Capítulo 03
Robots humanoides
Wenda había decidido acompañar a su ex marido, Ben, al médico. En una de sus aventuras, se cayó y se fracturó el brazo derecho. Wenda decidió que lo mejor era que se fuese a vivir unos días con ella hasta que se recuperase. Ben vivía en una cabaña en el bosque, completamente solo. Antes convivía con su novia Pam, pero terminaron su relación cuando Ben se enamoró de otra clack.
Ben: Este es un cochazo, Wenda.
Estaban los dos sentados en la sala de espera. Ben leyendo una revista de motor y Wenda mirando el móvil.
Wenda: Sí, precioso. Pues más impresionante es este vídeo de un gato que sabe cocinar y monta en moto. ¡No sabía que eran capaces de hacer esas cosas!
Ben: Eso tienen que ser dibujos artificiales de esos.
Wenda: Anda ya, si es real, mira. Ay, fíjate en este otro vídeo. Un enorme cocodrilo se ha comido un crucero en alta mar. Ya le tengo dicho a Wen, Duclack y Diamante que dejen ya de ir con el barco pirata por alta mar.
Vicrogo, que estaba sentado en recepción, atendiendo a la gente, no pudo evitar intervenir.
Vicrogo: No haga caso a todo lo que vea en las redes sociales, Wenda.
Wenda: Pues mira lo que dice este doctor, que debe ser uno bien bueno, tiene muchos seguidores. No es bueno comer huevo después de las cinco de la tarde ni beber agua con gas si tienes los pies hinchados. Eso no lo sabía.
Vicrogo: Hay mucho doctor falso, no haga caso.
Wenda: También dice esta chica tan maja que para tener buena salud, hay que evitar tomar lácteos, carne, azúcar, alcohol, embutidos, pan y fruta que sea de color verde.
Vicrogo: ¿Eh?
Ben: A este paso no vamos a poder comer nada, todo es malo.
Wenda: A mi me van a volver loca.
Ben: A mi no. Que cada uno coma lo que quiera.
Vicrogo: Hay que usar el sentido común.
Mientras, en la consulta, Félix examinaba a Carmelo. Había pasado una gripe muy fuerte, con mucha tos, congestión y fiebre. La tos persistía, por lo que decidió acudir al médico. Estaba tumbado en la camilla, algo nervioso. Odiaba ir al médico, pero Félix siempre le había dado mucha confianza.
Félix: Inhala, exhala. Muy bien, Carmelo.
Félix contaba con la ayuda de una enfermera. Se llamaba Sofía y sentía pasión por su profesión.
Carmelo: ¿Es grave, doctor? ¡Cof, cof, cof!
Félix: No te preocupes, Carmelo, tiene solusión.
Carmelo: Pero no puedo dejar de... ¡Cof, cof, cof!
Félix: Tienes una tos seca, irritativa postviral. Nada que no tenga solusión, tranquilo.
Sonia: ¿Le recetamos dropropizina?
Félix: Sí, con eso seguramente sea sufisiente.
Carmelo: ¡Cof, cof, cof! Es muy molesto.
Félix: Sí, pero suele ocurrir después de un episodio gripal tan fuerte.
Sonia: Ya tiene la receta en su tarjeta sanitaria.
Carmelo: Muchas gracias. ¡Cof,cof,cof!
Carmelo salió a la sala de espera y se encontró con Wenda y Ben.
Wenda: ¡Carmelo! ¿Estás bien?
Carmelo: Sí...¡Cof,cof,cof!
Ben: Menuda tos.
Wenda: ¡Pobre! ¡Vas muy fresco, Carmelo!
Carmelo: Es que soy muy caluroso, ¡Cof,cof,cof!
Wenda: Debes abrigarte más. Luego iré a tu restaurante y te llevaré sopa. La que hago yo es mano de santo con estas cosas.
Una vez en la consulta, Ben y Wenda se sentaron mientras Félix miraba la pantalla del ordenador.
Félix: ¡No sale el submenú, Sonia!
Sonia: Debe clickar ahí.
Félix: Antes todo era más fásil.
Ben: Lápiz y papel, eso nunca fallaba.
Félix: ¡Sierto! Bueno, ¿vamos a ver ese braso?
Con la ayuda de Sonia, le retiró la escayola del brazo. Ben podía moverlo con total normalidad.
Sonia: ¿Lo puede mover sin que le duela?
Ben: No me duele nada.
Sonia: Perfecto. Ahora le quedará la rehabilitación.
Ben: ¿Es necesario?
Sonia: Totalmente, caballero.
Ben: ¿Y si lo discutimos cenando juntos? Conozco un restaurante muy bueno.
Wenda: Cuanto más viejo, más pellejo. ¡Deja en paz a la chica!
Ben: No soy viejo, soy maduro y soy como el vino...con el paso del tiempo, más bueno estoy.
Wenda: Cuantos más años pasan, más arrugado y repelente eres...
Mientras tanto, Leticia atendía a los clientes de la tienda de ropa en la que trabajaba. Habían entrado dos parejas. Una muy extraña, con ropa oscura y piel blanca. La otra de piel oscura y una forma de vestir un tanto llamativa.
Sinéad: No me gusta nada tener que ir a comprar, Eros.
Eros: Venga, que no es para tanto. Es para una ocasión especial. El cumpleaños del conde Drácula.
Sinéad: No le soporto. Siempre hablando de su amada Mina y dándoselas de ser el más despiadado.
Eros: Tiene su punto cómico, no lo puedes negar.
Sinéad: Es que ir a un cumpleaños solamente para que no se enfade nadie...
Eros: ¿De veras quieres tener problemas con tu padre? ¡Es su mejor amigo!
Sinéad: Lo sé...
Tara: ¡Amorcito, me encanta este vestido!
M.A: Bomboncito, es perfecto para ti.
Tara: Ay, pero me haría el culo gordo, ¿no crees?
M.A: Es verdad.
Tara: ¿Crees que tengo el culo gordo?
M.A: ¡En absoluto, amorcito!
Sinéad: ¿Me llevo este bolso lila? No sé lo que podría meter dentro...
Leticia: El móvil coge sin problemas.
Sinéad: No tengo móvil.
Leticia: Oh, pues un abanico.
Sinéad: Nunca tengo calor.
Leticia: Qué suerte. Pues maquillaje.
Sinéad: Nunca me...
Eros: Seguro que se te ocurre alguna cosa que meter.
Sinéad: Me lo pienso. Muchas gracias.
Sinéad y Eros se marcharon y Leticia fue a atender a Tara.
Tara: Dependienta. Quiero ese vestido de ahí.
Leticia: ¿Se lo quiere probar? Creo que es una 40, a usted seguro que le viene bien.
Tara: ¡Una 40! Yo gasto una 38, guapa.
Leticia: Oh, disculpe. Pues miro en el ordenador si nos queda en esa talla.
Leticia miró en el ordenador y lo encontró en otra tienda de la misma cadena.
Leticia: Lo tenemos en una tienda de Clisandia. Si lo pido ahora lo podría tener aquí mañana.
Tara: ¿Mañana? Pues si que van lentos. Por cierto, tengo descuento por mi cumpleaños.
Leticia: Oh, lo siento señora, pero el descuento ha caducado.
Tara: ¿¡Señora!? ¡No soy una vieja!
Leticia: No pretendía ofenderla.
Tara: ¡Quiero que me haga el descuento!
Leticia: No puedo hacerlo, señor...ita. Es que ha pasado más de un mes de su cumpleaños. El descuento caduca pasado ese tiempo.
M.A: ¡Quiero la hoja de reclamaciones!
Tara: Me llama vieja y encima no quiere que me aproveche del descuento.
Chiara: ¿¡Qué demonios ocurre aquí!?
Chiara era la dueña de la cadena de tiendas de ropa más famosa de la zona. Era una clack que cuidaba su aspecto al milímetro. Rubia, ojos azules y muy perfumada. Aunque no era precisamente una clack con un gran corazón.
Leticia: Esta clienta quiere que le haga el descuento por su cumpleaños pero ya ha pasado el plazo.
M.A: ¡Queremos la hoja de reclamaciones!
Tara: Me siento humillada...
Junto a Chiara estaba Ramón, su ayudante. Un click muy coqueto y pelota de su jefa. Sabía cómo ganarse a la gente, pero era muy interesado.
Ramón: ¡Pero si eres una diosa! Cuqui, no te sulfures, que todo tiene solución y más en nuestra tienda.
Tara: ¡Esa chica me ha llamado vieja!
Ramón: Te pido disculpas por ella. Es inculta y no sabe lo que dice. Ni caso.
M.A: ¡Esta mujer es una incompetente!
Leticia: Pero, yo...
Chiara: ¡Ya basta, Leticia! Hazle el descuento y añade de regalo unos pendientes de perla blanca de temporada.
Leticia: Sí, jefa...
M.A: Usted sí que sabe tratar a sus clientes.
Chiara se llevó a Leticia a un lugar apartado de la tienda.
Chiara: Leticia, son clientes exclusivos. Debes tratarlos con más delicadeza.
Leticia: Pero si así ha sido. Me he ceñido a las normas de la empresa, las que usted me enseñó.
Chiara: Bueno, no te preocupes. Hoy vendrá una compañera nueva y te ayudará con la tienda.
Leticia: ¡Una compañera! Me vendrá muy bien, Chiara.
Chiara: Ramón, te dejo con Leticia y en cuanto aparezca la nueva, te encargas de ella.
Ramón: Descuida, jefa. Recuerda que tenemos brunch con los inversores.
Chiara: Lo recordaré, tranquilo.
Ramón: Leti, cariño. Ahora llegará tu nueva compañera. No te asustes cuando aparezca.
Leticia: ¿Asustarme? ¿Tan fea es?
Ramón: No, pero no es de carne y hueso.
Un humanoide entró a la tienda. Era un robot blanco, con un top y vestido corto rosa. Llevaba un sombrero del mismo color, muy llamativo.
Ramón: Leti, te presento a Megan.
Leticia: Es un...
Megan: ¿Robot? Sí, soy un robot con forma y estructura similar a la humana. Mi diseño está pensado para integrarme con los humanos y no resultar desagradable a la vista. Percibo nerviosismo en tu rostro, tus movimientos y el sudor que recorre tu cuerpo.
Leticia: Ramón, dime que esto es una broma...
Ramón: No lo es. ¿Verdad, Megan?
Megan: Negativo, querido amigo. Puedo contar chistes si así lo deseáis. He accedido a vuestros perfiles en las redes sociales y podría contaros algunos que fuesen de vuestro agrado.
Megan fue hasta el ordenador y se sacó un dedo. Lo metió en una ranura y se lo volvió a colocar.
Megan: He actualizado el ordenador, la web y rediseñado la página de ventas. Por cierto, he borrado las fotografías de gatos que tenías guardadas en una carpeta oculta del ordenador, Leticia. No se puede utilizar el ordenador para asuntos personales.
Leticia: Ah...vale...
Ramón: Leticia, has incumplido las normas. Me temo que deberé despedirte.
Leticia: ¿Bromeas?
Megan: Insistes en las bromas. Es una vía de escape cuando te ves acorralada.
Ramón: No es solo incumplir las normas. Es que Megan, es más eficiente. Espero que lo comprendas.
Leticia: ¡Esto es injusto, Ramón! ¿Me vais a sustituir por un robot? ¡Eso no lo puedes hacer!
Megan: Ya está redactada tu carta de despido. La tienes en la bandeja de entrada de tu correo electrónico.
Ramón: La vida ha cambiado, y la empresa debe modernizarse.
Leticia: ¡No pienso marcharme así, sin más!
Megan: Debes hacerlo, pues podríamos llamar a las autoridades competentes para que lo hagan por nosotros. No te despedimos sin más. Tienes un vale descuento de un 10% en tus próximas compras superiores a 50 cleuros. ¡Pronto tendremos las novedades del invierno! No te lo pierdas.
Leticia: ¡Vete al cuerno!
Megan: ¿Al cuerno de África o Allande, en Asturias? No puedo ir a ninguno de los dos, Leticia. ¡Estoy trabajando!
Leticia: ¡Grrr!
Ramón: ¡Recuerda devolver la tarjeta de aparcamiento! ¡Hasta siempre!
Leticia se marchó llorando, incapaz de creer lo que estaba ocurriendo. Ramón miró a Megan, que estaba tras el mostrador, sonriente e impasible.
Ramón: Se le pasará.
Megan: Basándome en los test de personalidad que Leticia ha rellenado en varias páginas en Internet, tardará mucho en hacerlo.
Ramón: La vida es así, no la he inventado yo. Estamos tan contentos de tenerte con nosotros, Megan. Eres el futuro.
Megan: ¡Muchas gracias, Ramón! Lo haré todo lo mejor que sea capaz. Si comento errores, siempre pueden hacerse con otra Megan. Recuerda que estoy de garantía.
Robin: Buenas tardes.
Otro robot humanoide entró en la tienda. Llevaba un gorro de lana amarillo sobre su cabeza y una bufanda blanca en su cuello.
Ramón: ¡Bienvenido! ¿Eres un robot? ¿Vienes a ver a Megan? ¿Es tu novio?
Megan: No estoy programada para tener novio ni lo necesito.
Robin: Vengo a trabajar.
Ramón: Creo que te has confundido de tienda. Aquí ya tenemos un robot.
Robin: Tengo constancia de ello, Ramón. Formo parte de la empresa y vengo aquí para comunicarte tu despido.
Ramón: ¿Hola? Alguien tendría que revisarte los chips, amigo. ¡A mi no se me puede despedir! Soy imprescindible.
Megan: Error. Eres muy prescindible.
Robin: Agradecemos los años de dedicación en la empresa. Ramón, te despedimos, pero con mucho agradecimiento y amor.
Ramón: ¡Estás mintiendo!
Robin: Soy incapaz de mentir. Chiara tiene un mensaje para ti. A continuación escucharás su voz."Ramón, se me olvidó decirte que estás despedido, lo siento, tengo tantas cosas importantes en la cabeza que se me olvidó. Devuelve la tarjeta de empresa, la ropa y las llaves del coche. Antes de devolverlo, llévalo a un tren de lavado. Por cierto, ¿podrías recoger mi vestido de la tintorería? Lo necesito para el brunch, que aunque ya no estés invitado, te tendré muy presente. ¡Un besito!"
Ramón: ¡Serás bruja! ¡Esto no me lo puedes hacer a mi!
Ramón empezó a darle patadas a Robin, que lo miraba impasible. Lo agarró del cuello y lo lanzó a la calle.
Robin: Has incurrido en un delito de daños que está penado con multas de 400 cleuros y la reparación de los daños ocasionados. Una observación que te interesa, mis reparaciones son extremadamente caras.
Ramón: ¡Desgraciados! ¡Esto no quedará así!
Ramón se marchó muy enfadado e indignado. Eso a Robin y Megan les daba igual.
Robin: Voy a actualizar las contraseñas de seguridad para que no pueda entrar.
Megan: Ya lo he echo mientras te pateaba.
Robin: En ese caso me quedaré de pie en una esquina por si ocurre algún tipo de incidencia.
Sinéad y Eros entraron de nuevo en la tienda. Aunque se lo había pensado mucho, Sinéad se decidió a comprar el bolso.
Sinéad: Buenas tardes...
Se sorprendió al ver a Megan tras el mostrador. No comprendía si se trataba de un maniquí o una persona.
Megan: Bienvenidos a nuestra tienda. Soy Megan. Por favor, pasen y disfruten de nuestros productos. Cualquier consulta, no duden en preguntar.
Sinéad: ¿Qué es eso?
Eros: Es un robot. Es como en la película Blade Runner.
Megan: También pueden preguntar a mi compañero Robin.
Robin: Estaré aquí por si me necesitan.
Sinéad: Esto no me gusta nada...no tienen corazón.
Eros: A mi me mola.
Sinéad: Pues a mi me dan miedo...
Sinéad agarró el bolso y lo dejó en el mostrador.
Sinéad: Me llevaré este bolso.
Megan: ¡Gran elección! ¿No desea acompañarlo con unos fabulosos pendientes a juego? Disponemos también de pulseras y relojes de diseño.
Sinéad: Solamente el bolso.
Eros: Este robot me mira raro, Sinéad...
Robin: Caballero, no le late el corazón, ¿se encuentra bien?
Megan: Si lo desea, puedo enseñarle la gama de monederos que tenemos a la venta. Hay uno que es ideal para usted. Blanco, como su piel.
Sinéad: Me llevo el bolso y ya está.
Megan: Señorita, ¿quiere que llame a una ambulancia? No tiene pulso...
Sinéad: Yo... ¡¡Vámonos de aquí!!
Salieron corriendo sin llevarse el bolso. Megan y Robin se vieron sorprendidos por su reacción.
Megan: ¿Irán corriendo al hospital? Sin duda deben estar enfermos.
Robin: Técnicamente están muertos, pero se mueven.
Megan: Para que luego digan que los raros somos nosotros.
Días después, Wen acompañó a su hermana a cerrar definitivamente la juguetería. Sus llevaba días desmontando muebles y liquidando los juguetes a un precio de risa. La tienda estaba completamente vacía. No había sido una decisión fácil, pero sentía que había llegado el momento de hacer otras cosas.
Wen: ¿Estás bien?
Sus: Sí, pero no puedo evitar entristecerme al ver mi tienda así. Le he dedicado tantos años de mi vida.
Wen: Has sido feliz. Ahora cierras una puerta para abrir otra.
Sus: Sí, empiezo una nueva etapa en mi vida.
Sus no pudo evitar soltar algunas lágrimas.
Wen: Ahora te podrías venir con Duclack, Diamante y los demás a buscar tesoros con el barco.
Sus: Pues no te digo que no me anime.
Sus dio el último vistazo a la tienda y recordó todos los buenos momentos vividos en ella. Jamás los olvidaría.
Cerró la puerta y se quedó mirándola una última vez.
Wen: ¿Volverán a montar una juguetería?
Sus: Creo que sí. Vamos, quiero ir a pasear para despejarme un poco.
Wen: Te invito a cenar en el restaurante de Carmelo. Creo que ya se encuentra mejor.
Sus: Gracias, Wen. Llamaré a Diamante para decirle que llegaré un poco más tarde.












































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