martes, 24 de septiembre de 2013

Venganza en el pantano: Capítulo 6

Capítulo 6

Después de andar muchos kilómetros, decidieron descansar. Diamante se encontraba bien, pero no estaba en perfectas condiciones, así que pararon un momento. Ben se aseguró de que nadie les hubiese visto y se sentó junto a Wenda. Su mirada reflejaba la preocupación y la tristeza que sentía.



Ben: ¿Estás bien?
Wenda: ¿Bien? Nuestros hijos, mis nietos, mis amigos… todos están en peligro. Temo por la vida de Dante y Suselle, son muy pequeños.
Ben: Yo también. No debes preocuparte, los vamos a rescatar. Te lo prometo.
Wenda: Dime, ¿sabes algo de tu ex novia?
Ben: ¿Hafida? No… se llevó una gran decepción cuando la dejé por ti…
Wenda: Ben, lo siento. Yo es que, no es que… comprende que…no sé cómo explicarme. Yo tengo mie...
Ben: Lo sé, ya no quieres saber nada de mí. Debería hablar con Hafida… quizás me perdone y podamos volver.
Wenda: Ahhh, pues tu mismo. ¿Volverías otra vez con ella? ¿No crees que ya a sufrido demasiado por tu culpa?

Ben:  Al menos le debo una explicación… ella lo dejó todo por mí. Tengo que ir a visitarle cuando termine toda esta locura y pedirle perdón. Quizás me perdone y tenga una nueva oportunidad con ella. 





Wenda se levantó indignada. Es cierto, le había dicho que no quería volver con él… pero en el fondo esperaba que la conquistase, que insistiera. Se sentía culpable por no haber aceptado, por ser tan distante y no confesar sus miedos. Fue a ver cómo se encontraba Diamante.

Diamante: Estoy bien, no te preocupes.
Duclón: Te sigue doliendo la cabeza, ¿no es cierto?
Diamante: Sí…
Wenda: Descansaremos un poco más, lo necesitas.



Hércules miró a Estrella. El sol iluminaba su pelo y su rostro. Decidió sentarse junto a ella.

Hércules: ¿Cómo estás?
Estrella: Estar aquí es ya un éxito para mi. Pensaba que no volvería a pisar este lugar. Gracias a ti he conseguido superar mis miedos… ahora mismo sería otra de las rehenes de Pinkhead y Fune.
Hércules: El mérito es tuyo.
Estrella: No sé como agradecer te todo lo que estás haciendo por mi…tu preocupación.
Hércules: Me gusta ayudar a las mujeres hermosas.



Duclón: He encontrado un túnel que atraviesa la montaña. Si avanzamos por ahí ganaremos tiempo y no seremos vistos.
Ben: ¡Excelente! Vamos, no perdamos más tiempo.



Los hombres de Eduardo Cortés estaban buscando a Lara. Tenían que encontrarla y acabar con ella si querían cobrar. Lara era una clack muy lista y no estaba siendo fácil dar con ella.

Pallá: Esa mujer no aparece, Rott. ¿Qué hacemos?
Rott: ¡Seguir buscando, inútil!


Lara fue en busca de su moto y con ella, se enfrentó a ellos. Les pilló por sorpresa. A uno de ellos le golpeó con fuerza con la moto y lo dejó inconsciente.

Bestia: ¡Ahhh!
Lara: ¡Uno menos!


Fue a por el cabecilla, Rott. Se lanzó sobre él y cayeron al suelo. Rott llevaba un machete e intentaba alcanzar a Lara con su afilada arma con todas sus fuerzas.






Rott: ¡No te resistas más! ¡Necesito la pasta!
Lara: ¡Te has equivocado de clack!



Al revolcarse por el suelo llegaron al borde del precipicio y Rott se cayó. Consiguió clavar su arma en un sobresaliente antes de caer. Lara observaba desde arriba.

Rott: ¡Maldita! ¡Esto no quedará así!
Lara: Acepta un consejo, guarda tus fuerzas… las necesitarás.
Rott: ¡Grrrr!





Cuando Lara se puso en pie, apareció otro de los hombres de Eduardo. Le apuntaba con las pistolas que le había robado.

Pallá: ¡Sorpresa! No te muevas, guapita.

Lara: 


Wen conducía el camión siguiendo la ruta que John le marcaba. No podía evitar recordar lo sucedido el año anterior. Temía por su familia y amigos…y por Estrella. John le ordenó que detuviese el camión y eso le sacó de sus pensamientos.




John: ¡Ahí hay algo!



Bajó del camión y se dirigió hacia dónde había visto el objeto. Wen le siguió y pronto Rose y Mercedes salieron a ver que ocurría.

John: Es una bicicleta…
Wen: Puede que sea la bicicleta de Junior… el hijo de PD.
John: Estamos cerca… lo presiento.


Mientras, Lara mantenía sus brazos en alto. Pallá le apuntaba con sus pistolas. Odiaba que le robasen sus armas. Ella las cuidaba y limpiaba continuamente para que funcionasen correctamente y era extremadamente cuidadosa al apuntar con ellas. Ver como ese delincuente le apuntaba le enfurecía muchísimo.

Lara: Devuélveme mis pistolas y te perdonaré la vida.
Pallá: Ni lo sueñes, guapita.



El delincuente miró hacia abajo para comprobar si su jefe seguía agarrado…

Pallá: Rott, ¿Qué hago ahora?
Rott: ¡No te despistes tonto el haba!


Lara le quitó fácilmente las pistolas y Pallá perdió el equilibrio. Mientras caía por el precipicio, consiguió agarrarse a Rott y evitó una muerte segura.

Rott: ¡Tonto el haba!
Pallá: Por lo menos no está solo, jefe. Ahora nos haremos compañía.
Rott: ¡Grrr! ¡CALLA!





Lara: Me quedaría para hacerles compañía, pero no quiero molestar. Se os ve muy acaramelados… y no quiero interrumpir.
Rott: ¡Maldita sea!
Pallá: Rott, podríamos aprovechar y contar experiencias. Le contaré una de cuando era pequeño. Recuerdo que me hacía pis en la cama, mi madre me ponía unos pañales que…
Rott: ¡Ahhhhh!

Lara se montó en su moto y fue en busca de Eduardo Cortés a toda velocidad. Debía encontrarle antes de que muriesen inocentes e invocase el poder de Hatima.



Lejos de allí…

Uma estaba harta de escuchar las protestas de Sabrina. Había sido fácil convencer a Pinhead y Fune para que secuestraran a Sabrina y todos los familiares de Ernesto, de esa forma ellos se vengaban y ella también. No sabía dónde estaba Ernesto y algunos de sus familiares, pero ya se ocuparía de ellos llegado el momento. Tenía ya unos cuantos clicks para sacrificarlos como ofrenda a Hatima. Esperaba la llegada de Eduardo Cortés y sus hombres. Se suponía que una mujer que habían contratado encontraría al dios y después la matarían para no dejar cabos sueltos.
Con la ayuda de Eduardo, consiguió escapar del furgón policial cuando la trasladaban para el juicio. Le debía unos cuantos favores y esa fue una buena ocasión para compensarle. Una vez libre, Eduardo le habló de Hatima. Fune se interesó y quiso colaborar. Podría vengarse de Ernesto y su familia y de paso participar en algo que cambiaría el mundo.




Sabrina: ¡No puedes asesinar a toda esa gente! ¿Estás loca?
Uma: No considero que su muerte sea un asesinato. Es cierto, saciaré mi sed de venganza pero con su sacrificio Hatima otorgará sus poderes sobre su elegido.
Sabrina: Has perdido la cabeza…
Fune: Mira quien habla. Calla o volveré a cortarte esa bonita melena rubia que tienes.


Duque: ¡Sacarnos de aquí!
Pinhead: ¡Silencio! De aquí no sale nadie.



PD Junior: ¡Mamá, papá! ¡Buaaaa!
Lilu: No llores, cari. No te pasará nada.
Duclack: Pinhead, piensa bien lo que estás haciendo. Estás a las órdenes de esa mujer loca, ¡es peligrosa! Antes de que sea demasiado tarde, ayúdanos… se que en el fondo tienes que tener corazón.
Pinhead: Ni lo sueñes, preciosa. Cuando te vi en el hotel con tu amiguita supe que tenías que pagar por tu traición. Fune y yo fugitivos y tú viviendo la vida sin preocupaciones.



Willy: Alexia… siento no poder sacarte de aquí…
Alexia: Willy, eres muy valiente y lo has demostrado. No debes preocuparte, saldremos de aquí.
Willy: ¿Cómo?
Alexia: No lo sé…


Uma: ¡Pronto el poder de Hatima se desatará! ¡El Playmundo ya no será el mismo y todos aquellos que me han hecho daño sufrirán mi ira! ¡Que tiemble todo el mundo!




En otro lugar del pantano...

Desconocida: Se que deben estar por aquí. No pienso detenerme por nada del mundo. Han pasado ya demasiados años...


Desconocida: ¡Virgen de mi corazón, dame fuerzas para llegar! Tengo que volver a verle... aunque sea por última vez....


Continuará...

jueves, 19 de septiembre de 2013

La guerra de SAM: Capítulo 2 - No eres el mismo


Anna y Michael llegaron a casa. Anna estaba muy nerviosa. Habían conseguido salir del museo sin que se percatasen de que se llevaban la vara. Ella nunca había robado nada, pero Michael no tenía reparos en según que cosas. Tenía miedo. Si descubrían que se habían llevado la vara, podrían ir a la cárcel. Durante el trayecto a casa, imaginaba que los estaban persiguiendo y hasta que no cerraron la puerta de casa no se quedó tranquila.
Por otra parte, Michael no parecía estar nada preocupado. Hablaba poco y su mirada era fría y tenebrosa. Parecía estar en shock.
Negrita les estaba esperando en casa. Era una gata negra que adoptaron cuando se la encontraron en la calle abandonada.

Anna: Hola, Negrita.
Negrita: ¡Miaooo!




Ana: Michael, déjame la bara.
Michael: ¡No!
Anna: ¡Michael! Me has metido  en este lío y ahora no me dejas coger esa vara, ¿Qué te ocurre?
Michael: Es solo mía.



Anna: Vamos, negrita. ¿Tienes hambre?


Michael se acercó a la televisión. Tocó uno de sus botones y se encendió.

Michael: ¡¿Qué tipo de magia es esta?! Hay una mujer en esta ventana… ¿Quién es usted? Exijo que se identifique.
Anna: Me parto. Ahora vas de gracioso, ¿no?



Anna se sentó en el sofá junto a Michael. Negrita se tumbó en las piernas de Anna pero parecía estar inquieta.


Anna: ¿Qué te ocurre, Negrita?
Michael: ¿Quién es esa mujer?
Anna: ¿La presentadora? Mercedes Clická, ¿Por qué lo preguntas?
Michael: ¿Qué hace ahí dentro?
Anna: Pues es su programa de actualidad, lo presenta desde hace ya unos años. Michael, para ya. En serio, me estás asustando… ¿Qué te ocurre en los ojos? ¿Estás bien?
Michael: No me ocurre nada.



Anna se levantó y cogió su móvil. Negrita estaba muy nerviosa. Parecía estar a punto de saltar sobre él y atacarle.


Negrita: ¡Miaaoooo!
Anna: ¡Negrita!
Michael: Me está poniendo nervioso. Llévate a ese gato.
Anna: Voy a llamar al médico, te ocurre algo. Tienes los ojos… distintos. Michael, ¿no te duele nada?



Michael: Estoy perfectamente, mujer. Yo diría que mejor que nunca.

Anna: ¿Mujer? Llamaré al médico, me quedaré más tranquila. A lo mejor te ha caído algo de polvo en los ojos y estás intoxicado… ese lugar llevaba cerrado muchos años.
Michael: No es necesario, solo necesito ponerme al día. Deja de preocuparte.
Anna: Michael, estás muy raro…

Michael se levantó y la abrazó…

Michael: No tienes que preocuparte por nada. Créeme, estoy bien. Ahora deja que mire por esa ventana...necesito saber que ocurre en el Playmundo.



Llegó la noche y Anna ya se preparaba para ir a la cama. Michael no había hecho otra cosa que mirar la televisión. Observaba con atención cada una de las noticias. Los políticos, las costumbres, la fecha actual, las películas, anuncios,… todo le parecía interesante.


Anna: Michael, ¿no vienes a la cama? ¿Desde cuando te interesa la política? ¿Michael? ¡Michael! Está bien, si me ignoras es tu problema..No sé que te pasa conmigo… ¿Michael? Buenas noches…



A la mañana siguiente, Anna se despertó y Michael no estaba en la cama. Se levantó y fue a ver si se había quedado dormido en el sofá. Pensaba que estaría enfadado con ella, pero no entendía cual podría ser la razón. Cual fue su sorpresa cuando vio que Michael seguía viendo la televisión.


Anna: ¡Michael! ¿Has dormido ahí? ¿Michael? ¡Michael!



Por fin apartó la mirada de la televisión y la fijó en ella.





Anna: Dime que te ocurre, ¿qué es lo que te he hecho? Siempre hemos hablado las cosas y no me gusta que me trates de esa forma. ¿Qué te ocurre?
Michael: Quiero seguir viendo esto, no me interrumpas.
Anna: Michael… vamos, no podemos seguir así. Desde que salimos del museo estás muy raro. No sueltas esa vara, no me hablas, pareces enfadado… y tus ojos están como irritados. Estoy preocupada…

Michael: Te preocupas en exceso, mujer. Deseo seguir viendo la televisión.
Anna: No te entiendo…




Desayunó y se arregló para ir a la universidad.  Negrita apareció corriendo. Quería irse con ella.

Anna: Negrita, no puedes venir conmigo. Michael, estás asustando a Negrita con esa actitud, tú mismo. ¿Michael? ¡Pues me voy! Adiós, Negrita. Luego nos vemos, cariño.



Fue a la universidad, quedó con una amiga y luego cenó algo en un ClickDonalds. No tenía ganas de regresar a casa, pero finalmente reunió fuerzas. Al entrar, encontró a Michael viendo la tele pero tenía el pelo blanco y más largo. La mesita estaba llena de botellas vacías y restos de comida.


Anna: ¿¡Que te has hecho en el pelo!? Michael, ¿es una peluca?
Michael: Tengo hambre, mujer.
Anna: ¡No me hables de esa forma! Michael, ¿Qué te pasa? Eso… ¿es una peluca?
Michael: El sonido de tu voz me altera mucho.




Se acercó hasta él e intentó serenarse…


Anna: Cariño, me estás asustando mucho… por favor, para ya. Si esto es una broma no tiene gracia…Si sigues tratándome así...me iré de casa hasta que recapacites. 
Michael: Sigues preocupándote. No me gusta repetir las cosas, estoy bien.
Anna: ¿Y esta peluca? Tus ojos siguen irritados…y me hablas de una forma...no eres el mismo.
Michael:  Tengo hambre.


Cogió su móvil y llamó al mejor amigo de Michael, Steve.


Steve: Anna… hola. Nunca me habías llamado. ¿Cómo estás?
Anna: Steve, necesito que vengas a casa inmediatamente.
Steve: ¿Qué pasa?
Anna: Michael está muy raro… no sé si está perdiendo la cabeza o está enfadado conmigo pero…

Se puso a llorar y no pudo seguir hablando.

Steve: ¿Ana? No llores, por favor. ¿Tan mal estáis?
Anna: Steve… necesito que hables con él. Eres su mejor amigo y a lo mejor le haces entrar en razón…
Steve: Me llevo un par de birras y me presento allí en media hora.
Anna: Gracias, Steve. No tardes, por favor.


Anna: ¡Negrita! ¡Nenita! ¿Negrita? ¿Dónde se habrá metido?


Negrita siempre acudía cuando llegaba a casa, por lo que le extrañó su ausencia.

Anna: ¡Negritaa!

Fue a preguntarle a Michael pero la ignoró otra vez.  Buscó por todas partes, pero parecía que se la había tragado la tierra.



Steve cumplió con su palabra. Pasada media hora, se presentó en su casa. Llevaba consigo dos cervezas. Entró sonriente y bromeando.


Anna: Hola Steve, gracias por venir.
Steve: ¡Hola preciosa! Ey, ¿Qué pasa tío? Traigo dos birras, de las buenas. Son negras, como a ti te gustan.


Michael seguía mirando la televisión, sin prestar la mínima atención a su amigo del alma.


Steve: Tío, ¿y esas pintas? ¡Pareces mi abuelo!
Michael: El mando a distancia es un gran invento, parece magia. Es un motivo de discusión en algunos matrimonios. 
Steve: ¿Qué? Anna, ¿nos podrías dejar unas horitas a solas? Mi colega y yo necesitamos hablar de nuestras cosas.
Anna: Me parece bien. Si ves a Negrita, por favor envíame un whattclack. Estoy preocupada…
Steve: ¿No está?
Anna: No la encuentro...
Steve: No te preocupes, si aparece te lo haré saber.
Anna: Me voy al cine, así me distraigo un poco. Hasta luego.
Steve: Hasta luego, guapa. No te preocupes, hablaré con él. La verdad es que está muy raro...
Anna: Ojalá descubras que le ocurre. Hasta luego.
Steve: Adiós. Ey colega, ¿que te pasa?




 Continuará...