sábado, 28 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 16: El amor es un engaño

Demetria necesitaba respirar aire puro. Subió a la cubierta esperando haberse librado de Felipe. Lo escuchó correr tras ella, pero consiguió despistarlo. Gabi estaba sentado en la terraza, intentando relajarse cuando la vio aparecer.


Pensaba en acercarse y preguntarle cómo se encontraba, pero le daba miedo molestarla. "Debe estar muy triste", pensó. No se equivocaba, Demetria no podía estar más triste y decepcionada. Aunque en esos momentos, a quién más odiaba era a ella misma. Se culpaba por haber confiado en Felipe sin conocerlo de nada.


Felipe la encontró. La vio allí sola, mirando al horizonte y se le partió el corazón. Sabía que estaría enfadada y muy decepcionada.

Felipe: ¡Demetria!


Demetria se dio la vuelta al escuchar su voz. Deseaba que la dejase en paz, que desapareciese de su vida. Lo peor de todo era que estaba atrapada en ese barco y no podía escapar de él. 

Felipe: Demetria, tienes que...
Demetria: Felipe, quiero que me dejes en paz. 
Felipe: ¡No lo entiendes!
Demetria: Lo escuché todo, Felipe. La apuesta, lo fea que soy...¡Nunca debí confiar en ti!
Felipe: Lo siento, esa apuesta fue un error. Al principio me acerqué a ti por eso, pero al conocerte, todo cambió.
Demetria: La apuesta sigue en pie, ¿verdad?


Felipe: ¡Ya no hay apuesta! Demetria, te lo juro. Ven conmigo, deja que te lo explique. Siento algo especial por ti, algo que...
Demetria: Mientes muy bien, tengo que reconocerlo. Deja de humillarme y vete. ¡No quiero saber nada más de ti! No te acerques a mi ni me hables.
Felipe: Vamos, Demetria. Dame otra oportunidad, te demostraré que...
Demetria: ¡¡Déjame en paz!! ¡¡Vete!!

Al ver lo tensa que se estaba poniendo la situación, Gabi decidió intervenir. 


Forcejeó con  Felipe hasta que consiguió que soltase a Demetria. Felipe cayó al suelo cuando Gabi lo empujó.

Gabi: ¡Te ha dicho que la dejes en paz!
Demetria: Gabi...
Felipe: Necesito explicarme...
Gabi: Ya está bien, ¿es que no tienes corazón?


Demetria: Felipe...no te acerques a mi, por favor.
Felipe: Demetria...
Gabi: Vamos, está anocheciendo y hace frío. Entremos y comamos algo calentito, te sentará bien.


Sinéad y Eros salieron del camarote dispuestos a pasárselo bien en la fiesta. Sinéad miraba de un lado para otro, temerosa de que la chica que los vio con el cuerpo de Jano los encontrase.

Sinéad: No la veo por ninguna parte.
Eros: Ya te dije que no pasaría nada.


Sinéad: Eros, ¿y si me vuelve a controlar el hambre? ¡No quiero hacer daño a nadie más!
Eros: En ese caso, yo te ayudaré. No te preocupes, a las malas buscamos un desgraciado como el que nos hemos zampado y ya está. Piénsalo bien, le hacemos un favor al mundo.
Sinéad: Pero no quiero ser yo la que decida quién debe o no morir. Hoy me siento como un monstruo.
Eros: Un monstruo muy sexy.


Rafa ya había hecho la transferencia. Fue a al camarote de Jean y Amy para informarles. Deseaba llevarse a Amy y que por fin, pudiese ser libre para decidir. Le angustiaba pensar que seguía en el mismo camarote que Jean.


Jean abrió la puerta y seguidamente se sentó en la cama frente a su ordenador portátil. Amy estaba en un rincón de la habitación, con una maleta con sus cosas a su lado.

Jean: Pasa y cierra la puerta.


Entró y cual fue su sorpresa al ver a Jean junto a una pistola. Aquello le aterró. ¿Y si una vez confirmada la transferencia lo mataba allí mismo? Podía tirar su cadáver al mar y desaparecería para siempre. Aquella idea se instaló en su mente y casi se quedó petrificado.

Jean: ¿Has hecho la trasferencia?
Rafa: Así es.
Amy: Es demasiado dinero, Rafa...
Jean: Es lo que vale su amor por ti, deberías sentirte alagada. 


Jean: Voy a comprobar si no me estás engañando.

Mientras Jean tecleaba en su ordenador y se metía en su cuenta bancaria, Rafa seguía mirando el arma. Estaba valorando la posibilidad de lanzarse a por ella. Estaba algo lejos, pero quizás con el factor sorpresa consiguiese hacerse con la pistola. Jamás había usado un arma, por lo que no sabía si sabría usarla y lo que es peor, disparar contra Jean.


Jean: Colega, ya tengo el dinero en mi cuenta. 

Rafa No sabía si reír o llorar. La idea de lanzarse a por la pistola cada vez se alejaba más de su mente.


Jean se puso a saltar sobre la cama. Estaba tan contento que reía y bailaba.

Jean: ¡Soy ricoooo!
Rafa: Ya tienes tu dinero, ahora deja que nos marchemos.


Jean bajó de la cama y se acercó a él con la pistola en la mano. Rafa miraba el arma aterrorizado.

Jean: Rafita, te has portado. Creo que en otras circunstancias, habríamos sido amigos.
Rafa: Lo dudo...


Estaba sudando y aquel momento se le estaba haciendo eterno. El arma le estaba poniendo muy nervioso.

Jean: Amigo, estás sudando. Tranquilo, un trato es un trato. Te puedes llevar a esta, si es lo que quieres.
Rafa: Es lo que quiero. No nos molestarás más, ¿verdad?
Jean: Soy un click de palabra, amigo. Es algo que me enseñó mi padre y cumplo a raja tabla. Es toda tuya, haz lo que quieras con ella. Yo tengo mi dinero, tú a Amy. Solamente tengo una advertencia que hacerte. 
Rafa: ¿Cuál?
Jean: No vayas a la policía. Si lo haces, mi padre y todos sus hombres irán a por ti. No existirá rincón en el mundo en el que esconderte.
Rafa: Descuida.


Agarró a Amy del brazo y tiró de ella. Salieron escopeteados del camarote. Cuando avanzaron unos metros, Jean los llamó. Se detuvieron y se giraron. Tenía todavía su arma en la mano. 

Jean: Que seáis felices.

Algo en la forma de decirlo le puso los pelos de punta. No estaba seguro de que realmente los fuese a dejar en paz.


Fue Amy la que tiró de él esta vez y se alejaron a toda prisa.


Llegó la noche y después de una cena lujosa y por todo lo alto, los pasajeros se trasladaron a la sala de fiestas, que hacía también de bar/restaurante. Era una noche muy estrellada de luna llena. Corría un viento frío pero no del todo desagradable. Lentamente se aproximaban unas nubes de tormenta, aunque todavía parecían estar lejos.


Panama navegaba en la oscuridad de aquel inmenso mar. Sus luces se reflejaban en el agua como estrellas en la inmensidad. 



Donato y Carlota observaban juntos aquel maravilloso e impactante paisaje. Después de una agradable cena, en la que comieron y rieron hasta hartarse, decidieron tomarse un refrigerio contemplando la luna y el mar.

Carlota: Me siento muy pequeña, diminuta antes esta inmensidad.
Donato: Y yo. No somos nada, Carmen.
Carlota: Ha sido una velada maravillosa.
Donato: Te dije que soy un gran conversador y que no te aburrirías. Para mi también ha sido maravillosa. Lo bueno es que la noche todavía no a terminado.
Carlota: Sí, todavía pueden ocurrir muchas cosas.
Donato: Interesante observación.


Leire estaba en cabina junto a Peter, que llevaba los mandos del barco. Miró el cielo preocupada.

Leire: ¿Estamos en alerta roja?
Peter: No te preocupes, la tormenta está tomando otra dirección. 
Leire: Aquellas nubes son terroríficas, pero preciosas.
Peter: Sí, una belleza peligrosa. Por suerte, nos mantenemos alejados de la tormenta. 


Leire: Pues yo nunca estoy tranquila con estas cosas. Ya sabes, las nubes cambian de rumbo en cuanto menos lo esperas.
Peter: Sí, pero estas las tenemos controladas. Pronto estaremos muy lejos de la tormenta.


En la sala de fiestas, Renzo y sus amigos bailaban en parejas. Como no podía ser de otra forma, Kimberly bailaba pegada a Renzo y Emma a Willy. Renzo pisaba sin querer a Kimberly y ella protestaba intentando corregir sus pasos.

Renzo: Perdona, es que no tengo ni idea de bailar...
Kimberly: Déjate llevar, cariño. No me pises más que me ensucias los zapatos y me haces daño. ¡Ay!
Renzo: Perdona.
 Kimberly: Intenta concentrarte, Renzo. En la fiesta de fin de curso quiero que bailemos juntos, que todos se mueran de la envidia. 


Renzo: ¿No podríamos pasar de eso?
Kimberly: ¡Por supuesto que no! Es importante para mi. Oh, Renzo...esto es tan romántico.
Renzo: Sí, estar aquí juntos, bailando. Te quiero, Kim.
Kimberly: Eres tan tierno, Renzo. 
Emma: Menudos pisotones le está dando Renzo a Kim.
Willy: Sí...es que no sabemos bailar.
Emma: Ni yo. A mi si me pisas no pasa nada, que tengo estas botas duras y no se ensucian fácilmente.
Willy: Intentaré no pisarte. Emma...
Emma: Dime.
Willy: Ehhh, a ti te gustaría...
Emma: ¿Tomarme un helado?
Willy: Ehhh, sí...
Emma: ¡Síi! Me has leído el pensamiento.


Ignacio y Beatriz se tomaban un copa en la barra. Permanecían en silencio, escuchando la música. Beatriz lo miraba de vez en cuando, pensando en iniciar una conversación, pero se terminaba arrepintiendo y guardaba silencio. Ignacio no la miraba. Estaba algo nervioso y muy aburrido.


Duclón y Wenda también se estaban tomando una copa, aunque ellos hablaban animadamente y reían cada dos por tres. Wenda había bebido más vino de la cuenta. Aunque no estaba ni mucho menos ebria, estaba de muy buen humor y reía con facilidad. Duclón estaba intentando ocultar sus nervios. El momento de la sorpresa estaba cada vez más cerca. 


Nicole se tomaba su copa impaciente. Veía a Ignacio con su mujer y se sentía un poco estúpida. Quería creer en sus palabras y pensar que pronto dejaría a su mujer para estar con ella. Llevaba un buen rato esperando a que Ignacio le hiciese alguna señal. Habían quedado para estar juntos y se estaba empezando a impacientar. De pronto, Ignacio le hizo con gesto con la cabeza. Interpretó que ya podía ir tirando a su camarote. En cuanto se bebiese el champagne, se marcharía.


Artemisa no estaba dispuesta a quedarse en el camarote encerrada y ni mucho menos estar con Agnes. No deseaba verla. La quería mucho, pero no soportaba verla tan infeliz a su lado. Ella quería irse a Galicia, era lo único que le importaba. Asunción parecía hacerle feliz y eso que se acababan de conocer. Claro, es gallega. Tienen mucho en común. Cantan juntas y adoran su tierra. Se sentía apartada, como si ella perteneciese a otra galaxia y encima, una galaxia mucho peor.


Había mucha gente en la sala de fiestas. Sonaba una canción romántica que no conocía.  Algunos bailaban y otros charlaban con copas en la mano. Se pidió un cóctel y se sentó en una de las sillas para ver el espectáculo. Necesitaba despejarse un poco y pensar en otras cosas.


Amy y Rafa bailaban agarrados. Rafa no podía sentirse más feliz. Ella cerraba los ojos y apoyaba la cabeza en su hombro.

Rafa: Eres libre. No tienes que estar conmigo, no me debes nada.
Amy: Rafa, quiero estar contigo. 
Rafa: Pues sonríe, tienes que estar feliz.
Amy: Sí, soy feliz pero me siento mal. Has pagado mucho dinero...
Rafa: Esa gente funciona así, Amy. No podíamos hacer otra cosa. Si la policía no es capaz de acabar con ellos, ¿que podríamos haber hecho nosotros?
Amy: Ya...
Rafa: Aunque no me termino de fiar de Jean.
Amy: No creo que nos moleste. Tiene el dinero.


Ignacio por fin rompió el silencio. Beatriz se asustó cuando lo escuchó hablar de repente.

Ignacio: Estoy sudado. Voy a darme una ducha rápida y mirar una cosa en el ordenador. 
Beatriz: ¿Ahora? Está a punto de empezar el espectáculo.
Ignacio: Da igual, el espectáculo me importa un pimiento. Disfruta sin mi. Luego nos vemos.


Llevaba mucho tiempo siendo así de antipático y borde con ella, pero había algo raro que no encajaba. Aunque en un principio pensó en quedarse y olvidarse de él, cambió de opinión. Tenía que averiguar si en realidad le estaba ocultando algo. Decidió seguirle y saber si le mentía.


Lilu llegó a la sala de fiestas casi de milagro. No tenía ganas de levantarse, pero Wenda la obligó. Tenía los ojos hinchados y rojos de tanto llorar.

Wenda: ¡Sobrina! Mi niña, nunca te había visto así.
Lilu: Nunca me había sentido así...
Wenda: Cariño, siento mucho que lo vuestro haya terminado. Sé lo mucho que quieres a Duque.
Lilu: Lo que más me duele es que él a mi ya no me quiere...eso...

No pudo evitar ponerse a llorar de nuevo.

Lilu: Eso duele mucho, tía.
Duclón: ¿Quieres que hable con Duque? 
Lilu: Te lo agradezco, pero es mejor que no lo hagas. No hay nada más de lo que hablar...
Duclón: Ánimo, esto lo superarás.


Lilu: Será mejor que vuelva a mi camarote.
Wenda: ¡De eso ni hablar! Te quedas aquí y te distraes un rato. Ay, de verdad que me duele mucho verte así.
Lilu: Estoy destrozada, no tengo ganas de vivir. No me imagino la vida sin Duque...
Wenda: Yo tampoco me la imaginaba sin Ben, y mira. Ahora estoy con Duclón y es el click de mi vida. Te voy a pedir un cosmopolitan y te sientas a ver el espectáculo. Seguro que lo pasamos muy bien. 


Lilu se sentó al lado de Artemisa, que estaba bebiendo sorbos de su copa sin mirar a ningún sitio en concreto. Al ver a Lilu así, hizo un esfuerzo en sonreír.

Artemisa: ¿Un mal día?
Lilu: El peor de mi vida...
Artemisa: Para mi también ha sido un mal día.
Lilu: El amor es una estafa. Tiene fecha de caducidad, ¿lo sabías?
Artemisa: Yo sigo enamorada como el primer día.
Lilu: ¿Y tu pareja? ¿Sigue enamorada de ti como el primer día? El amor es un engaño, una estafa. En cuanto menos te lo esperas, te tiran a la basura como algo inservible.

Lilu se puso otra vez a llorar.

Artemisa: Es complicado...
Lilu: Complicado no. Es un engaño, ¡el amor no existe!

Aquellas palabras calaron en Artemisa. ¿Y si Agnes ya se había cansado de ella? Asunción era una clack bellísima y con la que congeniaba a la perfección. Le aterrorizó que todo lo que le estaba contando Lilu fuese cierto. Si perdía a Agnes, perdería la ilusión por la vida.


Cecilia e Izan llegaron a la sala de fiestas. Decidieron tomarse unas copas en una zona más tranquila la de la sala.


Cecilia: ¿Sabes algo de Alicia?
Izan: No. Creo que lo nuestro ha terminado. Aunque la amo, la amo con toda mi alma, pero no la entiendo. Ya no sé que debo decir o hacer para que las cosas vayan bien. Me estresa y a mi no me gusta vivir así.
Cecilia: Lo entiendo. Pues disfruta de este momento, intenta olvidarte de los problemas.
Izan:Es imposible, pero lo intentaré. Al menos contigo me siento bien, no me acusas ni me ignoras. 
Cecilia: No soy tu novia. A lo mejor si lo fuese, estaríamos tirándonos los trastos a la cabeza.


Alicia estaba arrepentida. Le había dicho cosas horribles a Izan y no se lo merecía. Tenía que intentar solucionar las cosas antes de que fuese demasiado tarde. Tenía que reconocer sus errores. Su trabajo le había absorbido por completo, pasando por completo de su relación con Izan. Le había dado un ataque de celos irracional. Hasta ese momento no sabía que era tan celosa. Estaba buscando a Izan por la sala de fiestas, pero no lo encontraba.


Blas estaba harto de sus amigos. Jano le había dado el plantón. Estaba por ahí de fiesta pasando de él. Felipe se había vuelto loco y le había propinado un puñetazo. Los dos dejaban mucho que desear como amigos. A pesar de ello, no estaba dispuesto a renunciar a pasárselo bien. Quería ver a Caytlin actuar y de paso, estar con ella a solas. Aunque la apuesta ya no seguía en pie, seguía muy intersado en ella.


Sinéad y Eros también llegaron a la sala de fiestas. Sinéad se puso nerviosa al ver a tanta gente, pero Eros le apretó la mano para darle seguridad.

Eros: Tranquila, Shiny. 
Sinéad: Sí, creo que estoy bien. Vamos, busquemos asientos.


Donato: ¿Te parece este un buen lugar para sentarnos?
Carlota: Sí, es un buen sitio.
Donato: Ya verás, el show de este noche es espectacular. 


Sinéad: ¿Dónde nos sentamos?
Eros: Ahí mismo, en primer fila.
Sinéad: La música seguro que consigue relajarme todavía más.
Eros: Sí, estoy seguro.


Lilu: Mira esos dos.

Señalaba a Amy y Rafa bailando una canción muy pegados.

Artemisa: ¿A esa pareja que baila tan pegada? Es muy romántico.
Lilu: Todo es mentira. Es falso. Si buscas en algún lado, encontrarás la fecha de caducidad. Su amor no durará.
Artemisa: Me niego a pensar así.
Lilu: Es la puñetera realidad. A partir de ahora estaré sola. A mi ya no volverán a engañarme. 


Jean se paseaba por la sala de fiestas. Amy y Rafa lo vieron aparecer y se asustaron. Jean los saludó con la mano y les sonrió. Rafa temió que hiciese alguna locura, como ir a pegarle o llevarse a Amy a la fuerza. Nada de eso ocurrió.


Jean pidió una copa en la barra y se marchó tranquilamente.

Rafa: Planea algo.
Amy: Me pone los pelos de punta...
Rafa: ¿Debería decirle algo?
Amy: No, intenta pasar de él. Le gusta provocar, nada más. No dejemos que nos arruine la noche.


Continuará...

miércoles, 25 de julio de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 15: Código rojo

Sinéad se sentía culpable. Siempre que se alimentaba de un humano y terminaba con su vida, se sentía así. Eros la comprendía muy bien, aunque él no llegaba a sentirse tan mal como ella. Aceptaba que era un vampiro y que su naturaleza era así.  

Eros: Eres muy sensible, Shiny. Vamos, si ese click era un auténtico pelmazo.
Sinéad: Lo sé...

Estaban en el camarote, sentados sobre la cama.

Eros: Anímate, venga.
Sinéad: Eros, una chica nos vio con el cadáver en la isla.
Eros: Bah, no te preocupes. Si lo cuenta, nadie le creerá.


Sinéad: Eso espero. Quiero tener más autocontrol, no me gusta que me domine el hambre.
Eros: Deja de preocuparte por eso. Ven, vamos a tumbarnos un rato.


Se tumbaron juntos y Eros la abrazó. 

Sinéad: No sé que haría sin ti.
Eros: Eres más fuerte de lo que piensas, Shiny. Soy yo el que te necesita, el que no puede vivir sin ti.
Sinéad: ¿De verdad no crees que esa clack no nos supondrá un problema? Nos vio con el muerto.
Eros: Seguro que no. Vamos, descansemos un rato antes de ir a la fiesta. Tengo ganas de mover el esqueleto y escuchar música.


Sinéad cerró los ojos y se relajó entre los brazos de Eros. 


Duclón y Wenda se estaban arreglando para ir a cenar. Ella se había decidido por un vestido blanco y Duclón por unos pantalones que le regaló Duclack para su cumpleaños. Además. se había puesto unas botas marrones de motorista.

Wenda: ¿Y esos pantalones?
Duclón: Me los regaló mi hija. Me los solía poner cuando salíamos juntos con las motos.
Wenda: Me gustaría que algún día me llevases de paseo en moto. Es algo que no he hecho nunca, siempre le he tenido un miedo atroz a las motos.
Duclón: Me parece una gran idea. Haremos un largo recorrido y te llevaré a las montañas de Ricachuela. 


Duclón estaba muy nervioso. Esa noche, en mitad del espectáculo, le daría la gran sorpresa a Wenda.


Lilu lloraba desconsolada en su camarote. Duque estaba recogiendo sus cosas y se las llevaba en su maleta. Había pedido un camarote y por suerte, tenían disponibles. 

Lilu: Duque, no te marches...por favor.
Duque: No hagas todo esto más difícil, Lilu.
Lilu: Yo te amo...
Duque: Lo siento, sé que duele, pero es lo mejor y lo sabes. 
Lilu: No es lo mejor. Si me dejas me moriré...
Duque: Sobrevivirás.


Lilu: Duque, yo te amo con toda mi alma. Sé que tú sientes lo mismo por mi...
Duque: Lilu, no sigas.
Lilu: Si me amas, no te marches.
Duque: Lilu...
Lilu: Habla claro, Duque. ¿Es que ya no me amas?
Duque: Lo siento...pero mi amor se ha ido desinflando con el tiempo. Creo que eres una gran clack, te tengo cariño por todo lo que hemos vivido y te deseo lo mejor, pero...ya no te quiero, al menos de la misma forma que antes.


Lilu: ¡No te creo! ¡Mientes!
Duque: Adiós, Lilu...siento el daño que todo esto te está haciendo, pero es que no puedo más.
Lilu: ¡Duque! ¡No te vayas! ¡Duqueeeee!


Duque se marchó simulando serenidad, pero estaba destrozado por dentro. Su amor por Lilu había desaparecido, pero no le gustaba verla sufrir así. Le apetecía abrazarla y consolarla, pero sabía que eso la confundiría y enredaría las cosas. Tenía que marchase, dejar que ella sola cerrase sus heridas. Era el momento de pensar en si mismo, en lo que necesitaba y lo que quería en al vida. Cerró la puerta y dejó a Lilu llorando.


Felipe y Blas hablaban en su camarote. Ambos estaban contentos, pues los dos estaban avanzando con sus respectivos ligues.

Felipe: ¿Dónde está Jano?
Blas: Vete a saber. Ya sabes que está muy colgado.  He dejado la puerta abierta, por si aparece. Creo que no se llevó la llave. De verdad, flipamos cuando besaste a la famobil.
Felipe: Quizás fui un poco brusco, pero es que me apetecía mucho besarla.
Blas: Ya tienes estómago...lo que eres capaz de hacer por 600 cleuros.


Felipe: La apuesta ya no es lo que me motiva.
Blas: Y un cuerno. Pues no te lo creas tanto, que yo tengo a la cantante en el saco. Pronto caerá, ya lo verás.
Felipe: No sé yo, eres un fantasma.
Blas: No hay titi que se me resista, y lo sabes colega.


Demetria tenía que cerciorarse de que todo lo que le había contado Gabi era verdad. Aunque le creía, tenía que averiguarlo por si misma.Caminaba por los pasillos del crucero muy nerviosa y aguantándose las ganas de llorar. Deseaba con toda su alma que Gabi estuviese equivocado, que se tratase de un malentendido.


Llegó a su camarote y encontró la puerta abierta. Escuchó a Felipe hablar y no pudo evitar ponerse a escuchar en silencio.

Blas: ¡Eso ni te lo crees, chaval! Los 600 cleuros serán míos.
Felipe: A Demetria le gusto de verdad, no creo que a la cantante le gustes tanto. Voy a ganar la apuesta, ya puedes mentalizarte.
Blas: Al menos yo me habré ligado una guapa. Tú, sin embargo...la más fea del barco, ¡jajajaja!
Felipe: ¡Tú si que eres feo!


Blas: Mira que meterle la lengua...¡y todo por 600 cleuros!
Felipe: Para ya, tío.


Demetria abrió la puerta de par en par y los miró enfurecida. Felipe y Blas enmudecieron cuando la vieron en el umbral de la puerta. 

Felipe: Demetria, hola...¿Cuanto tiempo llevas ahí?
Demetria: El suficiente...


Demetria salió corriendo. Gabi tenía razón, Felipe había jugado con ella. Lloraba de rabia y de impotencia. Felipe salió corriendo tras ella, en un intento de solucionar las cosas y tranquilizarla.

Felipe: ¡Demetria!


Blas: ¡Felipe, paraaa! Tío, déjalo ya. La fea nos ha descubierto. Has perdido la apuesta, no insistas.

Felipe se dio la vuelta, se acercó hasta su amigo y le dio un puñetazo en toda la boca.


Blas cayó al suelo sorprendido. Nunca había visto a Felipe así, tan enfadado. Se tocó la mandíbula muy dolorido.

Blas: ¡Pero que narices haces! ¡Me has hecho daño!
Felipe: No vuelvas a insultarla, imbécil. Eres un mierda, Blas.
Blas: Pero tío...


Felipe: ¡Pasa de mi!
Blas: ¡Te has enamorado de la fea! ¡El imbécil eres tú! Menudo puñetazo...ay.

Felipe fue en busca de Demetria, que había desaparecido por los laberínticos pasillos del crucero.


Renzo y sus amigos se reunieron en una zona apartada del crucero y se pusieron a cenar. Pidieron hamburguesas completas, patatas fritas, perritos calientes y coca clicks y diversos refrescos. Se sentaron en el suelo, y se pusieron a comer con ganas.

Kimberly: ¡Qué rica la hamburguesa!
Renzo: El truco está en el pepinillo.
Kimberly: ¿En serio?
Renzo: Sí, te lo digo yo, que algo entiendo de todo esto.
Kimberly: Es verdad, que tu padre tiene un restaurante. Aunque prefiero que estudies y seas médico o abogado, para comprarnos una casa gigante para meter a todos nuestros perros y nuestros hijos.
Renzo: ¿Perros e hijos?
Kimberly: Claro, amor. Quiero tener muchos perritos cuquis y al menos dos hijos, click y clack. También quiero una habitación para guardar todas mis barbies y peluches. Con las paredes rosas y alfombras lilas. 


Emma: ¿Te gusta la hamburguesa, Willy?
Willy: Sí, está deliciosa. ¿Y a ti el perrito caliente?
Emma: Muy bueno. Hace mucho que no comía cosas de estas. Mi abuela es muy estricta con la comida.
Willy: Yo voy todos los findes al Burguer Click. Renzo y yo nos pedimos el menú más grande y luego nos vamos al cine.
Emma: Suena divertido. Yo suelo ir al centro comercial que hay en la avenida Princesa Alexia con mi abuela. Solemos comprar ropa y luego, me invita a un helado de chocolate enorme. 
Willy: Hay una heladería que los hacen súper buenos. Un día podríamos quedar y tomarnos un helado juntos. ¿Te gustaría?


Emma: Yo...no puedo.
Willy: Estarías pronto en casa.
Emma: Se lo preguntaré a mi abuela...


Renzo: Es que nunca había pensado en eso de tener hijos...
Kimberly: Tenemos que pensar en todo. Primero será compaginar nuestra relación con los estudios y luego el trabajo. Yo quiero ser veterinaria y cuidar perritos, es lo que más me gusta. Nos casaremos a lo grande, ¡podríamos alquilar una limusina! 
Renzo: Bueno, de momento solamente quiero pensar en comerme esta hamburguesa.
Kimberly: Esto engorda. En cuanto nos bajemos del barco, tendremos que cuidar la figura. Es muy importante. Ya sabes que yo soy la más popular del insti y no quiero estar gorda ni que mi novio lo sea.
Renzo: Ya...

Renzo casi ni le prestaba atención. Estaba concentrado en saborear su hamburguesa.


Kimberly: Aunque a lo mejor pasaremos una mala época...
Renzo: ¿Por?
Kimberly: Estoy pensando en decirle a mi madre que mi padre le pone los cuernos con esa del pelo azul.
Renzo: Es tu madre...yo no me quiero meter, pero merece saber la verdad...
Kimberly: Sí, pero se separarán...mi madre no se lo perdonará. Me daría pena...
Renzo: Lo entiendo...
Kimberly: Además, no tendría tanto dinero. Me quiero comprar un Iphoneclick X 10...


Beatriz: ¿Interrumpo?
Kimberly: ¡Hola, mamá!
Beatriz: Así que este es Renzo. Hija, ¿no me lo vas a presentar?
Kimberly: Ahora no, mamá.


Beatriz: Es guapo, hija. Eso que ha hecho por ti es muy bonito. Pórtate bien con él, no seas caprichosa y cuídalo. Los amores de la adolescencia no se olvidan nunca.
Kimberly: Que sí, mamá. Ahora vete, que estoy con mis amigos.
Beatriz: Está bien. No hagas nada de lo que te arrepientas y por favor, te quiero pronto en la cama.
Kimberly: Que sí...


Agnes se dirigía al camarote de las Playgirls. Se suponía que debía guardar distancias con Asunción y sus hermanas, pero no sabía a quién acudir. Necesitaba un hombro en el que llorar.


Llamó a la puerta. Se escuchaba música sonando muy fuerte. El  tema "My First My Last My Everything" de Barry White sonaba a todo volumen. 


Asunción abrió la puerta bailando y peinándose el pelo. Llevaba una toalla enrollada a su cuerpo y unos zapatos rosas de tacón.

Asunción: ¡Agnes!
Agnes: Hola...

Al verle la cara, la hizo pasar rápidamente. 

Asunción: ¡Pasa, pasa!


Las tres se estaban arreglando para la actuación.Se peinaban y maquillaban. El camarote olía a perfume y maquillaje. Había ropa por todas partes, casi toda muy glamurosa.

Asunción: ¡Justina, afloja la radio!
Justina: ¡No, que necesito motivarme!
Piedad: ¡Está aquí Agnes, carallo!
Justina: ¡Pues que baile con nosotras, carallo!
Asunción: ¡Es un código rojo, Justin!


Inmediatamente apagó la radio.

Asunción: Mi Agnes, ¿problemas con Artemisa?
Agnes: No he podido solucionarlo...las cosas están mal.
Piedad: ¿Tan mal están? ¡Si se os veía maravillosamente bien!


Agnes: Sí, pero las cosas se han torcido. Me ha dicho que quizás nuestra relación ya no tenga sentido...
Asunción: ¡Por la virgen de O Corpiño! ¿Sigue celosa?
Agnes: Sí...se cree que no me hace feliz...

Agnes lloraba sumida en la tristeza.


Justina: Pobriña...tranquila, Agnes. Algo se nos ocurrirá.
Agnes: He intentado hablar con ella, pero no hay forma de hacerle entender que se equivoca...no quiero perderla...
Asunción: ¡Tengo una gran idea!
Justina: Creo que es la misma que tengo yo.
Piedad: Hay que demostrarle lo que sientes, pero a través de la música.
Agnes: No entiendo...
Asunción: ¿Te parecería actuar esta noche en nuestro show?
Agnes: Oh, no no. Lo siento, pero yo no puedo...me da mucha vergüenza.
Justina: Agnes, te convertiremos en una estrella. Cantarás para ella, ante todo el mundo.
Piedad: Le harás entender que se equivoca, que ella te hace feliz. 


Caitlyn llamó a la puerta y le abrieron.

Piedad: ¡Caitlyn!
Caitlyn: He recibido un whatsaclick de Asunción. ¿Código rojo?
Asunción: Sí, cariño.


Agnes: ¿Qué significa código rojo?
Asunción: Que una amiga tiene problemas y tenemos que ayudarla.
Agnes: Oh, gracias por preocuparos por mi...y por considerarme vuestra amiga.
Asunción: Necesitamos ponerla todavía más guapa para esta noche. Queremos que actúe para su novia y que eso ayude a arreglar sus problemas.
Caitlyn: Chicas, eso es cosa mía.


Agnes: Pero...
Justina: ¡Cantas como los ángeles! No debes tener vergüenza. 
Piedad: Eres divina. Casi que ni la maquillaría.
Caitlyn: Sí, un maquillaje suave, pero poca cosa. El pelo, se lo alisamos.
Asunción: El vestido...
Caitlyn: Tengo uno divino de la muerte, nenas. ¡Te vamos a dejar que ni la Miss clack universo! 
Asunción: Debes pensar la canción que cantarás esta noche, Agnes.


Empezaron a maquillarla y alisar su pelo. Se sintió arrastrada, casi sin opción a decidir. Estaba aterrada, actuar en público suponía hacer algo que jamás se había planteado. Se acordó cuando cantaba en las fiestas de su pueblo, lo bien que se sentía y que no le daba vergüenza. Ahora estaba en un barco, rumbo a lo desconocido y sin el apoyo de Artemisa. No sabía si salir corriendo o dejarse llevar por sus nuevas amigas.


Después de cenar, Renzo y sus amigos fueron a la sala de juegos. Allí podían jugar en la recreativas. Mientras que los chicos jugaban al Click-Man, Emma y Kimberly charlaban.

Emma: Renzo y tú hacéis buena pareja.
Kimberly: Lo sé. Somos la pareja de moda del insti.
Emma: Qué guay. Yo no soy precisamente la más popular del mío...es que voy tan poco.
Kimberly: Ya te daré algunos consejos para ser la más popular. Por cierto, ¿te gusta Willy?
Emma: Pues...un poco.
Kimberly: Bah, está claro que te gusta. Es un chico un poco parado, pero está bien. Mira, ahora mismo empiezo a darte consejos para ser popular.


Emma: Vale.
Kimberly: En primer lugar, debes dominar a los chicos. Tienes que conseguir tenerlos a tus pies, que hagan todo lo que les pidas. Por mi incluso se pelean.
Emma: ¿Y eso para que sirve?
Kimberly: ¡Para muchas cosas, tía! Yo tengo a Renzo dominado, hace todo lo que le pido.
Emma: Pero a mi eso no me gusta...
Kimberly: Si quieres ser popular, tienes que dominar. Mira y aprende.


Emma: ¿Que piensas hacer?
Kimberly: Renzo y Willy compiten para ver quién hace más puntos. Le voy a pedir a Renzo que se deje ganar.
Emma: No creo que se deje...
Kimberly: Ahora lo verás.


Renzo: ¡Te llevo ya 40 puntos!
Willy: ¡En seguida te adelantooo!
Kimberly: Renzo, dice Emma que no serías capaz de perder para demostrar mi amor.
Renzo: ¿Perder? ¡Ni hablar, voy ganando!
Willy: ¡Por poco tiempo!
Kimberly: Yo le he dicho que te dejarás ganar y así demostrarás que se equivoca.
Willy: ¡Ya te voy ganando! ¡Te llevo ya más de 50 puntos! ¡Has perdido!
Renzo: Lo sé...


Kimberly: Mi amor, sabía que te dejarías ganar por mi. 
Renzo: Sí...
Willy: ¿Te has dejado ganar?
Kimberly: Sí, por amor.


Kimberly agarró a Renzo de la mano y se lo llevó sonriente. Renzo se dejó llevar encandilado por su amor. Emma y Willy los miraban sorprendidos.

Willy: Flipo en colores.
Emma: Y yo. No sé, pero esa clase de amor no me gusta...
Willy:: Ni a mi. No me gusta que manipule así a mi mejor amigo. 


Continuará...