jueves, 19 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 13: Triste en el cielo

Carlota bajó a la isla después de armarse de valor. "No pasa nada, todo está bien" se dijo para tranquilizarse. Había visto a Donato bajar del barco y le apetecía hablar con él. Aquel click tenía algo especial que le hacía olvidarse de todos sus problemas. Lo encontró en una tumbona, descansando bajo la sombra de unas palmeras.


Se sentó sobre la arena, aunque no se había puesto bañador ni tenía un calzado adecuado para caminar por la playa. No deseaba ponerse demasiado cómoda por si tenía que salir corriendo. 

Carlota: ¿Se está mejor que en Bokiang Liao?

Donato se incorporó al escuchar su voz. Su mirada se iluminó al verla sentada sobre la arena.

Donato: Se está muy bien, pero Bokiang Liao es mucho mejor.
Carlota: ¿Mejor que esta isla paradisíaca? 
Donato: Así es.


Donato se levantó y se sentó junto a ella. Carlota no pudo evitar mirarle de arriba a bajo. Sin duda, a pesar de su edad, Donato se cuidaba. Tenía un cuerpo que muchos jóvenes envidiarían. 

Donato: ¿No te pones bañador?
Carlota: Es que he bajado de forma improvisada. Mi idea era quedarme en el barco.
Donato: Menos mal que has bajado. Es imperdonable perderse una experiencia como esta. 
Donato: Carmen, ¿puedo preguntarte algo?

Ya no recordaba que le había mentido sobre su nombre. Se arrepintió por haberle mentido, pero le costaba confiar en la gente.

Carlota: Claro, puedes preguntar lo que quieras.
Donato: Te ocurre algo, lo sé. Pareces preocupada desde que te conocí. ¿Estás bien?
Carlota: Tengo algunos problemas, si te soy sincera. Aunque no quiero hablar de ello.
Donato: Lo respeto. ¿Puedo hacer algo para solucinarlos?
Carlota: No. 


Donato: ¿Puedo seguir preguntando?
Carlota: Bueno...
Donato: ¿Estás casada? ¿Divorciada? ¿Viuda?
Carlota: Viuda, pero desde hace muchos años. Mi marido murió muy joven.
Donato: Vaya...
Carlota: Antes de su muerte, adoptemos una niña. Se llamaba Sol. La cuidé durante años pero un día apareció su madre biológica y finalmente se marchó con ella. A veces la veo, pero ya no soy nada para ella.
Donato: Lo siento, es muy injusto.
Carlota: Al menos es feliz, es lo que importa.


Donato: Tú también importas.
Carlota: Hace años que no le importo a nadie. Aunque soy muy luchadora y si la vida me da un golpe, yo me levanto con más fuerza.
Donato: Impresionante. Tienes una fortaleza envidiable. 
Carlota: Eso intento.
Donato: Siguiente pregunta. ¿No tienes calor con esa ropa?
Carlota: Sí, lo cierto es que tengo calor.


Donato: Ponte un bañador y nos metemos en el agua.
Carlota: Oh, no gracias. Prefiero quedarme aquí.
Donato: ¡Es hora de vivir la vida con más intensidad, Carmen!
Carlota: Es que ahora no tengo ganas de subir a por el bañador...
Donato: ¡Al agua pato!


La agarró por la cintura y junto a ella, se tiró al agua. Carlota gritó sorprendida. El agua estaba muy templada, por lo que no fue desagradable.


Se empapó completamente. Al asomar la cabeza del agua, miró a Donato enfadada. Al verle sonreír con ojos de niño revoltoso, no pudo evitar echarse a reír y tirarle agua a la cara.

Carlota: ¡Estás loco!
Donato: Has descubierto mi lado más oscuro. Estoy majareta, completamente chalado. Espero que no lleves nada de valor encima.
Carlota: No, lo tengo todo en el bolso. Oh, el agua está fabulosa.
Donato: Deja que te transmita un poco de mi locura. Los locos vivimos mucho mejor, ya lo verás.

Los dos se echaron a reír y se relajaron en el agua.


Agnes y Artemisa miraban en silencio el mar azul. Se habían bañado y se relajaban sentadas en la arena. Agnes se abanicaba, tenía calor. Artemisa estaba muy seria, casi no hablaba. 

Agnes: Esto es precioso, Artemisiña.
Artemisa: Es bonito.
Agnes: Si no fuese por este calor, sería perfecto.
Artemisa: Para ti sería perfecto estar en Galicia.

En otras circunstancias ese comentario no le habría ofendido, pero dicho así, le sentó fatal. Había sonado casi a burla y eso le dolió. Intento disimular.

Agnes: Sí, pero estar aquí contigo también es perfecto.
Artemisa: ¿De verdad? Últimamente parece que estorbo. 


Agnes: Artemisiña, ¿por qué dices eso? Tú no sobras y lo sabes. No entiendo tu actitud, ¿he hecho algo que te moleste?
Artemisa: Solamente hablas de Galicia y con tus nuevas amigas, sobretodo con Asunción.
Agnes: No sabía que estabas molesta...
Artemisa: Encima cantas canciones gallegas con ella y yo me quedo al margen...no me malinterpretes, me gusta que te relaciones, pero...
Agnes: Te sientes desplazada. Artemisiña, si yo solo tengo ojos para ti.


Asunción: ¡Rapatza! ¡No os encontraba!
Artemisa: No puedo creerlo. ¿Qué hace aquí?
Agnes: Habíamos quedado para bajar juntas a la isla.


Asunción: Mis hermanas se están dando un baño. Estas nadan como sirenas y yo con el miedo que le tengo al mar, meto solamente los pies. ¿Molesto si me quedo?
Artemisa: Pues mira, no te preocupes que yo me voy ya.
Asunción: ¿Ya? ¡Pero si se está de maravilla!


Artemisa se levantó corriendo y se marchó visiblemente enfadada.

Agnes: ¡Artemisa!
Asunción: Vaya, he llegado en un mal momento...


Agnes se volvió a sentar. Todo aquella situación le sobrepasaba. No era capaz de asimilar el enfado de Artemisa y ni mucho menos que estuviese celosa.

Agnes: Creo que está celosa...
Asunción: Ay, los celos son malísimos. ¿Está celosa de alguien en concreto?
Agnes: De ti...
Asunción: ¡Por todos los santos! ¿De mi? Ay, amiga mía...he metido la pata sin querer. No pretendía causaros estos problemas. Yo no tengo malas intenciones contigo, ¡adoro vuestra relación! Lo que ocurre es que contigo tengo mucha conexión, pero como amigas, nada más.
Agnes: No sé que hacer...


Asunción: No lo dudes, ve y habla con ella. Los celos son como una enfermedad. Dile que yo no tengo ningún interés en ti y que estarás menos tiempo conmigo. 
Agnes: Vale...pero me da pena que no podamos hablar.
Asunción: Dejaremos pasar un tiempo, que se le pasen los celos. Corre, habla con ella cuanto antes.


Agnes salió corriendo en busca de Artemisa. Deseaba solucionar las cosas con ella y aclarar los malentendidos. Asunción la veía alejarse sin poder apartar la mirada de su trasero.

Asunción: Artemisa es muy lista e intuitiva...sí que me gusta Agnes, pero no tenía pensado lanzarme a por ella...


Un chico cachas, guapo, rubio, con gafas de sol y enseñando palmito se le acercó de improvisto. Asunción gritó horrorizada cuando le habló al oído sin que lo viese venir.

Chico: ¿Te apetece pasear conmigo, muñeca?
Asunción: ¡Carallo! ¡Menudo susto me has dado! Una aclaración, no soy una muñeca y ni mucho menos tu muñeca. 
Chico: Pues pareces una barbie, muñeca.
Asunción: Soy lesbiana, ¿lo pillas?


Chico: ¡Eso a mi no me importa, me gustan las lesbianas!
Asunción: ¡Pero a mi no me gustan los chuloplayas!


Wenda y Duclón descansaban sobre la arena después de haberse dado un buen baño.

Wenda: Me siento más joven que nunca.
Duclón: Yo también. Si no fuesen por estas canas, parecería un chaval.
Wenda: Esas canas te hacen muy sexy. Duclón, esta isla es fantástica.
Duclón: Sí, aunque antes era mucho mejor. Ahora está repleta de turistas y no se puede respirar la paz que antes transmitía. Me estoy acordando de Peralta, un noviete de hace años de Duclack.
Wenda: ¿Que le ocurre?
Duclón: Por lo que me han dicho, está muy enfermo. Conoció a mi Duclack en esta isla y se hicieron inseparables. Mi Duclack era una renacuaja pero estaba enamoradita de él, que era unos años mayor.


Wenda: Oh, ¿que le ocurre?
Duclón: No lo sé. Se lo ha dicho mi Duclack a Duque por Whatsaclick.
Wenda: Espero que se recupere. La vida es tan injusta a veces...


Duclón: Debemos vivir la vida intensamente, Wenda. Aprovechar cada segundo.
Wenda: Sí, uno nunca sabe lo que puede pasar. Bueno, yo creo que lo estamos haciendo. Este viaje es una muestra de ello.
Duclón: Este viaje cambiará nuestras vidas.
Wenda: No sé si tanto como eso, pero está siendo inolvidable.
Duclón: Tengo una pequeña sorpresa para ti.
Wenda: ¿Un sorpresa?
Duclón: Sí, pero por el momento no te puedo decir nada.


Wenda: ¿No me puedes dar una pista?
Duclón: No, quiero que sea una sorpresa.
Wenda: ¡Qué intriga!

Se lanzó sobre Duclón y se besaron apasionadamente. Willy los buscaba y cuando los vio así, se detuvo sorprendido. 


Wenda: ¡Willy! ¿Qué haces ahí mirando?
Willy: No quería molestar. Es que me parece que nos vamos ya. Leire está haciendo subir a todo el mundo al barco.
Wenda: ¿Ya?


Leire: Hola, así es. Tienen que volver al barco, nos vamos ya.
Wenda: Oh, con lo bonito que es esto...
Leire: Ay sí, esto es precioso. Bueno, visitaremos otros lugares espectaculares.


Los pasajeros subían al barco lentamente. Leire cometió el error de no estar pendiente de la lista con los nombres de todos los pasajeros que habían bajado. Perdió la cuenta de los que habían entrado, por lo que concluyó que ya habían subido todos. Elliot buscaba a su padre, pero no lo encontraba.


Elliot: Dora, ¿dónde está mi padre?
Dora: No lo sé. Lo vi con Lucía hace un buen rato. A lo mejor está descansando en su camarote.
Elliot: Iré a ver.


Elliot fue corriendo en busca de su padre. Deseaba contarle las cosas que había hecho en la isla y lo bien que se llevaba con Renzo, Willy y los demás.


Dora se acercó a Rafa, que estaba junto a una mesa esperando a ser atendido. Estaba serio y parecía triste.

Dora: Siento la tardanza, justo ahora suben todos los clientes y están sedientos. ¿Desea tomar algo?
Rafa: Sí, un whisky.
Dora: Perdona, siento si soy una pesada, pero soy una gran admiradora. Eres un crack, Rafa.
Rafa: Gracias...


Dora: Tienes un ojo hinchado, ¿estás bien?
Rafa: Estoy lejos de estar bien.
Dora: ¿Te puedo sugerir algo?
Rafa: Bueno...
Dora: Un whisky está bien, pero un cóctel bomba de Vera te sentará mucho mejor. Es fuerte, pero revitaliza el alma. 
Rafa: Me has convencido.
Dora: Rafa, podríamos tomar algo juntos un día de estos. 
Rafa: Bueno, ya buscaremos el momento...


Dora: No sé lo que te ocurre pero me da mucha rabia verte así. Espero que eso que te preocupa se solucione pronto. Te traigo enseguida ese cóctel bomba y ya verás como te ayudará a relajarte.
Rafa: Gracias...
Dora: Dora, me llamo Dora.
Rafa: Gracias, Dora.


Beatriz, Ignacio y Kimberly subieron juntos al barco. Beatriz notaba que algo raro ocurría entre su marido y su hija.

Beatriz: ¿Ocurre algo?

Kimberly miraba a su padre, que le suplicaba con la mirada que no dijese nada. Había decidido no decir nada y seguir viviendo una vida cómoda y con todos los caprichos, pero cuando vio a su madre, todo eso dejó de ser tan importante.

Kimberly: No sé. Papá, ¿ocurre algo?
Ignacio: Pues claro que no, ¿verdad hija?
Kimberly: Tengo tantas ganas de comprar ropa. En este barco hay tiendas muy exclusivas de ropa, ¿me das la tarjeta de crédito, papá?
Ignacio: Claro, hija. Me visto y te la doy.


Beatriz: ¿Te has vuelto loco? ¡No tiene edad para ir con una tarjeta de crédito!
Ignacio: Ya, pero...
Beatriz: Pero nada. Luego le acompañamos y que se compre lo que quiera, pero de dejar tarjetas nada. Le pueden robar, Ignacio. ¡Es tan solo una niña!
Ignacio: Sí...¿Lo comprendes, hija?
Kimberly: No, papá. No comprendo nada. Mejor me voy...


Elliot corría por los pasillos a toda velocidad. Estaba seguro que su padre estaría en su camarote. Le contaría que tenía nuevos amigos y que le gustaba mucho Emma.


Abrió la puerta esperando encontrar a su padre hablando por teléfono o escribiendo con el ordenador. Lo que vio, no le gustó nada. Su padre y Lucía se revolcaban sobre la cama semidesnudos.


Capitán Miller: Oh, me tengo que levantar. Estamos a punto de salir y me esperan en el puesto de mando.
Lucía: Sí, yo también debería hacer un pensamiento. Tengo muchas cosas que hacer. Leire está algo verde y es capaz de dejarse a alguien en tierra.
Capitán Miller: Mmm, podría pasarme horas y horas tumbado a tu lado.


No podía creer lo que estaba viendo. Su padre estaba traicionando a su madre con otra clack. Su pobre madre debía estar triste en el cielo, llorando por haber sido sustituida por otra.


Lucía: Tenemos que levantarnos, no quiero que tu hijo nos pillé así.
Capitán Miller: Sí, tienes razón.
Elliot: ¡¡Papá!!


Capitán Miller: ¡Elliot! Eh, ¿qué haces ahí?
Lucía: Elliot, estábamos tomando la siesta.
Elliot: ¡¡Estás traicionado a mamá!!
Capitán Miller: Hijo, tu madre...
Elliot: ¡¡Mamá no se merece esto!!
Capitán Miller: Deja que te lo explique, hijo.
Elliot: ¡Te odio!


Elliot lloraba de rabia y tristeza. Salió corriendo dejando a su padre con la palabra en la boca.

Capitán Miller: ¡Elliot! ¡Vuelve!


Continuará...

sábado, 14 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 12: Pillados

Lucía apuntaba en la lista a todos los pasajeros que se bajaban del barco. Rafa era uno de ellos. Estaba buscando a Amy. Se había ido junto a Jean a la isla y quería volver a verla, aunque fuese de lejos. 


Desde las escaleras del barco la vio. Estaba en la cabaña en la que momentos antes habían estado las Neohippies. Parecía seria y preocupada. Se imaginaba muy bien lo que podría estar pensado. En su triste vida con Jean y su terrible pasado. Tenía que rescatarla de un futuro tan desmoralizador. 


Jean estaba con ella, haciendo fotos al loro.

Jean: ¡Mira que loro tan grande! Estas fotos están quedando geniales.
Amy: Sí...
Jean: ¿Te encuentras bien?
Amy: Sí, estoy bien.
Jean: Pues no lo parece. Sigues muy rara. ¿Hay algo que quieras decirme?
Amy: Eh...no.
Jean: Es importante que me digas las cosas, no sé leer la mente ni soy adivino.


Amy: No es nada, de verdad.
Jean: Bueno, yo me voy a dar una vuelta bien larga por la isla. Te quedas aquí sola, ¿de acuerdo?
Amy: Que sí.
Jean: ¿Estarás bien?
Amy: Sí. Ya puedes irte.


Rafa vio como Jean se marchaba y aprovechó para acercarse a Amy.

Rafa: Hola.
Amy: Hola...
Rafa: Vamos a otro sitio más tranquilo.


Fueron a una zona tranquila y allí se besaron. 

Rafa: Te deseo, vamos a mi camarote.
Amy: No podemos hacer eso... es demasiado peligroso. No quiero que Jean nos descubra, Rafa.
Rafa: Al cuerno con Jean.
Amy: Rafa, no sé si todo esto es un error. Deberías alejarte de mi, te mereces alguien mejor que yo.
Rafa: Tonterías.


Jean: Lo sabía.

Jean los sorprendió abrazados. Rafa se quedó en shock, sin saber muy bien lo que hacer. Jean aprovechó ese momento para darle un puñetazo en la cara.


Rafa cayó al suelo. No había sido capaz de esquivar el golpe y estaba dolorido y humillado sobre la arena.

Amy: ¡¡No le pegues!! 
Jean: Roba clacks...No te acerques a mi novia o te juro que del próximo golpe no te levantas.
Rafa: Ah...
Amy: ¡¡Estás loco!! Rafa, ¿estás bien?


Jean agarró a Amy del brazo y se la llevó a la fuerza.

Amy: ¡Rafa, lo siento!

No pudo evitar ponerse a llorar al ver a Rafa intentando recomponerse.

Jean: ¡Deja ya el maldito teatro! 
Amy: ¡¡Le has pegado!!
Jean: Se lo merecía.


Elliot se encontró a Emma y le pidió que le acompañase a ir a la isla. Finalmente accedió y se reunieron con Willy, que estaba solo. Renzo y Kimberly seguían metidos en el agua.

Emma: Me tienes que contar otra vez la historia, Elliot. ¡Es mega divertida!
Elliot: ¡Vale!
Willy: ¿Qué historia?
Emma: Esa en la que os encierra en un camarote.
Elliot: Al principio le quería decir a mi padre lo que pasaba, pero Renzo me convenció de que les ayudase.
Emma: Hiciste bien, el pobrecito estaba desesperado por encontrar a Kim.
Elliot: Sí, el amor es lo más importante. Eso me lo dijo mi madre, que ahora está en el cielo.
Emma: Lo siento, Elliot. Tu mamá era una mujer sabía y tenía toda la razón del mundo.


Capitán Miller: Elliot parece entretenido. 
Lucía: Sí, se lo pasa bien con esos adolescentes.
Capitán Miller: ¿Que le parece si le releva Leire y se viene conmigo para solucionar asuntos importantes?
Lucía: Me parece una idea fabulosa, mi Capitán.


Lucía dejó a Leire al cargo con la excusa de tener que solucionar asuntos importantes.

Lucía: Debo atender un asunto delicado, Leire. Te quedas al cargo. Cualquier incidencia, me llamas.
Leire: De acuerdo.


Alicia cuadraba cuentas de algunos de sus negocios con el ordenador. Estaba en el bar del barco, pero estaba tan centrada en su trabajo que no se percataba de nada de lo que le rodeaba. Habían niños pidiendo helados a grito pelado en la barra pero su concentración era tal, que no le molestaba. 


Izan llevaba puesto su bañador. Le acompañaba Cecilia, que lucía un precioso bañador lila que le realzaba la figura.

Izan: ¡Alicia!
Alicia: ¿Eh? ¡Izan! Me has asustado.
Izan: Es que llevo un rato llamándote pero no respondes.
Alicia: Perdona...
Izan: ¿Te vienes a la isla?
Alicia: ¿La isla?
Izan: Sí, isla Tortuga.
Alicia: No puedo, cariño. Si eso, baja tú y luego te busco.
Izan: Me voy con Cecilia.
Alicia: Vale. En seguida voy.


Izan: No entiendo para que narices hemos hecho este viaje.
Alicia: Pues para estar juntos. Solamente estoy trabajando un poco...
Izan: No es verdad, Alicia. Pensaba que yo te importaba un poquito más...
Alicia: Izan...


Alicia lo vio marcharse enfadado junto a Cecilia y algo en su interior le puso en alerta. No estaba haciendo las cosas bien.


Lilu llevaba un rato buscando a Duque. Prácticamente no habían hablado desde que discutieron y ella tenía la esperanza de poder arreglar las cosas. Lo encontró en la isla, mirando al mar muy pensativo. Le daba miedo hablar con él, pero no quería seguir así. 


Lilu: Estás aquí. No te encontraba.
Duque: Necesitaba estar solo.
Lilu: Ya veo...¿Puedo quedarme un rato contigo? Prometo no molestar.
Duque: No sé si es buena idea, Lilu. Lo siento, pero sigo pensando de la misma forma. Las cosas no van bien entre nosotros y creo que no nos merecemos esto.
Lilu: No estamos tan mal, cari. Discutimos como todo el mundo.


Duque: No es solo eso, Lilu. Formamos parte de mundos muy distintos. No encajamos, no me siento cómodo.
Lilu: Los polos puestos se atraen, Duque.
Duque: La atracción no lo es todo, y lo sabes. He empezado a aborrecer nuestra vida, las cosas que hago para que te sientas bien.
Lilu: Duque...¿Tan mal lo ves todo?
Duque: Es la realidad. Además...
Lilu: ¿Qué?


Duque: Nada, mejor que no me preguntes.
Lilu: Mira, deja que yo lo arregle todo. Solamente es una crisis muy tonta y pasajera. Podemos ir un rato al spa y relajarnos. Nos tomamos un mojito y luego nos tumbamos y contemplamos el mar. Se nos pasará todo, te lo prometo.
Duque: Es ridículo, Lilu. Un mojito no solucionará lo nuestro.
Lilu: ¡Pero no seas tan negativo! Pon de tu parte, las cosas se pueden arreglar.


Duque: ¡Sigues en tu mundo de color de rosa! ¿No te das cuenta? Es precisamente esto lo que me agota, que no me entiendes, que parece que hable para una pared.
Lilu: Pero...
Duque: Por favor, intenta no molestarme. Necesito estar solo.


Duque se marchó muy enfadado. Subió las escaleras al barco ante la asombrada mirada de Lilu.

Lilu: Duque...¿En que momento te he perdido?


No podía dejar de llorar. En su interior sabía que algo así podía suceder y le aterraba la idea de perder a Duque.Pensó en escribir a Hilary y contarle todo, pero recordó que se habían enfadado.

Lilu: Mi vida se está yendo al garete...



Beatriz e Ignacio también estaban de turismo en la isla. Nicole los observaba disimulando. Deseaba que la mujer de Ignacio desapareciese para estar juntos.

Ignacio: Estas cuevas son espectaculares.
Beatriz: ¿Eso que hay en el suelo es sangre?
Ignacio: No lo creo, debe ser barro.
Beatriz: Esta cueva me da escalofríos. Vamos a ver lo que hay al otro lado de la isla.
Ignacio: Ve tú, yo quiero ver un poco más esta zona.
Beatriz: No te metas ahí, que puede ser peligroso.
Ignacio: No te preocupes amor mío, tendré cuidado.


Beatriz llevaba puesto su bañador e iba descalza. Disfrutaba con el tacto de la arena en la planta de sus pies. Aquello le relajaba tanto como un masaje. Ignacio deseaba que desapareciese cuanto antes. "Vete al cuerno de una vez, pesada" pensaba nervioso.


Cuando Beatriz se fue, Nicole entró en la cueva y llamó a Ignacio.

Nicole: Es el momento. Aprovechemos que no está tu mujer.
Ignacio: Bien pensado. A ver si pasea su gordo y viejo culo lejos de aquí y nos deja en paz. Ven conmigo, princesa mía.
Nicole: ¡Ignacio! ¡Me vuelves loquita!


Renzo: Huy, mira esos dos...¡Se están enrollando en esa cueva!
Kimberly: Que mal gusto tiene, se está liando con un viejo...


Renzo: Kim, el amor no tiene edad.
Kimberly: Eso es una tontería. Un momento...
Renzo: ¿Qué pasa?


Kimberly: ¡Papá! ¡No me lo puedo creer!
Ignacio: ¡Hija! ¿¡Qué narices haces aquí!?
Kimberly: ¡Eso mismo digo yo! ¡Le estas poniendo los cuernos a mamá con esa lagarta!
Ignacio: No es lo que piensas...


Kimberly: Eres un cerdo.
Ignacio: Ten cuidadito con lo que dices. ¡Soy tu padre!
Kimberly: Un padre que se acuesta con lagartas. ¡Se lo diré a mamá!
Ignacio: Haz lo que quieras, pero si lo haces...olvídate de vivir la vida que llevas. Puedo dejaros sin nada y que vivas con lo justo. ¿De verdad quieres renunciar a una vida tan cómoda?
Kimberly: Pues... No diré nada, pero quiero que me subas la paga.
Ignacio: Ya lo hablaremos. Ahora cierra la boca y no digas nada. Y espero que tu noviete sepa mantener el pico cerrado.
Kimberly: No dirá nada.


Izan y Cecilia se tumbaron sobre la hierba. Aunque lo ocurrido con Alicia le había deprimido, Cecilia conseguía hacerle sonreír. 

Cecilia: Me tropecé en mitad del escenario. Me pidieron que grabase el concierto de unos compañeros de clase y al intentar tomar un plano más cercano, me caí. Uno de esos cables enorme tuvo la culpa. El ridículo fue descomunal. Se burlaron de mi durante semanas. 
Izan: Yo me he visto en peores, te lo puedo asegurar.
Cecilia: ¿Estás más animado?
Izan: Un poco. Mi mundo se tambalea. Me he centrado tanto en Alicia que ahora me siento perdido...todo parece perder el sentido.
Cecilia: Dale tiempo, yo creo que reaccionará. 
Izan: ¿Cuando lo hará? No me hace caso, es como si no existiese para ella.
Cecilia: Las clacks a veces somos muy complicadas.


Izan: Acabaré volviéndome loco.
Cecilia: Venga, no te agobies. Si quieres, luego vamos juntos al espectáculo. Nos tomamos un cóctel y a bailar que la noche es joven.
Izan: ¿Ves? Eso es justo lo que yo quiero...que se tome la vida así, como tú.
Cecilia: Cada click es un mundo. Yo no soy ejemplo de nada, mi mundo es muy desordenado. Sería algo así como un mundo inventado por Jim Henson. ¡Jajajaja!
Izan: ¡Jajajajaja! ¿Quién es Jim Gerson?
Cecilia: Venga, que te doy otro masajito.
Izan: Eres un encanto, Cecilia.


Alicia bajó del barco y fue en busca de Izan. Cuando lo vio con Cecilia, con su cabeza sobre sus piernas y ella haciéndole un masaje, una furia salvaje y descontrolable se apoderó de ella.


Alicia: ¡¡Maldito cerdo!! ¡¡Está tonteando con esa!!


Continuará...