jueves, 8 de mayo de 2025

Historias cortas - Capítulo 05: Libros y animales en la tele

Adolfina estaba sentada en el sofá de la salita de estar junto a su nueva compañera de trabajo, Svetlana. Una chica rusa, despampanante. De gran belleza, pelo rubio muy largo y ojos azules. Sus la había contratado para que ayudase a Adolfina con los niños y las tareas de la casa. Con Bosco, Pandy y Puchi, las labores se habían multiplicado.

Adolfina: Ya verás lo bien que estarás aquí. Los señores son muy agradables.
Svetlana: Yo contenta estar. Esta parese una tranquila sasa.
Adolfina: Espera a que vengan Dante, Suselle, Pradito y sus amigotes. Esto se convierte en un campo de batalla. Pero no te agobies, son muy buenos chicos. Yo los quiero como si fuesen mis nietos. Svetlana, ¿te gustan los niños?
Svetlana: A mi los niños gusta. Yo sobrinas tengo en patria querida y los suida mucho bien.


Adolfina: Debes echar de menos a tu familia y tu país.
Svetlana: A patria querida añoro mucho. Mi familia mía yo de menos escho. Pena grande.
Adolfina: ¿Tienes mucha familia?
Svetlana: Hermanos dies, yo pequeña de todos. Mama enferma yo dinero enviarle. Ella buena. Nana abandonarnos y yo pena tengo. 
Adolfina: ¡Svetlana! Siento haber toca el tema, no debería haberlo hecho. Te voy a preparar una infusión relajante, tranquila.
Svetlana: Bolshoye spasibo.


Mientras tanto, los niños subieron al cuarto de entretenimiento, dónde tenían el piano, la televisión y las videoconsolas. Suselle y Dante habían invitado a merendar a su casa a algunos de sus amigos. Pradito, Karim y Paula. Adolfina les había servido zumos, leche y tarta de arándanos recién hecha (receta secreta de Adolfina).

Dante: ¡Odio cuando ponen anuncios!
Paula: En mi casa tenemos televisión por cable y nos ahorramos los anuncios. ¿Tus padres no tienen dinero para ponerlo en tu casa? 
Suselle: No me importa ver unos cuantos anuncios, Paula.
Paula: Pues yo veo Cutreman sin interrupciones. 
Karim: Qué rica está la tarta.
Pradito: Síii, está deliciosa.


Paula: La chacha que tenemos en casa también cocina muy bien.
Pradito: ¿No te sabes su nombre? Es muy feo que la llames así.
Paula: A ella le da igual, si no se entera de nada. No habla bien y es vieja.
Suselle: Paula, pues le debes un respeto.
Paula: Ya habló doña perfecta. Como has ganado el concurso de piano te crees la mejor.
Suselle: No empieces.

La tele...

¡¡¡Antonio Clickato!! ¿Quieres vender tu coche? ¡Sí, por supuestísimo! En vendemostuauto...

Pradito: Ay, no puedo más con Antonio Clickato.
Paula: ¡Yo lo odio! No para de salir en todas las publicidades. Estoy harta de verle, así no hay quién vea la tele.
Suselle: Yo tengo pesadillas con ese señor calvo...
Karim: Dante, cambia de canal.


Dante obedeció y cambió rápidamente de canal. Todos suspiraron aliviados cuando desapareció Antonio Clickato de la pantalla. En el canal que había puesto, estaban dando un programa mítico de la televisión wensulana. Era uno en el que los escritores iban a presentar sus libros y de paso, debatían entre ellos sobre la temática o cualquier cosa relacionada. Se llamaba "Pasión por la lectura". Todos resoplaron cuando sonó la melodía del programa.

Paula: ¡Este programa es un aburrimiento!
Karim: Mi madre me lo ponía para que me durmiese. 
Suselle: Pues se presentan libros interesantes.
Pradito: Me suena uno de esos escritores.


El plató del programa consistía en una sala cerrada de paredes de madera. Habían libros por todas partes para decorar. En el suelo, encima de la mesa...

Dante: ¡Qué tío más feo!

Enfocaron a una de las tres personas que estaban sentadas a la mesa. Se trataba de un señor de pelo canoso, bigote y cara de pocos amigos.


Sentado junto a él se encontraba el presentador. Un señor mayor con barba blanca y larga, gafas y una boina. En el otro extremo de la mesa, estaba sentado otro escritor. Este era también mayor. Un hombre calvo, con barba gris y entrado en carnes.


La sintonía seguía sonando mientras los niños merendaban.

Paula: ¡Quítalo!
Suselle: ¡Espera, a ver si conozco a los escritores!
Dante: Suselle...
Suselle: Un momento nada más.


Rigoberto: Bienvenidos una tarde más a Pasión por la lectura. Lectores empedernidos devoradores de libros, hoy tenemos un programa muy especial. Me encuentro con dos escritores de gran talento que vienen a presentar sus obras más recientes. 


Rigoberto: A mi izquierda se encuentra Frugalcio Mortero, autor de novelas tan famosas como Sensaciones geométricas, Asesinando al trompetista del bosque o Batalla napoleónica. Esta tarde nos presenta su última novela. Los mafiosos retirados. Buenas tardes.
Frugalcio: Deseo parlamentar cuanto antes sobre mi libro.
Rigoberto: En seguida le doy la palabra.


Rigoberto: A mi derecha tenemos a Arquímedes Strait, autor de Buque de guerra, Sandalias equivocadas y Los señores sentados. También nos deleitará con la presentación de su último libro, El perro del señor de la esquina. Buenas tardes, señor Strait.
Arquímedes: Buenas tardes, es para mi un auténtico placer estar aquí, en este sensacional programa que divulga el amor por la literatura y la buena lectura.
Rigoberto: Señor Strait, ¿de qué trata su libro? El perro del señor de la esquina es un titulo muy interesante.
Arquímedes: Mi libro, que he escrito con gran devoción y dedicación más absoluta, tiene una interesante a la par que emotiva historia. Los animales, desde tiempos memoriales, han sido testigos de la evolución del hombre. Para bien o para mal, han presenciado lo traumático de nuestros avances más sorprendentes, a la par que destruíamos nuestro entorno. Pues mi historia no tiene nada que ver con esto, pero hace alusiones a temas perpetuos en el tema.


Frugalcio: ¡Deseo hablar sobre mi libro! No he venido aquí para calentar la silla. Mi libro, Los mafiosos retirados es una novela apasionante, que trata sobre lo que ocurre cuando un mafioso se retira. Ya no pueden seguir matando, por lo que en mi novela crean un grupo de teatro musical religioso.


Arquímedes: A nadie le interesa lo que hace un mafioso al retirarse. Es totalmente intrascendente. ¡Al cuerno con ellos! El perro del hombre de la esquina trata sobre la pasión de un hombre que recoge guantes y los vende de segunda mano. Al venderlos en la esquina, le acompaña su perro, un pastor alemán que sabe bailar claqué.


Frugalcio: ¡Ridículo! ¡Absurdo! ¡Vulgar! Comparar semejante bazofia con mi novela es intolerable. ¡Además de crear un grupo musical, mis mafiosos retirados se enamoran de la misma mujer! Eso les conlleva a varias disputas y vuelven a delinquir, matándose entre ellos. Amor, traición, celos, guerra y música que se entremezclan en una apasionante historia. 


Rigoberto: Ambas novelas parecen muy interesantes. Debemos hacer una pausa publicitaria y luego podremos proseguir con los análisis de ambas novelas.


Frugalcio: ¿Un pausa? ¡Mi tiempo es oro! He venido para promocionar mi libro, no para relacionarme con escritores del tres al cuarto.
Arquímedes: ¡Su último libro no lo compró nadie!
Frugalcio: ¡Fui premio meteorito!
Arquímedes: ¡Todo el mundo sabe que ese premio está comprado!
Frugalcio: ¡Eso son injurias y falacias!


Karim: ¡Cambia de canal!
Dante: Vale.
Suselle: ¡El que faltaba! ¡Donald Click!
Pradito: Qué asco de señor.
Paula: Es muy pesado.


Donald Click: Hemos subido un 400% los aranceles. Era necesario. Ya es hora de que dejen de abusar de nosotros. Además de esta importante medida, se construirán KFC en todos los barrios del país además de Burguers clicks. ¡Mis ciudadanos no pasarán hambre!
Suselle: ¡¡Cambia de canal, Dante!!


Suselle apretó uno de los botones del mano al azar. Estaban dando un programa llamado "Frank el de la jungla". Un experimentado reportero viajaba por el mundo con el único propósito de enseñar a los telespectadores los animales más fascinantes. Para ello, debía viajar por los lugares más recónditos del mundo. En esa ocasión, se encontraba en un lugar perdido de una sabana africana. Siempre le acompañaba su fiel cámara, Howard. Frank era un hombre aventurero, pero con poco sentido del peligro. 

Frank: Estamos buscando animales sorprendentes y en este lugar vamos a encontrarlos. Colegas, acompañadme. Howard, no te alejes y sigue todas mis indicaciones.
Howard: Sí, Frank.


Frank: En esta zona podemos encontrar a un animal fascinante, la Naja Nigricollis.
Howard: ¿Naja nigiqué?
Frank: Nigricollis. La cobra escupidora.
Howard: ¿Escupidora? ¡Pues es muy mal educada!


Frank: ¡Ahí tenemos una!
Howard: Frank, ten cuidado.
Frank: ¡Que estás hablando con un profesional! ¡Eres un cagao! Vamos a por ella.
Howard: Yo me quedo en la retaguardia.
Frank: ¡Cachis en la mar! ¡No es momento de titubear! 


Frank fue tras ella y la agarró antes de que le mordiese. La cobra se retorcía enfadada.

Cobra: ¡¡Suéltame mono blanco!!
Frank: Aquí la tenéis, la Naja Nigricollis. ¡Es preciosa!
Howard: ¡Frank, ten cuidado! Se está retorciendo demasiado.
Frank: Que lo tengo todo controlado, pesado. Mirad, si está muy cómoda conmigo. Amanso a los animales, por eso soy tan...


Cobra: ¡Te pille!

La cobra se soltó y le mordió en el brazo. Frank gritó sorprendido. Howard salió corriendo sin mirar atrás.

Frank: ¡Por todas mis muelas! ¡Me ha mordido! ¡Desgraciada!
Cobra: ¡Para que veas lo que me has amansado! ¡Sueltaaa!


Un corte de la grabación dio paso a otra escena del programa. Por lo visto, Frank había sido atendido y por muy poco, no lo cuenta. En ese momento, se encontraba de nuevo en la sabana, observando a los elefantes. Estaban escondidos tras unos matorrales.

Frank: ¡Mirad los elefantes!
Howard: Dicen que son muy agresivos.
Frank: Lo pueden ser, por eso tienes que tener mucho cuidado, Howard. Un inexperto y miedoso como tú, podría acabar aplastado por las patas de uno de estos elefantes.


Howard: Tengo miedo, Frank.
Howard: No temas, estos animales perciben mi tranquilidad y que no soy una amenaza.


La madre elefante se abalanzó sobre Frank y empezó a darle mamporrazos. Howard huyó de una de las crías de elefante, que lo perseguía furiosa.

Howard: ¡Socorro!
Frank: ¡No me dejes así!
Howard: ¡Lo siento, no quiero morir! ¡Te prometo que daré un buen discurso en tu funeral!
Elefanta: ¡¡¿¿Te querías comer a mi bebé??!! ¡¡Toma trompazo!!


Otra interrupción y cambió la escena. Varias cebras estaban bebiendo agua en un río. Unas leonas las estaban acechando agazapadas entre la maleza. No se habían percatado del peligro, por lo que bebían despreocupadas.


Frank: Vamos a ver de cerca cómo las leonas cazan una presa. Una de estas cebras tiene las horas contadas.
Howard: ¡Frank, tengo miedo!
Frank: ¡No seas niñita! Soy un profesional de lo mío. Mira y aprende. No dejes de filmarlo todo. Me voy a acercar más a las cebras.


Tanto se acercó, que las cebras se percataron de su presencia. Huyeron en manada, pisoteando a Frank entre todas. Gritaba dolorido cuando golpeaban partes muy delicadas de su cuerpo.

Howard: ¡Fraaank!
Frank: ¡Au! ¡Ay! ¡Ya no voy a poder tener hijos! ¡Ayy!


Frank: Ay...mi cuerpo...
Howard: Frank, lo estoy filmando todo. ¿Estás bien?
Frank: Mis huesos...


Howard: ¡Frank, corre!
Frank: ¡El peligro ya ha pasado, cageta! Sigue filmando.
Howard: Pero..
Frank: ¡Aquí yo soy el profesional!
Leona: Por culpa de este desgraciado nos quedamos sin comer.
Leona2: Y lo que es peor, nuestras crías tampoco podrán comer.
Leona3: Y el pesaito del león se va a poner de malhumor. Claro, como él no se mueve...
Frank: ¿Eh?
Leona: ¡Pues no nos vamos a quedar sin comida! ¡A por el mono blanco!


Frank: ¡Socorro! ¡Howard!
Howard: ¡Si no lo consigue diré que luchó con gran valentía!
Leona: ¡No huyas, comida con patas!
Leona2: Es poco apetecible, pero más vale esto que nada.
Leona3: ¡Que no escape! 

miércoles, 9 de abril de 2025

Historias cortas - Capítulo 04: Concurso de piano

Después de haber superado varias fases, Suselle llegó al final del concurso regional de piano. Para aquella final, tendría que tocar en el escenario del teatro del centro comercial. Era un teatro pequeño y elegante. Suselle estaba muy nerviosa, nunca había tocado para tanta gente. Martha la acompañó al escenario antes de que abriesen al público. Sabía lo nerviosa que estaba y quería que tomase el primer contacto con el escenario.

Suselle: Martha...no sé si podré. Estoy demasiado nerviosa.
Martha: Debes confiar en ti. Claro que puedes.
Suselle: Habrá mucha gente mirándome...¿y si me equivoco? A lo mejor hago el ridículo...
Martha: No debes pensar así.


Suselle: ¿Y si te avergüenzo? ¿Y si mis padres se decepcionan?
Martha: Sabes tocar el piano maravillosamente bien. Solamente por salir al escenario ya demuestras tu valía, Suselle. Lo harás bien y siempre estaremos orgullosos de ti.
Suselle: Gracias, Martha. Intentaré hacerlo lo mejor que sé. Azumi es muy buena y sé que lo tengo difícil. 


Martha: Azumi es muy buena, no te voy a engañar, pero tú lo eres más.
Suselle: ¿Lo dices de verdad?
Martha: ¡Pues claro! Debes salir al escenario segura de ti misma.
Suselle: Lo intentaré.


Cuando las puertas del teatro se abrieron, no tardó en llenarse. Sus, Diamante, Duclack, Wenda, Wen, Pradito, Sebastián, Agnes, Lúa, Ben, Vicrogo y muchos más querían estar presentes para dar apoyo a Suselle. En un palco estaba el presidente del gobierno, Donald Click. Era un evento que estaba dentro de su programa para parecer cercano con los ciudadanos y ganar más apoyo. Aquel concurso le importaba un pepino.


El pequeño teatro estaba completamente lleno. Los familiares y amigos de las concursantes habían decidido estar presentes para apoyarlas. 


Azumi y Suselle tenían un gran talento al piano por lo que nadie sabía quién sería la ganadora.

Lilu: Estoy más nerviosa que Pinocho en un incendio.
Duque: Dame la mano. Tranquila, Suselle lo hará muy bien.


Donald Click: Menos mal que este auricular no se nota y puedo escuchar la retransmisión del partido de beisbol de los Mets contra los Reds.
Melania: Amor mío, deberías prestar atención. Estas chicas son muy buenas tocando el piano.
Donald Click: Yo también sabía tocar el órgano de pequeño y no me dieron ningún premio. Lo que tiene que hacer uno para captar votantes. ¿Me has traído coca click y un cubo de alitas del KFC?
Melania: Sí, lo tengo aquí.
Donald Click: Eres la mejor. Si te portas bien, te dejaré roer algún hueso.
Melania: Mi amor, eres muy considerado.
Donald Click: Lo sé. Soy de esos hombre de antes que ya no quedan.
Melania: Por suerte...


Mary Sarrat: Bienvenidos a la fase final del concurso de piano regional. Después de disfrutar del talento de todos nuestros participantes, es el momento de averiguar quién será la ganadora.


Mary Sarrat: Quién consiga obtener más votos de nuestro jurado, formado por diversas personalidades y expertos en la materia, ganará tres mil cleuros y una matricula para estudiar en la mejor escuela de piano del país. 


Mary Sarrat: La primera finalista se llama Azumi y aunque lleva dos años en Wensuland, es de procedencia asiática, concretamente de Japón. Su pasión por el piano le viene desde pequeñita. Su madre le tocaba el piano para dormirla y pronto, se aficionó a tocarlo. Amante de las matemáticas, los acertijos y los animales. Con todos ustedes, ¡Azumi!


Azumi subió con paso seguro al escenario. No se la vio nerviosa en ningún momento. Se sentó frente al piano y se puso a tocar con decisión. En cuanto empezaron a sonar las primeras notas, el público se quedó embelesado. Atrapados por la música, todos permanecían en silencio, atentos a cada nota. 


Suselle se asomó para ver cómo lo estaba haciendo. La inseguridad se apoderó de ella cuando la escuchó tocar tan bien.

Suselle: Voy a perder...


Martha: Suselle, no importa que pierdas.
Suselle: ¿Cómo?
Martha: Lo importante es que te lo pases bien. Disfruta y muéstrales lo bien que lo haces. Ganar no es tan importante. En la vida hay que disfrutar en cada momento. Lo que ocurra, ya se verá.
Suselle: Vale.


Cuando Azumi terminó, todo el mundo aplaudió entusiasmado. Su actuación había sido todo un éxito. 


Mary Sarrat: Nuestra siguiente finalista se llama Suselle. El amor por el piano le viene de parte de su tío, que le inspiró para tocarlo. Hace conciertos privados para sus familiares, qué suerte tienen. Adora a Ludoclicko Einaudi y se pasa horas escuchando sus canciones. Le gusta mucho leer, jugar con su mejor amiga Pradito y los osos panda. Con todos ustedes, ¡Suselle!


Suselle caminó con paso inseguro hacia el piano. Se sentó y tragó saliva. Le sudaban las manos y creía que se iba a desmayar. Miró al público y al ver a tanta gente, entró en pánico. 


Lilu y Duque miraban desde uno de los palcos. 

Lilu: Se ha quedado en shock, Duque.
Duque: Vamos, Suselle, tú puedes...


Miraba al público pero no lograba ver ningún rostro. Lo veía todo borroso. Se empezaban a escuchar algunos murmullos entre el público, por lo que se puso más nerviosa.


Martha, al verla tan nerviosa, le habló desde uno de los laterales del escenario.

Martha: Suselle, piensa que estás en tu casa. Estamos solas, sin que nadie nos vea ni nos moleste.
Suselle: ...


Cerró los ojos con fuerza y los abrió. Vio a sus padres mirándola preocupados. Suspiró y se centró en el piano. "Sé que puedo hacerlo", pensó. Empezó a tocar el piano con seguridad y con muchísima sensibilidad. 



Sus no pudo contener las lágrimas. Diamante se mordía la lengua para no hacerlo y Wenda se las secaba con un pañuelo. Agnes agarró la mano a Lúa y la miró emocionada. Duclack apoyó la cabeza sobre el hombro de Sebastián y cerró los ojos.


Lilu miraba asombrada a Suselle. No podía creer que pudiese tocar tan bien. Duque suspiró aliviado al comprobar que Suselle había conseguido superar sus miedos.


Donald Click mordía las patas de pollo grasientas y bebía cola ensuciando todo a su alrededor.

Donald Click: Toca bien, la mocosa esta. Aunque yo prefiero el country de toda la vida. Esta música aburre hasta los muertos.


Cuando terminó, el teatro quedó en un silencio absoluto. De pronto, todo el mundo se puso a aplaudir. 


Suselle se levantó y se inclinó para agradecer al público sus aplausos. Ella no esperaba que Sus, Diamante, Pradito, Duclack y Dante subiesen al escenario para abrazarla y felicitarla. La escena conmovió a todos los presentes.


Sus: Lo has hecho muy bien, Suselle. Estoy muy orgullosa de ti.
Diamante: ¡Para mi ya has ganado!
Duclack: ¡Enhorabuena, Suselle!
Suselle: Muchas gracias, estoy muy emocionada.


Mary salió al escenario junto a Zumi. Se posicionó entre las dos finalistas para anunciar la ganadora.

Mary: Después de disfrutar del talento de nuestras finalistas, ha llegado el momento de averiguar quién es la ganadora del concurso regional de piano. Ambas son merecedoras del primer puesto. Han demostrado un gran talento y son ya grandes pianistas.


Mary: Recordemos que la ganadora se llevará tres mil cleuros y una matricula para estudiar en la mejor escuela de piano del país. Nuestro jurado ha decidido, que la ganadora del concurso regional de pianistas sea...


Mary: ¡Suselle!

Mary levantó el brazo de Suselle y esta se puso a llorar emocionada. Aquello era un sueño que jamás pensó que se pudiese hacer realidad. Vio los rostros de sus seres queridos aplaudiendo felices por su triunfo y disfrutó el momento con toda la intensidad que pudo. Zumi agachó la cabeza decepcionada. Creía que iba a ganar y su derrota fue un golpe muy difícil de encajar.


Suselle la abrazó y la animó. Zumi no esperaba que Suselle reparara en ella.

Suselle: Has tocado de maravilla, Zumi. No estés triste, eres una pianista maravillosa.
Zumi: Muchas gracias, Suselle.


Mary le entregó a Suselle un trofeo y un ramo de flores. Mientras Suselle lo agarraba, el público no dejaba de aplaudir.

Suselle:; ¡Muchas gracias! Me siento muy feliz por haber ganado, no lo esperaba. Quiero dar las gracias a mis padres, a mi tío Wen, a mi familia y amigos.


Suselle: Le quiero dedicar el premio a dos personas. Una de ellas es mi profesora, Martha. Por favor, ven aquí.

Martha salió al escenario y abrazó a Suselle emocionada.

Suselle: Gracias por confiar en mi. Sin ti, esto no habría sido posible. 


Suselle: También quiero dedicarle este premio a mi bisabuelo. Él ya no está aquí, se fue hace ya tres años...pero lo tengo presente todos los días y sé, que desde un sitio maravilloso me estará bien. Espero que esté orgulloso de mi. ¡Gracias!


FIN

 

miércoles, 2 de abril de 2025

Historias cortas - Capítulo 03: Mi profesora de piano

 Desde hacía ya más de un año, Suselle estaba recibiendo clases de piano. Desde muy pequeña había mostrado interés por este hermoso instrumento musical. Gracias a su tío Wen, que también le gustaba tocarlo, se aficionó. Tal fue su pasión, que Sus y Diamante decidieron contratar una profesora particular. Suselle tenía su propio piano en casa, un precioso piano de pared blanco regalo de su bisabuelo Ernesto. Así que las clases se impartían en casa. 

Su profesora de piano se llamaba Martha, una mujer educada, agradable y de pocas palabras. Había ganado varios premios en distintos concursos y era una de las mejores profesoras de la ciudad. Aquel jueves por la tarde, Suselle tocaba el piano mientras Martha le iba dando instrucciones y correcciones.

Martha: Perfecto, Suselle. Sigue así.


Suselle estaba encantada con ella y disfrutaba mucho de las clases, pero a veces temía estancarse y no mejorar. Agradecía que Martha fuese tan paciente con ella.

Martha: Déjate llevar, Suselle. No pienses y vuela, tú puedes.


Cuando terminó de tocar la pieza musical, suspiró estresada.

Martha: Lo ha hecho bien, pero has perdido armonía conforme se acercaba el final. Es como si estuvieses deseando terminar y eso, se ha reflejado en las notas. ¿Deseas que lo dejemos por hoy?
Suselle: Me he puesto nerviosa, perdona.
Martha: Quieres hacerlo perfecto, y eso, es lo que importa. ¿Lo volvemos a intentar? Antes lo has hecho muy bien. Deja que las notas te transporten.


Sus ponía lo oreja pegada a la puerta de la habitación. Le fascinaba escucharle tocar tan bien el piano. Ella no se percataba si se equivocaba en alguna nota. 

Sus: Qué bonito toca.


Martha se sentó en una silla y le dio espacio a Suselle. Hacía un día precioso, totalmente despejado y con una luz ideal.

Martha: ¿Lista?
Suselle: Sí.
Martha: Pues adelante. 


Suselle se dejó llevar. Poseída por la música, tocaba el piano como jamás lo había hecho. Martha cerró los ojos y se emocionó. La música penetró en su alma y la conmovió profundamente. Suselle tocaba con tanta soltura y confianza, que se sintió muy orgullosa de ella.


Dante y Karim se colaron en la habitación sin ser vistos. Se arrastraban lentamente aguantándose la risa.

Dante: Vamos, soldado. Debemos cumplir esta misión sin ser vistos.
Karim: La cumpliremos aunque nos cueste la vida.

A pesar de haberse reído, no fueron descubiertos.


Karim: Perímetro asegurado, Capitán.
Dante: Perfecto. Es el momento de ejecutar el plan. 

Dante sacó su móvil y accionó sonidos de pedorretas. Inmediatamente, ambos se empezaron a reír.


Martha: ¿Qué ha sido eso? Menudo susto me he dado...
Suselle: ¡Dante! ¿Eres tú?
Martha: Escucho risas tras el sofá.


Fueron hasta allí y los descubrieron escondidos. Ambos se estaban tronchando en el suelo de la risa. Suselle indignada les recriminó su actitud.

Suselle: ¡Sois un par de cochinos! ¡Id a otro sitio a molestar!
Dante: ¿No te ha gustado nuestra colaboración? ¡Podríamos tocar juntos y montar un grupo!

Verles llorar de la risa la enfureció todavía más.


Corrió tras ellos con la clara intención de inflarles a collejas.

Suselle: ¡Os voy a dar vuestro merecido!
Karim: ¡Lo siento, Suselle! ¡Solamente era una broma!
Dante: ¡No tiene sentido del humor!
Sus:¿Se puede saber que es lo que está pasando aquí?
Martha: Están haciendo travesuras. Ay, cuanto me habría gustado a mi tener un hermano.
Suselle: ¡Pues te regalo el mío!


Martha le pidió a Suselle que se acercase a ella.

Martha: Sus, me gustaría proponerles algo.
Sus: ¿De que se trata?
Martha: Suselle muestra unas dotes para el piano poca veces vista. Es sin duda mi alumna más aventajada. 
Sus: ¡Eso es maravilloso! Enhorabuena, cariño.
Suselle: No sé si es para tanto...
Martha: Lo es. Por eso me gustaría proponerte que participes en el concurso regional de pianistas.
Suselle: ¿Yo? Pues...no sé...
Martha: Estás preparada para participar.


Sus: ¿Te gustaría participar, Suselle? No te sientas obligada. Si no te apetece, lo comprenderemos.
Martha: Yo confío plenamente en ti, Suselle. 
Suselle: ¡Síii! ¡Qué emoción! ¡Voy a participar en un concurso! ¡Yupi!