sábado, 9 de septiembre de 2017

El destino del Pantano: Capítulo 02: Perdida

Aunque la avioneta había caído en una zona de rocas, las tierras que las rodeaban suavizaron el golpe. Aparentemente se encontraban bien, aunque muy aturdidos. 

Izan:¿Se encuentra bien?
Alicia: Sí, eso creo...

Izan salió para comprobar los daños y la zona en la que se encontraban.

Izan: Mi avioneta...


Ayudó a Alicia a salir. Kuka dio cuatro brincos y salió al exterior sin problemas. Izan la miraba furioso. Ella lo notó y le gruñó ofendida.

Izan:  Deme la mano...
Alicia: Gracias...


Alicia: No he pasado tanto miedo en mi vida...No puedo creer que estemos vivos.
Izan: Ha sido un milagro. ¿De verdad se encuentra bien?
Alicia: Sí, gracias...
Izan: Y tú, bicho...
Kuka: ¡GRRRRRRRR!
Izan: ¡Por tu culpa he perdido mi avioneta! ¡Nunca debí subirte a bordo!


Alicia: No grites a Kuka.
Izan: Esto es el colmo. ¡Ese maldito animal se lanzó sobre mi y por eso estamos aquí!
Alicia: ¡Ella no era consciente de eso!
Izan:Es cierto, ¡usted es la responsable! ¡Le dije que no aceptaba llevar bichos en mi avioneta!
Kuka: ¡GRRRRRRR! ¡Guauguauguau!
Izan:¿¡Quién compensará todas mis pérdidas!?


Alicia: Yo...le compraré otra avioneta. De verdad que lo siento...no la tome con Kuka.

Izan se apartó y se sentó de espaldas a ella en la tierra. Estaba muy enfadado y triste por lo sucedido.

Alicia: Le prometo que le compraré otra.
Izan: Quiero mi avioneta, no otra.
Alicia: ¡Solamente es una avioneta!
Izan: Usted no lo entiende...
Alicia: Estamos vivos, es lo más importante. Ahora, debemos pensar en la forma de llegar a mi cita.


Izan: Otra vez la dichosa cita...

Alicia fue hasta la avioneta y abrió el maletero.

Alicia: ¡Ayúdeme a sacar mi equipaje!
Izan:¡No me da la gana! No soy su criado.
Alicia: Que poco caballero que es usted...¡Está bien! Lo haré yo sola.


Sacó su móvil y lo encendió. 

Alicia: Llamaré a la policía para que nos rescate.
Izan: Tiene un móvil muy moderno...
Alicia: Sí, es el mejor del mercado. Es un Iphon Click Plus 9.
Izan: Ahhhh...


Alicia: Maldita sea...ha debido recibir algún golpe, no funciona... ¡Tengo una idea! Mi portátil, puedo conectarme a Internet y pedir ayuda.


Izan: Tiene un ordenador muy moderno...
Alicia: Sí, es nuevo. Un Sonclick Pavillion 6000.
Izan: Me suena a chino. 
Alicia: Es carísimo, pero de gran calidad. 


Alicia: No puedo creerlo...¡Tampoco funciona!
Izan: ¿Son de cartón? Para ser tan caros se rompen con facilidad... 
Alicia: No creo que los diseñen para que salgan intactos en accidentes aéreos.
Izan: Ya, pero la realidad es que son cacharros que no sirven para nada cuando más los necesitas. 
Alicia:¿Usted no tiene móvil?
Izan: ¿Yo? ¿Para llamar a una piedra o una mata seca del pantano?


Alicia: Pues nos habría venido bien.
Izan: Seguramente se habría roto, recuerde que los hacen de cartón.
Alicia: Pues ya me dirá que podemos hacer ahora...
Izan: Tendremos que ir andando. Puedo llevarla al lugar dónde tiene su cita, pero no será fácil ni le garantizo que llegue a tiempo. Tendremos que tener mucho cuidado, es una zona bastante peligrosa.
Alicia: No importa, debo llegar a la cita sea como sea.


Izan: Pues lo mejor será que comencemos a caminar. Es por ahí, vamos.
Alicia: Un momento, ¿puede llevar la maleta? Tengo cosas importantes en ella y pesa mucho.
Izan: Le recomiendo que la abandone.
Alicia: ¡No pienso hacer eso!
Izan: Pues yo no pienso llevarle nada. Recuerde, no soy su mayordomo.
Alicia: ¡Al menos podría llevar el maletín!
Izan: No soy su mayordomo.
Alicia: ¡Váyase al cuerno!


A pesar de la pérdida de su querida avioneta, Izan sonrió. Le hacía gracia la forma de enfadarse de Alicia.


Llevaban dos horas caminando. Izan llevaba un buen paso, decidido y sin atisbo de cansancio. Alicia sin embargo, caminaba lentamente. Le dolían los pies por culpa de los zapatos. Eran unos Manolo Clickani, preciosos, pero muy incómodos. Sudaba en abundancia y se moría de sed.


No podía más, así que llamó a Izan y le pidió un momento de descanso. 

Alicia: Izan...por...favor...necesito descansar...
Izan: Está bien, pero solamente un momento. Es una zona peligrosa para descansar.


Alicia: Cargar con estas maletas lo complica todo mucho más...
Izan: Debería abandonar algunas cosas. Nos ralentiza el paso.
Alicia: No puedo deshacerme de nada. Ahí tengo mis trajes, ropa y enseres personales. 


Izan: No debería atarse tanto a las cosas materiales. Cuando uno se muere, no se puede llevar nada de eso al otro mundo.
Alicia: Necesito mi plancha para el pelo, mi maquillaje, mi crema hidratante...
Izan: Ahora no necesita nada de eso...
Alicia: ¿Podría llevarme aunque sea el maletín?
Izan: No puedo caer en la misma ilógica en la que está usted. ¿Para que cargar con algo que no vale para nada? No tiene sentido.
Alicia: Es usted un caso...


Unos ruidos interrumpieron su conversación. Un ser enorme se acercaba a ellos. Se trataba de un caballero de unos tres metros vestido con una armadura. Sus dimensiones eran grandiosas. No se podía vislumbrar ni un milímetro de su piel y su rostro. Portaba una gran espada y un escudo acorde con su tamaño.

Alicia: Por todos los clicks...
Izan: ¡Debemos escondernos! 


El caballero caminaba hacia ellos, enfurecido. Respiraba fuertemente, como si de un caballo agotado se tratase. Elevaba su espada esperando encontrar una presa a la que darle muerte.


Alicia: ¿Qué es eso?
Izan: No lo había visto nunca...ye le he dicho que hay zonas del Pantano que son peligrosas. Si nos descubre, estamos perdidos...
Alicia: Tengo mucho miedo...
Izan: No tema. Si nos descubre, corra en esa dirección sin mirar atrás. Yo intentaré entretenerle. 
Alicia: ¡Kuka! ¿Dónde está?
Izan:¿El bicho? No lo sé...
Alicia: ¡Tenemos que encontrarla!
Izan: ¡Shhhh! Si nos movemos estamos muertos. Le prometo que la buscaremos.
Alicia: Kuka...


El enorme caballero caminó hasta situarse sobre ellos, encima de unas rocas.Permanecieron en silencio, temiendo que en cualquier momento se abalanzase sobre ellos.Sin embargo, el extraño ser se mantuvo quieto respirando fuertemente. 


Finalmente dio media vuelta y se marchó por dónde había venido. Los dos respiraron más tranquilos cuando lo vieron alejarse.

Alicia: Ha ido por poco...
Izan: Sí... se me sale el corazón del pecho. Ha sido muy valiente, señorita Alicia.
Alicia: Puedes tutearme, si lo deseas...
Izan: Te lo agradezco...
Alicia: No habría sobrevivido en este lugar si no es por ti...
Izan: Bah, no es para tanto. 


Alicia: ¡¡Kuka!!

La perrita se acercó hasta ellos temblando. Se había escondido tras unas rocas totalmente atemorizada.

Alicia:¿Dónde te habías metido? ¡Oh, Kukita! Estás temblando...
Kuka: ¡Guau guau!


Alicia la abrazó con cariño y la tranquilizó.

Izan: Quieres mucho a esa perrita, ¿no?
Alicia: Sí...es como mi hija.
Izan: Una persona que ama a un animal, debe ser buena. Eso refleja que tienes buen corazón.
Alicia: Bueno...yo no diría tanto...
Izan: Un corazón oscuro no puede amar a los animales. 


Siguieron  caminando. Alicia lo hacía unos metros más atrás que Izan. Le estaba costando horrores caminar en un entorno así. Echaba de menos su casa, su coche...su hermana. Kuka parecía estar encantada. Caminaba olfateando todo sin quejarse. 


En determinado momento, Alicia soltó la maleta. Estaba tan cansada que se le escurrió de las manos. Las tenía sudorosas y doloridas. Se detuvo para observar la maleta en el suelo, y tras pensarlo un momento, la abandonó.

Alicia: Al cuerno con la maleta.


Pasados unos minutos, Izan se detuvo. Instó a Alicia para que repusiese fuerzas observando las vistas. Se podía ver una perspectiva del pantano única y muy especial.

Izan: No me digas que no es precioso.
Alicia: Sí, no puedo negarlo. 
Izan:¿Y la maleta?
Alicia: Tenías razón, no la necesito para nada. En el maletín tengo los documentos, es lo único que importa.
Izan: Amo este lugar desde siempre. Lo he defendido de sus detractores y de aquellos que han intentado destruirlo. 
Alicia:¿Tantos intentan destruírlo?


Izan: Una empresa ha conseguido hacerse con el Pantano. Payaso Demonio perdió estas tierras sin que nada pudiese hacer para evitarlo. ¡Fue una injusticia! Este lugar merece ser conservado. Aquí viven muchas formas de vida y morirán si se les arrebata su hogar. ¿A caso es más importante el dinero que la vida? ¿Es más importante que la naturaleza? 
Alicia: Pues...¿Y sabes quién se ha quedado con estas tierras?
Izan:Sí...una mujer despiadada. 
Alicia: ¿Despiadada? ¿No estás exagerando?
Izan: Además...sé que perderé mi trabajo, mi casa, mi vida...
Alicia: Izan...yo...tengo que decirte...
Izan: Es mejor que sigamos caminando o no llegarás a tiempo a esa cita.


Siguieron su camino. Alicia estaba cansada, pero también se sentía muy mal. Era consciente de lo mal que había hecho las cosas su padre, pero ella estaba siguiendo el mismo camino. Intentó quitarse ideas sentimentales de la cabeza y pensar fríamente. La venta del Pantano era su gran oportunidad para cerrar un negocio redondo.Los inversores se echarían las manos a la cabeza si dejase escapar un trato tan rentable.


Otra vez se detuvo. Se sentó en el árido suelo importándole bien poco que se pudiese manchar. Dejó el maletín a su lado y tomó aire.

Izan:¿Te encuentras bien?
Alicia: Necesito respirar un poco, nada más.


Izan: Todavía estamos lejos del punto de encuentro. Descansa un poco si lo necesitas.
Kuka: ¡Guauguau!
Alicia: Kuka también necesita un descanso.


Izan agarró el maletín y le sonrió.

Izan: Está bien,llevaré tu maletín. Si es tan importante como dices...
Alicia: Lo es...Gracias, Izan.

Le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

Izan: Vamos, no debemos perder mucho tiempo. Te prometo que pronto estarás de vuelta en casa.


Siguieron su camino. Alicia no podía dejar de pensar. Estaba engañando a Izan. Era ella la mujer despiadada que él tanto despreciaba. Por su culpa había perdido su avioneta y pronto lo perdería todo. Pensó en ofrecerle un puesto en algún departamento de sus oficinas. También se le ocurrió añadir una cláusula en el contrato que obligase al vendedor a contratar a Izan en el complejo turístico. Tanto pensó, que se perdió. No veía a Izan y Kuka por ningún lado.

Alicia:¿Izan? ¡Izan! ¡Kuka!


Un monstruo verde sin piernas volaba por la zona. No tenía alas, pero no las necesitaba. Se deslizaba como un pájaro sin ningún tipo de problemas. No tenía piernas pero sí dos brazos. Con ellos cogía hormigas y se las comía. Estaba gordo y tampoco era demasiado grande. Tenía una gran boca y sus ojos no dejaban de buscar cualquier cosa para comer.


Cuando la vio, gritó sorprendido. Dejó lo que estaba haciendo y se dirigió hacia ella a gran velocidad. El monstruo gritó de alegría y Alicia de terror.


Alicia: ¡Socorro!

Corría lo más rápido que podía, pero aquel monstruo era realmente rápido.


Aprovechando una zona con muchos árboles secos, se escondió tras uno. Aquel monstruo verde la buscaba con desesperación pero por suerte, no dio con ella.


Se alejó sigilosamente de aquel lugar intentando no llamar la atención del monstruo verde.
Cuando estuvo lejos, llamó de nuevo a Izan. Estaba desesperada.


Alicia no se percató, pero el ser verde le había encontrado. Estaba a punto de lanzarse sobre ella cuando algo se lo impidió. Siguió caminando ajena a lo que estaba ocurriendo.


Llevaba un buen rato caminando sin rumbo fijo cuando notó que alguien la seguía. De pronto, unos seres extraños aparecieron tras los árboles. Eran tres dragones con armaduras. Medían unos 3 metros y lucían unas alas enormes. Caminaban sobre dos patas y con las otras lanzaban rayos de fuego. Lucían unos colmillos largos y peligrosos y la miraban con deseo. Dos eran negros y amarillo y el otro azul.


Alicia: Esto no puede estar ocurriendo...

El de color azul abría la boca para asustarla. Se relamía al imaginarse probando su carne.


La rodearon rápidamente. Los miraba muy asustada pero también muy fascinada. Jamás había visto unas criaturas tan asombrosas. Sabía muy bien cuales eran sus intenciones y si no actuaba rápidamente, sería devorada en cuestión de segundos.


Salió corriendo sin mirar atrás. Eran tres, podían volar y eran mucho más rápidos que ella. En cualquier momento la atraparían. Sin embargo, corrió con todas sus fuerzas para salvar su vida. No estaba dispuesta a morir sin haber luchado.


No miró atrás y por eso no se percató de nada. La misma criatura que le había salvado del monstruo verde,se había interpuesto entre ella y los dragones. Se trataba de un ser pequeño y azul, con largas orejas que colgaban a los lados. Los dragones fueron sorprendidos y en seguida se centraron en él.


Alicia corrió sin parar. Sentía que el corazón se le salía del pecho y le faltaba la respiración. El sol abrasador jugaba en su contra por lo que ya no tenía las energías para seguir luchando. Cayó sobre unas rocas exhausta.  Algo se acercaba hacia ella, pero no se sentía capaz de seguir corriendo. Pensó en su hermana, en Kuka...esperaba al menos que la recordasen con cariño. De pronto, alguien la agarró y la empujó tras unas rocas. 


Era Izan, que le tapaba la boca para que guardase silencio. Kuka estaba junto a él, moviendo la colita encantada de volver a verla. De pronto, el dragón azul apareció. Seguía el rastro de Alicia y este le había llevado hasta allí.


Izan: Shhh, soy yo. No hables. 

Alicia asintió con la cabeza y permaneció muy quieta y en silencio. Aunque sabía que se encontraban en peligro, entre los brazos de Izan se sintió por fin segura. Deseaba abrazarse a él y permanecer así de por vida.


El dragón miró alrededor y tras esperar unos eternos minutos, se marchó. Los dos respiraron aliviados cuando lo vieron alejarse.


Alicia: Estaba muy preocupada, ¿dónde os habíais metido? Os he buscado por todas partes.
Izan: Nosotros también lo estábamos. Te hemos estado buscando todo el tiempo. No sé que es lo que pasó, pero te perdí de vista...quizás caminaba demasiado rápido. 
Alicia: Lo he pasado muy mal...Una extraña criatura verde me perseguía y luego tres dragones. Pensaba que iba a morir... Gracias por salvarme una vez más.
Izan: Debes darle las gracias a Kuka. Ella me guió hacia ti.


Alicia: ¡Oh, mi Kuka!
Kuka: ¡Guau guau guau!
Izan: Toma, tu maletín. He cuidado de él todo este tiempo.
Alicia: ¡Mi maletín! Gracias, no sabes lo importante que es para mi.
Izan: Me alegra que estés bien. Temía que te hubiese ocurrido algo...


Alicia: Pero no fue así. He vivido momentos angustiosos, pero estoy viva. Izan, compensaré todo lo que estás haciendo por mi, te lo aseguro.
Izan: Hasta que no te encuentres en sitio seguro, no me agradezcas nada. 
Alicia: Menudas pintas llevo...estoy espantosa.
Izan: Estás preciosa.
Alicia:¿En serio?
Izan: Por supuesto. Jamás había visto una mujer tan bella como tú.

Los dos permanecieron en silencio. Izan no creía que hubiese podido decir eso. Lo había dicho sin pensarlo demasiado. Es lo que sentía y así le salió. Alicia se puso colorada. No esperaba que Izan le pudiese decir algo así y le pilló por sorpresa. No supo que contestar  ni  dónde mirar.

Izan: Lo siento, no debería...
Alicia: Gracias, Izan. Eres muy amable...
Izan: De nada...Bueno, deberíamos seguir caminando si queremos llegar a tiempo a esa cita.
Alicia: Cierto.


Izan: Creo recordar que por esta zona viven...


Alguien le golpeó en la cabeza con una enorme piedra y cayó al suelo inconsciente. Alicia gritó sorprendida y Kuka gruñó furiosa. 


Era un animal grande, muy grande y de una fuerza descomunal. Alicia quiso ir a socorrer a Izan, pero el animal la cogió como un saco de patatas y se la puso al hombro. La agarró con fuerza mientras Alicia forcejeaba. Pataleaba y le propinaba puñetazos, pero el ser se la llevó a toda prisa sin problemas.  


Continuará...

martes, 5 de septiembre de 2017

El destino del Pantano: Capítulo 01: Un vuelo accidentado


Harrison International es una de las empresas con más éxito del momento. Gracias a la gestión de su dueño y presidente la empresa recaudó más capital del que habría imaginado nunca. La compra y venta de terrenos era un negocio en auge pero en el que no todos triunfaban. Harrison International compraba todo tipo de terrenos y edificios, algunas veces con métodos poco ortodoxos. 


Poco a poco sus gestiones claras y transparentes se convirtieron en oscuras y al margen de la ley. A los ojos de los jueces y fuerzas del orden aquellas transacciones eran extrañas pero les era imposible demostrar su ilegalidad. Bosques arrasados por las llamas, edificios de viviendas con personas mayores, terrenos privados…eran capaces de cualquier cosa con tal de lograr su objetivo.

Su dueño, el señor Harrison Morrison enfermó gravemente por lo que tuvo que tomar decisiones precipitadas con tal de asegurar su legado y el bienestar de su familia. Su mujer había muerto hacía ya muchos años por lo que solamente le quedaba sus dos preciosas hijas, Alicia y Patricia. Aunque las dos tenían la vida resuelta, Harrison quiso que una de ellas se encargase de la empresa antes de su muerte. Alicia era la más inteligente y se mostraba muy interesada en los asuntos de la empresa. Pronto cogió las riendas del negocio y demostró estar más que capacitada para ello. Patricia sin embargo, no mostró interés alguno por el negocio y prefirió mantenerse al margen.
Un día antes de la muerte de su padre Alicia descubrió los asuntos más ilegales de la empresa. Había sido educada de una forma fría y distante, priorizando su educación. No se planteó si aquello era inmoral y lo aceptó como una forma de vida a la que debía acostumbrarse. Harrison murió y sus hijas se despidieron de su padre en un multitudinario entierro.
Harrison International debía seguir adelante y pronto prosiguió con naturalidad. Alicia trabajaba a todas horas y nunca tenía tiempo para nada más. A pesar de ello, tenía una estrecha relación con su hermana. Patricia era totalmente distinta. Era mucho más cercana y cariñosa. Gracias a unos chanchullos en el juzgado y algunos contactos, consiguió hacerse con el Pantano. Era una zona con grandes extensiones de terreno y algunos sin explorar. A pesar de las cosas terribles que habían ocurrido en esa zona, el terreno tenía gran valor. Muchas empresas deseaban edificar hoteles, centros comerciales, campos de golf y viviendas de lujo en esa zona. Alicia había conseguido un comprador muy interesado en el pantano. La cantidad que estaba dispuesto a pagar era desorbitada y no pensaba dejar escapar la ocasión.


 Su jet privado había sufrido una avería y no deseaba llegar tarde a la cita con el comprador. Habían quedado en una zona del pantano para firmar los papeles de la compra y venta. Buscando información encontró a un hombre que paseaba en avioneta a turistas y visitantes deseosos de aventuras. Encontró la localización con el gps y se dirigió hacia allí.
Conducía su flamante porsche 911 Targa en color azul y le acompañaba su hermana y su querida perrita, Kuka. Le resultaba extraño pensar que todas aquellas tierras le pertenecían, pero desde el primer momento le pareció un lugar inhóspito que merecía convertirse en algo mejor. 
Patricia:  El GPS dice que es por aquí…¡Oh no! No hay señal…
Alicia: Maldito lugar…estoy deseando deshacerme de estos terrenos. Espera, reiniciaría el GPS del coche.


Patricia: Está colgado…¿Pruebo con el móvil?
Alicia: Sí, por favor. Es importante llegar a tiempo a esta cita. Hay mucho dinero en juego.
Patricia: ¿Y no tienes suficiente dinero? No sé para que trabajas tanto…
Alicia: No empecemos. Son negocios, hermanita. Debo tirar para adelante la empresa familiar.


Patricia: Hasta hace muy poco pensaba igual que tú, pero...Papá hizo cosas horribles y no deberías seguir su ejemplo. ¿Es que por dinero todo vale?
Alicia: Deja de darme sermones. ¿Quieres seguir disfrutando de todos los lujos y ventajas que tienes? Pues acepta la realidad.
Patricia: Hace tiempo que los lujos no lo son todo para mi...he descubierto que la vida es mucho más.
Alicia: Pues devuelve tu teléfono móvil a la tienda y tira a la basura ese vestido de Clickero & Clackana. Podrías moverte en autobús por la ciudad y por supuesto, la tarjeta la anulamos.
Patricia: No entiendo que te pongas tan a la defensiva. Vale, no puedo desengancharme por completo de según que cosas pero creo que con lo que tenemos es suficiente. Además, no me gusta todo lo que papá hizo y deberías cambiar el rumbo de la empresa...lo que haces no está bien.


Alicia: Todo eso se lo cuentas a tu psicólogo, a mi no me martirices con tus ridículos problemas de conciencia.  
Patricia: Te lo digo porque me importas. Además, tengo acciones en esta empresa y mi opinión debe tener alguna importancia...
Alicia: Me estoy cabreando, y mucho. Tú no eres capaz de llevar las riendas de la empresa, siempre he sido yo la que ha mirado por las dos. Deja que me encargue yo de todo y limítate a gastar el dinero y vivir la vida.
Patricia: No tienes remedio...eres igual que papá. ¿Vendrás a mi cumpleaños?
Alicia: Imposible, sabes que tengo que trabajar.
Patricia Pero...
Alicia: ¡Maldición! No hay manera de que el GPS funcione. ¡Este lugar es el infierno! Lo intentaré con el móvil. Espera aquí dentro.


Alicia detuvo el coche y salió al exterior. El sol abrasador le abofeteó la cara y la sensación de frescor y comodidad pronto desapareció. 

Alicia: ¡Esto es horrible!

Sacó su móvil de últimísima generación e intentó encontrar algo de cobertura. 

Alicia: No puedo creer que un móvil tan caro no sea capaz de funcionar como es debido. ¡Venga, leches!


Alicia: ¡Parece que capto algo de señal!


Patricia salió del vehículo junto a Kuka. La perrita se puso a olfatear fascinada por los diversos y extraños olores que percibía. 

Patricia: ¡Qué calor! Esto es pero que el Sahara...¿De veras alguien desea comprar esto? 
Alicia: Así es, hermanita. Y además, por mucho dinero. ¡He captado señal! 


Kuka: ¡Guauguauguauguau!¡Garraff!
Alicia: Lo sé, Kukita. Este lugar es espantoso...
Patricia: No entiendo que alguien pueda estar interesado en unos terrenos así...


Alicia: Pronto todo esto será un lujoso complejo turístico. 
Patricia: Hasta que eso se haga realidad, no creo que vuelva pisar estas tierras.


Un ser extraño, muy bajito, regordete, completamente rojo, con cuatro ojos (uno de ellos en la frente), y una boca enorme salía de su guarida para comprobar quién estaba perturbando su sueño. Ellas estaban lejos, pero al verlo aparecer corrieron a la seguridad del coche.


Alicia arrancó rápidamente y se alejaron de aquel lugar. 

Alicia: ¡Qué narices era eso!
Patricia: No lo sé...jamás había visto algo similar.
Alicia: Sera mejor que terminemos con todo esto cuanto antes.
Patricia: El hombre que te llevará en avioneta...¿Le dirás que todo esto pronto desaparecerá? Su negocio terminará en cuanto vendamos el terreno.
Alicia: No pienso decirle absolutamente nada. Quizás si se entera, no quiera llevarme y necesito estar urgentemente a la hora acordada para cerrar el trato.


Patricia: Mira, es allí.
Alicia: Vaya, es una avioneta de mala muerte.
Patricia: No me hace mucha gracia que subas ahí...


Se trataba de una pequeña avioneta en la que podían viajar dos personas. En la parte trasera disponía de una meletero. Era blanca con rayas negras simulando la piel de una cebra. 


Alicia detuvo el coche y bajó a toda prisa. Cogió su maletín con todos los documentos y una pequeña maleta. También se quería llevar a Kuka, pues no deseaba separarse de ella. 

Patricia: ¡Un momento! Por favor, haz una excepción y ven a mi cumpleaños. Me haría tanta ilusión..solamente por esta vez.
Alicia: ¿Es más importante tu cumpleaños que el trabajo? Te llamaré por teléfono y te felicitaré.
Patricia: Eso es mentira...nunca lo haces. 


El piloto estaba revisando la avioneta tirado en el suelo. Parecía estar muy concentrado pues ni se percató de la presencia de las dos clacks.

Alicia: Disculpe.

Del sobresalto se golpeó la cabeza y profirió un insulto al aire.


Se sentó para ver quién reclamaba su atención. Al ver a las dos clacks su corazón se aceleró. Las dos eran rubias, con ojos azules y muy elegantes. Ambas eran bellas. Una lucía una trenza larga que caía sobre su hombro. Llevaba un vestido rojo intenso y unos zapatos blancos a juego con su bolso. Aunque la que más le impactó fue la otra. Su vestido ceñido de color azul marino y su majestuoso escote lo hipnotizaron. Tenía el pelo recogido en un enorme moño que le otorgaba un aspecto de mujer dura.

Izan: Buenos días, señoritas. Mi nombre es Izan y soy el piloto y propietario de esta maravillosa avioneta. ¿En que puedo ayudarles?

La mujer del moño habló y no pudo evitar ponerse nervioso. Era fascinante y no comprendía que podía hacer una mujer como ella en un lugar así.

Alicia: Me llamo Alicia y ella es mi hermana Patricia. Necesito que me lleve en su avioneta. Es un urgente.

Alicia también se sorprendió por el atractivo del piloto. Su pelo revoltoso y negro como el carbón, sus ojos marrones intensos, su rostro varonil con la barbita de dos días, su fuertes músculos marcados en la ropa...

Izan: Para eso estoy aquí, señorita Alicia. Será un placer llevarla a dónde me pida. Aunque solamente puedo llevar a una...
Patricia: Yo me volveré con el coche, no se preocupe.
Izan: ¿Coche?


Al ver el coche, Izan pegó un brinco de emoción. No todos los días podía ver un vehículo tan caro y exclusivo.

Izan: ¡Es un Porsche 911 Targa 4s! ¡No me lo puedo creer! Es el coche de mis sueños...¿Puedo tocarlo?
Alicia: Pues...sí...pero no me lo raye.


Izan lo acarició suavemente totalmente fascinado. Pasaban los segundos y el piloto seguía acariciando el coche como si de un perro se tratase.

Alicia: Disculpe...
Izan: No me interrumpa, estamos teniendo un momento íntimo.
Alicia: No he venido hasta aquí para verle acariciar mi coche.


Izan: Está bien, usted dirá.
Alicia: Deseo llegar al Hotel Pantano y cuanto antes sea, mejor. Le pagaré bien.
Izan: Eso me gusta. El problema es que ese hotel queda demasiado lejos y para llegar hasta allí debo sobrevolar una zona un tanto peligrosa. Suelo evitar pasar por ahí...
Alicia: Le he dicho que le pagaré bien. Es importante que me lleve hasta allí.


Izan: ¿Tan importante es?
Alicia: Así es.
Izan: Está bien, pero me tendrá que pagar muy bien...
Alicia: Siempre cumplo con mi palabra. 


Patricia: ¿Y si retrasas la cita? Así podrías ir a mi cumpleaños y además volveríamos las dos juntas en el coche...
Alicia: Sabes muy bien que eso no es posible. El GPS funciona perfectamente, llegarás sin problemas a la civilización. 


Alicia: Suba mi equipaje, por favor.
Izan: No soy su mayordomo...
Alicia: Y tenga cuidado y no golpee la maleta.
Izan: A sus órdenes señora...


Patricia: No me hace gracia que te subas a esa avioneta...
Alicia: Estaré bien, deja de preocuparte. Cuida de mi coche. Cuando llegues a casa lo dejas en el garaje y por favor, no lo utilices. Tú tienes el tuyo.
Patricia: ¿Ni para ir a la playa?
Alicia: Por supuesto que no, me lo llenarías de arena...


Izan: Un momento. ¿Y esa cosa?
Alicia: ¿A que se refiere?
Izan: Eso de ahí. Ese bicho.
Alicia:¿Se refiere a Kuka? ¡No es una cosa y ni mucho menos un bicho! Se llama Kuka y es mi perrita.
Izan: ¿Pretende que suba al bicho en la avioneta?
Alicia: Le repito que no es ningún bicho. Por supuesto, ella se viene conmigo.


Izan: Pues hemos terminado. No pienso subir perros a mi avioneta.
Alicia:¿Perdone? ¡Tan solo es una perrita!
Izan: Créame, es más que eso. Son peligrosos y muerden.


Alicia: ¡Hemos hecho un trato! 
Izan: Está bien...pero el precio sube considerablemente.
Alicia: Es usted un miserable.
Izan: ¿Sigue interesada o prefiere buscar otro medio de transporte? Le advierto que es complicado encontrar algo más por aquí...
Alicia: ¡Está bien! Le pagaré más. Vamos, Kukita.


Subieron al avión y Alicia acomodó a Kuka entre sus brazos. Amaba con locura a su perrita y no estaba dispuesta a separarse de ella. El ruido al arrancar la avioneta fue ensordecedor y Kuka se acurrucó asustada. Patricia se despedía de su hermana con la mano. Alicia la veía ahí sola y una sensación extraña la invadió. ¿Se estaba portando mal con ella? Siempre se comportaba de una forma fría y nunca tomaba en serio su opinión. 

Patricia: ¡Llama cuando llegues, por favor!
Alicia: ¿¡Qué!?
Patricia: ¡Que me llames cuando llegues!
Alicia: ¡Lo haré!


Izan: ¿Preparada para el despegue?
Alicia: Creo que sí. Todo lo preparada que se pueda estar en una situación así...


Kuka se asomó por la ventanilla y ladrando se despidió de Patricia, que seguía allí de pie.


La avioneta despegó y se alejó del suelo a toda velocidad. Patricia siguió despidiéndose de ellos con la mano hasta hacerse muy pequeña y desaparecer de su visión.


Una vez estabilizada en el aire, Alicia se sintió algo más segura. No podía dejar de mirar por la ventanilla. El paisaje era espectacular y de una gran belleza.

Alicia: ¡No pensaba que este lugar pudiese ser tan hermoso!
Izan: ¿Lo dudaba? ¡Es muy hermoso! Amo estas tierras desde que tengo uso de razón. La gente puede caer en el error de que aquí no hay vida por verse tan secano, pero nada más lejos de la realidad.


Alicia: ¿Que es aquello de allí?
Izan: Las ruinas del pantano. Según cuentan se trata de la ciudad sagrada. Allí vivían seres mitológicos y sobrenaturales en orden y armonía hasta la llegada del hombre. 
Alicia: Fascinante. ¡Oh, aquello son patos!
Izan: Así es. Suelen pasar un par de semanas en estos lares antes de seguir con su ruta.


Alicia: ¿Lleva mucho tiempo dedicándose a esto?
Izan: Toda la vida. No gano mucho dinero, pero el suficiente para cubrir mis necesidades. Además, adoro volar. Siempre he creído que en otra vida fui un ave.
Alicia: Ah, claro...
Izan: A su derecha puede ver el oasis del pantano.
Alicia: ¡Cuanto verde! ¿Eso es una cascada?
Izan: Sí, y sus aguas son cristalinas y muy frescas. Suelo escaparme un par de veces a la semana para bañarme. A su izquierda la peligrosa zona de las hienas. 
Alicia:¿Eso es una gasolinera?
Izan: Sí, está abandonada. Su dueño se marchó hace años.


Izan: Dígame, ¿que asuntos le traen por aquí?
Alicia: Pues...la venta de unos terrenos. El cliente es muy importante y por eso tengo que llegar a tiempo al encuentro.
Izan: Entiendo.


Alicia: ¿Es cierto que en este lugar ocurren cosas espantosas? Me he documentado y la verdad es que es terrorífico.
Izan: ¿Ocurren cosas espantosas en la ciudad? No me gusta estar informado pero las veces que pongo la radio no hago más que escuchar terribles acontecimientos. Asesinatos, ataques terroristas, atracos, contaminación, masificación, explotación laboral, contaminación...Es cierto que aquí ocurren cosas terribles, pero yo prefiero convivir con estos peligros que con aquellos. Es un lugar mágico, todo puede ocurrir. Tienes que estar atento a las advertencias que este lugar te puede dar.


Alicia: Visto así tiene razón. Aunque aquí está a merced de cualquier peligro sin ningún tipo de ayuda.
Izan: Me las arreglo muy bien solo. Además, conozco a unos cuantos amigos que viven por aquí. Es verdad que vernos es muy difícil, pero cuando he necesitado algo, siempre han estado ahí para ayudarme.


Alicia: ¿Eso es una gaviota?
Izan: Sí, aquí hay muchas y...

Kuka se volvió loca cuando la vio tan cerca de la ventanilla. Se puso a saltar y ladrar histérica por todo el compartimento. De un saltó se tiró sobre Izan y se colocó sobre su cabeza. No podía ver y al intentar quitarse al animal de encima perdió el control de la avioneta.

Kuka: ¡Guau guau guau guau!
Iza:¡Quítemelo de encima! ¡No veo nada!
Alicia: ¡Kuka, ven aquí!
Kuka: ¡Guau guau!! ¡Grrrrrrr!


Izan: ¡Nos vamos a estrellar!
Alicia: ¡Kuka, por favor!


Alicia pudo agarrar a la perrita después de varios intentos. Izan intentó hacerse con el control en cuanto se encontró libre de ella, pero finalmente la avioneta se estrelló contra unas rocas.


Continuará...