lunes, 6 de mayo de 2024

La vida en la gran ciudad - Capítulo 05: Pegamento para el pelo

Capítulo 05

Pegamento para el pelo

Sus: ¿Eso es lo que te hemos enseñado? ¿Crees que pegar es la solución?
Dante: ¡No le he pegado por las buenas! Se estaba metiendo con Greta. No podía consentirlo.
Sus: Pues se lo dices a Olga.
Dante: ¡No soy un chivato!
Diamante: Es verdad, es un dilema...¿Quién es Greta? ¿Es tu novia?


Dante: ¡Yo no tengo novia! Es una chica que ha llegado nueva a clase. 
Sus: Dante, entiendo que quieras ayudarla, pero no es la forma. Si utilizas la violencia, pierdes la razón.
Dante: Mamá, la estaba agarrando de la camiseta y pretendía pegarle. Le empujé para evitar que le hiciese daño.
Sus: Ay, Dante...


Jaime: ¡Eso es mentira! Eres muy mentiroso, Dante. Yo no he pegado nunca a nadie. Ya verás cuando vengan mis padres. ¡Mi padre es abogado! 
Dante: ¿Qué es?
Jaime: ¡Abogado!
Dante: ¡Lo que tengo aquí col...!
Sus: ¡Dante!


Una mujer muy perfumada y un hombre con gafas de sol de marca aparecieron corriendo por el pasillo. Ella era muy atractiva. Su piel parecía porcelana, sus labios carnosos pintados de rojo, su pelo castaño parecía salido de un anuncio de champú y su ropa era de marca. El hombre vestía elegante y extremadamente moderno. Su pelo estaba meticulosamente peinado.

Alba: ¡Mi niño! ¡Mi pobre niño!

Daba la sensación de que estaba llorando, pero sus ojos estaban secos.


Jaime: ¡Madre! Este me ha pegado. 
Alba: ¡Salvaje!
Jaime: Me ha roto el pantalón.
Alba: Tranquilo, mi dulce niño. Esto no se va a quedar así. ¿¡Cómo te atreves a ponerle la mano encima a mi hijo!?
Dante: Yo...


Sus: Oiga, no le grite a mi hijo.
Alba: ¿Es su madre? ¡Menuda educación le está dando a su hijo! ¡El pantalón me lo tendrá que pagar! No voy a parar hasta que expulsen a su hijo del colegio.
Sus: Debería tranquilizarse.
Alba: ¡Usted no es nadie para decirme que me tranquilice! Qué poca vergüenza. No me extraña que tenga un niño con semejante modales.
Sus: A mi hijo lo respeta. Parece mentira que siendo adulta se comporte como una niñata.
Alba: ¿¡Niñata!?
Cayetano: Amorcito, no te rebajes a su nivel. No hay más que ver la clase de personas que son. Mira cómo viste el padre, ¡parece un pordiosero!
Diamante: ¡Ehhh! Cuidadito conmigo que he ido a clases de Chino Juan y reparto tortas como panes. 


Alba: ¡Mi pequeño! Tranquilo, mami ya está aquí.
Sus: Será mejor que guardemos las formas. Los niños están presentes...
Cayetano: Ahora pretende darnos clases de moralidad...
Sus: Yo no pretendo nada, señor.
Diamante: Tengo ganas de hacerle una llave del Chino Juan.


Olga: Veo que ya están ustedes aquí.
Alba: Por favor, ayúdenos. Esta situación es insostenible. Este niño ha agredido a mi pequeño y los padres nos están faltando al respeto.
Sus: ¿Habla en serio? Eso no es cierto.
Cayetano: Encima mentirosa.
Diamante: Grrrr.
Olga: Haya paz, por favor. Pasen. Los niños esperarán aquí.


Lorenzo fue junto a su hijo hasta secretaría y habló con Pili. 

Lorenzo: Vengo para las clases de repaso de mi hijo.

Pili lo miró sonriente. Tecleó algo en el ordenador y le habló con amabilidad.

Pili: Aula 5.
Lorenzo: Muchas gracias, señorita.
Pili: A usted. 


Kianga: Ahí está. Tengo que estar atenta a cualquier comportamiento sospechoso. Sacaré la cámara con disimulo.

Kianga observaba a Lorenzo con mucha atención, sin perder ningún detalle.


Mientras, Dante y Jaime esperaban a que sus padres saliesen de la reunión.

Jaime: Se te va a caer el pelo. Despídete de este colegio.
Dante: Ya te gustaría peganiñas.
Jaime: Cuando te expulsen, volveré a reírme de Greta y ya no estarás para defenderla.
Dante: No te atreverás.
Jaime: No puedes hacer nada para evitarlo.


Olga hizo pasar a los padres al interior del aula. La clase olía a rotuladores para colorear, libros y pinturas.

Olga: Tomen asiento en estas sillas.


Se sentaron en las sillas de los alumnos, frente al escritorio de ella. La directora estaba de pie junto a Olga. Los saludó con cordialidad y permaneció en silencio.

Olga: Les agradezco que estén aquí. Tenemos que hablar sobre sus hijos. Dante y Jaime.


Alba: Hablar de la agresión de su hijo al nuestro, imagino.
Olga: Así es. En este centro no toleramos el uso de la violencia bajo ningún concepto. Por eso, sentimos lo ocurrido con Jaime, señores Villarica.
Alba: No basta con sentirlo, hay que hacer algo.
Olga: Somos conscientes de ello.


Cayetano: Una expulsión disciplinaria sería lo correcto.
Diamante: ¿Y si dejas que sea ella la que lo decida? Qué plasta de tío.
Cayetano: De tal palo tal astilla.
Sus: Oigan, no estamos aquí para escuchar sus menosprecios. 
Olga: Haya paz, por favor.


Mientras tanto, Lorenzo hablaba con la profesora de repaso de su hijo. 

Lorenzo: Aquí está Gabrielito. Espero que se aplique como es debido.
Margarita: Seguro que lo hará. 
Gabrielito: Se me ha caído un diente y el ratoncito Pérez no me ha traído nada.
Margarita: ¡Vaya! Quizás te lo traiga esta noche.


Lorenzo: Si no saca mejores notas, ni el ratoncito Pérez le hará regalos.
Gabrielito: ¡Todo el mundo me odia!
Margarita: Eso no es verdad, Gabrielito.


Pili: ¡Disculpe! ¿Le puedo ayudar en algo?

Kianga estaba observando a Lorenzo y haciendo algunas fotos.

Kianga: Ah, sí, estoy esperando a mi sobrina. Sale ahora. Este colegio me parece maravilloso, con unas instalaciones asombrosas. Por eso estaba sacando algunas fotos.
Pili: Aquí no se pueden hacer fotos.


Kianga: Oh, disculpe, no lo sabía. Soy fotógrafa profesional y lo llevo en la sangre.
Pili: Tendré que comunicárselo a la directora. Son muy estrictos con...
Kianga: ¿Eres modelo?
Pili: ¿Yo? No.
Kianga: Juraría que te he visto en alguna revista. Ay no, es que te pareces a Clackarina Fox, la famosa modelo.
Pili: ¿En serio? Nunca me lo habían dicho. Aunque más de una vez lo había pensado. Le doy un aire.
Kianga: Clavaita. Oye, te puedo hacer un reportaje de fotos si quieres. Te veo que tienes madera para esto.
Pili: ¡Me encantaría!
Kianga: Me voy a sentar a esperar a mi sobrino, que estará a punto de salir. Ya lo hablaremos.
Pili: ¡Genial! Puede esperar a su...¿sobrino?
Kianga: Sí, sobrino.
Pili: Eso. Pues puede espera en la salita de espera.
Kianga: Gracias.


Lorenzo: Me marcho, que tengo muchas cosas que hacer. Luego vendré a recogerlo.
Margarita: Muy bien. Hasta luego.
Kianga: ¿Será esa profesora la querida del marido de mi clienta?


     En la reunión...

Alba: Exijo la expulsión inmediata de este futuro delincuente. Recuerden que somos una familia muy influyente en la comunidad.
Cayetano: Espero que sea usted sensata y haga lo más correcto. Además, un niño tan malcriado debería estar en un reformatorio, con niños salvajes con esa misma problemática.


Diamante: ¡Te voy a dar reformatorio, cara cartón! 
Sus: ¡No, Diamante!
Alba: ¡Nos quiere agreder!
Diamante: ¡Ahora si que vas a tener motivos para quejarte! ¡Pelo esparto!
Sus: ¡Diamante, para!


Matilde: ¡Basta ya! ¡¡He dicho que basta!!
Sus: Diamante, estate quieto. Esto es lo que están buscando...
Matilde: Esta escuela no tolera comportamientos violentos, tanto físicos como verbales.
Sus: Vete ahí atrás, Diamante. Toma aire y relájate.
Alba: A nosotros no nos tiene que decir nada, es cosa de estos padres. 
Matilde: Lo digo por todos.


Alba: ¿Nos pone al mismo nivel?
Matilde: Serán ustedes muy importantes en esta comunidad, pero esta es mi escuela, ¿entendido? Aquí mando yo.
Olga: Debemos dar ejemplo a los niños y comportarnos como es debido.
Sus: Mi Dante ha defendido a una niña que estaba siendo agredida por su hijo.
Alba: ¡Mentira! Eso son injurias y calumnias. 


Diamante caminaba nervioso por la clase, muy enfadado. No soportaba a ese matrimonio. Se creían mejores que ellos y menospreciaban a Dante.

Diamante: Ese tipo es un petardo.

Hablaba en voz baja, pero Cayetano se giró cuando lo escuchó susurrar.

Diamante: ¿Tengo monos en la cara?
Cayetano: No, pero tu cara me recuerda a uno.
Olga: Por favor, caballeros.


Olga: Jaime ha acumulado unas cuantas faltas por malas contestaciones y comportamientos inadecuados con sus compañeros.
Alba: Eso no puede ser verdad.
Olga: No tengo necesidad de inventarme nada, señora villarica.
Alba: Me cuesta creerlo.
Olga: Y Dante acumula faltas por pelearse con alumnos conflictivos. Lo hace para defender a compañeros a los que considera se les está tratando mal, pero eso no justifica que se comporte así.
Sus: Lo entiendo. No soporta las injusticias...
Alba: Pues que se vaya acostumbrando. El mundo no es un lugar justo.


Diamante estaba cada vez más enfadado. No les podía cae peor. Agarró un bote de pegamento y miró a Cayetano, con su pelo repeinado de peluquería.

Diamante: Tengo una idea...


Mientras Olga hablaba sobre lo ocurrido y la mejor forma de solucionarlo, todos escuchaban atentamente, mirándola con atención. Diamante caminó con sigiló hasta colocarse tras Jaime.

"Te has puesto tres kilos de gomina en el pelo pero creo que no es suficientemente fuerte. Si viene una ventisca, seguro que te despeinas. Yo no tengo ese problema. Los calvos vivimos mejor. Te ayudaré con tu problema".


Esparció el pegamento por todo su pelo. Era extra fuerte y aunque olía bastante fuerte, debido al invasivo perfume que Jaime se había echado, no se notaba.

"Qué bien te está quedando. ¡Ya no tendrás que ir a la peluquería nunca más!"


Diamante se alejó cuando Jaime giró la cabeza. Lo miró extrañado pero no notó nada. Diamante disimulaba asintiendo a todo lo que decía Olga.

Diamante: Qué razón tan grande tiene...


No le parecía suficiente así que agarró un pincel y pintura azul. Empezó a pintarle el pelo, como si fuesen mechas.

"Pues no le está quedando nada mal. Me podría dedicar a esto. "Peluquería el pirata" podría ser un buen nombre.


Jaime se volvió a girar. Diamante estaba de pie, junto a Sus. Fingió que miraba las paredes y el techo.

Diamante: Está todo muy bien pintado, qué paredes más blancas.


Kianga seguía esperando en la sala de espera. De pronto, Pili salió tras el escritorio y saludó amigablemente a Lorenzo, que ya se marchaba.

Pili: ¿Ya se marcha?
Lorenzo: Sí, voy al servicio y me marcho ya.
Pili: Casualmente yo también debo ir al servicio. 
Kianga: No le tengo que perder la pista...


Pili: Señorita, me marcho al servicio. No se preocupe, espere sentada hasta que salga su sobrino. Ahí tiene revistas para leer.
Kianga: Muy amable...


Lorenzo ya había llegado al lavabo de los hombres pero permanecía con la puerta abierta, a la espera. Pili bajaba sin prisa pero sin pausa. Kianga la seguía de cerca intentando no ser descubierta. 


Cuando Pili llegó a los servicios, fue hasta la puerta de los caballeros y se reunió con Lorenzo, que le estaba aguantando la puerta mientras miraba de un lado a otro.

Lorenzo: ¡Date prisa! 
Kianga: ¡Pili es la amante! Esto lo tengo que documentar.

Hizo varias fotografías desde la distancia, aunque no había captado bien el encuentro.

Kianga: Tengo que conseguir mejores fotografías. 


En el servicio de los hombres,  Lorenzo cerró la puerta con el seguro y se lanzó a besar a Pili.

Lorenzo: ¡Te echaba de menos!
Pili: Oh, Lorenzo. Te deseo tanto que no puedo pensar en otra cosa.


Kianga entró en el lavabo de mujeres. Los servicios estaban separados por una pared pero no llegaba hasta el techo.

Kianga: Tengo que conseguir la foto definitiva...


Se subió al inodoro y se asomó con la cámara en mano. Ahí estaban, manoseándose y dejándose llevar por la pasión.

Kianga: Ya son míos.


Se puso a hacer fotos sin parar, le daba igual repetirlas una y otra vez. No estaba dispuesta a dejar escapar la oportunidad de documentar el encuentro con todo detalle. Su clienta no tendría dudas de lo ocurrido. Se subió un poco más a la pared para tomar mejores fotografías sin percatarse de que se estaba resbalando. 


Mientras tanto, Olga había decidido no expulsar a Dante del colegio. Estaba castigado sin excursión a Clisandia y no podría participar en el campeonato de deportes que se estaba organizando en la escuela. Sin embargo, a Jaime también había decidido castigarle por su comportamiento con Greta. Tendría los mismos castigos que Dante. Además, Dante debía disculparse con Jaime y este con Greta. Alba saltó de la silla enfadada. 

Alba: ¡Esto es injusto! ¡Es mi hijo el que ha sido agredido! 
Olga: Su hijo también ha agredido a otra alumna, señora Villarica.
Alba: ¡Mentira! ¡Mi hijo es un santo!
Cayetano: No hagas caso mi amor.
Sus: Le pagaremos el pantalón, no se preocupe.
Alba: ¡Pienso poner una queja, esto no se quedará así!
Olga: Intento ser lo más justa posible y solucionarlo de la forma menos traumática para las partes implicadas. 


Cayetano: Amor, ¡mi pelo! Creo que la gomina que me he comprado es demasiado fuerte. ¡El pelo está tieso!
Alba: ¡Y lo tienes azul! Te lo dije, que te tendrías que comprar una gomina más cara. 
Olga: ¿Se encuentra bien?
Cayetano: ¡Me tengo que lavar la cabeza de inmediato!
Diamante: Ay, eso de usar productos tan tóxicos...
Olga: ¿Quiere que sigamos debatiendo el tema?
Alba: ¡¡Nos importa un pimiento el tema!! Tenemos cosas más importantes de las que encargarnos.


Cayetano: ¡Corre, amor!
Matilde: ¡Dicen que los polvos de talco van muy bien para limpiar el pelo!
Cayetano: ¡Tenemos que comprar!
Jaime: ¿Qué le pasa a papá?
Alba:  ¡Tiene el pelo tan duro como una piedra!


Sus: Vaya, parece que ya no les importa nada. ¿Tan importante es su pelo?
Diamante: No lo es, ya te lo digo yo. Te lo dice uno que no tiene un pelo de tonto.
Olga: Bueno, al menos el conflicto queda resuelto.
Sus: Gracias por su paciencia.
Olga: A ustedes.


Dante entró a clase preocupado.

Dante: ¿Me van a expulsar?
 Olga: No, pero debes cambiar de actitud, Dante. No podrás ir de excursión a Clisandia ni podrás participar en el campeonato escolar.
Dante: Jolin...
Sus: Da gracias que te has librado de la expulsión.
Dante: ¿Qué le pasa al padre de Jaime?


Sus: Algo le ha ocurrido con el pelo.
Diamante: Se pone tanta gomina en el pelo que al final ha hecho un efecto extraño y tiene el pelo más tiesto que una roca...
Dante: ¿Eso puede pasar?
Diamante: A la gente con la cabeza de chorlito sí.
Sus: ¡Diamante!


Dante: ¿Puedo ir a casa de Pradito? Se supone que nos tenemos que ver en el cuartel general...
Sus: Puedes ir. ¿Os compro algo para merendar?
Dante: No, Duclack nos tiene algo preparado.
Diamante: ¿Me puedo apuntar?
Dante: No, que te lo comes todo.


Kianga resbaló y sin poder evitarlo, cayó sobre Lorenzo y Pili. El susto fue monumental. Pili gritó como una loca y Lorenzo intentaba quitarse a Kianga de encima, que luchaba por recomponerse.

Pili: ¡Socorro!
Lorenzo: ¡Quítese de encima!
Kianga: Menudo guarrazo me he pegado...lo siento.


Matilde abrió la puerta al escuchar los gritos de socorro. Se llevó las manos a la cabeza cuando vio semejante espectáculo.

Matilde: ¿¡Qué se supone que están haciendo ahí!?
Pili: Puedo explicarlo...
Matilde: ¿Y bien?
Pili: Estaba intentando desatascar el baño...
Kianga: Maldita sea, tengo que salir de aquí...
Leonardo: ¡Me está aplastando!


Matilde: No tiene sentido, Pili. Esto no me gusta nada.
Kianga: ¡Hasta luego!
Matilde: ¿Y esa quién es?
Pili: Ha venido a buscar a su sobrino...
Matilde: ¡¿Y qué demonios hacían todos revueltos en el suelo?! ¡¿Y quién es este hombre?!
Lorenzo: Mi hijo va a repaso...
Matilde: Pili, acompáñeme a mi despacho.


Continuará...









 

viernes, 26 de abril de 2024

La vida en la gran ciudad - Capítulo 04: El colegio

Capítulo 04

El colegio

Al entrar al colegio, Sus y Diamante suspiraron aliviados. En su interior, no había tantos niños alborotando y los que estaban, hablaban tranquilamente sin montar escándalo. Sus miró el tablón de anuncios de la entrada.


Sus: Mira, están buscando a niños para montar una obra de teatro. ¡Concurso de dibujo! Yo siempre me apuntaba.
Diamante: ¿Sí? ¿Y ganaste alguna vez?
Sus: No, desgraciadamente dibujaba muy mal.
Diamante: Suselle se podría apuntar, a ella se le da bastante bien.
Sus: Mira, aquí avisa de la normativa de los teléfonos móviles. Yo creo que es un acierto que no se puedan usar en los colegios.


Diamante: Yo cada vez me entero menos de los horarios escolares. Antes era más fácil.
Sus: Los tiempos cambian, cariño. Ay, estoy un poco preocupada. ¿Crees que Dante la ha vuelto a liar?
Diamante: Nos prometió que no...


Kianga: ¡Sus y Diamante!
Sus: ¿Kianga? ¿Qué haces aquí?
Kianga: Eh...vengo a ver a mi sobrino.
Diamante: No sabía que tenías un sobrino.
Kianga: Sí, de toda la vida. Es un cielo de niño...
Sus: Pues un día te lo traes a mi casa y que conozca a mis hijos. Podrían hacerse amigos.
Kianga: Es que es un niño muy ocupado...hace tantas actividades extraescolares que no entiendo cómo le da tiempo a comer.


Sus: Nos alegra verte. Nosotros nos vamos ya, tenemos que hablar con la profesora de Dante.
Kianga: Muy bien...

Cuando se alejaron, siguió buscando al supuesto infiel.

Kianga: Tengo que encontrarlo antes que me empiece a encontrar a más conocidos y levante sospechas.


Mientras tanto, en la clase de Dante...

Olga hablaba con la directora del colegio. Le había pedido si podía estar presente durante la reunión de los padres de sus alumnos.

Matilda: A ese niño ya le hemos llamado muchas veces la atención. 
Olga: Es un defensor de la causas justas. Siempre defendiendo a los más débiles...
Matilda: Usando la violencia. Es un comportamiento del todo reprochable y que ensucia el buen nombre de este colegio.
Olga: Es cierto, pero no es mal chico. Lo que más me preocupa es que se ha peleado con el hijo de los Villarica.
Matilda: ¿Qué? No se podría haber metido con otro...
Niña: Profe, ¿me puedo ir ya?


Olga: Laurita, te puedes ir ya. Hasta mañana.
Laurita: ¿El examen será a primera hora?
Olga: No, después del recreo.
Laurita: Puff, menos mal.


Matilda: Espero que hayas estudiado, Laurita. 
Laurita:Ehhh...¡hasta mañana! 


Los alumnos abandonaban la clase a toda prisa, deseando salir del colegio.

Olga: ¡No corráis!


En el pasillo, estaban Suselle y Pradito. 

Pradito: Dante se ha peleado otra vez...
Suselle: Espero que no le caiga un castigo muy gordo. Es que se meten mucho con la niña nueva y la ha defendido.
Pradito: Sí, me da mucha pena. La he invitado a mi casa. ¿Quedamos luego en mi casa? Podemos hacer una reunión en el cuartel general.
Suselle: Vale. Me llevaré la merienda.


Pradito: Aunque no sé si se podrá venir tu hermano...
Dante: Le he dicho mil veces que peleándose así no se solucionan las cosas.

Dante estaba sentado en un pasillo, esperando que llegasen sus padres para hablar con la profesora. A su lado estaba el niño con el que se había peleado.


Sus se acercó a secretaría para preguntar.

Pili: Deje que lo mire en el ordenador...


Pili: ¿Su hijo es Dante?
Sus: Sí.
Pili: Parece que ya es una costumbre que se meta en problemas.
Sus: ¿Me dice dónde lo puedo encontrar? Hemos quedado con su profesora.


Pili: No se enfade, señora. Hay niños que pasan etapas así. Se traen los problemas de casa al colegio.
Sus: No es el caso de mi hijo.
Pili: Justo ahora ha terminado la clase de castellano. Le deben estar esperando allí.


Suselle: ¡Mamá, papá! ¡Estamos aquí!
Diamante: Mira, allí están Suselle y Pradito.
Sus: Gracias por su ayuda.
Pili: De nada...


Dante: Jolines, papá y mamá ya están aquí...


Suselle: Dante está ahí sentado.
Diamante: ¿Qué ha pasado?
Pradito: Se ha peleado con un niño. Estaba defendiendo a una niña nueva que ha llegado al colegio. Se meten siempre con ella.
Sus: ¿Y le pegó?
Suselle: Le empujó y se cayó al suelo, rompiéndose el pantalón.
Diamante: ¿Y por eso tanto lío?
Sus: ¡Diamante! La violencia no es ninguna solución a los conflictos.


Sus y Diamante se acercaron a Dante, que estaba sentado en un banco en el pasillo. Estaba cabizbajo, esperando la regañina. 

Sus: ¿Se puede saber qué es lo que ha ocurrido?
Dante: Pues...
Diamante: Responde a tu madre, muchachito. 


Kianga seguía en su búsqueda del supuesto infiel. Se asomaba a las clases para encontrar una pista para encontrarlo .

Kianga: Aquí tampoco está.


De pronto, un hombre acompañado de un extraño niño entraron en el colegio. Lo reconoció de inmediato. Se trataba del marido de su clienta y tal y como ella había dicho, llevaba al niño a clases de repaso.

Kianga: ¡Bingo! Ahí está.
Lorenzo: Tendrás que espabilar si quieres que te compre el funko que te gusta.
Gabrielito: ¡Jopé papa!


Gabrielito: El otro día saqué un tres. ¡Antes sacaba ceros!
Lorenzo: No es suficiente. Intenta llegar al cinco.
Gabrielito: ¡No valoráis nada de lo que hago!
Kianga: Parece que van al primer piso.


Continuará...



miércoles, 10 de abril de 2024

La vida en la gran ciudad - Capítulo 03: Por fin algo de acción

Capítulo 03

Por fin algo de acción

Cuando un cliente entró en la tienda, Sus casi salta de alegría. Reconoció a la señora Hermenegilda, entrando decidida a su tienda y con ganas de hablar. No tenía escapatoria. Era su tienda, tenía que atenderla y aguantar carros y carretas. Sabía que no dejaría de hablar y casi prefería no tener ningún cliente.

Hermenegilda: ...y me tienen hasta la peineta. Mis nietos no saben jugar, lo rompen todo y en seguida te piden otra cosa. Les regalé para Reyes unos juegos de esos de máquina que se enchufa en la tele, y me dicen que ya se lo han pasado. ¿Qué demonios significa eso? ¡Yo jugaba con mi muñeca de trapo hasta que se le caían las tripas! Si te lo has pasado pues te lo pasas otra vez hasta que le salga humo a la máquina, leches. Se piensan que mi paga es de millonaria, ¡ni que fuera yo la Preysler! 
Sus: Lo mejor es jugar con la imaginación.
Hermenegilda: ¡Dímelo a mi! Que jugaba con una mazorca y la peinaba como si fuese una muñeca. Los jóvenes de hoy en día nunca tienen suficiente. Yo les regalaba dos peraltas así de altas, pero me toca ser buena, que para eso soy su abuela.


Sus le vendió dos sets con un camión de basura, contenedores y figuras. Para sorpresa de Sus, Hermenegilda miró el reloj y dijo que tenía que irse ya. Sus vio el cielo abierto.

Hermenegilda: Perdona que te deje así, pero he perdido toda la mañana en el médico y tengo que ir al mercado a comprar y hacer la comida para los nietos. Ay, cómo os echo de menos en el edificio. La pálida millonaria se fue y no da señales de vida, la abogada dejó de pagar, por lo visto perdió el trabajo y la cosa no le iba bien. Luego un guarro que montaba fiestas, después las chicas esas tan majas, que decidieron irse al bosque a vivir, como los animales y ahora está viviendo una familia numerosa que no sabes lo escandalosa que es. Los niños parecen terremotos, dando brincos todo el día y no me dejan ver la novela tranquila.
Sus: Vaya, han pasado ya muchos por mi antiguo piso. Con el cariño que le tengo...
Hermenegilda: Pues pena te daría de verlo así. Bueno, me voy que al final no me dará tiempo de nada.


Cuando Hermenegilda salió, se cruzó con Diamante. 

Diamante: ¿Esa es la señora tan pesada?
Sus: La señora Hermenegilda, nuestra vecina del piso.
Diamante: Sus, tenemos que hablar de una cosa.


Diamante le contó que algo había ocurrido en el colegio con Dante. Tenían que ir a hablar nuevamente con su tutora. No era la primera vez que los reclamaban para hablar de su hijo, pero a Sus siempre la inquietaba.

Sus: Noa, ¿no te importa quedarte sola a cargo de la tienda?
Noa: Puedes ir tranquila, Sus. Voy a preparar un par de pedidos por la web y sacaré cajas del almacén.
Sus: Te lo agradezco. A ver qué ha pasado con Dante...


Mientras tanto, Isabelo hablaba con Patricia, la clienta. Se había sentado en el sofá, junto a ella. No dejaba de parlotear y decir cosas que a Patricia no le despertaba ningún interés. 

Isabelo: Por eso al final del capítulo Mortermort se queda sin caballo. Se enamora del dragón y se marcha dejándolo abandonado a merced de una horda de zombies paletos. No queda claro si al final se disfraza de elfo y se camufla o se va con los orcos para conquistar el valle de los caballeros colgados. 
Patricia: Quizás debería volver otro día...
Isabelo: Kianga no tardará, no se preocupe. Ah, ¿sabe que la princesa al final no estaba muerta? Solamente estaba dormida. La vieja peluda le había dado un veneno raro, pero como estaba vacunada contra el virus zombie paleto, no le hizo efecto. 


El olor a sudor y fritanga que desprendía Isabelo hizo que Patricia se levantase de inmediato. No podía aguantarlo ni un minuto más.

Patricia: Mi tiempo es oro, señor Isabelo. Debo hacer muchas cosas y no puedo estar toda la mañana esperando a su compañera. Lo siento, pero...


Kianga: ¡Ya estoy aquí! Le ruego que me perdone. Estaba sumergida en un caso mega importante que debía resolver. No le puedo dar datos, es confidencial, pero entre nosotras, era cosa relacionada con la casa real. 
Patricia: ¿La casa real?
Kianga: Sí, asuntos de estado. A veces se ven tan abrumados que contratan mis servicios. Al final he conseguido averiguar quién espiaba al Rey. 
Patricia: Vaya, trabaja para la corona. 
Kianga: Sí, pero no lo diga por ahí, por favor. Es mejor que esto sea un secreto. Vamos a mi mesa y me cuenta, si le parece bien.


Una vez sentadas, Patricia le explicó a Kianga los motivos por los que quería contratar sus servicios.

Patricia: Estoy casi convencida de que mi marido me es infiel.
Kianga: Vaya, menuda faena.
Patricia: Llevo semanas sospechando que se está viendo con otra.
Kianga: ¿Lo ha pillado en alguna mentira o ha visto algo extraño?
Patricia: Sí. Sé que no va a clases de pilates cuando deja al niño en las clases de repaso. He preguntado y las monitoras dicen que hace mucho que no aparece por allí.
Kianga: Quizás se haya aburrido y prefiera hacer otra actividad.
Patricia: Pero a mi me dice que va a pilates. Me habla sobre las clases y lo bien que lo pasa.
Kianga: ¿Es posible que se haya apuntado a otro centro?
Patricia: Me lo habría dicho.


Kianga: ¿Y lo ha seguido alguna o vez o lo ha visto con alguna mujer que no conozca?
Patricia: No soy capaz de hacerlo, me siento ridícula persiguiéndolo. No lo he visto con otra mujer, pero su ropa huele a perfume femenino y ya nunca...me desea.
Kianga: Entiendo.


Patricia: Soy atractiva y nunca me habían rechazado. Ahora, cada dos por tres se queja de dolores de cabeza y siempre está cansado. Además, está todo el tiempo mirando al teléfono y cuando me acerco, lo apaga para que no pueda ver con quién habla.
Kianga: Me es suficiente. Me tiene que dar una foto de su marido e indicarme la zona por dónde se mueve.


Patricia: Le pasaré fotos por el móvil. Pienso que su querida tiene que vivir cerca del colegio al que va mi hijo, aunque no estoy segura. Por favor, necesito saber la verdad. Quiero tener pruebas suficientes para estar segura y pedir el divorcio. Si me está poniendo los cuernos, lo voy a dejar en la puñetera ruina.
Kianga: Cuente con nosotros. Averiguaremos que está ocurriendo con su marido.


Patricia: Gracias. Si lo averigua, seré generosa con ustedes. Ahora irá a llevar al niño a las clases de repaso. Sería una buena ocasión para ir y averiguar algo.
Kianga: Termino lo de la casa real y voy, no se preocupe.


Cuando Patricia se marchó, Kianga saltó de alegría. Por fin tenían un caso, uno de verdad.

Kianga: ¡Tenemos un caso, Isabelo!
Isabelo: Menos mal, pensaba que ya no nos contrataría nadie. Aunque me ha dejado con el capítulo a medias, tengo que retomarlo ahora mismo.
Kianga: De eso nada, ¡vamos a trabajar! Tenemos que ir ahora mismo a averiguar si ese hombre le está poniendo los cuernos.


Isabelo: ¿Ahora? Pufff. Yo prefiero quedarme aquí, por si aparece otro cliente.
Kianga: Vale, pues entonces iré yo sola. Te iré informando.
Isabelo: Muy bien. Oye, voy a pedir pizzas. ¿Quieres una?
Kianga: No sé lo que tarde en volver. Pídeme una de atún.
Isabelo: Y unas patatas, anillas de cebolla y nuggets de pollo.
Kianga: Bueno, pide lo que veas.


Sus y Diamante llegaron al colegio dónde estudiaban Suselle y Dante. Estaba abarrotado de niños que gritaban y corrían en todas las direcciones. A Sus la estresaba ese alboroto caótico. 


Sus: Cuantos niños...
Diamante: ¿Puedo esperarte aquí fuera? Por allí hay un bar que...
Sus: ¡De eso nada! También son tus hijos. No me puedes dejar sola, Diamante.
Diamante: Es que no creo que sea necesario que estemos los dos...
Sus: Lo siento, pero no te puedes escaquear.
Diamante: ¡Cachis!


Los niños gritaban alrededor, soltando tacos y persiguiéndose los unos a los otros. Tenían que ir con cuidado para no tropezar con ellos.


Por fin llegaron a la entrada del edificio y entraron esperando encontrar más tranquilidad.


Kianga también había llegado a la escuela. Allí se suponía que tendría que aparecer el marido de su clienta. Tenía que estar muy atenta. Era muy importante para ella que no se le escapase. Comprobó que llevaba la cámara fotográfica en el bolso y entró algo nerviosa.


Con tantos niños montando jaleo, le sería mucho más complicado concentrarse.

Kianga: ¿Dónde estará el infiel? A simple vista parece que no está.


Continuará...