sábado, 7 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 11: Isla Tortuga

Renzo, Willy, Kimberly y Emma subieron a cubierta para ver la isla Tortuga. No era una isla demasiado grande, pero era un lugar paradisíaco y con un gran encanto. Sus playas eran cristalinas, su arena fina y podías disfrutar de las sombras de sus palmeras y variada vegetación. Además, era famosa por sus profundas cuevas repletas de escondrijos.

Renzo: ¡Cómo mola!
Kimberly: Me pienso hacer mil fotos para el instaclick.
Emma: Es preciosa.
Willy: Pensaba que era más grande.


Capitán Miller: Oficial.
Lucía: Sí, mi Capitán.
Capitán Miller: Prepare todo para atracar en isla Tortuga. Recuerde pasar lista de cada uno de los pasajeros que decidan bajar.
Lucía: Sí, mi Capitán.

El Capitán le guiñó el ojo y Lucía le sonrió con complicidad. 


Los pasajeros se asomaban curiosos para ver cómo se aproximaban a la isla.

Renzo: ¡Mirad, un loro!
Emma: ¿Será de un pirata?
Willy: También hay hamacas.
Kimberly: ¡Me pido una!



Sin que nadie se percatase, Sinéad y Eros se lanzaron al agua. Tenían ganas de salir por su cuenta y descubrir esa isla, así que nadaron hasta llegar a la orilla. No querían ser vistos, por lo que salieron por la parte contraria a la que se dirigía el crucero.

Eros: ¡Me has ganado!
Sinéad: Ya sabes que en el agua soy como una sirena.


Se sentaron en la orilla para relajarse un rato. Sinéad estaba muy nerviosa y hacía tiempo que no se encontraba bien.

Eros: ¿Estás mejor?
Sinéad: Nadar en aguas tan frías me ha venido muy bien, pero sigo mal. Mi ansias por beber son incontrolables.
Eros: Espero que no nos ocurra lo mismo que en aquel submarino...
Sinéad: No quiero que eso vuelva a ocurrir, Eros.
Eros: No te preocupes, yo te vigilaré.
Sinéad: No entiendo que puedas tener tanto autocontrol. 
Eros: Concentración y mente fría, Shiny.
Sinéad: No quiero ser un monstruo ni hacer daño a nadie...
Eros: ¡No eres un monstruo! Eres el ser más maravilloso del mundo. 


Se levantaron y se asomaron por una estrecha y profunda cueva.

Eros: Está muy oscuro.
Sinéad: ¿Vamos a investigar? Al menos los pasajeros del crucero estarán a salvo por un tiempo de mis ansias de comer.
Eros: ¡Jajajaja! Eres muy considerada, Shiny. Venga, vamos a investigar.


Felipe le contaba a Demetria lo torpe que era en el agua. Ella se reía con su divertida forma de contar las cosas.

Felipe: Mi madre dice que nado como un pato mareado, ¡y no le falta razón! No tengo coordinación para mover los brazos y flotar al mismo tiempo.
Demetria: ¡Jajajajaja! Yo tampoco soy una gran experta. Sé nadar, pero lo justo para no ahogarme.
Felipe: ¿Te apetece bajar conmigo y visitar la isla?
Demetria: ¡Síi! Lo estoy deseando.


Lucía tomaba nota de todos los pasajeros que bajaban del barco. Renzo y sus amigos salieron disparados escaleras abajo. Estaban deseando pisar tierra firme y disfrutar de la isla.

Renzo: ¡Kim, espera!
Kimberly: ¡Eres muy lento!
Willy: ¡Yupiiii! ¡Esto es una pasada!



Demetria y Felipe fueron hasta una cabaña de madera y observaron desde allí la isla. Las vistas al mar eran espectaculares. La brisa marina revitalizaba sus pulmones.


Demetria: Esto es de ensueño.
Felipe: Es un lugar hermoso, pero mucho más si tú estás aquí.
Demetria: Felipe, eso es mentira...pero muchas gracias.
Felipe: Es la verdad. Mis ojos no me engañan y mi corazón tampoco.

Gabi los vio allí juntos, cerca el uno del otro. No pudo evitar desanimarse otra vez. 


Felipe: Demetria, quizás voy demasiado deprisa, pero quiero besarte.

Demetria enrojeció al momento. Una parte de ella lo quería besar, pero otra le alertaba que no debía hacerlo. La última vez que se dejó llevar por el amor le hicieron mucho daño.

Demetria: Felipe...

Felipe la besó casi sin que a ella le diese tiempo a procesarlo. La besó con fuerza y le metió la lengua sin que ella se lo esperase. Gabi miraba entristecido la escena.


Blas y Jano observaban escondidos como su amigo y Demetria se besaban.

Blas: ¡La ha besado! Menudo estómago tiene el colega.
Jano: Menudo estómago tiene el colega. ¡Si es muy fea! A esa no la toco ni con un palo. Yo preferiría perder la apuesta. No entiendo que existan clacks tan feas. Deberían meter a todas las feas en una nave y mandarlas a la luna. Que digo la luna, a marte.
Blas: Alucino.
Jano: Pues alucina todo lo que quieras, pero te está ganando, tío.


Blas: Es que no pensaba que fuese capaz de besar a una famobil tan fea. Si él mismo reconoció que le da asco.

Gabi pasaba justo en ese momento y escuchó toda la conversación.

Jano: Vas a perder la apuesta.
Blas: Es que esta famobil se deja querer por cualquiera, debe estar desesperada.
Jano: Claro, al ser tan fea nadie la quiere.
Blas: A ver cómo se la quita de encima cuando termine todo esto. Tiene pinta de ser enamoradiza. No pienso dejarme ganar por Felipe, esos 600 cleuros tienen que ser para mi.

Gabi no podía dar crédito a lo que estaba escuchando.


Renzo y sus amigos disfrutaban de las playas cristalinas de la isla. Willy se había puesto el bañador y ya se había dado un buen baño. 

Willy: El agua está muy buena.
Emma: Yo no me meteré...


Willy: ¿Te da miedo el agua?
Emma: No, es que tengo muchas manías y no me apetece quitarme la ropa.
Willy: Vaya...pues te pierdes un buen baño. El agua está genial y te refresca mucho.


Kimberly: ¿No te parece idílico? Tú y yo en una isla paradisíaca y viviendo nuestro amor verdadero como los famosos. 

Kimberly se levantó y se acercó a la orilla. Miraba el horizonte fascinada.

Kimberly: Ven a mi lado, Renzo. Necesito que me protejas. Soy tu chica y necesito sentir tu cariño.
Renzo: Voy.


Kimberly: Tenemos que hacernos muchas fotos para el instaclick. Vamos a ser los dos clicks enamorados más famosos del playmundo. Fliparán con nosotros.
Renzo: A mi eso me da igual, con estar contigo me basta.


Kimberly: ¡Oh, Renzo! Soy tan feliz, ¡te amo mucho, muchísimo!
Renzo: Y yo a ti.
Kimberly: Amor mío, dame un beso. ¡Demuéstrame todo lo que me quieres! (Susurrándole al oído) Vamos a hacer que Willy y Emma se mueran de envidia, venga, dame un beso.
Renzo: Ah, vale...

Willy y Emma observaban alucinados la escena. Emma no pudo evitar echarse a reír. Se tapó la boca con la mano para disimular y le habló a Willy en voz baja.

Emma: Parece una actriz mala de telenovela.
Willy: ¡Jajaja! Es verdad, pero de las malas malas.
Emma: ¡Oh, mi amor, soy tan feliiiz! ¡Dame un besoooo! Jajajaja.

Los dos reían sin parar. Kimberly los vio y se apartó de Renzo molesta.


Kimberly: Amor, ¿nos damos un baño?

Kimberly se quitó la ropa y se quedó en bañador. Echó una mirada asesina a Willy y Emma y se fue al agua.


Emma: ¡Cuidado con los tiburones!
Willy: Más bien, que los tiburones tengan cuidado con ella. Pueden morir con una de sus malas interpretaciones de telenovela.
Emma: ¡Jajajaja! Ay, me da envida. Nada muy bien y es guapa.
Willy: No tienes nada que envidiarle. Tú eres muy guapa. Mucho más que ella.
Emma: Ya, y yo voy y te creo.


Kimberly: ¡Youuhuuu! Renzo, ¿no vienes? ¿Me vas a dejar aquí solita?
Renzo: ¡Voy ahora mismo!


Renzo y Kimberly jugaban en el agua. Aunque en un principio Emma y Willy se habían tomado a risa la situación, en esos momentos empezaron a sentir envidia. Willy deseaba bañarse con Emma y vivir un amor así, aunque fuese un poco tonto.


Willy: Se lo pasan muy bien.
Emma: Sí...
Willy: ¿De verdad no te apetece ir al agua? Vamos, lo pasaremos muy bien.
Emma: Lo siento, pero no puedo. Será mejor que regrese al barco. Mi abuela debe estar preocupada.


Willy: Vale, hasta luego...


En otro lugar de la isla, Blas y Jano caminaban juntos. Hablaban de Felipe y Demetria cuando se encontraron una cueva. Parecía muy profunda. El interior estaba muy oscuro y no se veía nada.

Blas: ¿Has visto, tío? Esta cueva es un pasote.
Jano: Es un pasote, tío. Da miedo.


Blas: ¿Te da miedo?
Jano: Ehhh, no. Era un decir.
Blas: Va venga, demuestra que no tienes miedo.
Jano: Tío, que no tengo miedo.
Blas: Apuesto 20 celuros a que no eres capaz de entrar.
Jano: Sí soy capaz.
Blas: Pues hazlo.


Jano entró un par de metros y se detuvo.

Jano: ¿Lo ves? Me debes 20 cleuros.
Felipe: ¿Estás tonto? ¡Eso y no entrar es lo mismo! Entra hasta que yo te diga que te detengas.


Jano: Tío, que está muy oscuro...
Blas: Lo sabía, eres un cagao.
Jano: ¡No soy un cagao! Vale, ya me dirás cuando paro.


Blas: Sigue caminando.
Jano: ¿Ya?
Blas: No, sigue caminando.
Jano: ¿Ya?
Blas: No seas gallina y sigue.
Jano: ¿Ya? (Su voz se escuchaba lejos?
Blas: ¡Sigue caminando!


Caitlyn: Hola, Blas.
Blas: ¡Caitlyn! ¿Qué haces aquí?
Caitlyn: Paseando.
Jano: ¿Ya?
Blas: Estás preciosa.
Caitlyn: Gracias.


Jano: ¿Ya? ¿Hola? ¿Quien anda ahí? (su voz casi no se escuchaba en el exterior de la cueva?
Caitlyn: ¿Quieres pasear conmigo? 
Blas: Me gustaría mucho.
Jano: ¡Ahhhhh!

Algo agarró a Jano por la espalda y lo inmovilizó. Sinéad se asomó al exterior de la cueva a ver si alguien lo había escuchado gritar.


Caitlyn: ¿Has escuchado esos gritos?
Blas: ¿Gritos? Deben ser los latidos de mi corazón, que parecen gritos desesperados por tu amor.
Caitlyn: Menudas salidas tienes, zalamero. Vas bien, sigue así y a lo mejor tienes alguna oportunidad conmigo.
Blas: Seguiré esforzándome.
Caitlyn: Vamos, caminemos por la orilla.


Jano intentaba zafarse de Sinéad y Eros. Estaban sedientos y encontrar a Jano en el interior de la cueva fue para ellos una bendición.

Jano: ¡Ahhh, socorrooo!
Sinéad: ¡Shhhhh!
Eros: No deberíamos hacer esto, pero es que estoy sediento...la concentración y la mente fría no me han valido para nada...me muero de sed.
Sinéad: Y yo, estoy desesperada. No te preocupes, capto que este humano es despreciable. 
Jano: ¿Qué sois? ¡Mi padre tiene una pistola y os matará cuando sepa que me habéis hecho daño! ¡Sé dar palizas y soy el mejor pegando! ¡No me toques maldito monstruo! 
Sinéad: Te lo dije, despreciable.
Eros: Vamos al interior de la cueva, allí podremos alimentarnos sin problema.


Arrastraron a Jano al interior de la cueva. Aunque se resistía, nada podía hacer para escapar.

Jano: ¡Socorrooooo!
Sinéad: Deberíamos haberle hipnotizado. 
Eros: Da igual, así es más divertido.
Jano: ¡Ahhhhh!


Cuando terminaron, sacaron el cadáver por el otro extremo de la cueva. Los dos estaban satisfechos y más tranquilos.


Las amigas Neohippies también bajaron a la isla. Fumaban y reían sin parar. No podían dejar de fumar porros.

Afra: Hermanas, este es el puñetero paraíso.
Paloma: Me bañaría en bolas.
Afra: Hazlo, tía. Déjate llevar y flipa.


Silvana: Hola lorito.
Loro: ¡Humo, mucho humo!
Silvana: Oh, son los porros. Tías, le molesta el humo.
Paloma: ¡Soy viento, tierra y fuego! ¡Madre tierra, soy tuya!
Afra: Hermana, tú si que sabes flipar.
Silvana: Lo siento, lorito. Estamos muy fumadas.


Sinéad: ¿Qué hacemos con el cuerpo?
Eros: Lo llevaré a las profundidades del mar. Hay unos huecos en unas rocas en los que es imposible que un humano lo encuentre.
Sinéad: Perfecto.


Eros se lanzó al agua con el cuerpo sin vida de Jano y desapareció. Sinéad lo vio sumergirse en la inmensa profundidad.

Sinéad: No tengo remedio...pero es que estaba sedienta. Soy mala...


Silvana estaba viendo toda la escena. Su cara era del más puro terror.

 Silvana: No me lo puedo creer...¡Hermanas, mirad!
Paloma: ¡Soy brisa que recorre la marea en busca de la divinidad!
Silvana: ¡Hermanas!
Loro: ¡Humo, mucho humo!


Sinéad se dio la vuelta alertada por los gritos de Silvana. Al darse cuenta de que habían sido descubiertos con el cadáver, el miedo se apoderó de ella.

Silvana: ¡Eres un vampiro!


Sinéad se lanzó a agua y regresó a su camarote a toda prisa. Mientras, Silvana se debatía entre si lo que había visto era verdad o eran alucinaciones producidas por todo lo que se había fumado.


Continuará...

lunes, 18 de junio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 10: La historia de mi vida

Cuando Kimberly encontró las cocinas, no lo dudó un instante. Entró sin pensar que era una zona prohibida para clientes y se puso a buscar a Renzo. Tras buscar un rato, lo encontró limpiando cacharros en la fregadera. Lo primero que hizo es mirarle los músculos, Renzo estaba fuerte. Frotaba con fuerza así que sus bíceps estaban hinchados. Sin duda era un click guapo, justo lo que ella necesitaba. 

Kimberly: Renzo.

Pronunció su nombre con suavidad y con una fingida timidez. Renzo se dio la vuelta en el acto. Su voz era inconfundible. Al verla ahí de pie, tan bella y sonriente, no pudo evitar emocionarse.

Renzo: ¡Kim!


Fue hasta ella y aunque estaba muy enamorado, no supo si debía darle un beso o abrazarla. Finalmente la miró a la cara y le sonrió. A ella no le gustó su indecisión, pero disimuló.

Kimberly: ¿Qué estás haciendo aquí?
Renzo: Vine a despedirme de ti y por una serie de cosas que pasaron, nos quedamos encerrados en este barco. No quería que te marchases sin que supieses lo mucho que...
Kimberly: No te cortes, termina la frase.
Renzo: Lo mucho que eso...que te quiero.
Kimberly: Renzo, has hecho una locura por mi. ¿Me quieres?
Renzo: Sí, te quiero mucho.


Kimberly: Es muy bonito lo que has hecho por mi. Eres un buen novio.
Renzo: No pensé, simplemente me dejé llevar.
Kimberly: ¿Y ahora eres el fregaplatos? Eso le quita la magia a la historia.
Renzo: Me han obligado. Pero lo terminaré rápido, ya lo verás.
Kimberly: Así que me quieres...¿Y porqué no me das un beso? Quiero un beso de mi novio.


Aunque a Renzo le daba mucha vergüenza, al final se decidió y le dio un suave beso en los labios. Kimberly le agarró de los hombros y le besó con más intensidad. 

Renzo: Wooow, ha sido una pasada.
Kimberly: Besas guay, me gusta. ¿Te vienes conmigo a tomarnos un helado? Los hay de sabores exóticos. 


Renzo: No puedo...tengo que terminar todo esto.
Kimberly: Pues no lo termines. El Capitán no es tu padre y no te pueden obligar, eso es explotación infantil. Les puedes denunciar.
Renzo: No quiero meterme en más líos.
Kimberly: Por un lío más tampoco pasa nada.
Renzo: Es que...¡Tengo una idea! ¿Y si me ayudas? Entre los dos lo terminaremos en un momento y así nos podemos ir a tomar ese helado.
Kimberly: ¿Perdona?


Renzo: Juntos lo acabaremos muy rápido.
Kimberly: ¿Me has tomado por una criada? ¡No toco ni un plato de esos ni muerta! Cuando termines, me vienes a buscar.
Renzo: Pero...es que tardaré mucho.
Kimberly: Pues cuanto más tiempo pierdas, más tarde acabarás. ¡Hasta luegi, amor!
Renzo: Kim...

La ilusión que sentía desapareció al momento. Verla marcharse sin ayudarle le defraudó un poco, pero se lo perdonó. "Ella no tiene que ensuciarse las manos por mi", pensó disculpándola, "esto ha sido por mi culpa y no tiene que cargar con mis problemas".


Pasadas un par de horas, Lucía pasó por las cocinas. Para su asombro, la fregadera estaba limpia y todos los platos y cacharros en su sitio.


Encontró a Renzo limpiando el horno a fondo. Frotaba tirado por el suelo, sin importarle si se manchaba. La cocina estaba impoluta.


Lucía: Hola, Renzo.
Renzo: Hola, señorita.

Sacó la cabeza del horno y la miró. 

Renzo: Casi estoy.
Lucía: No es necesario que sigas.


Renzo se puso en pie. Estaba agotado.

Lucía: Está todo como la patena. Te felicito.
Renzo: He ido lo más rápido posible.
Lucía: No esperaba que lo terminases tan rápido.



Renzo: Estoy cansado. ¿Tengo que seguir limpiando? Ya he pedido perdón y ya no tengo fuerzas para seguir...
Lucía: Renzo, no tienes que seguir limpiando. Esperamos que hayas entendido que tus actos tienen consecuencias y que es mejor que obedezcas a tu padre y sepas apreciar lo que tienes.
Renzo: Lo he entendido, te lo puedo asegurar.


Lucía: Me alegra escucharte decir eso. Te puedes relajar. A partir de ahora eres un pasajero más de Panama.
Renzo: ¡Yupiii!

Abrazó a Lucía sin pensarlo. Cuando se percató que la podía ensuciar, pues ella vestía con el uniforme blanco, se apartó.

Lucía: Tengo una sorpresa para ti. Ven conmigo.


Wenda y Duclón estaban en la cocina. Lo miraban sorprendidos. Cuando los vio, su corazón dio un vuelco.

Renzo: ¡Duclón, Wenda!
Duclón: Por todos los piratas, ¿se puede saber dónde tienes la cabeza?


Renzo fue corriendo hasta Duclón y lo abrazó. Duclón le acarició el pelo y le dio un beso.

Renzo: No sabéis lo que me alegra veros.

Se emocionó tanto que se puso a llorar. A Wenda también se le escaparon unas lágrimas.

Duclón: No llores, está todo bien.
Wenda: Ya pasó, Renzo. Estamos aquí, no estás solo.
Renzo: He pasado mucho miedo...
Duclón: Lo sé. Espero que hayas aprendido la lección.


Lucía: Le puedo asegurar que sí. Renzo es un gran chico con un corazón enorme. Su problema es que es muy impulsivo. 
Wenda: Lo importante es que estáis bien. No sabes el sobresalto que me he llevado cuando me han dicho que estabais aquí. 
Renzo: He sido un tonto...
Wenda: No te martirices. Lo hecho, hecho está. Lo que importa es lo que hagas de aquí para adelante. Así que te quiero bien limpito y que disfrutes de este viaje.
Duclón: Eso sí, ahora estás a nuestro cargo. Tienes que obedecer sin rechistar a todo lo que te digamos.
Renzo: Lo prometo.


Renzo saltaba de alegría. Las cosas parecían ir a mejor. Ahora con Wenda y Duclón, se sentía más protegido. Podría estar junto a su novia y Willy y pasarlo bien en el crucero.


En el bar, Ignacio abrió el ordenador y se puso a teclear. Su mujer e hija lo miraban aburridas.

Beatriz: ¿No piensas responder?
Ignacio: Ya he respondido. Estaba paseando por cubierta. 
Beatriz: ¿Tanto tiempo? Te he buscado por todas partes.
Ignacio: ¿Y? ¡Este barco es enorme!


Beatriz: ¿Y no has pensado que me apetecería pasear contigo? 
Ignacio: Quería estar solo.
Beatriz: ¿Y porqué no cogías el teléfono? Te he llamado mil veces.
Ignacio: Lo tenía en silencio.


No apartaba la mirada de la pantalla del ordenador, así que sin pensárselo dos veces, Beatriz la cerró de golpe. Ignació la miró enfurecido.

Ignacio: ¿Te has vuelto loca? ¡Estoy trabajando!
Beatriz: ¡Estoy cansada de tus excusas! Nunca tienes tiempo para mi ni para tu hija.
Ignacio: Gracias a mi trabajo vives muy bien. No seas melodramática. ¿Te gusta la vida que llevas? ¿Te gusta vivir bien? Pues deja que trabaje y podrás seguir comprando toda la ropa que quieras.


Beatriz: Siempre me sueltas el mismo discurso. Amor, solamente te pido un mínimo de atención. ¿Es tanto pedir?
Ignacio: El trabajo es lo primero, cariño. Luego si eso, paseamos y cenamos juntos.
Beatriz: Te tomo la palabra.


Sinéad y Eros salieron del camarote. Pasearon por el barco, sobretodo por las zonas cubiertas y menos soleadas. Llegaron al bar y se detuvieron a mirar.

Eros: Esta noche podemos venir. Quizás pongan música.
Sinéad: Vale. Espero que no pongan reggaeton, lo odio.
Eros: Mi Shiniy sus odios. Quiero besarte.
Sinéad: ¿Ahora?
Eros: Aquí y ahora.


Eros la besó y Sinéad disfrutó del largo y apasionante beso. El hombre misterioso los observó envidioso. Aunque no se notaba, pues era inexpresivo, siempre había deseado vivir una tórrida historia de amor. Por su trabajo y tosca actitud, nunca se había producido. Intentó dejar de pensar en ello y apartó la mirada. 


Demetria hizo muy buenas migas con Gabi. En seguida comenzaron a charlar de diversos temas. Descubrieron que tenían muchas cosas en común. 

Gabi: ¡Ese libro me fascina! Lo he leído muchas veces. Me encanta esa frase que dice, "no hay sonrisa más sincera..."
Demetria: ...que la de un click. ¡Adoro esa frase! ¿Has leído Palabra de clickero?
Gabi: Es uno de mis libros preferidos.
Demetria: ¿De verdad?
Gabi: ¡Síii! Me trae muchos recuerdos. Es que la primera vez que me lo leí fue cuando viajé a Clackicia. Leer rodeado de esa naturaleza me cautivó.
Demetria: Nunca he estado en Clackicia. Dicen que es muy bonita.


Willy: Hola, os traigo los helados. Uno de choco y el otro de vainilla.
Demetria: Ay...eran los dos de chocolate.
Willy: Oh, lo siento...entendí mal.
Gabi: No importa, me gusta la vainilla.
Willy: Si eso lo cambio...
Gabi: No te preocupes, así está bien.


Demetria: Si quieres me quedo yo el de vainilla.
Gabi: No pasa nada, de verdad. Me gusta la vainilla. No me supone un problema.
Willy: Siento la equivocación.
Demetria: Bah, no hace falta que te disculpes. Eres muy simpático y haces tu trabajo muy bien.
Willy: Muchas gracias.
Demetria: De nada.


Wenda: ¡Willy!

Cuando Willy vio a su tía Wenda, Duclón y Renzo, por muy poco no se le cae la bandeja al suelo. Unas lágrimas de emoción recorrieron sus mejillas.

Willy: Tía Wenda...


La abrazó llorando y descargó toda la tensión acumulada durante todo el día.

Wenda: Ya, mi niño. ¿Estás bien?
Willy: Sí, ahora sí. ¿Habéis venido a buscarme?
Wenda: Claro que no. Nosotros ya viajábamos en este barco. Gracias a Duclack nos hemos enterado que estabais aquí. Ahora estáis a nuestro cargo, no te preocupes. 
Willy: ¿Y mi madre?
Wenda: No te voy a negar que se disgustó mucho, pero sabe lo muy arrepentido que estás. No te preocupes, ella lo único que quiere es que estés bien y regreses a casa. 


Lucía: Ahora sois dos pasajeros más. Vuestro camarote es el que Elliot os enseñó. Ahora tendréis llave, nos os preocupéis.


Renzo y Willy saltaban felices. Por fin eran libres y podían respirar tranquilos. Sus preocupaciones habían terminado, al menos por el momento.


Emma fue en busca de su amiga Kimberly, que estaba escuchando la discusión de sus padres. Le propuso bajar juntas a Isla Tortuga y hacer turismo. Kimberly le preguntó a sus padres y ellos aceptaron si prometían tener cuidado.


Fueron en busca de Willy y Renzo y le propusieron el plan. 

Emma: Lo pasaremos muy bien.
Kimberly: Y será muy romántico.


Willy: ¿Podemos?
Wenda: Sí, pero quiero que seas responsable y no hagas tonterías. ¿Entendido?
Willy: Sí, no haré tonterías.


Duclón: Os quiero ver en todo momento. Nada de hacer trastadas, ¿de acuerdo?
Renzo: Sí, señor.


Salieron corriendo junto a las chicas hacia la cubierta. Querían ver si faltaba mucho para llegar a Isla Tortuga. 

Wenda: Esta juventud...siempre correteando de un lado para otro. Cuanta vitalidad.
Duclón: Tienen toda la vida por delante.
Wenda: Vamos, me quiero poner algo cómodo para bajar a esa isla.


Felipe se acercó hasta Demetria con timidez. Interrumpió la interesante conversación que estaba manteniendo con Gabi.

Felipe: Demetria...
Demetria: ¡Felipe! Hola...siento haberte gritado...
Felipe: La culpa es mía, Demetria. Me dejé llevar y no respeté tus deseos...lo siento.


Demetria: No te preocupes, he sido una tonta. Disculpas aceptadas.
Felipe: Para redimirme, ¿te puedo enseñar Isla Tortuga? Es preciosa y te puedo asegurar que soy un gran guía turístico. Bueno, en realidad he buscado rápidamente información sobre esa isla en Gooclick.
Demetria: ¡Jajajaja! Vale, me parece bien. 


Felipe la agarró de la mano y se la llevó corriendo del bar. Sorprendida, se despidió de Gabi rápidamente.

Demetria: ¡Luego nos vemos, Gabi!
Gabi: Sí...


Se deprimió al instante. "La historia de mi vida", se dijo pensativo. Había sentido una sensación extraordinaria cuando hablaba con Demetria. Sentía que podía hablar horas y horas con ella. "¿Habrá sentido ella lo mismo?" Se preguntaba suspirando. 

Gabi: No tengo nada que hacer contra ese chico. Es mil veces más guapo que yo y mucho más simpático...Será mejor que deje de pensar en ella.


Continuará...