lunes, 6 de agosto de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 21: ¿Soy un monstruo?

Las Playgirls hablaban animadamente de camino a su camarote. Estaban muy satisfechas por el show ofrecido y felices por Agnes y Artemisa.

Asunción: Es que hacen una pareja divina...aunque me muera de la envidia.
Justina: Hermanita, siempre te enamoras de las clacks más imposibles.
Asunción: ¿Puedes dominar tu corazón? Pues yo tampoco.
Piedad: Nos tenemos las unas a las otras, chicas. Nosotras no nos fallaremos nunca.
Asunción: Sí, aunque es triste que nunca seamos correspondidas.
Justina:  Algún día llegará, ya lo verás.


Piedad: ¡Mirad! ¿Quién es ese buenorro?
Asunción: Sale del camarote de Caitlyn.
Justina: Pues camina como alma que lleva el demonio.

Blas caminaba rápidamente sin percatarse de las presencia de las hermanas. Tenía los puños enrojecidos. 


Asunción: Me dijo Caitlyn que había uno que le gustaba mucho, pero que no sabía si lanzarse.
Justina: Pobrecita, siempre ocultando su secreto para no sentirse rechazada. 
Piedad: Espero que le haya ido bien. Se tiene que quitar de la cabeza al Capitán, es un amor imposible.
Justina: Vamos a ver que nos cuenta.

Blas había dejado la puerta abierta tras marcharse, por lo que entraron sin problemas.

Asunción: ¿Caitlyn? ¿Hola?
Piedad: ¿No está?


Asunción: ¡Carallo! ¡Caitlyn! ¡Chicas, venid aquí!
Justina: ¡Por la virgen de la clackatúa!
Piedad: ¡Ay que nos la han matado!


Asunción la incorporó un poco y consiguió apoyarla en su regazo. Estaba repleta de moratones y cortes por todas partes. Estaba consciente, pero no se quejaba del dolor.

Asunción: Amor, dime que te ha ocurrido. ¿Ha sido ese chico?
Caitlyn: No estoy destinada a ser amada...siempre recibo todo el odio del mundo.
Justina: Está delirando.
Piedad: Vamos a tumbarla sobre la cama. Con mucho cuidado.


Entre las tres, consiguieron acostarla sobre la cama. Caitlyn gritó dolorida con tanto movimiento.

Asunción: Ahora mismo vamos a hablar con el capitán. Necesitas atención médica.
Justina: Esto no se puede quedar así.
Caitlyn: No, por favor. Si le contáis esto, descubrirá mi secreto...
Asunción: ¿Y qué más da? ¡Esto no puede quedarse así!
Caitlyn: Estoy bien, solamente necesito descansar. Quiero olvidar lo ocurrido. 
Justina: Pero...
Caitlyn: Por favor, respetad mi decisión.
Asunción: Pues deja que curemos tus heridas, tienen muy mala pinta.
Caitlyn: Vale...


Las tres hermanas se reunieron para hablar.

Justina: ¿Y bien? No podemos permitir que ese miserable quede inmune.
Piedad: Pero ella no quiere denunciarle...
Justina: No quiere que el Capitán sepa que es transexual. Debería darle igual.
Asunción: Tengo una idea. Nos encargaremos nosotras solas de impartir justicia.
Justina: Me gusta como piensas, hermana.


Todos respiraron más tranquilos cuando Renzo y Elliot subieron a bordo. El Capitán abrazaba a su hijo emocionado y Willy hacía lo mismo con Renzo. Duclón lo abrazó y comprobó si se encontraba bien. Estaba exhausto pero sobreviviría.

Willy: ¡Eres la caña, Renzo!
Duclón: Has sido muy valiente, Renzo, aunque eso que has hecho era muy peligroso. Menos mal que estás bien.
Wenda: Estoy atacada. Si le llega a pasar algo me muero. ¿De verdad que estás bien?
Renzo: Sí...un...un...un poco can...cansado.
Kimberly: ¡Mi novio es un héroe! Esto lo cuelgo en Instaclick ahora mismo.


Capitán Miller: Hijo, ¿estás bien?

Elliot temblaba tanto que no podía ni hablar.

Capitán Miller: ¡Traed una manta!


Duclón: Menudo susto nos has dado. Eres joven, pero se nota que eres hijo de Carmelo. Serás un buen pirata. Un poco impulsivo, eso sí. ¿Tienes frío?
Renzo: Un poco...
Duclón: Toma esto y tápate. 


Capitán Miller: Gracias por salvar a mi hijo. Has arriesgado tu vida para salvar la suya. No puedo más que darte las gracias, eres un héroe.  Me alegra que os colaseis en mi barco. Es un honor tenerte a bordo.
Renzo: Gracias, Capitán. Había otra persona en el agua.
Capitán Miller: ¿Cómo?
Renzo: Sí, hay alguien más en el agua. 


Elliot estaba en los brazos de Leire, tapado con una manta y entrando en calor. Esto le permitió por fin hablar.

Elliot: Lucía está en el agua, papá. Se tiró a rescatarme.
Capitán Miller: ¿¡Lucía!? No puede ser...


El Capitán se asomó y llamó a su novia. La tormenta estaba cada vez más cerca y las olas eran más grandes.

Capitán Miller: ¡Tenemos que encontrarla! 


Capitán Miller: ¡Que enciendan los focos! ¡Ordena que bajen la lancha! ¡Debemos darnos prisa!


Sinéad y Eros llegaron a la cubierta más alta del barco. Sinéad se tumbó en el suelo y miró por una de las claraboyas  el interior del barco. Podía ver la sala de fiestas. Todo el mundo bailaba y bebía ajenos a su tristeza.

Sinéad: Me gustaría deshacerme de esta tristeza que me invade. Eliminar esta culpabilidad que me quema por dentro...
Eros: Entonces no serías tú.
Sinéad: ¿Soy un monstruo?
Eros: Sabes que no.

¡¡Socorro!!


¡¡Cataplum!!

Sinéad: ¿Has escuchado eso?
Eros: ¿El qué? ¿Los truenos?
Sinéad: Esos gritos.

La tormenta estaba prácticamente encima. Los truenos eran tan fuertes que parecía que iban a partir el barco en dos.

¡¡Cataplum!!


Sinéad se asomó y vio a alguien ahogándose en el mar.

Sinéad: ¡Alguien se está ahogando!
Eros: ¿En serio? ¡Es verdad!

¡¡Cataplum!!


Sinéad: ¡Aguantaaa! ¡Voy a ayudarle!
Eros: ¡El agua está muy brava, Shiny! Será mejor que no...


Antes de que terminase la frase, Sinéad se lanzó al agua. Podía percibir la angustia de esa persona, lo mal que lo estaba pasando. Si no la rescataba en seguida, moriría.


Al lanzarse al agua,pasó por la cristalera que daba a la sala de fiestas. Silvana estaba intentando despejarse un poco tras fumar unos cuantos porros. Bailaba como podía al son de la música. De pronto, vio a Sinéad por la cristalera, cayendo al agua. Dió un grito de histerismo, pero nadie se percató. La música estaba muy fuerte. Otra vez había visto a esa vampiresa. Primero tirando un muerto al mar en la isla, y ahora por la cristalera del barco.


Salió corriendo hacia su camarote, necesitaba acostarse.

Silvana: Se acabó, no pienso fumar ni un solo porro nunca más. Esto debe ser una señal...¡Tengo que desintoxicarme! 


Fuera, luchando contra las olas, Lucía aguantaba a duras penas. Era prácticamente imposible mantenerse a flote y el mar era cada vez más violento. Alguien le agarró por la cintura y la tranquilizó.

Sinéad: ¡No temas, ya estás a salvo!

Ya estaba lloviendo con fuerza y tenían la tormenta encima.

¡¡Cataplum!!


Álvaro: ¡Mire, mi Capitán! ¡Allí se mueve algo!
Capitán Miller: ¡Rápido, tenemos que ayudarle!


Cuando Lucía y Sinéad estuvieron a bordo, el Capitán abrazó y besó a Lucía sin contemplaciones. Leire estaba muy feliz al ver a Lucía con vida, pero le sorprendió la efusividad del Capitán.  

Lucía: E-e-lliot...
Capitán Miller: Está bien, no te preocupes.

Lucía respiró tranquila. Sabía que había sobrevivido por los pelos. Miró a Sinéad agradecida.

Lucía: Gracias...
Sinéad: De nada. ¿Estás bien?
Lucía: Sí, gracias a ti. Eres mi ángel de la guarda.
Sinéad: No, solamente soy...
Lucía: Jamás olvidaré lo que has hecho por mi.

¡¡Cataplum!!


Lucía abrazó a Elliot y este se puso a llorar. 

Elliot: Lo siento, he sido un tonto...
Lucía: No llores, pequeño. Ya pasó. Lo importante es que estás bien.


Capitán Miller: Señorita, no sé cómo agradecer lo que ha hecho. Gracias, gracias de todo corazón. Se merece al igual que Renzo, una distinción por su valentía. Es usted una mujer extraordinaria.
Sinéad: Gracias, no sabe lo bien que me vienen sus palabras.
Lucía: ¡Pasemos dentro, se aproxima la tormenta! Capitán, le necesitan en el puente de mandos.
Capitán Miller: En seguida voy, Leire.


Eros: ¡Shiny! ¿Estás bien?
Capitán Miller: ¿La conoce?
Eros: Es mi novia.
Capitán Miller: Es afortunado. Tiene un ángel de novia, una mujer extraordinaria. Mañana mismo prepararemos un acto en honor a ella y al pequeño Renzo. Son héroes. 
Eros: Eso sería fabuloso.


Sinéad: ¡Eros!

Se besaron bajo la intensa lluvia.

¡¡Cataplum!!

Eros: ¿Ahora que tienes que decir? Un ángel, un mujer extraordinaria, una heroína... No he escuchado a nadie decir monstruo.
Sinéad: Ahora me siento mucho mejor.
Eros: Has saltado sin dudar para salvar la vida a esa clack. No eres un monstruo, Shiny.

Ella le sonrió feliz y siguieron besándose bajo la tormenta.

¡¡Cataplum!!


El capitán abrazó a Lucía y su hijo. Sentía que les habían concedido una segunda oportunidad.

Capitán Miller: Os quiero.
Lucía: Y nosotros a ti.
Elliot: Serás una buena mamá, Lucía.
Lucía: Gracias, pequeñajo.
Capitán Miller: Vamos, nos estamos empapando. Tenemos una gran tormenta encima y me esperan en el puente de mando.


Continuará...

domingo, 5 de agosto de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 20: Cuestión de supervivencia

Renzo y sus amigos subieron a cubierta para estar a solas. Habían cenado mucho y bailado hasta no poder más. Emma y Willy estaban sentados en el suelo, observando las gigantescas nubes que cada vez estaban más cerca. Muchísimos relámpagos lo iluminaban todo de vez en cuando. Kimberly se acostó sobre Renzo, que estaba tumbado sobre una hamaca.

Emma: Me gustan las nubes y las tormentas. ¿Crees que soy rara por eso?
Willy: Claro que no. A mi también me gusta la lluvia y las tormentas.
Emma: En mi pueblo no suele llover mucho. Es un poco secano. Por eso cuando llueve, es toda una fiesta para mi. A mi amiga Flavia sin embargo, no le gusta la lluvia. Aunque cuando llueve, siempre la convenzo para ir a saltar sobre los charcos. 
Willy: Algún día me gustaría conocer tu pueblo y tus amigos.
Emma: Flavia te caería genial. Es mi mejor amiga. Aunque últimamente nos vemos poco...
Willy: ¿Estáis enfadadas?


Emma: No...es que...no quiero ponerte triste.
Willy: No te preocupes, puedes contarme lo que quieras.
Emma: Hace un año enfermé. Estuve meses en el hospital, a punto de morir.
Willy: ¿Que te pasó?
Emma: Es mi corazón, Willy. Falla, no está bien. Ahora tengo un marcapasos, pero no debo hacer grandes esfuerzos. Mi abuela no quiere que haga prácticamente nada, me tiene confinada en casa sin salir y falto mucho al instituto. La Ramona, una de mi clase, dice que aproveche, que me queda muy poco de vida con un corazón tan débil como el mío.
Willy: ¡Eso es mentira! No te queda poco, no le hagas caso.


Emma: Yo quiero hacer cosas, pero me da un poco de miedo. Mi abuela siempre me regaña cuando monto a caballo o bailo en las fiestas de mi pueblo. Pero si no hago lo que me gusta, ¿merece la pena vivir? Pienso que si me voy a morir pronto, que por lo menos pueda disfrutar un poco.
Willy: No pienses así, no te vas a morir. Ahora tu corazón está controlado y no te pasará nada.
Emma: Entre la tonta de la Ramona y mi abuela, que no me deja hacer nada, estoy amargada y ya no sé que pensar. Mira tu tía, se va a casar siendo ya mayor, feliz...yo quiero eso, poder llegar a ser vieja y vivir cada momento.


Kimberly: Y por eso no quieres besar a Willy. Piensas que te vas a morir y no quieres tener novio.

Willy enrojeció y Emma la miró sorprendida.

Emma: Pues...
Kimberly: Vive la vida, Emma. Me puedo morir yo antes que tú, no hay nada escrito. ¡Willy es un buen chico, tonta!
Emma: Kim, mejor dejemos este tema...
Kimberly: Mira los carcas de antes, con perdón de tu tía, Willy. Pero son vejestorios que viven sus últimos momentos de vida dejándose llevar. Ellos saben que se van a morir pronto, son muy viejos, pero no les importa. Se casan igualmente.
Willy: No se van a morir pronto.
Kimberly: ¡Pues claro! ¿Cuantos años tienen? Por lo menos unos 95 años.
Willy: ¡No tienen tantos!
Kimberly: Da igual. Lo que quiero decir, es que si unos viejos que les da igual hacer el ridículo delante de todo el mundo viven cada instante de sus vidas, tú también puedes.


Renzo se levantó y se sentó un poco a parte. Las palabras de Kimberly no le habían gustado nada. No veía las cosas de la misma forma.

Renzo: Declarar su amor y casarse no es hacer el ridículo.
Kimberly: Un poco sí, cariño. Que se declaren su amor, pero no delante de todo el mundo. Si son mis abuelos, me daría vergüenza. 
Emma: A mi me parece bonito. No estoy de acuerdo contigo, Kim. El amor nunca es ridículo, ni a los veinte  ni a los cuarenta.
Willy: Ni tampoco declararse ante todo el mundo. 
Kimberly: Ay, pues a mi no me gusta ver a los viejos haciendo esas cosas.
Renzo: Algún día seremos viejos.
Kimberly: Puff, para eso quedan siglos.


Mientras, Lucía encontró a Renzo asomado por una barandilla. Miraba las olas moverse de un lado para otro.


El viento era cada vez más intenso y las olas movían  el barco con fuerza. Lucía se acercaba a Elliot con delicadeza.

Lucía: ¿Podemos hablar?
Elliot: Tú no eres mi madre.
Lucía: Ni pretendo serlo, pequeño. Sé lo mucho que amas a tu madre y que la echas de menos. Yo no voy a sustituirla, Elliot.


Elliot: Mi padre está traicionando a mi madre contigo. ¡Ella estará llorando en el cielo!
Lucía: Tu mamá no estará triste, todo lo contrario. Ella querría que tu padre fuese feliz, y que encontrase a alguien que lo quiera de verdad. No le gustaría la idea de que tu padre esté solo para siempre.
Elliot: No está solo, me tiene a mi.
Lucía: Pues claro, pero tú crecerás y encontrarás el amor. Tu padre estará solo para siempre, sin que nadie le quiera y lo cuide. Eso no es justo, ¿no te parece?
Elliot: No...


Elliot se puso a llorar desesperadamente. Miraba al cielo enfadado.

Elliot: ¡Mamá! ¿¡Porqué me has abandonado!? ¡¡Yo quiero estar contigo!!
Lucía: Elliot, cuidado.


El barco dio una sacudida con una ola muy grande y Elliot perdió el equilibrio. Se agarró a la barandilla, pero estaba a punto de caer al agua.

Elliot: ¡Ahhhh! ¡Socorroo! ¡Que me caigo, que me caigo!
Lucía: ¡Aguanta! ¡Dame la mano!
Elliot: ¡Me estoy cayendo! ¡Ahhhh!


Elliot cayó al agua sin que Lucía pudiese evitarlo. Las olas lo engulleron y desapareció.

Lucía: ¡¡Ellioooooooot!!


Beatriz estaba decidida. Tenía que separarse, alejarse de Ignacio. Su prioridad era su hija, que no sufriese con todo esto. Lo primero que tenía que hacer era tirar todas las cosas de su marido fuera del camarote o directamente a la basura. Seguía llorando pero una fuerza que desconocía que tenía, le daba las energías necesarias para seguir luchando.


El hombre misterioso la vio pasar y se detuvo. Beatriz llevaba el mismo peinado que Carlota y las dos vestían de una forma parecida. 

Hombre Misterioso: ¡Ahí estás!


Corrió tras ella para darle alcance. Beatriz corría, pero no estaba huyendo de él. Corría para llegar cuanto antes al camarote, deshacerse de todo lo que perteneciese a su marido y encerrarse para poder llorar.

Hombre Misterioso: ¡No huyas más!


Disparó y una bala la alcanzó. Beatriz sintió un dolor intenso en el brazo y cayó al suelo dolorida. No entendía que le estaba ocurriendo.

Hombre Misterioso: Por fin te tengo, vieja.

Carlota estaba escondida y vio toda la escena. La había confundido y estaba a punto de asesinar a una clack inocente. Tenía que impedirlo.


Beatriz: ¡Elliooot! ¡Socorro!
Emma: Huy, ¿de dónde vienen esos gritos?
Renzo: Provienen de aquella zona.
Willy: Alguien está pidiendo ayuda.
Renzo: ¡Vamos!


Lucía sabía que cada segundo era vital para poder salvar a Elliot. Sin dudarlo, se lanzó al agua para intentar rescatarlo.


El agua estaba tan fría que le dolía todas las articulaciones. Sentía como si le estuviesen clavando miles de agujas en la cabeza. Pudo ver a Elliot no muy lejos de ella, intentando mantenerse a flote.

Lucía: ¡Elliot!
Elliot: ¡Lucía! ¡Ayúdame! 


Renzo y sus amigos llegaron justo en el momento en el que Lucía se lanzaba al agua. Al ver la escena, se pusieron muy nerviosos.

Renzo: ¡Es Elliot! ¡Ha caído al agua!
Kimberly: ¡Y alguien más!
Willy: ¡Tenemos que pedir ayuda!


Renzo: ¡No hay tiempo! Yo sé nadar perfectamente.
Kimberly: ¿Estás loco? ¡Que se tire otro al agua!
Renzo: ¡Tengo que ayudarle! Se lo debo.
Kimberly: ¡No lo hagas!


Willy: ¡Es peligroso, Renzo!
Kimberly: Si de verdad te importo, no te tirarás. Deja que lo rescate otro. ¡Puedes morir!
Renzo: Se está ahogando, Kim. No pienso quedarme de brazos cruzados.
Emma: ¡Ya nos los veo! ¡Han desparecido!


Renzo se lanzó al agua entre las protestas de Kimberly y sus amigos. Willy cogió un salvavidas y se preparó para lanzárselo a su amigo.

Kimberly: ¡Renzooo!
Emma: ¡Cada vez hay más olas!


Willy: ¡Mira, está ahí! ¡Renzooo!
Kimberly: ¡Si se muere no voy al entierro!
Emma: ¡Voy a buscar ayuda!

Renzo era un excelente nadador, así que conseguía mantenerse a flote.  El mar estaba cada vez más bravo y sus fuerzas estaban empezando a flojear. Recordó todas las clases de natación que le impartió su padre y las aplicó. Vio a Elliot no muy lejos y nadó en su busca.


Renzo: ¡Aguantaaa!

Elliot se estaba ahogando y ya no tenía fuerzas para seguir luchando.


En la sala de fiestas, Wenda y Duclón bailaban pegados.

Wenda: Tengo un mal presentimiento.
Duclón: ¿Qué ocurre?
Wenda: ¿Dónde están los niños?
Duclón: No lo sé...
Wenda: Mira el tiempo que hace. Parece que se acerca una tormenta. 


Emma trajo al Capitán y a Leire. Miraban aterrorizados a Renzo nadando hacia el salvavidas y Elliot agarrado a su cuello.

Capitán Miller: ¡Es mi hijo! ¡Agarra el salvavidas, muchacho!
Willy: ¡Vamos, Renzo! ¡Tú puedes!


Renzo consiguió agarrar el salvavidas. Colocó a Elliot en su interior y le pidió que se agarrase fuerte.

Elliot: ¡Renzo! Me has salvado...
Renzo: Sí...creo que sí...
Capitán Miller: ¡Aguantad, ahora mismo os subimos! 


Elliot: Gracias, amigo.
Renzo: Hasta que no estemos a bordo, no me des las gracias.


Sinéad caminaba nerviosa por los pasillos. Eros intentaba tranquilizarla, pero le estaba costando. Vieron a Blas y Caitlyn juntos, muy acaramelados. 

Sinéad: Necesito tomar aire. Me comería a ese click sin pensármelo dos veces. Su aura es oscura como el carbón.
Eros: Vamos a la cubierta, allí te encontrarás mejor.


Sinéad: Parezco una neófita. 
Eros: Eso me gusta.
Sinéad: A mi no...
Eros: Vamos, que me parece que se avecina una tormenta. Con lo que te gustan, seguro que te relaja.
Sinéad: Vale.


Blas empujó a Caitlyn sobre la cama y se tiró encima. Ella le sonreía sorprendida, aunque también un poco preocupada.

Caitlyn: Vas muy rápido, guapo.
Blas: No aguanto más, te deseo.

Blas le besaba en el cuello y le lamía la oreja.

Caitlyn: Quizás esto es un error...
Blas: Esto no es un error, Caitlyn. Eres lo único bueno que me a pasado en este barco. Ni mis amigos son ya de fiar.


Caitlyn: ¿Estás seguro de querer hacer esto?
Blas: Completamente seguro. ¿Y tú?
Caitlyn: Te deseo, pero quizás...sea demasiado precipitado.
Blas: Dejemos de hablar y que nuestros cuerpos decidan por nosotros.


Caitlyn: Un momento, fiera. Deja que primero me arregle un poquito. Ponte cómodo, en seguida vuelvo.
Blas: No tardes o me dará algo.


Blas se desnudó a la velocidad de la luz y se metió entre las suaves sábanas de seda. Caitlyn no tardó en aparecer. Llevaba puestas unas braguitas negras de encaje y nada más. Sus pechos al descubierto, enloquecieron a Blas.

Blas: Estás tremenda.

Caitlyn le sonrió coqueta.


Subió a la cama y se acercó a él. Blas no tardó en pegarse a ella como una lapa y disfrutar de su cuerpo. Caitlyn se dejaba llevar por el deseo y las ansias por ser amada.

Blas: ¡Eres perfecta!


Blas envolvió a Caitlyn con las sábanas y se tumbó sobre ella. La besaba por todas partes, disfrutando su cuerpo como si de un manjar se tratase. Ella había perdido el control sobre si misma, solamente quería disfrutar y olvidarse de todo.


De pronto, Blas pegó un grito y se alejó de ella asustado. Parecía como si hubiese visto un fantasma. Tenía la cara pálida y los ojos muy abiertos. Caitlyn lo miraba preocupada.

Blas: Eres un tío.
Caitlyn: Blas, no soy un hombre. Soy transexual, aunque de momento no quiero terminar el proceso. Pensaba que lo sabías, la canción que canté en mi show era una pista que pensaba habías captado.


Blas: ¡Eres un tío!
Caitlyn: Sabía que todo esto era un error. Debí seguir mi instinto. Pensaba que eras diferente, que lo entendías y lo aceptabas.
Blas: ¡Yo no soy mariquita!
Caitlyn: Yo no he dicho eso. Será mejor que te marches inmediatamente. 


Blas: ¡Me has engañado, mariquita!
Caitlyn: ¡Vete de mi camarote!

Blas la abofeteó y Caitlyn cayó contra el suelo. Se golpeó la cabeza contra la madera de la cama y gritó de dolor.

Caitlyn: ¡Ahhh!
Blas: Voy a darte una paliza, pervertido. 


Blas le empezó a dar patadas y puñetazos. Caitlyn intentaba protegerse pero los golpes llegaban de todas partes. Las costillas, la cara, el cuello, las piernas...Blas le golpeaba en todas partes.

Caitlyn: ¡Bastaaa!
Blas: ¡De mi no se ríe nadie!


En los pasillos, Ignacio se encontró al Hombre Misterioso, que estaba apuntando a Beatriz, que yacía en el suelo herida.

Ignacio: ¡Ey, amigo! ¡No me dispares!
Beatriz: Ignacio...
Ignacio: ¿Estás bien?
Hombre Misterioso: ¿La conoces?
Ignacio: Es mi mujer.


El asesino le apuntó con el arma. Ignacio levantó los brazos en señal de rendición. No se había vestido, por lo que solamente llevaba puestos sus ridículos calzoncillos.

Ignacio: ¡No me mates, por favor!
Hombre Misterioso: Mientes, esta mujer no está casada.

Carlota observaba la escena aterrorizada. No podía permitir que matase a más inocentes.

Ignacio: Mira, podemos hacer un trato. Yo me marcho y hago como si no hubiese visto nada. Te la puedes cargar, me ha pillado con mi amante y el divorcio me iba a salir muy caro.
Hombre Misterioso: Lo siento, pero ya eres un testigo.


Carlota: ¡Detente! Te has confundido. 
Hombre Misterioso: ¡Maldita sea! Entonces, ¿quién es esa?
Carlota: Te has confundido...Deja que se marchen, me quieres a mi.
Beatriz: Me duele el brazo...


Carlota ayudó a Beatriz a sentarse.

Hombre Misterioso: Tiene narices, sois como dos gotas de agua.
Carlota: ¿Se encuentra bien?
Beatriz: Creo que sí.
Hombre Misterioso: Tengo que mataros a los tres. Esto es por tu culpa, Carlota. Deberías haberte entregado hace mucho tiempo. Todos esos policías y las personas que te han querido ayudar han muerto por tu culpa. Ahora, estos dos morirán también.
Ignacio: Por favor, deja que me marche. No diré nada.
Beatriz: Desgraciado...
Carlota: Deja que se marchen, por favor.
Hombre Misterioso: Lo siento, es cuestión de supervivencia.

El asesino, apretó el gatillo de su arma, y disparó.


Continuará...