lunes, 1 de abril de 2019

Mi vida hora - Capítulo 11: Mal de amores

La noticia voló como la pólvora y empezaron a llegar medios de comunicación. Las cámaras enfocaban la comisaría y los periodistas hablaban sin cesar ante ellas. Buscaban cualquier noticia relacionada con el tema e intentaban ser los primeros en informar.


Sabrina vio las cámaras y algunas chicas congregadas ante la comisaría. Algunas empezaban a gritar indignadas.

Sabrina: ¿Que es todo esto? Si lo llego a saber me visto más elegante.

Había ido a ver a su marido, John. Llevaba consigo a Elvis, su perrito. Compró donuts para merendar en el despacho junto a John.


Entró en la comisaría y saludó a algunos agentes.

Sabrina: Hola, chicos. ¿Que hacen esas cámaras ahí fuera?
Agente García: Tenemos al último click acusado por maltrato. La gente está cansada de tanta violencia y están protestando.
Sabrina: Ah, ya veo.


Sabrina entró en el despacho de John. Le disgustó encontrar a su marido hablando a solas con Rose. La odiaba. Siempre había supuesto una amenaza para ella. Parecía enamorada de John y se pegaba a él como una lapa.

John: ¡Amor!
Sabrina: Hola cariño. Hola...ay, no me acuerdo de tu nombre.
Rose: Mira que eres bromista. 


Sabrina dejó los donuts sobre el escritorio. Cuando Rose los vio, agarró uno sin dudarlo.

Sabrina: ¡Ey!
Rose: Gracias, guapa. Estaba hambrienta.
John: ¿Dónde está Walter?
Sabrina: En clase de repaso. Vengo para informarme. ¿Cuando podremos llevarnos a la niña a casa?
John: Es un proceso lento, pero imagino que en un par de semanas.

Sabrina y John tenían una hija con la que no tenían trato. Por una serie de circunstancias, Sabrina pensó que había muerto y al tiempo, descubrió que seguía viva. La niña ya tenía padres adoptivos y tras un juicio, el juez decidió otorgar la custodia a Sabrina y John, aunque sus padres adoptivos disfrutarían de ella los fines de semana.


Rose: Bueno, os dejo solos. Voy a ver como va la cosa ahí fuera. Espero que la prensa se canse y nos deje trabajar en paz.

John: Si se congrega mucha gente, tendremos problemas. Mantenme informado, Rose.
Rose: Lo haré.


Cuando Rose cerró la puerta, Sabrina se sentó sobre las piernas de John y le besó. 


Sabrina: ¿Es verdad que la criada de Sus se la lió en casa?
John: Su novio. Robó y la hirió en un forcejeo.
Sabrina: Ya le vale, meter a una tipa con un novio que roba. Se nota que no tiene la cabeza muy fina. Criadas locas con novios delincuentes, osos pandas apestosos, niños maleducados...Sus está de capa caída.

Empezó a meterle mano sin ningún tipo de pudor.

Sabrina: Te deseo, John. Vamos a hacerlo aquí mismo, sobre el escritorio.
John: Sabrina, nos pueden pillar...
Sabrina: ¡Más me excita!
John: Me vuelves loco.

No lo pudo evitar y se dejó llevar por la pasión.


Ambrosio salía del hospital seguido de Eddy. 

Eddy: Cariño, espera...
Ambrosio: ¡No me llames así!

Ambrosio lloraba enfadado. No podía soportarlo más. Tras sufrir una crisis de ansiedad, tuvo que ir al hospital para que le atendieran. Aquella crisis provocada por lo mal que lo trataba Eddy fue la gota que colmó el vaso. Llamó a Alexia y Hilary y les pidió que lo esperasen en la puerta del hospital. Había decidido dejar a Eddy. Aquella relación le estaba costando la salud. Vio a sus amigas esperando fuera y sintió alivio. Necesitaba refugiarse en ellas y que le ayudasen a deshacerse de Eddy.

Alexia: Ambrosio, ¿estás bien?


Ambrosio se abrazó llorando a ella.

Alexia: Tranquilo, no estás solo. Te vendrás a Palacio una temporada.
Hilary: Te ayudaremos a superar esto, cari.
Ambrosio: Gracias, chicas.


Eddy: Ambro, ¿podemos hablar? Vamos, no es para tanto. Ya sabes que últimamente estoy un poco nervioso y lo pago contigo.
Alexia: Te dije que trataras bien a Ambrosio, que si no lo hacías te las verías conmigo. No le vuelvas a llamar nunca más. No quiere saber nada de ti y no te perdona.
Eddy: ¿Eres su portavoz? Ambrosio sabe hablar.
Alexia: Parezco inofensiva, pero no lo soy. Esto es una advertencia, deja en paz a mi amigo. Si no lo haces, te las verás conmigo.
Ambrosio: Hasta nunca, Eddy.


Eddy: ¡Ambro! ¡Luego no vuelvas llorando! 
Hilary: ¡Súbete a un árbol, hazte capullo y madura!
Alexia: Vamos, necesitas desconectar de todo.


Sus aparcó el coche frente al hospital.

Sus: ¿Estás mejor?
Wenda: Sí, estoy más tranquila.
Sus: Si quieres te dejo en casa.
Wenda: No, estoy mejor. Me he comprometido a dejar a Pinky y Pandy con Fui y eso haré. Después daré un paseo, me vendrá bien para despejarme.


Bajaron del coche y se encontraron con Eddy. Sus hacía años que no lo veía. Las cosas entre ellos no quedaron del todo bien. Fueron pareja, o al menos algo parecido en tiempos prehistóricos.  Eddy la miró sorprendido. No recordaba lo mucho que le gustaba Sus.

Eddy: No me lo puedo creer, Sus.
Sus: Eddy, cuanto tiempo.
Wenda: Venga, niños. No os dejéis nada en el coche.


Eddy: Hace mucho que no hablamos. Estás estupenda.
Sus: Gracias.
Eddy: ¿Son tus hijos?
Sus:Sí.


Eddy: Sus, te he echado de menos. Tenemos que retomar nuestra relación.
Sus: Eddy, estoy casada, tengo dos niños y estoy embarazada.
Eddy: ¡Enhorabuena! No me malinterpretes, me refería a retomar la amistad.


Sus:Es que tengo poco tiempo, con los niños...
Eddy: Recuerda que ahora soy gay, ya no te miro con los mismos ojos. He roto con Ambrosio. Me trataba muy mal y he decidido terminar con la relación.
Sus: Vaya, lo siento...


Eddy: Hola, Wenda.
Wenda: Vaya, hacía muchísimo tiempo que no te veía.
Eddy: Para ti no pasa el tiempo, Wenda.
Wenda: Pasa, eso te lo puedo asegurar.
Eddy: Pues estás impresionante. ¿Cómo se llaman los niños?
Sus: Suselle y Dante.
Eddy: Son muy guapos. Hola,niños.
Suselle: ...
Dante: ...
Eddy: ¡Pandy! ¡Está enorme! ¿Tienes una pandy?


Sus: No, es de una amiga.
Eddy: Hola, Suselle. Eres igualita a tu madre. Es un placer conocerte.
Suselle: ...
Wenda: Será mejor que nos demos prisa o haré esperar a Fui.


Sus vio el cielo abierto y aprovechó para despedirse de Eddy y marcharse con los niños.

Eddy: Espero que volvamos a encontrarnos pronto.
Sus: ¡Chao!


Wenda se marchó con los osos en busca de Fui. Estaba tan desanimada que no tenía ganas de nada, pero se obligó a salir a la calle. Aprovecharía para ir de compras e intentar despejarse un poco. Estando en casa, no hacía otra cosa más que pensar en Duclón.


Wenda caminaba lentamente. Sumergida en sus pensamientos, sin prestar demasiada atención a lo que sucedía a su alrededor. La vida le había dado un golpe tan fuerte, que no se sentía capaz de seguir adelante. Recordaba los momentos vividos junto a Duclón y le costaba reprimir las ganas de llorar. Lo amaba y era muy duro aceptar que no lo volvería a ver nunca más.


Recordó aquel día que Duclón la sorprendió invitándola al mejor restaurante de la ciudad. No era un click acostumbrado a frecuentar esos lugares, pero lo hizo por ella. Era un restaurante precioso, con unas vistas espectaculares a la ciudad.


La cena fue muy romántica.  Duclón quería que se sintiese como una reina, y lo consiguió. Pidieron los platos más exquisitos y comieron disfrutando de cada bocado.


Durante toda la cena, se miraron como uno adolescentes recién enamorados. Estaba viviendo un sueño del que no quería despertar. 


Recordó el momento en el que Duclón la llevo a las cristaleras para enseñarle las vistas. Estaban en un décimo piso y se veía toda la ciudad. Las luces parecían estrellas que se movían al ritmo de su corazón. 


Duclón la besó y le dijo que la amaba con todas sus fuerzas. Se juraron amor eterno.


No podrá olvidar jamás el sabor de sus besos y tierna mirada. Lo recordaría para siempre.


Le vino a la mente aquella ocasión en la que fueron a una fiesta de disfraces. Fue una locura. Duclack le dejó un traje de pirata para disfrazarse y Duclón decidió ir tal cual, pues él ya iba vestido de pirata. Se rieron muchísimo, bailando y haciendo bromas hasta la saciedad.


Nunca imaginó que se podría reír tanto. Duclón era capaz de sacarle una sonrisa, de animarla y hacerle ver luz en la oscuridad. No, no podría olvidarle jamás.


Sus llegó a la recepción del hospital. La sala de espera estaba abarrotada de gente. Le sorprendió que en un espacio tan pequeño, pudiese haber tanta gente. Preguntó por Leticia a la enfermera que atendía en recepción.


Enfermera: Habitación 201, segunda planta.
Sus: Muchas gracias. Vamos, niños.



En la habitación, Leticia estaba en la cama. Su madre se abanicaba sentada en un sillón, muy acalorada. El hermano de Leticia estaba sentado en una silla. Era un hombre muy grande, muy rubio y muy inocente. A pesar de tener 25 años, tenía la mentalidad de uno de ocho. Rita había ido a ver a Leticia.

Rita: Me alegra que estés mejor, Leticia.
Leticia: Gracias, Rita.
Filomena: No sabes el susto que me dio.


Rita: ¿Cuando te dejarán volver a casa?
Leticia: No lo sé. Me tienen que hacer algunas pruebas y debo permanecer en observación.
Rita: Os llamaré por teléfono para saber que tal vas.


Filomena: Gracias, Rita. Estamos pasando por un momento terrible. El ataque de ese engendro a mi hija ha sido sin duda lo peor. Tendremos que empezar a buscar un nuevo trabajo, dudo que los señores quieran seguir contando con nosotras.
Rita: ¿Os lo han comunicado?
Filomena: No, pero Diamante dijo que no se fiaba de nosotras y que no le gustamos. Por lo visto, tu jefa habla mal de nosotras.
Rita: No habla mal, Filo. No os tiene simpatía, es solamente eso.
Filomena: No lo entiendo. Nos tiene entre ceja y ceja. Por lo visto, no se fía de nosotras y piensa que ocultamos algo. Todo son desgracias, Rita. Al menos espero que ese engendro delincuente no nos moleste más.
Rita: Paciencia, ya verás como todo se soluciona.


Bisbi: ¡A ese le doy yo un par de tortas y lo mando a la luna, mami!
Filomena: No des tortas, hijo. La violencia no soluciona nada.


Bisbi: ¡Defenderé a mi hermanita de todo aquel que le quiera hacer daño!
Filomena: Si es que quieres mucho a tu hermana, ¿verdad?
Bisbi: ¡Síi!


Bisbi: Hermana, ¿quieres otra mantita?
Leticia: No, estoy bien, Bisbi. Eres el mejor hermano del mundo.
Bisbi: Te quiero, hermanita.


Enfermera: Buenas. Hola, Leticia. ¿Estás bien?
Leticia: Hola, sí. La verdad es que me siento bien.Solamente algo mareada.
Enfermera: Luego te traeremos la cena. En breve vendrá la doctora y os dirá cómo han salido las radiografías.


Rita se fue y Sus y los niños llegaron.

Sus: ¿Se puede?
Bisbi: ¿Quiénes sois?
Leticia: ¡Sus, niños!


Filomena: Señora, no esperaba su visita.
Sus: Queríamos saber que tal está Leticia.
Filomena: Gracias, son muy considerados.


Sus: Leticia, ¿estás bien?
Leticia: Sí, creo que sí. Todavía sigo en observación y me tienen que hacer algunas pruebas, pero me siento bien. Sus, siento todo lo que ocurrió...
Sus: No te preocupes, ahora necesitas descansar.
Suselle: No fue tu culpa, Leti.


Leticia: Fue mi culpa. Debí enfrentarme a él, obligarle a salir de la casa. No fui capaz y por eso ocurrió todo esto.
Sus: Leticia, tú no robaste las monedas de Diamante y no querías que todo esto sucediese. Deja de culparte, por favor.
Leticia: Gracias, Sus. Significa mucho para mi. Espero que Diamante no siga muy enfadado conmigo.
Sus: Sigue muy disgustado, aunque no te culpa. Eso sí, de momento es mejor que dejemos pasar el tiempo.
Leticia: Ya no trabajaremos para vosotros...
Sus: De momento no, pero quizás en un futuro la cosa cambie.


Filomena se llevó a Sus a parte. Estaba muy angustiada y no dejaba de abanicarse.

Filomena: Estoy muy sofocada, disculpe. Siento de verdad lo ocurrido. Ese click llevaba a mi hija por la calle de la amargura y el mal camino. De saber que la rondaba, no habría permitido que nada de esto sucediese.
Sus: No se preocupe. 
Filomena: Lo hago, no lo puedo evitar. Comprendo que su marido ya no quiera contar con nuestros servicios, no se lo puedo reprochar. 
Sus: Siento que las cosas terminen así. Espero que al menos, podamos ser amigas. Cuando pase todo esto, quiero volver a verlas. Me gustaría que Leticia siguiese en contacto con los niños, se llevan fenomenal.
Filomena: Es usted un encanto, señora. En cuanto mi hija salga del hospital, nos iremos al pueblo. Estaremos una buena temporada antes de regresar. Disculpe que le pregunte, ¿que le ocurre a la señora Duclack con nosotras?
Sus: ¿Duclack?
Filomena: Según su marido, ella le dijo que no somos de fiar y que ocultamos algo. Debo confesarle que eso me dolió, pues nosotras no ocultamos nada ni somos mala gente. ¿Hemos hecho algo que le haya molestado?
Sus: No lo sé. Duclack es muy intuitiva y quizás intuía que algo ocurriría. A lo mejor vio a Chris con su hija y eso la hizo dudar de vosotras.
Filomena: Es posible. Dígale a su amiga que no somos esa mala gente que cree. Mi hija cometió el error de iniciar una relación con ese engendro, pero todos nos equivocamos en esta vida.
Sus: Se lo diré.


Suselle: Siento que ya no puedas trabajar en casa...te echamos de menos.
Leticia: Lo siento chicas, metí la pata. Podemos seguir siendo amigos y me pasaré a veros siempre que queráis.
Dante: No quiero perder el contacto contigo por culpa de ese.
Leticia: Seguiremos siendo amigos, lo prometo.


Bisbi: Me mola tu camiseta.
Dante: Gracias. ¡Eres muy alto!
Bisbi: Sí, todo el mundo se burla de mi por eso. Me llaman pino, gigante y muchas cosas más. Dicen que valgo para jugar a baloncesto, pero no es verdad. Y además, no me gusta el baloncesto.
Dante: ¿Y el fútbol?
Bisbi: ¡Síii! 


Doctora: Buenas tardes.
Filomena: ¡Doctora!
Doctora: Ya tengo las radiografías.


Leticia: ¿Está todo bien?
Doctora: Sí, está todo correcto. No hay fracturas ni nada de lo que preocuparse.
Dante: ¡Eso es genial!
Doctora: En un par de días, podrá volver a casa.


Agnes y Artemisa caminaban hacia el hospital. Estaban muy ilusionadas por el artículo en el periódico.

Artemisa: Por fin las cosas empiezan a salir bien. Agnes, soy más feliz que nunca.
Agnes: ¡Artemisiña! Yo también lo soy. Cuando salgamos del hospital, nos vamos a cenar a algún sitio bonito.
Artemisa: Podríamos probar el restaurante ese que está en la costa, el del amigo de Sus, Carmelo. Tienen marisco gallego.
Agnes: ¡No se hable más!


Entraron al hospital y preguntaron a la enfermera por la señora Hermenegilda.

Enfermera: Habitación 315.
Agnes: Pregunta por la habitación de Leticia, la chica que trabajaba para Sus y Diamante. La pobreciña debe estar fatal y me gustaría verla.
Artemisa: Tienes un gran corazón, Agnes. Vale, iremos a verla.


Continuará...

1 comentario:

  1. ¡Woooo cuantas cosas pasan en este capítulo! A ver si me acuerdo de comentarlo todo. Me gusta el rollo que hay entre todas. Entre Sus, Artemisa, Agnes, incluso Diamante de fondo... En verdad, aunque no lleven vidas conjuntas, se nota que están en el mismo mundo. No sé cómo explicarlo. Es como si fuesen hilos de distintos colores que tejen un tapiz que resulta muy hermoso a la vista. Si falla alguno de esos hilos, el tapiz ya no resultaría tan bonito. Pues es algo igual. No obstante, hay hilos de esta historia que están algo deshilachados y que hacen que el tapiz no pueda brillar tanto, pero no por ellos, sino porque tienen sentimientos oscuros que contrastan con la belleza de los demás corazones. Me refiero a Sabrina, que, a pesar de que John le haya demostrado de mil maneras que la quiere, sigue desconfiando de todo el mundo y, además, no sé, no cambia y hay algo en ella que me hace desconfiar.
    También tengo que comentar lo bonito que me ha parecido que este capítulo tenga también fotos y momentos escritos y hechos por Inma. Me he dado cuenta de que las fotos del restaurante y de la fiesta de disfraces lo ha creado ella. Me gusta mucho que haya capítulos que tengan pedacitos hechos por otra persona, qué bonito. Me da mucha pena Wenda. No se merece haberse quedado sin Duclón, pero por lo menos se queda con muchísimos momentos bonitos que son de ensueño y eso nadie se lo podrá quitar. Me alegra que haya sido tan feliz durante el tiempo que estuvieron juntos.
    Me encanta también que Leticia pueda seguir siendo amiga de los niños. Me daría mucha pena que perdiesen el contacto después de lo que le costó que Suselle confiase en ella. También me ha resultado incómoda la escena en la que aparece Eddy y espero que Ambrosio no se encuentre con él nunca más. Ay, y Sus tampoco. Qué gracioso que los niños no le contesten.
    Y qué gracioso que Agnes y Artemisa vayan al restaurante y que a Agnes le conquiste la idea del marisco gallego.
    ¡Gracias por el capítulo! ¡Me encanta esta historia!

    ResponderEliminar