jueves, 26 de abril de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 02: Mesa reservada

Carmelo había castigado a su hijo, Renzo. La fiesta que montó en casa de Duclack se convirtió en un verdadero desastre. Traicionó la confianza de Duclack, la que era como una tía para él. Le dejó su casa para que celebrase la fiesta y la llenó de gamberros y desconocidos. Esa no era la intención de Renzo, que sin preveerlo vio como la situación se descontrolaba, pero era su responsabilidad. Ahora, debía ayudar a su padre en el restaurante todos los días al salir de clase hasta la hora de cierre.

Carmelo: Tienes que llevar esto a la mesa de la terraza  interior.
Renzo: Papá, llevo todo el día aquí metido. ¿Puedo salir aunque sea un rato?
Carmelo: ¿Y quedarme solo con toda esa clientela? Renzo, sabes que estás castigado. Tus actos tienen consecuencias. De esta forma aprenderás. 


Renzo: ¿Cuantas veces tengo que pedir perdón? ¡No lo volveré a hacer más! Por favor, papá...
Carmelo: Si te dejo salir será para ir directo a casa, hijo. Ahora mismo no puede ser, me tienes que ayudar. Tengo mucha faena y debes cumplir con el castigo.
Renzo: Es importante, Kimberly se va de viaje con sus padres dos semanas. Le prometí que iría a despedirme.
Carmelo: ¿Es la chica que te gusta? 
Renzo: Sí...
Renzo: Ahora mismo no puede ser, tenemos mucho trabajo.


Cliente: ¡Esa sanggía, camagego!
Carmelo: Estás haciendo esperar a los clientes. Vamos, lleva la sangría y no pierdas más el tiempo.
Renzo: Papá...
Cliente: ¡Camagego!
Carmelo: Renzo, ahora mismo.


Renzo: Aquí tienen, su sangría.
Cliente1: Menos mal, llevag tiempo espegando, mucho gato espegando.
Clienta1: ¡Estoy sedienta! Eges un poco lento, muchachito.
Clienta2: A este le pegdono todo, ¡pego que guapo es! Me lo llevagía a casa como gecuegdo.
Clienta1: La paella está muy gica, felisidades.
Renzo: Muchas gracias, señora.
Cliente2: Otga de boquegones, pog favog.
Renzo: Enseguida.



Carmelo: Sal a ver a los clientes de las mesas de la calle. Comprueba que están bien servidos.
Renzo: Voy.
Carmelo: ¡Ánimo, hijo! Si te portas bien, a lo mejor te dejo ir a despedirte de tu amiga.
Renzo: ¡Gracias, papá!


Renzó salió a atender las mesas de la calle. En una de ellas estaban sentadas dos clientas bellísimas que disfrutaban de una paella. Eran muy simpáticas y Renzo enseguida mostró mucho interés en atenderlas y que no les faltase nada. Eran extranjeras y se entendían a duras penas.

Renzo: ¿Todo bien, chicas?
Doreen: Toro moi bien.
Hildrun: Paella buena. Congratulations. 
Renzo: Muchas gracias. ¿Deseáis algo más?


Doreen: ¿Cómo se dise? Emmm, ¿came? Hildrun, ¿how do you say?
Hildrun: Sangría. Eso gusta a nosotras mucho.
Renzo: ¡Sangría! Claro que sí, ahora os traigo.
Doreen: Thanks, handsome. 


Hildrun: Eres niño muy guapo.
Renzo: Gracias...
Hildrun: Es la verdad. Novias seguro que mucho.
Renzo: Bueno...
Diamante ¡Renzo!


Renzo: ¡Diamante! Hola, ¿que tal estáis?
Diamante: Te veo muy comprometido con tu trabajo...Por lo visto, tenéis una clientela muy interesante.
Renzo: Sí...aunque tenemos de todo.
Sus: Estás guapísimo con ese delantal.
Suselle: Síii, te queda mega guay.
Sus: Tenemos mesa reservada.
Renzo: Ah, sí. Pasad, es la mesa del fondo.


Diamante: Gracias.
Renzo: Mi padre está en la cocina.
Diamante: ¿Sigues castigado?
Renzo: Sí...
Diamante: Sigue así y te quitarán el castigo en cuanto menos te lo esperes.
Renzo: Eso espero...Dice mi padre que contratará a Tina, pero eso será la semana que viene.


Dante: ¡Hola, Carmelo!
Carmelo: ¡Familia! Bienvenidos a mi restaurante. 
Suselle: ¡Holaaaa!


Sus: Wooow, esto es impresionante.

Paredes blancas, puerta azul y suelo de madera. Mesas de mimbre y madera y decoración relacionada con el mar. La cocina estaba al descubierto y se podía ver perfectamente al Carmelo cocinar. 

Carmelo: ¿Os gusta?
Diamante: Camarada, estoy orgulloso de ti. Me gusta muchísimo.
Sus: La decoración es una pasada.
Dante: Madre mía, cuanto guiri. 


Carmelo: Es una zona muy turística, así que tenemos muchos clientes extranjeros. Gracias a ellos el negocio funciona muy bien.
Diamante: ¡Huele que alimenta! 
Sus: Incluso tenéis parrillada de verdura.
Carmelo: Para todos los paladares.
Diamante: No sabía que cocinases tan bien.
Carmelo: Ni yo. Me he sorprendido a mi mismo.
Dante: ¡Tengo hambre!
Suselle: ¡Y yo!
Carmelo: Tomad asiento en aquella mesa reservada. En seguida irá Renzo a tomaros nota. 


Suselle: ¡Qué mesa tan bonita!
Sus: ¡Es verdad!
Dante: ¡Este es mi sitio!
Suselle: ¡Joo, mamá!
Sus: Da igual el sitio, cariño.


Suselle: Son unas sillas enormes.
Dante: Así se pueden sentar los gordos.
Suselle: Los platos son muy chulos
Sus: Ay, yo quiero unos así para casa.
Diamante: Pero si ya tenemos muchos...
Sus: Pues estos me chiflan. Mira que decoración tienen, con esas flores y colores tan vivos. Una pasada.


Diamante: Quiero un buen bogavante y luego algo de carne.
Sus: Yo prefiero una parrillada de verduras, que veo que las hace muy ricas.
Suselle: Yo también quiero verduras, mamá.
Dante: ¡Pues yo una hamburguesa gigante! 


Cliente1: ¡HAHAHAHA! ¡Bailando flamenco en la bañega!
Clienta2: ¡Oleeeee! ¡Jajajajaja!
Cliente2 ¡Más sanggía! ¡Camagego!
Sus: Jolin, si que gritan esos...
Diamante: Son muy escandalosos. Estos guiris...
Sus: Nos van a fastidiar la comida con sus gritos. 
Cliente2: ¡Más sanggía!
Sus: Maleducados...


Diamante: No les hagas caso, Sus.
Dante: Tengo tanta hambre que me comería una ballena.
Sus: Mira a Carmelo, me encanta verle así.
Diamante: Se le ve muy feliz, aunque estresado.
Sus: Menos mal que tiene a Renzo. Aunque es revoltoso, es muy buen chico.


Renzo miraba desde fuera a ver si su padre vigilaba. Al verle ocupado cocinando, aprovechó para hablar con Willy.

Willy: ¿Puedes hablar?
Renzo: Sí, aunque no tengo mucho tiempo.


Willy: Son unas clacks muy guapas las que vienen a comer a tu restaurante.
Renzo: Sí, estas son extranjeras. Además son muy simpáticas.


Willy: Entonces, ¿no vamos a despedirnos de Kimberly?
Renzo: Sí, yo creo que podremos ir. Dame unos minutos que termine de atender a los clientes y se lo pido a mi padre.
Willy: ¿Te dejará?
Renzo: Puede que sí. Ahora que parece que no vienen más clientes es buen momento. No quiero que Kimberly piense que paso de ella. Me pidió que fuese a despedirme y no le puedo fallar.
Willy: Que envidia me das...se nota que le gustas mucho.
Renzo: Y yo siento algo muy especial por ella. Creo que es el amor de mi vida. Ahora te tengo que dejar. Dentro de un rato nos vamos, espera aquí sin que te vea mi padre.
Willy: Vale, pero no tardes mucho...


Willy entró y siguió atendiendo a los clientes. Sirvió los platos a Sus, Diamante y los niños. Todos se chupaban los dedos con la comida.

Renzo: ¿Te sirvo vino, Sus?
Sus: Ay, no sé...
Renzo: Es afrutado y está muy rico...al menos eso dicen.
Sus: Vale, un poquito.
Diamante: No le hagas caso, llena la copa.
Sus: ¡Diamante! ¿Me quieres emborrachar? No estoy acostumbrada...
Diamante: Una copa no te hará daño.
Dante: ¡Esta hamburguesa está de vicio! La más buena que he probado en mi vida.
Suselle: Las patatas están muy buenas, y el maíz.
Diamante: Felicita a tu padre, Renzo. Está todo muy bueno.
Sus: ¡Mmm! Es verdad, este vino está muy rico.
Renzo: Gracias.


Pasados unos minutos, Renzo volvió a intentarlo. Se acercó a su padre con una mirada suplicante.

Carmelo: ¿Otra vez?
Renzo: Papá, te lo pido por favor. Estoy trabajando mucho y cumplo con lo que me pides.
Carmelo: ¿No le puedes enviar un mensaje por whatsaclick?
Renzo: Eso es muy cutre.
Carmelo: Si no entran más clientes, te dejo ir.
Renzo: ¡Gracias, eres el mejor padre del mundo!


Carmelo: Pero solamente ir y venir, ¿entendido? 
Renzo: Entendido, mi capitán.


Willy lo miraba desde el exterior desesperado. Si no se daba prisa, Kimberly se marcharía y no se podría despedir. 


Justo en ese momento entró un gran número de clientes. Carmelo se alegró, eso significaba una mayor recaudación. Renzo sin embargo, se desanimó y le dieron ganas de llorar.

Emilia: ¡Hola! ¿Hay mesa para comer?
Carmelo: Por supuesto. Renzo, prepara una mesa.
Renzo: Papá, pero...
Carmelo: Hijo, lo siento mucho. Si de verdad le importas, lo entenderá.


Renzo salió a la calle para hablar con Willy.

Willy: Uy, uy, uy...malas noticias, ¿no?
Renzo: Hay demasiados clientes...
Willy: Vaya rollazo. Si quieres voy yo y le digo lo que pasa. Aunque estará ya a punto de irse. 
Renzo: Tengo una idea.
Willy: ¿Cuál?


Renzo miró de nuevo al interior del restaurante. 

Renzo: Si vamos corriendo mi padre no se dará cuenta.
Willy: Pero si se da cuenta, te caerá una buena. ¿Vale la pena?
Renzo: Es el amor de mi vida, lo sé. No puedo dejarla escapar. Solamente me ausentaré un momento. Le diré que estaba hablando por teléfono con ella y a lo mejor no se enfada.
Willy: Vale, pero tenemos que darnos prisa.


Celedonio: ¡Un par de birras más, camarero!
Renzo: ¡Espere un momento!

Renzo y Willy comenzaron a correr a toda velocidad.

Celedonio: ¡¡Pero a dónde vas!!
Pepe: ¿Y nuestras birras? ¡Eyyy!


Mientras corrían, Renzo sintió un pequeño pinchado. Algo tiraba de él y no le dejaba avanzar. Se percató de que tenía algo enganchado en el pelo. Se giró y vio a Duclack con una caña de pescar. Le había lanzado el anzuelo y lo tenía enganchado del pelo.

Renzo: ¡Ay!


Renzo: ¡Duclack!
Duclack: ¿Dónde vas con esas prisas?
Renzo: Voy a...a...comprar algunas cosas en la tienda. Nos hace falta arroz y mi padre me ha pedido que vaya a comprar.
Duclack: ¿Con tanta urgencia?
Renzo: Es que tenemos muchos clientes.


Duclack: Vale, perdona. Es que al verte correr de esa forma...
Renzo: Ya me comporto muy bien, ¿verdad, Willy?
Willy: Ehh, sí sí. Lleva todo el día trabajando.
Duclack: Así me gusta. Me alegra que te hayas dado cuenta de tus errores y que estés rectificando. Estoy orgullosa de ti, Renzo.
Renzo: Ahora tengo que irme, necesitamos ese arroz.
Duclack: Sí, claro. Corre, no quiero que por mi culpa tu padre te regañe.


Renzo y Willy salieron corriendo en dirección a la tienda ante la atenta mirada de Duclack. Tenían que disimular y que no los pillase en la mentira.


Continuará...

viernes, 20 de abril de 2018

Vacaciones en el mar - Capítulo 01: El puerto



Ya está aquí el llamado buen tiempo. El sol reluce resplandeciente y los clicks disfrutan de sus rayos en la playa. El puerto de Wensuland es un claro ejemplo de ello.  El crucero Panama lleva ya unas horas en el puerto esperando que llegue la hora de embarcar. Los pasajeros esperan ansiosos haciendo cola con sus maletas. Las escaleras que dan acceso al barco están abarrotadas de clicks nerviosos por iniciar un viaje de ensueño.




Los afortunados y ricos que se lo pueden permitir, tienen amarrados sus barcos de recreo en el puerto. Beben champagne y disfrutan del ambiente. Observan desde sus embarcaciones a los transeúntes sabiendo que son envidiados. Les gusta, es una sensación agradable.

Marge: Me siento tan observada. ¿Será por mi biquini? ¿Será por mi belleza? ¿Será por estar bebiendo champagne en un precioso barco?
Marcus: Amore mío, ¡es por todo!
Annabelle: Envidia cochina.
Marge: Queridos, me encanta. Puedo masticar su patética envidia.


Con la llegada del buen tiempo, salen los ladrones de sus madrigueras. Facunda es una de ellos. El puerto está lleno de restaurantes y todo tipo de vendedores de deliciosos manjares. Huele tan bien, que es imposible no desear saciar el apetito. Croquetas, marisco, paella, patatas bravas, pescado, gofres,...ya le gustaría a Fucunda que el dicho "huele que alimenta" fuese real. Tiene hambre. Ha pasado mucho tiempo perdida en un pantano y luego en la cárcel por varios delitos. 

Facunda: ¡Ey, tú! ¡Dame toda la pasta que tengas encima!
Mari: Por favor, no me haga daño.
Facunda: Soltando toda la guita, guapita. Venga, que tengo hambre.


El puerto está lleno de vida. Clicks paseando, otros corriendo, haciendo ejercicio o comiendo en los restaurantes. No todos los transeúntes son wensulanos, también hay muchos extranjeros.  



Wenda y Duclón esperan que el crucero empiece a embarcar a los pasajeros. La cola es inmensa pero no tienen prisa, han decidido tomarse las cosas con calma.

Wenda: Hacía tanto tiempo que quería hacer un viaje romántico en un crucero contigo.
Duclón: Nunca he subido a un barco de estos, a ver que tal es. Estoy acostumbrado a barcos pirata y a dormir en cualquier rincón.
Wenda: Te encantará, ya lo verás.


Alicia e Izan llevan pocos meses saliendo. Se enamoraron cuando el avión en el que viajaban se estrelló. Sobrevivieron al accidente, pero tuvieron que pasar por muchas calamidades para mantenerse con vida. Aquella experiencia los cambió para siempre y se enamoraron perdidamente el uno del otro. Estos meses han sido todo un sueño para ellos, aunque Alicia trabaja tanto que la relación se estaba empezando a enfriar. Patricia, la hermana de Alicia, les regaló este viaje para fortalecer su relación.

Alicia: Prometo no pensar en trabajo durante estas dos semanas.
Izan: Debes hacerlo. Tu hermana es muy capaz de dirigir el negocio familiar.
Alicia: Lo sé...


Otro de los pasajeros a tener en cuenta es Rafa Naclick. Se trata del mejor tenista del Playmundo. Además de ser el mejor, es extremadamente guapo. Tiene un cuerpo musculoso y es muy simpático. Y si a todo eso le sumas que es multimillonario...¿Se podría pedir más en la vida? Pues sí, ser feliz. Rafa no lo es desde hace tiempo. Está agobiado y necesita desconectar un poco. Este viaje ha sido algo improvisado, que no sabe ni su representante. Justo detrás de él se encuentra una pareja de enamorados. 

Jean: Espero que en este barco pueda ver los partidos sin problemas.
Amy: Ya podrías olvidar el deporte aunque sea por un par de semanas...son nuestras vacaciones.
Jean: Podrías dejar de jugar al Candy Click Saga, ¿no? ¡Ah! También dejar de leer ese eterno libro de amor que estás leyendo.
Amy: Eso no es lo mismo.
Jean: Lo es y lo sabes. Yo no te pido que dejes de hacer lo que te gusta, no lo hagas tú conmigo. 
Amy: Yo solamente quiero que sea un viaje especial...
Jean: Hemos pagado una pasta, por narices tiene que ser especial.

Rafa no pudo evitar escuchar toda la conversación. Se dio la vuelta y vio a la pareja. Ella era extremadamente bella. Su corazón dio un vuelco y se puso a sudar. Amy lo miró y en seguida retiró la mirada avergonzada. Jean miró a Rafa mosqueado y este volvió a mirar al frente.

No podemos centrarnos en todos los pasajeros que viajarán en Panama, pero no podemos dejar de observar a una pareja de vampiros en la cola. Son Sinéad y Eros, dos vampiros que jamás han subido a un crucero. A pesar de su larga vida, nunca se habían propuesto vivir esta experiencia. Fue Eros, que le propuso a su novia escribir una lista de cosas que nunca han hecho y vivir todas y cada una de ellas. Han bailados desnudos en la torre Eiffel en París, han explorado pirámides, pintado grafitis en fachadas aburridas, viajado en submarino y ayudado a dar a luz a una mujer. La siguiente propuesta de la extensa lista era el viaje en crucero.

Sinéad: Noto el sol en mi piel, Eros...
Eros: Shiny, no te preocupes. Llevamos protección especial que nos ha dado Stella y estos sombrillas. No nos ocurrirá nada.
Sinéad: Esto no es una buena idea. 
Eros: Tienes que tranquilizarte. También te pusiste nerviosa en el submarino, pero todo salió bien.
Sinéad: ¡Nos comimos a cuatro marineros!
Eros: Bueno, eso fue un pequeño error sin importancia...


Mientras todo esto sucedía, Sus, Diamante y los niños llegaron al puerto. No hacía mucho que Carmelo había abierto un restaurante en el puerto y todavía no se habían pasado por allí. Diamante llamó a su amigo y le pidió que le reservase una mesa para ir a comer toda la familia.

Sus: Menos mal que hemos conseguido aparcar el coche. Estaba empezando a desesperarme.
Diamante: Mira, hay mucha gente.
Suselle: Deberíamos haber venido en tren, que no contamina y así nos ahorramos lo de buscar aparcamiento.
Dante: Ya está la lista de la clase dando lecciones.
Sus: Dante, no te metas con tu hermana.
Dante: Jolin, no se puede decir nada...


Sus: Mira, esa es la tienda de la hermana de Artemisa.
Diamante: ¿Cassandra?
Sus: Sí. Es una tienda en la que vende de todo. Es herboristería y también vende todo tipo de alimentos ecológicos. Luego me gustaría pasarme. Le saludamos y compramos alguna cosita.

En el interior de la tienda...

Cassandra: ¿Te llevas la miel?
Donna: Sí, me la llevo. No había visto nunca esa marca.
Cassandra: Se la compro a un amigo que es apicultor. No habrás probado miel más sana y rica que esta.
Donna: La verdad es que tiene buena pinta. Boby, ¿nos llevamos más yogures sin azúcar?
Boby: Sí, me llevaré al trabajo.
Donna: Es que está haciendo dieta.
Cassandra: Mira, os regalaré un par más sin azúcar que están de vicio. Ya veréis como os gusta.
Donna: ¡Muchas gracias!


Suselle mira a las patinadoras pasar. Visten igual, como si formasen parte de un equipo de patinadoras expertas. Para Suselle son como hadas mágicas volando libres. "Algún día sabré patinar igual que ellas" pensó ilusionada.


Sus: Mira, Diamante. ¿No es esa la ex de mi padre?
Diamante: Sí, es Paula. Se está dando el lote que ese tiparraco. Tiene sangre seca en la espalda...
Sus: Anda que salir con ese...no es que juzgue a la gente por su aspecto, pero ese hombre no me da buena espina.
Diamante: A mi tampoco.
Sus: Pues que pronto ha olvidado a mi padre...
Diamante: La chica es muy guapa.
Sus: ¿Te lo parece? A mi me parece de lo más normal. Anda que se corta, morreándose ahí como si se acabase el mundo...
Diamante: Es muy joven, tiene que vivir la vida. 
Sus: Sí, es muy joven y no tiene nada que ver con mi padre. Keira me gusta mucho más para él.


Paula: Te echaba de menos, Zurro.
Zurro: Y yo a ti, muñeca.
Paula: ¿Me juras que has dejado a la otra?
Zurro: Que sí, tontita. Me enfadé mucho cuando te fuiste con el viejo. Espero que no lo vuelvas a ver nunca.
Paula: Te lo juro, cariño mío. Nada ni nadie podrá separarnos.


Sus: ¡Mira, son Vicrogo y Félix!
Vicrogo: ¡Hola, familia! Nos habéis pillado comprando algo para picar.
Diamante: ¡Hamburguesas y perritos calientes! Yo quiero uno, Sus.


Sus: No podemos, amor. Recuerda que tenemos reserva en el restaurante de Carmelo.
Félix: Allí comimos el otro día. Todo delisioso. Se nota que Caremlo es un profesional, y su hijo también. ¿Reso?
Vicente: Renzo, Félix.
Sus: Han puesto toda su ilusión en ese restaurante. Por cierto, deberíamos ir ya. Tenemos reserva a la una.
Vcirogo: Ya nos contaréis que tal. ¡Hasta luego!
Diamante: ¡Hasta luego!


Sus: Oh, no...
Diamante: ¿Qué pasa?
Sus: Ahí está Sabrina con John y su hijo.

Sabrina miraba el escaparate de una boutique de moda. Ella no sabía que se trataba de la tienda de Hilary, la ex amiga de Lilu. Tras una discusión las dos grandes amigas se pelearon hasta el punto de separarse y cerrar HI&LI, una famosa cadena de tiendas de las que eran dueñas.

Sabrina: Me gustaría comprarme un vestido como ese, John. Para salir a cenar contigo a algún sitio de lujo.
John: Nada me gustaría más, cariño, pero no debemos gastar tanto. Ahora con tu padre en casa, se han duplicado los gastos.
Sabrina: Lo sé...


Faustino: Ya os he dicho que es algo temporal.
Sabrina: Llevas dos años diciendo lo mismo.
Faustino: Soy tu padre, hija.
Sabrina: No vayas por ahí, que esa palabra te queda muy grande.


Sabrina: Lo que te decía, que un vestido así me vendría muy bien. ¿No podríamos hacer un esfuerzo?
John: Hasta que no encuentres trabajo, vamos muy justos...
Sabrina: Pronto encontraré uno, ya lo verás.
Faustino: Rex, ¿qué miras tan fijamente? Oh, ¿la hamburguesa de ese? Con un pequeño salto, te haces con ella, venga perrito, tú puedes.

Sabrina llevaba a su perrito Elvis y John a Rex, que había visto a Vicrogo con su hamburguesa. Estaba despistado, pagando al vendedor del puesto. Rex tenía hambre y aquella era una gran oportunidad para comer algo delicioso.




Suselle: ¡Walter! 
Walter: Hola, Suselle. Hola, Dante...
Suselle: ¿Estás de paseo?
Walter: Sí, con mis padres y mi abuelo.
Suselle: Qué guay.
Walter: Estás muy guapa.
Suselle: Muchas gracias. Tú también.
Dante: Oh por favor, que voy a potar.


Suselle: ¡Hola, Elvis! Eres un perrito muy bueno y guapo. Me gustaría mucho tener un perrito como tú.
Walter: Tienes un panda, que es mejor.
Suselle: Sí, pero me haría mucha ilusión tener un perrito.
Walter: ¿A dónde vais?
Suselle: Vamos a comer al restaurante de Carmelo y Renzo.
Walter: Mi madre dice que ahí no comemos ni muertos.


Sabrina: Nene, ¿con quién hablas? Ah, sois vosotros...
Sus: Hola, Sabrina.
Sabrina: Hola...Diamante, cuanto tiempo.
Diamante: Sí...


Félix: ¡Visente,tu hamburguesa!
Vicrogo: ¡Oh, no! 

Rex se lanzó sobre ella y le pegó un buen mordisco.

Vicente: Félix, pídeme otra. Espero que te aproveche, amigo.


Sabrina: Has engordado mucho, Sus. ¿Ya no te cuidas?
Sus: Sí que me cuido.
Sabrina: No lo parece. Yo sin embargo, me cuido muchísimo.Hago ejercicio todos los días y como saludable.
John: ¿Haces ejercicio?
Walter: ¿Los donettes y los donuts es comida saludable?
Sabrina:  Calla, niño.


Sus: ¿Se solucionó ya lo de tu hija?
Sabrina: La puedo ver aunque no tengo la custodia. Descubrir que tu hija sigue viva y que la cuida un par de paletos...al menos la puedo ver cada dos semanas.
Sus: Vaya...
Sabrina: Estamos ahora de juicios. Conseguiré la custodia.
Walter: Estoy contento de tener una hermanita.
Sus: Mucha suerte. Nosotros tenemos que irnos ya, hasta luego.
Sabrina: Adiós.
John: Hasta luego.


John: Has sido muy grosera. 
Sabrina: Solamente constato una realidad. Está más gorda.
John: A veces no te reconozco. No me gusta que seas así.
Sabrina: Lo siento, cariño. Es que esas personas sacan lo peor de mi...son malas.
John: Pues a mi me parecen muy simpáticos.
Suselle: ¡Nos vemos el lunes en el cole!
Walter: ¡Hasta el lunes!


Sus: Dice que estoy gorda. ¿Es verdad?
Diamante: Estás preciosa. No le hagas caso, solamente quiere fastidiarte. Tiene envidia, estás mucho más guapa que ella.
Sus: Pues ha conseguido que me sienta mal...en fin. Mira, allí está Herminia y Onofre. 
Diamante: Le están dando de comer a las palomas. El deporte oficial de los abuelos.
Sus: Que no nos vean, que Herminia habla por los codos...
Diamante: Y eso que no tiene.
Herminia: Mira esa, le quita el maíz a las otras.
Onofre: Es la más espabilada. 
Herminia: Me da mucha rabia no haber ido al crucero...
Onofre: Iremos al próximo, no te preocupes. No podíamos marcharnos, ya sabes que nos hemos comprometido a ir al concierto de tu nuera.
Herminia: Lo sé...


Onofre: Prometo llevarte a cenar esta noche a un lugar fantástico.
Herminia: Eres un sol, Onofre. Huy, me estoy despistando. No quiero que Estrella me gane. 
Onofre: Da igual si acuden más palomas a ella, Herminia.
Herminia: ¡Eso sería hacer el ridículo! Soy una experta con muchas años de experiencia dando de comer a las palomas, debo ser yo la que atraiga a la gran mayoría.


Diamante: Allí está tu hermano y Estrella sentados en ese banco. También están dando de comer a las palomas.
Sus: Gallofa está con ellos. Hacía mucho que no lo veía.
Diamante: El embarazo le sienta bien. Mira que guapa está.
Sus: Diamante, es que todas las embarazadas son guapas. 
Estrella: Jo, todas las palomas se van con Doña Herminia...
Wen: Al menos dos han venido a comer.
Gallofa: A lo mejor no les gusta el maíz y prefieren patatas fritas con ketchup.
Estrella: No lo creo, Gallofa.
Gallofa: ¿Necesitas beber algo?
Estrella: Estoy bien, no te preocupes.


Gallofa: Estoy tan emocionado, voy a ser tío. Bueno, al menos así lo siento...
Wen: Aunque no seas hermano de Estrella, es como si lo fueras. Sabes lo mucho que te apreciamos.


Herminia: Mira, Onofre. Todas las palomas acuden a mi. 
Onofre: No hay quién te gane.
Herminia: Lo sé. El otro día gané a Hermenegilda y se lo tomó muy a mal. Tiene mal perder.


Sus: ¡Willy! ¿Estás esperando a Renzo?
Willy: Sí, a ver si sale. Es que una amiga muy especial se marcha dos semanas fuera y nos queremos despedir de ella. A ver si su padre le deja salir aunque sea un rato.
Sus: Es que menuda le liasteis a Duclack. La pobre tenía la casa invadida de clicks indeseables y se la estaban destrozando.¿Tú no estás castigado?
Willy: Sí, tengo que estar en casa a las ocho todos los días y no puedo encender el ordenador.
Diamante: Me recuerda a mis viejos tiempos, cuando la liaba parda por ahí.


Pepe y Celedonio estaban comiendo en el restaurante de Carmelo. Habían cobrado un dinero de dudosa procedencia y lo estaban quemando con una comilona. Marisco, vino del bueno y todo tipo de caprichos y delicatessen. 

Pepe:¡¡Camarero, otra sepia y un par de bravas!!
Renzo: ¡Marchandooo!
Celedonio: ¡Este bogavante es alucinante! Pa chuparse los deos, tío. Quiero otra birra y otra botella de vino de ese.
Pepe: ¿Pedimos otra mariscada?
Celedonio: ¡Sí, tío!
Pepe: ¡Camareroooo!


Sus: Allí está Duclack. Dijo que se pasará por el restaurante en cuanto terminase de pescar.
Diamante: Está algo tristona, Sebastián se marcha un par de semanas de crucero.
Sus: Lo sé. Es que es tan fácil acostumbrarse a Sebastián. Es un click tan atento, simpático, amable, cariñoso y tan guapo...
Diamante: ¿Tengo motivos para estar celoso?
Sus: Solamente tengo ojitos para ti, mi calvito guapo. En el mismo crucero viaja mi madre y su padre, Duclón. También mi prima Lilu y Duque. Quizás puede sentirse sola. No quiero que esté triste, Diamante. La quiero mucho, muchísimo. Tenemos que intentar que sonría y esté feliz.
Diamante: Descuida, mi capitana es como mi hermana, así que pienso estar a su lado todo este tiempo.
Sus: Mañana la invitamos a comer a casa y por la tarde le propondré ir de compras y a merendar por ahí.


Diamante: Mira, tu abuelo con Ismelda.
Sus: A mi abuelo le encanta pasear por aquí. Ismelda le ha devuelto la sonrisa tras la decepción con mi abuela.
Diamante: ¿Todavía no se hablan?
Sus: Mi abuelo está muy resentido. He intentado mediar, pero no hay forma que se sienten a hablar.
Diamante: Bueno, deja a tu abuelo que disfrute de Ismelda. Es tan atenta, simpática, amable, cariñosa y tan guapa...y menudo par de...
Sus: ¡Diamante!
Diamante: ...de ojazos tiene. 
Sus: Pensaba que ibas a decir otra cosa. 
Diamante: Es tan guapa.
Sus: ¿Y yo debo estar celosa?
Diamante: Claro que no, eres la reina de mi corazón.


Sus: Sé que mi padre debe estar por aquí, y mi prima Lulú.
Diamante: Es mejor que entremos al restaurante antes que nos encontremos a más conocidos.

Ben disfrutaba de la compañía de su nuevo amor, Keira. Estaban sentados en un banco junto al mar.

Ben: ¿No te gustaría viajar en un crucero como ese?
Keira: No soy clack de mar. Prefiero la montaña o un lago en el bosque.
Ben: Me gustas mucho, Keira. 
Keira: Ben, me vas a ruborizar. Tú también me gustas, desde hace mucho tiempo. Eres el click más sexy que he visto nunca.
Ben: ¿No te importa que te saque tantos años?
Keira: Tarde o temprano, todos nos arrugamos. El envoltorio es lo de menos, Ben. No digo que no sea determinante a la hora de fijarte en una persona, pero a mi lo que me cautiva es la personalidad.
Ben:  En cuanto te comas esas patatas, nos vamos a mi cabaña.
Keira: Sí, que me tienes que dar el postre.


Lulú: ¡Renato! ¿Y esas flowers?

Lulú llevaba un par de semanas saliendo con un empresario millonario. Renato Estafo, dueño de uno de los bancos más importantes de Wensuland, Banco Estafo. A Lulú le gustaba por la forma en la que la trataba. Era atento y le regalaba cosas caras. Siempre la llevaba a restaurantes de lujo y jamás había tenido una mala palabra con ella. A pesar de todo eso, no sentía nada por él. Lo intentaba, deseaba que ese click fuese el amor de su vida, pero por el momento no había despertado en ella nada especial.

Renato: Para la clack más bella del Playmundo.
Lulú: Son preciosísimas, amor.
Renato: Todo es poco para mi princesa.
Lulú: Renato, hay algo que tengo que decirte...


De esta forma, el día avanzaba en el puerto. Unos reían y otros lloraban, pero la vida no se detenía. Aunque par algunos, las cosas se complicarían mucho...

Continuará