Capítulo 02
Café con gatos
Duclack, Sus y las niñas paseaban por el barrio. Cuando Suselle y Pradito vieron al vendedor de helados ambulante, corrieron en su busca.
Suselle: ¡Quiero un helado!
Pradito: ¡Sí, por favor!
Duclack: Está bien, elegid un sabor.
El heladero les iba enseñado los sabores que tenía disponibles. Sus sonreía mirando a las niñas tan emocionadas, pero seguía sintiéndose fatal por la reseña.
Heladero: ¿De fresa?
Pradito: Sí, por favor.
Suselle: ¡Yo de pitufo!
Heladero: Marchando. ¿Y ustedes?
Sus: De chocolate, por favor.
Duclack: Yo de nata, gracias.
Heladero: ¡Servidas! Son 10 cleuros.
Duclack: Aquí tiene.
Sus: Duclack, pago yo.
Duclack: De eso nada, invito yo.
Se marcharon disfrutando de sus cucuruchos tranquilamente. Las niñas hablaban de sus cosas unos pasos por delante y Sus y Duclack, hacían lo mismo.
Duclack: ¿Más animada?
Sus: Sí, muchas gracias. El chocolate me quita todas las penas. ¡Qué rico!
Duclack: Este heladero es nuevo por el barrio y sus helados están muy buenos.
Sus: Duclack, no sé lo que debería hacer. Estoy pensando en cerrar la juguetería y dedicarme a otra cosa.
Duclack: Me da mucha pena, Sus. ¿No hay forma de reconducir la situación?
Sus: Quizás si despido a Noa pueda aguantar un poco más. Llegan las Navidades, pero...
La detective Kianga tenía muchísima prisa. Estaba persiguiendo a un marido infiel y era muy importante aportar pruebas para la mujer, que era la que le había contratado. Montada en su patinete eléctrico, conducía a toda velocidad entre los viandantes.
Kianga: ¡Cuidado que paso!
Sus se dio media vuelta y se vio sorprendida por ella. Se apartó a tiempo antes de ser arrollada.
Sus: ¡Oiga!
Kianga: ¡Lo sientoooo!
Sus: ¡Así no se puede ir por la calle!
Duclack: ¡Psicópata!
Kianga: ¡Perdón, pero tengo prisa!
Sus: Ha faltado muy poco para que me arrolle. Qué susto...
Duclack: Sí, la gente va loca con los patinetes.
Mientras veían cómo Kianga se alejaba con su patinete, otro se acercaba a toda velocidad hacia ella. Facunda, una delincuente reincidente, conducía su patinete trucado a toda velocidad. Había robado un collar a una chica y tenía prisa por alejarse de allí. Sus se dio media vuelta, sorprendida.
Facunda: ¡Aparta, empaná!
Sus: ¡Ahhhhh!
Atropelló a Sus y está cayó al suelo dándose un buen golpe. El helado salió volando y se estrelló por toda la acera.
Suselle:¡Mamá!
Duclack: ¡Sus!
Facunda: ¡Estás empaná, tía!
Sus: Ay...
Pradito: ¡Eso no se hace!
Suselle: ¡Mamiiii!
Duclack: ¡Estás loca!
Facunda: ¡Pringaos!
Suselle: Mami, ¿estás bien?
Sus: Sí, tranquila, creo que estoy bien.
Pradito: ¿No te duele nada?
Sus: No, solamente estoy un poco mareada.
Duclack enfureció al ver a su amiga en el suelo por culpa de esa clack. Se quitó la zapatilla y apuntó a la cabeza de Facunda, que se alejaba de ellas sin mirar atrás.
Se preparó para el lanzamiento y tiró la zapatilla con todas sus fuerzas.
La zapatilla impactó sobre la cabeza de la delincuente y esta gritó sorprendida y dolorida. Duclack saltó de alegría y todos aplaudieron su puntería.
Facunda: ¡Hijos de clack!
Duclack: ¡Eso para que aprendas!
Facunda se marchó cabreada y con un buen zapatazo en la cabeza.
Duclack: Esa siempre la está liando.
Suselle: ¡Es mala!
Pradito: ¡Y fea!
Suselle: Por dentro y por fuera.
Sus: Muchas gracias por defenderme, Duclack.
Duclack: ¿Seguro que estás bien?
Sus: Sí, por suerte no me he hecho daño. Lo malo es mi cucurucho de chocolate, que se ha caído...
Suselle: Toma del mío.
Pradito: ¡Y del mío!
Duclack: ¿Quieres que compremos otro?
Sus: Gracias, chicas. No, no es necesario, de verdad.
Duclack: Pues vamos a ir a un sitio que descubrimos el otro día Pradito y yo. Te encantará.
Pradito: ¡A ti también, Suselle!
Sus: ¿Y qué sitio es?
Duclack: ¡Es una sorpresa!
Café Miao era una cafetería muy especial. Podías entrar, pedir tu café con un dulce y disfrutar de la compañía de muchos gatos.
Sonia, su propietaria, había abierto el negocio hacía muy poco tiempo y había sido todo un éxito. Desde siempre adoraba los gatos y le preocupaba muchísimo su bienestar. Aquellos gatitos rescatados, tenían por fin un hogar seguro, calor, cuidados y mucho amor.
Preparaba unos dulces exquisitos. Desde rosquillas rellenas de sabores sorprendentes a Cupcakes deliciosos de una gran variedad. Los gatos, jugaban por toda la cafetería. Cuando necesitaban descansar, tenían muchos lugares adaptados para ello, pero disponían de todo tipo de juguetes para poder pasárselo bien e interactuar entre ellos y los clientes.
Cuando entraron en la cafetería, Sus y Suselle miraron sorprendidas a su alrededor. Aquel lugar era el paraíso de cualquier amante de los gatos y los dulces.
Sus: ¡Cuantos gatos!
Duclack: Podemos merendar y disfrutar de la compañía de estos gatitos.
Sus: Hola, preciosos. Mira este, viene a saludarme.
Suselle: ¡Mira, mami! ¡Hay pequeñitos!
Pradito: Son muy guapos.
Sus: Duclack, este lugar es una pasada.
Duclack: Sabía que os gustaría. El otro día vinimos con Sebastián y supe que te encantaría.
Pradiro: Ey, hola pequeñín. ¿Sabes que se pueden adoptar?
Suselle: ¿Sí? ¡Mami, vamos a adoptar a uno!
Sus: ¿Y qué hacemos con Puchi?
Suselle: Es verdad...
Sonia: Bienvenidas. Si queréis, podéis ser las madrinas de algún gatito. Vuestra aportación le ayudaría a estar todavía mejor.
Sus: Suena bien.
Sonia: Toda ayuda es bienvenida. Por favor, tomad asiento y ahora mismo os tomo nota.
Sus: Muchas gracias. Enhorabuena por este negocio tan bonito.
Sonia: Gracias. Trabajo en algo que me gusta y ayudo a los gatos indefensos y sin hogar.
Duclack: Hablaré a todo el mundo de tu cafetería.
Se sentaron y los gatos no tardaron en acudir a ellas. Pradito jugaba con un gato atigrado naranja muy pequeño. La madre los observaba de cerca, vigilando que todo estuviese en orden. Suselle acariciaba otro pequeñito de color naranja, que se acurrucaba en su regazo para dormir.
Suselle: Mira, Pradito. Tiene sueño, el bebé.
Pradito: Qué mono es.
Sus acariciaba uno moteado que se había acostado sobre su falda.
Sus: Gracias por traerme aquí, Duclack. Necesitaba algo así.
Duclack: Los animales pueden templar nuestros nervios y cambiar nuestro estado de ánimo. Los gatos son realmente especiales.
Sus: Sí, transmiten mucha calma.
Compraron comiditas para gatos y les dieron de comer. Mientras, Sonia preparaba la merienda para las cuatro.
Pradito: Yo los adoptaría a todos.
Suselle: ¡Y yo! A lo mejor Puchi se llevaría bien con ellos.
Pradito: Yo dormiría en mi cama con todos. Estaríamos muy calentitos y los protegería de los peligros.
Suselle: Ojalá nos pudiéramos quedar alguno.
Sus: Con la calma que me transmite este lugar, Duclack. Creo que voy teniendo las cosas más claras.
Duclack: ¿Sí?
Sus: Voy a cerrar la juguetería. Necesito un cambio.
Duclack: ¿Estás segura?
Sus: Sí. Además, el negocio no funciona y quiero reinventarme. Por el momento, quiero pasar más tiempo con los niños.
Duclack: Cuenta con mi apoyo, amiga.
Continuará...




























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