martes, 8 de septiembre de 2015

Epidemia Zombie: Capítulo 05 - John debe saberlo

PD y su hijo Junior paseaban por las tierras del pantano. Junior insistía en acompañar a su padre cuando salía a pasear por su querido pantano. Sus raíces, su cuerpo, su alma y su corazón estaban arraigados a aquel lugar. Le gustaba pasear y vigilar que ningún intruso perturbase la tranquilidad del pantano. Es cierto, no era un sitio tranquilo sin peligros, pero cuando clicks incautos se atrevían a entrar en sus tierras se podía desatar una auténtico desastre.

Junior disfrutaba del pantano y de la compañía de su padre, que le enseñaba a respetar la naturaleza y la magia que allí habita. Boby, el guarda del pantano, había avisado a PD de visitantes y excursionistas y había quedado con él para hablar con ellos.


Los visitantes de los que Boby hablaba eran David, Gerard y Will. Los tres excursionistas se habían tomado un respiro descansando sobre la sombra de una gran roca. Bebían sus bebidas energéticas y reponían fuerzas. 

Will: Te lo ruego, Gerard, volvamos a casa.
Gerard: ¡Vamos, tío! No seas plasta. ¿No decías que tu vida era un asco? ¡Esto supone un cambio, colega!
Will: Mi madre se ha casado con un chino veinte años más joven que ella y me ha echado de casa. Me han despedido y cobro 300 cleuros al mes de paro. La chica que me gusta se ha comprometido con mi mejor amigo. Vivo de alquiler compartiendo piso con un camionero obsesionado con el fútbol que apesta la casa con sus sudorosos pies y con un militar que me odia a muerte. El Fútbol Club Wensuland ha perdido contra Clisandia y pasa a segunda división. El grupo musical que me gusta a sufrido un terrible accidente y han muerto todos...¡No veo en que me ayuda esto!
Gerard: Esto fortalecerá el vínculo entre tu mente y la naturaleza. ¿No notas el poder de la naturaleza?


Will: Noto un terrible dolor en los pies y un calor que me derrite las ideas.
David: Will, intenta ser positivo.
Will: ¿¡Cómo se hace eso!? ¿Os he dicho que han atropellado a mi gato? Fue mi compañero de piso, el camionero. Aparcó su camión sin percatarse de que mi gato...
David: Basta, no soy capaz de escuchar más desgracias.
Will: Yo sólo pido algo de dinero para poder vivir dignamente y una novia, ¿tanto pido? Estoy condenando a vivir en soledad toda mi vida, ¡soy un desgraciado!
Gerard: Las titis vendrán a ti, te lo prometo. Mírame, yo soy el éxito. ¿Quieres ser como yo? Las titis caen a mis brazos como locas y tengo pasta, mucha pasta.
Will: Tío, esto no me ayuda. 


Boby: Buenos días, amigos.
Gerard: Hola, ¿Quién eres?
Boby: Soy el guarda del pantano.


Gerard: ¿Le podemos ayudar en algo?
Boby: Venía a ponerles en aviso. Este lugar puede resultar peligroso. ¿Lo saben?
Gerard: Habla con un tío experimentado. No problem, colega.
Boby: No subestime este lugar, amigo.


PD: ¡Hola Boby!
Boby: ¡PD! ¡Hola, Junior!

Junior se abrazó a Boby corriendo. Le encantaba charlar con él. Era siempre muy amable y le contaba historias muy interesantes sobre el pantano.

Junior: Tenía muchas ganas de verte.
Boby: Y yo también, pequeñajo. ¿Estás dispuesto a vivir aventuras conmigo y tu padre?
Junior: ¡Sí!
Boby: Así me gusta.



Boby se giró hacia los tres excursionistas. Miró sus botellas y los envoltorios de sus alimentos.

Boby: El respeto a la naturaleza es fundamental y aquí una ley de obligado cumplimiento. Espero que esos envoltorios y esas botellas os lo llevéis de vuelta a casa. 
Gerard: ¡Pues claro! No somos unos gamberros, colega.



Ray llevaba un buen rato esperando a Sabrina imaginando que cosas haría con los 20.000 cleuros. Deseaba comprar tantas cosas que no sabía por dónde empezar.


Sabrina apareció con el maletín. Ray casi se puso a llorar, pero se contuvo. Casi podía oler el dinero y sentir su maravilloso tacto.

Ray: Por fin. Estaba a punto de marcharme.
Sabrina: Te dije que vendría.


Ray: Sabes que te lo juegas todo. Espero que ese maletín contenga los 20.000 cleuros. No me conformaré con menos, te lo advierto. Si falta un solo cleuro, se lo diré a John.
Sabrina: Está todo.


Abrió el maletín y le enseñó todos los billetes que contenía en su interior. Estaban ordenados por lo que a Ray le fue fácil comprobar que no le estaba engañado.

Ray: Perfecto. Te has comportado.
Sabrina: He cumplido. 
Ray: Dime, ¿qué te has inventado para que John te regale todo este dinero?
Sabrina: Que mi hermana está enferma y...bueno, no es asunto tuyo. Ahora dame la grabación. 


Ray: Primero el dinero.
Sabrina: De eso nada. ¿Crees que soy tonta?
Ray: Haremos un cosa. Yo te doy la cámara y tú el maletín al mismo tiempo.
Sabrina: De acuerdo.


Finalmente se produjo el cambio. Ray se puso a saltar alegre. Había vuelto a triunfar 

Ray: ¡Toma ya, soy rico! ¡Dinerito fresco para mi! 


De pronto, un click armado con una pistola apareció en escena. Apuntaba con ella a Ray, que dejó de saltar al momento. El click sonreía con malicia. Parecía un ladrón del tres al cuarto. Lucía tatuajes en sus brazos, una camiseta con una carabela  y un pañuelo en el pelo de color negro con una calavera. 

El Perlita: Esa es demasiada pasta para ti, pringao.

Se trataba de El Perlita. Un delincuente problemático y muy conocido por las autoridades de Clickópolis. Precisamente su hermano era David, uno de los tres excursionistas. No se llevaban muy bien y David había intentado hacer todo lo que pudo por su hermano. Ambos desconocían que se encontraban los dos en el pantano.

Ray: Lo puedo compartir...¿te vale con 5.000 cleuros?
El Perlita: Que pringao.
Ray: ¿10.00 cleuros?
El perlita: ¿Que tal si me lo quedo todo?


Ray: Déjame aunque sean 5.000 cleuros, te lo ruego...
El Perlita: No lo has entendido. La pasta es de la señorita.


Ray: ¿Qué? Tú...¡Tú!
Sabrina: ¿Pensabas que dejaría que te llevases mi dinero así de fácilmente? Mira, tonto del aba. Imagino que tendrás copias de la grabación de mi encuentro en el gimnasio con aquel click. Pensabas seguir chantajeándome, ¿verdad? 
Ray: No, te equivocas...

Ray intentó acercarse a Sabrina, que llevaba en ese momento el maletín en su mano.

El Perlita: No te muevas, pringao. Si no quieres que te meta una bala entre ceja y ceja, no muevas un sólo músculo.


Ray: Entendido...
Sabrina: Haremos una cosa, Ray. Te subirás en tu bicicleta y paladearás hasta desaparecer de mi vista. Destruirás todas las copias de mi grabación y te olvidarás de mi. Si John se entera de lo que sucedió o vuelves a chantajearme...El Perlita irá a tu casa en tu búsqueda y te hará pupita.
El Perlita: Te arrancaré la piel a bocados, ¿lo pillas?
Ray: Sí...
Sabrina: Ahora quiero que desaparezcas, ¡vamos!


Ray subió a su bicicleta y pedaleó sin mirar atrás. Temía que aquel delincuente le disparase por la espalda, pero no sucedió. Se alejó a toda prisa sudando y temblando de miedo.

Sabrina: ¡No quiero volver a verte nunca más!


Sabrina miró al Perlita satisfecha. Aquel hombre había cumplido el trato. Ray no volvería a molestarle nunca más y encima podría quedarse todo aquel dinero para ella. Estaba decidida a gastar cada cleuro de aquel maletín en todos sus caprichos.

Sabrina: Has sido todo un profesional, Perlita.
El Perlita: Te dije que conseguiría que ese tío se cagase en los pantalones.
Sabrina: Has cumplido tu palabra. Toma, 500 cleuros para ti.
El Perlita: ¿500 cleuros?
Sabrina: Eso fue lo que pactamos...


El Perlita: Prefiero 20.000 cleuros.
Sabrina: Pero...

Apuntó a Sabrina con su arma y ella levantó los brazos en señal de rendición. Perlita le quitó el maletín dejando a Sabrina totalmente desolada. 

El Perlita: Vamos preciosa, no pongas esa cara. Te he quitado a ese pesado de encima, ¿verdad? Seguro que no volverá a molestarte nunca más.
Sabrina: Eres un maldito desgraciado...¡Me das asco!
El Perlita: Ha sido un placer hacer negocios contigo. Adiós, Sabrina.


Mientras se alejaba, Sabrina lloraba y gritaba enfadada. El Perlita se reía. Aquellos insultos no le afectaban en absoluto.

Sabrina: ¡Maldito y repugnante cerdo! ¡Espero que te gastes hasta el último cleuro en médicos!
El Perlita: ¡Yo también te quiero, cielito! 


Se tiró al suelo muy enfadada. Sí, se había librado de Ray pero había perdido el dinero. Tenía grandes planes y todo se le había ido al traste. 

Sabrina: ¡Ahhhhhhhh! ¡Juro que algún día me vengaré!

Gritó y pataleo hasta que no le quedaron más fuerzas.


Pasados unos minutos...

Los tres excursionistas hablaban entre ellos. Will seguía empeñado en regresar a casa y Gerard le intenaba convencer para que se quedase.

Gerard: Te quedas con nosotros, que ya verás cómo te vendrá muy bien. ¿Os habéis dado cuenta? El fllipao ese del guarda, que no tire las botellas y los envoltorios al suelo. ¡Se piensa que soy un principiante! Los envoltorios se los lleva el viento y luego se los comen los pájaros. Las botellas van bien para la naturaleza. Hacen más fuerte el suelo y sirven de casa para las hormigas.
David: Eso me parece una soberana tontería, Gerard.


Will: Alguien viene.
Gerard: ¡Que ven mis ojos! ¡Menuda belleza!

Sabrina caminaba hacia ellos. Estaba más tranquila pero seguía estando muy enfadada. Al ver a Gerard, se encendió una llama en su interior. No deseaba volver a la caravana y ver a la madre de John.


Gerard: Hola, guapa. Me llamo Gerard, ¿y tú?
Sabrina: Yo soy Sabrina, un placer.
David: Yo me llamo David. ¿Te ocurre algo? Parece que has llorado...
Sabrina: Nada, estoy bien.
Will: Hola, yo me llamo...
Sabrina: ¿Tenéis cerveza?
Gerard: No, pero bebidas energéticas sí.
Sabrina: ¿Me invitas a una?


Se sentó junto a Gerard y le guiñó un ojo. Gerard se pegó a ella sacando la mejor de sus sonrisas.

Gerard: Eres preciosa, ¿lo sabes?
Sabrina: Gracias. Tú no estás nada mal.
Will: Sabrina, ¿eres de esta zona o...?
Sabrina: Gerard, ¿te apetece dar un paseo conmigo?
Gerard: Será un placer.


Gerard: Nosotros nos vamos. Ahí os quedáis. 
Will: ¿¡Cómo!? ¡No te puedes ir! ¡Quiero volver a casa!
Gerard: Habla con David y observa el paisaje. Pero que pringao que es este tío...
Sabrina: Vamos, guapo.


Will: ¡Gerard! ¡Vuelve!
David: Es inútil, Will. Deja que se marche, ya volverá.
Will: ¿Lo has visto? Esa clack ni me ha mirado. ¡No escuchaba ni una sola de mis palabras!


David: No le hagas caso, no parece una clack muy educada...
Will: ¡Mi vida es una basura! Las clacks me repudian, David...¡Jamás tendré novia! Moriré pobre y sólo, ¡que desgraciado soy!
David: Will, no te pongas así...


Will: Me voy a mi casa. No tengo necesidad de aguantar al pichabrava ese alardeando de ser perfecto. ¡No lo soporto!
David: ¡Will, vuelve! ¡No sabes regresar a casa!
Will: Ya encontraré el camino.


David observó cómo Will se alejaba rápidamente hasta desaparecer. A él también le caía mal Gerard, pero estaba intentando disfrutar de la excursión. Se relajó en soledad. Por fin podía estar tranquilo sin las protestas de Will y los aburridos discursos de Gerard. Pasados unos minutos, escuchó pasos a su espalda. 

David: ¿Ya has regresado? 


Al darse la vuelta, descubrió que no se trataba de Gerard. Y-321, Heidi, Mathias y Damon se acercaban a él. Supo al instante que les ocurría algo extraño. Su corazón se aceleró al ver a Y-321.

David: ¡No os acerquéis a mi!

No quiso comprobar cuales eran sus intenciones y salió corriendo. No sabía muy bien que dirección tomar pero lo importante era alejarse de aquellos seres monstruosos.



Donna entró en la caravana en busca de su hermana. Estaba dispuesta a obligarle a salir al exterior para que disfrutase del aire puro en plena naturaleza. Al entrar encontró a Clotilde preparando la comida.

Donna: ¿Dónde está mi hermana?
Cloti: Se fue. No es por criticar, pero se negó a ayudarme a preparar la comida. ¿Tú crees que eso es normal?
Donna: ¿Y dónde ha ido?
Cloti: No lo sé ni me importa. 


Salió y la estuvo buscando por los alrededores. Al no encontrarla, se fue alejando para ampliar su perímetro de búsqueda.


Siguió caminando y llegó a la zona donde anteriormente David, Will y Gerard habían descansado. La llamó varias veces y siguió buscando.



Unas risas en unos matorrales llamaron su atención. Se acercó poco a poco. Reconocía las risa de su hermana pero no la de Gerard.

Gerard: ¡Que rica estás, nenita!
Sabrina: Hazme sentirme viva. Soy toda tuya. ¡Así, me encanta!
Gerard: ¿Te gusta?


No podía dar crédito. Su hermana se estaba revolcando en el suelo con un desconocido. Se besaban con pasión y jugaban con sus cuerpos de la forma más lujuriosa. Le dieron ganas de gritar, no lo podía creer.

Sabrina: ¡Eres todo un machote! ¡Demuestra todo lo que eres capaz de hacer!
Gerard: Y tú eres un tigresa hambrienta, ¿verdad?
Sabrina: ¡Mmmm, que rico!


Donna: ¡Sabrina!

Gerard dio un brinco asustado y Sabrina lo empujó. El corazón se le descontroló al descubrir a su hermana. Su mirada lo decía todo. Sus ojos reflejaban la decepción que sentía. Estaba realmente enfadada.

Sabrina: Hermana...¿Que haces aquí? Estaba charlando con este chico...
Donna: No intentes engañarme, ¡no soy tonta! ¿Te has vuelto loca?
Sabrina: ¿Y si te metes en tus asuntos? ¡Me estabas espiando!
Donna: ¿Es es lo único que se te ocurre decir? Te he defendido siempre pero esto no te lo puedo dejar pasar. Lo siento, John debe saberlo. 


Salió corriendo y Sabrina la persiguió sin perder el tiempo.

Gerard: ¡No me puedes dejar así!
Sabrina: ¡Vete al cuerno!
Gerard: ¡Ey, vuelve!
Sabrina: ¡Donna, por favor! ¡No se lo digas, por favor! ¡Donna!
Donna: ¡Ya no puedo seguir justificando tus errores!


Las dos hermanas se alejaron y dejaron a Gerard con el calentón. 

Gerard: Se va corriendo y me deja así...¡no es justo!

Tiró las botellas vacías al suelo y las dejó allí sin ningún miramiento. 


Una mujer morena, con largas coletas y la cara pintada como los indios se interpuso en su camino.

Gerard: ¿Quién eres tú? 
¿¿¿????: Soy Misty, espíritu del pantano. Descendiente de Lobo Negro y Dorothy, dos de las almas guardianas del pantano.
Gerard: ¿Qué te has fumado?
Misty: Ensucias mi hogar y mancillas su nombre. Recoge tus deshechos y se perdonarán tus errores.
Gerard: Tía, se te va la olla. Recógelas tú, si tanto te preocupa. ¡Adiós!


Misty: El áurea que rodea tu cuerpo es oscura y está maldita. La muerte sabe dónde estás y no hay escapatoria. Tu espíritu está podrido y su destino es terrible.
Gerard: ¡Loca! 


Se alejó soltando carcajadas. El encuentro con Sabrina y Misty serían dos buenas anécdotas que contar. 

Gerard: ¿Y esta?

Se encontró con Cindy. La vio de espalda, con el vestido blanco que marcaba sus sensuales curvas. Pensó que estaba de suerte y que ella podría terminar el trabajo que Sabrina dejó a medias.

Gerard: Hola, preciosa. ¿Te has perdido?
Cindy: Aaahhhh...
Gerard: ¿Estará colgada? ¡Aquí todos se colocan!


Se acercó hasta ella y le puso la mano en el hombro. Cindy se giró hambrienta. Necesitaba comer y Gerard era una presa fácil. Le agarró con fuera y le mordió en la cara. Gerard no supo reaccionar y cayó al suelo sorprendido.Siguió desgarrando su piel mientras él recordaba las palabras de Misty. No supo defenderse y el miedo se había apoderado de él. Vio a Misty observarle en la distancia y  alargó un brazo hacia ella rogando su ayuda, pero permaneció impasible hasta que murió. 




Continuará...

jueves, 3 de septiembre de 2015

Epidemia Zombie: Capítulo 04 - Resurrección

Heidi había desaparecido. Damon y los demás salieron en su búsqueda. Se había marchado muy enfadada y desde entonces no había dado señales de vida.Todos conocían las historias tenebrosas que se contaban de aquel lugar. Aunque conseguían inquietarles, no le daban ninguna credibilidad. Damon imaginaba que se había escondido para llamar su atención. 

Damon: ¡Heidi, mi paciencia tiene un límite! Con esto no conseguirás nada, que lo sepas...
Claudia: ¡Heidi!
Cindy: ¿Dónde estará? ¡Nos hace perder el tiempo!
Damon: Quiere ser portada de la revista.
Cindy: Todas queremos ser portada, pero no nos comportamos de esta forma tan ridícula.


Damon: ¡Heidi, sal de una vez por todas! Si sigues con este comportamiento tan infantil, te excluiré del reportaje.

Escuchó ruido y descubrió a Heidi. Estaba de espaldas, impasible.


Damon: ¡Aquí estás! Te parecerá bonito todo lo que estás montando, ¿no? ¡Contesta! Heidi, no tengo nada en tu contra. Eres preciosa y sabes que no dudo en darte los mimos que me pidas, pero no siempre puedes ser la protagonista. ¿Heidi?


Seguía de espaldas, sin hacer un mínimo movimiento. Damon alargó su brazo para tocarle la espalda, intentando hacerle reaccionar.

Damon: Vamos, preciosa. No te enfades y vuelve con nosotros...


Al tocar su espalda, Heidi reaccionó. Se dio media vuelta y miró fijamente a Damon. Sus ojos oscuros, vacíos de vida y humanidad sobrecogieron al fotógrafo. Tenía sangre en el rostro y los brazos. En el cuello tenía un gran desgarro y la sangre había manchado la cara y exclusiva blusa de Dolce & Clackana.

Damon: ¡Por el amor hermoso! ¡¿Que te ha ocurrido?!


Heidi se lanzó sobre Damon, que gritaba aterrorizado. Luchaba contra ella intentando evitar sus mordiscos.

Damon: ¡Se ha vuelto loca! ¡Socorro!
Cindy: ¡Heidi, no!


Cuando Cindy se aproximó hasta Damon ya era demasiado tarde. Heidi le había desgarrado la garganta y había muerto. A lo lejos se escuchaban los gritos de Mathias. Y-321 le había asaltado por sorpresa. Poco pudo hacer para evitar las heridas mortales que le provocó.

Cindy: No puedo creerlo... ¡Lo has matado!
Mathias: ¡Socorro!


Claudia quiso ayudar a Mathias peroY-321 ya había acabado con su vida. No podía creer lo que estaba viendo. Un ser repugnante había matado a su compañero de trabajo. Era un esqueleto sangriento con unos pocos músculos, pero se movía. Aunque no caminaba con mucha agilidad, se acercaba a ella con rapidez. 


Claudia: Esto no puede estar pasando...


Escuchó los gritos de Cindy y aunque estaba aterrada, fue en su ayuda. Heidi estaba sobre ella arañando la delicada piel de la modelo.

Cindy: ¡Ayúdame, Claudia! 
Claudia: ¡Aguanta, ya voy!


Claudia empujó a Heidi y esta se agarró a ella furiosa. Cindy se había librado de ella pero le había herido en el rostro y el cuello. Permanecía tumbada en el suelo sin poder moverse. En ese preciso momento Damon se incorporó. Nada quedaba del aquel click interesado en fotografías y clacks. Ahora sólo deseaba morder, destruir. Los gritos de Claudia luchando con Heidi llamaron su atención.


Heidi agarró del brazo a Claudia y apretó con fuerza, clavando una de sus uñas en la mano. Claudia consiguió zafarse antes de que la hiriese más. Mathias, Y-321, Heidi y Damon la rodearon. Quería escapar, salir corriendo de aquel infierno, pero no quería abandonar a Cindy.

Claudia: ¡Cindy! ¡Tienes que reaccionar! ¡Cindy!
Cindy: No puedo...
Claudia: ¡No te rindas!



Claudia: ¡Cindy!

Aunque había cerrado los ojos y dejado de respirar, Cindy abrió los ojos de par en par. Se había transformado en un ser totalmente diferente, un monstruo sediento de sangre.


No muy lejos de aquella zona, John conducía su coche hacia un buen lugar en el que montar el campamento. Su madre era su copiloto.  Le había martirizado todo el camino sobre su descontento con Sabrina y lo poco que le gustaba para él. En la caravana viajaban Sabrina, su hermana Donna, Rose y los dos perros Rex y Rita. 

Donna: Sabri, ¿juegas a las cartas?
Sabrina: No, prefiero dormir.
Rose: Que clack más aburrida...
Sabrina: Habla la diversión personificada.


Cloti: Anda que no es maja la Rose. Encima es policía, como tú. Hijo, ¿es que no te parece guapa?
John: Mamá, deja ya a Rose en paz. Sí, Rose es preciosa pero amo a Sabrina. Acepta de una vez por todas que ella es la clack de mi vida.
Cloti: Vale vale, no digo más. Me callo, no te molesto más hijo mío. No quiero meterme en tu vida, lo sabes. Te respeto mucho, pero es que esa clack no es buena para ti...¿Es que no tiene brazos? No es capaz de fregar los platos y no hace ni la cama, ¡será vaga!



Finalmente encontraron una zona tranquila para pasar unos días. Cloti montó rápidamente la mesa y las sillas y colocó todos los platos que había preparado en casa. En seguida hizo probar a Rose y Donna su famoso pastel de queso y frambuesas. Rose no podía levantarse, Cloti no dejaba de hablar y contarle paso a paso sus recetas preferidas. 

Cloti: El chocolate tiene que ser negro y le añades dos vasos de leche. La leche tiene que estar bien fría. Yo le añado vainilla líquida y azúcar, que esté dulce. ¿Te gusta el dulce?
Rose: Sí, me encanta.
Cloti: Ah vale, que con ese cuerpo que tienes puedes comer de todo. Pues sigo. Le añadimos dos huevos, harina,...


Sabrina no había bajado de la caravana. Observaba el exterior con pereza. Odiaba aquel lugar. Hacía calor y habían muchos bichos. Prefería tumbarse en la cama y ver la tele. Sólo saldría para encontrarse con Ray y pagar el chantaje. John la miró desde el exterior y la llamó.

John: Amor, ¿no piensas salir?
Sabrina: Luego...
John: Recuerda que estamos aquí por tu hermana...a ella le hacía ilusión y nos tiene que ver contentos, que está muy enferma.
Sabrina: Lo sé...luego, ahora estoy viendo la tele.

John no lo sabía, pero se estaba escribiendo con alguien desde el móvil. En ese preciso momento la llamaron y lo cogió en seguida antes de que John se percatase.

Sabrina: No me llames, ¿es que no te lo dejé bien claro? Sigue la ubicación que te he enviado y espera mis indicaciones. No vuelvas a llamar.



Cloti: ¿Has visto? Ni sale de la caravana. ¿Para que narices viene?
Rose: Ya sabe lo especial que es...
Cloti: Que tonto que es mi hijo...Esa mujer es una pánfila, no vale para nada.
Rose: John la ama, debemos respetarle. Aunque no nos guste, es su vida...
Cloti: Con lo guapa y maja que eres tú. ¡Este hijo mío está ciego!


Donna jugaba con Rita y Rex. Los perros saltaban y ladraban felices con ella. Se sentía muy feliz. Tenía unos días fabulosos por delante para disfrutar junto a su hermana en plena naturaleza. Estaba dispuesta a relajarse y disfrutar. 


John, Rose y Donna se sentaron juntos para charlar mientras Cloti preparaba la comida. 

Rose: ¿No piensa salir de la caravana?
John: No, no le apetece...
Rose: No entiendo para que viene...


John: Tiene unas poderosas razones para estar aquí, aunque no le guste.
Rose: ¿Poderosas razones?
John: Sí, pero son cosas privadas...


Rose: No sé cuales serán esas poderosas razones, pero es todo tan extraño, John. Tu madre está que trina y ella no hace nada por intentar suavizar las cosas entre ellos...


Donna: Rose, estamos de vacaciones. Olvidemos las rencillas por un tiempo. Sé que mi hermana es especial, que puede parecer borde y antipática, pero es una gran clack. La quiero mucho y me duele que la critiquen así...
Rose: Disculpa, Donna. Tienes razón, estamos de vacaciones y tenemos que relajarnos. No tengo en nada en contra de tu hermana, es sólo que empezamos con mal pie. 
Donna: Espero que algún día podáis ser amigas. 


Cloti entró en la caravana como un huracán. Sabrina estaba tumbada, viendo una serie y comiendo patatas chips.

Cloti: ¡Espabila! ¡Mueve el culo, vaga! 
Sabrina: ¡No me da la gana! A mi no me grite, ¿vale?
Cloti: Me molestas. Voy a hacer la comida, si te quedas me ayudas. Si es que eres capaz de hacer algo a parte de dormir y ver la televisión...
Sabrina: Prefiero estar bajo el sol abrasador antes que permanecer un segundo más hablando con usted.


Cloti: ¡Pues a freír espárragos! ¡A ver si te pierdes y te pierdo de vista!
Sabrina: ¡Bruja!


Salió de la caravana y el calor le dio una bofetada. Se armó de valor y fue hasta el maletero del coche. Sacó el maletín con los 20.000 cleuros (John pensaba que aquella maleta contenía ropa). Le había venido bien que la madre de John la echara de la caravana. Se acercaba la hora a la que había quedado con Ray. Le envió un mensaje al móvil y le contestó enviándole su ubicación.  No estaba lejos así que se puso en camino sin que nadie se percatase de su marcha.



Continuará...