martes, 19 de abril de 2016

Viaje de novios - Segunda parte

Por fin la suerte me sonreía. Después de haber sufrido durante meses un infierno, la vida era de color de rosa. En aquella habitación de hotel era inmensamente feliz. Deseaba disfrutar de aquella nueva vida desde el primer momento, así que me lancé sobre John y caímos en la cama. Sí, estaba dispuesta a hacer volar al click al que amaba. Como una buena aventurera, quería adentrarme en cada centímetro de piel de John y hacerle disfrutar.

Sabrina: Prepárate para disfrutar.
John: Estoy preparado. Haz conmigo lo que quieras.

¡Toc, toc, toc!


Sí, alguien interrumpió aquel tórrido momento. Abrí la puerta rabiosa, esperando encontrarme al botones exigiendo más muestras de cariño. 

Minerva: ¡Sorpresa!
Fran: Esperamos no interrumpir nada.
Sabrina: Lo cierto es que sí.
Minerva: Es que ya empiezan las actividades de baile del hotel. La monitora no está esperando. ¿No es fantástico? ¡Nos lo vamos a pasar muy bien!


Arrastrada por una corriente ilógica de estupidez, bajé a hacer el ridículo con ellos. John parecía entusiasmado, así que no rechisté. Sinceramente, habría preferido no salir de la habitación aquella mañana. Al llegar a la zona de baile, encontré de nuevo al chico surfista buenorro. Estaba sentado en su coche deportivo verde, observándome. Me ruboricé y aunque no quería mirarle, no pude evitarlo. Era extremadamente guapo.


Monitora: Es muy fácil, pronto me seguiréis el ritmo. Recordad, uno, dos, tres y cuatro, media vuelta. Esa es la base.
Minerva: ¡Entendido! Ayy, estoy deseando empezar.
John: Soy algo patoso, a ver que tal me sale. ¿Estás preparada, amor?
Sabrina: Sí...


Monitora: ¡Vengaa, todos con las manos arriba!
Minerva: ¡Yupi!
Sabrina: ¿Es necesario levantar las manos?
John: Venga, no seas perezosa.
Monitora: Vengaaa...

"Las manos hacia arriba,
las manos hacia abajo,
como los clicks gorilas,
¡uh,uh,uh,uh!
Todos caminamos"

Sabrina: ¡Esto es demasiado para mi!
John: ¡Jajajaja, venga Sabrina!


Sabrina: Qué vergüenza, John...
Minerva: ¡Soy una rumbeeraaaaaaa!
Fran: ¡Como los gorilas!
Monitora: ¡La de rojo, más garbo!
Sabrina: ¡Y un cuerno!


Monitora: Ahora viene el cambio, ¡todos juntos!

"Aserejé ja de je
de jebe tu de jebere
seibinoua majavi
an de bugui an de guididipí"

Estaba acalorada y muy avergonzada. Me percaté de que aquel chico me seguía mirando atentamente. Estaba haciendo el ridículo más grande de mi vida. Odiaba aquellas nauseabundas canciones y sus estúpidos bailes. ¿Que pensaría ese chico de mi?



Monitora: Venga, nos cogemos todos de las manos. 

"Agachate, y vuélvete a agachar,
que los agachaditos no saben bailar.
Hache, i, Jota, ka, ele,
elle, eme..."

Sabrina: ¡No lo soporto más!
John: ¡Sabrina!


Sabrina: No estoy dispuesta a seguir haciendo el ridículo. Te espero en el recibidor del hotel.
John: ¡No seas niña! ¡Que nos estamos divirtiendo!
Sabrina: Sí, como los niños de parvularios...


Sentí una punzada de culpabilidad al dejar a John bailando con aquella gente, pero aquella situación era superior a mi. Me quedé allí sentada, mirando la recepcionista de cara muy pintada. En el fondo esperaba que John me siguiese y así hacer otras cosas, pero no apareció. 


El chico guaperas entró en recepción y me puse a sudar. ¡Sentía muchísima atracción! Era un dios griego, un ser sobrenatural. Disimulé mirando al techo pero me saludó.

Buenorro: Che, ¿vos estás de vacaciones aquí?
Sabrina: ¿Me hablas a mi?
Buenorro: Disculpa, me shamo Juan José. 
Sabrina: Yo me llamo Sabrina. Y sí, estoy de vacaciones aquí. Bueno, más bien de luna de miel.
Juan José: Eso está re bien, che. Sos una mina presiosa, ¿te gustaría coger conmigo? Con vos siento química.
Sabrina: ¿Coger el qué?
Juan José: Desde que te he visto, no me llega agua al tanque. Esto está muy plomo y sé que tu pibe no te ofrese lo que una dama como vos necesita. 
Sabrina: Piérdete...
Juan José: Te dejo mi tarjeta, y me shamas cuando quieras. Te estaré esperando, mina presiosa. 


Muchas de las cosas que me dijo no las entendí, pero estaba claro que quería algo más que palabras conmigo. Mi parte más loca saltó ilusionada y me sentí muy halagada, pero la parte razonable se indignó. No podía fallarle a John, y muchos menos en nuestra luna de miel.

Sabrina: ¡No pienso llamarte! ¡Descarado! ¡No sé que te habrás creído, pero yo no soy de esas!

Ya, ni yo me creí mis propias palabras...


Para evitar la fuerte tentación decidí subir a la habitación. Me tumbé e intenté relajarme. Juan José me había desestabilizado. John no tardó en llegar. Estaba sudado y sonriente. Al verme sentada en la cama con cara de pocos amigos (en realidad estaba teniendo una lucha interior contra las tentaciones), se echó a reír.

John: Te imaginaba tal y como estás. Lo que me he reído cuando te has ido.
Sabrina: Pues a mi no me hace la más mínima gracia...pensaba que te vendrías conmigo. 
John: Eres tú la que me has dejado plantado. Pobrecita, mi niña vergonzosa.
Sabrina: Es un baile ridículo. Y la pesada de Minerva gritando de felicidad como los tontos me ponía los nervios de punta.


Se tiró sobre mi. Estaba sudado, pero no me molestó lo más mínimo. Sonreía divertido. 

John: Nunca dejas de sorprenderme. Me encanta cuando te enfadas por tonterías.
Sabrina: ¿En serio?
John: Pero tengo que castigarte. Ya sabes, soy policía y tengo que cumplir con mis obligaciones.
Sabrina: ¿Estoy detenida?
John: Así es. Ahora aprenderás a respetar la ley...


Pasadas unas horas, decidimos ir a la playa. John estrenó su nuevo bañador. Tengo que reconocerlo, mi marido está que rompe. Estaba segura que sería la envidia de todas las clacks en la playa.

John: ¿Crees que me queda muy ajustado?
Sabrina: No cariño, te queda perfecto. Que se vea bien ese cuerpazo que tienes. Me apetece presumir de marido. Marido, suena raro, ¿eh?


John: Me gusta como suena. Después de pasar la tarde en la playa, te volveré a enseñar algunas normas importantes...ya sabes, para que aprendas a respetar la ley.
Sabrina: Estaré encantada...Oh no...
John: ¿Qué pasa?

Vi de reojo los plomez asomados por la ventana. Tenía ganas de gritarles por pesados e inoportunos. Me parecía el colmo que se asomaran por la ventana. Golpearon el cristal para que les abriésemos la puerta.

Sabrina: Otra vez los plomez...
John: Vamos, sé amable. Son muy simpáticos.
Minerva: ¡Holiii!
Fran: ¡Vamos a la playa!



Abrí la puerta desganada. El bañador de Minerva era precioso, a juego con sus ojos y le favorecía mucho. Fran lucía un bañador gris. Estaba musculoso y visto así, me pareció más atractivo.

Minerva: ¿Nos vamos a la playa? Dicen que estas aguas son cristalinas y las playas paradisíacas.
Fran: ¿Que os parece mi bañador? ¿A que estoy divino?
John: Venga, no perdamos más tiempo hablando.


Fuimos a la playa más famosa de la isla. No imaginaba que estaría tan concurrida, pero no me importó. El sol brillaba con fuerza y no hacía nada de frío. El ambiente era agradable y tranquilo.



John: Esto es fantástico.
Sabrina: ¡Sí! Que ganas tengo de tumbarme a tomar el sol y relajarme.



Fran: Yo creo que aquí estaremos bien.
Minerva: ¿Os gusta este sitio?
John: Sí, está bien. 


Extendimos nuestras toallas y nos sentamos. Minerva se sentó a mi lado y de nuevo comenzó a rayarme con su vida. Me estaba empezando a aburrir.

Minerva: ...y llevo dos semanas. Lo he dejado dicho, que volveré cuando regrese de la luna de miel. Las clases de cocina japonesa son muy divertidas. Aprendes a cocinar sano y con muy poco dinero. A mi Pichoncito le encanta. Cerca de casa tenemos un restaurante japonés buenísimo, aunque si aprendo a preparar más platos, iremos poco. También me gusta la comida italiana. Fui durante dos meses a clases de cocina italiana que impartía una vecina y aprendí mucho. Tengo un blog de cocina, ya te pasaré el enlace. ¡Ah! Suelo preparar bizcochos integrales con forma de corazón y de estrella. Siento un vínculo especial con las estrellas y corazones, no sé que me pasa, es como una conexión que...
John: Sabrina era vigilante de la playa.

Agradecí enormemente que John la hubiese interrumpido

Minerva: ¿En serio?
Sabrina: Sí, era la mejor. Ahora es que no me sale trabajo de eso, pero como yo ninguna.
Fran: Minerva fue campeona de natación en el equipo de la universidad.
Sabrina: ¿Sí?

Ahora la odiaba más. No me daba la gana que esa petarda fuese mejor que yo. Estaba desentrenada y era mentira, yo no era la mejor en mi trabajo, pero Minerva no podía ser mejor que yo.

Minerva: Sí, pero de eso hace ya mucho. Aunque esto es como montar en bicicleta, nunca se olvida. ¿Vamos al agua? ¡Hace mucho calor!


Fran: Sí, estoy asado.
Minerva: ¡El último en llegar es tonto!
John: Vamos, cariño.
Sabrina: Es que me apetecía tomar el sol un rato...


Minerva: ¡Esa vigilante de la playa! ¡Vamos!
John: Yo me quiero meter, el agua tiene que estar muy buena.


John se tiró de cabeza y pronto desapareció de mi vista. Me levanté y metí los pies en el agua. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. ¡Estaba helada! Hice un esfuerzo para que nadie notase el terror que me daba meterme en el agua.

Minerva: ¡Sí que aguanta bajo el agua!
Fran: ¡Que bárbaro! 

Toqué el agua con las manos y me mojé la nuca y las muñecas.Tenía que aprovechar que estaban distraídos para meterme poco a poco.


Llegué hasta John con dificultad. Con cada paso, mi cuerpo penetraba poco a poco en el agua. Tenía un frío horrible y me apetecía salir corriendo y tomar el sol. No quería parecer débil o inferior a Minerva, así que aguanté.

John: Está buena, ¿verdad?
Sabrina: SiIIiiIIiiIiIIÍ, eEeEeEEEeestá muy rica...
John: ¡Estás tiritando!
Sabrina: NOoooOOoOO, es de de la emoción...


Minerva: Pichoncito mío, te amo con toda mi alma. Esto es maravilloso.
Fran: Soy el click más afortunado del Playmundo.


Sabrina: Ay, algo me ha rozado...
John: Son peces. He visto algunos mientras buceaba.
Sabrina: ¿Peces? Espero que no sean tiburones ni nada de eso...


John: Ven aquí, princesita.

Me abrazó fuerte y entre sus musculosos brazos me sentí segura. En ese momento no se me ocurría ningún lugar más seguro que aquel. 

Sabrina: Contigo estoy a salvo. Eres mi héroe. 
John: Por mucho que me hagas la pelota, no te lo librarás de tu castigo...
Sabrina: No es peloteo, tonto.


Minerva: Sabrina, ¿ves aquella roca de allá? Te reto a una carrera. A ver cual de las dos llega antes. Así sabremos quién está más en forma. ¿Te animas o crees que ya estás demasiado oxidada?
Sabrina: ¿Yo, oxidada? ¡Acepto!
John: ¿Estás segura?
Sabrina: Segurísima. 


John: Somos afortunados, Fran.
Fran: Sí, menudas dos clacks tenemos como esposas. Aunque te advierto que ganará Minerva. Ella sigue estando en forma.
John: Sabrina también lo está. Ya veremos quién gana esta carrera. 


Empecé con muchísimas fuerzas a nadar. Me sentía muy fuerte e invencible. Mienerva me aventajaba un poco, pero estaba segura que pronto la adelantaría. Pronto empecé a sentir el cansancio golpeando todos mis músculos. Bajé el ritmo y Minerva me sacaba más ventaja.


"¡No puede ganarme!" pensaba enfurecida. Aquella furia me dio fuerzas para alcanzar a Minerva. Sabía que pronto desfallecería, no podía seguir su ritmo. Sin duda, estaba más en forma. Lo sé, quizás no debería haberme comportado así, pero quería ganar a toda costa. Agarré la parte superior del bañador de Minerva y tiré con fuerza del lazo. El bañador se desató y se perdió entre las olas. Seguidamente en un impulso, le tiré del pelo con fuerza y ella gritó sorprendida. 


Sabrina: ¡Cuidado que hay pulpos! 
Minerva: ¡Ahhhhh!


Tragó un poco de agua y tosió. Sus pechos quedaron al descubierto (confirmé mis sospechas, aunque los mío son más pequeños, son mucho más bonitos que los suyos). Seguí nadando aunque con menos fuerza. Ella ya no me seguía y tenía vía libre para llegar a mi ritmo. 

Minerva: ¡Mi bañador! 


La esperé en la roca triunfante. Ella nadó hasta mi visiblemente enfadada.

Sabrina: ¡He ganado! Quién es la mejor, ¿eh? Creo que estás algo oxidada, bonita.
Minerva: ¿Me has tirado del pelo?
Sabrina: ¿A ti también te ha tirado del pelo? Había un pulpo furioso que nos estaba atacando.
Minerva: Joo, y he perdido el bañador...
Sabrina: Bah, no pierdes nada. Entre nosotras, era muy feo y no te favorecía nada. Yo creo que tu color es el marrón o el gris.


Salimos del agua y no tumbamos los cuatro en las toallas. Minerva se había creído lo del pulpo, o al menos eso me parecía a mi. John y yo estábamos tumbados boca arriba. Nos miramos y hablamos en voz baja.

John: Has estado espectacular.
Sabrina: Gracias.
John: Aunque la próxima vez, intenta ganar sin hacer trampas. 
Sabrina: ¿Trampas?
John: Eso del pulpo no se lo creé ni un clickito de cinco años...¿Y le has desatado el bañador? 
Sabrina: Es que le quedaba muy mal.
John: Tramposa. Definitivamente, tendré que castigarte. Eres una niña muy mala.


John no parecía enfadado, aunque aquello me concienció de que debía tener más cuidado con mis trapicheos. 


Me incorporé para darme la vuelta y entonces lo vi. Juan José estaba allí, mirándome. Quise apartar la mirada de su escultural cuerpo, pero no pude. Esa atracción fatal que sentía por aquel desconocido me estaba volviendo loca. ¿Me estaba siguiendo o era simple casualidad? Lo cierto es que no había tirado su tarjeta a la basura y no sabía muy bien si sería capaz de hacerlo. La tentación aumentaba por momentos y estaba perdiendo la razón.



Continuará...

viernes, 15 de abril de 2016

Viaje de novios - Primera parte


No me lo podía creer. Me había casado con John. No había sido la boda de mis sueños, pues siempre me la imaginé por todo lo alto, pero no podía quejarme. Los pocos seres queridos que tengo acudieron a la boda y todo salió a pedir de boca. El único inconveniente fue la aparición repentina de mi padre. Ese señor al que odiaba me daría problemas si no me andaba con cuidado. Además, mi querida suegra no había acudido a la boda. Estaba en desacuerdo con la unión entre su hijo y yo. No me podría haber salido mejor. 


Al día siguiente de nuestro enlace, nos íbamos de luna de miel. Yo había metido todos mis vestidos y complementos, que no eran demasiados. John se apañaba con poca cosa. Me sorprendió que tuviese que ser yo la que se encargase de hacer las maletas. Pensaba que John al menos decidiría que ropa llevarse, pero todo me lo dejó a mi cargo. Eso me agobió un poco, pero hice de tripas corazón.

Mientras hacía las maletas, John jugaba con Walter. Los dos reían tumbados sobre la cama. He de reconocer que me emociono al verlos juntos. Miedo me da que John se entere de que Walter no es nuestro hijo. Nuestro bebé murió cuando di a luz...y lo enterraron en un lugar solitario y oscuro. Mejor no hablar de estas cosas que me desanimo.


Sabrina: Ay, no he metido corbatas en la maleta.
John: ¡Bah! No pienso ponerme corbata. En isla Fortuna hace mucho calor y la corbata me sobra. 
Sabrina: Ah, vale.
John: ¿Quién es mi campeón? Tú, mi pequeño Walter.


Me encantaba cuando John me idolatraba. Me hacía sentir única, la clack más especial del mundo. 

John: Estás preciosa, mi niña. No puedo creer que seas mi mujer.
Sabrina: Gracias, mi amor. Pues iré así, en plan elegante. ¿Tú irás en chándal? 
John: Sí, quiero estar cómodo. 


Llamaron a la puerta. Abrimos esperando encontrar a mi hermana. Habíamos quedado con ella para que cuidase a los perros y a Walter. Cual fue mi sorpresa cuando descubrí que se trataba de la madre de John. Pensaba que nos habíamos librado definitivamente de ella. Llevaba un enorme regalo y cara de cordero degollado. "Viene a fastidiarme el viaje de novios" pensé. Miré la caja con recelo. "No me extrañaría que fuese una bomba".

John: ¡Mamá!

Cloti: Siento importunaros precisamente hoy, pero necesito hablar con vosotros.

Se puso a llorar y no sentí la menor lástima. "Está fingiendo, a mi no me engaña".

John: Por favor, pasa.

Me dio un poco de rabia la actitud de John. No había contado con mi opinión para dejarle entrar en casa.

Sabrina: Si, pasa...


Cloti: Siento no haber acudido a la boda...fui una estúpida. Me daba miedo perderte, hijo mío. Aunque sé que ahora Sabrina está reinsertada en la sociedad...entiende que me preocupase por tu felicidad. Ahora comprendo que no me comporté bien...y que fue un gran error no estar en el día de tu boda...lo siento.
John: Mamá...no pasa nada. Me habría gustado tenerte a mi lado ese día, pero ahora estás aquí, es lo que importa.
Sabrina: Sí...es lo que importa...


Cloti: Oh, no quiero robaros mucho tiempo. Por favor, aceptad este regalito. No es mucho, pero os lo hago con todo el amor del mundo.

Me aparté un poco cuando John abrió la caja. En su interior había un sobre y una carta. John se puso a leer en voz alta.

John: "John, te quiero más que a nada en este mundo. Significas todo para mi y tu felicidad es mi prioridad. Espero que puedas perdonar mi ausencia en el día de tu boda, no he sabido estar a la altura. Sabrina, hemos empezado nuestra relación con mal pie, pero quiero que eso cambie. A partir de ahora serás una hija para mi si tú quieres. Además, Walter se merece una abuela y quiero estar presente en su vida. Aceptad mis disculpas y este regalo de bodas para daros un capricho. Son mil cleuros, ahorrados con mucho esfuerzo. Os quiero". 
John: Mamá, son muchos cleuros....
Cloti: Son vuestros. Es lo menos que puedo hacer por vosotros.


John: ¡Mamá!

Se abrazó a su madre con los ojos llorosos. Yo observaba la escena fascinada. Esa bruja sabía que teclas tocar para enternecer a su hijo.

Cloti: Te quiero, hijo mío.


Me acerqué a ella para abrazarla, suponía que era eso lo que se esperaba de mi. Saqué mi faceta de actriz y sonreí con gran esfuerzo.

Sabrina: Muchas gracias, Clotilde. Ese dinero nos vendrá de perlas.
Cloti: Aunque...hay algo que me gustaría pediros. 
John: Dime, mamá.

"Ajá, sabía que había truco", pensé enfurecida. No me fiaba de ella lo más mínimo.

Cloti: Siempre he deseado ser abuela. Ahora que tengo la oportunidad, que os he pedido perdón...os ruego que me dejéis cuidar de Walter estos días. Quizás no os fiéis de mi, después de lo mal que me he portado...Cuidaría de él, os lo prometo. Aunque comprendo que no os guste la idea...

John me miró suplicando. Descubrí que su discurso me había afectado. Quizás aquella mujer orgullosa con la que había chocado tantas veces, mereciese una segunda oportunidad. Sabía que Walter estaría muy bien con ella y que Donna comprendería que su abuela tenía preferencia.


Sabrina: Por supuesto. Será para nosotros un placer que cuide de Walter estos días.
Cloti: ¿De verdad? ¡Oh, muchas gracias!


Agarró a Walter y lo acunó en sus brazos. John parecía estallar de felicidad y para que os voy a engañar, yo también estaba emocionada con la escena.

Cloti: Mi niño, ya verás lo bien que lo vamos a pasar. Será chupi guay del paraguay.


Donna: ¡Hola! ¿Se puede?
Rita: ¡Guau guau guau!
Rex: ¡Guuauuu!
Elvis: Grrpuf.


Sabrina: ¡Hermanita!
Donna: ¡Sabri! ¡Pero que guapa estás!
Sabrina: Muchas gracias. Tengo muchas ganas de largarme. Estos días nos vendrán muy bien.
Donna: No te preocupes por Walter y los perros, estarán bien conmigo. 


Sabrina: Ay, sobre eso tenemos que hablar. Finalmente Walter se quedará con Clotilde.

Conocía a mi hermana lo suficiente para saber que la noticia le había desanimado. Le hacía ilusión cuidar de su sobrino. Al ver a Cloti y caer en la cuenta que habíamos hecho las paces, se le pasó el disgusto.

Cloti: Espero no te importe, Donna. Si quieres iremos a verte o puedes venir a casa para verlo.
Donna: Al contrario, me alegra por vosotros. Sí, me pasaré a ver al pequeñajo. Bueno, me llevo a los perritos que tengo a alguien que me está esperando fuera.


Cuando salimos, vi a Boby esperando apoyado en un árbol. A mi me caía mal. No me gustaba para mi hermana. Primero por su aspecto físico, gordo y con esa ropa tan basta y segundo por su actitud tan autoritaria en el pantano (es el guarda del pantano). 

Donna: Es que he venido con Boby. No quería entrar, es muy vergonzoso y le daba cosa molestar. Es tan mono.
Sabrina: Sí, es como un mono...¿Te gusta?


Donna: Ay hermanita, me gusta mucho. Creo que nunca he sentido nada igual por otro click. 
Sabrina: Está gordo...
Donna: ¿Y? No me seas superficial. Además, eso a mi me da igual. Me atrae, me parece atractivo y esos kilitos le sientan de maravilla.
Sabrina: Para gustos, colores...


Donna: Boby, te presento a mi hermana.
Boby: La conozco. Nos hemos visto en el pantano alguna vez. Es un placer saludarte, Sabrina. Enhorabuena, me ha dicho Donna que te has casado.
Sabrina: Así es, muchas gracias. Boby...

Me acerqué a su oído y le susurré suavemente...

Sabrina: Como le hagas daño a mi hermana te mando de una patada al pantano. ¿Lo has entendido?
Boby: Si, por supuesto...puedes estar tranquila.
Sabrina: Ha sido un placer saludarte. Cuida de mi hermanita. 
Boby: Lo haré, descuida. 


Mi hermana y Boby se marcharon con los perros. Mi hermana sonreía radiante y parecía feliz, por lo que Boby me empezó a caer mejor. Además, era verdad que tenía un sex-appeal especial. 


Finalmente me despedí de mi Walter. Aquello me rompía el alma. Era la primera vez que me separaría de él desde que me hice cargo. Le di un dulce beso y lo abracé. 


Cloti se marchó empujando el carrito. Mientras se alejaban, escuchamos como susurraba algo a Walter, pero no logramos entender sus palabras.

Cloti: Nos vamos directos a la clínica, pequeño. Con una prueba de ADN sabremos si eres mi nieto o es otra falsa de esa p...de tu madre. 


Mientras nos alejamos de nuestro hogar dirección al aeropuerto, tuve la sensación de que alguien nos espiaba. No quería que nada interrumpiese mi felicidad, así que no hice caso.


Dakota: Aquí es dónde vives, pequeña mentirosa. Buena choza. Mi Walter vive por todo lo alto, eso lo tengo que reconocer. Es hora de sacar tajada de todo esto. Estoy tiesa y necesito pasta gansa. 



Después de coger un avión y aterrizar en isla Fortuna, un autocar del hotel nos recogió en el aeropuerto junto a otros huéspedes. La experiencia me pareció maravillosa. Nunca había viajado en esas condiciones. John estuvo todo el tiempo pendiente de mi. Estaba viviendo un sueño. Cuando llegamos al hotel, los ojos se me abrieron como platos. Era un lugar paradisíaco con playas de aguas cristalinas. El hotel era precioso y con un servicio excelente. 

Sabrina: ¡Es impresionante! Yo he nacido para vivir así.
John: Te gusta, ¿verdad? Lo vamos a pasar muy bien. 



Un botones se encargó de las maletas. Eso me gustó, no tenía que hacer el más mínimo esfuerzo. Las subía a un carrito para transportarlas. 

Sabrina: ¡Esto es divino!


No podía creer que me fuese a hospedar en un hotel tan bonito. Salté emocionada y John me abrazaba entusiasmado al verme tan feliz. Un pareja se puso a nuestro lado y también parecía estar muy contenta. Por lo que vi, también estaban de luna de miel.

Sabrina: John, es precioso.
Minerva: ¡Mira Pichoncito!Es más bonito que en las fotos.
Fran: Lo sé, lucero mío. Ponte, que te hago una foto.


Sabrina: Uy, ¿que hace esa gente?
John: Son actividades que organiza el hotel. Ahora se ve que la monitora les está enseñando a bailar.
Sabrina: Ahhh...
John: Vamos a verlo más de cerca.


La monitora se movía con gran agilidad mientras que los niños lo hacían todo lo bien que podían.

"Dale a tu cuerpo alegría Macarena
que tu cuerpo es pa´darle alegría y cosa buena
dale a tu cuerpo alegría Macarena
eeeeh Macarena...aaahe!"

Sentí unas profundas ganas de potar ahí mismo. No podía sentir más repulsión por esa desagradable canción y sus autores.

Sabrina: Odio esa canción.
John: A mi me hace reír. ¡Jajajaja! Mira que el baile es ridículo.


Pronto perdí el interés. Un chico de unos veintipocos me observaba apoyado en el que parecía su coche. Era tremendamente guapo. Su piel estaba bronceada por el sol y lucía un bañador y una camiseta ajustada que marcaba todos sus increíbles músculos. Su pelo era rubio y largo y su sonrisa como en un anuncio de dentífrico.  No podía verle los ojos ya que tenía unas enormes gafas de sol oscuras que lo hacían todavía más interesante. Creí que me derretiría ahí mismo.

Sabrina: Wooow...

"Macarena sueña con el Corte Click
y se compra los modelos más modernos
le gustaría vivir en Nueva York
y ligarse un novio nuevo
aaehh!!"

John: Sí, lo hacen muy bien.
Sabrina: Impresionante...
John: Al final te gusta, ¿eh?

El chico me mandó un beso con sus carnosos labios y entonces reaccioné. Me giré de nuevo hacia el ridículo espectáculo y disimulé mi desagrado.

Sabrina: Sí, es genial...


Las playas eran maravillosas y las vistas impactantes. Sin duda aquello era un paraíso y deseaba quedarme a vivir allí para siempre.


Finalmente fuimos al hotel para que nos diesen la llave o tarjeta de la habitación. Cuando nos tocó, la recepcionista nos saludó con alegría. Era guapa, he de reconocerlo, pero...iba más pintada que una puerta. Mientras John se encargaba de dar los datos y de preguntar los horarios de las comidas y todas esas cosas, fui a ver un poco por encima las instalaciones.



Minerva: ¡Mira que postales tan bonitas, Pichoncito! Una para mi hermana, otra para mi hermano, otra para mis padres, otra para los tuyos, para los primos...

Pasé por la cocina y me rugieron las tripas. Tenía hambre. Las cocinera, una clack con rasgos asiáticos, estaba preparando unas hamburguesas y unas patatas fritas. Lo bueno de aquel hotel era que podías pedir que te preparasen lo que más te apeteciese. El comedor era amplio y muy limpio. Disponía de un gran bufete con deliciosos manjares.




Cuando regresé a recepción, John hablaba con esa pareja de recién casados que daba tanto la nota. Cuando me vio llegar, me los presentó.

John: Sabri, estos son Minerva y Fran. También están de luna de miel y justamente son de Wensuland.
Minerva: Bueno, vivo en Wensuland pero soy de Clisandia.

"Igual que Duclack" pensé. Eso me irritó todavía más. Minerva es una clack muy bella, extremadamente bella. Le hice la cruz en el acto.

Sabrina: Hola.
Fran: Hola, Sabrina. Nosotros queremos ir de excursión a la montaña de San Clackorino. Allí arriba dicen que las vistas son espectaculares y que el espíritu se renueva. 
Minerva: Iremos a la playa, al museo...¡Ah! Y a hacer actividades que el hotel prepara a los clientes.  Oye, ¡podríamos hacerlo todo juntos!
Sabrina: Pues es...


John: Muy buena idea. Así será más divertido.
Minerva: Oh, es una suerte haber coincidido con una pareja tan simpática como vosotros.
Sabrina: Bueno, nos vamos a la habitación.
Fran: Nosotros también.


Los plómez, así los bauticé. Eran unos auténticos pesados. No deseaba hacer ninguna de esas actividades. Mi plan ideal era descansar, ir a la playa y pasear, pero John y yo solos. Minerva se acercó a mi como si nos conociésemos de toda la vida. Fui seca y poco comunicativa, pero ella hablaba hasta por los codos contándome cosas que no me interesaban sobre su vida.

Minerva: ...y entonces la habitación más pequeña es ahora un despacho precioso para Pichoncito. Mi madre, que es una maniática del orden nos ayudó con la distribución de los muebles. Yo buscaba algo más bohemio, pero mi madre quería algo práctico. Fran se desentendió, dice que esto es cosa de mujeres. Yo creo que no, pero prefiero no discutir.

Deseaba deshacerme de ellos cuanto antes. Estaba a punto de estallar.


John: Es una preciosidad de cámara.
Fran: Es una máquina muy buena. La compré en oferta por Internet y no me arrepiento. 500 cleuros, pero bien invertidos. Tiene 25 megapíxeles, zoom óptico...


Cuando por fin los plómez se marcharon, el botones dejó las maletas en nuestra habitación. Me sonrió y se quedó ahí plantado, como esperando algo. Caí en la cuenta que me había mirado de una forma especial desde que bajé del bus. Era un chico guapo así que no lo quise disgustar.


Sabrina: Está bien, pero no te acostumbres.

Le guiñé un ojo y le mandé un besito. Le impresioné tanto que no supo reaccionar, no le culpo. Cerré la puerta antes de que se abalanzase sobre mi.


Me asomé al balcón y observé las maravillosas vistas. El aire era puro, revitalizaba los pulmones y la brisa del mar acariciaba mi piel. John me abrazó y juntos disfrutemos de aquel mágico momento. No podíamos ser más felices.


Continuará...