahhh! ¡Es que esto es una locuraaaa!¡Martin, paraaa!
Martin: ¡Déjate llevar!
Wenda: ¡Ahhhhhhh!
Martin: ¡Agárrate más fuerte!

Martin la obligó a agarrarse con más fuerza a su cintura. Disfrutaba como Wenda se pegaba a su espalda, apretando los pechos contra él.


Wenda: ¡Ay madreeeee!
Martin: ¡Somos pájaros libres!
Wenda: ¡No quiero morir así!

Loretta llegó en ese momento y los vio en la moto. La sangre le hervía al ver a Wenda agarrar de esa forma a su novio. Identificó su casco. Estaba firmado, era suyo. ¿Quién se creía ella que era para ponérselo? Los celos se apoderaron de ella.


Tras dar unas cuantas vueltas, volvieron a la casa. Aparcó y Wenda bajó de la moto mareada. Estaba a punto de vomitar. Se agarró como pudo a la valla de la entrada.

Wenda: Estoy viva, estoy viva...ay, todo me da vueltas.
Martin: ¡Nenita! Ya estás aquí. Pensaba que llegarías más tarde.
Loretta: Ya veo. Querías tontear con esa vieja, ¿no?
Martin: Amor, eso no es así.
Loretta: ¡Te conozco, Martin! 


Wenda se quitó el casco con gran esfuerzo e intentó peinarse con la mano.

Wenda: Hola, Loretta.
Loretta: Dime, ¿has disfrutado del paseo en la moto de mi novio? ¿Te gusta mi casco?
Wenda: Está bien, pero creo que prefiero los paseos más...


Loretta se abalanzó sobre ella. Wenda dio un par de pasos atrás. Martin agarró a su novia para que no alcanzase a Wenda.

Loretta: ¡Asaltacunas! ¡No vuelvas a tocar a mi novio! ¡No me gustas nada!
Wenda: ¡Oye! ¿Has perdido el juicio?
Martin: Nena, no te pongas así, por favor.
Wenda: ¡Esto es de locos!


Loretta: Es mi novio. He visto como lo tocabas.
Wenda: Perdona que me quisiera agarrar para no matarme. ¡Yo estoy con Chidi y nos vamos a casar! 
Martin: Es que es muy celosa. ¿Verdad, pajarito?
Loretta: Sí...lo siento.
Wenda: El casco, Martin y la moto son en exclusiva para ti. No los quiero para nada. Estoy enamorada de Chidi y no tengo ojos para otro hombre, y mucho menos para el hermano de mi novio.

A Martin le disgustó esa frase, pero disimuló. Era mejor mantener a Loretta calmada.

Martin: ¿Has visto? Tienes que controlar tus celos, pajarito. 
Loretta: Está bien, lo siento.
Wenda: ...


Llegó la noche y el momento de ir a dormir. Wenda se lavó los dientes y al salir, encontró a Olivia en la cama. Estaba leyendo una novela y tenía las lámparas de las mesitas encendidas.

Wenda: Oh, ya estás en la cama.
Olivia: Sí, yo a estas horas ya me acuesto. Me pongo a leer mi novela, y a dormir.
Wenda: ¿Qué estás leyendo?
Olivia: Una monja en clickópolis. Trata de una monja que debe regresar a casa por problemas familiares y se encuentra con su ex.


Wenda: No la conozco.
Olivia: Está bien. Se debate entre el celibato o lanzarse a los brazos del amor.
Wenda: Interesante...


Se metió en la cama y se tapó con las sábanas.  Estaba muy cortada, pues nunca se había visto en una situación parecida. Olivia seguía leyendo y no parecía interesada en conversar con ella.

Wenda: Si me lo recomiendas, me lo leeré.
Olivia: Cuando lo termine, te digo. Espero que estés cómoda.
Wenda: Lo estoy. Se está muy bien aquí.
Olivia: Siento ser estricta con algunas cosas, pero son las normas de mi casa y del señor. Mira mi Martin, que lleva ya tiempo con Loretta y nunca se han acostado juntos. No los vigilo, son adultos, pero Loretta es una santa y no quiere cometer fornicación. Me lo dijo no con esas palabras, pero casi. Es muy devota y sigue a raja tabla las normas del señor. No quiero hacer distinciones entre unos y otros. Todos moros o todos cristianos.
Wenda: Lo entiendo...

Olivia siguió leyendo y quedaron en silencio. Solamente se escuchaba el reloj de pared de la habitación y cuando Olivia pasaba una página del libro.


Wenda: Voy a dormir. Buenas noches, Olivia.
Olivia: Pobre, debes estar cansada.
Wenda: Sí, ha sido un día intenso.
Olivia: Para mi también. Descansa. Buenas noches. ¿Te molesta que siga leyendo? A mi Orlando le da igual, duerme como un tronco.
Wenda: No, para nada. Buenas noches.

En realidad no estaba cansada y no tenía sueño. Se giró y dio la espalda a Olivia. Se tapó con la sábana y rezó para que aquella noche pasase rápido. "¡Quiero dormir en mi casa!" Pensaba desesperada.


Olivia siguió leyendo una media hora más antes de apagar la luz y dormir. Wenda siguió despierta un rato más y al final se durmió. Chidi se arrastraba por el suelo, en calzoncillos. Intentaba no hacer ruido para no ser descubierto.


Llegó a la cama de sus padres y se levantó en el lado en el que Wenda estaba acostada. Le tocó el hombro y Wenda se sobresaltó. Chidi se puso un dedo en los labios para pedirle que no hiciese ningún ruido. Le animó a levantarse de la cama con cuidado.


Wenda se levantó poco a poco. 

Chidi: Vamos.
Wenda: ¿A dónde?
Chidi: A dónde sea. Tengo ganas de ti.
Wenda: Chidi, ¡nos pueden pillar!
Chidi: Tú me hiciste lo mismo en tu casa, ¿lo recuerdas?
Wenda: Cómo olvidarlo. Fue fantástico.


Se metieron en el cuarto de baño. Chidi la besó y Wenda se abrazó a él y le dio un cachete en el trasero.

Chidi: Eres muy mala...
Wenda: No se lo digas a tu madre.
Chidi: Te guardaré el secreto.


Empezaron a jugar con sus cuerpos, dejándose llevar por la pasión.

Wenda: ¡Oh, Chidi!
Chidi: Quiero fundir mi cuerpo con el tuyo.


Escucharon pasos. Alguien subía las escaleras.

Wenda: ¡Alguien viene!
Chidi: ¡Corre, salgamos de aquí!


Martin entró en el cuarto de baño. Llevaba cuatro horas jugando a la videoconsola y había hecho un paréntesis para ir al baño.

Martin: Juraría que había escuchado ruidos...


Chidi la llevó a una salita de estar y cerró la puerta con suavidad.

Wenda: Chidi, esto es una locura...
Chidi: Me gustan las locuras. Mira la luz de la luna penetrando por la ventana. Es un momento mágico. Es nuestro momento.
Wenda: Te amo tanto...


Tumbó a Wenda sobre un baúl de madera y se colocó sobre ella.

Chidi: ¿Quieres que siga o prefieres volver a la cama con mi madre?
Wenda: ¿De verdad necesitas que responda esa pregunta?
Chidi: En realidad no.

Esta vez se entregaron a la pasión y la lujuria sin interrupciones. 


Wenda volvió a la cama pasadas unas horas y se durmió al instante. Cuando escuchó a Olivia moverse de un lado para otro y corriendo cortinas para que entrase la luz, se despertó. Desayunaron en familia y una vez preparadas las maletas, se despidieron de todos.

Wenda: Gracias por vuestra hospitalidad.
Olivia: No entiendo que no os quedéis un par de días más.
Orlando: Da gusto teneros en casa.
Chidi: Tenemos que volver, lo siento. Eso del clickvirus pinta mal. Ya sabéis, quedaros en casa y no salgáis para nada.
Olivia: Hombre, a la iglesia tendré que ir. Es la casa del señor y nos protege de todas las cosas malas.
Chidi: Mamá...
Orlando: No te preocupes, yo la convenceré.
Wenda: Cuidaros mucho. ¡Adiós, Loretta y Martin!
Olivia: Te quiero, hijo. Andad con cuidado. ¡¡Llamad cuando leguéis!!
Chidi: ¡¡Lo haremos!!


Martin: Nena, ¿cuando le diremos a mi madre lo del embarazo?
Loretta: Esperaremos un poco más. Todavía no se me nota.
Martin: Tengo miedo. No reaccionará bien.
Loretta: ¿Y si nos casamos en plan rápido? Así no le sentará tan mal, ¿no? 
Martin: No creo que sea tan fácil, nena.


Continuará...

jueves, 12 de marzo de 2020

¡Oh, Chidi de mi corazón! - Capítulo 03: Hallelujah

Olivia dejó a Chidi con su padre y su hermano y se llevó a Wenda fuera. Le quería enseñar sus macetas y la gran cantidad de flores que tenía plantadas en ellas.

 Olivia: ¿Te gustan las flores?
Wenda: Mucho. En la terraza de mi casa tengo bastantes. Me relajan.
Olivia: A mi también. Las plantas y los gatos.
Wenda: Sí, he visto que tiene muchos. Se ven muy sanos.
Olivia: Son una preciosa creación de nuestro señor y me encargo de su bienestar.Los pobrecitos se morirían de hambre sin mi ayuda.


Una bolsa de basura a un lado de las escaleras quitó todo el encanto del momento.

Olivia: Este es Job, mi gato favorito.
Wenda: Tiene un nombre bíblico. 
Olivia: Así es. Todos los gatos tienen su nombre bíblico, aunque son tantos que a veces los confundo.


Olivia: Estos son claveles y aquí tengo rosas.
Wenda: Son espectaculares.

Las macetas eran viejas y estaban destartaladas, pero las flores lucían con todo su esplendor.

Olivia: Los narcisos me apasionan.
Wenda: Y a mi. También tiene lavanda. ¡Mmm, huele de maravilla!
Olivia: Sí, huele a las mil maravillas.


Wenda: ¿Y este grandullón?

De una caseta roja con el tejado de madera, salió un perro bastante grande. Era completamente negro y tenía un semblante serio y atento.

Olivia: Es Moisés. Es un buen perro y protege la casa de ladrones e indeseables. Lo tenemos desde que era un cachorrito.
Wenda: Hola, precioso.
Moisés: ¡Guau guau GUAU!

Wenda se apartó asustada. No parecía un perro muy amigable y su ladrido era tan fuerte que le pitaron los oídos. 

Olivia: No te preocupes, es su forma de saludar. No muerde.
Wenda: Ya...


Olivia: Esta zona la usa mi Martin para guardar sus cosas. Es un manitas, si un día necesitas que te arregle un coche, una moto o lo que sea, se lo dices. Cuando algo se rompe en casa, no llamo a ningún técnico.

Aquella zona impactó muchísimo a Wenda. Varias motos habían sido invadidas por malas hiervas. Parecían pedir ayuda con sus faros y sus ruedas sobresaliendo entre la maleza. Ordenadores destartalados y todo tipo de aparatos corrían la misma suerte. Wenda se preguntó que sentido tenía guardar todo eso a la intemperie. 


Olivia: Mira, nuestro rincón favorito. Aquí hacemos barbacoas.

Se trataba de una simple barbacoa de metal. 

Wenda: Seguro que os salen deliciosas.
Olivia: Muy ricas. Esta barbacoa la encontró mi Martin en la basura y fíjate, está perfecta. La usamos cada domingo, después de la misa. Mi Orlando hace maravillas con ella. Las chuletas le salen deliciosas. Un día de estos, os venís y las pruebas.
Wenda: Será un placer.


Olivia: Wenda, necesito saber que es lo que sientes por mi hijo. Entiende que quiero lo mejor para él y me preocupa su felicidad.
Wenda: Lo entiendo. Te seré totalmente sincera. Estaba resignada a no ser amada. He estado casada y muy enamorada durante muchos años, con el que es el padre de mis dos hijos. Ese amor se acabó y pasados unos años, me volví a enamorar. Amaba a ese clack con locura. Nos casamos pero hace cosa de un año, se marchó. Me dejó, no por otra ni por no amarme, eso es al menos lo que me dijo. Se marchó y por lo visto, para siempre. Me pidió que rehiciese mi vida, que me olvidase de él. 
Olivia: ¿Y ya no has sabido nada más de él?
Wenda: Absolutamente nada. Fue un palo muy duro para mi, pero también para su hija, que la siento también como si fuese mía. Gracias a ella, una clack fuerte y muy cariñosa y a mis hijos, lo superé. Ya no creía en el amor, Olivia. Me he refugiado en mis hijos y mis nietos, que lo son todo para mi. Entonces, cuando menos lo esperaba, apareció Chidi. No te mentiré, me gustó desde la primera vez que lo vi, pero ni por asomo pretendía nada con él. Soy más mayor y eso para mi era un impedimento. Además de mi baja autoestima en esos momentos...pero Chidi se fijó en mi. Lo rechacé varias veces, pero él seguía insistiendo. Decidí quedar con él, dejarme llevar. Me enamoré perdidamente de él. No solamente por su extraordinario físico, si no por su corazón. Tenemos muchas cosas en común y nos entendemos a la perfección.


Olivia: Entiendo.
Wenda: Nos amamos de verdad. No lo planeé ni lo imaginé, simplemente ocurrió. Chidi me ha devuelto las ganas de vivir la vida al máximo. Me siento más joven que nunca y tengo muchas ganas de hacer cosas con él. Pensar en perderle me parte el corazón. 
Olivia: Veo que le amas de verdad. El señor os ha bendecido con este amor. Tendréis que superar muchos prejuicios y barreras, no todo el mundo es capaz de entender el amor.
Wenda: Lo sé, pero me da igual.
Olivia: Me gustas. Sé que harás feliz a mi hijo.


Orlando: Siento interrumpiros, chicas. Es hora de ir a la iglesia.
Olivia: ¡Es cierto! Hablando con Wenda se me fue el santo al cielo.
Orlando: Te traigo el bolso.
Olivia: ¡Perfecto! Venga, no quiero llegar tarde.
Wenda: ¿Os esperamos aquí?
Olivia: De eso nada. Os venís con nosotros. Te presentaré al padre Gabriel y a toda la congregación.
Wenda: ...

Wenda miró a Chidi suplicante. 

Chidi: Lo sé...Te compensaré por esto.
Wenda: Sabes que soy creyente y me gusta ir a la iglesia, pero es que no me siento con fuerzas para conocer a toda una congregación...
Chidi: ¿Quieres que me invente algo y nos quedamos? Aunque me gustaría ir contigo y presentarte a mi gente...
Wenda: Vale, iré. Ahora que le estoy cayendo bien a tu madre no lo quiero estropear. De todas formas a mi me gusta mucho ir a la iglesia. Suelo ir los domingos con mi padre.


Chidi: Me muero por besarte.
Wenda: No digas eso, que nos escuchará tu madre...
Chidi: Has despertado mi lado más salvaje. ¡Grrr, te deseoo!
Wenda: ¡Chidi! Jajajaja, para...


Llegaron a una plaza muy grande en la que estaba situada la iglesia. Había mucha gente caminando hacia ella. Wenda conoció a la novia de Martin, el hermano de Chidi. Se llamaba Loretta. Era una chica espectacular, de tez oscura y pelo negro y largo. Tenía aspecto de modelo, con un vestido rosa muy exuberante y tacones. Al saludarla, Loretta se mostró seca con ella. La miró de arriba a bajo y con cara de asco, se giró.


Wenda: Creo que la novia de tu hermano me ha lanzado una maldición con la mirada.
Chidi: Tiene una personalidad muy especial. No le hagas mucho caso.
Wenda: Lo intentaré, pero creo que no le caigo bien. Cariño, hay mucha gente...me siento fuera de lugar.
Chidi: Es la casa del señor, aquí todos son bienvenidos. No te preocupes que son buena gente.


Chidi: Conozco a toda esta gente, es mi comunidad. Elisa y Eric son buena gente. Tienen tres hijos y a penas llegan a final de mes. Les ayudo con el material escolar de sus hijos y no sabes lo mucho que lo agradecen. Los niños me adornan y siempre me regalan dibujos preciosos.


Wenda: Eres muy bueno, Chidi.
Chidi: No creo que lo sea. Solamente hago lo que todos deberíamos hacer. Ayudarnos los unos a los otros debería ser lo más normal del mundo. Colaboro con el padre Gabriel para ayudar a toda la comunidad. De nada sirve venir a orar y pedir por ti si no eres capaz de ayudar a los demás. Ellos me ayudan también siempre que pueden.
Wenda: Eso es precioso.


Padre Gabriel: ¡Hermanos, estamos a punto de empezar! Los que deseen quedarse, pueden ir pasando.


Olivia: Acelera el paso, Orlando. No quiero llegar tarde.
Orlando: Vamos bien de tiempo, no te preocupes.
Olivia: Me siento tan gozosa de ir a la iglesia con toda la familia al completo.
Chidi: Hacía tiempo que no lo hacíamos, mamá.
Olivia: Es triste perder una costumbre tan sana e importante. Ahora que tienes a Wenda en tu vida, te la puedes traer y asistir juntos a la iglesia. Podría venirse a los talleres sociales que organizamos y a la recogida de alimentos.
Chidi: ¡Una gran idea, mamá!
Wenda: Sí, estaría bien...


Olivia: Por ahí va Meygan. Pobre, desde que perdió a su madre la veo muy perdida. Deberíamos ir a visitarla más a menudo. ¡Oh, ahí está el padre Gabriel!


Wenda: Es muy joven.
Chidi: Sí, tiene mi edad. Era mi mejor amigo de la infancia.
Wenda:Vaya, quiso meterse a cura.
Chidi: Sí, de toda la vida. Nuestros juegos siempre trataban temas de la biblia. Algunas veces jugábamos a Noé y el arca, otras a ser Moisés o David y Goliat.
Wenda: Me habría gustado veros jugando a esas cosas.
Chidi: No seguíamos al pie de la letra lo que dice la biblia, seguro que te echarías las manos a la cabeza jajaja.


Padre Gabriel: ¡Olivia!
Olivia: Padre, tengo una sorpresa para usted.
Padre Gabriel: ¿Una sorpresa? ¿No será otra tarta de manzana? ¡Son deliciosas!
Olivia: No, algo mejor.


Chidi: Hola,Gabriel.
Padre Gabriel: ¡Chidi, amigo mío! Qué alegría verte. Hacía tiempo que no te dejabas caer por aquí.
Chidi: Entre el trabajo y el voluntariado no tengo mucho tiempo. Te veo muy bien.
Padre Gabriel: Tú si que estás bien. Tienes un aspecto estupendo.
Chidi: Gracias. ¿Sigue en pie lo del internado?
Padre Gabriel: Sí, para la semana que viene. Iremos unos cuantos para mejorar las instalaciones. ¿Podremos contar contigo?
Chidi: Por supuesto.
Padre Gabriel: Sabía que no me fallarías.


Chidi: Quiero presentarte a mi novia, Wenda.
Padre Gabriel: ¡Tu novia! Eso si que es una sorpresa. Wenda, es un placer conocerte.
Wenda: Lo mismo digo, padre. Chidi me habla muy bien de usted y es muy querido por todos.
Padre Gabriel: Chidi es un hombre extraordinario y me alegra que haya encontrado el amor. Wenda, este es tu hogar desde ahora. Puedes contar conmigo y toda la comunidad para lo que sea.
Wenda: Es usted muy amable. Lo mismo digo. Si en algo puedo ayudar, no tiene más que decírmelo. 
Padre Gabriel: Por favor, pasad y tomad asiento.
Chidi: Gabriel, puedo hablar un momento a solas contigo.
Padre Gabriel: Por supuesto.


Chidi habló un par de minutos con Gabriel y se reunió con Wenda. Una vez dentro, tomaron asiento. Wenda se sentó al lado de Chidi. Junto al cura, habían dos chicas de color (todos son de color), con micrófonos en la mano. La iglesia era muy pequeña, pero bonita. Era acogedora y te hacía sentir en paz. El olor a cera y perfumes se mezclaba en el ambiente y a Wenda le resultó agradable.

Padre Gabriel: Hermanas y hermanos, bienvenidos otro día más a la casa del señor. ¡Hallelujah!
Todos: ¡Hallelujah!
Padre Gabriel: En este lugar sagrado, nuestro señor nos protege. ¡Alabemos al señor!


¡Te damos las gracias por tu amor y compresión, señor!
¡Hallelujah!
¡Gracias por amarnos tanto, señor!
¡Hallelujah!
¡Hallelujah! ¡Hallelujah!
Cantantes: ¡Ohhhhh SeñooOOOOooooOOooor!


Somos pecadores, hermanos. Imperfectos. A pesar de todo, ¡podemos hacer el bien! ¡Podemos ser mejores clicks! ¡PODEMOS LUCHAR CONTRA EL MAL Y EL PECADO!
¡Allelujah!
Cantantes: ¡Ohhhhh señoooOOOoooOOOooor!


Colosenses 3:5 dice que hagamos morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia y bla bla bla bla
Wenda: No había visto una cura dar misa de esa forma. Si hasta cantan y tocan la pandereta.
Chidi: Esta es nuestra forma de hacer las cosas. A todo le ponemos mucha pasión.
Wenda: Estoy sorprendida. Me gusta.


Olivia: Hay que ver los buenos discursos que da el padre Gabriel. Somos unos privilegiados.
Orlando: Grrrrr...
Olivia. ¿Eh? ¡Orlando! No te duermas...
Orlando: Perdón...
Olivia: Encima roncando, ¡compórtate!
Orlando: Tendría que haber dormido la siesta...


Cantantes: ¡VivaAAAaaAaA! ¡Allelujah, cada uno con la suyAaaAAAAaaaa! ¡Viva el amor, fuera el pecadoooOOoooo!
Wenda: Menudo vozarrón tienen.


Padre Gabriel: ¡Si seguimos la senda del amor de nuestro señor seremos recompensados! ¡Abrid vuestros corazones, hermanas y hermanos! ¡La palabra del señor es nuestra luz!

Todos se pusieron a cantar. Wenda se quedó petrificada, no se lo esperaba. Algunos se habían traído instrumentos de casa y los tocaban mientras entonaban la canción. Chidi se la sabía y cantaba a pleno pulmón. No sabía que cantaba tan bien. Salía un chorro de voz de su boca tan poderoso que lo miraba fascinada.

Wenda: Ay mi Chidi, ¡canta de maravilla!

Todos: ¡Si abres la biblia te encontrarás, bellas historias,ya lo verás! ¡Lalarala laralaaaa!


Chidi: Aaaaaaaaabreee la bibliiIIIIIIiiIiIIiIiIiIaaaAAAAAAAAAAAA.
Wenda: ¡Chidi! Cantas muy bien.
Chidi: Venga, canta conmigo.
Wenda: No me se la letra, lo siento...y me da vergüenza. 


Chidi: Es fácil, ya lo verás.
Wenda: Vale, allá voy.


Wenda: ¡OooooOOooOoh abre laaaAAAaAAaA BibliaaaAaaa..ajam, ay, me ahogo...
Padre Gabriel: Es una día marcado por las bendiciones, hermanos. Quiero contaros cosas buenas, bendiciones a personas que se lo merecen. 


Padre Gabriel: La hermana Ingrid organizó una recolecta para ayudar a los más necesitados. Creo que todos los presentes asistimos a aquella fantástica reunión. Disfrutamos de buena compañía y comimos los deliciosos dulces de Ingrid, pero lo mejor es que con todo lo que se recaudó, ¡hemos conseguido ayudar a muchísimas personas! Gracias a su buena voluntad, muchos tendrán comida en sus despensas por largo tiempo. ¡Gracias, hermana Ingrid! ¡Gracias, señor!
Todos: ¡Hallelujah!


Padre Gabriel: La hermana Prudence, está curada.
Todos: ¡Hallelujah!
Padre Gabriel: Hermana, has superado esa enfermedad con éxito. Gracias a los médicos, pero también a nuestro señor, ahora está sana. Nuestro señor escucha nuestras plegarias.


Padre Gabriel: Chidi, otro de nuestros hermanos. Diría que uno de los más queridos por todos. Su ayuda ha sido determinante para eliminar la violencia de nuestras calles, escolarizar a muchos niños y que muchas familias no pasen hambre. Con ese gran corazón que te caracteriza, has ayudado a mucha gente. Aunque tengo más buenas noticias. Puedes levantarte, Chidi.


Chidi se levantó y se puso frente a todos los asistentes. Olivia lo miraba sorprendida, no entendía que es lo que estaba haciendo.Wenda se ruborizó un poco, pues Chidi la miraba sonriente y todos posaban su mirada en ella.

Chidi: Sois mi familia. No me refiero exclusivamente a mis padres, mi hermano y mi futura cuñada. Hablo de todos los que estáis aquí. Os considero parte de mi familia. Por eso, quiero hacer esto ante todos vosotros y compartir mi felicidad. Estoy enamorado y tengo novia. Está aquí sentada y se llama Wenda.
Olivia: Por todos los santos, esto tampoco era necesario...
Orlando: Una declaración de amor en público. Es bonito. Ya sabes que nuestro hijo hace las cosas a lo grande.
Olivia: Sí, pero tampoco me apetecía que lo anunciara de esta forma, a bombo y platillo. Huy, ¿que está haciendo? Ay no, no puede ser...
Orlando: Se pone de rodillas...


Wenda: Chidi...

Sacó unos anillos dorados y le enseñó uno de ellos a Wenda. No podía creer lo que estaba ocurriendo. Al principio se puso colorada, intimidada por todas las miradas, pero luego, cuando Chidi se puso de rodillas y le enseñó el anillo, todo lo que le rodeaba desapareció.

Chidi: Sé que no llevamos mucho tiempo juntos y que a lo mejor te parecerá una locura, pero quiero hacerlo. Estoy tan seguro de tu amor, de lo que siento por ti, que no quiero esperar ni un minuto más. Wenda Pérez, ¿quieres casarte conmigo?
Wenda: Yo...yo...
Chidi:...
Wenda: ¡Por supuesto que quiero! ¡Síiiii!


Le puso el anillo y la cogió en brazos. Se besaron y todos estallaron en aplausos y gritos de alegría. Las cantantes empezaron a cantar y pronto todo el mundo se unió a ellas.

Chidi: ¡Te amo, Wenda Pérez!
Wenda: ¡Y yo a ti, Chidi!


Todo el mundo cantaba y bailaba, incluso el padre Gabriel, a excepción de Olivia, que contemplaba perpleja la escena. No es que no se alegrase por ellos, pero le habría gustado que las cosas hubiesen ido de forma más pausada. Acababa de conocer a Wenda y ya se iba a casar con su hijo.


Orlando: ¿No te alegras por nuestro hijo?
Olivia: Claro que sí, pero es que estoy en shock. Dame tiempo, tengo que digerir la noticia.

Mientras tanto, todos seguían celebrando la gran noticia.


Continuará...