lunes, 21 de septiembre de 2015

Epidemia Zombie: Capítulo 07 - Sálvese quien pueda

"Se pensaba la pringá esa que me conformaría con una limosna" pensaba El Perlita caminado con el maletín del dinero. Pensaba quemar el dinero en fiestas y vicios varios. No sabía que dirección tomar, así que caminaba esperando encontrar alguna indicación. Vio a dos clacks sentadas y decidió acercarse hasta ellas y preguntar.



Cual fue su sorpresa al descubrir la identidad de aquellas dos clacks. La Facunda y él se habían pegado juntos muchas fiestas hasta altas horas de la madrugada. Tenían los mismos vicios y preocupaciones. Con Roula era diferente. Le gustaba esa clack. Ella era más dulce y cariñosa que Facunda y desde el primer momento que la vio le gustó. 

El Perlita: ¡No me lo puedo creer! ¡Flipo en colores!
Facunda: ¡Perlita! ¡Si no lo veo no lo creo, tío! ¿Pero que haces aquí, macho?
El Perlita: Cuanto tiempo sin verte.
Facunda: Mazo tiempo, tío. Sigues estando to igual, no cambias nada. ¿Te has tragado la fuente de la juventud?
El Perlita: Una fuente de cerveza, ¡Jajajaja!
Facunda: ¡Jajajaja!


El Perlita: Roula, tan guapa como siempre. Mi corazón palpita como una patata frita.
Roula: Anda ya, tonto. Me alegro de verte, guapo.
Facunda: ¿Ande vas con ese maletín? ¿Te has vuelto to pijo?
El Perlita: Que va, colega. Negocios.
Facunda: Ouuuhh, cuidado que ahora es un tío de negocios de esos. Que llevas en el maletín, ¿el boli y la carpeta?


El Perlita: ¿Un boli? Mira, chavala. Pasta gansa.
Facunda: ¡Que me aspen! ¡Cuanta pasta! ¡Eres millario!
Roula: Millonario. Es mucho dinero, Perli. ¿En que andas metido?
El Perlita: Lo sé. Yo no me ando con tonterías. Me gusta jugar fuerte y siempre gano.


Facunda estaba conmocionada. El dinero ganado abandonado el bidón en el pantano le parecía ridículo. Con todo el dinero de El Perlita, podría hacer todo lo que le viniese en gana y ser completamente libre.


Roula: Siempre supe que eres un click especial.
El Perlita: Roula, escucha atentamente. Quiero que te vengas conmigo y me ayudes a gastar toda esta pasta. Alquilaremos una habitación en un hotel caro y pediremos todo lo que nos apetezca. Iremos de fiesta y arrasaremos la ciudad.
Roula: Es tu dinero, no quiero aprovecharme de ti...
El Perlita: Quiero que te aproveches de mi, nena.

Facunda no podía soportar ni un segundo más aquella conversación. Tenía ganas de potar y se estaba aburriendo.


Roula: Eso suena tan...excitante. No sé si debería...
El Perlita: Vamos muñeca, no te reprimas y vente conmigo.

Facunda agarró un palo del suelo y le arreó un buen golpe en la cabeza. El Perlita cayó al suelo inconsciente.


Roula: ¡Facu! ¿¡Qué has hecho!?
Facunda: Hasta las narices estaba de esa porquería.  Te he hecho un favor, tía. 

Agarró el maletín y lo abrazó feliz.

Facunda: Ahora esto es nuestro. Vamos, tenemos trabajo en las máquinas tragaperras. Lo siento por El Perlita, pero la pasta es la pasta. Ya le invitaré a una birra y se le pasará el cabreo.


Roula examinó a su amigo y lo colocó sobre sus piernas.

Roula: ¿Te has vuelto loca? ¡Lo podrías haber matado! Ese dinero es suyo, no tienes derecho...
Facunda: Vamos tía, no seas inegua. ¡Seguro que lo ha robado! Te daré algo de pasta, no creas que me lo quiero quedar para mi sola.
Roula: No voy a ningún lado contigo, Facu. Somos amigos, y a los amigos se les respeta.
Facunda: Tía, estás to tonta. Yo me doy el piro con la pasta. Quédate aquí asándose al sol con este fracasao de tío si quieres. Yo pienso gastar hasta el último cleuro en lo que me dé la gana. ¡Soy millaria! 

Facunda dio media vuelta y se marchó de allí con el maletín. Roula estaba indignada. Le tentaba marcharse con ella y quedarse con la mitad del dinero, pero no podía. Le gustaba El Perlita y sabía que eso no estaba bien.

Roula: ¡Mala amiga! Muy bien, disfruta con todo ese dinero pero cuando no te quede ni un cleuro no se te ocurra venir a buscarme. 
Facunda: Si te he hecho un favor, ahora estarás sola con tu amor. ¡Adiós Roula!
Roula: ¡Facu!



Pasados unos minutos , El Perlita despertó. Roula le explicó lo ocurrido y entró en cólera. Se había fiado de Facu pero estaba dispuesto a ir tras ella y recuperar su dinero.

El Perlita: Y tú te has quedado conmigo...
Roula: ¡Pues claro! No iba a dejarte aquí abandonado.


Se incorporó y sacó su pistola del pantalón. Roula se asustó al ver el arma.

Roula: ¿Y esa pistola?
El Perlita: Vamos a buscar a esa traidora. Voy a recuperar toda mi pasta y a darle un escarmiento.


El Dr. Marcus y la Dra. Ada seguían el rastro del bidón. Marcus había llamado a el departamento de residuos tóxicos de Ambrella para averiguar si había llegado el bidón con Y-321 en su interior. Al descubrir que su sobrina no había cumplido con sus indicaciones, se puso en marcha. La señal del móvil de Facunda les llevó hasta el pantano. Gracias a un sofisticado aparato que detectaba moléculas del virus zombie, siguieron el rastro del bidón. Llevaban consigo un arma para defenderse y un par de botellas con una sustancia que eliminaba el virus Clickora. Debían encontrar el bidón y eliminar cualquier rastro del virus para evitar daños mayores.

Dra. Ada: Su sobrina nunca me causó buena impresión, Dr. Marcus. La señal del buscador indica que por aquí hay rastro del Clickora, aunque se está muriendo al no encontrar sujetos a los que contagiar. 
Dr. Marcus: De alguna forma Y-321 habrá conseguido escapar del bidón. Mi sobrina es toda una decepción. Puede culparme, he pecado de ingenuo.
Dra. Ada: Si no logramos encontrar a Y-321, nuestro trabajo no sólo habrá sido un fracaso, también será el fin del Playmundo.
Dr. Marcus: Lo sé, lo sé muy bien. Debemos recuperar al zombie y seguir con nuestro trabajo. Sospecho que estamos cerca de descubrir algo realmente importante.
Dra Ada: Ahora mismo no soy capaz de pensar en eso. Deseo solucionar todo este desaguisado antes de que más personas resulten heridas o lo que es peor, muertas.


El detector comenzó a vibrar a más velocidad. Ada seguía la señal nerviosa. Si Y-321 había conseguido salir del bidón, tendrían que enfrentarse a él. Iban vestidos con trajes de protección especial contra residuos tóxicos y químicos.  Unas máscaras especiales les protegían del aire contaminado. 


Cuando Ada vio el bidón, llamó inmediatamente a su camarada. No cabía la menor duda, el zombie había conseguido escapar. 

Dra. Ada: ¡Doctor, está aquí! ¡He encontrado el bidón!



Examinó el bidón y descubrió que estaba algo abollado por un lateral.

Dra Ada: Sin duda alguien golpeó el bidón. Todavía hay muchos restos residuales...
Dr. Marcus: Hágase a un lado, querida. Debemos limpiar toda esta zona.


Roció el bidón y los alrededores con la sustancia que contenían las botellas. Una vez precintado el bidón, lo aseguraron para que no volviese a ocurrir lo mismo.

Dr. Marcus: Debemos encontrar al sujeto antes de que contamine a alguien.
Dra Ada: Esto se nos está escapando de las manos...
Dr. Marcus: No desespere, lo encontraremos. Sigamos el rastro del virus y acabemos con todo esto de una vez por todas.


Siguieron el rastro del virus sin percatarse que no muy lejos de su posición, una clack corría desesperada pidiendo ayuda. Claudia no los había visto así que se alejaba corriendo en dirección contraria. Estaba muy asustada y agotada.


Dra. Ada: Es por aquí. ¡Aquí hay sangre!
Dr. Marcus: ¿Sangre? Espero que sea del propio Y-321...
Dra. Ada: No la identifica como sangre contaminada...

Misty observaba escondida a los científicos. No solía intervenir en los asuntos de los clicks, pero estaba preocupada por la estabilidad y bienestar de sus tierras. Era el espíritu del pantano y no podía permitir que destruyesen su hogar y las criaturas que allí habitaban. 


Aunque Facunda estaba contenta, en su interior se sentía mal. Apreciaba a Roula pero estaba decepcionada. A la primera de cambio le había traicionado por un click. Pensaba que eran amigas de verdad. Estaba sudada, molesta y muy incómoda. 

Facunda: Lo primero que haré es ir al bar Manolo y tomarme una buena birra fresquita. Pediré un par de tapas, una de brazas y otra de olivas con anchoas. ¡Que hambre tengo! Que leches, ahora soy millaria, me pediré también unos calamares y unos chocos con limón. La máquina tragaperras que tienen allí la tengo controlada. Me gusta más que la del vikingo que tienen en el bar co. 


Vio a Sabrina corriendo hacia ella y se preparó para defenderse. Podía estar buscando el maletín y no estaba dispuesta a renunciar a sus sueños por nada del mundo. Sabrina vio el cielo abierto cuando la vio. Se había perdido y no encontraba la caravana ni a John. Aunque Facunda era una mujer extraña, que causaba desconfianza por su aspecto, al menos no era un zombie.

Sabrina: ¡Socorro!


Facunda: ¿Quién eres y que quieres? ¡El maletín es mío!
Sabrina: ¡El maletín! ¿Se lo has quitado al Perlita? Bueno, me da igual...¡Tengo que encontrar a John! Me persiguen unos zombies...
Facunda: ¿Conoces al Perlita? ¿Te manda él? Podría inventarse algo más creíble para quitarme el dinero.
Sabrina: ¡No me manda nadie! ¡Te digo que me persiguen zombies! Quieren hacerme pagar por todos mis pecados...¡No quiero morir!
Facunda: ¿Estás flipá? ¡Que no pienso soltar ni un cleuro!


Gerard y Claudia las sorprendieron en mitad de la discusión. Facunda se quedó petrificada. Ver a los dos zombies acercarse hasta ellas le había causado una gran conmoción. Sabrina gritaba histérica, al borde de la locura.

Sabrina: ¡Ya vienen, ya vienen! ¡Es el fin del mundo! ¡Socorro!
Facunda: Esto...debe ser una broma...



Gerard se abalanzó sobre Facunda, que no supo reaccionar a tiempo. Interpuso el maletín entre su cuerpo y la hambrienta boca del zombie.

Facunda: ¡Ahhh! ¡Ayuda! 
Sabrina: ¡Oh no! 
Facunda: ¡Agarra el maletín!


Se libró del zombie y le lanzó el maletín a Sabrina. Facunda se puso a correr pero Sabrina tropezó. El maletín cayó junto a los zombies y dudó si ir a por él. 

Facunda: ¡Agarra el maletín, tonta! ¡No lo dejes ahí!
Sabrina: Es el fin del mundo...el dinero ya no vale para nada...
Facunda: ¿Qué dices?
Sabrina: En el infierno no me hará falta dinero.



Abandonó el maletín y salió corriendo junto a Facunda.

Facunda: ¡Era mucha pasta! ¡Maldita seas!
Sabrina: ¡Pues ve tú a por el dinero si tanto lo deseas!

Facunda no respondió. Tenía demasiado miedo y no era capaz de arriesgar su vida por el dinero.


Muy cerca de allí, Estrella y Gallofa disfrutaban de un tranquilo día en el Pantano. Llevaban unos días viviendo allí. Aunque seguía triste por la ruptura con Wen, había conseguido vivir con ese dolor en su corazón. Allí junto a su querido amigo Gallofa era más o menos feliz. Añoraba a Wen y todos sus amigos y su vida en la ciudad, pero estaba resignada. 


Vivían en una antigua caravana. Disponían de pocas comodidades y la vida allí no era precisamente fácil, pero se las apañaban. Habían encendido un fuego en el cocinaban. Gallofa miraba las llamas pensativo cuando Estrella le sacó de sus pensamientos. 

Estrella: ¡Mira que bonita!
Gallofa: ¿Otra serpiente?


Estrella: ¡Sí! Es muy bonita. Le haré un par de fotos para el álbum.  Mira, parece que está posando para mi.
Gallofa: A mi me parece muy fea...y me da asco.
Estrella: Anda ya, pero si es muy bonita.



Gallofa: Me aburro...
Estrella: ¿No te gusta estar aquí?
Gallofa: Sí, pero...No hay nada que hacer...
Estrella: Mañana iremos a la gasolinera a comprar comida y pilas para la cámara. Podríamos comprar algún juego de mesa.
Gallofa: ¡El parchís! ¡Soy fan de ese juego! Siempre ganaba a mis amigos.


Estrella se sentó a su lado y le enseñó las fotografías de la serpiente.

Estrella: ¿Te gustan? Se las enviaré a Vicrogo en cuanto pueda.
Gallofa: La serpiente es fea pero la foto me gusta. Estrellita, ¿no crees que deberías hablar con Wen? No eres feliz, no me lo puedes negar...


Estrella: Es demasiado tarde, Gallofa. Seguro que ya no piensa en mi. Estará junto a Sinéad, enamorados y felices. Hice bien quitándome de en medio. Lo amaré mientras viva, pero mi tiempo junto a Wen terminó.
Gallofa: Pues yo no pienso igual. Si no luchas por tus sueños, ¿que te queda? Una vida triste y oscura preguntándote si podrías haber cumplido tus sueños luchando por ellos.
Estrella: Me harás llorar, Gallofa. Mejor dejemos de hablar de esto...me hace daño.


¡¡Ahhhhhhhhhh!!

Gallofa: ¿Has escuchado esos gritos?
Estrella: Sí...
Gallofa: ¿Será un pájaro?
Estrella: No, eso no es un pájaro.


Sabrina y Facunda vieron la caravana y corrieron hacia ella. Aporrearon la puerta pidiendo ayuda desesperadamente.

Sabrina: ¡Por favor, que alguien nos ayude!
Facunda: ¡Ya vienen los zombies! ¡Abran la puerta!


Gallofa y Estrella se asomaron y vieron a las dos clacks golpeando la caravana.

Gallofa: ¿Que hacen?
Estrella: ¡Es Sabrina!


Sabrina: ¿Estrella? ¿Tú también estás en el infierno?
Estrella: No comprendo. ¿Qué haces aquí?
Sabrina: ¿No te has enterado? ¡Estamos en el infierno! ¡El juicio final! 
Estrella: Tranquilízate, por favor.
Facunda: ¡Y un pimiento! ¡Que vienen los zombies! Abre la puerta de la caravana antes de que nos alcancen. 


Gallofa abrió la caravana y dejó entrar a Facunda. En ese momento fueron atacados por los zombies. Facunda luchaba contra Gerard. Pretendía entrar en la caravana y darse un banquete con ella. Gallofa observaba horrizado la escena. A Estrella y Sabrina no les dio tiempo a entrar. Claudia estiraba los brazos para alcanzar a las dos clacks y acabar con sus vidas.

Facunda: ¡Maldita sea! ¡No me deja cerrar la puerta!
Gallofa: ¡Estrellita y Sabrina están fuera!
Facunda: ¡Lo siento, esto es sálvese quien pueda!



Sabrina: Tenemos que huir, ¡ahora!
Estrella: No entiendo nada...


Sabrina: ¡Nos matarán! ¡Vamos!

Aunque corrían con todas sus fuerzas, Claudia les estaba dando alcance. Mientras ellas corrían alejándose de la caravana, Facunda consiguió cerrar la puerta. Gerard quedó fuera golpeando una y otra vez la puerta. 

Facunda: ¡Toma ya! ¡Chúpate esa, zombie del demonio!
Gallofa: ¡Estrella! ¡Oh no! ¡Estrella, corre!

Gallofa observaba aterrorizado desde el interior de la caravana. Veía cómo el zombie las perseguía muy de cerca y temía por la vida de su amiga.



Continuará...

domingo, 13 de septiembre de 2015

Epidemia Zombie: Capítulo 06 - Soy un monstruo

Sabrina corría tras su hermana. Si Donna contaba a John lo ocurrido, todo se iría al traste. Perdería a John y todo lo que había conseguido hasta ahora. Lo amaba, aunque se acostase con otros clicks y no valorase todo lo que hacía por ella. Debía detener a su hermana a toda costa. 

Sabrina: ¡Donna, te lo ruego! ¡Deja que te explique!


Finalmente Donna se detuvo. Miró a su hermana furiosa y esperó a que hablase.

Sabrina: Ha sido un error, ¡nada más!
Donna: He escuchado todo lo que le decías a ese desconocido. ¡Debería darte vergüenza! 
Sabrina: Vale, no volverá a ocurrir nunca más.
Donna: No puedo creerte. Quiero que hables con él, esto no lo puedes dejar así. 
Sabrina: ¿Y a ti que más te da? Soy tu hermana, no deberías traicionarme de esta forma.



Donna: ¿Tú me hablas de traición?
Sabrina: Ahora lo entiendo...Por eso se lo quieres decir. Buscas la forma de que rompamos y te deje el camino libre, ¿verdad? ¿Te gusta mi novio?
Donna: ¿Te estás escuchando? Estás muy confundida. John quiere casarse contigo, ¡fue eso lo que me dijo cuando te pusiste celosa!
Sabrina: Casarse conmigo...¡No puede ser! 
Donna: Pero no lo hará. Debe saber la verdad.
Sabrina: ¡Y un cuerno! ¡No lo permitiré!

Se pusieron a forcejear. Donna no lograba zafarse de ella por más que lo intentaba.

Donna: ¡Me estás haciendo daño! ¡Suéltame!

Sabrina la empujó con fuerza y esta cayó al suelo.


Desgraciadamente Donna se golpeó la cabeza contra un roca. En seguida se asustó. No deseaba hacerle daño, era su hermana y la quería.

Sabrina: ¿Donna? Vamos, no hagas tonterías...¿Donna?


Se agachó y le tocó el pulso. Estaba muerta. Comenzó a golpear el cuerpo de su hermana en un intento desesperado por devolverle a la vida, pero no lo consiguió. Lloraba y gritaba su nombre una y otra vez meneando su cuerpo y tocándole la cara. Nada de aquello funcionó. Había matado a su hermana.

Sabrina: Donna, por favor...¡No te mueras! ¡Lo siento, hermana! ¡Lo siento!

Abrazó a su hermana sollozando y arrepentida. De pronto, le vino a la mente su estancia en la cárcel de alta seguridad en Clisandia. No podía volver allí, no lo soportaría. Con antecedentes, nadie creería que había sido un accidente.

Sabrina: No...no puedo volver a la cárcel...tengo que pensar algo...


Regresó a la caravana. Clotilde estaba sentada bajo la sombra animando a su hijo y a Rose. Estaban haciendo flexiones. Se habían retado a ver quién conseguía hacer más. Rita, que estaba olisqueando el suelo, descubrió a Sabrina escondida. 


Necesitaba entrar en la caravana y coger algunas cosas sin ser vista. La perra se acercó y ladró.

Sabrina: ¡Shhh! ¡Largo, vete de aquí!

Rita parecía saber que algo raro ocurría, pero al final se marchó y la dejó en paz.


Cloti: ¡Vamos, Rose! ¡Demuestra que las clacks somos mucho mejores que los clicks! 
Rose: ¡No sé si lo lograré!
John: ¿Ya estás cansada? ¡Si esto no es nada!
Rose: ¡No estoy cansada!

Sabrina entró sin ser vista y se puso unos pantalones largos y unas zapatillas deportivas. Agarró un pico y una pala y se asomó. Al ver la escena no pudo evitar sentir celos. No tenía tiempo para eso así que se marchó rápidamente. 



Le costó, pero finalmente consiguió hacer una pequeña zanja. Metió a su hermana en el interior con claras intenciones de enterrar su cadáver.

Sabrina: Hermana...lo siento...yo...yo...

No pudo seguir hablando y se puso de nuevo a llorar. No sabía cómo lograría vivir el resto de su vida sabiendo que mató y enterró a su hermana. 

Sabrina: Yo debería estar muerta, tú no. Siempre has sido buena conmigo, a pesar de lo mal que te he tratado. Espero que vayas al cielo, yo seguramente iré al infierno. Perdóname...


Cogió la pala y comenzó a echar tierra sobre el cuerpo de su hermana. Lloraba y gritaba mientras la enterraba. Jamás se perdonaría lo ocurrido.



Una vez enterrada rezó por el alma de su hermana. No se sabía de memoria ninguna oración, así que se la inventó. Se quedó un rato llorando sin saber cómo mantener la compostura para que nadie sospechase.

Sabrina: Te encontrabas mal y te fuiste a casa. Un coche pasaba casualmente por aquí y te subiste. El hombre era muy amable y se ofreció sin problemas. No sé si se lo creerán...


Regresó junto a los demás pero antes se detuvo para reponer fuerzas. En ese preciso momento John salía a buscarla. La encontró apoyada en la caravana, intentando calmar sus nervios. Cuando John la vio, supo que algo le ocurría.

John: Sabrina, ¿que te ocurre? ¿Estás bien?


Al escuchar su voz, fue hasta su novio y lo abrazó llorando. No lo podía evitar. No sabía cómo podría ocultar algo así. John la abrazó desconcertado.

John : Ey, cariño. ¿Estás bien? ¿Que pasa?
Sabrina: ¡Soy un monstruo, John! ¡Soy despreciable! 
John: No digas eso, por favor. Cálmate y dime que está pasando.
Sabrina: Es mi hermana...mi hermanita...¡No me lo podré perdonar jamás!
John: Sabri, ¿te has discutido con ella? ¿Dónde está?
Sabrina: Ella está...
John: ¿Dónde está?
Sabrina: No...no la puedo abandonar allí. ¡No puedo hacerlo!


Se alejó corriendo sin mirar atrás ante el desconcierto de John, que no lograba comprender nada.

John: ¡Sabrina!
Sabrina: ¡Ahora vuelvo!
John: ¿¡Dónde vas ahora!?
Sabrina: ¡A por mi hermana!


No podía abandonar a su hermana en aquel lugar. Había sido un accidente, y aunque nadie la creyese, debía hacer lo correcto. Donna no merecía ser enterrada de esa forma. Merecía un funeral en condiciones y un respeto a su recuerdo. Aceptaría su destino, por muy malo que fuese.


Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. El calor del pantano se esfumó. Todo le daba vueltas y el miedo se apoderó de ella. El cuerpo de su hermana había desaparecido.

Sabrina: No puede ser... ¡Donna! Yo pensaba que había muerto... ¡Debe estar mal herida y desorientada!


Alguien se acercó hasta ella. Se imaginó a Donna enfadada, recriminándole su comportamiento. Intentaría explicarle lo ocurrido, hacerle entender que había sido un accidente. Cuando estuvo más cerca averiguó que se trataba de Gerard.

Sabrina: Hola, ¿has visto a mi hermana? Es la que nos pilló...

Cuando le pudo ver bien la cara, enmudeció. Gerard se había convertido en un ser monstruoso, en un zombie. Alargaba sus brazos hacia ella y abría la boca hambriento.


Cayó al suelo aterrorizada. Descubrió que otra criatura, (anteriormente había sido modelo y se llamaba Cindy), se acercaba hacia ella. Entonces en su mente surgió una idea, un temor. Aquel era el día del juicio final y ella había sido condenada a muerte. Esos zombies eran su castigo por todo el mal que había hecho.¿O estaba perdiendo la cordura?


Se lanzaron a por ella, pero consiguió zafarse en el último momento. Lloraba histérica y muy asustada. Deseaba llegar hasta John y suplicarle su perdón.  Aunque corría con todas sus fuerzas, aquellos zombies no se cansaban ni se rendían.  


Sabrina: ¡No, por favor! ¡Socorro, que alguien me ayude! ¡No quiero morir así!


Lejos de allí, unos nuevos visitantes llegaron al pantano. Duclack y Wen llevaban tiempo viajando para llegar hasta allí. Lo hacían en el coche de Wen, el 4x4 de enormes ruedas. Llevaban tiempo tras la pista de Estrella, la ex novia de Wen. La estaba buscando para pedirle perdón y rogarle una nueva oportunidad. 


Estrella había viajado por todo el mundo haciendo un reportaje fotográfico sobre animales. Ellos le habían seguido la pista pero el último lugar que les quedaba por buscar era el pantano. Allí Wen y Estrella se conocieron hace años. Ella vivía allí junto a sus hermanos y era posible que hubiese vuelto a sus orígenes. 

Duclack: Aunque sea peligroso, este lugar tiene un encanto especial. 
Wen: Es hermoso y peligroso, tienes razón. Para mi el pantano significa mucho. Fue dónde la conocí y siempre guardaré un recuerdo muy especial en mi corazón.



Duclack: Hemos vivido tantas aventuras aquí.¿Recuerdas cuando estuvimos aquí con tu padre cuando éramos adolescentes?
Wen: Sí, yo me perdí toda la acción. Fui con mi padre a explorar y vosotros os enfrentasteis a aquel ser.
Duclack: Fue emocionante, pero lo pasamos mal. Aquel año aprendimos a respetar y ser cuidadosas con el entorno. Curiosamente nunca más hemos vuelto a ver a aquel monstruo. 


Wen: Un año vinimos mi hermana y yo solos. Fue cuando nos encontramos a Payaso Demonio.
Duclack: Se enamoró de Sus, ¿verdad?


Wen: Locamente. La secuestró pero Pandy y yo la rescatamos. PD había desconectado cables del motor del coche, pero yo me había traído mi moto y con ella los encontré.
Duclack: Nada tiene que ver aquel Payaso Demonio con el actual. Es tan bueno y cariñoso.
Wen: Sí, descubrimos a un click estupendo y ahora gran amigo.


Duclack: Su hermana Pepota es muy distinta. ¿Recuerdas aquel año? ¡Nos atacó! Tenía a sus órdenes a los hermanos de Estrella.
Wen: Ella no esperaba que una tribu de bebés salvajes le fastidiasen el plan. ¡La mascota de aquellos niñitos era un Tyrannosaurus Rex!
Duclack: Por suerte todo acabó bien para todos. Incluso Diamante le pidió matrimonio a Sus.
Wen: Parece que hayan pasado siglos.



Duclack: Un año muy especial fue cuando vinimos en autocar, ¿lo recuerdas?
Wen: ¡Sí! Pensaba que me costaría conducir uno pero fue fácil. Éramos unos cuantos. Ese año precisamente fue cuando conocí a Estrella.  Y pensar que vivía aquí con los salvajes de sus hermanos...
Duclack: Sí, pero la cosa terminó bien y se vino con nosotros a casa. Nos encantaba tomar el sol todas juntas, ¡que tiempos! Recuerdo que Diamante estaba saliendo con Mercedes Clická.
Wen: ¡Sí! Alexia también vino aquel año y estaba enfadada con él. Hacía poco que había roto con Diamante. ¿O rompió él con ella? No lo recuerdo...



Duclack: También recuerdo especialmente aquel año en el que nos atacaron unos caníbales. Secuestraron a Estrella y pretendían comérsela.
Wen: Aquel año desaparecieron muchos clicks. No se me olvidará nunca el momento en el que Estrella subió a aquel camión y desapareció. El coche no me funcionaba y ella acompañó al camionero a pedir ayuda a una gasolinera. No sabíamos que aquel camionero era el líder de aquellos engendros caníbales.
Duclack: Es verdad, que había una gasolinera. ¿Seguirá funcionando?
Wen: Un oso guió a todos nuestros amigos para que pudiesen ayudarnos. 



Duclack: Tampoco me olvido de aquel año en el que Uma se volvió loca. Después de intentar asesinarnos con aquel incendio, lo intentó con aquel Dios con poderes. ¡Recuerdo que le salían rayos por todas partes!
Wen: John y Rose nos ayudaron mucho. Incluso Lara Click estuvo con nosotros. Un mafioso quería hacerse con aquel Dios de oro y envió a unos matones para arrebatárselo.
Duclack: Uma está en la cárcel desde entonces y espero que se quede allí el resto de sus días.


Wen detuvo el coche y se bajaron. Desde aquella montaña tenían unas estupendas vistas del pantano.

Wen: Este año espero encontrar a Estrella y poder enmendar mis errores. La quiero, Duclack.
Duclack: Lo sé. No pierdas la esperanza, Wen. Si está en algún lado, debe ser este.
La buscaremos.



Wen: Esto es tan grande que no sé ni por dónde empezar...
Duclack: Lo cierto es que no será fácil, pero no nos rendiremos.


Subieron de nuevo al coche y siguieron buscando. Muchos de los lugares dónde habían veraneado estaban bajo el agua. Ese año el pantano tenía más agua gracias a las lluvias por lo que aquellas zonas se habían inundado.




Heidi vio el coche a lo lejos y quiso seguirles, pero pronto perdió su rastro. Necesitaba encontrar más comida desesperadamente así que siguió caminando en busca de otra presa.


Wen: Mira, Duclack. Allí hay alguien.
Duclack: ¡Es verdad! Parece que nos pide ayuda.
Wen: Debemos ir con cuidado.

David saltaba y movía los brazos para llamar su atención. Se había librado de los zombies pero no sabía por cuanto tiempo. Necesitaba salir de allí cuanto antes y pedir ayuda.

David: ¡Ehhh! ¡Socorro!


Bajaron del coche y David se acercó hasta ellos agradecido. Estaba sudando y muy nervioso.

David: Gracias por parar, os debo la vida.
Wen: ¿Te encuentras bien?
David: Debemos salir de aquí. Me persiguen unos zombies...ya sé que parece una locura, pero os juro que es verdad.
Duclack: Tranquilo, no me parece una locura. Te aseguro que hemos vivido cosas que nadie creería. Me llamo Duclack y él es mi amigo Wen, ¿y tú?
David: Un placer, Duclack y Wen. Yo me llamo David. Vine con unos amigos de excursión pero no sé dónde están.
Wen: Sube al coche, los buscaremos.


David subió y se sentó más relajado. Después de temer por su vida, ahora podía respirar más tranquilo. Wen y Duclack no querían marcharse sin encontrar a Estrella y a los amigos de David.


Lejos de allí, Will seguía caminando enfadado. No sabía si había tomado la dirección correcta, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse y tomar otro rumbo. Se estaba acordando de las palabras de su mecánico cuando revisó el motor de su coche. "El motor está muerto" dijo tranquilamente."Pero algo se podrá hacer, ¿no?" le respondió esperanzado. "Esta tartana que tienes como coche no vale para nada, chico. Es mejor que te compres otro y vendas esto al chatarrero".

Will: ¡Mi coche una tartana! Maldito mecánico...

Cuando quedó con Gerard para ir de excusrión, le impactó que apareciese con un flamante deportivo rojo. Will lo tocó fascinado y  Gerard le regañó, "no lo toques que lo manchas".

Will: Espero que se lo rayen o le pongan una buena multa. Que injusta es la vida...


Se sentó en el suelo exhausto. Se puso a llorar lamentando su mala suerte.

Will: Y para colmo Verónica, la clack más bella del mundo se casará con mi mejor amigo...¡Que asco de vida! Yo sólo pido ser amado, una novia que me quiera con locura. Tener dinero, poder comprar un coche como el de Gerard y salir a pasear junto a una chica maravillosa que me ame...¿¿¡¡Tanto pido!!??


Tenía ganas de orinar así que se fue hasta los matorrales.

Will: Llora llora que menos meas, decía mi abuela. Eso es una mentira como una casa.

No se dio cuenta, pero mientras hacía sus necesidades pasaron a pocos metros de él Y-321, Mathías y Damon. Los zombies no se percataron de su presencia y pasaron de largo. 


Cuando terminó siguió caminando ignorando el peligro. 

Will: La mala suerte me persigue...¡Todo me sale mal! ¿Que más me puede ocurrir?

Los zombies siguieron su camino y por suerte, se libró de una muerte segura.


Continuará...