lunes, 2 de marzo de 2020

Las aventuras de Lucy Brown: Capítulo 03 - Sin piedad

Después de horas de viaje en caballo, Clay y Jesse volvían a casa. Unos tipos se habían adelantado y los puestos de trabajo por los que habían viajado ya estaban cubiertos. De nada les sirvió protestar. Era la ley del más fuerte y en este caso, del más rápido. Decidieron volver a casa y olvidar el asunto.


Jesse acompañó a Clay a casa y de paso, saludar a Lucy y Nina. Llegaron a la granja y bajaron de sus caballos. A Clay le sorprendió que sus hijas no fuesen a recibirlos. Las llamó pero no recibió respuesta.

Clay: Es extraño...
Jesse: Quizás hayan ido al pueblo o estén por el río.


Clay: Algo no marcha bien, Jesse.
Jesse: Te preocupas en exceso, amigo mío.
Clay: Voy a ver si todo está en orden en la casa.
Jesse: Yo echaré un vistazo por los alrededores. Seguro que están por aquí.


Clay entró en la casa y Jesse cruzó el puente a pie. Llamó a Lucy y escuchó su eco resonar en las montañas. Buitres revoloteaban alrededor, al acecho.


Escuchó a alguien acercarse y pensó que ya las había encontrado. Para su sorpresa, se trataba de un jinete montado en un siniestro caballo negro. El jinete se acercaba a él sin pronunciar una sola palabra.

Jesse: ¿Quién es usted?


Esas fueron sus últimas palabras. El jinete lo mató en segundos, sin que le diese tiempo a reaccionar. Su cuerpo cayó al suelo al momento. Se creó un charco de sangre a su alrededor. El jinete siguió su camino hacia la casa sin inmutarse. 


Clay salió de la casa muy preocupado. Encontró el grillete del preso en el suelo junto al hacha. Estaba seguro de que algo horrible había ocurrido. 

Clay: ¡Jesse, mira esto! ¿Jesse?


El cuerpo de su amigo estaba tirado sobre el puente. Al verle ahí en el suelo y rodeado de sangre, salió corriendo en su ayuda.

Clay: ¡Jesse! ¡Maldición!


Su amigo tenía una profunda herida en la cabeza. Alguien le había golpeado con un objeto muy afilado.

Clay: ¡No te mueras, amigo!

Lo zarandeó e intentó reanimarlo sin éxito. Estaba demasiado preocupado por Jesse, intentando salvarle la vida que no se percató de lo que le rodeaba.


Aquel jinete misterioso se acercó hasta Clay sin que este se percatase de su presencia. Pensó en sus hijas y eso le ayudó a reaccionar, aunque demasiado tarde. Pudo ver el rostro de aquel hombre cuando alzaba su arma contra él. No pudo hacer más que gritar e intentar parar el golpe con la mano. El jinete lo mató sin contemplaciones.


Se alejó de los cuerpos sin vida de Clay y Jesse y buscó huellas. Encontró el rastro de las ruedas de un carro y las huellas del hombre que estaba buscando.


No hacía demasiado tiempo que se había marchado. Si se daba prisa, no tardaría en darle alcance.


Minutos más tarde...

James Mc Cowen y su ayudante John Walker se dirigían a la granja de los Brown. El que decía ser el novio de Lucy coincidía con la descripción de un preso fugado y muy peligroso. Era muy extraño que Clay nunca le hubiese hablado de él, pues tenían muy buena relación.

John: Jefe, ¿cree que se trata de Bill el sanguinario?
James: No lo sé, pero desearía que no. Ese delincuente es un asesino sin escrúpulos y no quiero que le ocurra nada a Lucy y su hermana.
John: Pero si se trata de Bill el sanguinario significará que no es su novio y usted tendrá vía libre...aunque a lo mejor es su novio de verdad y ella sabe que es un asesino. ¡A lo mejor es su cómplice y ella es también una asesina! Lo que no entiendo que tiene que ver Nina en todo esto...¿será también una asesina? ¿Pueden las niñas ser asesinas?
James: Hazme un favor y cierra el pico, merluzo. Deja descansar ese guisante que tienes por cerebro o te patearé el trasero.
John: Sí, señor...


Llegaron a la granja y descubrieron a gran cantidad de buitres alrededor de la casa. Estaban comiendo algo, pero eran tantos que no podían ver de que se trataba. 

John: ¡Águilas, jefe!
James: ¡Son buitres, merluzo!Maldita sea, ¡esto no pinta bien!


Ahuyentaron a los buitres. Aunque opusieron resistencia, con un par de disparos se disiparon. Algunos se posaron en el tejado de la vivienda y otros hicieron lo mismo en unas rocas cercanas. Esperaban el momento para poder seguir comiendo.

James: ¡¡Son Clay y Jesse!! 
John: ¡Están malheridos, jefe!


James: Clay está muerto.¡Ese maldito asesino!
John: Jefe, Jesse también...voy a vomitar...¡Se han comido sus ojos!
James: ¡El asesino puede seguir en la casa! Debemos socorrer a Lucy y su hermana.


Con sigilo se acercaron a la puerta de entrada de la vivienda. Estaba medio abierta. En el suelo del porche encontraron el grillete de Bill.

James: Mira, es un grillete...
John: Seguro que pertenece a Bill el sanguinario...aunque podría ser de Lucy o Nina. Mi teoría es que ellas pueden ser también unas asesinas. Es terrible, que unas hijas asesinen a su padre de esa forma...
James: ¡Shhh! Deja de decir tonterías, merluzo. Concéntrate. A la de tres, entramos en la casa.


John: Estoy aterrorizado, jefe...
James: Por todos los indios del Playmundo, John. Concéntrate. Sangre fría.
John: Vale...

James contó hasta tres y entraron con sus revólveres en la mano.


Allí no había nadie. Salieron por la puerta trasera y miraron alrededor.

James: Falta el carro y el caballo de Lucy.
John: ¿Cree que se las ha llevado?
James: Estoy completamente seguro. Las ha secuestrado.


Tocó las huellas del carro en la tierra.

James: Han ido por allí. También hay huellas más recientes de caballo...
John: ¿Eso que significa?
James: No lo sé...


Encontró la ropa de preso de Bill tirada a un lado.

James: Mira, esta es su ropa. No necesitamos más pruebas. Ese despreciable asesino ha matado a Clay y Jesse y también ha secuestrado a Lucy y Nina. Quién sabe lo que es capaz de hacer con ellas...
John: ¡Algo tenemos que hacer!
James: A por los caballos. Tenemos que darle alcance antes de que les ocurra algo malo.


Subieron a sus caballos y siguieron las huellas a toda velocidad.

James: ¡Lucy, yo te salvaré!
John: ¡Y yo también!


Mientras tanto...

Lucy llevaba el carro mientras Bill le apuntaba con su arma. Nina miraba ausente el paisaje y canturreaba una canción. Pecas tiraba del carro sin prácticamente hacer esfuerzo.

Bill: Es un buen caballo.
Lucy: Sí, es el mejor. ¿A dónde vamos?
Bill: Ha un lugar seguro. 
Lucy: Te ruego que dejes libre a mi hermana y me lleves a mi.
Bill: No puedo hacer eso, Lucy. De verdad que lo siento, pero no tenéis más remedio que venir conmigo.
Lucy: Cuando mi padre se entere, te hará pagar todo lo que nos estás haciendo. 
Bill: Cuando llegue el momento, me preocuparé de ello.
Lucy: Ya viste que el sheriff es un gran amigo mío. Deja que nos vayamos y le pediremos que no sea muy severo contigo.


Bill: Para decir tonterías es mejor que no hables.
Lucy: Es verdad, son tonterías. Yo misma te lo haré pagar. No necesito a un hombre que me defienda.
Bill: Eso me gusta más.
Lucy: No te gustará cuando te aplaste la cabeza contra el suelo.
Bill: Tiemblo de terror.
Lucy: ¡Idiota!
Nina: ¡Has dicho una palabrota! ¡Se lo diré a papá!
Lucy: Las palabrotas en momentos como este están permitidas.
Nina: ¿Sí? Caca, culo, pipi, tonto...
Lucy: ¡Nina! Permitidas solamente para los adultos.
Nina: ¡Eso es injusto!


Bill: ¿No puedes hacer que tu caballo corra más rápido?
Lucy: ¿Más rápido? Quizás deberías ir caminando y dejarnos en paz. Pecas no es tu caballo y no le obligo a correr más de lo necesario.
Bill: Escucha atentamente. Si esa cosa que me persigue nos alcanza, te arrepentirás. No tiene compasión y no nos perdonará la vida. Si quieres vivir, haz que tu caballo corra más rápido.
Lucy: ¿Quién te persigue?
Bill: Un ser salido de la peor de tus pesadillas.


Continuará...

sábado, 8 de febrero de 2020

¡Oh, Chidi de mi corazón! - Capítulo 02: La casa de los gatos

La familia Porter vivía en un barrio humilde de la ciudad. Su casa estaba cercana al bosque y separada por vallas de las demás. Se notaba que la casa había vivido tiempos mejores, pues estaba algo desmejorada. En la zona que rodeaba la casa, dentro del vallado, se veía algo de dejadez. A la intemperie tenían ordenadores viejos, motos destartaladas y aspiradoras inservibles. Las malas hiervas invadían las pantallas, las ruedas de las motos y los cables de las aspiradoras.  Una barbacoa, la caseta del perro, bidones y una bicicleta muy antigua eran algunas de las cosas que decoraban el terreno de los Porter.


Olivia Porter era la madre de Chidi. Una mujer con mucho temperamento y a la que todo el mundo respetaba. Era una mujer muy religiosa y todas las semanas acudía feliz a la iglesia. La razón principal por la que compró la casa en su juventud fue por lo cerca que estaba de la iglesia. Cuando dio a luz a su segundo hijo, Martin, engordó. Nunca consiguió quitarse esos kilos de más, pero tampoco le quitaba el sueño. Orlando, el hombre de su vida y su único amor, nunca le dio importancia y le seguía pareciendo la mujer más bella del Playmundo.


Olivia adoraba las flores. Tenía muchas macetas con flores preciosas que contrastaban con el descuidado terreno. Además, era una fanática de los gatos. Todos los días preparaba comida para los gatos callejeros de la zona. Gracias a ella, vivían sin complicaciones y no pasaban hambre. Habían tantos merodeando alrededor de la casa que todos la conocían como "la casa de los gatos".


Wenda se había soltado el pelo. Quería parecer más joven, al menos dar esa impresión a la familia de Chidi. Estaba muy nerviosa. Cuando vio la casa, se sorprendió. Al principio le pareció un lugar precioso, una casa imponente, pero cuanto más se acercaba, más se percataba de las miseras del lugar.

Chidi: Esa es mi casa.
Wenda: Es una casa espectacular, cariño.
Chidi: Es vieja, pero tiene su encanto. Espero que hayan decentado un poco el terreno. Mi hermano es mecánico y un manitas para la electrónica. Se trae a casa todo aparato que encuentra por ahí y luego lo abandona en cualquier parte. Dice que le puede valer para piezas de repuesto, pero yo solamente veo chatarra inservible. 


Wenda: ¡Cuantos gatos!
Chidi: Mi madre los adora. Los cuida y los protege. 
Wenda: Nunca había visto tantos juntos. ¿Y ese coche destrozado?
Chidi: Era de mi hermano. Tuvo un accidente y quedó siniestro total. Lo dejó ahí, con intención de repararlo, pero de eso hace ya muchos años y ahí sigue.
Wenda: Los gatos viven dentro y está invadido por la maleza...Ay, ese gato me mira raro...


Chidi: Mi madre está regando las plantas. Mi padre está en el porche, durmiendo en su mecedora. Le gusta estar ahí.
Wenda: Estoy nerviosa...¿Les dijiste que soy más mayor?
Chidi: No, eso no se lo dije. Tranquila, todo saldrá bien.
Wenda: ¡Chidi! Deberías haberles advertido...


Chidi: ¡Mamá!
Olivia: ¿Eh? ¡¡Orlando, el niño ya está en casa!! ¡¡Chidi!!
Chidi: ¡¡Mamá!!


Olivia: ¡Mi niño, por fin has llegado! ¡Ven con tu madre! ¡¡Martin, tu hermano ya está aquí!!
Martin: Ya lo veo, mamá. No hace falta que grites.


Olivia abrazó a Chidi con lágrimas en los ojos. Llevaba muchos meses deseando abrazar a su hijo.

Olivia: Deja que te vea. Mi niño, ¡estás hecho todo un hombre! Estás guapo, aunque algo delgado, ¿comes bien?
Chidi: Sí, pero cuido la línea. Voy al gimnasio y me alimento de forma sana.
Olivia: Ya hablaremos seriamente de esto.


Chidi: Mamá, tengo el placer de presentarte a mi...
Olivia: ¡Suegra! ¡Oh, esto es increíble! Se nota que la cosa va en serio cuando te traes a la suegra. ¡Eres muy guapa! 
Wenda: Esto...
Chidi: Mamá...


Olivia: ¡Dame un abrazo, consuegra!¡Un placer conocerte!
Wenda: Igualmente...
Olivia: ¿Dónde está tu hija?


Chidi: Mamá, te estás confundiendo.
Olivia: No entiendo.
Chidi: Ella es Wenda, mi novia.
Olivia: Venga ya, hijo. Estás bromeando, ¿verdad?
Chidi: No es ninguna broma. Wenda es mi novia.
Olivia: ¿Ella es tu novia?


Wenda: Así es. Comprendo su sorpresa. Yo también tengo hijos y sé que esto no es lo que uno espera...pero le aseguro que nos amamos y que lo nuestro es verdadero.
Olivia: Ya veo...
Chidi: Mamá...
Olivia: No seré yo la que se interponga en la unión de dos corazones. Bienvenida a la familia, Wenda. Disculpa, no pretendía ser maleducada. Por favor, pasa.


Chidi: ¡Papá!
Orlando: ¡Hijo mío! ¡Tenía muchas ganas de verte!
Chidi: Os echaba de menos.


Orlando: ¡Estás fuerte!
Chidi: Bueno, lo intento.
Orlando: Estoy tan orgulloso de ti, hijo mío. Dime, ¿dónde está tu novia?


Chidi: Aquí está. Wenda, te presento a mi padre.
Orlando: ¡Ven aquí, hija mía! Eres muy bella.
Wenda: Muchas gracias. Es un placer conocerle. Chidi me habla mucho de ustedes.
Orlando: Bienvenida a la familia.


Martin: ¡Ey, brother!
Chidi:¡Hermanito!
Martin: Me alegra verte. Se te echa de menos por aquí. 
Chidi: Yo también os añoro. Es duro vivir solo en la gran ciudad. Aunque ahora ya no lo estoy.


Chidi: Te presento a mi novia,Wenda. Amor, él es mi hermano Martin.
Martin: Vaya, una madurita cañón.
Olivia: ¡Martin! ¡Esa boca!
Martin: ¿Qué pasa?
Olivia: No seas maleducado.
Wenda: Un placer, Martin.


Martin besó la mano de Wenda. 

Martin: El placer es mío, preciosa.
Olivia: Venga, entremos en casa. Dejáis las maletas y os instaláis. Estaréis cansados del viaje.


Wenda: La verdad es que sí.
Olivia: Wenda, tú dormirás conmigo. 
Wenda: Oh, no deseo molestar tanto...
Olivia: No es molestia. Chidi dormirá en su habitación y mi marido con Martin. Hasta que no os caséis no podéis dormir juntos, al menos en esta casa.
Wenda: Sin problema...


Chidi: Mamá, podríamos dormir juntos. Estamos en el siglo...
Olivia: En esta casa tenemos unas normas, Chidi. ¿Que pensaría el padre Gabriel si se enterase? 
Wenda: No hay ningún problema.
Olivia: Martin, acompaña a Wenda a mi cuarto.
Martin: Voy.


Wenda siguió a su cuñado. Subieron unas escaleras y entraron en un amplio cuarto de matrimonio. 

Martin: Aquí dormirás con mi madre.
Wenda: Vale.
Martin: Imagino que preferirías compartir cama con mi hermano. 
Wenda: La verdad es que sí...pero entiendo a tu madre.
Martin: Eres muy guapa.
Wenda: Gracias.


Martin: Mi hermano siempre ha tenido buen gusto con las mujeres.
Wenda: Eres muy amable.
Martin: Luego te enseñaré mi moto. Alucinarás. Si quieres, te doy una vuelta con ella. Hay sitios muy guapos por ver en esta zona.
Wenda: A veces solía ir en moto con Duclón. 
Martin: ¿Quién?
Wenda: Alguien al que quise mucho.


Wenda se quedó deshaciendo la maleta. Martin se fue para dejarla sola. Se giró y le miró el culo.

Martin: Mamita, qué rica está...


Mientras, Chidi hablaba con sus padres.

Olivia: ¿Qué ocurre con Ingrid? ¿Es que ya no te gusta?
Chidi: ¿Que tiene que ver Ingrid en todo esto? Nunca me gustó, por mucho que te gustase a ti.
Olivia: ¡Pero si es un encanto! No se pierde una misa y participa mucho en la iglesia. Cocina de maravilla, es preciosa y lo mejor, tiene tu edad.
Orlando: Deja al chico tranquilo.
Olivia: Ah claro, como a ti te da igual todo. Estamos hablando de nuestro hijo.Esta mujer es muy mayor y no te podrá dar hijos.


Chidi: Se pueden tener hijos de muchas formas, mamá. ¿Crees que para mi la edad es importante? Wenda es maravillosa. La amo con locura y no me importa la diferencia de edad. Ingrid es buena mujer, pero no me atrae y no me gusta.
Olivia: ¿Y te gusta una mujer que podría ser tu madre?
Chidi: ¡Mamá, por favor!
Orlando: Pues es una mujer espectacular. A mi me gusta, hijo. Tienes mi bendición.
Olivia: Tú con tal de llevarme la contraria...


Chidi: Mamá, ¿es que no deseas que sea feliz? Recuerdo tu historia con papá. Los abuelos le tenían manía y no fue fácil que lo aceptasen. Ahora te estás comportando de la misma forma...
Olivia: Lo siento, mi niño. Tienes razón. A veces idealizo algo y si no se ajusta a lo que mi mente crea, lo rechazo. Lo cierto es que se ve una mujer con cabeza y mucha clase. Es educada y muy bella, la verdad. Lo importante es que os amáis, lo demás es secundario. 
Chidi: Gracias, mamá. Eres la mejor.
Olivia: ¿Que dicen sus hijos?
Chidi: Para ellos también fue un shock, pero creo que les caigo bien.
Olivia: Los quiero conocer. Mira tú por dónde, ahora tengo nietos.


Chidi subió a ver a Wenda. Ya había terminado de guardar la ropa.

Chidi: ¿Y bien?
Wenda: No pensaba que tendría que compartir habitación con tu madre...
Chidi: Lo siento, amor. Será solamente una noche.
Wenda: ¿Le caigo bien?
Chidi: Sí, pero tenemos que darle tiempo.
Wenda: La entiendo. Yo en su situación seguramente actuaría igual. Me siento un poco fuera de lugar, Chidi. 


Chidi: Entiendo que no es fácil para ti. Cuando me presentaste a tus hijos...Sus no parecía muy contenta conmigo. Tu padre no hacía más que examinarme con la mirada...
Wenda: También fue un shock para ellos. Da igual, cariño. No pienso dejar que nada ni nadie nos separe. Te amo y si eso no lo entienden los demás, es su problema.
Chidi: Debemos luchar por nosotros, por nuestro amor.


Continuará