Suselle abrió los ojos. Se vio tirada en el suelo de un lugar que desconocía. El suelo era de madera y estaba polvoriento. Por un momento pensó que se encontraba en el sótano de casa de su abuela, pero en seguida lo descartó. Ella no consentiría tanta suciedad.
Se levantó y cuando descubrió el lugar en el que se encontraba, casi se pone a llorar. Estaba en una casa oscura, tétrica. Las paredes estaban pintadas de lila y desconchadas por algunas partes. Las cortinas se movían con la suave brisa que entraba por los cristales rotos de las ventanas. Los cuadros lucían torcidos en las paredes y en ellos, se veían caras y figuras siniestras.
Suselle: ¿Hola?
Estaba muerta de miedo. Sentía que la estaban observando pero no podía ver a nadie.
Suselle: ¿Dante? ¿Pradito?
Hacía frío y se escuchaban truenos de tormenta cada vez más cerca.
Escuchó pasos. Alguien se acercaba desde la planta baja. No podía distinguir muy bien de quién se trataba, pero estaba dispuesta a pedir ayuda.
Suselle: ¿Hola? ¿Me puede ayudar?
Suselle: ¡Hola! ¡Necesito ayuda!
Alicia: ¡Shhhhh! ¡Eh!
Alicia salió tras un cofre repleto de huesos y agarró a Suselle del brazo.
Suselle: ¿Quién eres tú?
Alicia: No hay tiempo. Vamos, tenemos que escondernos.
Suselle: Pero...
Alicia: Corre, antes que nos vea. Ese ser es muy peligroso.
Se escondieron tras el cofre y guardaron silencio. Ese ser misterioso (y en mi opinión, de una terrorífica belleza), pasó junto a ellas sin percatarse de su presencia.
Alicia: ¿Has llegado aquí mediante el juego?
Suselle: Sí...
Alicia: Yo también. Tenemos que evitar que nos vea.
Suselle: ¿Quién es?
Alicia: Se llama Calabazo y es un ser maligno...
Mientras tanto...
Adolfina: Siento interrumpir el juego, niños. Os traigo tarta para que la probéis.
Dante: Adolfina, tienes que ayudarnos.
Adolfina: ¿Qué ocurre?
Dante: ¡A Suselle se la ha llevado el juego!
Adolfina: ¿El juego de mesa?
Pradito: ¡Sí! ¡Se iluminó y luego desapareció!
Adolfina: Entiendo. Tenéis una imaginación asombrosa. Por desgracia no puedo entretenerme jugando con vosotros. Tengo cosas que hacer. Quizás a tu mamá le apetezca.
Adolfina se fue pensando que se trataba de un juego.
Pradito: Nadie nos creerá, Dante.
Dante: ¡Jolines! ¡Tenemos que recuperar a Suselle!
Anita: Pues debemos seguir jugando. Las instrucciones dicen que si lo terminamos, recuperaremos nuestras vidas. A lo mejor así vuelve Suselle.
Walter: Tenemos que intentarlo. Solamente son cuatro partidas.
Anita: Así se habla. Lo podemos conseguir.
Se colocaron frente al juego, preparados para cualquier cosa.
Dante: "Se oyen los pasos de alguien que nunca llega". ¿Eso que significa?
Pradito: Puede ser cualquier cosa...
En la cocina...
Diamante: ¡Estaba deliciosa, Adolfina!
Adolfina: Me alegra que le guste.
Sus: Sí, estaba muy rica. Bosco tiene carita de sueño. Voy a acostarlo ya.
Adolfina: Yo limpiaré la cocina y me marcho.
Sus: Lo puedes hacer mañana, no te preocupes.
Adolfina: No me cuesta nada. Lo hago en un periquete.
Diamante: Yo tengo que hacer una cosa muy divertida.
Sus: ¿Muy divertida?
Diamante: Luego lo descubrirás.
Sus: Estaré en la habitación con Bosco. Buenas noches, Adolfina.
Adolfina: Buenas noches, señora.
Pradito: No pasa nada.
Walter: ¿Y si hemos hecho algo mal?
Anita: No entiendo nada...
Plof
Dante: ¿Habéis escuchado eso?
Anita: Sí...
Plof
Dante: Hay alguien aquí...
Anita: Espero que no sean más bichos asquerosos...
Walter: Viene de tu habitación.
Dante: Sí, escucho ruidos.
Pradito: Ten cuidado, Dante.
Anita: Abre la puerta.
Dante abrió la puerta y un enorme fantasma apareció tras ella.
¡¡Buhhh, buhhhh!!
Walter: ¡Es un fantasma! ¡Corred!
Anita: ¡Socorro!
Dante: ¡Déjame en paz, fantasma!
Pradito: ¡Dante, no!
Pradito no estaba dispuesta a perder otro amigo más. Corrió hasta el fantasma y le dio una buena patada en las espinillas. El fantasma gritó de dolor.
Pradito: ¡¡Esto para que aprendas!!
Fantasma: ¡Ayyy!
El fantasma se quitó la capucha y resultó ser Diamante disfrazado con una sábana.
Dante: ¡Papá!
Diamante: Ayyyy.
Pradito: Lo siento, no sabía que fueses tú.
Diamante: Buena patada, Pradito. Ay, me duele.
Pradito: Lo siento...
Diamante: No pasa nada. Al menos os he dado un buen susto. Ay, menuda patada...
Se puso la capucha y se marchó dolorido.
Diamante: Este fantasma se marcha.
Pradito: ¡Lo siento!
Dante: Menudo susto...
Anita: ¿Y ese fantasma?
En una esquina, había un fantasma observando. Parecía otra persona disfrazada, con una manta encima y dos agujeros para poder ver.
Dante: ¡Es un fantasma de verdad!
Anita: ¿No será tu madre disfrazada?
Fantasma: ¡Buuuuuh!
Dante: ¡Eso no es mi madre!
Las luces parpadearon y el fantasma comenzó a caminar hacia ellos.
Anita: ¡Agarrad el juego y salgamos de aquí!
Otro fantasma apareció tras ellos. Los niños gritaron aterrados.
Dante: ¡Salgamos de aquí!
Pradito: ¡Por las escaleras!
Agarraron el juego y como pudieron, bajaron las escaleras hacia el piso inferior. Los fantasmas apresuraban el paso para intentar alcanzarles.
Pradito: ¡Rápido, que nos alcanzan!
Dante: ¡Iremos a la sala del piano!
Walter: No los veo bajar las escaleras, tranquilos.
Pradito: Ese es el problema. Son fantasmas y a lo mejor no los vemos.
Sus: ¡Ahhhhhhhhh!
Un grito procedente del dormitorio de Sus y Diamante los paralizó.
Dante: ¡Es mi madre gritando!
Pradito: Puede que sean los fantasmas...
Dante: ¡Mamá!
Continuará
















































