domingo, 16 de agosto de 2020

Un Verano muy loco - Capítulo 03 - La Gasolinera

Sabrina había sido ingresada en el mismo hospital en el que Estrella había dado a luz.  Estaba tumbada en la cama, con una mascarilla en la cara. John estaba sentado en una silla, un poco apartado de ella y con mascarilla. Sabrina había intentado mantener una conversación con John, pero él no estaba por la labor.

Sabrina: John, te he dicho que lo siento.¿Es que hablo para las paredes?

John: Ya te he escuchado. Ahora mismo tus disculpas no me valen para nada.  


Sabrina: Me dejé llevar, lo siento. En casa estoy agobiada y siempre pendiente de los niños, que no me dejan respirar. Soy un espíritu libre y necesitaba distraerme, vivir la vida. Sé que hice mal, pero yo soy así.
John: ¿Te das cuenta a dónde te ha llevado tu espíritu libre? ¡Estás en el hospital! Esto no es un juego, Sabrina. Sabes que ese virus puede matarte.
Sabrina: Bah, estoy bien.
John: ¿Y los niños? ¿Has pensado en Anita y Walter? ¿Y en mi? ¡Nos podrías haber contagiado! ¿Tan poco valoras nuestras vidas? ¡Tienes que empezar a madurar de una vez!


Doctora Calzado: Siento interrumpir. Tengo los resultados de las pruebas.
John: No se preocupe, doctora. Han sido muy rápidos.
Doctora Calzado: El protocolo es dar prioridad a estos casos. 
Sabrina: ¿Qué me pasa, doctora?


Doctora Calzado: Como ya sabrán, el clickvirus ahora afecta de una forma u otra dependiendo del sistema inmunológico del click al que infecte. La piel en su caso, es una de las partes de su cuerpo que más afectada está. A pesar de ello, el color de su piel volverá a su estado natural en unas semanas sin dejar ningún tipo de secuela.
Sabrina: ¡Viva! ¡Sabía que no era nada! Si es que conmigo no puede el virus ese ridículo.
Doctora Calzado: No pretendo alarmarla, pero no debería cantar victoria todavía. Hemos descubierto que cuando el virus afecta la piel, también trastorna la cabeza. Varios de nuestros pacientes han sido víctimas de paranoias, obsesiones compulsivas e incluso de comportamientos violentos.
John: Por todos los clicks...


Sabrina: Eso no me pasará a mi. ¿Se cree que me voy a volver loca? ¡Usted no me conoce!
Doctora Calzado: Relájese, quizás el virus no le afecte con tanta virulencia, pero no podemos descartar esa posibilidad. Es cierto que cuando el virus afecta de esta forma, no es contagioso, pero como comprenderán, debe quedarse en observación varias semanas.
Sabrina: ¿¿Qué??
Doctora Calzado: Si finalmente el virus le afecta de la peor forma, será un peligro para usted misma y los demás. No será consciente de la realidad y podría resultar herida o herir a otros. Debe quedarse ingresada y seguir el protocolo de seguridad en estos casos.
Sabrina: ¡¡Y un cuerno!! ¡Yo no me quedo aquí!
John: ¡Sabrina! ¿Quieres dejar de decir tonterías? Ella es la profesional y debemos seguir sus instrucciones. 
Sabrina: ¡¡¡Esa no sabe nada!!! ¡¡Que yo me las piro de aquí!! ¡¡Me voy a mi casa y nadie me lo impedirá!!
John: Pero...
Doctora Calzado: ¿Podemos hablar un momento a solas?
John: Sí.
Doctora Calzado: Ahora volvemos. Intente descansar.


John: Está muy alterada...
Doctora Calzado: Me temo que el virus le está afectado. No le tome en cuenta nada de lo que diga y haga, pues no es dueña de sus actos. Con su consentimiento, debemos sedarla y dejarla en observación un mínimo de dos semanas.
John: Lo que sea, pero que se recupere, por favor...
Doctora Calzado: No desespere. Aunque no es agradable, estos síntomas suelen remitir en unos días. Venga, tendrá que firmar una autorización.


Sabrina se levantó de la cama y se quitó la mascarilla.

Sabrina: ¡Yo me largo de aquí! John parece que está de parte de esa matasanos.


Sabrina: Ahí están, planeando la forma de acabar conmigo. Tengo que salir de aquí cuanto antes...


Sabrina cogió el ascensor y miró al exterior.

Sabrina: Necesito encontrar un vehículo para escapar de aquí. Ya no me puedo fiar de nadie...tampoco de John.  


Sabrina: ¡No puedo creerlo! ¡Es la caravana de la petarda de Sus y el buenorro de Diamante! Me colaré en su interior, seguro que encuentro algún escondite.


Salió del hospital a toda prisa. La idea de esconderse en la caravana le pareció la mejor opción del mundo. 

Sabrina: ¡Así podré espiar a Sus! Seguro que ella está confabulada con esa doctora y el traidor de John.


Miró a través de las ventanillas y vio a Agatha con los pandas.

Agatha: Pandy, ¿quieres más bambú?
Pandy: ##### (Síii, tengo mucha hambre).
Sabrina: Vaya, es la chacha de Sus y los pandas piojosos. ¡Maldición! Es imposible entrar sin ser vista...


Subió al techo de la caravana y abrió y maletero superior. Había espacio de sobra para esconderse. Apartó unas sillas y se acomodó con unas toallas.

Sabrina: ¡Es un escondite perfecto!


John y la doctora salieron a la calle en su búsqueda.

John: ¡¡Sabrina!!
Doctora Calzado: ¡Tiene que encontrarla! ¡Ahora mismo es un peligro y es capaz de cualquier cosa!


John: ¿Dónde habrá ido?
Doctora Calzado: Pruebe a ir a su casa, quizás se haya ido allí. 
John: Sabrina, te encontraré...


Diamante arrancó la caravana y se alejaron del hospital.

Sus: Ay, qué feliz estoy. ¡Briana es una preciosidad!
Diamante: Sí, es un pequeña princesita.
Dante: ¿Ahora a dónde vamos?
Diamante: Tenemos que llenar el depósito en la gasolinera. ¡Nos espera un viaje largo y trepidante!


Llegaron a la gasolinera a los pocos minutos...

Sus: Aprovecharé para sacar a los pandas para que hagan de lo suyo.
Dante: ¡Yo quiero chuches de la gasolinera!
Suselle: ¡Y yo!
Sus: Está bien, pero no os paséis comprando.


Diamante: Me pondré en ese surtidor. 
Sus: Tendrás que dar la vuelta.


Los niños salieron disparados a comprar chucherías. 

Diamante: ¡Niños!
Suselle: ¿Qué pasa?
Diamante: Traedme algunas chuches. Quiero de esos chicles con forma de melón, regaliz, troncos de chocolate y dentaduras.
Suselle: ¡Vale!
Diamante: ¡Y algunas nubes!


Agatha se quedó mirando a algunos clientes de la gasolinera. 

Agatha: Mira que hay gente rara...

Un robot bebía gasolina de la misma manguera del surtidor.

ROBert: ¡Mmmm, deliciosa!


Sus: Vamos chicos, ahí tenemos una zona verde que os servirá como lavabo. 


Dante: ¡Hola!
Dependienta: Hola, chicos.
Dante: Queremos chuches.
Suselle: Ay, no me acuerdo de todas las chuches que quería papá...


Diamante esperaba que se llenara el depósito de gasolina. Miraba alrededor distraído. 

Diamante:Tendría que haberle dicho que me compre piruletas...


Sabrina salió de su escondite. Miró a Diamante divertida.

Sabrina: Pobre Diamante, tener que aguantar una familia tan petarda...


Sabrina: Me voy a divertir un poco...


Se acercó a Diamante por detrás y le tocó el trasero. Seguidamente se escondió sin ser vista.


Diamante: ¿Eh?

Agatha estaba ahí, mirando hacia otra parte. Se giró al escuchar a Diamante y los dos se miraron.

Diamante: Ups...
Agatha: ¿Ya ha llenado el depósito?
Diamante: No...todavía no...(¡Me ha tocado el culo! Vaya, le gusto...imagino que se habrá visto atraída por mi irresistible encanto....).


Cuando Agatha se despistó, Sabrina le tocó el trasero. Se escondió rápidamente.x

Agatha: ¡Ay!


Se giró y miró a Diamante sorprendida. Este también la miraba curioso.

Agatha: Diamante...
Diamante: ¿Pasa algo?
Agatha: Pues que me has...


Sus: Ya estoy aquí. En ese parque se está muy bien. Tendríais que haber visto a los panditas jugando.
¿Y esas caras?
Agatha: Nada, es este calor...
Diamante: Sí, el calor...


Sus: Pandy, meteros en la caravana que estaréis fresquitos. Voy a buscar a los niños, que seguro que se han distraído con cualquier cosa.


Agatha: No se preocupe, yo me quedo con ellos.
Sus: Ahora vuelvo.


Sus: ¿Se puede saber que es lo que estáis haciendo aquí?
Suselle: Comiendo chucherías. ¿Quieres una?
Sus: ¡Son muchas chuches! 
Dante: Esas son para papá.
Sus: ¿Todo eso? Le dijo el doctor que tenía que empezar a cuidarse...


Un motorista llegó a la gasolinera. Tendría unos sesenta años, pelo blanco y barba abundante. Lucía tatuajes y vestía con ropa negra. Agatha lo miró sorprendida.


Se bajó de la moto para llenar el depósito de gasolina. Se puso a silbar una canción heavy de su grupo preferido, Los clicks Marcianos. Se dio media vuelta y vio a Agatha ahí plantada, mirando.


Se acercó hasta ella y le sonrió.

Macarra: ¿Ves algo que te gusta?
Agatha: Disculpe, no pretendía ofenderle...
Macarra: No me ofendes, muñeca. ¿Quieres subir a la moto conmigo? Podemos ir a un lugar tranquilo para conocernos mejor.
Agatha: No, gracias.


Macarra: Si lo estás deseando, preciosa.
Agatha: Le he dicho que no. Déjeme en paz.
Macarra: Tu boca dice no pero tus ojos que sí. Ven aquí.

En ese momento llegó otro motorista. Era un hombre joven y llevaba una moto amarilla con la que recorría los lugares más inhóspitos e inaccesibles.


Al bajarse, escuchó a Agatha protestar.

Owen: ¿Qué demonios pasa ahí?
Agatha: ¡No me toque!
Macarra: Si lo estás deseando, preciosa.


Owen: ¡Ey, tú! No molestes a la señorita.
Macarra: ¿Quién narices eres tú? Esto no es asunto tuyo.
Owen: He dicho que no molestes a la señorita.
Macarra: ¿Vas de chulito? Te voy a dar "pal pelo".


Owen esquivó su puño y lo tiró al suelo con rapidez. El Macarra se golpeó las costillas contra el suelo y gritó de dolor.

Macarra:¡Ayyy! ¡Está bien, está bien! ¡Ya me voy!
Owen: Hazlo antes que llame a la policía. 


El hombre salió corriendo a toda pastilla.

Owen: ¡Y que no vuelva a verte el pelo por aquí! ¡La próxima vez que te vea molestando a una dama, te las verás conmigo!


Owen: ¿Se encuentra bien? 
Agatha: Sí, muchas gracias. Algo asustada, pero bien.
Owen: Si quiere podemos dar parte a la policía.
Agatha: No, creo que no es necesario. Se lo agradezco mucho...


Owen: Oh, disculpe, no me he presentado.

Se quitó el caso y Agatha se quedó prendada. Era un hombre muy guapo, con un pelo negro como el carbón, barbita de dos días y una sonrisa encantadora.

Owen: Me llamo Owen Toro Cornudo. Sí, tengo unos apellidos muy poco comunes. He soportado burlas toda mi vida por ello, pero gracias a ello me hice más fuerte.
Agatha:  Sí, son apellidos muy curiosos. Un placer conocerle. Yo soy Agatha.
Owen: El placer es mío, créame. Tiene un nombre precioso. 
Agatha: Veo que es usted motorista.
Owen:  Sí, ahí tengo a mi moto. Es como mi novia. No sabe la de aventuras que hemos vivido juntos. Recorro el Playmundo en busca de aventuras, de sensaciones nuevas.
Agatha: Qué interesante.


Diamante: ¿Todo bien, Agatha?
Agatha: Oh, sí.  Te presento a Owen, me ha ayudado con un pesado que no me dejaba en paz. 
Owen: Un placer...quizás será mejor que me marche. Imagino que van de vacaciones juntos. Unas vacaciones en pareja.


Agatha: Oh no, no somos pareja. En realidad trabajo para él y su mujer, pero nos llevamos muy bien y me han invitado a pasar las vacaciones juntos.
Owen: Eso es estupendo. Quizás nos veamos por ahí algún día.
Agatha: Sí, quizás.


Owen: Me marcho, que mi novia me espera.
Agatha: Ah...
Owen: Está esperándome, deseando llevarme por ahí de aventura.
Agatha: ¡Ah, se refiere a su moto!
Owen: ¡Exacto! Adiós, Agatha.


El motorista macarra pasó con su moto a toda velocidad y casi se lleva por delante a Dante. Por suerte, Sus lo apartó a tiempo.

Sus: ¡Ey! ¡Locoooo!
Dante: Uh, qué susto...


Agatha miraba a Owen alejarse con su moto. Su corazón latía desbocado de alegría por haberle conocido, pero al mismo tiempo defraudado por haberle dejado marchar. 

Agatha: Owen...espero volver a verte algún día.


Sabrina aprovechó el momento para tocarle de nuevo el trasero. Agatha gritó asustada y se giro al momento.


Sabrina se había escondido tras un surtidor y no la vio. En su lugar, vio a Diamante. Este había estado revisando el estado de los neumáticos cuando la escuchó gritar.

Diamante: ¿Te has asustado?
Agatha: Sí. Debería dejar de hacer eso. Se lo ruego.
Diamante: Debo revisar si están bien hinchados y no hay nada mejor que tocarlos con la mano. Es necesario, por seguridad.
Agatha: No creo que sea necesario, eso no tiene nada que ver con la seguridad. ¿Ha pensado en Sus?
Diamante: Precisamente por eso lo hago.
Agatha: Pues yo no quiero que lo haga. Mi trase...


Sus: Diamante, menudo susto nos hemos llevado. Un tiparraco en moto casi se lleva por delante a Dante. 
Agatha: Debe ser el hombre ese que me estaba acosando.
Diamante: ¡Menudo sinvergüenza!
Sus: ¿Te estaba acosando?
Agatha: Sí...
Sus: ¡Eso es horrible!


Agatha: Sí, pero un motero muy valiente me ha defendido. Estoy por llamarlo y que me proteja de  nuevo...

Al decir eso, miró a Diamante.

Sabrina: ¡Jejejeje!
Sus: Ay, pobre. Te noto alterada. Vamos, te prepararé una infusión relajante y de paso me cuentas.
Agatha: Prefiero ir preparando la comida, así me distraigo.
Diamante: Yo quería revisar los neumáticos, pero lo dejaré para otro momento...


Diamante arrancó la caravana y Sus se sentó de copiloto. 

Diamante: Agatha está muy rara, ¿no crees? 
Sus: Ese hombre le estaba molestando, Diamante. Es normal, yo también estaría alterada.
Diamante: Ya, pero es que le molesta que revise los neumáticos...
Sus: Por cierto, ¿cuantas chuches has comprado?
Diamante: Eh...
Sus: Recuerda lo que te dijo el doctor. Tienes que empezar a cuidarte, cariño.
Diamante: Estamos de vacaciones, Sus. Cuando vuelva, me pondré serio.


Suselle: Agatha, ¿te ayudo con la comida? ¿Corto los pimientos?
Agatha: Sí...(No esperaba esto de Diamante...¡Me ha tocado el culo! No sé si debería decírselo a Sus...en su estado algo así no le vendrá nada bien).
Suselle: ¡Podríamos hacer helado para el postre!
Agatha: Buena idea. (Debo hablar claramente con él. Si no entra en razones, dejaré el trabajo).


Diamante: ¡Rumbo a la playa!
Dante: ¡Yupiiiii!
Suselle: ¡Estoy deseando meterme en el agua!


Continuará...

1 comentario:

  1. ¡Qué capítulo tan divertido! Primeramente, me alegro muchísimo de que Sabrina no se haya ido con ellos de vacaciones. Creo que no ha vuelto a subir a la caravana, pero a lo mejor se me ha escapado. Mucho mejor. Así los deja en paz. Me da mucho miedo que se contagien con el virus por culpa suya. Qué irresponsable que es. No sé si el virus está afectándole ya a la cabeza o es que se comporta así porque es así ella, tal como declara, que es un espíritu libre que, con tal de responder a lo que desea, se lleva por delante a la gente y no le importa la salud de nadie, ni siquiera la suya propia. Me parece cada vez más egoísta Sabrina, pero también me hace reír con sus respuestas. Yo creo que algo paranoica sí que está ya. Qué risa me daba cuando les tocaba el culo Ágata y luego a Diamante, haciendo que pareciese que eran ellos quienes lo hacían, pero me sabe mal que agora Ágata vaya pensando que Diamante le ha tocado el culo.porque puede empeorar todo, pero espero que lo aclaren rápido. También me he reído mucho cuando Diamante dice que hay que comprobar si están bien hinchados, jajajajaja, qué buena ese diálogo. Me gustan mucho los diálogos así, que parecen que hablen de otra cosa bien distinta. También me he reído mucho cuando Diamante pide todas esas golosinas, jajajaja. Es un capítulo lleno de muchos detalles. No sé si los he dicho todos. ¡Estoy deseando saber cómo continúa! ¡No tardes mucho en colgar la continuación!

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