martes, 12 de junio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 09: Bokiang Liao

Siguiendo sus órdenes, Lucía acudió al camarote del Capitán. Llamó pero la puerta estaba abierta. Entró llamando al Capitán, pero no recibía respuesta.

Lucía: ¿Capitán?


Miró alrededor pero allí no parecía haber nadie. Cuando ya estaba apunto de marcharse, escuchó la voz del Capitán procedente del lavabo.

Capitán Miller: Cierre la puerta, Oficial.


Cerró la puerta y al momento el Capitán salió del lavabo. Solamente llevaba puestos unos calzoncillos azules muy sexys y la gorra de capitán. 

Lucía: ¡Brian!

El Capitán le sonreía de forma sexy y le lanzaba besos. Lucía no pudo evitar reírse. En la intimidad, era un hombre al que le gustaba hacer el payaso y hacerle sonreír.

Capitán Miller: ¿Le gusta mi nuevo modelito?
Lucía: Sí, es muy provocador. ¿Es este el nuevo uniforme?
Capitán Miller: Así es, ¿le gusta?


Lucía: Mucho, mi Capitán.
Capitán Miller: Sabía que le gustaría. Tome, bebe un poco de champán.
Lucía: ¿Quiere emborracharme?
Capitán Miller: ¿Tanto se nota?
Lucía: Me temo que sí.


El Capitán rodeo la cintura de Lucía con sus brazos y la besó. Ella correspondió el beso encantada.

Lucía: Está usted loco, mi Capitán. Me encantas en la intimidad, Brian. ¿Cuando podremos hacer pública nuestra relación?
Capitán Miller: Esperemos un poco más, por mi hijo. Sabes que por el momento no aceptará otra clack en mi vida...
Lucía: Lo sé...es que quiero gritar a los cuatro vientos que te amo. Bésame, bésame como si fuese la última vez.


Amy y Rafa pasaron horas de pasión desenfrenada. Sus cuerpos se fundieron en un solo click una y otra vez. Los dos quedaron exhaustos pero satisfechos. 

Amy: Wooow. Estoy asombrada.
Rafa: Eres maravillosa. ¿Dónde has estado todo este tiempo?
Amy: Buscándote en mis sueños. Rafa, no quiero separarme de ti ni un solo momento. 


Rafa: Yo tampoco. A tu lado me siento completo.
Amy: Me iría contigo al fin del mundo.
Rafa: No salgamos de mi camarote en todo el trayecto.
Amy: ¿Hablas en serio?
Rafa: Totalmente.


Amy se tumbó sobre Rafa y lo besó.

Amy: Eso sería fantástico. Te tendría para mi sola, en exclusiva. 
Rafa: Pediríamos el servicio de habitaciones y así no tendríamos que salir.
Amy: Sería maravilloso pero...eso no es posible.


Se sentaron en la cama. Rafa parecía decepcionado.

Rafa: ¿Cuál es el problema?
Amy: Jean, ese es el problema. Me buscaría y pondría el barco patas arriba hasta encontrarme. 
Rafa: Aquí no nos encontrará. 
Amy: No lo conoces. Es peligroso. 
Rafa: Me da igual. Amy...creo que te quiero.


Amy se levantó asustada.

Amy: No digas eso, por favor.
Rafa: Lo siento, yo...
Amy: Rafa, yo también siento algo muy fuerte por ti, pero...todo esto me da miedo. No quiero que sufras por mi culpa...
Rafa: Te he dicho que no tengo miedo, me enfrentaré a él.
Amy: ¿Y a su padre también? ¡Estamos hablando de la mafia!
Rafa: Debe haber alguna forma de librarte de ellos.
Amy: No la hay...


Rafa: La encontraremos.
Amy: No quiero que te metas en problemas por mi culpa. 
Rafa: Por ti, lo que sea.
Amy: Hay algo que podría funcionar. Jean ama el dinero sobre todas las cosas. Quizás podría pedir un préstamo al banco y darle una gran cantidad de cleuros para que me deje marchar, sé que no me ama. Si le dice a su padre que me abandonó o mejor, que estoy muerta, me dejarán en paz.
Rafa: Eso es como comprar tu libertad...
Amy: Lo sé, pero quizás funcione. De momento no quiero pensar en ello, Rafa. Quiero disfrutar de ti y dejarme llevar.


Izan disfrutaba de la compañía de Cecilia. Era una clack simpática y muy inteligente. Alicia seguía con el ordenador, por lo que ya no contaba con ella. Al menos con Cecilia podía hablar y le hacía compañía. Los dos disfrutaban de un relajante baño en la piscina.

Cecilia: Fue entonces cuando la Reina Evelyn acabó con SAM, el enemigo más terrorífico de Wensuland y todo el Playmundo.
Izan: Anda, pues no tenía ni idea. Por eso le han puesto Reina Evelyn a esa avenida tan importante del centro de Wensuland.
Cecilia: Sí, hay muchos lugares que homenajean la labor de la Reina y su hijo, Adam.
Izan: Alicia habría disfrutado con esta conversación...
Cecilia: Es una clack muy ocupada.
Izan: Demasiado. Serán los genes de su padre, que no es capaz de pensar en otra cosa.
Cecilia: Debería disfrutar de este viaje. Al menos intenta disfrutar del viaje, aunque ella trabaje a todas horas.
Izan: Eso intento. No sé, lo nuestro no va bien...
Cecilia: ¿No van las cosas bien entre vosotros?
Izan: No lo sé...ahora mismo estoy confuso.
Cecilia: Dale más tiempo, quizás reaccione antes de que sea demasiado tarde.
Izan: Eso espero...


Cecilia: El amor es complicado, Izan. Oye, pronto pararemos en isla tortuga. ¿Bajarás conmigo?
Izan: Sería estupendo.
Cecilia: Cuenta la leyenda que era la isla en la que los piratas escondían sus tesoros. A lo mejor encontramos uno, ¿te imaginas?
Izan: Sería una pasada.


Izan: En el pantano en el que trabajo, he encontrado muchas reliquias.
Cecilia: ¿Trabajas en un pantano?
Izan: Soy piloto. Tengo una avioneta y realizo viajes para turistas y también para llevar suministros a zonas de difícil acceso.
Cecilia: ¡Eso es una pasada! Debe ser muy emocionante. Me encanta tu trabajo.
Izan: ¿En serio? Me alegra que alguien lo valore. Alicia menosprecia mi trabajo.
Cecilia: Pues a mi me parece apasionante. Izan, es hora de hacerte ese masaje. Túmbate boca abajo.


Izan se tumbó boca abajo con la cabeza y los brazos fuera del agua y apoyado en un lateral de la piscina. Cecilia empezó con el masaje y en seguida consiguió relajar a Izan.

Izan: Por todos los clicks, esto es una pasada...
Cecilia: Me alegro que te guste. Aquí tienes un nudo.
Izan: Ahí me suele doler de vez en cuando.
Cecilia: Se te acumula toda la tensión en esta zona.  Relájate, intentaré deshacerte el nudo.


Después de unas horas sirviendo y ayudando a Vera y Dora, llegó el momento de descansar. Willy estaba agotado. Los chinos no habían dejado de pedir en ningún momento y hasta que no se marcharon, no pudieron relajarse. Dora se acercó a Willy. Parecía estar muy cansado.

Dora: Hola Willy, ¿estás bien?
Willy: Muy cansado...Tengo ganas de volver a casa.

A Willy se le escaparon unas lágrimas. No estaba acostumbrado a trabajar y menos en esas circunstancias.


Dora: ¡Oh, Willy! No llores, por favor. 
Willy: Quiero regresar a casa...esto no me gusta.
Dora: Vamos, esto no es tan malo. Te voy  a contar un secreto...el Capitán os quiere dar un escarmiento, pero solamente por unas horas. 
Willy: ¿En serio?
Dora: Conozco al Capitán. Además, me han chivado que os tienen una sorpresa preparada.
Willy: ¿Una sorpresa?
Dora: Sí, pero no digas nada, por favor. Es un secreto, ¿vale?


Emma: ¡Hola, Dora!
Dora: ¡Emma! Hola, guapísima.
Emma: Vengo a por un helado de chocolate.
Dora: Tú si que sabes vivir la vida, amiga. Ahora mismo le digo a Vera que te lo prepare.
Emma: Gracias.


Dora: Mira, te presento a mi amigo Willy. Willy, ella es una de las chicas más guapas y simpáticas del barco. Se llama Emma, es alemana y tiene quince años. 
Emma: Hola, Willy.
Willy: Hola...

Emma era una niña muy guapa. Rubia, con el pelo corto y unos ojos grandes y azules como el cielo. Su sonrisa era sincera y radiaba felicidad con su mirada.


Emma: ¿Eres amigo de Dora?
Willy: Se puede decir que sí.
Emma: Los amigos de mis amigos, son mis amigos. ¿Estás triste?
Willy: Un poco.
Emma: No lo estés, Willy. ¡Estamos de crucero!
Willy: Ya...


Emma: Vaya, estás triste de verdad. Del uno al diez, diría que un diez.
Willy: Es que estoy aquí por error. Echo de menos a mi madre y no me gusta trabajar en el bar...es muy duro.
Emma: ¿Trabajas aquí? ¿Dónde está tu madre?
Willy: En casa. Trabajo aquí pero obligado...
Emma: ¡Eso es escalvismo! Oh, ¿se dice así? Espera, ¿esclavizismo?
Willy: ¡Jajajajaja! No lo sé. Creo que se dice esclavitud.
Emma: Eres muy listo, Willy.
Willy: ¿Yo? Que vá...


Kimberly vio a Willy hablar con Emma y no podía dar crédito. No entendía que podía hacer Willy en el barco. Fue hasta ellos y los interrumpió.

Emma: Yo no soy demasiado lista. Tengo que repetir curso, aunque eso no es malo. Mi abuela dice que...
Kimberly: ¿Interrumpo?
Emma: ¡Kim!


Emma y Kimberly se conocieron horas atrás en la piscina. Pronto se hicieron amigas. Emma había ido a por un helado y Kimberly la estaba esperando. Cansada de esperar, decidió ir en su busca.

Willy: ¡Kimberly!
Kimberly: Willy, ¿qué haces aquí? No sabía que viajabas en el barco.
Willy: Sí, pero por error.
Emma: Incluso trabaja aquí obligado.
Kimberly: ¡No entiendo nada!


Willy le contó toda la historia. Cuando terminó de narrar lo ocurrido, Kimberly no podía creerlo.

Kimberly: ¿Dices que Renzo también está aquí?
Emma: Kim, es una preciosa historia de amor. Es todo tan romántico. 
Kimberly: Estoy flipando, tía. ¿Dónde está?
Willy: Lo tienen trabajando en las cocinas. Espero que esté bien...
Kimberly: ¡Tengo que ir a verlo!


Vera: Emma, aquí tienes tu helado.
Emma: ¡Gracias, Vera! Bueno, ya que tienes que ir a ver a tu novio y Willy está trabajando, iré a ver dónde está mi abuela. ¡Luego nos vemos!


Kimberly salió corriendo en busca de Willy. No sabía exactamente dónde estaban las cocinas, pero estaba dispuesta a averiguarlo. Willy se quedó hablando con Vera. Aunque deseaba marcharse, de momento no se podía mover de ahí.

Vera: Paciencia, Willy. Pronto serás libre.


Donato vio a Carlota tomándose un café con leche en el bar. Su rostro seguía transmitiendo tristeza. Era una clack hermosa y le gustaba mucho. Algo en ella le atraía. Decidió acercarse a ella e intentar e intentar disculparse. De paso, intentaría hacerle sonreír.


Donato: Hola, Carmen. Vengo a disculparme, no quería molestarte y me he excedido con las confianzas.
Carlota: Hola, Donato. No tienes que disculparte. No has hecho nada malo, de verdad. Soy yo, que estoy un poco alterada y...tengo problemas.
Donato: Salta a la vista. Se te ve muy triste.


Carlota: Lo estoy, pero son cosas complicadas de explicar. ¿Sabes en que estaba pensado? En Boliang Liao. 
Donato: ¿Bokiang Liao?
Carlota: Eso, Bokiang Liao. Me gustaría mucho poder ir a visitarlo. Quizás sea eso lo que necesite, alejarme todavía más.


Donato: Te gustaría. Es un lugar con mucho encanto. Mi amigo tiene una casa muy grande, allí no tendrías problemas de alojamiento. Se come muy bien y muy sano, que es importante. Las noches son mágicas y es el lugar dónde me siento más en paz conmigo mismo y con el mundo.
Carlota: Suena maravillosamente bien.


Donato: Es una pena que no quieras cenar conmigo, tengo tantas cosas interesantes de Boqiang Liao que contar...
Carlota: Está bien, cenaré contigo.
Donato: No tienes que hacerlo por pena o sentirte obligada.
Carlota: Cenaré contigo porque me apetece.
Donato: ¡Estupendo! No te arrepentirás.


Leire llevaba un buen rato ayudando en las cocinas a Renzo. Aunque le tocaba descansar, le daba pena dejar al chico con tanto trabajo. Estaba todo patas arriba. Cacharros por todas partes por limpiar, copas, platos, cubertería, ollas...una locura. A pesar de llevar tanto tiempo ayudando, quedaba mucho por hacer. Había barrido y fregado el suelo y ordenado muchas cosas.


Se asomó al fregadero y vio a Renzo limpiando cacharros sin parar. "Se ve muy buen chico. Me da pena dejarle con toda esta faena" pensaba mientras dejaba la escoba en su sitio.


Renzo limpiaba a toda prisa. Quería terminar toda la faena y poder regresar junto a Willy. Juntos, podrían ir en busca de Kimberly. Se desanimaba al ver a su alrededor pilas y pilas de platos y cacharros por limpiar.


Leire: Renzo.
Renzo: ¿Sí?
Leire: Tengo que volver al trabajo. Siento no poder ayudarte más...
Renzo: No te preocupes, has hecho suficiente...
Leire: Ánimo, luego me pasaré a ver cómo lo llevas. Te traeré algo rico.
Renzo: Eso será si sobrevivo. ¡Es demasiado!


Fueron a los fogones, estaba abarrotado de trastos por limpiar. Mirar aquella escena desmoralizaba a cualquiera.

Renzo: Moriré aquí metido.
Leire: Quieren que limpies el horno. Hazlo, pero no te mates. Renzo, no te desanimes. En cuanto termines con esto, te espera algo muy bueno.
Renzo: ¿El qué?
Leire: No lo sé, pero es algo que te alegrará mucho. Luego me paso, ¿vale?
Renzo: Vale...
Leire: ¡Ánimo, campeón!



Renzo la vio marchar y le dieron ganas de gritar. Ahora todo aquel trabajo lo tendría que hacer sin ayuda. Estaba triste y desanimado.

Renzo: Todo me sale mal...

Recordó lo mucho que se quejaba trabajando en el restaurante de su padre. Aquello era gloria bendita comparado con esto. Deseaba con todas sus fuerzas regresar y ayudar a su padre. Lo echaba de menos. Prometió no quejarse nunca más por trabajar en el restaurante.

Renzo: Espero que mi padre me perdone...


Se puso a tararear una canción muy conocida y volvió al trabajo. Estaba decidido a limpiar todo aquello en un tiempo récord.


Continuará...

martes, 5 de junio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 08: Al Clackone

Rafa estaba tomándose un refresco en la cubierta del Panama. Un hombre estaba tumbado al sol muy cerca de él pero parecía estar en otra galaxia. Rafa estaba triste y malhumorado. Le gustaba Amy, y mucho. Pocas veces una clack le había causado tanto impacto. Que estuviese con otro y encima que fuese tan infeliz le entristecía. Eran muchas clacks que se le acercaban, pero todas lo hacían por dinero y fama. Lo tenían idealizado, influenciadas por su éxito en el tenis.


Se asombró al ver a Amy caminar a su lado. Lo miraba de reojo y algo tímida.

Amy: Hola...


Rafa: Amy, ¿estás bien?
Amy: Sí, estoy bien. Bueno...

No pudo evitar que se le escapasen unas lágrimas...

Rafa: No estás bien...
Amy: Mi vida es complicada.


Rafa se levantó y la agarró de la mano.

Rafa: Ese hombre no te trata bien, ¿verdad?
Amy: Rafa, agradezco tu preocupación pero será mejor que te alejes de mi.
Rafa: No pienso permitir que te maltrate de esta forma. 
Amy: Las cosas no son tan fáciles como piensas. Es mejor que te alejes, Jean es peligroso. Hazme caso, yo solamente te voy a dar problemas.
Rafa: Soy un click cabezota, lo siento.
Amy: Es peligroso, lo mejor es que...
Rafa: Olvídalo, quiero ayudarte.


Amy: Jean es hijo de Al Clackone.
Rafa: ¿El mafioso?
Amy: Sí, el mismo. Yo soy un regalo de su padre. No es precisamente un hombre capaz de conquistar una clack, así que decidió comprarle una mujer.
Rafa: No puedo creerlo...¿Comprar una mujer?
Amy: Hace años me engañaron, prometiéndome un futuro maravilloso. Viajé al extranjero con un hombre que decía ser empresario y todo resultó ser un engaño. Junto a unas cuantas chicas, pasé a ser propiedad de Al Clackone.
Rafa: Esto hay que denunciarlo.
Amy: No es tan fácil, la policía está compinchada. Son peligrosos, muy peligrosos. No hay nada que puedas hacer por mi...


Rafa la abrazó y ella se dejó llevar.

Rafa: Te he dicho que soy muy cabezota y te pienso ayudar.
Amy: Rafa...¿Eres consciente de lo peligroso que puede ser todo esto? Tu vida corre peligro...
Rafa: Correré el riesgo. 


Amy lo miró fijamente. Los dos ardían en deseo. No necesitaron más palabras. Se dieron la mano y corrieron al camarote de Rafa.


Mientras, Blas y Jano bebían alcohol en el camarote. Blas no podía dejar de pensar en Caitlyn. Ya no la quería conquistar solamente por la apuesta, también le había cautivado. 

Jano: Es muy guapa, la cantante.
Blas: Está muy buena, colega. No puedo dejar de pensar en ella. ¡Menudas curvas tiene!
Jano: Anda que Felipe, con la famobil...
Blas: Es un rato fea. Me fastidia que consiga ganar la apuesta.
Jano: Sí, fastidia que gane la apuesta... 


Felipe: ¿Os fastidia que gane?
Blas: ¡Colega!

Felipe había escuchado la conversación de sus amigos y los había sorprendido.

Felipe: Pues puede que al final ganes tú.
Blas: ¿Te ha rechazado?
Jano: ¿Te ha rechazado?


Felipe se sentó junto a ellos y abrió una botella de cerveza.

Felipe: No es eso. Es que me ha gritado. Le quería hacer una foto y se ha puesto loca.
Jano: Menuda loca.
Blas: Todas las famobil están locas, eso deberías saberlo. ¿Y te has largado?
Felipe: Sí, no soporto que me griten.
Jano: Pero perderás la apuesta...
Felipe: Creo que me da igual.


Blas: ¿Te da igual perder 600 cleuros?
Felipe: Demetria no se lo merece. Además, no me gusta que me griten.
Blas: Ohhhh, Demetria no se lo merece. Vamos, te estás quedando conmigo.
Jano: Te estás quedando conmigo.
Felipe: Os lo digo en serio. Es una chica especial.
Blas: A mi no me la pegas. Sabes que no tienes nada que hacer contra mi y te retiras con el rabo entre las piernas.
Felipe: Eso es mentira.
Jano: Blas te ha ganado.
Felipe: No le quiero hacer daño...
Blas: ¿Te retiras?
Felipe: No... sigo adelante.


Felipe salió al pasillo. Por una parte no quería jugar con los sentimientos de Demetria y estaba resentido por hablerle gritado, pero por otra deseaba volver a verla y ganar la apuesta. 

Blas: Así me gusta, que no te rindas. No quiero que me lo pongas tan fácil.
Felipe: Pienso ganar esta apuesta. 
Blas: Eso ya lo veremos.


Felipe se fue mientras sus amigos lo miraban alejarse.

Blas: Lo veo raro. ¿Crees que le gusta de verdad?
Jano: Nunca lo había visto así.
Blas: Se nos está convirtiendo en un sentimental. Aunque ganaré yo, de eso no te quepa la menor duda.


Justo en ese momento, pasaba Caitlyn por el pasillo.

Jano: ¿Esa es la cantante?
Blas: Sí...
Jano: Está de pan y moja.
Blas: Lo sé...


Jano: ¡Mira que culo tiene!
Blas: ¡Me vuelve loco!


Blas: ¡Caitlyn!

La cantante se dio la vuelta al escuchar su nombre. 

Caitlyn: ¿Me llamabas?
Blas: Sí. Estás radiante, ¿lo sabías?
Caitlyn: Siempre estoy radiante, amor. Hasta luego.
Blas: Un momento, por favor.


Caitlyn: ¿Qué ocurre?
Blas: ¿Te gustaría cenar conmigo?
Caitlyn: ¿Contigo?
Blas: Vamos, dame una oportunidad. Soy un buen tío, que te lo diga mi colega.
Jano: Es buen tío.
Caitlyn: No creo que sea buena idea...
Blas: Yo pienso que es una gran idea. Vamos, deja que te demuestre que soy buen tío. No te arrepentirás.
Caitlyn: Está bien. Cuando termine mi actuación esta noche, búscame. 


Caitlyn le guiñó un ojo y se fue. Blas saltaba de alegría y Jano le imitaba. Los escuchó gritar y no pudo evitar sonreír tímidamente. "Esto es un error, Caitlyn, lo sabes...aunque es mono y no creo que te haga daño que te mimen un poco" se dijo un poco preocupada. 


Artemisa volvía del solarium. Había dejado a Agnes hablando con las Playgirls. Hablaban a todas horas sobre Galicia y la música. Entre ellas se había creado un vínculo muy especial. Artemisa intentaba participar, pero siempre terminaba sentada a un lado escuchando las conversaciones y asintiendo en alguna ocasión cuando la miraban. Se cansó y se fue al solarium. Se había tomado un refresco para hacer tiempo. Deseaba con todas sus fuerzas que las chicas se hubiesen marchado. Estaba empezando a odiarlas. Era su viaje con Agnes, y lo estaban arruinando. Además, no podía evitar que los celos la invadiesen por completo.


Llegó a la puerta de su camarote y escuchó música. Deseó con todas sus fuerzas encontrar a Agnes cantando sola, esperando a que volviese tumbada en la cama y leyendo uno de sus libros.


Al abrir, vio a Agnes y las Playgirls cantando sobre la cama. Estaban sentadas en círculo y dando palmas. Agnes cantaba feliz, riendo sin parar.

Ai maruxina, eu ben cho dicía,
que o andar de noite é unha tolería,
é unha tolería, é unha tolería, 
ai maruxina, eu ben cho dicía,

Eu querer quéroche ben,...



No le daba la gana entrar en el camarote y aguantarlas otra vez. Además, ella no sabía cantar en gallego. Pasaba de quedarse mirando como una tonta. 

"Agnes parece más feliz que nunca. No me necesita. Pues que se quede con esas", pensaba mientras se alejaba enfadada. No sabía muy bien a dónde se dirigía, pero necesitaba alejarse de ellas lo máximo posible.


Renzo y Willy estaban frente al Capitán. Lucía los había llevado hasta él. Elliot los miraba preocupado, no quería que los castigase por su culpa. Renzo miraba al suelo, muy intimidado. Willy intentaba aguantarse las ganas de llorar. El Capitán los miraba en silencio y con cara de pocos amigos.

Capitán Miller: Así que estos son los dos polizones que se han colado en mi barco.
Lucía: Así es, Capitán. Se llaman Renzo y Willy. Son menores de edad, por lo que sus padres los estaban buscando. La llamada de una conocida de uno de los polizones nos puso en alerta. Las cámaras de seguridad han sido fundamentales para encontrarlos. 
Elliot: Papá, yo...
Capitán Miller: ¡Silencio! Ni una sola palabra, hombrecito. 
Lucía: Elliot los quiso ayudar, pues estos chicos buscan a una pasajera de nuestro barco. Los encerró en un camarote y se olvidó de ellos. Cuando se acordó de ellos, ya era demasiado tarde.
Capitán Miller: Comprendo.


Lucía: Las familias están ya debidamente informadas. Los recogerán en el puerto de Click Marino. Por el momento, son nuestra responsabilidad. 
Capitán Miller: No tengo otra cosa mejor que hacer que hacerme cargo de dos mocosos más.
Renzo: Señor, sentimos haberle causado tantas molestias.
Willy: No pretendíamos viajar en su barco. Solamente queríamos despedirnos de una amiga...
Capitán Miller: ¿Una amiga?
Renzo: No, es mi novia. La amo y no quería que se fuese sin despedirnos.
Capitán Miller: Ya veo. Lo que habéis hecho no es cualquier tontería. Habéis puesto en peligro vuestras vidas. Si no tenemos conocimiento de vuestra presencia y os ocurre algo, no os podríamos haber ayudado. Subirse a un barco es una infracción muy grave, chicos. Vuestras familias han sufrido por vuestra culpa, pensando que algo os podría haber ocurrido. 
Renzo: Lo sabemos, señor...
Willy: Estamos muy arrepentidos.


Elliot: Papá, he sido yo el que los dejó encerrados. No les castigues, por favor...Castígame a mi.
Capitán Miller: Hijo, me has decepcionado mucho. Sabes que no has obrado bien, tendrías que haberme informado. ¿De esta forma quieres convertirte en Capitán? ¿Incumpliendo las normas y poniendo en peligro las vidas de estos chicos?
Elliot: Yo...

Elliot se puso a llorar. Le dolía ver a su hijo llorar, pero era necesario hacerle entender que se había equivocado. 


Capitán Miller: Bueno, no puedo dedicaros todo el día. Tengo muchas cosas que hacer. Ahora sois dos tripulantes más de este barco. Bienvenidos al Panama.

Renzo y Willy miraron al Capitán esperanzados. Quizás no sufriesen demasiadas consecuencias por su travesura.

Renzo: Gracias.
Willy: Gracias, Capitán.
Capitán Miller: Tienen suerte de que sea un romántico empedernido. Han hecho todo esto por amor, aunque no esté bien. No acepto polizones en mi barco. Panama es un gran barco y quién decide subir a bordo, debe pagar lo que vale o trabajar para poder viajar con nosotros. Si quieren viajar con nosotros, tendrán que trabajar. ¿Quién es Renzo?
Renzo: Yo, señor.
Capitán Miller: Trabajará en las cocinas. Necesitan un limpiaplatos y tienen mucha faena.
Renzo: ¿Limpiaplatos? ¿No hay otra cosa que pueda hacer?
Capitán Miller: ¿Limpiar retretes le parece mejor?
Renzo: Prefiero limpiar platos...


Capitán Miller: Leire, acompañe al chico a las cocinas. Enséñale el trabajo que tendrá que realizar.
Leire: Sí, mi Capitán.


Leire: Hola, Renzo. Ven conmigo, te llevaré hacia las cocinas.
Renzo: ¿Y Willy?
Leire: Willy se tiene que quedar aquí. 
Renzo: Willy...
Willy: ¡Renzo! ¡Quiero ir con él!
Capitán Miller: Tienes otro destino, lo siento.

Separarse de Willy le asustó más de lo que pensaba. Junto a su amigo se sentía capaz de superar cualquier obstáculo. Sin él, le faltaban fuerzas para afrontar esa situación.


Capitán Miller: ¿Dónde colocamos a Willy?
Lucía: De refuerzo en el bar. Vera y Dora tienen mucho trabajo y no les vendrá mal una ayuda.
Capitán Miller: Estupendo. Lo dejo todo en sus manos. Buen trabajo, oficial.
Lucía: Gracias, mi Capitán. 


Lucía fue hasta la barra del bar y los presentó.

Lucía: Vera, este es el chico que te comentaba.
Vera: ¡Pero si es muy jovencito!
Lucía: Sí, es un niño.
Willy: No soy tan niño.
Lucía: Lo dejo a tu cargo. Que te ayude en todo lo necesario.
Vera: Entendido. 


Lucía: Veo que tenéis mucho trabajo.
Vera: Ni te lo imaginas. Está todo el grupo de chinos aquí. Anda que no beben y comen, con lo delgaditos que están. Hola, me llamo Vera.
Willy: Yo me llamo Willy.
Vera: No te preocupes, guapo. Te trataré muy bien.


El hombre misterioso seguía dando vueltas por el bar. Se había pedido otro zumo de naranja con hielo servido en copa. No se había quitado las gafas en ningún momento. De vez en cuando se peinaba su pelo rubio con la mano, a pesar de su actitud extraña, parecía que le gustaba cuidar su aspecto. Caminaba de un lado para otro, mirando a cada uno de los pasajeros que estaban en el bar.


Continuará...