Malena: Seguimos con nuestro show y ahora de la mano de una DJ internacional. Su forma de pinchar es única y muy personal.
Alicia: Ahora o nunca...allá voy.
Alicia: ¡Un momento!
Malena: ¿Ocurre algo, señorita?
Alicia: Por favor, necesito decir algo importante.
Malena: Vaya, estamos teniendo una noche de confesiones muy apasionante. Suba y explíquese.
Cecilia: ¿Esa no es tu chica?
Izan: Sí, no sé que está haciendo.
A Izan todo eso de declarar su amor en público no lo llevaba nada bien. Se estaba encogiendo en el asiento, intentando pasar desapercibido.
Cecilia: Parece desesperada...
Alicia: No soy dada a estas cosas, pero la situación lo requiere. He metido la pata. Sí, he metido la pata hasta el fondo con el chico al que amo. Le he dado de lado durante todo este viaje y encima, le he acusado de tontear con otras...
Público: Ohhh. Malo malo. Pobre hombre.
Alicia: Quiero decirte ante toda esta gente, que te amo. Que soy una tonta de remate y que he metido la pata. Puede que esto no sirva para nada, pero al menos sabrás que lo siento y que necesito que me perdones. Mira, aquí tengo el ordenador de la empresa.
Todo el mundo se sorprendió cuando Alicia tiró el ordenador al suelo y saltó encima. Empezó a saltar una y otra vez hasta que quedó inservible.
Alicia: Se acabó el trabajo. Te prometo estar más por ti y compensar el tiempo perdido.
Cecilia: ¿Está loca?
Izan: Sí, esa es mi chica loca.
Se levantó y fue hasta ella. Cuando lo vio venir, le entró el pánico. A lo mejor todo aquel numerito no había servido para nada, pero al menos lo habría intentado.
Izan: Estás loca.
Alicia: Lo sé.
Izan: Quiero besarte.
Alicia: Pues sube aquí.
Izan subió al escenario y se besaron. Todos aplaudieron la reconciliación, incluso Cecilia. Le gustaba Izan, pero lo último que quería hacer era inmiscuirse en una relación y que sufriesen por su culpa.
Cecilia bebió un trago de su cóctel y suspiró.
Cecilia: ¿Cuando me llegará el amor?
Caitlyn fue en busca de Blas. Seguía en su asiento, observando a la pareja besarse sobre el escenario. Cuando vio a Caitlyn acercarse, se puso nervioso.
Caitlyn: ¿Y bien? ¿Te ha gustado mi actuación?
Blas: Mucho. Has estado estupenda y muy sexy.
Caitlyn: ¿Te apetece dar un paseo?
Blas: Claro que sí.
Blas se pegó a ella como una lapa y le habló al oído.
Blas: Me gustas mucho.
Caitlyn: Y tú a mi, pero deberíamos ser solamente amigos. Lo nuestro es un imposible.
Blas: Tonterías. No me digas que no sientes la misma química que siento por ti. Nos hemos encontrado en este universo infinito y es nuestra obligación estar juntos.
Caitlyn: No sé, Blas. ¿Te gustó la canción?
Blas: ¡Pues claro! Es una canción fascinante y especial. Estoy loquito por ti. Busquemos un sitio tranquilo.
Caitlyn: No sé...
Blas: Yo sí sé. Déjate llevar y olvida todos tus miedos.
Sinéad se levantó de su asiento nerviosa. Eros intentaba tranquilizarla.
Eros: ¿Estás bien?
Sinéad: Necesito tomar el aire. Aquí hay demasiados clicks juntos y...
Eros: Lo sé...
Sinéad: Eros, no quiero hacer daño a nadie. No quiero ser un monstruo.
Eros: ¡No eres un monstruo!
Sinéad salió corriendo. No aguantaba ni un segundo más en aquella sala.
Eros: ¡Shiny!
Sinéad: ¡No quiero hacer daño a nadie!
Duque veía a Lilu sentada, mirando con tristeza a Alicia e Izan besándose. Decidió acercarse, aunque sabía que no era una buena idea. Le daba pena verla así.
Duque: Lilu, ¿estás bien?
Lilu: No.
Chino Juan: Señolita llola mucho. Mal de amoles.
Duque: No creas que soy de piedra. Me duele verte así.
Lilu: Ya.
Chino Juan: Yo tenel técnica pala el mal de amoles. Patada aliba, patada abajo, subil blazo izquieldo y luego, mente en blanco. Sel bueno pala colazón.
Duque: Sé que a lo mejor este no ha sido el mejor momento para romper, pero sabes muy bien que no se podía alargar más.
Lilu: Claro, justo en mitad de nuestras vacaciones. No puedes venir aquí y...hacer como si nada...
Intentaba aguantarse las ganas de llorar, pero le era imposible.
Lilu: Con lo que yo te quiero...me has tirado a la basura como un trapo sucio.
Duque: Eso es injusto, Lilu.
Lilu: No vengas aquí para justificarte y sentirte mejor. Me has destrozado el alma, a mi, a la clack que más te ama en este Playmundo.
Duque: Yo...
Lilu: Tranquilo, desapareceré de tu vida para siempre. Siento haber sido un incordio para ti todos estos años. Soy insufrible, lo sé. Ya puedes buscarte a otra. Ahora sé que el amor es una farsa, que todo es mentira. Voy a vivir sola para siempre, nadie volverá a hacerme daño.
Duque: ¡Lilu!
Lilu se marchó llorando a su camarote. Se encerraría allí dentro lo que quedaba de viaje.
Chino Juan: Ese mal de amoles sel muy fuelte...no podel culal ni yo.
Carlota y Donato llegaron a una sala oscura, con tubos por todas partes. Algunos de ellos despedían mucho calor.
Donato: Viene por ahí.
Carlota: Deberías huir, solamente me busca a mi.
Donato: No pienso dejarte sola.
Carlota: ¡Rápido escóndete!
El hombre misterioso llegó a esa sala. Miraba las tuberías en busca de Carlota y Donato. En una zona muy oscura, vio a alguien escondido.
Hombre Misterioso: Te pillé.
Carlota estaba aterrada. Había llegado el momento que tanto había temido. Debía enfrentarse a la muerte. Aquel hombre le dispararía y acabaría con su vida como el que pisa una cucaracha. Lo haría sin vacilar, sin remordimientos.
Apuntó su arma en su dirección. Sabía que la había descubierto. No tenía escapatoria.
Carlota: Eres un asesino despreciable. Irás al infierno.
Hombre Misterioso: Es posible, pero tú irás al fondo del mar.
Cuando se disponía a disparar, Donato se interpuso. Agarró su brazo en un intento de arrebatarle el arma. Carlota lloraba temiendo por la vida de Donato, que luchaba con todas sus fuerzas.
El hombre misterioso cayó al suelo pero sin soltar el arma. Donato y Carlota aprovecharon el momento para escapar de nuevo.
Hombre Misterioso: ¡Os atraparé!
Llegaron a un almacén y se escondieron tras unas maletas.
Donato: Así que no te llamas Carmen.
Carlota: No. Lo siento, no me fío de nadie y no quería que salieses herido por mi culpa. Todos los que se acercan a mi, mueren.
Donato: De momento sigo vivo. Me gusta Carlota, es un nombre bonito.
Carlota: A mi me gusta mucho más Carmen. Como la famosa Carmen Clickores. No sé ni cómo puedo pensar en estas cosas...estamos a punto de morir.
Donato: Ahora entiendo que estuvieses tan triste.
Carlota: Gracias por seguir a mi lado...a pesar de todo.
Donato: Si salimos de esta, te llevaré a Bokiang Liao.
Carlota: ¿Lo prometes?
Donato: Lo prometo. Siempre cumplo mis promesas.
Carlota: Ahí vuelve...
El hombre caminaba lentamente. Sus zapatos de vestir de marca, sonaban con cada paso. El silencio reinaba en aquel almacén.
Hombre Misterioso: Sé que estáis escondidos aquí. Caballero, usted puede marcharse. Le prometo que no sufrirá ningún daño. Solamente la quiero a ella.
Donato empujó un pila de cajas con ropa y estas cayeron sobre el hombre. Este gritó sorprendido y de nuevo, cayó al suelo.
Donato intentaba quitarle la pistola, pero era muy fuerte.
Carlota: ¡Cuidado!
El hombre misterioso empujó a Donato y este se golpeó la cabeza con una de las cajas. Se disponía a disparar contra él, pero Carlota se interpuso y le empujó.
Forcejeó con él y cuando vio que ya había perdido el interés en Donato, salió corriendo.
Hombre Misterioso: ¡Maldita vieja!
La siguió disparando su arma contra ella. Corría por los pasillos desesperada, intentando esquivar las balas. Por suerte, ninguna la alcanzó, pero eso podía cambiar en cualquier momento.
Continuará...