miércoles, 25 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 15: Código rojo

Sinéad se sentía culpable. Siempre que se alimentaba de un humano y terminaba con su vida, se sentía así. Eros la comprendía muy bien, aunque él no llegaba a sentirse tan mal como ella. Aceptaba que era un vampiro y que su naturaleza era así.  

Eros: Eres muy sensible, Shiny. Vamos, si ese click era un auténtico pelmazo.
Sinéad: Lo sé...

Estaban en el camarote, sentados sobre la cama.

Eros: Anímate, venga.
Sinéad: Eros, una chica nos vio con el cadáver en la isla.
Eros: Bah, no te preocupes. Si lo cuenta, nadie le creerá.


Sinéad: Eso espero. Quiero tener más autocontrol, no me gusta que me domine el hambre.
Eros: Deja de preocuparte por eso. Ven, vamos a tumbarnos un rato.


Se tumbaron juntos y Eros la abrazó. 

Sinéad: No sé que haría sin ti.
Eros: Eres más fuerte de lo que piensas, Shiny. Soy yo el que te necesita, el que no puede vivir sin ti.
Sinéad: ¿De verdad no crees que esa clack no nos supondrá un problema? Nos vio con el muerto.
Eros: Seguro que no. Vamos, descansemos un rato antes de ir a la fiesta. Tengo ganas de mover el esqueleto y escuchar música.


Sinéad cerró los ojos y se relajó entre los brazos de Eros. 


Duclón y Wenda se estaban arreglando para ir a cenar. Ella se había decidido por un vestido blanco y Duclón por unos pantalones que le regaló Duclack para su cumpleaños. Además. se había puesto unas botas marrones de motorista.

Wenda: ¿Y esos pantalones?
Duclón: Me los regaló mi hija. Me los solía poner cuando salíamos juntos con las motos.
Wenda: Me gustaría que algún día me llevases de paseo en moto. Es algo que no he hecho nunca, siempre le he tenido un miedo atroz a las motos.
Duclón: Me parece una gran idea. Haremos un largo recorrido y te llevaré a las montañas de Ricachuela. 


Duclón estaba muy nervioso. Esa noche, en mitad del espectáculo, le daría la gran sorpresa a Wenda.


Lilu lloraba desconsolada en su camarote. Duque estaba recogiendo sus cosas y se las llevaba en su maleta. Había pedido un camarote y por suerte, tenían disponibles. 

Lilu: Duque, no te marches...por favor.
Duque: No hagas todo esto más difícil, Lilu.
Lilu: Yo te amo...
Duque: Lo siento, sé que duele, pero es lo mejor y lo sabes. 
Lilu: No es lo mejor. Si me dejas me moriré...
Duque: Sobrevivirás.


Lilu: Duque, yo te amo con toda mi alma. Sé que tú sientes lo mismo por mi...
Duque: Lilu, no sigas.
Lilu: Si me amas, no te marches.
Duque: Lilu...
Lilu: Habla claro, Duque. ¿Es que ya no me amas?
Duque: Lo siento...pero mi amor se ha ido desinflando con el tiempo. Creo que eres una gran clack, te tengo cariño por todo lo que hemos vivido y te deseo lo mejor, pero...ya no te quiero, al menos de la misma forma que antes.


Lilu: ¡No te creo! ¡Mientes!
Duque: Adiós, Lilu...siento el daño que todo esto te está haciendo, pero es que no puedo más.
Lilu: ¡Duque! ¡No te vayas! ¡Duqueeeee!


Duque se marchó simulando serenidad, pero estaba destrozado por dentro. Su amor por Lilu había desaparecido, pero no le gustaba verla sufrir así. Le apetecía abrazarla y consolarla, pero sabía que eso la confundiría y enredaría las cosas. Tenía que marchase, dejar que ella sola cerrase sus heridas. Era el momento de pensar en si mismo, en lo que necesitaba y lo que quería en al vida. Cerró la puerta y dejó a Lilu llorando.


Felipe y Blas hablaban en su camarote. Ambos estaban contentos, pues los dos estaban avanzando con sus respectivos ligues.

Felipe: ¿Dónde está Jano?
Blas: Vete a saber. Ya sabes que está muy colgado.  He dejado la puerta abierta, por si aparece. Creo que no se llevó la llave. De verdad, flipamos cuando besaste a la famobil.
Felipe: Quizás fui un poco brusco, pero es que me apetecía mucho besarla.
Blas: Ya tienes estómago...lo que eres capaz de hacer por 600 cleuros.


Felipe: La apuesta ya no es lo que me motiva.
Blas: Y un cuerno. Pues no te lo creas tanto, que yo tengo a la cantante en el saco. Pronto caerá, ya lo verás.
Felipe: No sé yo, eres un fantasma.
Blas: No hay titi que se me resista, y lo sabes colega.


Demetria tenía que cerciorarse de que todo lo que le había contado Gabi era verdad. Aunque le creía, tenía que averiguarlo por si misma.Caminaba por los pasillos del crucero muy nerviosa y aguantándose las ganas de llorar. Deseaba con toda su alma que Gabi estuviese equivocado, que se tratase de un malentendido.


Llegó a su camarote y encontró la puerta abierta. Escuchó a Felipe hablar y no pudo evitar ponerse a escuchar en silencio.

Blas: ¡Eso ni te lo crees, chaval! Los 600 cleuros serán míos.
Felipe: A Demetria le gusto de verdad, no creo que a la cantante le gustes tanto. Voy a ganar la apuesta, ya puedes mentalizarte.
Blas: Al menos yo me habré ligado una guapa. Tú, sin embargo...la más fea del barco, ¡jajajaja!
Felipe: ¡Tú si que eres feo!


Blas: Mira que meterle la lengua...¡y todo por 600 cleuros!
Felipe: Para ya, tío.


Demetria abrió la puerta de par en par y los miró enfurecida. Felipe y Blas enmudecieron cuando la vieron en el umbral de la puerta. 

Felipe: Demetria, hola...¿Cuanto tiempo llevas ahí?
Demetria: El suficiente...


Demetria salió corriendo. Gabi tenía razón, Felipe había jugado con ella. Lloraba de rabia y de impotencia. Felipe salió corriendo tras ella, en un intento de solucionar las cosas y tranquilizarla.

Felipe: ¡Demetria!


Blas: ¡Felipe, paraaa! Tío, déjalo ya. La fea nos ha descubierto. Has perdido la apuesta, no insistas.

Felipe se dio la vuelta, se acercó hasta su amigo y le dio un puñetazo en toda la boca.


Blas cayó al suelo sorprendido. Nunca había visto a Felipe así, tan enfadado. Se tocó la mandíbula muy dolorido.

Blas: ¡Pero que narices haces! ¡Me has hecho daño!
Felipe: No vuelvas a insultarla, imbécil. Eres un mierda, Blas.
Blas: Pero tío...


Felipe: ¡Pasa de mi!
Blas: ¡Te has enamorado de la fea! ¡El imbécil eres tú! Menudo puñetazo...ay.

Felipe fue en busca de Demetria, que había desaparecido por los laberínticos pasillos del crucero.


Renzo y sus amigos se reunieron en una zona apartada del crucero y se pusieron a cenar. Pidieron hamburguesas completas, patatas fritas, perritos calientes y coca clicks y diversos refrescos. Se sentaron en el suelo, y se pusieron a comer con ganas.

Kimberly: ¡Qué rica la hamburguesa!
Renzo: El truco está en el pepinillo.
Kimberly: ¿En serio?
Renzo: Sí, te lo digo yo, que algo entiendo de todo esto.
Kimberly: Es verdad, que tu padre tiene un restaurante. Aunque prefiero que estudies y seas médico o abogado, para comprarnos una casa gigante para meter a todos nuestros perros y nuestros hijos.
Renzo: ¿Perros e hijos?
Kimberly: Claro, amor. Quiero tener muchos perritos cuquis y al menos dos hijos, click y clack. También quiero una habitación para guardar todas mis barbies y peluches. Con las paredes rosas y alfombras lilas. 


Emma: ¿Te gusta la hamburguesa, Willy?
Willy: Sí, está deliciosa. ¿Y a ti el perrito caliente?
Emma: Muy bueno. Hace mucho que no comía cosas de estas. Mi abuela es muy estricta con la comida.
Willy: Yo voy todos los findes al Burguer Click. Renzo y yo nos pedimos el menú más grande y luego nos vamos al cine.
Emma: Suena divertido. Yo suelo ir al centro comercial que hay en la avenida Princesa Alexia con mi abuela. Solemos comprar ropa y luego, me invita a un helado de chocolate enorme. 
Willy: Hay una heladería que los hacen súper buenos. Un día podríamos quedar y tomarnos un helado juntos. ¿Te gustaría?


Emma: Yo...no puedo.
Willy: Estarías pronto en casa.
Emma: Se lo preguntaré a mi abuela...


Renzo: Es que nunca había pensado en eso de tener hijos...
Kimberly: Tenemos que pensar en todo. Primero será compaginar nuestra relación con los estudios y luego el trabajo. Yo quiero ser veterinaria y cuidar perritos, es lo que más me gusta. Nos casaremos a lo grande, ¡podríamos alquilar una limusina! 
Renzo: Bueno, de momento solamente quiero pensar en comerme esta hamburguesa.
Kimberly: Esto engorda. En cuanto nos bajemos del barco, tendremos que cuidar la figura. Es muy importante. Ya sabes que yo soy la más popular del insti y no quiero estar gorda ni que mi novio lo sea.
Renzo: Ya...

Renzo casi ni le prestaba atención. Estaba concentrado en saborear su hamburguesa.


Kimberly: Aunque a lo mejor pasaremos una mala época...
Renzo: ¿Por?
Kimberly: Estoy pensando en decirle a mi madre que mi padre le pone los cuernos con esa del pelo azul.
Renzo: Es tu madre...yo no me quiero meter, pero merece saber la verdad...
Kimberly: Sí, pero se separarán...mi madre no se lo perdonará. Me daría pena...
Renzo: Lo entiendo...
Kimberly: Además, no tendría tanto dinero. Me quiero comprar un Iphoneclick X 10...


Beatriz: ¿Interrumpo?
Kimberly: ¡Hola, mamá!
Beatriz: Así que este es Renzo. Hija, ¿no me lo vas a presentar?
Kimberly: Ahora no, mamá.


Beatriz: Es guapo, hija. Eso que ha hecho por ti es muy bonito. Pórtate bien con él, no seas caprichosa y cuídalo. Los amores de la adolescencia no se olvidan nunca.
Kimberly: Que sí, mamá. Ahora vete, que estoy con mis amigos.
Beatriz: Está bien. No hagas nada de lo que te arrepientas y por favor, te quiero pronto en la cama.
Kimberly: Que sí...


Agnes se dirigía al camarote de las Playgirls. Se suponía que debía guardar distancias con Asunción y sus hermanas, pero no sabía a quién acudir. Necesitaba un hombro en el que llorar.


Llamó a la puerta. Se escuchaba música sonando muy fuerte. El  tema "My First My Last My Everything" de Barry White sonaba a todo volumen. 


Asunción abrió la puerta bailando y peinándose el pelo. Llevaba una toalla enrollada a su cuerpo y unos zapatos rosas de tacón.

Asunción: ¡Agnes!
Agnes: Hola...

Al verle la cara, la hizo pasar rápidamente. 

Asunción: ¡Pasa, pasa!


Las tres se estaban arreglando para la actuación.Se peinaban y maquillaban. El camarote olía a perfume y maquillaje. Había ropa por todas partes, casi toda muy glamurosa.

Asunción: ¡Justina, afloja la radio!
Justina: ¡No, que necesito motivarme!
Piedad: ¡Está aquí Agnes, carallo!
Justina: ¡Pues que baile con nosotras, carallo!
Asunción: ¡Es un código rojo, Justin!


Inmediatamente apagó la radio.

Asunción: Mi Agnes, ¿problemas con Artemisa?
Agnes: No he podido solucionarlo...las cosas están mal.
Piedad: ¿Tan mal están? ¡Si se os veía maravillosamente bien!


Agnes: Sí, pero las cosas se han torcido. Me ha dicho que quizás nuestra relación ya no tenga sentido...
Asunción: ¡Por la virgen de O Corpiño! ¿Sigue celosa?
Agnes: Sí...se cree que no me hace feliz...

Agnes lloraba sumida en la tristeza.


Justina: Pobriña...tranquila, Agnes. Algo se nos ocurrirá.
Agnes: He intentado hablar con ella, pero no hay forma de hacerle entender que se equivoca...no quiero perderla...
Asunción: ¡Tengo una gran idea!
Justina: Creo que es la misma que tengo yo.
Piedad: Hay que demostrarle lo que sientes, pero a través de la música.
Agnes: No entiendo...
Asunción: ¿Te parecería actuar esta noche en nuestro show?
Agnes: Oh, no no. Lo siento, pero yo no puedo...me da mucha vergüenza.
Justina: Agnes, te convertiremos en una estrella. Cantarás para ella, ante todo el mundo.
Piedad: Le harás entender que se equivoca, que ella te hace feliz. 


Caitlyn llamó a la puerta y le abrieron.

Piedad: ¡Caitlyn!
Caitlyn: He recibido un whatsaclick de Asunción. ¿Código rojo?
Asunción: Sí, cariño.


Agnes: ¿Qué significa código rojo?
Asunción: Que una amiga tiene problemas y tenemos que ayudarla.
Agnes: Oh, gracias por preocuparos por mi...y por considerarme vuestra amiga.
Asunción: Necesitamos ponerla todavía más guapa para esta noche. Queremos que actúe para su novia y que eso ayude a arreglar sus problemas.
Caitlyn: Chicas, eso es cosa mía.


Agnes: Pero...
Justina: ¡Cantas como los ángeles! No debes tener vergüenza. 
Piedad: Eres divina. Casi que ni la maquillaría.
Caitlyn: Sí, un maquillaje suave, pero poca cosa. El pelo, se lo alisamos.
Asunción: El vestido...
Caitlyn: Tengo uno divino de la muerte, nenas. ¡Te vamos a dejar que ni la Miss clack universo! 
Asunción: Debes pensar la canción que cantarás esta noche, Agnes.


Empezaron a maquillarla y alisar su pelo. Se sintió arrastrada, casi sin opción a decidir. Estaba aterrada, actuar en público suponía hacer algo que jamás se había planteado. Se acordó cuando cantaba en las fiestas de su pueblo, lo bien que se sentía y que no le daba vergüenza. Ahora estaba en un barco, rumbo a lo desconocido y sin el apoyo de Artemisa. No sabía si salir corriendo o dejarse llevar por sus nuevas amigas.


Después de cenar, Renzo y sus amigos fueron a la sala de juegos. Allí podían jugar en la recreativas. Mientras que los chicos jugaban al Click-Man, Emma y Kimberly charlaban.

Emma: Renzo y tú hacéis buena pareja.
Kimberly: Lo sé. Somos la pareja de moda del insti.
Emma: Qué guay. Yo no soy precisamente la más popular del mío...es que voy tan poco.
Kimberly: Ya te daré algunos consejos para ser la más popular. Por cierto, ¿te gusta Willy?
Emma: Pues...un poco.
Kimberly: Bah, está claro que te gusta. Es un chico un poco parado, pero está bien. Mira, ahora mismo empiezo a darte consejos para ser popular.


Emma: Vale.
Kimberly: En primer lugar, debes dominar a los chicos. Tienes que conseguir tenerlos a tus pies, que hagan todo lo que les pidas. Por mi incluso se pelean.
Emma: ¿Y eso para que sirve?
Kimberly: ¡Para muchas cosas, tía! Yo tengo a Renzo dominado, hace todo lo que le pido.
Emma: Pero a mi eso no me gusta...
Kimberly: Si quieres ser popular, tienes que dominar. Mira y aprende.


Emma: ¿Que piensas hacer?
Kimberly: Renzo y Willy compiten para ver quién hace más puntos. Le voy a pedir a Renzo que se deje ganar.
Emma: No creo que se deje...
Kimberly: Ahora lo verás.


Renzo: ¡Te llevo ya 40 puntos!
Willy: ¡En seguida te adelantooo!
Kimberly: Renzo, dice Emma que no serías capaz de perder para demostrar mi amor.
Renzo: ¿Perder? ¡Ni hablar, voy ganando!
Willy: ¡Por poco tiempo!
Kimberly: Yo le he dicho que te dejarás ganar y así demostrarás que se equivoca.
Willy: ¡Ya te voy ganando! ¡Te llevo ya más de 50 puntos! ¡Has perdido!
Renzo: Lo sé...


Kimberly: Mi amor, sabía que te dejarías ganar por mi. 
Renzo: Sí...
Willy: ¿Te has dejado ganar?
Kimberly: Sí, por amor.


Kimberly agarró a Renzo de la mano y se lo llevó sonriente. Renzo se dejó llevar encandilado por su amor. Emma y Willy los miraban sorprendidos.

Willy: Flipo en colores.
Emma: Y yo. No sé, pero esa clase de amor no me gusta...
Willy:: Ni a mi. No me gusta que manipule así a mi mejor amigo. 


Continuará...

sábado, 21 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 14: Celos y traiciones

Renzo y Willy estaban tumbados en la cama. Habían ido al camarote a descansar. Renzo parecía estar en una nube, volando de amor por Kimberly. Miraba al techo con una sonrisa tonta. Willy pensaba en Emma. Le gustaba mucho y era muy simpática, pero cuando intentaba acercarse más a ella, se mostraba esquiva. 

Renzo: La vida es maravillosa, Willy.
Willy: Tienes suerte, Kim y tú estáis muy enamorados.
Renzo: Siento que es amor del verdadero. Esto no lo había sentido nunca en mi vida. 
Willy: A mi me gusta Emma.


Renzo: Hacéis buena pareja.
Willy: Ya, pero no sé si le gusto.
Renzo: Te pone ojitos, que lo he visto.


Llamaron a la puerta y Willy dijo que estaba abierta. Duclón entró sonriente.

Duclón: Chicos, vamos a cenar. ¿Os venís?
Renzo: Hemos quedado con Kim y Emma para cenar juntos. Pediremos hamburguesas. 
Duclón: De acuerdo. Wenda y yo estaremos en el restaurante. Comportaros bien y no os metáis en problemas.
Willy: Seremos buenos, no te preocupes.


Agnes corrió hasta su camarote para intentar hablar con Artemisa. Al abrir la puerta, se la encontró tumbada sobre la cama y mirando seria al techo.

Agnes: ¿Artemisiña? ¿Sigues enfadada?

Artemisa se hacía la sorda y no quiso responder. Ni siquiera la miró.


Agnes cerró la puerta y se sentó en la cama junto a ella. Seguía inmóvil, ignorando por completo su presencia.

Agnes: Artemisiña, ¿estás bien?
Artemisa: No sé que haces aquí, deberías volver con Asunción. No he nacido en Galicia y conmigo no puedes cantar canciones gallegas.
Agnes: No digas eso, por favor. No dudes de mi amor por ti ni de que eres lo más importante en mi vida.


Finalmente Artemisa se sentó en la cama y la miró. Estaba a punto de ponerse a llorar. Al verla así, Agnes desesperó. No sabía cómo hacerle entender que se estaba equivocando.

Artemisa: Te amo, Agnes. Eso lo sabes y no me cansaré nunca de decírtelo, pero yo no puedo competir con Galicia ni con esa chica tan guapa que se muere por tus huesos y que encima, es gallega.
Agnes: No tienes que competir con Galicia ni con nadie. Asunción es solamente un amiga, la acabo de conocer y no siento ningún interés por ella más allá de una amistad.
Artemisa: Con ella te brillan los ojos. Compartís cosas muy especiales, os une vuestra tierra y os entendéis a las mil maravillas. Además, puede que tú no sientas atracción por ella, pero te aseguro que ella está loca por mi.
Agnes: Te equivocas, Artemisiña. Ella misma me ha dicho que no tiene ningún interés en mi.


Artemisa: Te está engañando. Lo siento, pero no puedo más. Necesito estar sola para pensar. Ahora mismo me siento un cero a la izquierda en tu vida, alguien que no te puede aportar la felicidad que tanto anhelas. Quizás sea el momento de plantearse si lo nuestro tiene algún sentido...yo no te puedo hacer feliz.

Artemisa se levantó y se marchó del camarote llorando. Agnes la llamó varias veces, intentado hacerle entender que se equivocaba, pero de nada sirvió.


Agnes se tiró a la cama y se puso a llorar intensamente. No quería perder a Artemisa, la amaba con todo su corazón y no se imaginaba la vida sin ella. No sabía cómo podía hacerle entender que se equivocaba, que ella le hacía feliz. En esos momentos deseó estar en plena naturaleza, abrazar a un árbol y que le ayudase a encontrar la paz que había perdido.


Izan se duchó y salió del cuarto de baño. Alicia miraba la pantalla del ordenador aunque no estaba escribiendo. Se acercó a ella en un último intento por hacerla reaccionar.  Se lo pasaba muy bien con Cecilia, pero la echaba de menos.

Izan: Te has perdido una experiencia única. No sabes lo bien que se estaba en esa isla.
Alicia: Ya, lo he podido comprobar. 
Izan: ¿Has bajado?


Alicia: Sí, y te he visto con esa. Te lo estabas pasando muy bien con sus manoseos.
Izan: Me estaba haciendo un masaje, no veas fantasmas dónde no los hay.
Alicia: Entiendo que soy tonta por haber estado todo este tiempo enganchada al trabajo, pero eso no te da derecho a tontear con otras. Creo que no me lo merezco.
Izan: Alicia, no he tonteado con nadie. Me estás hartando. Primero me ignoras y ahora esto.


Alicia: ¡¡Lo siento!! Me he dejado llevar por el trabajo, ¿me pongo de rodillas? Sé que me he portado mal, pero no por eso voy a aceptar que te pongas a tontear con otra. Eso no va conmigo, Izan.


Izan: ¿Te has vuelto loca? ¡¡Yo no he tonteado con Cecilia!! Ha sido amable conmigo, nada más.
Alicia: ¡Pero si os he visto!
Izan: Estás celosa y no sabes ver la realidad.
Alicia: ¡No estoy celosa!


Izan: Si esto es tener una relación, prefiero estar solo. No pienso consentir que me trates de esta forma tan injusta. Ahí te quedas con tus celos. 
Alicia: ¡¡Pues vete con esa!!
Izan: Sí, es una buena idea. Quedaré con Cecilia para ir a cenar, al menos ella me respeta y no tiene pájaros en la cabeza.
Alicia: ¡¡Si te vas con ella no vuelvas!!


Rafa no estaba dispuesto a rendirse. Tras pensar en el bar tomando el cóctel bomba, se le ocurrió una idea disparatada. No sabía si funcionaría, pero tenía que intentarlo. Todavía le dolía el ojo del puñetazo y tenía ganas de devolverle el golpe, pero tenía que ser más inteligente.


Tomo aire y llamó a la puerta de Amy y Jean. Escuchó voces y alguien que caminaba hasta que la puerta se abrió. Jean lo miró sorprendido.

Jean: ¿Vienes a por más?
Rafa: Deja que entre, lo que te voy a proponer te interesa.
Jean: Pasa.


Amy estaba sentada sobre la cama. Al verle entrar sus ojos se abrieron como platos. Le suplicaba con la mirada que se marchase, pero Rafa no pensaba hacerlo de ninguna de las maneras.

Jean: Desembucha.
Rafa: No amas a Amy.
Jean: Sigues buscando pelea, ¿no? Cómo te atreves a...
Rafa: No pretendo meterme contigo, es una realidad. Amy me contó muchas cosas. Una de ellas es que lo que más te gusta en el mundo es el dinero.
Rafa: Ya veo...
Rafa: No la amas y ella es infeliz. Sé que no la dejarás marchar, que si me interpongo, tu padre y todos sus hombres acabarían con mi vida. Te propongo un intercambio.


Jean: ¿Un intercambio?
Rafa: Te doy 6.000 cleuros y nos dejas en paz. Le dices a tu padre que está muerta o lo que se te ocurra. No os amáis y os amargáis la vida mutuamente, sales ganando. 
Jean: No es suficiente. ¿Eso es lo que vale ella para ti?
Rafa: Estoy intentando comprar su libertad, que una mafia con la que ni la policía consigue acabar la deje en paz. Te llevas un dinero y todos salimos ganando.
Jean: 30.000 Cleuros.
Amy: Rafa, esto es una locura, será mejor que...
Rafa: Te doy 25.000 cleuros, ni un céntimo más. Deberás desaparecer de nuestras vidas, dejarnos en paz para siempre.


Amy: Es mucho dinero, Rafa...
Jean: Mira, lo tienes loquito por ti. 
Rafa: Debería ir a la policía y denunciarte, pero sé que sería mi perdición y la de Amy.
Amy: Rafa...
Jean: Está bien, es un buen trato. Quiero una transferencia a este número de cuenta. Hasta que el dinero no esté ingresado y seguro, ella permanecerá conmigo.

Le dio un papel con el número de cuenta.

Amy: Rafa...no debes hacerlo. Es mucho dinero.
Rafa: Lo que sea por tu seguridad.  


Jean: Cuando hayas ingresado el dinero, vuelve. Lo comprobaré y si está todo correcto, me olvidaré de Amy.
Rafa: No tardaré demasiado.
Jean: Te espero.


Demetria escribía en su diario. Estaba viviendo un sueño del que no quería despertar. Felipe era el click con el que siempre había soñado. Además, había conocido a Gabi, un chico con el que congeniaba muy bien y con el que le gustaría mantener el contacto.

"Lo que no me gustó fue el beso. Me metió la lengua y eso no lo esperaba. Yo esperaba algo más dulce y tierno. ¿Será que estoy anticuada? Nunca me habían besado de esa forma. No es que fuese muy agradable, pero bueno. Estamos muy bien, me hace sentir especial, la clack más bonita del mundo. Consigue que me sienta guapa con todas esas cosas que me dice. Estoy muy feliz. También he conocido a Gabi. Es un chico con el que me llevo muy bien. Podemos hablar de todo y es famobil, como yo. Lo extraño es que también me atrae...¿Es posible que me gusten dos chicos a la vez? No lo sé"

Agarró  un bombón de chocolate con vainilla de una caja que había comprado. Estaba hambrienta y esos bombones estaban deliciosos. 


Gabi llamó a la puerta de Demetria con nervios. Tenía que contarle todo lo que había escuchado. Estaba siendo engañada por Felipe y sus amigotes, que habían hecho una repugnante apuesta. No entendía que pudiesen existir gentuza así en el Playmundo. Debía advertirle, antes de que fuese demasiado tarde.

Demetria: ¡Voy!


Abrió la puerta y sonrió feliz al ver a Gabi.

Demetria: ¡Gabi! ¿Quieres pasar?
Gabi: Sí, gracias.


Demetria: ¿Quieres bombones?
Gabi: Tienen buena pinta, pero me quiero reservar para la cena.
Demetria: ¡Es verdad! He quedado con Felipe para cenar luego. Es mejor que deje los bombones para otro momento. Gabi, siento haberme ido así. Felipe tiró de mi y me vi arrastrada por su fuerza.
Gabi: No pasa nada...
Demetria: Te compensaré. Luego te invito a una copa en el bar.
Gabi: Acepto esa copa encantado.


Se sentaron en la cama para seguir hablando cómodamente.

Demetria: ¿Que te trae por mi camarote?
Gabi: Tengo que contarte algo, Demetria. No es algo bueno y me temo que te hará mucho daño.
Demetria: Me estás asustando, ¿qué ocurre?


Gabi: Se trata de Felipe. Estaba paseando por la isla cuando he escuchado hablar a sus amigotes. 
Demetria: ¿Y qué decían?
Gabi: Cosas horribles...sobre ti.
Demetria: ¿Sobre mi?
Gabi: No es necesario que te cuente exactamente lo que decían, pero créeme que no te gustaría.
Demetria: Pues vaya unos amigos tiene Felipe. No entiendo que tienen en mi contra...


Gabi: Felipe no es el click que crees que es.Ha apostado con sus amigos que se liaría contigo antes que uno de ellos con otra. Quién gane, se lleva 600 cleuros.
Demetria: Es broma, ¿no?


Gabi: No lo es, lo siento. Está jugando contigo y todo lo que hace y dice no es real. Tenía que avisarte antes de que te haga más daño.
Demetria: No puede ser...


Gabi: No creas nada de lo que diga y apártate de él.
Demetria: ¡No es posible!

Demetria se puso a llorar enfurecida. De nuevo, otro click había jugado con sus sentimientos para su propio beneficio. Había abierto su corazón dañado a Felipe y lo había destrozado todavía más. Enloqueció, tenía ganas de gritar y destrozar el camarote.

Gabi: Demetria, tranquila...
Demetria: ¡No me puedo tranquilizar! ¡Los clicks son todos unos cerdos!
Gabi: Tranquila...
Demetria: Vete, por favor.
Gabi: ¿Estás segura?
Demetria: ¡Vete, déjame sola!


Abrió la puerta del camarote y le pidió que se marchase.

Gabi: Lo siento...
Demetria: Necesito estar sola. Gabi...vete.


Cerró la puerta y Gabi la escuchó llorar. Se fue alejando cabizbajo. Se sentía culpable, estaba tan feliz y ahora estaba completamente destrozada. También necesitaba estar solo, así que se dirigió a su camarote para intentar tranquilizarse. 


Demetria lloraba sin parar. No era capaz de soportar otra traición así, justo cuando empezaba a creer en el amor. Se odiaba por haber confiado en Felipe y no hacer caso a su intuición, lo del beso, lo de la fotografía. Solamente deseaba llorar y estar sola, a ser posible para siempre.


Continuará...