viernes, 3 de enero de 2014

Mi nueva amiga: 4º Parte


La actuación de El canto del click había terminado. Tocaron varios de sus temas más conocidos y algunos nuevos. Los invitados aplaudieron su actuación (algunos sin ningún entusiasmo). Para ambientar, sonó un hilo musical con algunos éxitos del año. Mercedes Clická se acercó a ellos y Roland fue el encargado de responder las preguntas de la periodista. Jason se escabulló. Observó a varias de las clacks allí congregadas. Su mirada felina se fijó en Alexia, que estaba hablando tranquilamente con Lilu y Nino. Inmediatamente se convirtió en su objetivo.

Jason: Feliz año, preciosa.
Alexia: Feliz año.
Jason: Con una flor como tú, me vuelvo jardinero.
Alexia: Gracias por el piropo… lo siento, estoy ocupada.
Jason: Tendría que ponerme gafas de sol, me deslumbras con tu belleza.  Podría decirte unos cuantos más, me inspiras con tu belleza.
Alexia: Lo siento, es muy amable pero estoy con mis amigos.
Jason: Podría invitarte a una copa y luego…podríamos bailar juntos, ¿Qué me dices?
Alexia: Que no me apetece.
Jason: Muy bien nena, tú te lo pierdes. Si cambias de opinión, estaré por aquí.



Los amigos de Nino acudieron a la fiesta. Fueron a comerse las uvas en el barrio gay por excelencia de Wensuland, Chueclick.  Habían quedado en verse en el hotel después de las campanadas. Patrick y  Divina llamaron a su amigo histéricas y contentas.

Divina: ¡Ninooo! ¡Nenaaaa! ¡Feliz año nuevo!
Patrick: ¡Cariiii!
Nino: ¡Chicos! Ya pensaba que habíais ligado con algún chulazo y pasabais de mi.
Divina: Nosotras por una amiga plantamos hasta Brad Click. Nena, estás guapísimo. Esta noche te sale marido fijo.
Nino: Vosotras también estáis estupendas. 
Patrick: Estoy como loca. Me he propuesto encontrar marido y perder peso, ¡me sobran unos kilitos!
Divina: Lo de perder peso lo veo posible, pero lo de encontrar marido…nena, lo tuyo es un caso imposible.
Nino: ¡Nos seas cruel!
Patrick: Tener amigas para esto, of course.




Nino: En esta fiesta hay varios chulazos de infarto. Mirad ese de ahí.
Patrick: ¡Ahhh! Caris, ese es el hombre de mis fantasías, de mis sueños y de mi vida, ¡lo quierooo!
Divina: Yo lo he visto primero.
Nino: Silencio perras, ese es para mí.
Divina: Pues yo me quedo con el calvito...¡que buenísimo está!
Patrick: ¡Nooo! Ese es para mi, que adoro a los calvos, of course. 


Miraban a Eros y Diamante. Eros hablaba al mismo tiempo que bailaba. Diamante había insistido en que bebiese ron con piña, y al final no pudo evitar verse con otra copa en la mano. Esa era ya la segunda que le servían, pero no había bebido ni un trago. Con disimulo, lanzaba el contenido de la copa al suelo cuando bailaba. Daba la impresión que estaba bebiendo.

Diamante: Sabía que te gustaría el ron con piña, ¿a que está rico?
Eros: ¡Delicioso! Aunque esta ya será la última copa… con dos tengo más que suficiente.
Diamante: ¡Que guarro está el suelo! Se me pegan las zapatillas. Está muy pegajoso…
Eros: La gente, que es muy descuidada…


La señora Hermenegilda seguía hablando sin parar. Sinéad la había intentado interrumpir en varias ocasiones, pero en seguida seguía hablando como si nada.

Hermenegilda: …con un poquito de apio. Cuando ya está hirviendo se le añade dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra y listo. Ya te llevaré una olla para que la pruebes, te gustará. Estás tan delgada que pareces de papel, hija mía. No como el hijo de mi amiga Fernanda, Edefesio. Las camisetas que se pone no pueden ocultar la gran barrigota que tiene. Me gusta verle, se le ve sano y fuerte. Le llevo siempre que puedo ollas de potaje y torrijas, que se las come como los cerdos, a bocados sin usar las manos. Es muy bruto pero siempre me ayuda a subir las bolsas de la compra, aunque suda lo que no está visto. A ver si se echa novia, que es un buen mozo y sabe mucho de infonfástica de esa, para los aparatos. Se pasa el día enganchado al isternet. Yo le digo a Fernanda, ay Fernanda, tu hijo sabe mucho de infonfástica pero no sé para que sirve eso, las cosas modernas de hoy en día no las entiendo. El móvis, el otro día un joven se aporreó la cabeza contra una farola, ¡se escuchó en toda la calle! Yo le grité desde la ventana que muy moderno será el móvis, pero no le advierte que se va a comer una farola. Claro, el chico entre el dolor y…
Ernesto: ¡¡¡ATENCIÓN!!!


El gritó hizo callar de inmediato a Hermenegilda, que miraba asustada a Ernesto. Estaba tan concentrada hablando que aquello le sobresaltó muchísimo. Todos los invitados guardaron silencio y el hilo musical se detuvo. Ernesto respiró aliviado cuando Hermenegilda dejó de hablar.

Ernesto: Gracias por su atención. Esta noche, contamos con una invitada de excepción, Sinéad Lindqvist, ¿he pronunciado bien?
Sinéad: Sí.
Ernesto: Esta bella chica que ven ustedes, sabe cantar como los ángeles y toca el arpa como los dioses. Mis nietos Wen y Sus me hablaron de ella y propusieron que nos deleitara con alguna de sus canciones. Es necesario que abran sus sentidos y se dejen llevar hacia un mundo mágico de fantasía y melancolía. Aquí han traído su arpa para que nos toque en exclusiva para los aquí presentes. Sinéad, cuando desees.



Sinéad estaba nerviosa. Había cantado frente a mucho más público y en tiempos más difíciles, pero esa noche era muy especial para ella. Estaba viviendo otra etapa, dejando atrás los malos momentos, los recuerdos dolorosos y aquellos sentimientos de culpa. Estaba reviviendo y se sentía otra vez viva. Cantaría y tocaría su arpa frente a un público que le importaba, y eso le daba miedo. Aunque nunca olvidaría a quienes pasaron por su vida y ya no estaban, deseaba darle una nueva oportunidad al mundo. Tenía previsto cantar la eterna canción The arp of dagda. Por lo mucho que significaba para ella y también para relacionar en un futuro esta mágica canción con esa noche tan especial.



Sus dedos se deslizaban por las cuerdas del arpa mientras su voz acompañaba a esa melodía que estremecía a los dioses. Nadie hablaba ni se movía, todos escuchaban atentamente la canción. Recordó momentos pasados, algunos duros y otros felices. Esa canción tenía el poder de trasladarle al pasado y le hacía revivir tiempos lejanos. Cuando terminó la canción, todos aplaudieron emocionados. Algunos habían llorado. Estrella se secaba las lágrimas avergonzada. Duclack tenía los ojos lagrimosos. Jason lloraba como un niño, poniendo pucheros y sonándose la nariz. Vicrogo abrazaba a PD que lloraba sobre su hombro. Había sido todo un éxito.



Pinhead y Fune consiguieron colarse en algunas habitaciones. Habían arrasado con todo lo que habían encontrado, joyas, móviles, tablets y todo tipo de aparatos electrónicos. La noche se les estaba dando bien.  Era el turno de saquear  la habitación 101.

Pinhead: Toca esta.
Fune: Haces milagros con ese cuchillo.
Pinhead: No hay puerta que se me resista. ¡Bingo! Ya está abierta.




Entraron y mientras Fune vigilaba, Pinhead registraba. Cuál fue su sorpresa al encontrarse con una guitarra. Era la misma que había usado uno de los componentes del grupo El canto del click.

Pinhead: ¡Una guitarra! Desde el concierto tengo ganas de tocar otra vez. No entiendo que a la gente no le gustase nuestra actuación…
Fune: ¡Viene alguien! ¡Nos van a pillar!
Pinhead: ¡Huye! ¡Yo me esconderé aquí dentro! 



Fune pudo huir sin ser vista y se escondió. A Pinhead no le dio tiempo y no tuvo más remedio que esconderse tras la puerta. Mercedes entró de golpe, agarrada a uno de los integrantes del grupo El canto del click. Roland abrió como pudo la puerta mientras se besaba con pasión con Mercedes. Lo que había empezado como una sencilla entrevista terminaría con un apasionado encuentro. Tan absortos estaban con sus arrumacos que no se percataron de la presencia de Pinhead. Cayeron en la cama desesperados.

Mercedes Clická: Te advierto que todo click que me prueba repite. Soy adictiva.
Roland: ¡Pues repetiremos!

Pinhead observaba la escena atónito. La Fune, que estaba fuera esperando se estaba empezando a impacientar. 



Fune: ¿Qué haces? Vamos…

Pinhead salió de la habitación y cerró la puerta con sigilo. Echó una última mirada desde la ventana pero Fune le dio un pellizco para que espabilara.

Pinhead: ¡Ay! Me has hecho daño…
Fune: Pues deja de mirar lo que no debes. Venga, que tenemos trabajo.


Forzaron la puerta de una de las suites del hotel. La cerradura cedió y entraron. Lo primero que les llamó la atención fue un arpa. Pinhead la miró extrañado.

Pinhead: ¿Qué es eso? ¿Una guitarra?
Fune: ¡Es un arpa zoquete!
Pinhead: Debe valer una pasta, ¿no crees?
Fune: Sí, estas cosas no son baratas. Seguro que en Clickbay pujan por ella una buena cantidad de cleuros.
Pinhead: Pues nos la llevamos. Te lo dije, esta es nuestra noche.
Fune: ¡Maldita sea! Alguien viene…
Pinhead: ¡En el cuarto de baño! Nos esconderemos allí. 




Sinéad y Eros entraron en la habitación. Habían estado bailando y hablando con todos sus nuevos amigos, pero decidieron que ya era hora de irse a dormir. Debían simular que se acostaban y marcharse a casa antes que amaneciese. Quedarse en esa habitación no era seguro.

Sinéad: Huele a sangre…muy intensamente, ¿lo hueles?
Eros: Shiny, lo huelo en todas partes. Por muy poco no le salto a la yugular a ese tal Nino.
Sinéad: ¿Qué quería? Estuvo toda la noche hablando contigo.
Eros: Le gusto. Sus amigos y él son gays. Con los otros dos salta a la vista pero a él me confundió. Me hablaba de mi corte de pelo y luego se insinuaba con delicadeza…
Sinéad: ¡Estaba ligando contigo! No me extraña, estás muy guapo y elegante.
Eros: Al menos gracias a ellos me libré de Diamante…insistía que me tomase otra copa de ese repugnante líquido.
Sinéad: Yo tiré el cóctel que me trajo Vicrogo en una planta…espero que no se muera por mi culpa…
Eros: Estoy sediento…este olor a sangre tan intenso me está quemando por dentro. ¡Parece que tengamos un humano pegado al cuerpo!
Sinéad: Sí, no entiendo que la sensación sea tan fuerte.
Pinhead: ¿De qué hablan?
Fune: Deben ser masoquistas…o de alguna secta satánica. Esa gente rara que se bebe la sangre y adora a Drácula…
Pinhead: Maldita sea…tenemos que salir de aquí…



Sinéad: No sé cómo nos las apañamos para que no descubran lo que somos…
Eros: Si descubriesen que somos vampiros…tendríamos que abandonar esta nueva vida y marcharnos lejos. Sería una pena.
Sinéad: Por poco me da un infarto cuando vi a la periodista en la fiesta…milagrosamente no se percató de mi presencia.
Eros: Shiny, tengo  que ir a alimentarme. No puedo aguantar más.
Sinéad: Yo creo que estoy bien. Ve tú, te esperaré aquí. No tardes mucho, tenemos poco tiempo antes de que amanezca.
Eros: Está bien. En seguida regreso.


Fune: No puedo creerlo…son vampiros…¡Son vampiros!
Pinhead: ¡Shhh! Nos podría oír. Existen los vampiros…tenemos que irnos de aquí sin ser vistos o nos matarán…
Fune: ¿Estás loco? ¡Es el descubrimiento del siglo! Nos haremos famosos. Los primeros clicks que descubren a un vampiro. Podríamos atrapar a uno y venderlo a la ciencia, ¡nos pagarían una millonada! Es nuestra oportunidad de conseguir todo aquello que hemos ansiado siempre.
Pinhead: Tienes razón…esto podría suponer nuestro trampolín a la fama. Nos llovería el dinero y por fin podríamos llevar la vida que tanto ansiamos. Incluso la policía no tendría más remedio que dejarnos en libertad, seríamos héroes. Podríamos descuartizarla y vender por partes su cuerpo en Clickbay.
Fune: Es una posibilidad, aunque yo creo que los científicos nos pagarán mucho más si se la llevamos de una pieza. Ahora que está sola, atraparemos a la vampiresa. Tú le asaltas por la espalda y yo la inmovilizo por delante. Tenemos que tener mucho cuidado…estos seres son muy fuertes. Pase lo que pase, no le mires a los ojos…
Pinhead: ¿Por?
Fune: Si es verdad lo que dicen en las películas, son capaces de hipnotizar a sus víctimas. ¿Preparado? ¡Vamos!



Asaltaron a Sinéad sin que ella se percatase de su presencia. Pinhead la agarró por la espalda y le puso el cuchillo en el cuello.

Sinéad: ¡¿Qué ocurre?!
Pinhead: ¡Estate quita vampiresa!
Fune: ¡No te muevas o te rajaremos el cuello!
Sinéad: ¡Soltarme! ¡¿Qué es lo que queréis?!



Fune se posicionó frente a Sinéad. Ella miró a Fune sin entender nada. Recordó todas aquellas veces que la habían atrapado y torturado en el pasado y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. No sabía cómo le habían descubierto pero no podía permitir que ocurriese una vez más. Se había esforzado en llevar una vida normal, con amigos y un nuevo hogar. No estaba dispuesta a renunciar a todo ello sin luchar.

Sinéad: Está bien, ¿Qué queréis de mi?
Fune: ¡No me mires a los ojos! Sé que sois capaces de hipnotizar…si no quieres que le ocurra nada a tu novio vampiro, debes hacer todo lo que te ordenemos.
Sinéad: No sabéis lo que estáis haciendo…
Pinhead: ¡Silencio! 


No necesitaba ni un segundo más para saber a que clase de personas se estaba enfrentando. Durante toda su vida se había encontrado personas semejantes a Fune y Pinhead. No tenían buenas intenciones y debía actuar rápida y eficazmente. Tenía sed, muchísima sed. Minutos antes podría haber aguantado pero los tenía demasiado cerca y necesitaba saborear la sangre. Su cuerpo clamaba ingerir ese ansiado líquido. Se deshizo de Pinhead con facilidad y se lanzó a por Fune. Le agarró de un brazo y le clavó los colmillos. Un torrente de sangre inundó su boca y el frenesí la invadió.

Fune: ¡Me está chupando la sangre! ¡Ahhhh! ¡Quítamela! ¡Haz algo!

Pinhead no sabía que hacer. Aquello le estaba superando. Había pasado noches en vela en su infancia temiendo la llegada del Conde Drácula. Se tapaba hasta el cuello con las mantas e imaginaba que se encontraba en un lugar seguro.

Pinhead: ¡Fune!

Wen había escuchado gritos. Se hospedaba en una habitación cercana a la de Sinéad y Eros. Fue hasta allí y se encontró la puerta abierta. Vio a Sinéad sorbiendo la sangre de Fune.

Wen: ¡Sinéad!


La voz de Wen la sustrajo del éxtasis en la que estaba sumida y dejó libre a Fune. Miró a Wen y se dio cuenta de la gravedad de la situación. Le había descubierto alimentándose. Su verdadera identidad había sido descubierta. Miró a los ojos a Wen y supo que estaba aterrorizado. Su amigo, al que adoraba y ya consideraba importante en su vida la miraba con terror. Aquello la destrozó por dentro. Del brazo de Fune salía mucha sangre. Para reprimir la sed apartó la mirada. 

Sinéad: Wen…
Fune: ¡Este maldito monstruo me ha mordido! ¡Me estaba chupando la sangre! Me siento débil…
Wen: Dios mío…


Pinhead: ¡Vuelve al infierno del que has salido maldito bicho! ¡Nadie ataca a mi novia!

Apuñaló en el estómago a Sinéad. Repitió la acción varias veces mientras le insultaba. Wen gritó al ver lo que ocurría.

Wen: ¡Nooo! ¡Sinéad!
Sinéad: Ahhh…


Pinehad y Fune huyeron sin perder tiempo. Wen fue hasta Sinéad. Estaba muy preocupado por ella, temía por su vida.

Wen: ¡Sinéad! No te mueras, por favor, ¡aguanta!
Sinéad: Wen…siento…siento que…hayas tenido que presenciar esto…ay…
Wen: ¡No hables! Llamaré una ambulancia, ¡estás muy mal herida!
Sinéad: ¡No!
Wen: ¡Necesitas ir a un hospital!
Sinéad: No podrán ayudarme…Wen…necesito…ay…
Wen: Sinéad, estás delirando. Llamaré una ambulancia…
Sinéad: Nece…necesito sangre. Wen, soy una vampiresa…



Wen se alejó de ella por puro instinto. Sí, había visto a Sinéad alimentarse, sus colmillos…pero no lo había querido reconocer. Ahora le encajaban muchas cosas. Su aspecto tan pálido, que nunca se alimentase, que saliese solamente por la noche…

Sinéad: Wen…


Sinéad sabía que las cosas no volverían a ser como antes. Ahora un abismo de desconfianza y miedo les separaba. Wen ya no la miraría con los mismos ojos…sabía que había perdido un amigo para siempre…se marcharía y la dejaría allí desangrándose. De pronto Wen se acercó hasta ella. La agarró entre sus brazos y le sonrió.

Sinéad: No te culparé si te marchas…vete…
Wen: ¿Por quién me tomas? Soy tu amigo y no te abandonaré. Sinéad, debes decirme que tipo de sangre necesitas y cómo la puedo conseguir…
Sinéad: Necesito sangre, da… igual de que tipo sea…
Wen: ¿La mía vale?
Sinéad: Wen…no tie…tienes que hacer esto…


Wen alargó un brazo y se lo ofreció a Sinéad. Necesitaba la sangre y tenía mucha sed, pero se sentía violenta aceptando su sangre. Cada segundo que transcurría se sentía más débil. Si no se alimentaba pronto perdería el conocimiento y no podría defenderse.

Wen: ¿Me convertiré en vampiro?
Sinéad: No…es más complejo…

Hablar le suponía un gran esfuerzo...

Wen: Bebe, vamos.
Sinéad: No estoy segura…
Wen: Sinéad, confío en ti. Bebe. 
Sinéad: Wen...



Clavó sus colmillos en la muñeca de Wen y bebió. Cuando la sangre invadió su interior sintió tanto placer que se estremeció. Las heridas de su pecho se cerraban rápidamente. Agarraba la mano de Wen con fuerza, había perdido el control. Wen tenía miedo. Se empezaba a sentir débil y no sabía cuando y cómo pedirle que se detuviese. Quería que se curara, así que aguantaba sin quejarse.  Sinéad seguía sorbiendo hasta que algo en su interior se rompió. No supo muy bien que fue lo que la hizo detenerse, pero gracias a aquella sensación, liberó a Wen. Este se sentó en la cama un poco mareado.

Wen: Sinéad, ¿estás bien?
Sinéad: Wen, estoy bien. Gracias… ¿te sientes mal?
Wen: Mareado, pero no es nada…
Sinéad: Necesitas vitamina B12  para recuperarte. Wen…pensaba que me abandonarías… ¿no tienes miedo?
Wen: No. Aunque seas vampiresa, sigues siendo Sinéad. No creo que ser humano sea mejor que ser vampiro…mira esos dos que te han atacado...pero estoy sorprendido, encajando la noticia. Eres vampiresa…


Sinéad: Así es. Antes fui humana, pero de eso hace ya mucho tiempo. Necesito la sangre para subsistir. Duermo por el día ya que la luz del sol resultaría mortal para mí. Como puedes comprobar mis necesidades son muy diferentes a las tuyas…
Wen: Ahora todo encaja.
Sinéad: Wen, esto no debe saberlo nadie más. Si la gente se entera de lo que soy, pondré en peligro la existencia de todos los vampiros a los que amo. Nadie debe saberlo, ni Sus, Estrella y todos los que forman parte de tu vida.
Wen: Ellos te aceptarán, estoy seguro.
Sinéad: Wen, he vivido muchos años. Los humanos son imprevisibles y nunca se sabe cómo pueden reaccionar ante algo así. Hablo desde la experiencia. He sufrido mucho y no deseo que se vuelva a repetir episodios del pasado…además, por tu propia seguridad es mejor que esto quede entre nosotros.
Wen: No te preocupes, no se lo diré a nadie.
Sinéad: ¿Me lo prometes?
Wen: Te lo prometo. 


Wen se acercó hasta Sinéad y le agarró de las manos…

Wen: Puedes confiar en mí. Guardaré tu secreto. Eros también es vampiro, ¿verdad?
Sinéad: Sí. Cuando vuelva le explicaré lo ocurrido.
Wen: Sinéad, ¿que hacías con Pinhead y Fune? Son dos peligrosos delincuentes buscados por la policía.
Sinéad: Aparecieron por sorpresa. No sé exactamente que es lo que pretendían, pero nada bueno. Para defenderme mordí a  la mujer…aunque reconozco que estaba sedienta.
Wen: Ahora saben lo que eres, ¡debemos hacer algo! Son muy peligrosos y vuestro secreto no está a salvo mientras esos dos lo sepan…
Sinéad: Hablaré con Eros y buscaremos una solución.



Eros: ¿Una solución? ¿Ocurre algo?

Eros estaba en la habitación. Entró en la mente de Sinéad y supo lo que había sucedido. Aquello no lo había previsto, y sabía que cuando las cosas se descontrolaban el final podía ser desastroso.

Eros: Shiny… ¿estás bien?
Sinéad: Sí…
Estrella: Buenas noches…


Wen: ¡Estrella!
Estrella: Hola… Estaba preocupada. Wen, ¿estás bien?  Te noto pálido…
Wen: Creo que me estoy resfriando…
Estrella: Yo también…con esta mini falda…estoy deseando meterme en la cama.
Sinéad: Tendrás frío.
Estrella: Sí. Sinéad, quería felicitarte por la actuación. Estuviste muy bien. No pude reprimir las lágrimas…no sabía que alguien pudiese cantar con tanta profundidad, transmitiendo tantos sentimientos a flor de piel. Tu voz es hermosa y dulce y tocas muy bien el arpa.
Sinéad: Gracias, Estrella. Me complace que hayas disfrutado de mi canción. Eres muy amable.


Wen: Va siendo hora de irse a la cama, es muy tarde. Os deseo un feliz año nuevo a los dos. Que sepáis que aquí tenéis un amigo de verdad para lo que necesitéis.
Eros: Gracias amigo. Nosotros estamos a tu entera disposición, los amigos están tanto para lo bueno como para lo malo.
Sinéad: Wen, muchas gracias. Feliz año nuevo.
Estrella: Feliz año nuevo, chicos.


Wen cerró la puerta y se marchó junto a Estrella a su habitación. Escucharon sus pasos alejarse y entonces hablaron.

Eros: Shiny, ¿de verdad estás bien?
Sinéad: Sí, gracias a Wen. No sólo por darme su sangre, también por aceptarme. Temía que nos rechazase…
Eros: ¿Crees que podemos confiar en él?
Sinéad: Sí.
Eros: Tenemos que encontrar a esos dos delincuentes. Saldremos ahora mismo, no deben estar lejos.Esos desgraciados pagarán lo que te han hecho.
Sinéad: Es demasiado tarde. Está a punto de amanecer y todavía debemos llegar a casa para protegernos. Mañana los buscaremos con tranquilidad. Necesito descansar…son demasiadas emociones en un día.



En la calle, Pinhead miraba la herida de su novia. Fune se quejaba dolorida. La herida no se cerraba...

Fune: Esa loca me ha mordido, ¡duele!
Pinhead: Estás perdiendo mucha sangre...
Fune: ¡A lo mejor me a contagiado la rabia! O peor, ¡me puedo convertir en vampiro!
Pinhead: Iremos al hospital y diremos que te a mordido un perro. No te pongas nerviosa, nena.


Fune: No pienso dejar pasar una oportunidad como esta. Atraparemos a esos vampiros, ¡lo juro!
Pinhead: Primero debemos ir al hospital y luego tendremos que buscar un lugar seguro...ahora sabemos su secreto y nuestras vidas corren peligro. No dejaran que contemos al Playmundo que existen los vampiros. 
Fune: Nos esconderemos...pero buscaremos ayuda. Sé quién podría ayudarnos.


Continuará...

miércoles, 1 de enero de 2014

Mi nueva amiga: 3ª Parte


La Fune y Pinhead se habían enterado de la fiesta de fin de año que se organizaba en el hotel de Clisandia. Esa noche habían cenado las últimas latas que les quedaban de todo lo que habían robado en el camping. Una lata de sardinas, otra de pimientos y como plato fuerte una de salchichas. Aunque tenían champán para brindar, tuvieron que beber a morro. En una callejuela solitaria de mala muerte, comieron sentados en cajas de fruta y como mesa otra caja de madera que encontraron en un contenedor. Estaban sin blanca así que decidieron ir al hotel para robar. Aunque no les salió muy bien la primera vez, esperaban que su suerte cambiase esa segunda. Había muchos invitados y algunos con bastante dinero, como el empresario Ernesto Pérez.  Se asomaban sin dejarse ver por los curiosos ojos que acudían a la fiesta.

Fune: Viene mucha gente repipi. Estos deben estar podridos de millones.
Pinhead: Esta será nuestra gran noche, ya lo verás. 



Aquella noche muchos fueron invitados a la fiesta y otros acudieron pagando una entrada. Wenda al ser hija del dueño del hotel, entraba gratis. Iba vestida con un vestido largo rojo y pomposo con lunares blancos. La espalda y los brazos quedaban al descubierto. Un sombrero rojo con plumas amarillas y azules completaba el conjunto. Su ex marido, Ben Rosales, caminaba hacia la entrada del hotel. Sintió un pinchazo en el corazón cuando lo vio venir, pero disimuló su alegría.

Wenda: Buenas noches, Ben. Feliz año nuevo.
Ben: Wenda… feliz año nuevo.
Wenda: ¿Piensas entrar de esa guisa? Podrías haberte puesto una corbata.
Ben: Visto como me da la real gana, querida.
Wenda: ¿No vienes acompañado de Hafida? Me dijiste que irías a por ella…
Ben: Eso no es de tu incumbencia. Perdona, Duclón me está esperando.



Sus iba vestida con el vestido que le regaló Mary. Adoraba ese vestido y lo guardaba como un tesoro. Diamante sin embargo, no quiso vestirse para la ocasión.

Diamante: Todavía tengo las uvas atragantadas.
Sus: Yo por muy poco no lo consigo…ay Diamante, ¿estarán bien los niños?
Diamante: No te preocupes. Aunque mi abuela parezca tan brusca, es muy delicada con los niños. Podríamos haber dejado a Pandy también con ella.
Sus: Es que se quería venir.
Pandy: ##### (¡Yo también tengo derecho a divertirme!)


Idalia revisaba la lista de invitados cada vez que alguien se acercaba a la entrada con intención de pasar a la fiesta. Aunque le había tocado trabajar esa noche, no estaba desanimada. Prefería trabajar que quedarse sola en su casa en noche vieja.

Idalia: Feliz año nuevo. Pueden pasar. Espero que pasen una agradable velada.



Mercedes Clická estaba preparando un reportaje sobre clicks  que debían  trabajar en fiestas. Se encontraba en la primera planta del hotel, en la entrada a las habitaciones.

Mercedes Clická: Como pueden comprobar, para que los demás puedan disfrutar de una inolvidable noche vieja, es necesario que muchas personas trabajen esta noche. En este hotel están celebrando la entrada de este nuevo año con una fiesta por todo lo alto…Oye, ¿Qué haces? ¡Paco!
Cámara: Menuda tía, de pan y mojar. Merche, nos podríamos escapar un ratito a esa fiesta…ya tenemos varios testimonios y el reportaje está casi listo.
Merche: No seas vago. El reportaje estará listo cuando yo lo diga.



Mercedes Clická: ¡Mira! Allí hay un trabajador. ¡Perdone, caballero!
Manolo: ¿Mabra a mí, zeñora? Ojú, si ere la famoza de la tele, ¿toy lo cierto?
Mercedes Clická: Soy Mercedes Clická. ¿Le podría hacer un par de preguntitas? Saldrá usted en la tele.
Manolo: Huzté dirá.
Mercedes Clická: ¿Cómo lleva trabajar en noche vieja? ¿Qué piensa su familia sobre que trabaje en una noche tan especial?
Manolo: Trae pacá eza alcachofa que yo te habro. Yo zoy el chapucizta del hotel, el del mantenimiento de to ezto. Arregro to claze de coza y zoy mu necezairo. Aquí el menda zabe hacé de to. Zoy tan necezairo que la hefa me tiene explotao pero paga bien la joía. A mi muhé  li da iguá,  siempre mi quedo dormio en el zofá y dice que zoy un zozo. Otra koza, ya que toy li mando un zaludo a mi maire y mi paire y a mi mujé, la Pepi. ¡Té quiero mi gorda!
Mercedes Clická: Gracias…



En el interior del hotel, la fiesta estaba en su mejor momento. Servían canapés y todo tipo de deliciosas delicatesen y bebidas. Habían habilitado un bar para aquellos que querían cócteles y bebidas más especiales. Además, el grupo El canto del click había sido contratado esa noche para que actuara en la fiesta.  Estaba tocando su segundo hit del momento “zapatillas para correr”.

El canto del click:

Estas zapatillas son fenomenaleees,
Saltamos y brincamoooos, por todos ladooooos,
Estas zapatillas son alucinantes,
Corremos y volamoooos, ¡adelanteeeee!

Willy: ¡Vivaaaa!
PD Junior: ¡Son la caña!
Renzo: ¡Me encanta esta canción!


Ernesto:  ¿Esta música es la que le gusta a la juventud de hoy en día? Está claro que estoy anticuado…
Susanne: Yo tampoco le encuentro el sentido a estas canciones, son ruidosas y consiguen que me duela la cabeza. A pesar de ello, soy feliz. Empezamos el año juntos… y espero que siga siendo así.
Ernesto: Yo también lo deseo.



Estrella llevaba mini falda azul cielo y una camiseta blanca de tirantes. Aunque no tenía frío, se sentía incómoda.

Estrella: No estoy acostumbrada a vestir estas prendas tan cortas…me da mucha vergüenza.
Wen: Estás muy guapa, cariño.
Estrella: Wen, te dije que prefería quedarme en casa…aquí me siento fuera de lugar…no sé cómo debo comportarme ni dónde colocar los brazos y a dónde debo mirar…
Wen: Estrella, relájate. Aquí nadie te juzgará y todos te quieren, aunque no tanto como yo.
Estrella: Wen, yo también te quiero muchísimo.


Cámara: Merche, ¿lo dejamos ya?
Mercedes Clická: Está bien, ve a divertirte. Yo esperaré a que terminen de actuar El canto del click y les haré algunas preguntas.
Cámara: ¡Gracias Merche! Feliz año.
Mercedes Clická: Feliz año nuevo, Paco.


Hilary: Pues nos asustamos mucho. Yo pensé inmediatamente en llamar a la policía, pero Lilu fue más lista. Por lo visto ese hombre tan raro tenía mucho dinero. Nos pagó un dineral por tenerle listo un traje a medida. Nos vino muy bien, aunque a mi ese hombre me da repelús. Tenía una mirada tan rara…y esa barba blanca…por no hablar del niño que les acompañaba, ¡tenía la cara pintada de negro! OMG. Muerta me quedé.
Mary: Es el mismo del que nos habló Sus, que hizo un truco de magia muy extraño en su tienda. Dijo que algo no cuadraba…
Roberto: Bah, chicas. Pasemos de pensar en tipos raros y centrémonos en pasar una buena noche, ¡esta noche me voy a poner hasta arriba de zumo de piña!


Lilu: ¡Nino! OMG, que ilu que hayas acudido a la fiesta. Nene, ¡estás más chupao que la pipa de un indio! Cari, ¿cómo lo haces?
Nino: Trabajo y más trabajo…y ya sabes…la dieta del cucurucho.
Lilu: ¡Que fuerte! Eres más cochino que la cama de Babe, es broma nene. Cari, en serio, estás espectacular.
Nilo: Y vosotras también. Alexia, estás divina nena.
Alexia: Gracias. No sabía que ponerme pero Lilu me ayudó a decantarme por este modelo.
Nino: Es perfect. Oye, a ver cuando te pasas por mi pelu. Hace ya tiempo que no te vemos por allí.
Alexia: La próxima semana me pasaré, prometido.


Camarero: ¿Qué desean los señores?
Diamante: ¡Ron!
Carmelo: Yo una cerveza.
Duque: Yo prefiero un Ron con piña.
Camarero: Marchando.


Duclack: Ay Sus, me alegra tanto empezar el año contigo. Hemos superado todas las adversidades de este 2013 con éxito y estoy segura que 2014 será nuestro año.
Sus: Tienes razón. Yo también me siento muy feliz. Eres tan importante para mí que no concibo la vida sin ti. Hablando de amigas, ¿dónde estará Sinéad? Dijo que vendría.
Duclack: Es verdad…quizás se haya arrepentido. Dijo que no le gustaban las fiestas.


Othello: Ven aquí, negrita mía. Eres sólo mía. Todos los hombres te miran con deseo, ¡pero yo soy el afortunado! El embarazo te ha sentado bien, cariño.
Fatumata: ¿Ya no temes ser padre? Llevas unos días muy raro…
Othello: En absoluto. Quiero ser un buen padre para nuestro hijo. Cuando vi a Diamante en ese estado…tendrías que haberle visto…pues me asusté un poco. Pero eso ya es historia.



En esos momentos Sinéad y Eros entraron en la estancia. Sinéad vestía un vestido blanco largo con rosas doradas dibujadas. En la cintura una rosa decoraba el vestido. Sus pálidos brazos quedaban al descubierto y en su pelo lucía una flor blanca. Eros llevaba un traje chaqueta negro, rojo y blanco con pajarita. Los dos estaban nerviosos. Estaban rodeados de suculentos humanos y aunque se habían alimentado, la sed hervía su interior.

Sinéad: Esto no es una buena idea…
Eros: Shiny, deja de preocuparte. Es cierto que aquí huele a sangre dulce y sabrosa, pero ya nos hemos alimentado.
Sinéad: Busquemos a nuestros amigos, con ellos me siento más segura.



Diamante vio a la pareja entrar y abrió los brazos demostrando su sorpresa y alegría.

Diamante: ¡Sinéad y Eros! ¡Que elegantes! Sinéad, estás bellísima.
Sinéad: Gracias, Diamante.
Diamante: Estos son mis amigos, Duque y Carmelo. Son dos camaradas de aventuras.
Eros: Un placer, chicos.
Sinéad: Sí, es un placer.
Duque: Feliz año nuevo.
Carmelo: Eso, feliz año nuevo.
Diamante: Eros, te quedas con nosotros. Te voy a pedir un copazo de ron con piña que quita el sentido.
Eros: No bebo alcohol, es que no me sienta bien…
Diamante: ¡Un día es un día! Sinéad, Duclack y Sus están allí. ¡Camarero!




Sinéad se hizo paso entre los invitados (prefería no pensar cómo se las apañaría Eros para no ingerir alcohol) y llegó hasta dónde se encontraban Sus y Duclack. Se dieron un beso y se felicitaron el año nuevo.

Duclack: ¡Vaya! Que vestido, Sinéad. Estás realmente guapa.
Sinéad: Gracias…
Sus: Que guapa, ¡tienes mucha clase vistiendo!
Sinéad: Que exageradas. Vosotras también estáis muy guapas. Pensaba acudir a la fiesta con el vestido rojo que me compré pero tuve un pequeño accidente...una mancha de tomate cuando preparaba la comida (en realidad se trataba de una lágrima de sangre; ya que se emocionó con una canción que estaba escuchando y no pudo evitar que una de las lágrimas cayese en el vestido).


Sus: Sinéad, te presento a mi madre, Wenda. Ella es mi tía Sharon. Mamá, ella es Sinéad, mi nueva vecina.
Wenda: Mi hija me ha hablado mucho de ti. No se equivocaba cuando me decía que pareces una chica de cuento de hadas. ¡Qué pálida eres!
Sus: ¡Mamá!
Wenda: Lo siento, Sinéad. Es que me sorprende la palidez de tu piel, parece que brillas con estas irritantes luces de discoteca. Ese vestido es una maravilla, ¿dónde lo has comprado?
Sinéad: Fue un regalo de mi padre.
Sus: Un día me tendrás que hablar de tu padre, nunca me has explicado dónde vive.
Sinéad: Sí, os lo contaré un día de estos.


Vicrogo: ¡Sinéad! ¡Estás excesivamente guapa! Me das una alegría. Que bien que hayas podido acudir a esta fiesta.
Sinéad: Hola Vicrogo. No me podía perder un acontecimiento como este.
Vicrogo: ¿Dónde está Eros?
Sinéad: Creo que anda por ahí con Diamante y sus amigos.
PD: ¡Vicrogo!
Vicrogo: Me llaman. Luego hablamos.
Sinéad: Hasta luego, Vicrogo.


Wen: Que ven mis ojos, Sinéad. Que bella estás esta noche.
Sinéad: ¡Wen! Muchas gracias.
Wen: ¿Has podido comerte todas las uvas?
Sinéad: No me gustan las uvas…
Wen: No sé por qué me lo suponía…
Sinéad: Pero lo sustituí por lacasitos.
Wen: Deliciosa alternativa. Sinéad, quiero presentarte a alguien muy importante para mí. Sineád, ella es Estrella, mi novia.
Sinéad: Hola, Estrella. Es un placer.
Estrella: Deseaba conocerte. Wen y los chicos me hablan mucho de ti. No se equivocaban, eres muy bella.
Sinéad: Al final me lo terminaré creyendo.
Estrella: Espero que podamos ser buenas amigas.
Sinéad: Lo seremos.



Wen: Te voy a presentar a mi abuelo. Él es el dueño de este y de toda la cadena de hoteles de esta empresa. Le podrás  explicar que deseas abrir un hotel y a ver que te puede aconsejar.
Sinéad: No sé…estoy nerviosa y no sé si estoy preparada…me gustaría que Eros estuviese también presente…
Wen: No te pongas nerviosa. Ya verás que mi abuelo es amable y con él te sentirás bien. Ven, te lo presentaré.


Wen: Abuelos, os presento a mi nueva amiga, Sinéad. Ella es vecina de Sus y Diamante. Hace muy poco se mudaron allí y nos hemos hecho buenos amigos. Abuelo, ¿recuerdas que te hablé de ella?
Ernesto: Lo recuerdo. Sinéad, bonito nombre.
Sinéad: Gracias, señor.
Susanne: Casi tan bonito como tú. Yo soy la abuela de Sus y Wen. Me llamo Susanne y mi marido Ernesto.
Sinéad: Encantada.
Susanne: Me dijo Wen que eres una muchacha muy emprendedora y que deseabas consultar algo con mi Ernesto.
Sinéad: Así es. Quiero abrir un hotel. No sé que pasos debería dar…
Susanne: Ernesto es el hombre indicado al que le debes preguntar. Os dejamos solos para que podáis hablar con más tranquilidad.


Sinéad: Agradezco que me conceda unos minutos de su tiempo…
Ernesto: No te preocupes,  ya me estaba empezando a agobiar con tanta conversación insulsa y aburrida. Sinéad, debo suponer que dispones de un buen capital para hacer una inversión de semejante magnitud.
Sinéad: Sí…creo que sí. El dinero no es un problema para mí. No quiero decir con ello que sea millonaria, pero no tengo dificultades económicas.
Ernesto: Voy a ser franco contigo, jovencita. Me gustas. Creo que tienes el ímpetu y la ilusión que hace falta para llevar un negocio como el que te propones. Yo puedo hacerte una gran oferta.
Sinéad: ¿De que se trata?
Ernesto: Te vendo mi cadena de hoteles.
Sinéad: ¿Cómo? Pero yo solo quiero abrir un hotel…no sabría manejar tantos al mismo tiempo…
Ernesto: No es tarea fácil, pero para una chica joven e inteligente como tú, será fácil de llevar. Te confieso que ya no puedo más. Mi cuerpo ya no es el que era y estoy cansado. Además de la cadena de hoteles, también tengo otra de aparta hoteles, el refresco Colo-K, una agencia de detectives y diversos negocios más. Quiero desprenderme de la cadena hotelera y creo que tú eres la persona indicada para hacerse cargo.


Sinéad: Es una oferta muy tentadora… ¿De cuanto dinero estamos hablando?
Ernesto: Te pondré facilidades, no debes preocuparte por ello, Sinéad. Has cautivado a mi nieto, que no hace más que hablar de ti. Gracias a él te haré una buena rebaja en el precio final. Además, eres una chica encantadora. No deseo incomodarte, pero me pareces muy bella.
Sinéad: Es usted muy amable, señor Ernesto. Hablaré con mi novio sobre ello y le daré una respuesta lo más pronto posible.
Ernesto: Prisa no tengo. Estas cosas se deben pensar muy bien, así que tómate todo el tiempo que necesites. Ya hablaremos de los trabajadores que me quedaría, cuales tendrías que contratar y todo aquello que deberías saber antes de iniciarte en algo tan complejo.
Sinéad: Estoy ilusionada. Le agradezco su comprensión y su fantástica oferta. 



Vicenta, Hermenegilda, Herminia y Onofre entraron con paso firme y decidido. A pesar de que todos padecían dolencias en los huesos y las articulaciones, no estaban dispuestos a perder ni un segundo más. Habían ido a la fiesta en el coche de Onofre. Muy precavido al volante, condujo lenta y tranquilamente hasta el hotel.

Hermenegilda: Hemos llegado muy tarde. Yo quería estar presente desde el principio e ir saludando y examinando a todo el que entrase.
Vicenta: La culpa es de Onofre, que es muy lento al volante.
Onofre: Conduzco con precaución. Siempre me echas la culpa de todo, maldita sea.
Herminia: ¡Onofre! No maldigas. Vamos, que llevo todo el día sin comer y me zurren las tripas.

Las tres amigas portaban grandes bolsos para llevarse grandes cantidades de comida. 


Hermenegilda: El catering es por allí. Ay, Fernanda…que pena que no hayas podido venir. Aunque con el azúcar por las nubes como lo tiene es mejor que no hayas venido. Seguro que con su hijo Edefesio lo estará pasando bien.
Vicenta: Yo pienso en Matilde…a ella le habría gustado estar aquí.
Herminia: Comeremos y brindaremos por ella.
Hermenegilda: Vamos, que tenemos trabajo. Tengo una olla de potaje que hice el mediodía, así que todo lo que nos llevemos hoy lo congelaré.


Onofre pasó directamente del plan y se fue a pedir a la barra una limonada. Herminia y Vicenta fueron directas al catering y sin ningún reparo (aunque ellas pensaban que no se notaba) llenaron sus bolsas de comida al mismo tiempo que probaban diversos canapés.

Herminia: Este no lo eches, que sabe a whisky.
Vicenta: Ah, pues de estos cojo unos cuantos y se los llevo a mi hija, que le encantan.

Sinéad no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Estaba totalmente paralizada. Ernesto le hablaba pero dejó de escuchar lo que le decía. La horrenda música desapareció y todo quedó en silencio. A cámara lento veía acercarse a Doña Hermenegilda hacia ella. En un principio no pareció darse cuenta de su presencia y Sinéad miró desesperada a los lados buscando un lugar dónde esconderse, pero Ernesto le seguía hablando ajeno a su estado de pánico. Cuando Hermenegilda giró la cabeza y la vio, se le abrieron los ojos como platos. Fue directamente hasta ella e interrumpió a Ernesto sin ningún tipo de consideración.

Hermenegilda: ¡La pálida millonaria! Que sorpresa verte aquí. Que vestido te has puesto…se nota que dinero no te falta. Podrías haberte puesto coloretes, estás más pálida que un muerto. ¡Oh! Luego te presento a mis amigas, Herminia y Vicenta. Son muy majas y grandes jugadoras de póker, aunque Vicenta suele hacer trampas. No le digas que te lo he dicho que se enfada…su hija es lisbina de esas…ya sabes, de esas que quieren hacer de hombre, ¡pero que loco está el mundo! Lo que daría yo por un buen macho. A mi ya no me mira ni el médico, le aburro con mis dolencias pero es que a alguien se lo tendré que contar. Que por cierto, ahora me tendré que tomar una pastilla para el dolor de cadera, que me está matando. Dicen que no es bueno mezclar alcohol con las pastillas, así que a lo mejor no me las tomo y me meto una copa de lo que sea, que una aunque sea vieja le gusta disfrutar de la vida.


Sinéad: Claro que sí, disfrute…
Ernesto: Señora, si nos disculpa…estábamos conversando sobre negocios.
Hermenegilda: Mi primer marido, que me decepcionó mucho, montó un estanco. A mi el vicio del tabaco me duró muchos años hasta hace poco que la medica me lo prohibió. Pero mi marido parecía una locomotora, fumaba a todas horas. Yo que le acompañaba todo el día se lo decía, que no fumara tanto, que eso es malo para el cuerpo. No sé que le pasaba, pero no me escuchaba…los clientes dejaron de venir, ¡no lo entenderé nunca! La virgen sabe que yo los recibía a todos con alegría y les preguntaba por sus cosas. A la gente le gustaba que le contase mi vida, disfrutaban con cada una de mis palabras. Yo creo que el negocio fracasó por  la cara de mi primer marido, ya me lo decía Fernanda, que tenía cara de lagartijo.
Sinéad: Creo que debería ir con sus amigas…están allí solas.
Ernesto: ¡Dios! Ahora soy yo el que necesita una pastilla para el dolor de cabeza, ¡que mujer!
Hermenegilda: ¡Yo tengo en el bolso toda clase de pastillas! Las llevo por si las moscas. En caso de emergencia todo el mundo acude a mí, soy mejor que la farmacia. Por cierto, el farmacéutico me tiene miedo, ¿te lo puedes creer? El otro día se escondió en el mostrador y….


Herminia: ¡Mmmm! Este sabe a chorizo, me gusta.
Vicenta: Mañana los pondré para acompañar con el pollo. Ay, agárrame esos de mozzarella que con los tendones rotos de los brazos no alcanzo.
Herminia: Te llevas diez y yo otros diez. ¿Dónde está Hermenegilda?
Vicenta: Hablando con la gente. Yo prefiero llenar bien la bolsa y luego ir a cotillear, que lo primero es lo primero.


Mientras, la Fune y Pinhead miraban desde el exterior. Asomados por uno de los ventanales, observaban a los invitados allí congregados.

Fune: Cari, tengo hambre…mira que canapés. Esa lata de sardinas, los pimientos y las salchichas no me han quitado el hambre...Esas viejas están arrasando. No somos los únicos que vienen a robar aquí.
Pinhead: Luego comeremos lo que quieras. Tenemos que entrar en las habitaciones y buscar pasta y cosas de valor. Vamos a comenzar el año con buen pie. 


Continuará...