viernes, 7 de septiembre de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 23: Luces de emergencia

El sol lucía resplandeciente iluminando el crucero. Hacía un día estupendo, con el mar en calma y una brisa muy suave que refrescaba a los pasajeros. Los más allegados a Wenda y Duclón y algunos curiosos se habían congregado en la sala dónde se celebraba la ceremonia. Wenda lucía un vestido de novia precioso, ceñido y sin mangas ni tirantes. Era largo, blanco y con adornos rosas. Llevaba un velo y unos adornos florales en la cabeza. Agarraba el ramo de rosas con mucha ilusión. Duclón llevaba unos pantalones negros de vestir y una camisa roja a juego con su cinta del pelo. Se había peinado a conciencia la barba gris y había limpiado su parche negro hasta hacerlo relucir.


Duque y Lilu eran los testigos. Todo se había solucionado entre ellos. Decidieron olvidar sus problemas, dejar atrás las discusiones e intentar comprenderse mejor. Se miraban sonriendo, felices por poder vivir ese momento tan mágico. Wenda estaba muy contenta, por fin habían hecho las paces.


Renzo llevaba las alianzas. Estaba emocionado y se aguantaba las ganas de llorar de alegría. Se notaba que quería mucho a Duclón, es un abuelo para él. El Capitán Miller oficiaba la ceremonia. Habían adornado la estancia con flores lilas muy bonitas, las preferidas de Wenda. "No sé cómo las han conseguido estando en alta mar", pensaba extrañada. Da igual, lo importante es que todo está saliendo perfecto.

Capitán Miller: Es para mi un honor, unir en matrimonio a esta maravillosa pareja. Wenda y Duclón. Después del terrible naufragio que hemos vivido, es la mejor forma de celebrar que estamos todos vivos. Wenda, ¿prometes amar...?


Duclón agarró a Wenda de los hombros, tan fuerte que le hacía daño. No entendía que estaba haciendo. Se estaban casando y parecía importarle un pimiento lo que decía el Capitán. 

Wenda: ¿Qué haces? ¿Duclón? Ahhh, me haces daño...

La zarandeaba tan fuerte que le dolía todo el cuerpo. Algo le apretaba el pecho y le daban ganas de toser.

Duclón: ¡Wenda!
Wenda: ¡Me haces daño!
Duclón:¡Wenda, no te mueras!


Todo desaparecía a su alrededor. Las flores eran garabatos sin sentido y todos los que la rodeaban se desvanecían como un dibujo bajo la lluvia. Estaba mareada y le costaba respirar.

Wenda: Duclón...no sé que pasa...
Duclón: ¡Wenda!


Todo le daba vueltas y no podía agarrarse a nada. Era como estar cayendo al vacío.


Duclón: ¡Wenda!


Abrió los ojos y se encontró en su camarote, con Duclón. Tenía una madera sobre su pecho y le dolía la cabeza. El techo era ahora el suelo y todo estaba al revés. Escuchaba gritos por todas partes y olía a humo. Duclón lloraba desesperado.

Duclón: ¡Wenda! ¡Estás viva!
Wenda: Duclón..


Saltaron las alarmas y las luces de emergencia. El hombre misterioso erró en su tiro cuando el crucero se dio la vuelta. Ahora estaban todos en el suelo (lo que era el techo) doloridos. 

Carlota: ¿Qué está pasando?
Donato: Creo que estamos boca abajo...¿Estás bien?
Carlota: Creo que sí...
Beatriz: ¡Huyamos de aquí!
Ignacio: ¡Buena idea!


Salieron corriendo para librarse del hombre misterioso y para averiguar cómo salir del barco.

Donato: ¡Tenemos que salir del barco!

Igancio corría a toda prisa, dejando a su mujer atrás. Carlota lo despreciaba cada vez más.


El hombre misterioso los vio alejarse, pero no estaba dispuesto a renunciar a su misión. Acabaría con todos ellos.


 Mientras, en la sala de fiestas todo el mundo intentaba recomponerse. Muchos habían sufrido contusiones y estaban desorientados. Se escuchaban gritos por todas partes. Por las cristaleras se podían ver a clicks ahogándose en el exterior. Algunos golpeaban los cristales para pedir ayuda, pero pronto era absorbidos hasta las oscuras profundidades.

Duque: ¡Hay gente pidiendo ayuda!
Sinéad: ¡Eros!
Eros: Estoy aquí, ¿estás bien?
Sinéad: Creo que sí.
Leire: No puedo creer que esto esté ocurriendo...no, debe ser una pesadilla, no es posible...
Malena: No es un sueño...el barco se hunde...


Leire: ¡Tenemos que ayudar a esa gente! ¡Se están ahogando!
Duque: Es imposible, si estos cristales se rompen, moriremos todos.


Rafa: ¡Amy! ¿Estás bien?
Amy: Me duele la cabeza...
Emma: Tengo miedo...
Elliot: No tengas miedo, yo te protegeré.
Willy: ¡Emma!


Agnes: ¡Artemisa! ¿Alguien ha visto a Artemisa? ¡Artemisa!
Dora: No quiero morir...no quiero morir...soy joven para morir...


Renzo: ¡Kim!

Kim estaba tirada en el suelo, en shock. Cuando lo vio venir, le sonrió.

Kim: Esto es un sueño, ¿verdad?
Renzo: ¿Estás bien? El barco se está hundiendo...
Kim: Quiero despertar.
Renzo: No temas, saldremos de aquí...creo.
Kim: ¡He dicho que quiero despertar! ¡Ahhhhh!


Felipe miró a su alrededor aturdido. Los golpes en los cristales de los que se estaban ahogando cada vez eran menos frecuentes. De pronto, pensó en Demetria. Debía estar en su camarote, junto a Gabi. Le daba igual que lo odiase, tenía que ir a por ella, salvarla aunque le costase la vida.


Artemisa: ¡Agnes, estás ahí!
Agnes: ¡Artemisa!
Artemisa: No te muevas, hay cristales por todas partes. ¿Estás bien?
Agnes: No, quiero marcharme de aquí. Tengo miedo, ¡no quiero estar aquí!
Artemisa: Saldremos de aquí, te lo prometo.
Agnes: Es la última vez que viajo en barco...


Rafa: ¡Amy!

Amy estaba intentando levantarse. Se había golpeado la cabeza contra una mesa. Rafa no lo dudó un instante y fue hasta ella.


Rafa: Amy, ¿puedes oírme?
Amy: Rafa...

La ayudó a sentarse. Estaba dolorida, pero no tenía heridas  graves.


Amy: No entiendo lo que está pasando...
Rafa: El barco se hunde a causa de la tormenta. Estos cristales de momento aguantan las sacudidas de las olas y la lluvia.
Amy: Rafa, no dejes que nada nos separe. Tenemos que salir de aquí juntos.
Rafa: Tranquila, saldremos de aquí.


Jean apareció de golpe y empujó a Rafa para apartarlo de Amy.  Abrazó a Amy y le besó en la cara. Rafa lo observaba sin entender nada.

Jean: ¡Aléjate de mi mujer!
Rafa: Hemos hecho un trato, Jean. Entiendo que te puedas preocupar, pero...
Jean: No entiendes nada, ignorante.


Jean: Díselo tú, cariño.
Amy: No es el momento, Jean. Será mejor que pensemos en la forma de salir de...
Jean: ¡Que se lo digas! ¿Es que de verdad te está gustando este cantamañanas?
Rafa: No entiendo.
Jean: Te hemos engañado desde un principio. Yo no pertenezco a la mafia ni conozco a Al Clackone. Somos un matrimonio que estafamos a pijos estúpidos como tú. Te engatusó solamente para sacarte la pasta. En cuanto llegásemos a puerto, te mandaría al cuerno y nos gastaríamos toda tu pasta.
Rafa: Es mentira. Amy, dile a este desgraciado que está mintiendo.

Amy no sabía que decir. Jean decía la verdad. Hasta ese momento habían timado a muchos millonarios enamoradizos, pero con Rafa las cosas no habían salido como ella pensaba. Se había enamorado de él y aunque había intentado alejarlo de ella, para evitar la estafa y hacerle daño, al final no supo detener la situación.


Amy: Es verdad, Rafa. Te dije que te alejaras de mi.

Se dio la vuelta y se puso a llorar. Rafa estaba blanco, no podía dar crédito. 

Jean: ¿Ves? Ya puedes ir olvidándote de mi mujer.


Rafa se quedó ahí sentado, sin saber que decir. Jean fue hasta Amy y la abrazó. Intentó besarla, pero ella giraba la cabeza. 

Jean: No llores, tonta. Ya pasó todo, no tendrás que dejarte tocar más por ese tío. 
Amy: No entiendes nada...
Jean: Ah, lloras por el barco. Buscaremos la forma de salir de aquí, ya lo verás.


Alicia: ¡Izan!
Izan: Alicia...

La pareja se abrazó. Alicia lloraba aliviada. 

Alicia: Pensaba que no volvería a verte nunca más...


Izan: Somos más fuertes que todo esto, ¿no crees?
Alicia: Sí...Izan, no quiero perderte. Por favor, perdóname. He sido tan estúpida...
Izan: Olvida ya todo eso. Ahora lo que te debe preocupar es cómo vamos a salir de aquí...


Willy: Emma, ¿te encuentras bien?
Emma: ...
Willy: ¿Emma?
Lucía: Está en shock.
Willy: Tranquila, seguro que el Capitán nos saca de aquí.
Emma: ...


Cecilia: ¡Izan! ¿Estás bien?
Izan: ¡Cecilia! Sí, ¿y tú? ¿Estás herida?

Alicia la odiaba, era algo que no podía evitar. Ni en una situación así era capaz de olvidarse de sus celos. "No seas así, Alicia. Esta chica no te ha hecho nada" se decía. 

Cecilia: Sí, estoy bien...Alicia, ¿y tú?
Alicia: Estoy bien.

Lo dijo de una forma seca y borde. No lo pudo evitar. 


Willy: ¡Amigo!
Renzo: ¡Willy, estás bien!


Se abrazaron entre lágrimas. Kim miraba al infinito, negándose a reconocer la realidad.

Willy: Nos estamos hundiendo...tengo miedo.
Renzo: Y yo...no quiero morir ahogado. Dicen que es una muerte espantosa.
Willy: Espero que el Capitán sepa la forma de salir de aquí...
Renzo: Tenemos que intentar animar a las chicas.
Emma: Mi abuela...no sé dónde está mi abuela...


Capitán Miller: Hijo, ¿estás herido?
Elliot: No papá, estoy bien. Soy fuerte como tú.
Capitán Miller: Lo sé. Eres muy valiente, hijo mío.
Lucía: Brian, la situación es crítica...
Capitán Miller: Lo sé...


Capitán Miller: ¡Atención, guarden un momento de silencio!

Todos los que estaban allí se callaron al instante. Estaban deseosos por salir de allí con vida y esperaban impacientes que el Capitán los ayudase. 

Capitán Miller: Les agradezco vuestra colaboración. Sé que están asustados y temen por sus vidas, pero no debemos dejarnos llevar por el pánico. Ahora mismo es nuestro peor enemigo. 

Alicia: ¡Los cristales se van a romper!
Capitán Miller: Calma, de momento aguantarán. Aunque no por mucho tiempo. Debemos salir de aquí cuanto antes.
Jean: ¡Usted nos ha llevado hasta esta situación! ¡Es un incompetente!
Capitán Miller: Les sacaré de aquí.


Malena: ¿Cómo? ¡Estamos boca abajo!
Jean: ¡Eso! ¡Vamos a morir aquí abajo por su culpa!

Todo el mundo se puso a gritar y balbucear.

Lucía: Por favor, mantengan la calma.
Capitán Miller: No les puedo engañar, la situación es crítica. Aunque todavía tenemos una forma de salir de aquí. La compuerta del ancla. Debemos cruzar muchas estancias, incendios y seguro que encontraremos áreas inundadas, pero es la única forma.
Mujer: ¡Yo no sé nadar!
Capitán Miller: Nos ayudaremos los unos a los otros.
Emma: ¡Yo no sé dónde está mi abuela!
Duque: ¡Tengo que encontrar a mis amigos y a mi novi...amiga!
Willy: ¡Mi tía y Duclón! Estaban en su camarote...
Kim: Esto es una pesadilla, mis padres están bien.


Capitán Miller: La Oficial Jefe Lucía se encargará de llevarles hasta la compuerta del ancla. Yo y los que se presenten voluntarios iremos a buscar supervivientes.
Elliot: Voy contigo, papá.
Capitán Miller: Ni lo sueñes. Te irás con Lucía.
Lucía: Bryan...es una locura. Este barco no aguantará mucho...
Capitán Miller: Debo hacerlo, es mi responsabilidad. Soy el Capitán de este barco y haré todo lo que esté en mis manos para salvar todas las vidas  posibles. ¿Algún voluntario para la partida para buscar supervivientes? Será peligroso, deben ser conscientes de ello.


Izan: ¡Yo iré con usted!
Alicia: De eso ni hablar.
Izan: Alguien tiene que hacerlo, cariño.
Duque: Cuente conmigo, Capitán.


Continuará...

jueves, 9 de agosto de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 22: La tormenta

En el puente de mando la preocupación iba en aumento. La tormenta que en un principio parecía que se alejaba de ellos, ya la tenían encima. Peter necesitaba hablar con el Capitán.

Peter: Álvaro, busca al Capitán. Esto no me gusta nada...
Álvaro: Ahora mismo, señor.


El Capitán no tardó en presentarse en el puente de mando. Peter le resumió las novedades y lo peligroso de la situación.

Capitán Miller: Maldita sea, pensaba que nos libraríamos de la tormenta.
 Peter: Lo peor son las olas, Capitán. Jamás había visto unas tan grandes.
Capitán Miller: Algunos pasajeros se están empezando a preocupar. 


Miller observaba el radar preocupado. La cosa no pintaba nada bien. Ordenó un cambio de rumbo repentino y con ello sortearon algunas olas grandes. Intentaba alejarse de la tormenta, pero le resultaba imposible.


Mientras tanto, Blas llegó a su camarote muy enfadado. Le dolían los puños por los puñetazos que le había propinado a Caitlyn, pero le daba igual. Felipe estaba acostado en una de las camas, aunque no estaba dormido. El barco se movía mucho y tenía el estómago revuelto, así que fue directamente a vomitar.


Blas: ¡Buaaagggh! Me estoy mareando con tanto meneo.
Felipe: Mira por la ventana, estamos en mitad de una tormenta.
Blas: Paso, que me mareo más. Por cierto, buen puñetazo el que me has dado. 


Felipe: Lo siento, pero es que te has pasado. No podía consentir que siguieses faltando al respeto a Demetria. ¿Que te ocurre en las manos?
Blas: ¡Le he dado una paliza a ese mariquita!
Felipe: ¿De quién hablas?
Blas: De Caitlyn.


Felipe: ¿Caitlyn? Pero si es una mujer...
Blas: ¡No lo es! Es un tío. Qué asco, y pensar que lo he tocado...
Felipe: Un momento. ¿Has pegado a Caitlyn?
Blas: Una buena paliza. Es un pervertido que se viste de mujer y se estaba riendo en mi cara. ¡Yo no soy mariquita!
Felipe: Has pegado a Caitlyn. No puedes caer más bajo.
Blas: ¡Que te digo que es un tío!


Felipe: Pues seguramente sea transexual, ignorante. ¿Crees que golpeándola solucionas las cosas?
Blas: Se lo merecía, por pervertido. Hemos tenido mala suerte. Yo con un tío que se viste de mujer y tú con una famobil monstruosa. 


Felipe: ¡No hables así de ella! El monstruo eres tú, pegando a una clack.
Blas: ¡Es un tío! Te has vuelto tonto. Me has decepcionado, Felipe. Jano se pira dándome de lado y tú te pones del lado de un degenerado y una famobil fea de narices. ¡Eres un mal amigo!


La rabia de Felipe aumentaba con la potencia de la tormenta, que era cada vez más violenta.

Felipe: Pero Blas, ¿todavía no te has dado cuenta? Estás solo, nadie quiere estar a tu lado. Caitlyn vio algo en ti y le has recompensado dándole una paliza, eres repugnante. Insultas a las clacks y las utilizas, sin importarte sus sentimientos. Y a los amigos los tratas como súbditos, te ríes de ellos y te crees superior. Se acabó, no quiero volver a verte nunca más.
Blas: ¡Pues vete con la fea esa!


Las luces se apagaron y se encendieron unas de emergencia. Las olas eran muy grandes y la lluvia caía con mucha fuerza. Se repetían los truenos cada pocos segundos. Felipe agarró a Blas del cuello y lo empujó contra la pared. 

Felipe: No vuelvas a hablar de ella en tu puñetera vida, ¿entendido? Eres basura.
Blas: Pégame otra vez. El único violento aquí eres tú.


Felipe soltó a su ex amigo y se fue del camarote a toda prisa.

Blas: ¡Esoo, vetee! ¡Maldito cobarde! ¡No te necesito para nada!


Se quedó mirando como Felipe se alejaba y aunque no quería reconocerlo, le dolió perder su amistad. De pronto, las Playgirls aparecieron por el pasillo y se acercaron a su puerta. Blas las miraba anonadado. 

Asunción: Hola, guapiño.
Blas: Hola, chicas. ¿Os puedo ayudar en algo?
Justina: La verdad es que sí.


Blas: Estaré encantado de ayudar a tres preciosidades como vosotras. 
Piedad: Las tormentas nos aterran. En una noche así, lo pasamos muy mal.
Blas: Vaya...

Blas tenía el estómago revuelto, pero disimulaba.

Asunción: ¿Podrías darnos un poco de amor en una noche tan oscura y tormentosa?


Blas: Por fin me sale algo bien. Claro que sí, preciosas. Una cosa, ¿no seréis transexuales?
Asunción: Oh, para nada. No te preocupes.
Blas: En ese caso, pasad. Os voy a dar todo el amor del mundo.

Asunción llevaba un cuchillo escondido en su espalda, Justina una cazuela y Piedad unas tijeras. 

Asunción: Y nosotras a ti, amor.


Blas se quitó la ropa al instante. La mala experiencia con Caitlyn le había dejado a medias.

Justina: No pierdes el tiempo, ¿eh?
Blas: Claro que no. La vida es corta, muñeca.


Asunción estaba asqueada. Cada vez que recordaba a Caitlyn en el suelo, se ponía más furiosa. No lo matarían, pues no son asesinas, pero si que le asustarían para darle una lección.


Demetria y Gabi pasaban por ahí cuando escucharon los gritos de dolor de Blas.

Blas: ¡AHHHH! ¡Ahí no! ¡Auuu!
Asunción: ¿Te gusta? ¡Toma!
Blas: ¡Ahhhh!
Gabi: La gente tiene gustos muy retorcidos. ¿Qué estarán haciendo?
Demetria: Es el camarote de Felipe...vete a saber. Vamos, no quiero escucharlo.


Gabi: ¿Dónde vamos?
Demetria: Ami camarote. Estoy algo mareada con esta tormenta.


En el puente de mando...

Leire: Capitán, esto se está poniendo muy feo...
Capitán Miller: Tranquila, saldremos de esta.
Leire: Hay pasajeros muy preocupados. He intentado tranquilizarles, pero resulta difícil con lo que se mueve el barco.
Capitán Miller: ¡Rumbo 30 grados al este!
Peter: Sí, mi Capitán.


La tormenta empeoraba por momentos. Con cada ola gigante, el Capitán conseguía enderezar el barco y salvar la situación, aunque a duras penas tenía margen de maniobra. 

Capitán Miller: ¡20 grados al oeste!
Peter: ¡Sí, mi Capitán!
Leire: ¿Eso que es? ¿¡Es un ola!?


Capitán Miller: ¡30 grados al norte!
Peter: ¡Sí, mi Capitán!
Leire: ¡Es demasiado grande!


Consiguieron sortear la ola, pero no contaban con que la siguiente era todavía más grande. El Capitán cogió el altavoz y habló para todos los pasajeros y tripulación.

Capitán Miller: Les habla su Capitán. Vamos a ser embestidos por una ola gigante. Agárrense fuerte dónde puedan y mantengan la calma. Es importante no perder los nervios. Les mantendremos informados.
Peter: Mi Capitán...
Leire: ¿Que hacemos, Capitán?
Capitán Miller: ¿Sabe usted rezar?
Leire: Sí...
Capitán Miller: Pues rece. 


Duque miraba por las cristaleras la tormenta. Era un experto pirata, curtido en mil batallas en alta mar. Sabía que aquella no era una tormenta normal. Había vivido una parecida hacía años y el barco naufragó llevándose consigo la vida de muchos camaradas.

Duque: ¡Agárrense fuerte!


El crucero no fue capaz de soportar el golpe y volcó. Se quedó flotando de lado sobre las furiosas olas.


Con el golpe, el hombre misterioso erró su tiro. Todos cayeron sobre las puertas y las paredes laterales, que hacían ahora de suelo. Beatriz se golpeó en la cara contra un foco de luz. El Hombre misterioso se dio contra una puerta y gritó dolorido. Ignacio no se hizo daño y salió ileso.

Beatriz: Socorro...
Ignacio: ¿Qué está pasando?


Carlota quedó atrapada en la pared de un pasillo, a unos metros de altura de dónde estaban ellos. Miró aterrorizada a su alrededor. Estaba claro que el barco había volcado.


Donato: ¡Carlota!

Vio a Donato caminando desorientado. Caminaba pisando las puertas y cuadros que ahora hacían de suelo.

Ignacio: ¿Estás bien, amor?
Beatriz: No me toques, desgraciado...
Ignacio: No te enfades, amor. Le estaba mientiendo, no hablaba en serio.
Beatriz: Y un cuerno.


Donato: ¿Se encuentra bien?
Beatriz: Me duele el brazo.
Ignacio: Le han disparado.

El hombre misterioso se estaba recuperando del golpe.


Carlota: ¡Donato! ¡Aquí arriba! ¿Estás bien?
Donato: ¡Carlota! ¡Por todos los clicks! Estoy bien. ¿Puedes bajar?
Carlota: No lo creo...está muy alto.
Donato: Salta sobre mi, yo amortiguaré el golpe.
Carlota: Me da miedo...
Donato: Confía en mi.


Carlota saltó y Donato la agarró al vuelo. Su espalda protestó y un calambre recorrió todo su cuerpo. Seguramente se pasaría días dolorido...si sobrevivía.

Donato: Te tengo.


Carlota: Donato, pensaba que te había perdido.
Donato: Soy un viejo duro de roer.
Carlota: ¿Qué está pasando?
Donato: No lo sé, pero debemos salir de aquí cuanto antes. El barco se debe estar hundiendo.
Beatriz: ¡Mi hija! Tengo que encontrar a mi niña.
Ignacio: La encontraremos.


Hombre Misterioso: De aquí no se mueve nadie.
Donato: ¿En serio? ¡Se está hundiendo el barco! Podría dejar su cacería para más tarde.
Hombre Misterioso: Eso me da igual. Tengo que eliminar mi objetivo en las circunstancias que sean. Si el barco se hunde, no es relevante.
Carlota: ¡Maldito lunático!


Blas ya se había vestido y las chicas lo miraban enfadadas. Le habían maltratado un poco, haciéndole prometer que jamás volvería a hacer daño a una clack. Aunque lo prometió, decidieron contarle todo al Capitán, en contra de los deseos de Caitlyn. No se podía salir de rositas. En ese momento, el barco volcó y todos fueron a parar a la pared que daba a las ventanas. Piedad se había golpeado la cabeza contra el lavabo y le sangraba un poco. Justina y Asunción habían caído sobre los colchones y solamente estaban aturdidas. Blas tampoco había recibido muchos golpes.

Asunción: Hermanas, ¿estáis bien?
Justina: Sobreviviré...creo.
Piedad: ¿Qué carallo está pasando?
Asunción: ¡El barco se hunde!
Justina: Imposible...


La pared dónde estaba la puerta era ahora el techo, por lo que les era imposible salir. Blas miró las camas empotradas al suelo y las utilizó para escalar y llegar a la puerta.

Asunción: ¡Ayúdanos, por favor!
Blas: Primero subo yo.
Piedad: Me duele la cabeza...
Justina: Te has dado un buen golpe, hermana.


Blas llegó por fin a la puerta y salió. 

Asunción: ¡Lo has conseguido!
Justina: Ayúdanos a subir, por favor. 


Blas las miraba rabioso.

Blas: ¿Ahora quién se ríe?
Justina: ¡Vamos, no es momento de recriminar nada!
Asunción: Dame la mano.


Blas cerró la puerta y partió la llave en la cerradura, dejando la puerta inservible. Las chicas gritaron aterradas y le imploraban que las dejase salir, pero no pensaba hacerlo.

Blas: Hasta nunca, locas.


En la sala de fiestas, la gente gritaba asustada. Muchos estaban heridos, aunque de momento no había ningún muerto.

Agnes: ¡Artemisa! ¿Dónde estás?
Renzo: ¡Kim!
Kimberly: ¡Renzo, socorro!
Willy: ¡No veo a Emma!
Alicia: ¡Ayuda, estoy atrapada!


Otra ola movió al barco de tal forma, que finalmente quedó boca abajo. El golpe causó muchos daños en la estructura del crucero, inundando algunas zonas. Muchos pasajeros murieron por los golpes y otros ahogados. Se declararon muchos incendios que nadie podía apagar.  


Los que en ese momento estaban en la sala de fiestas, tuvieron suerte. La sala no salió dañada y el agua no entraba. Por el momento, las cristaleras aguantaban. 


Se escuchaban gritos de dolor, gente llorando y muchos pasajeros llamando a sus seres queridos. Estaban desorientados y muy asustados. Caminaban por el techo, junto a las lámparas que todavía proporcionaban luz. La electricidad seguía funcionando, aunque no duraría demasiado.


Izan se asomó por los ventanales y vio cómo el agua golpeaba los cristales. Podía ver gente fuera, ahogándose bajo el agua. Desaparecían junto a maletas, mobiliario de las terrazas y objetos en la oscuridad más profunda. Una clack imploraba ayuda, pero él no podía hacer nada por ella. La vio luchar contra las olas hasta que finalmente, desapareció. Tenía que encontrar a Alicia y salir de ahí cuanto antes. El barco se estaba hundiendo.


Continuará...