lunes, 5 de noviembre de 2018

Halloween 2018: El autoestopista - Capítulo 02

Capítulo 02: El accidente

Ann conducía a toda prisa. Apretaba el acelerador observando nerviosa la hora. Ya había salido de la ciudad y conducía por una carretera que atravesaba un frondoso bosque. La oscuridad era casi absoluta. Se conocía bien el camino, pero siempre le había causado algo de respeto.

 Ann: No se ve un pimiento.

Había pensando en quedar con Mike cerca de casa, en algún hotel de la zona, pero prefería conducir antes de levantar sospechas y ser descubierta por su marido.

Ann: Es imposible que llegue antes que George. Tengo que pensar en una buena excusa.


Hacía frío y encendió la calefacción. Se arrepintió por no haberse llevado una chaqueta.Vestía con poca ropa y no abrigaba en absoluto. 

Ann: ¡Ya sé! Oh George, he ido al cine con Trudy y Jim...no cuela. Además, no tengo ni idea de las películas que hay en cartelera.


El viento movía los árboles y sintió un escalofrío por todo el cuerpo. Aquel bosque intimidaba, con tantos árboles y aquella intensa oscuridad. Dio más potencia a la calefacción y sin querer, arañó el tapizado con una uña.

Ann: ¡Maldita sea! Señora Lansin, cambiar el tapizado le costará 600 cleuros. Esos del taller siempre me están sacando el dinero por cualquier tontería. Debo tranquilizarme, me estoy volviendo paranoica.  Debo pensar una excusa cuanto antes. 


Ann: George, he estado en un hotel con un gigoló. Ni te imaginas lo bien que lo he pasado.Por 500 cleuros te proporciona seis orgasmos, ¡seis orgasmos! Oh George, es encantador. Se llama Mike, lo tendríamos que invitar a cenar a casa.


Ann se reía de pensarlo. A George le daría un infarto si le confesase la verdad, pero reírse le tranquilizaba.

Ann: Si le confieso la verdad, lo pierdo todo. ¡Ya sé, le puedo decir que le estoy preparando una sorpresa para su cumpleaños! Todavía queda un mes, pero puede colar.


Esa excusa le pareció convincente, así que se relajó. Encendió la radio y sintonizó la emisora que le gustaba. Sonaba una de sus canciones preferidas, walk on the wild side, de Lou Reed. Se puso a cantar como una loca, pensando en el próximo encuentro con Mike.


Por fin había entrado en calor y se había tranquilizado. Era una carretera muy solitaria, apenas pasaban coches. No le gustaba conducir de noche, y menos por carreteras tan solitarias. 

Ann: Bueno, vale la pena correr el riesgo. ¡Seis orgasmos! Pobre Mike, creo que se está enamorando de mi.


Decidió fumarse un cigarrillo. Siempre se fumaba uno en la cama, junto a Mike. Con las prisas, no había tenido tiempo para fumárselo. Se autoconvencía de que un cigarrillo al día no le hacía ningún daño, y era casi una obligación después de disfrutar de un intenso orgasmo.

Ann: Creo que tengo un paquete en la guantera...


La guantera era un cajón desastre. Gafas, papeles, perfumes, pinturas...era casi imposible encontrar el paquete de tabaco. Dejó de mirar a la carretera y se centró en la guantera, situada frente al asiento del copiloto. 

Ann: ¡Tiene que estar por aquí!

Un autoestopista se aproximó a la carretera al ver un coche pasar. Llevaba horas caminando y tenía frío. Aquel bosque provocaba escalofríos y estaba asustado. Necesitaba que alguien lo llevase. Llevaba a cuestas su enorme mochila, cargada de utensilios de viaje. La luz de los focos del coche le cegaron por un momento.  


Ann seguía buscando el paquete de tabaco en la guantera, cada vez más desesperada. No miraba al frente, por lo que no se percató de la presencia del autoestopista ni de que se estaba saliendo de la carretera.


Ann: ¡Tengo que ordenar todo esto! ¡Bingo! Aquí están los cigarrillos.


Cuando se incorporó y miró a la carretera, ya era demasiado tarde. Gritó al ver al autoestopista frente a ella, levantando las manos y con una expresión de terror en sus ojos.


Lo atropelló de pleno, dándole muy fuerte. El autoestopista se golpeó contra el capó. Gritaba de dolor y miedo. Cada golpe que se daba, era más fuerte que el anterior. Ann había perdido el control del vehículo e iba dando bandazos de un lado para otro.


El hombre cayó a un lado y las ruedas delanteras y luego las traseras pasaron por encima de su ya magullado cuerpo. Dejó de gritar cuando una de las ruedas le pasó por la cabeza.


Ann consiguió dominar el coche y frenó. El cuerpo del autoestopista yacía sobre la carretera, sin signos de vida. Se quedó paralizada, mirando por el espejo retrovisor al hombre tirado en la calzada. Se puso a llorar histérica, tapándose la boca sorprendida.


Ann: ¡He atropellado a alguien! ¡Oh, no!

No podía dejar de llorar. Miraba por el espejo retrovisor, esperando que el hombre se moviese o diese algún signo de vida. Pasaban los minutos y el autoestopista no se movía.

Ann: Está muerto...lo he matado. Debería bajar...comprobar que está muerto. A lo mejor sigue con vida...¡No, ya está muerto! Piensa, Ann, piensa...


Ann: Esto arruinará mi vida. Quizás vaya a la cárcel y George descubrirá lo de Mike. Ya no puedo hacer nada por este hombre. Será mejor que me marche, que olvide lo ocurrido. ¡No puedo!

Seguía llorando, intentando aclarar las ideas. Debía tomar una decisión.


De pronto, las luces de un coche se acercaban lentamente hasta ella. Alguien venía por esa misma carretera y en cuanto llegase,no podría escapar. Tendría que apechugar con lo que había hecho y su vida cambiaría para siempre.

Ann: No sé que debo hacer...


Aquel coche se detuvo ante el cadáver del autoestopista. Las luces de sus faros iluminaron al pobre hombre y sus terribles y mortales heridas.

George: ¡Un accidente!


Ann se alejó lentamente de la escena y se detuvo a una distancia prudencial. No quería que reconociesen el coche ni pudiesen ver la matrícula.


Un hombre mayor bajó del vehículo y fue en auxilio del autoestopista. Cuando vio el estado en el que había quedado, supo que era imposible que hubiese sobrevivido.

George: Por todos los clicks, está muerto.


Miró al coche de Ann. Solamente podía ver las luces traseras de su vehículo. En plena oscuridad parecían los ojos rojos de un demonio enfurecido.

George: Aquel coche le habrá atropellado. ¿No piensa hacer nada?


Otro vehículo se detuvo para saber que estaba ocurriendo. Conducía una mujer, que miró desde el asiento del conductor la escena. Cuando vio el cadáver, gritó espantada.

Laura: ¿Está muerto?
George: Me temo que sí.
Laura: ¿Lo ha atropellado?
George: No, ha sido aquel vehículo de allá.


Laura se bajó para comprobar que en realidad estuviese muerto.

Laura: ¡Pobre hombre! Es horrible...
George: Ya he llamado a una ambulancia, dicen que tardarán un poco en llegar.


Ann miraba desde la distancia lo que estaba ocurriendo. Seguía indecisa, sin saber lo que debía hacer.

Ann: Debería ir y aceptar mi destino.


Laura miraba al coche de Ann. Estaba muy enfadada.

Laura: ¡Vuelve aquí y da la cara! ¡Le has atropellado, asesino! Rápido, debemos tomar la matrícula antes que escape.
George: Desde aquí no se ve nada.
Laura: Me acercaré con mi coche.


Al escuchar sus gritos, reaccionó. Aceleró y se alejó de allí a toda prisa. Laura gritaba enfurecida. Corría en un intento desesperado por anotar la matrícula o averiguar que clase de coche era.


De nada le sirvió, Ann se alejó rápidamente sin que le diese tiempo a nada. Estaba temblando, muy nerviosa.

Ann: Ann,¡en que lío te has metido! No puedo creer lo que he hecho...¡He matado a un hombre! La cuestión es, ¿podré vivir con ello? Todavía estoy a tiempo para entregarme. Puedo alegar que lo confundí con un animal...Un momento, a lo mejor no está muerto. Es verdad, quizás haya sobrevivido. Tengo que tranquilizarme y no precipitarme.


Vio a alguien caminando torpemente por la carretera y se detuvo. Miró por el espejo retrovisor. Aquella persona parecía ser el autoestopista, pero era imposible. Lo había dejado allí, muerto o malherido.


Estaba muy oscuro, por lo que le costaba verle. Aquel hombre se acercaba muy lentamente, arrastrando una de sus piernas. Levantaba un brazo, pidiendo a Ann que la esperase.


Parecía el mismo hombre que había atropellado, malherido y con sangre por todas partes. Estaba desesperado por llegar hasta Ann y comenzó a caminar más deprisa,arrastrando su pierna y sonriendo mientras escupía sangre por la boca.


Ann aceleró asustada. Estaba empezando a pensar que había perdido la cabeza.

Ann: Creo que me estoy volviendo loca. 


Continuará...


miércoles, 31 de octubre de 2018

Halloween 2018: El autoestopista- Capítulo 01

Capítulo 01

¿Truco o trato?


Alguien observa por la ventana. La luces están apagadas en aquel lugar. En el exterior el paisaje no puede ser más terrorífico. Un cementerio, casas encantadas, fantasmas paseándose entre las tumbas, calabazas con sonrisas diabólicas, zombies deambulando sin rumbo fijo...el paisaje es espeluznante. Las aspas de un molino se mueven lentamente en la lejanía, a merced de un viento que transporta los lamentos y sonidos del más allá. En ese lugar la noche es infinita, jamás aparece el sol.


Ese ser mira a través de la ventana. Está rodeado de arañas gigantes, salpicaduras de sangre por las paredes y todo tipo de alimañas.


Con todos ustedes, el terrorífico, el malvado, el perverso...¡Calabazo!

Calabazo: Mis queridos amigos, bienvenidos otro año más a Halloween. Me complace que hayáis decidido pasar este día tan especial conmigo. Soy Calabazo y os voy a contar una nueva historia de terror. Antes de nada, tendréis que disculparme. Este año me pilláis justo en una cita. Estoy en un restaurante del inframundo. He quedado con una maléfica bruja con la que me gustaría iniciar una relación. ¡Por ahí viene!


La bruja no puede ser más guapa. Pelirroja de pelo largo, con un vestido negro ceñido a su cuerpo y un sombrero negro. Lleva consigo una barita mágica, con la que es capaz de hacer cosas inimaginables.

Calabazo: Alice Kyteler, bienvenida.
Alice: Gracias, Calabazo.
Calabazo: Estás diabólicamente bella.
Alice: Muchas gracias. Tú también estás escalofriantemente espantoso. 


Calabazo: Por favor, toma asiento.

Calabazo retira la silla de la mesa para que siente.

Alice: Eres todo un caballero.


Calabazo: ¿Tienes apetito?
Alice: Sí, aunque lo que más deseo es que me cuentes una de tus historias de terror.
Calabazo: Todo a su debido tiempo. Pidamos primero.¡Camarero!


Un hombre pálido, con el pelo blanco y muy elegante se acerca  a ellos.

Camarero: ¿Ya saben los señores lo que desean pedir?
Alice: Sí. Quiero ojos bañados en vómito de ogro verde y patas de rata con salsa de costras.
Camarero: ¿Y el caballero?
Calabazo: Revuelto de gusanos y orejas de niño a la parrilla.
Caballero: ¿Para beber?
Calabazo: ¿Te apetece sangre?
Alice: Vale, pero que sea sangre de embarazada.
Camarero: Perfecto. 


Alice: Por favor, cuenta ya la historia de terror. Estoy deseosa.
Calabazo: Está bien, no os haré esperar más. La historia de este año se titula...El autoestopista.


Ann le era infiel a su marido. Llevaba meses quedando con un gigoló al que pagaba muy bien. Sus encuentros eran cada vez más frecuentes y Ann estaba encantada. Su marido era aburrido e insulso en la cama, por lo que el gigoló era algo imprescindible para ella . Para no levantar sospechas, se encontraban en un hotel en otra ciudad. Allí pasaba horas con Mike, disfrutando del desenfreno y la pasión. Su marido, mucho más mayor que ella, trabajaba como abogado y pasaba largas jornadas fuera de casa, por lo que le era fácil quedar con Mike sin ser descubierta. Aquella fatídica noche, se dejó llevar sin mirar el reloj.


Bajo las sábanas, tumbados en el suelo y frente a la chimenea, liberaban sus más apasionados deseos. Mike disfrutaba, incluso más de lo que quería reconocer. Le estaba empezando a gustar Ann.

Mike: ¿Te gusta así?
Ann: ¡Me encanta! No pares, Mike.


Cuando terminaron, Mike agarró una botella de champagne y llenó dos copas.

Mike: Toma. Vamos a brindar por nosotros.
Ann: Chin chin. He contabilizado seis orgasmos.
Mike: Sí, han sido seis intensos orgasmos. 
Ann: Eres el mejor en la cama.
Mike: Tú también eres fabulosa. Ann, podríamos quedar otro día para ir a cenar o dar un paseo. ¿No te apetece?
Ann: ¿Es una broma? No te pienso pagar por dar un paseo, cariño. ¡Oh, mira que hora es!


Ann se levantó llevándose consigo las sábanas. Mike quedó desnudo ante ella.

Mike: Quédate conmigo, deja a tu marido.
Ann: Mike, eso no es posible. Mi marido paga todos mis caprichos. ¿No te quieres comprar un BMW? Gracias a lo que te pago te podrás comprar uno. Si dejo a mi marido, te quedarás sin coche nuevo.
Mike: Pero...
Ann: Mike, piensas demasiado. Tengo que vestirme.


Ann se vistió rápidamente. Una mini falda verde y un top muy escotado. Sus gafas fashion rosas,  unas botas marrones muy caras, pulseras y su collar de perlas. Mike se acercó hasta ella, abrazándola por la espalda.

Mike: ¿No te puedes quedar conmigo un rato más?
Ann: Imposible. Es demasiado tarde, Mike. No sé lo que dirá mi marido cuando no me vea en casa. No quiero tener problemas.
Mike: Conozco un abogado muy bueno.


Ann: Mi marido es el mejor abogado que conozco, capaz de conseguir lo que le da la gana. Mike, disfruta de nuestros encuentros y del dinero. No es posible nada más. Toma, hoy has estado impresionante.

Le ofreció 500 cleuros. Mike miró el dinero asombrado. Estaba indeciso, quería rechazarlo.

Ann: Mike, este dinero es para ti. No seas tonto, te pertenece. Tenemos un trato, sexo por dinero. 
Mike: Está bien.


Ann: ¿Nos vemos la semana que viene?
Mike: Sí, el día que decidas.
Ann: Viernes a la misma hora en la puerta del hotel.
Mike: De acuerdo.


Ann se marchó corriendo. Llegaba tarde a casa y aunque sabía que no lograría llegar antes que su marido, no quería perder más tiempo. Mike se quedó solo, tumbado en la cama.

Mike: Tengo que desengancharme de ella...


Ann caminaba sin perder el tiempo. Estaba pensando una buena excusa para cubrirse las espaldas pero por más que lo hacía, no se le ocurría una idea convincente. Unos hombres jugaban al baloncesto. Uno de ellos intentaba encestar el balón mientras el otro se lo impedía.


Ann pasó por medio, interrumpiendo el juego. Los hombres gritaron indignados.

Isco: ¡Ey! ¡Pasa por otro lado!
Robin: ¡Quita de en medio! 
Ann: Tengo prisa, no tengo tiempo para dar rodeos.


Ann siguió su camino sin prestarles mucha atención. Seguía pensando en la excusa perfecta que justificase su ausencia en casa.

Isco: Menuda petarda.
Robin: Por muy poco no le doy un balonazo.


Tenía su coche aparcado no muy lejos del hotel. La calle estaba repleta de gente. Era la noche de Halloween y todo el mundo disfrutaba del ambiente en la calle. El coche de Ann era un Porsche Macan GTS en rojo. Es un coche muy caro pero con grandes prestaciones.


"A lo mejor llega tarde a casa. No, George Lansin Squaid nunca llega tarde. Las 23:30 no son las 23:31 o las 23:32, son las 23:30. Es extremadamente puntual."


Un niño y una niña disfrazados se acercaron a ella.  Ella iba de caperucita y él de demonio. Llevaban cestas en las que metían las golosinas que conseguían.

Caperucita: ¿Truco o trato?
Ann: No tengo tiempo para esto, lo siento niños.
Demonio: ¿Truco o trato?
Ann: Ni una cosa ni la otra. Tengo prisa, lo siento.


Ann se subió a su coche dejando a los niños allí plantados. La miraban serios, sin moverse del sitio.


Se sentó en el asiento y encendió el coche. Se percató de que los niños la seguían mirando, casi sin pestañear. Sorprendida, bajó la ventanilla del copiloto para poder hablar con ellos.

Ann: Ey, no os lo toméis a mal. Me pilláis en un mal día.
Demonio: Hoy es Halloween, señora.
Caperucita: No respeta el espíritu de Halloween y está muy enfadado.
Demonio: El espíritu la observará atentamente. 
Ann: Que sí, hasta luego.
Caperucita: Tenga cuidado con lo que hace. Es su noche y cualquier error, se le volverá en su contra.


Cerró la ventanilla enfadada. Encima que se disculpaba, le hablaban de esa forma. Le pareció curioso que unos niños tan pequeños fuesen capaces de decir esas cosas tan espeluznantes. Por eso nunca había querido tener hijos, no soportaba a los niños. 


Salió del aparcamiento y aceleró. Tenía que llegar a casa cuanto antes.

Ann: ¡Maldita sea! Tengo un cuarto de hora antes de que llegue George...es imposible que lo consiga.