domingo, 16 de agosto de 2020

Un Verano muy loco - Capítulo 03 - La Gasolinera

Sabrina había sido ingresada en el mismo hospital en el que Estrella había dado a luz.  Estaba tumbada en la cama, con una mascarilla en la cara. John estaba sentado en una silla, un poco apartado de ella y con mascarilla. Sabrina había intentado mantener una conversación con John, pero él no estaba por la labor.

Sabrina: John, te he dicho que lo siento.¿Es que hablo para las paredes?

John: Ya te he escuchado. Ahora mismo tus disculpas no me valen para nada.  


Sabrina: Me dejé llevar, lo siento. En casa estoy agobiada y siempre pendiente de los niños, que no me dejan respirar. Soy un espíritu libre y necesitaba distraerme, vivir la vida. Sé que hice mal, pero yo soy así.
John: ¿Te das cuenta a dónde te ha llevado tu espíritu libre? ¡Estás en el hospital! Esto no es un juego, Sabrina. Sabes que ese virus puede matarte.
Sabrina: Bah, estoy bien.
John: ¿Y los niños? ¿Has pensado en Anita y Walter? ¿Y en mi? ¡Nos podrías haber contagiado! ¿Tan poco valoras nuestras vidas? ¡Tienes que empezar a madurar de una vez!


Doctora Calzado: Siento interrumpir. Tengo los resultados de las pruebas.
John: No se preocupe, doctora. Han sido muy rápidos.
Doctora Calzado: El protocolo es dar prioridad a estos casos. 
Sabrina: ¿Qué me pasa, doctora?


Doctora Calzado: Como ya sabrán, el clickvirus ahora afecta de una forma u otra dependiendo del sistema inmunológico del click al que infecte. La piel en su caso, es una de las partes de su cuerpo que más afectada está. A pesar de ello, el color de su piel volverá a su estado natural en unas semanas sin dejar ningún tipo de secuela.
Sabrina: ¡Viva! ¡Sabía que no era nada! Si es que conmigo no puede el virus ese ridículo.
Doctora Calzado: No pretendo alarmarla, pero no debería cantar victoria todavía. Hemos descubierto que cuando el virus afecta la piel, también trastorna la cabeza. Varios de nuestros pacientes han sido víctimas de paranoias, obsesiones compulsivas e incluso de comportamientos violentos.
John: Por todos los clicks...


Sabrina: Eso no me pasará a mi. ¿Se cree que me voy a volver loca? ¡Usted no me conoce!
Doctora Calzado: Relájese, quizás el virus no le afecte con tanta virulencia, pero no podemos descartar esa posibilidad. Es cierto que cuando el virus afecta de esta forma, no es contagioso, pero como comprenderán, debe quedarse en observación varias semanas.
Sabrina: ¿¿Qué??
Doctora Calzado: Si finalmente el virus le afecta de la peor forma, será un peligro para usted misma y los demás. No será consciente de la realidad y podría resultar herida o herir a otros. Debe quedarse ingresada y seguir el protocolo de seguridad en estos casos.
Sabrina: ¡¡Y un cuerno!! ¡Yo no me quedo aquí!
John: ¡Sabrina! ¿Quieres dejar de decir tonterías? Ella es la profesional y debemos seguir sus instrucciones. 
Sabrina: ¡¡¡Esa no sabe nada!!! ¡¡Que yo me las piro de aquí!! ¡¡Me voy a mi casa y nadie me lo impedirá!!
John: Pero...
Doctora Calzado: ¿Podemos hablar un momento a solas?
John: Sí.
Doctora Calzado: Ahora volvemos. Intente descansar.


John: Está muy alterada...
Doctora Calzado: Me temo que el virus le está afectado. No le tome en cuenta nada de lo que diga y haga, pues no es dueña de sus actos. Con su consentimiento, debemos sedarla y dejarla en observación un mínimo de dos semanas.
John: Lo que sea, pero que se recupere, por favor...
Doctora Calzado: No desespere. Aunque no es agradable, estos síntomas suelen remitir en unos días. Venga, tendrá que firmar una autorización.


Sabrina se levantó de la cama y se quitó la mascarilla.

Sabrina: ¡Yo me largo de aquí! John parece que está de parte de esa matasanos.


Sabrina: Ahí están, planeando la forma de acabar conmigo. Tengo que salir de aquí cuanto antes...


Sabrina cogió el ascensor y miró al exterior.

Sabrina: Necesito encontrar un vehículo para escapar de aquí. Ya no me puedo fiar de nadie...tampoco de John.  


Sabrina: ¡No puedo creerlo! ¡Es la caravana de la petarda de Sus y el buenorro de Diamante! Me colaré en su interior, seguro que encuentro algún escondite.


Salió del hospital a toda prisa. La idea de esconderse en la caravana le pareció la mejor opción del mundo. 

Sabrina: ¡Así podré espiar a Sus! Seguro que ella está confabulada con esa doctora y el traidor de John.


Miró a través de las ventanillas y vio a Agatha con los pandas.

Agatha: Pandy, ¿quieres más bambú?
Pandy: ##### (Síii, tengo mucha hambre).
Sabrina: Vaya, es la chacha de Sus y los pandas piojosos. ¡Maldición! Es imposible entrar sin ser vista...


Subió al techo de la caravana y abrió y maletero superior. Había espacio de sobra para esconderse. Apartó unas sillas y se acomodó con unas toallas.

Sabrina: ¡Es un escondite perfecto!


John y la doctora salieron a la calle en su búsqueda.

John: ¡¡Sabrina!!
Doctora Calzado: ¡Tiene que encontrarla! ¡Ahora mismo es un peligro y es capaz de cualquier cosa!


John: ¿Dónde habrá ido?
Doctora Calzado: Pruebe a ir a su casa, quizás se haya ido allí. 
John: Sabrina, te encontraré...


Diamante arrancó la caravana y se alejaron del hospital.

Sus: Ay, qué feliz estoy. ¡Briana es una preciosidad!
Diamante: Sí, es un pequeña princesita.
Dante: ¿Ahora a dónde vamos?
Diamante: Tenemos que llenar el depósito en la gasolinera. ¡Nos espera un viaje largo y trepidante!


Llegaron a la gasolinera a los pocos minutos...

Sus: Aprovecharé para sacar a los pandas para que hagan de lo suyo.
Dante: ¡Yo quiero chuches de la gasolinera!
Suselle: ¡Y yo!
Sus: Está bien, pero no os paséis comprando.


Diamante: Me pondré en ese surtidor. 
Sus: Tendrás que dar la vuelta.


Los niños salieron disparados a comprar chucherías. 

Diamante: ¡Niños!
Suselle: ¿Qué pasa?
Diamante: Traedme algunas chuches. Quiero de esos chicles con forma de melón, regaliz, troncos de chocolate y dentaduras.
Suselle: ¡Vale!
Diamante: ¡Y algunas nubes!


Agatha se quedó mirando a algunos clientes de la gasolinera. 

Agatha: Mira que hay gente rara...

Un robot bebía gasolina de la misma manguera del surtidor.

ROBert: ¡Mmmm, deliciosa!


Sus: Vamos chicos, ahí tenemos una zona verde que os servirá como lavabo. 


Dante: ¡Hola!
Dependienta: Hola, chicos.
Dante: Queremos chuches.
Suselle: Ay, no me acuerdo de todas las chuches que quería papá...


Diamante esperaba que se llenara el depósito de gasolina. Miraba alrededor distraído. 

Diamante:Tendría que haberle dicho que me compre piruletas...


Sabrina salió de su escondite. Miró a Diamante divertida.

Sabrina: Pobre Diamante, tener que aguantar una familia tan petarda...


Sabrina: Me voy a divertir un poco...


Se acercó a Diamante por detrás y le tocó el trasero. Seguidamente se escondió sin ser vista.


Diamante: ¿Eh?

Agatha estaba ahí, mirando hacia otra parte. Se giró al escuchar a Diamante y los dos se miraron.

Diamante: Ups...
Agatha: ¿Ya ha llenado el depósito?
Diamante: No...todavía no...(¡Me ha tocado el culo! Vaya, le gusto...imagino que se habrá visto atraída por mi irresistible encanto....).


Cuando Agatha se despistó, Sabrina le tocó el trasero. Se escondió rápidamente.x

Agatha: ¡Ay!


Se giró y miró a Diamante sorprendida. Este también la miraba curioso.

Agatha: Diamante...
Diamante: ¿Pasa algo?
Agatha: Pues que me has...


Sus: Ya estoy aquí. En ese parque se está muy bien. Tendríais que haber visto a los panditas jugando.
¿Y esas caras?
Agatha: Nada, es este calor...
Diamante: Sí, el calor...


Sus: Pandy, meteros en la caravana que estaréis fresquitos. Voy a buscar a los niños, que seguro que se han distraído con cualquier cosa.


Agatha: No se preocupe, yo me quedo con ellos.
Sus: Ahora vuelvo.


Sus: ¿Se puede saber que es lo que estáis haciendo aquí?
Suselle: Comiendo chucherías. ¿Quieres una?
Sus: ¡Son muchas chuches! 
Dante: Esas son para papá.
Sus: ¿Todo eso? Le dijo el doctor que tenía que empezar a cuidarse...


Un motorista llegó a la gasolinera. Tendría unos sesenta años, pelo blanco y barba abundante. Lucía tatuajes y vestía con ropa negra. Agatha lo miró sorprendida.


Se bajó de la moto para llenar el depósito de gasolina. Se puso a silbar una canción heavy de su grupo preferido, Los clicks Marcianos. Se dio media vuelta y vio a Agatha ahí plantada, mirando.


Se acercó hasta ella y le sonrió.

Macarra: ¿Ves algo que te gusta?
Agatha: Disculpe, no pretendía ofenderle...
Macarra: No me ofendes, muñeca. ¿Quieres subir a la moto conmigo? Podemos ir a un lugar tranquilo para conocernos mejor.
Agatha: No, gracias.


Macarra: Si lo estás deseando, preciosa.
Agatha: Le he dicho que no. Déjeme en paz.
Macarra: Tu boca dice no pero tus ojos que sí. Ven aquí.

En ese momento llegó otro motorista. Era un hombre joven y llevaba una moto amarilla con la que recorría los lugares más inhóspitos e inaccesibles.


Al bajarse, escuchó a Agatha protestar.

Owen: ¿Qué demonios pasa ahí?
Agatha: ¡No me toque!
Macarra: Si lo estás deseando, preciosa.


Owen: ¡Ey, tú! No molestes a la señorita.
Macarra: ¿Quién narices eres tú? Esto no es asunto tuyo.
Owen: He dicho que no molestes a la señorita.
Macarra: ¿Vas de chulito? Te voy a dar "pal pelo".


Owen esquivó su puño y lo tiró al suelo con rapidez. El Macarra se golpeó las costillas contra el suelo y gritó de dolor.

Macarra:¡Ayyy! ¡Está bien, está bien! ¡Ya me voy!
Owen: Hazlo antes que llame a la policía. 


El hombre salió corriendo a toda pastilla.

Owen: ¡Y que no vuelva a verte el pelo por aquí! ¡La próxima vez que te vea molestando a una dama, te las verás conmigo!


Owen: ¿Se encuentra bien? 
Agatha: Sí, muchas gracias. Algo asustada, pero bien.
Owen: Si quiere podemos dar parte a la policía.
Agatha: No, creo que no es necesario. Se lo agradezco mucho...


Owen: Oh, disculpe, no me he presentado.

Se quitó el caso y Agatha se quedó prendada. Era un hombre muy guapo, con un pelo negro como el carbón, barbita de dos días y una sonrisa encantadora.

Owen: Me llamo Owen Toro Cornudo. Sí, tengo unos apellidos muy poco comunes. He soportado burlas toda mi vida por ello, pero gracias a ello me hice más fuerte.
Agatha:  Sí, son apellidos muy curiosos. Un placer conocerle. Yo soy Agatha.
Owen: El placer es mío, créame. Tiene un nombre precioso. 
Agatha: Veo que es usted motorista.
Owen:  Sí, ahí tengo a mi moto. Es como mi novia. No sabe la de aventuras que hemos vivido juntos. Recorro el Playmundo en busca de aventuras, de sensaciones nuevas.
Agatha: Qué interesante.


Diamante: ¿Todo bien, Agatha?
Agatha: Oh, sí.  Te presento a Owen, me ha ayudado con un pesado que no me dejaba en paz. 
Owen: Un placer...quizás será mejor que me marche. Imagino que van de vacaciones juntos. Unas vacaciones en pareja.


Agatha: Oh no, no somos pareja. En realidad trabajo para él y su mujer, pero nos llevamos muy bien y me han invitado a pasar las vacaciones juntos.
Owen: Eso es estupendo. Quizás nos veamos por ahí algún día.
Agatha: Sí, quizás.


Owen: Me marcho, que mi novia me espera.
Agatha: Ah...
Owen: Está esperándome, deseando llevarme por ahí de aventura.
Agatha: ¡Ah, se refiere a su moto!
Owen: ¡Exacto! Adiós, Agatha.


El motorista macarra pasó con su moto a toda velocidad y casi se lleva por delante a Dante. Por suerte, Sus lo apartó a tiempo.

Sus: ¡Ey! ¡Locoooo!
Dante: Uh, qué susto...


Agatha miraba a Owen alejarse con su moto. Su corazón latía desbocado de alegría por haberle conocido, pero al mismo tiempo defraudado por haberle dejado marchar. 

Agatha: Owen...espero volver a verte algún día.


Sabrina aprovechó el momento para tocarle de nuevo el trasero. Agatha gritó asustada y se giro al momento.


Sabrina se había escondido tras un surtidor y no la vio. En su lugar, vio a Diamante. Este había estado revisando el estado de los neumáticos cuando la escuchó gritar.

Diamante: ¿Te has asustado?
Agatha: Sí. Debería dejar de hacer eso. Se lo ruego.
Diamante: Debo revisar si están bien hinchados y no hay nada mejor que tocarlos con la mano. Es necesario, por seguridad.
Agatha: No creo que sea necesario, eso no tiene nada que ver con la seguridad. ¿Ha pensado en Sus?
Diamante: Precisamente por eso lo hago.
Agatha: Pues yo no quiero que lo haga. Mi trase...


Sus: Diamante, menudo susto nos hemos llevado. Un tiparraco en moto casi se lleva por delante a Dante. 
Agatha: Debe ser el hombre ese que me estaba acosando.
Diamante: ¡Menudo sinvergüenza!
Sus: ¿Te estaba acosando?
Agatha: Sí...
Sus: ¡Eso es horrible!


Agatha: Sí, pero un motero muy valiente me ha defendido. Estoy por llamarlo y que me proteja de  nuevo...

Al decir eso, miró a Diamante.

Sabrina: ¡Jejejeje!
Sus: Ay, pobre. Te noto alterada. Vamos, te prepararé una infusión relajante y de paso me cuentas.
Agatha: Prefiero ir preparando la comida, así me distraigo.
Diamante: Yo quería revisar los neumáticos, pero lo dejaré para otro momento...


Diamante arrancó la caravana y Sus se sentó de copiloto. 

Diamante: Agatha está muy rara, ¿no crees? 
Sus: Ese hombre le estaba molestando, Diamante. Es normal, yo también estaría alterada.
Diamante: Ya, pero es que le molesta que revise los neumáticos...
Sus: Por cierto, ¿cuantas chuches has comprado?
Diamante: Eh...
Sus: Recuerda lo que te dijo el doctor. Tienes que empezar a cuidarte, cariño.
Diamante: Estamos de vacaciones, Sus. Cuando vuelva, me pondré serio.


Suselle: Agatha, ¿te ayudo con la comida? ¿Corto los pimientos?
Agatha: Sí...(No esperaba esto de Diamante...¡Me ha tocado el culo! No sé si debería decírselo a Sus...en su estado algo así no le vendrá nada bien).
Suselle: ¡Podríamos hacer helado para el postre!
Agatha: Buena idea. (Debo hablar claramente con él. Si no entra en razones, dejaré el trabajo).


Diamante: ¡Rumbo a la playa!
Dante: ¡Yupiiiii!
Suselle: ¡Estoy deseando meterme en el agua!


Continuará...

martes, 4 de agosto de 2020

Un verano muy loco - Capítulo 02 - Briana

Después de unos meses infernales de miedo y confinamiento, por fin las cosas volvían a la normalidad (o algo parecido a la normalidad). Diamante tuvo la idea de ir de viaje por Wensuland. La idea era recorrer el país con la caravana, en familia. Aunque a Sus no le entusiasmaba la idea, a los niños les fascinó.

Sus: ¿Te has asegurado de cerrar bien todas las ventanas?
Diamante: Sí, están bien cerradas.
Sus: Menos mal que Duclack se irá pasando para comprobar que nadie entra a robar, me da mucha más seguridad.
Diamante: Y no te olvides que tu madre seguro que viene más de una vez a dormir con Chidi.


Mientras Diamante cerraba la puerta con llave, Sus bajaba una maleta por las escaleras de acceso a la vivienda.

Duclack: Este verano el calor es insoportable. Encima con lo del virus el embarazo, se me está haciendo todo cuesta arriba.
Sebastián: Lo sé. Por eso quiero que nos tomemos unas vacaciones en cuanto podamos. Quizás en un par de semanas, cuando vuelvan Sus y Diamante.
Duclack: Ya veremos, no estoy con muchas ganas de viajar. ¡Sus!
Sebastián: ¡Deja que te ayude!


Sebastián: Sus, tienes que pedir ayuda. En tu estado, no es bueno que hagas estos esfuerzos.
Sus: Gracias, Sebastián. Siempre tan atento.
Sebastián: No es nada.


Sus: Ay Duclack, todavía no estoy muy segura de irme por ahí de viaje. En mi estado, debería quedarme en casa.
Duclack: Te entiendo. Debes ir y disfrutar, seguro que ves cosas asombrosas. Diamante te cuida como una reina y seguro que estarás genial.
Sus: Sí, Diamante me cuida mucho. También me anima que Agatha se venga con nosotros.
Duclack: ¿No tiene planes con su familia?
Sus: Está completamente sola. Al irnos, se sentía un poco perdida, así que le invitamos a venir con nosotros. Es tan buena con los niños.


Diamante: Ya está la casa cerrada.
Sus: ¡Ay, Diamante! ¡Los pandas!
Diamante: ¿Los pandas?
Sus: ¡Nos los hemos dejado dentro!


Diamante: No, si están ahí con tu madre y Chidi.
Chidi: Son tan adorables. Hola, preciosa.
Pinky: ### (Hola, guapo).
Wenda: Parece que le gustas.
Pandy: ### (¡Ey, que es mi mujer!)
Pinky: ### (No te preocupes, no tengo ojos para otro que no seas tú).


Sus: ¡¡No hablo de Pinky y Pandy!!
Diamante: ¡¡Es verdad!! ¡¡Me los he dejado dentro!!
         Pinky: #### (¿Dónde están los niños?) 
Pandy: ##### (¡Diamante, mis hijos)
Diamante: ¡Voy!
                                                                                                  

Diamante: ¡Aquí están!

Diamante apareció con una cesta amarilla. En su interior, dos pandas pequeñitos miraban curiosos a su alrededor. Eran hembra y macho y les llamaron Pancho & Peky.


Pandy: #### (¡Mis hijos!)
Pinky: ### (Mami ya está aquí, tranquilos).
Diamante: Lo siento, pensaba que los había sacado Sus.


Duclack: Oh, son tan bonitos. Hola, Pancho.
Sus: Son tan guapos como sus papás.
Pandy: #### (Seeeeeeh).
Pinky: #### (Son los bebés más bonitos del mundo).


Sus: No sé cómo nos las vamos a apañar para que quepamos todo en casa, pero alguna solución encontraremos.
Duclack: Sí, no los podéis separar.
Sus: Por nada del mundo.


Pradito: Os echaré de menos.
Suselle: Y nosotros a ti. Me gustaría pasar el verano contigo...
Pradito: Cuando vengáis, le pediré a mamá que nos lleve a navegar unos días en su barco.
Dante: ¡Mola!


Diamante llegó con la caravana. Metieron las maletas y se prepararon para marcharse.

Suselle: ¡Praditooo! ¡Adiós!
Pradito: ¡¡Adiós, Suselle!!
Duclack: Disfrutad del viaje y no os preocupéis por nada.
Wenda: ¡No hagas esfuerzos innecesarios!
Sus: Lo intentaré.


Agatha: ¡Siento el retraso!
Sus: Pensaba que ya no venías.
Agatha: El transporte público está fatal.


Sus: ¿Preparada para pasarlo bien?
Agatha: Sí, lo estoy deseando.
Sebastián: Seguro que lo pasáis de maravilla.


Pradito: ¡¡Suselle, te estaré esperando!!
Suselle: ¡¡Luego hablamos por vídeollamada!!
Wenda: ¡Suselle, no te asomes tanto por la ventanilla que te caerás!
Duclack: ¡Adiós, Suselle!


Diamante arrancó y se alejaron lentamente. Sus se sentó a la mesa junto a Agatha. Pinky daba de mamar a las crías y Pandy vigilaba que comieran adecuadamente.

Sus: Ya estoy agotada y eso que no hemos hecho nada.
Agatha: Es normal en su estado. Luego me pondré con la comida. Esta caravana tiene una cocina que ya quisieran muchas casas. Prepararé ensalada de pasta y hamburguesas para Diamante.
Sus: Yo te ayudaré con la ensalada. Mientras, podríamos tomarnos una refresco.


Suselle: ¡Ay, pero qué guapos son los dos! Pancho es más llorón y Peky más tranquilita. Vaya, están hambrientos.
Pandy: #### (Comed, chicos. Quiero que os pongáis fuertes y grandes como yo).

´

Dante: ¡Nos vamos de vacaciones! ¡Yupi!
Diamante: Rumbo a la aventura. ¡Allá vamos!
Sus: ¿Eh? Me llama Wen por teléfono. ¿Wen? ¿Cómo? ¡¡Ahora mismo vamos!! ¡Diamante, da media vuelta!


Estrella había dado a Luz. No dudaron en dar media vuelta e ir al hospital. Llegaron en seguida y aparcaron muy cerca.

Sus: ¡Vamos, quiero ver a mi sobrina!
Suselle: ¡¡Tengo una primita!!


Dante: ¡Y yo! Eso es que ya soy mayor, ¿verdad, papá?
Diamante: Sí, muy mayor...
Suselle: ¡¡La cuidaré como si fuese mi hermana!!


Llegaron a recepción. Una enfermera en el mostrador los atendió.

Sus: Sí, es mi cuñada. ¡No puedo creer que sea tía!
Enfermera: Un momento, que miro en el ordenador...


Enfermera: Aquí está. Habitación 235.
Sus: ¡Muchas gracias! ¡Vamos!
Suselle: ¡Yo prime en cogerla en brazos!
Dante: ¡Y un cuerno! ¡Eso no vale! 
Diamante: De eso nada. Yo seré el primero, que para eso soy más mayor.


Suselle: Mamá, pero yo soy muy cuidadosa. Ya ves como cuido de mis muñecas.
Dante: Yo también cuido muy bien mi Play.
Diamante: Pues yo también cuido muy bien mis monedas de oro.
Suselle: ¡Pero las muñecas son como bebés! ¿Verdad, mamá?
Sus: ¿Queréis dejar de discutir por eso? Es un bebé y tenemos que tratarlo con mucho cuidado. Las muñecas, las consolas y las monedas son cosas.


En la habitación 235...

Estrella y Wen contemplaban a su hija. Estrella estaba tumbada en la cama y Wen sentado en una silla junto al bebé. En cuanto Estrella rompió aguas, fueron al hospital a toda prisa. Llevaban mucho tiempo esperando el momento, preparándose para ello. Wen había cambiado un poco su aspecto. Se había dejado barba y estaba todavía más musculoso. 

Estrella: Soy tan feliz. Todo esto me parece un sueño.
Wen: Para mi también lo es. No puedo dejar de mirarla. Es nuestra hija, Estrella.
Estrella: Sí, nuestra princesita. ¡Es tan guapa! Tiene tus ojitos y el pelo tan negro como tú.
Wen: Pero tiene tus rasgos. Es la bebé más bonita que he visto nunca.


Estrella: Quiero que sea la niña más feliz del mundo.
Wen: Lo será. Mira, parece que se ha despertado. Hola, Briana.
Estrella: Cucú, Briana. ¿Has dormido bien?


Wen: Parece que sí. ¡Nos está sonriendo!
Estrella: Nuestra Briana es muy simpática y alegre.
Wen: Estoy deseando que la conozca la familia.
Estrella: Están todos de camino. Gallofa se puso a llorar, pobrecito. Se ha preocupado tanto por mi en todo el embarazo.
Wen: Mi madre se puso a llorar y mi padre creo que se puso a saltar de alegría. Imagino que estarán a punto de llegar.


Sus: ¡Enhorabuena!
Wen: ¡Sus! ¡Diamante! ¡Hola, niños!
Estrella: ¡Hola!
Sus: ¡Dame un abrazo, heramanito!
Suselle: ¡¡Quiero ver a mi primita!!


Wen: No llores, Sus.
Sus: Soy tan feliz por vosotros. Enhorabuena.
Estrella: Muchas gracias.
Wen: Gracias. La niña está en perfecto estado.
Diamante: ¡Eso es fabuloso!
Dante: ¡Yo quiero verla!
Suselle: ¡Y yo!


Wen le pasó a la niña a Sus, que la cogió en brazos.

Wen: Hermanita, te presento a nuestra hija, Briana.
Sus: Briana, es un nombre muy bonito. ¡Es preciosa! Hola, cariño. Yo soy tu tita, Sus. ¡Me está sonriendo!
Estrella: Sí, es muy risueña. 
Suselle: ¡Es guapísima! ¡Quiero cogerla!
Diamante: Paciencia, niños.


Sus: Está claro que es tu hija, tiene tus ojos. En los rasgos es igualita a ti, Estrella.
Diamante: Es una niña preciosa.
Wen: Gracias, Diamante.


Wen: Venga, ¿quién quiere cogerla en brazos?
Dante: Yo no...
Sus: Huy, pero si lo estabas deseando.
Dante: Tengo miedo que se me caiga al suelo...se ve tan delicada. No me atrevo...
Suselle: ¡Yo sí!
Sus: Con cuidado, cariño.
Suselle: Hola, Briana. Soy tu prima preferida. Yo cuidaré de ti y te protegeré de la gente mala.
Dante: ¡Yo también la protegeré!
Wen: Tiene suerte de teneros como primos.


Diamante: Dásela ya a su padre, que seguro que tendrá sueño.
Suselle: Ay, es tan chiquitita.
Dante: Parece una muñeca.
Sus: Estrella, ¿cómo estás?
Estrella: Siento como si me hubiesen dado una paliza, pero al verla, se me pasa todo.
Sus: Tienes que descansar mucho y reponerte.
Diamante: Te sienta bien ser papá.
Wen: Pues tengo miedo...Espero poder ser un buen padre.
Diamante: Ya lo eres y está claro que lo seguirás siendo. Esta niña tiene los mejores papás del mundo.
Wen: Gracias, Diamante.


Wen: Venga, vuelve con mamá.
Estrella: Hola, cariño. ¿Has visto la familia tan maravillosa que tienes? Guapa. Muuuack.
Wen: Mirad, os sonríe. 
Sus: Briana, bienvenida a la familia.


Continuará...